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Tal como lo hemos dicho y analizado en reiteradas oportunidades, quien esté en el Despacho Oval no debería importarnos demasiado a estas alturas. No porque no sea importante quien gobierne, y bajo qué premisas, una de las potencias económico-político-militar del mundo. Pero hay sobradas muestras de que estando Demócratas o Republicanos en comando de la administración, su política exterior sigue siendo imperialista. Mirarán más para un lado que para otro, pero eso no cambia mucho.

Ahora, dicho esto, claro que no era lo mismo la agenda de uno que de otro. Y está claro que, tanto a Demócratas como a Republicanos, les importa y mucho lo que suceda en nuestro continente. La historiadora y doctoranda colombiana, Diana Carolina Alfonso daba algunos ejemplos de políticas que implementó Trump en su primer mandato, que dan cuenta de ello:

  • Sanciones y bloqueos: Trump sostuvo y profundizó los bloqueos contra Cuba y Venezuela (de hecho, en 2019 este último tuvo que sobrevivir con menos del 10% de sus ingresos internacionales);
  • Endeudamiento: Trump influenció políticamente para que la República Argentina obtuviese un préstamo sin precedentes con el FMI, sin que el organismo analizara seriamente la capacidad de pago del país, incluso sin que pasara por su congreso, saltándose varias cláusulas normativas de su propia carta magna.
  • Política migratoria: En todo el país hay migrantes de primera “buenos”, “deseados”, “bienvenidos” y migrantes de segunda “malos”, “no deseados”, prohibidos. Los primeros militan las políticas de “derechas” y los segundos las padecen. Después de que Trump secó la economía bolivariana, Macri creó una condición especial para la migración venezolana, devenido en ejército electoral de reserva de Milei.
  • Tráfico de armas y militarización: Después de remilitarizar Haití, Trump se hizo cargo de los intentos de magnicidio contra Nicolás Maduro, y -mágicamente- poco de la visita de Ivanka al norte argentino se destapó que junto con Macri fueron cómplices en el envío de armas para reprimir las protestas tras el golpe de estado contra Evo Morales en Bolivia.

El posible impacto geopolítico

El analista brasileño Pepe Escobar catalogó lo sucedido en las elecciones norteamericanas como “Trumpquake” (Terremoto Trump). La victoria del magnate de peluquín fue el desmoronamiento abrumador del gran show del totalitarismo liberal que creció y reinó en Occidente durante más de tres décadas.

Esto nos habla de la gran bomba de humo que prepararon durante meses los medios de comunicación norteamericanos y occidentales (controlados por los Demócratas y Republicanos globalistas y sus aliados europeos): Kamala Harris. Una candidata que tenía menos del 5% de intención de votos antes de que le dieran una estocada letal a un decrépito Joe Biden, que ahora aparece hablando de corrido y sin traspiés.

Una campaña electorera basada en el apoyo al genocidio en Gaza (Palestina) y Beirut (El Líbano); en alimentar indiscriminadamente al humorista usurpador del cargo en Ucrania, sin pretexto de asestar una derrota estratégica a Rusia, y anexado a esto, dejar a sus socios europeos (sobre todo Alemania) en la debacle total luego de boicotear el North Streem II y prohibirle la compra de gas ruso (barato); compra que tuvieron que hacer de todas formas pero con intermediarios y a mayores precios; y en el aumento de las tensiones en Taiwán. De lo que parece que se olvidaron en el Despacho Oval fue de los norteamericanos y sus condiciones materiales de existencia.

Quizás el más lúcido en analizar lo antes dicho, haya sido el ex demócrata, ahora senador independiente por Vermont, Bernie Sanders, quien afirmó que el hoy plutocrático Partido Demócrata abandonó a la clase obrera. Ya las viejas tradiciones del bipartidismo norteamericano parecen haberse trastocado y el mapa electoral se reconfiguró con la irrupción de Trump, algo de lo que ya nos había advertido hace varios meses el director de Red Voltaire Thierry Meyssan.

Una administración Biden-Harris que hablando mal y pronto “se la timbeó” como hace su discípulo Caputo con nuestra guita. El poco capital político (si es que le quedaba alguno) lo dilapidaron en la confrontación mediante guerras totales, hibridas y multiformes, contra todo el sur global, fundamentalmente en sus tres principales “enemigos”: Rusia, China e Irán.

Como consecuencia generaron que todo ese sur global los mire con aún más desconfianza, que la alianza chino-rusa se fortaleciera, que se sumara a ese tándem la República Islámica de Irán (y todo el Eje de la Resistencia) y la RPDC. Generaron que el BRICS+ no sólo creciera, sino que efectivamente esté trabajando aceleradamente para desengancharse del dólar norteamericano (utilizado como arma militar en las últimas administraciones) y del sistema de pagos dominante en el Occidente Colectivo: el Swift.

Es por demás sabido que el tejido social norteamericano está quebrado, al igual que su economía (aunque intenten disimularlo con la maquinita de impresión de billetes con la cara de Washington). Solo basta mirar la infinidad de videos de zombis del fentanilo caminando por las calles del país; leer alguno de los tantos asesinatos policiales contra latinos o afrodescendientes, o ver la inmensa cantidad de personas que viven en las calles. El cuentito del Tío Sam se desmoronó a pasos agigantados en el último tiempo.

Números, ganadores y perdedores

Sólo a modo de ejemplo, Kamala Harris no logró superar el porcentaje de votos de Joe Biden (de 2020) en ningún estado de los EEUU, un hecho que quedará para la historia. Y si de números se trata, la victoria de Trump no se debió al crecimiento en cantidad de votos del republicano, de hecho, sacó más o menos la misma cantidad que en la última elección en las que perdió (al momento de cierre de esta nota eran unos 40 mil votos más que en 2020), sino que se dio por el abrumador desplome de los votos Demócratas que pasaron de más de 81 millones con Biden a poco más de 70 con Harris.

Está claro que los grandes ganadores fueron el lobby sionista (no los neocons tradicionales o siocons), que también dependerá de cómo lidie la nueva administración con la guerra entre Israel y el Eje de la Resistencia; Wall Street, de hecho Larry Fink (CEO de BlackRock) dijo pocos días antes de la elección que cualquiera de los dos partidos era bueno para ellos; y el Deep State, aunque también habrá que ver si Trump tendrá la determinación, agallas e ingenio para hace una purga (a lo Stalin) para que EEUU vuelva a ser una potencia relativamente “normal”.

Y más allá de que Trump prometió que no iniciaría otras guerras, más bien su intención supuestamente es terminarlas, lo que probablemente vuelvan a aparecer en la palestra son las operaciones selectivas contra objetivos concretos, no hay que perder de vista que fue Trump en su primer mandato quien dio la orden de asesinar al general iraní, Qasem Soleimani, en enero del 2020, o que fue quien profundizó las sanciones unilaterales criminales contra la República Bolivariana de Venezuela. La reversión de estas sinfonías podría tocarle a Brasil, a Yemen, a México, a Irán, a Yemen o a cualquier otro país del sur global que desafíe sus mandatos.

Sin dudas una de las grandes perdedoras es la Unión Europea. Bloque que como antaño, estaba atado a la suerte de los Demócratas globalistas y al que posiblemente le “tiren el muerto” de Ucrania. Se quedaron sin gas barato, le descalabraron la economía, los forzaron a despilfarrar dineros públicos en una guerra imposible de ganar y ahora no sólo tendrán que financiarla ellos, sino que deberán hacerse cargo del desastre que quede una vez derrotados.

No es casual que recientemente el presidente francés, Emmanuel Macrón, haya desempolvado el discurso de que “no pueden delegar su seguridad a las decisiones de EEUU”, cosa que ya había hecho durante la primera administración Trump.

Esto sin mencionar el desencanto que pueden llegar a llevarse quienes hoy se vanagloria del triunfo del magnate de peluquín. A buen entendedor pocas palabras. Trump es proteccionista y si cumple con lo que prometió, intentará -de manera recargada- reindustrializar el país, agregar aranceles a las importaciones (sobre todo chinas), y sancionar a quienes desafíen el imperio del dólar como moneda de cambio y de reserva (o sea el BRICS, sus nuevos socios y todos los aspirantes a ingresar a ese bloque).

Muchas de estas promesas son de difícil cumplimiento. No sólo por la enorme dependencia de la economía norteamericana de las importaciones chinas (sobre todo en materia tecnológica y de defensa), sino porque sancionar a quienes no usen dólares sería sancionar a más de 50 países, una cuarta parte del planeta. Al menos a priori no parece una política inteligente, dado que el efecto podría ser absolutamente el opuesto.

De todas formas, hay que ver cómo transcurren estos meses hasta la toma de posesión de Trump. No hay que perder de vista que -en teoría- tuvo tres intentos de magnicidio durante la campaña. Si, efectivamente, está determinado a avanzar en lo que prometió habrá que ver cómo lo quiere implementar y si realmente lo dejan, ya existió un JF Kennedy en ese país.

Lo dijimos en su momento y lo volvemos a reiterar: estén demócratas o republicanos en el Despacho Oval, la política exterior norteamericana siempre es imperialista y expansionista. El problema para Trump es que desde su primer mandato el mundo cambió y hoy su país es una potencia en declive que arrastra al Occidente Colectivo con ellos, mientras el BRICS+ y el llamado “sur global” se pone de pie y plantea una alternativa.

Nicolás Sampedro

Prefiero escucha antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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