Mientras los economistas prevén una inflación similar a febrero para el mes de marzo, Caputo acuerda el congelamientos de precios. Lo que para la doctrina libertaria era un pecado capital, hoy es la herramienta de un ministro que mira preocupado como la recaudación cae y el superávit fiscal pende un hilo.
El ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, recibió por parte de economistas una advertencia puntual sobre el plan que aplica hace tres meses para esa cartera: si la actividad económica baja, la recaudación impositiva también bajará y ese ansiado superávit fiscal correrá serio peligro. Hoy, este suceso es un hecho, y si bien el superávit fue conseguido durante enero y febrero, el mismo podría caerse por sí solo, debido a la inconsistencia de sus bases.
La primera debilidad de la máxima económica libertaria es que el objetivo se consiguió sin consultar ningún índice paralelo. Es decir, que la balanza dé un resultado por encima del negativo es el resultado de no haber cumplido con obligaciones como lo son las transferencia de distintos recursos federales a las provincias, y a sectores como pueden ser el educativo o incluso salud, como los medicamentos oncológicos que fueron cortados. Todos estos hechos -sobre todo el último-, incluso le podrían significar un juicio político al presidente Javier Milei, en carácter de abandono del Estado hacia los ciudadanos.
A esta ecuación hay que sumarle la caída en la recaudación, otro problema que se preveía, sería otra pata corta de la mesa. Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la recaudación fue un 17% menor en comparación al mismo período del 2023. “Este derrumbe no reviste precedentes en los últimos dos años y se explica por la fuerte caída de la actividad económica”, aseguraron desde la entidad. En la sumatoria de estos dos conflictos se podría argumentar entonces que el plan económico que antepuso el superávit fiscal a como dé lugar se desplomaría por sí solo, ante el amplio despliegue sin una base sólida.
¿Cuánto tiempo pueden durar bajo la alfombra el corte de transferencias que figuran en la Constitución para sostener un número? La estrategia de Caputo consiste en que el número fiscal inspire una rápida confianza al mercado, pero esto debe ser instantáneo, ya que como se mencionó anteriormente, sostenerlo en un lapso de cuatro meses es altamente complejo, ya que no está respaldado por números de producción, si no por recortes anti constitucionales. En paralelo, en la medida en que la recaudación por Impuesto al Valor Agregado (IVA) se desploma, los aportes al balance positivo se desploman.
Al mismo tiempo, al ministro de Economía lo apura la situación de que la propia inflación continúe a la baja, ya que el “sacrificio” es fundamentalmente en pos de este dígito que tanto preocupa a los argentinos. Si se retienen las subas salariales para que no exista un rebote inflacionario, y aún así la inflación no cesa, el fracaso es total. En ese sentido, las acciones de Caputo en los últimos dos meses confirman que esto sucede: primero reprogramó la suba en las tarifas de luz y gas (esta última fue confirmada esta semana), y luego se lo vio “negociando” con distintos formadores de precios. Esta semana, por ejemplo, celebró el acuerdo firmado con la cadena de supermercados Cencosud por 60 días.
Lo que para los principales dirigentes de La Libertad Avanza era el principal problema inflacionario, hoy es la solución del director del palacio de la hacienda. Según estos, los acuerdos de precios “reprimían la inflación”. Esto denota dos hechos: por un lado, que la coordinación entre Milei y Caputo es débil, y por el otro, que el libertarianismo nunca tuvo un plan concreto y designó a este último como manotazo de ahogado. De cualquier modo, los movimientos ejecutivos dan señales de que el plan entra en su etapa más apretujada: coexisten una inflación que no termina de descender, una caída de la actividad económica que no logra recaudar, salarios ultra devaluados en un país que se hizo caro en dólares, y una paciencia social que se agota como un reloj de arena.

