Poema de Marcelo Patiño, participante de la convocatoria de poemas “Daniel Omar Favero”
Aquí recaen instancias de vida, vicisitudes en la actividad de mirar por la ventana, los árboles y un parco cielo. A las personas y a uno mismo siendo parte de la cotidianidad del día. Cuando te sientas en el subte, en el taxi o en un café. Cuando caminas por la calle y paras, porque viste una palabra o un rostro, porque siempre habrá algo que te robe la mirada y el paso para regalarte ese momento-que te lleva al recuerdo-que activa un sentimiento (perfecta sinapsis) para finalmente terminar escrito en un papel, como este.
1.
Entonces fui al cielo,
cruzando la ventana
y la ciudad por primera vez se veía tan mansa,
como los recuerdos de una nube, tan basta.
De día no es lo mismo, repetía,
de día no me gusta
porque el sol despierta los pecados
la luz que ilumina el infierno.
De día reinan los metales,
engranajes de mal augurio
y todos cantan al compás
la muerte del arbusto.
Hay una nostalgia que mata el celeste,
hay una tristeza que ocupa mi vista.
Por eso caminan agachados,
comen agachados,
ya no buscan a los árboles,
menos a los tordos o colibríes,
tampoco saltan esperando la primavera.
Por eso tomé dos vasos de azul,
tres de verde
y también habrá bordó
cuando el cielo
no me aguante más.
2.
¿Has visto aquellos engranajes del reloj
o de los autos?
¿Has visto la red neuronal
o el tejido de la masa de harina al romperse?
Has visto como un hongo crece,
el entrelazado de las raíces.
Has visto que todo supone una conexión,
ensamble vital.
Aquellas concepciones lingüísticas,
estructurales
¿Qué hay en la base?
¿Brahma, dios, átomos o un fonema?
¿Será un tal atlas?
¿Qué une mis letras con tu entendimiento?
Si tales engranajes forman un reloj,
¿Qué imagen u objeto formamos nosotros?
¿Una mesa?
¿Diccionarios?
¿Un te quiero?
¿El universo?
¿Qué?
3.
Hit the road
Por aquellos días en villa elisa
Por no volver a levantarnos
Sin haber sentido el cansancio
De las guerras existenciales
Pues esta vida, esta vida
Por sentirse dichoso y digno
De al menos una sonrisa o un abrazo
De nunca sentirse derrotado
No hasta que se rompa
El reloj de arena
Y reflejes luz
Luz ocular

