TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

La presentación del libro Fresias de Octubre (2022) llegó como una caricia y una cachetada en simultáneo, para relatar una historia atravesada por la crudeza del padecimiento de una mujer que habitó (y fue habitada) por la enfermedad.

El pasado lunes 3 de abril a las 19 hs, en una tarde otoñal de arranque de semana, en la Comunidad Ferroviaria, tuvimos la oportunidad de escuchar, en todas las dimensiones de la expresión, la voz de Graciela Perosio, egresada en Historia y escritora de libros como “Del luminoso error” (1982) y “La vida espera” (1995).

Dio inicio a la ocasión Yazmin Reynoso, estudiante de psicología y militante de la agrupación Beatriz Perosio (psicóloga y militante desaparecida en la última dictadura cívico-eclesiástico-militar) en la UNLP. Le siguieron tres videos, realizados por Daniela Bazzano, en los que quienes nos encontrábamos como espectadores pudimos acercarnos a la obra de Graciela mediante el vaivén de las olas del mar, una mujer y una ventana, entre diferentes símbolos que, acompañados de la lectura de sus poemas, aludían al contenido de su obra. Le siguieron a los audiovisuales, las apreciaciones literarias de Mario Nosotti y Mario Arteca, quienes refirieron a la lectura y a los atravesamientos racionales, emocionales y políticos que la misma suscitó en ellos. 

Y por último, recitó Graciela. Entre cantos y palabras, fue haciendo un recorrido por las diferentes “jornadas” que componen al libro. Como si fueran las diferentes partes de un cuerpo, cada jornada se siente al leerla como una dimensión distinta de la misma historia: 

La jornada del frío, se lee como un cachetazo de julio, ahí donde lo político se manifiesta en las salas de hospital, en los pasillos de un sistema sanitario que imparte desidia a quienes lo transitan. La jornada de la sangre, como el fluir constante de la total incertidumbre ante el porvenir, a la cual le sigue la jornada de luz, como el momento en que a través de la ternura se manifiesta el padecer. Jornada del sentido, en el que te absorbe el ruido de la enfermedad, la manera en la que resuena en los cuerpos: en ese cuerpo, de mujer rota, mujer desconcertada. Y por último, la jornada del corazón, en donde la niñez y la historia familiar se desprenden del puño y letra de Graciela. Ahí donde la madre, la hermana y la historia argentina se vuelven un mismo corazón latiendo al unísono de la angustia y la ternura como dos caras de la vida de la autora.

Fresias de Octubre es un libro que no solo transmite la corporalidad sintiente poetizada, sino que recupera permanentemente las marcas que deja a su paso el sistema sanitario incluso después de transitarlo. Y es, innegablemente, un libro-cuerpo, que empuja al ámbito de lo público, dolores que se pretenden privados e individuales.  Dolores a los cuales muchas veces se les niega la palabra, pero que en cada verso de esta obra se viven al desnudo. 

Quien lea sentirá de qué forma la poesía realmente puede ser una trinchera desde la cual aliviar y politizar el dolor; convirtiéndose cada poema en un bastión para relatarse, desarmarse y reinventarse en función de compartir las miserias y los aprendizajes del vivir. 

dependo de sustancias

 mutantes veleidosas

 desafiantes aguerridas. 

mi condición de fuerte hoy

 se disloca” 


Valentina Cabrera

Fiel convencida de que todo lo puede el cuerpo, escribe poesía por la irreverencia que supone sentir en palabras. Milita las causas que supone justas y cree en la ternura como el arma indiscutible para construir otros horizontes posibles.

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