Bastones largos y patas cortas

Bastones largos y patas cortas

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Por Sol Castillo*

El 29 de julio se cumplieron 53 años de la Noche de los Bastones Largos y como todo acontecimiento histórico, este trágico suceso sigue siendo fundamental para comprender los proyectos educativos que se encuentran en pugna y que responden ni más ni menos que a disputas de proyectos de país antagónicos.

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A partir del Decreto Nº 29.337 de Supresión de Aranceles Universitarios[1], firmado por el presidente Juan Domingo Perón en 1949, las universidades nacionales pasaron a ser gratuitas, abriendo las puertas a aquellos sectores que veían como irreal acceder a la educación superior. Convertirla en un derecho universal, implicó un gran aumento de las matrículas. La concepción democratizadora de la enseñanza, puede marcarse como un punto de partida clave para situar lo que se llamó la “Época de Oro” de las Universidades.

Más tarde, el golpe del ‘55 autodenominado “Revolución Libertadora”, dio comienzo a la proscripción del peronismo y en diciembre de ese año dictó el Decreto-Ley 6.403 de “Organización de las Universidades Nacionales“[2]. Éste abrió las puertas para la creación de universidades privadas con la potestad de otorgar títulos de igual validez que las públicas. La disposición generó una gran resistencia en amplios sectores de la sociedad.

El movimiento estudiantil se encontraba marcado por el espíritu heredado de la Reforma Universitaria del año 1918, y por la fuerte concepción adquirida a partir de la Ley 1.420 que concibió a la educación de forma pública, gratuita y laica en nuestro país.

La confrontación que giró en torno a la enseñanza Laica o Libre, alcanzó grandes dimensiones pero no fue hasta el año 1958, con la asunción de Arturo Frondizi, que se reglamentó el artículo Nº 28: “La iniciativa privada puede crear universidades libres que estarán capacitadas para expedir diplomas y títulos habilitantes siempre que se sometan a las condiciones expuestas por una reglamentación que se dictará oportunamente”. Pese a tratarse en ese momento de instituciones confesionales, esta legislación también funcionó de amparo a todas aquellas universidades de marcada matriz mercantil y empresarial.

Las universidades resistieron el convulsionado contexto y atravesaron un proceso de modernización con la formación de centros de investigación, la renovación de planes de enseñanza, la creación de las carreras de Psicología y Sociología, la fundación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y el Instituto de Cálculo -pionero en computación con la máquina “Clementina”-, el nacimiento de EUDEBA[3], la editorial de la UBA que llegó a editar casi 12 millones de libros a precios populares.

La coyuntura mundial estaba atravesada por la Guerra Fría. Fueron años donde diversas experiencias de luchas por la liberación, resultaron triunfantes haciendo frente a proyectos colonizadores e imperialistas. Los grandes poderes económicos comenzaron a ver peligrar sus planes de sometimiento para esta región y desde de los EEUU se volvieron a digitar planes injerencistas con el objetivo de agotar cualquier posibilidad de otra “Cuba”.

En nuestro país, con Illia llegando a la presidencia con el 25% de los votos y el peronismo aún proscripto, se dan grandes manifestaciones callejeras que tuvieron como protagonistas -principalmente- a sectores obreros y estudiantiles, profundamente interpelados por los ideales revolucionarios.

El clima de confrontación con las fuerzas represivas del Estado alcanzó niveles más altos con la llegada de Onganía al poder mediante un golpe (junio de 1966). Éste ordenó inmediatamente la disolución del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia, intervino las provincias y empezó una despiadada persecución a toda forma de organización política que fuese sospechosa de ser una “amenaza roja”. En este sentido, las universidades y los elevados grados de organización y movilización estudiantil, eran un blanco a atacar para “neutralizar la infiltración marxista y erradicar la acción del comunismo”. En línea con la Doctrina de Seguridad Nacional impulsada por Washington para Nuestra América, buscaron eliminar a ese enemigo interno que construyeron.

El Ministerio de Educación pasó a ser una Secretaría dependiente del Ministerio del Interior y a partir del Decreto-Ley 16.912 se puso fin a la autonomía universitaria y se convocó a rectores y decanos a ser interventores del gobierno. Varios renunciaron, otros pocos acataron la orden. En las facultades de la UBA donde se intentaron organizar medidas de fuerza para mostrar el rechazo, el gobierno de facto ordenó el ingreso de la Policía Federal. En Filosofía y Letras, Arquitectura y en la facultad de Ciencias Exactas y Naturales, descargaron sus palos y gases lacrimógenos contra estudiantes y profesores, y se encargaron de destruir laboratorios y bibliotecas. La represión terminó con 400 detenidxs.

Este episodio dejó profundas consecuencias para la educación argentina y para el desarrollo del país. Las universidades públicas fueron vaciadas: alrededor de 1.500 investigadores y docentes fueron despedidxs o renunciaron a sus cargos. Cientxs de ellxs se exiliaron. El proyecto de una Universidad como usina de pensamiento crítico y al servicio del pueblo, fue brutalmente interrumpido.

La Memoria no se acalla a fuerza de palos

El plan detrás de “La Noche de los Bastones Largos” parece ser re-editado, esta vez de la mano de la Alianza Cambiemos. A veces recurriendo a su brazo represor como sucedió en la Jujuy de Gerardo Morales (UCR)[4], o asestando golpes a maestrxs que se manifestaban en defensa de la escuela pública y un salario digno[5], por nombrar sólo algunos.

En general, la educación pública -en todos sus niveles- ha sido blanco de ataque. Frases manifestadas por el presidente Mauricio Macri como “¿qué es esto de universidades por todos lados? Basta de esta locura” o “los que tienen que caer en la escuela pública”; o la de la gobernadora María Eugenia Vidal que dijo que “nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”; o el reciente y lamentable discurso en defensa del Servicio Cívico Voluntario de la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, en el que afirmó que “Gendarmería es la institución más valorada, mucho más que la educación pública”. Una clara expresión de cómo conciben este derecho de millones de argentinxs.

Cabría preguntarnos cómo piensa el futuro, un gobierno que retira al Estado como garante de los derechos fundamentales del pueblo argentino; que subsume sus políticas a los lineamientos del FMI; que aboga por un modelo agroexportador y por ende desindustrializado, donde no hay lugar para investigadorxs ni científicxs; que concibe a la educación como un negocio; que ofrece a lxs jóvenes instruirse con la Gendarmería o lxs empuja a un mercado laboral profundamente precarizado; que responde con represión en las calles cuando se denuncian sus atropellos.

Ejercitar la memoria es una de las principales herramientas para reconocer en el presente quiénes son los continuadores de un proyecto que se encuentra en las antípodas de las conquistas heredadas por generaciones que defendieron el derecho a una educación pública, gratuita, de calidad, y una ciencia soberana, en vistas a forjar una Universidad verdaderamente popular.


* Comunicadora social, columnista del programa La Marea (Radio Futura – FM 90.5), editora de Revista Trinchera y colaboradora de Agencia Timón.

Bibliografía:
[1] http://gratuidaduniversitaria.cin.edu.ar/attachments/article/15/decreto%2029337-1949.pdf
[2] http://www.coneau.gob.ar/archivos/567.pdf
[3] http://zonda.sanjuan.edu.ar:8081/wikipedia_es_all_novid_2018-04/A/EUDEBA.html
[4] http://www.infonews.com/nota/307105/bastones-largos-en-jujuy-la-policia-entro
[5] https://www.pagina12.com.ar/30838-represion-para-impedir-otra-carpa-blanca

En las aulas y en las calles: La lucha docente en tiempos de Macri

En las aulas y en las calles: La lucha docente en tiempos de Macri

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Por Agustín Rosón*

La lucha docente es en las aulas y en las calles. Cada lugar tiene sus implicancias y disputas. Cada lugar requiere de un compromiso organizado, un trabajo colectivo. A menudo se produce una separación entre estas dos perspectivas que es preciso unificar y sintetizar en un proyecto político, educativo y gremial, que contenga la realidad de lxs trabajadorxs de la educación (docentes, auxiliares) pero que también contenga la realidad de los sujetos de aprendizaje, plenos de derecho, inmersos en comunidades educativas heterogéneas.

La Educación Pública es un arma de construcción democrática de conocimientos y prácticas sociales con las que contamos como pueblo para formar herramientas que permitan interpretar nuestra realidad social e histórica. La educación es un derecho que construye otros derechos. Para aprender el derecho a vivir dignamente, por una sociedad con Justicia Social, es preciso que la escuela sea una trinchera de formación de subjetividades críticas y solidarias.

Cada escuela es una interrupción de las desigualdades sociales, donde el tiempo que se transcurre en ella abre la posibilidad a que cada persona, venga del origen social que venga, tenga posibilidad de aprovisionarse de todos aquellos bienes culturales que le permitan un desarrollo integral. Asimismo, y multiplicado por millones, el Sistema Educativo de la Provincia de Buenos Aires posee una poderosa complejidad que debe interpretarse en una clave de inclusión y de garantía de derechos por parte del Estado.

Imagen: @hincapiesimon

El experimento político neo-colonial de Macri y la Alianza Cambiemos ha desarrollado un feroz ataque a la Educación Pública desde sus inicios. En la Provincia de Buenos Aires, la gobernadora Vidal ha causado un verdadero desastre educativo: escuelas que se caen destrozadas, la trágica explosión de la primaria 49 de Moreno que le costó la vida a Sandra y Rubén, centenares de escuelas que no están en condiciones para aprender ni para enseñar, salarios que no alcanzan a cumplimentar la canasta básica, total recorte de políticas socio-educativas; situaciones que dan cuenta de un absoluto desprecio por la educación pública.

No son sólo problemas domésticos, las políticas educativas mercantilistas son impulsadas en todo el mundo por entidades financieras como el Banco Mundial, el FMI y otros organismos internacionales de dudosa neutralidad como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Asimismo existe un mercado educativo donde se venden paquetes de políticas, tipo enlatados, que preparan a cierto sector social, con un criterio meritocrático, imponiendo “la libertad de mercado” como valor principal y regulador de la realidad social. El ex ministro de educación, Esteban Bulrrich confesaba que había que educar para la incertidumbre… antesala o correlato educativo de la brutal reforma laboral que quieren implementar. Empecinados nos quieren convencer de la inevitabilidad y pertinencia de estos paquetes neoliberales, cuando todos sabemos que lo que hace falta no es flexibilizar ni facilitar despidos, sino es: proteger el Trabajo, proteger la Industria y  proteger los Derechos Laborales para garantizar condiciones de vida digna.

El neoliberalismo en la educación no es nuevo. En Argentina ya lo vivimos en los ’90. Con Menem y los dictados del Banco Mundial y del FMI. Por lo tanto, no es nueva esta lucha para las organizaciones sindicales que fueron quienes lograron jaquear las reformas privatizadoras, y consolidar un consenso en el pueblo argentino en defensa de la Escuela Pública. Si la Educación Pública pudo avanzar durante los  gobiernos de Néstor y Cristina fue gracias a la resistencia organizada del colectivo docente que supo enfrentar las transformaciones neoliberales y estar al pie del cañón para forjar nuevas conquistas de derechos, gremiales y pedagógicos, durante los 12 años de kirchnerismo.

Imagen: Joaquín Salguero

Volviendo al título, la importancia de la unificación de estas dos perspectivas: la lucha por las condiciones laborales, por el salario, por la infraestructura escolar, por los comedores escolares, y la lucha en las calles y en UNIDAD junto al resto del movimiento obrero es una de las tareas inclaudicables de este momento histórico. Sumado a esto: la pelea cultural o ideológica que se traduce en el trabajo diario en cada escuela, pudiendo generar condiciones para la enseñanza y el aprendizaje en un mundo de cambios acelerados y con una desigualdad social que condiciona los procesos educativos. Esta perspectiva del aula requiere de un compromiso en el sentido de disputar que Educación Pública queremos para nuestro país y cuál es nuestro rol como docentes. Interpretar las luchas de este tiempo,  incorporando la ESI como bandera contra la discriminación y la violencia, como una de las herramientas con las que construimos una sociedad más igualitaria. Luchar contra la implementación de perspectivas con una orientación liberal, individualizante,  en contraposición a con contenidos de una formación integral y democrática. Disputar las currículas y los paquetes estandarizantes, adaptadas a volver la enseñanza en una acción instrumental, ajena y meritocrática. Nosotros queremos una formación a partir de currículas que contemplen al sujeto que aprende y al sujeto que enseña como protagonistas del proceso educativo enmarcados en un territorio particular, que es generalmente desigual.

Cuando se divorcian estas perspectivas en una política sindical, el resultado son posturas inertes y carentes de sentido histórico. Repeticiones sin sentido de acciones testimoniales, incluso sin dictado de clases, utilizando irresponsablemente derechos gremiales que hemos conquistado. Acciones que carecen de fortaleza para asestar un golpe donde se pretende: el gobierno de Macri y Vidal, y en vez de ello apuntan a reavivar divisionismos en las internas sindicales en torno de objetivos electorales. Uno de los productos de la repetición de esta política, es una disolución del compromiso con la Escuela Pública como territorio de construcción como veníamos señalando. Se produce una disociación donde la escuela pasa a ser un lugar donde se padece el trabajo cotidiano, el docente se sitúa en una posición víctima de las circunstancias, con lo cual deja de ser un sujeto transformador. Lamentablemente esta orientación se viene desarrollando en la conducción Multicolor perteneciente al Partido Obrero y al resto de los partidos del Frente de Izquierda, que arrinconados en esta política, utilizan la seccional del SUTEBA Ensenada como plataforma electoral. Por este motivo distintas fuerzas se han apartado de esta conducción en los últimos tiempos. Sin ningún tipo de autocrítica, estas corrientes, que obtuvieron un fracaso rotundo en las últimas PASO, dilapidan esfuerzos en acciones que apuntan a posicionarse sectorialmente, en vez de poner los mayores esfuerzos por construir escenarios masivos de unidad para pelar contra este modelo neoliberal que está hambreando a nuestro pueblo.

Imagen: @hincapiesimon

Sin embargo, y a pesar de los intentos de dividir y debilitar a lxs docentes por parte de la gobernadora Vidal y a las perspectivas erradas y cortoplacistas internas, la UNIDAD DOCENTE ha sido la mayor arma de confrontación contra este gobierno y ha logrado arrancarle reivindicaciones, que de otro modo, el gobierno jamás hubiese otorgado.

Esta UNIDAD hoy es parte de una construcción mayoritaria, plural y frentista que camina junto a nuestro pueblo para derrotar -política y culturalmente- a Cambiemos y que avanza hacia un nuevo proceso Nacional y Popular que defienda la Escuela Pública y a sus trabajadorxs.


* Docente, Delegado de SUTEBA Ensenada
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