Colonización Digital: Cómo es que los algoritmos lógico-matemáticos manejan la vida humana

Colonización Digital: Cómo es que los algoritmos lógico-matemáticos manejan la vida humana

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

por flor luengo*

A lo largo del tiempo, con los avances en el conocimiento, en los saberes y desde el desarrollo tecnológico, los espacios de circulación social por donde socializaba la gente tiempo atrás se han ido transformando poco a poco. El café como lugar de reunión con un amigx, ahora requiere de un teléfono celular con la aplicación de Whatsapp instalada; el kiosco, ahora es habitado desde el Twitter y las grandes avenidas concurridas de distintas atracciones, publicidades y ciudadanxs han sido suplantadas por Facebook.

A diferencia de anteriores épocas, las personas en esta Era comienzan a dejar rastros digitales -huellas-. Las paginas, aplicaciones, programas y demás elementos digitales están enmarcados en algoritmos cuyos patrones repercuten en las conductas humanas. Esto es, en las formas de relacionarse socialmente, de encontrarse, de dialogar, de votar, de sentir y de pensar. Incluso, el poder que tiene la tecnología implica modificaciones en el cuerpo físico de las personas.

Esta alteración de las subjetividades forma a ciudadanías digitales cuya peligrosidad ante la falta de un senti-pensamiento crítico, reside en que esas huellas están cargadas de datos e información personal (gustos, intereses, opiniones, saberes, conocimiento, afiliaciones políticas, etc.). Con intenciones de vigilancia y monitoreo marketinero, cada rastro digital se analiza, se guarda y luego se vende a empresas. Esto es de lo que trata la big data en Internet, como un escáner de preferencias. La intencionalidad detrás del mercado de la información, es la de construir perfiles cada vez más detallados de posibles consumidorxs a través de las cookies como rastro electrónico personalizado de nuestro paso por la web, de las compras con tarjeta de crédito, transferencias bancarias, números de teléfono, documentos de identidad, entre otros elementos personales.

Circulando por la red, nuestros pasos van generando intercambios te informacion. Google es elegido por excelencia. En principio, es necesario comprender que el modelo de negocios de Internet es la publicidad; Google controla un tercio de toda la información digital del mundo y más de la mitad de los teléfonos celulares. Es una red de compañías en las que trabajan más de 150 empresas para controlar, dirigir y descartar nuestros intereses. Así es que las personas, su información personal, gustos, creencias e intereses en el mundo digital, se convierten en productos y a la vez, se les impone un mundo formateado por un reducido grupo para predecir comportamientos individuales y colectivos que luego pueden vender a publicistas. Altera lo que se cree cierto o importante.

De esta manera, se limita la capacidad humana de ahondar en nuevos intereses y necesidades, pero fundamentalmente, de cuestionar lo dado. El requerimiento de que Internet funcione como lo hace, reside en la necesidad de colocar a los seres humanos desde un lugar de pasividad, de previsibilidad de su acontecer, dejando poco lugar para la creatividad, las innovaciones y las posibilidades de cambio y transformación en la sociedad. Se está viviendo el ordenamiento del mundo construido por un algoritmo.

Otro de los intercambios estratégicos que se realizan, es la utilización de los teléfonos celulares. Por éstos, fluyen los datos más subjetivos de las personas, y por lo mismo son el dispositivo de control por excelencia de estos tiempos, y además, cooperan para que grandes empresas del monopolio de la información puedan implementar su gran estrategia. Esto es, que las personas permanezcan la mayor cantidad de tiempo posible en la vida digital. Habiendo dado cuenta de este gran saber, en Brasil, por ejemplo, la utilización de Whatsapp como aplicación masiva, ha sido la estrategia utilizada para enviar mensajes cargados de fake news y que han dado con el gran objetivo: que la gente legitime a Jair Bolsonaro como presidente en el 2018. Con grandes mayúsculas, emoticones, memes, colores y palabras sueltas como “delito”, “corrupción”, “Venezuela”, “drogas” han logrado captar la empatía e instalar nuevos miedos en las ciudadanías.

Como se ve entonces, nada de lo que ocupa tiempo y espacio en la vida de los seres humanos es neutral. Hay que reconocer que en el territorio de Internet existen dueños, que quienes interactúan allí lo hacen bajo ciertas reglas impuestas por otros: la de las empresas que controlan estos espacios. Facebook, por ejemplo, afecta políticamente a lxs ciudadanxs, encierra a las personas en pequeñas burbujas de preferencia y confort con consecuencias políticas, sociales y culturales a trabajar. Profundizan, los prejuicios, arraigos y miedos; son intermediarias de la información que generan nuevos activismos en los medios sociales. La principal actividad política en las redes sociales es evitar encontrarse con alguien que piense diferente e incomode el “muro”. En las redes se vive en grupos cerrados cuya polarización social es más grande cuanto se sale de la vida digital.

Se habla de ciudadanías digitales en el sentido de que existen derechos y obligaciones a los cuales atender. A través de algoritmos, es que se experimenta la manipulación de las emociones humanas. Como decía anteriormente, la lógica que promueven las burbujas en las redes es a la vez tecnológica y económica y responde a la personalización. Las consecuencias de esta estrategia en las personas son la falta de decisión, la soledad, la opacidad y la limitación de la visión del mundo con horizontes reducidos. A esta forma de ciudadanía se está abonando ¿es esta ciudadanía a la que se aspira?

Ser una ciudadanía digital no te deja exento de exposiciones de violencia, dominación y explotación. La violencia en las redes se ejecuta con el par tecnología + política. Pensar en la información concentrada en grandes monopolios como Google y Facebook, es analizar que el poder está en regular lo que se ve o no como noticias, en la utilización de un solo lente para observar la realidad, y en donde la transformación de aquellos aspectos que están obstaculizando la vida en sociedad ahora pasan a bloquearse con un solo click.

No estamos de acuerdo en que las redes sociales se han convertido en el nuevo ambiente en el cual vivimos. Es verdad que se hacen múltiples acciones y que se pueden ejecutar de manera paralela y simultánea, pero vivir no es sólo eso. Vivir la vida del mercado sí, vivir la vida de lxs seres humanos no. Un encuentro digital no garantiza la felicidad humana, no existen los abrazos virtuales, ni los besos y caricias, asistir a una olla popular no es lo mismo si se hace de manera virtual que física, porque no da lo mismo clickear en “asistiré” –y en verdad no asistir-, que pasar las bandejas para servir el guiso de mano en mano. No es lo mismo reproducir en historias de Instagram que la gente se está muriendo de frío y hambre en la calle, que acercarse a esas personas y compartir la cena o el almuerzo, un poco de pan o agua caliente y salir a discutir con quien te cruces por qué y cuáles son las políticas implementadas para que la gente esté viviendo en esa situación.

¿Cómo hacer para juntarse a tomar mates por facebook? No se puede reducir la vida humana a la vida en redes, es sumamente peligroso el reduccionismo, es continuar con la perpetuación de individualidades, de personalidades y no de personas, de no aceptación y alejamiento a lo diferente, del ausentismo del encuentro cara a cara. Llegará un momento, si se continúa con este pensamiento, en que las personas no sabremos leer cuerpos, actitudes, labios, ni escuchar palabras que no sean las que se producen y reproducen en caracteres de un Tweet (que es sumamente reducido), en una  publicación de Facebook o en una foto con filtro de Instagram. Se utiliza la tecnología para vivir, pero no es lo mismo que vivir en y por la tecnología. Desde allí, es que se vean los impactos en la sociedad y en la política por su utilización.

A largo plazo, esto llevará a la concentración del mercado tecnológico. Están dando a las empresas el control de nuestro futuro. Por esto, es sumamente necesario implementar y colectivizar una utilización crítica de la tecnología en su totalidad. El manejo de la privacidad y de nuestros datos será una de las guerras de internet más importantes del futuro. Lo será para reclamar a empresas y gobiernos que no nos espíen. Las batallas serán por nuestros derechos: para decidir con quién compartimos nuestros datos, quiénes lo manejan y controlan o de quién queremos protegernos.

La comunicación popular trae consigo la demanda de una ciudadanía humana, que reconozca la importancia que tienen la tecnología y las plataformas digitales para la vida cotidiana pero no pensado desde la lógica del mercado, en esto de ofrecer comodidades a cambio de la pasividad ciudadana. La entrega que le hacen lxs usuarixs dormidxs a las empresas de programas, aplicaciones y dispositivos, son las mismas entregas que hacen los gobiernos neoliberales con las riquezas de los bienes comunes naturales que habitan nuestro territorio y que van quedando en manos de empresas extranjeras. Como todo lo que es acarreado por el mercado, las acciones están dirigidas a atentar contra el concepto de comunidad. Esto es, cualidad de lo común, que no es exclusivamente de nadie, concerniente y se extiende a otros, es una agrupación de personas que está vinculada por intereses comunes. El uso de la tecnología en la comunidad entonces, estará teñida de miradas analíticas, de divulgación de información que silencian los grandes grupos hegemónicos de comunicación (Grupo no es igual a comunidad), y de construcción de estrategias para persuadir al pensamiento occidental y racializado.

* Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura FM 90.5), redactora de Revista Trinchera, editora del portal Luchelatinoamérica y colaboradora de Agencia Timón.
La colmena

La colmena

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Por Nicolás Sampedro*

Desde hace algunos meses se viene escuchado cada vez con mayor intensidad, las idas y vueltas de la brutal guerra comercial que libraron los EEUU y China. Muches ya afirman que esta guerra de aranceles, en el fondo es una disputa por la producción de la inteligencia artificial y la red 5G que transformará de manera sustancial las formas de vida que hoy se conoce.

En uno de sus recientes trabajos, el colega uruguayo Aram Aharonian, arroja algunos datos al respecto. Para dimensionar de lo que se habla, cuando hoy se contrata un servicio de internet las posibilidades son de 50 MB, 100 MB o 300 MB. El significado de esta combinación de números y letras es en realidad equivalente a la cantidad de megabytes (medida de cantidad) que se transmiten por segundo en esa conexión.

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU) la velocidad mínima de la conexión 5G será 40 veces más rápida. Una capacidad de descarga de 20 gigabytes por segundo y 10 GB de subida[1].

Este salto en la velocidad de conexión es lo que modificará múltiples factores de la vida de las personas, ya que con ella se empieza a hablar del Internet de las Cosas o de los Objetos (OIT por sus siglas en inglés). De continuar por esta vía, todos los objetos que nos rodena irían, paulatinamente, siendo fabricados para que se conecten a la red de redes (internet), y si para “el 2014 había unos mil 600 millones de objetos/máquinas conectados, para 2020 se espera que sean unos 20 mil millones[2].

El 5G modificaría no sólo la velocidad con que las personas podrían comunicarse, sino las formas de producción (y por consiguiente influiría en las de trabajo), la circulación de dinero, objetos domésticos inteligentes que transformarán las prácticas hogareñas, medios de transporte sin conductores, o condiciones en la medicina (operaciones a distancia), en la educación (virtualizada), incluso en las confrontaciones bélicas (guerra de drones).

Aharonian retoma una proyección del Centro de Investigación de Futuro e Innovación de la South Wales Business School, la cual asegura que “en los próximos 15 años el impacto de esta nueva tecnología destruirá al menos el 30% de los empleos” que hoy realizan les seres humanos, para pasar a automatizarse.

Súmese el análisis de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) según la cual el principal problema de los mercados laborales es la mala calidad: 700 mil millones de personas trabajan en condiciones deficientes que los hacen vivir en la pobreza o pobreza extrema. Si a esto le sumamos que “el 61% (dos mil millones de trabajadores) sobreviven en la economía informal[3] y que 1 de cada 5 jóvenes menores de 25 años no trabaja, no estudia o recibe formación, el panorama se complejiza aún más.

Volviendo a la disputa por el 5G y la inteligencia artificial, otro de los aspectos que se deben tener presentes en este momento es la compleja situación a la que se está avecinando la población mundial respecto de los marcos normativos o regulatorios para una economía digital que cada vez cobra mayor relevancia a nivel global.

La directora de Programas Internacionales del Centro para la Investigación Económica y Política (CEPR por sus siglas en inglés) y coordina la red mundial “Nuestro mundo no está en venta” (OWINFS por sus siglas en inglés), Deborah James, señala en un artículo publicado recientemente que con la aparición de la economía digital, los datos de las personas se han vuelto el insumo más valorado por las corporaciones del Big Tech o GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft).

Estas multinacionales que se han enriquecido a raíz de la venta de los datos que cada usuarie entrega a esas plataformas (“Un reciente estudio estima que en 2018, solo en publicidad en fuentes noticiosas, Google habría facturado US$ 4,7 mil millones, equivalente al 81% del ingreso publicitario de la industria mediática de EEUU en el mismo año[4]”), están impulsando modificaciones en los convenios internacionales de la Organización Mundial del Comercio (OMC), promoviendo acuerdos que les permitan sortear las regulaciones y el cobro de impuestos que hacen los Estados.

En la reunión ministerial de la OMC de diciembre de 2017 (en Buenos Aires), varios gobiernos africanos obstruyeron la intención de los países desarrollados de comenzar con las negociaciones, “pero todos los gobiernos desarrollados, más algunos en desarrollo con regímenes de derecha, firmaron una “Declaración Conjunta” apoyando nuevas negociaciones sobre temas de comercio digital[5]

Los firmantes de la Declaración Conjunta, durante el 2018, se reunieron mensualmente y produjeron alrededor de 50 propuestas y en 2019 en el marco del Foro Económico Mundial anunciaron sus intenciones de comenzar con las negociaciones a pesar de la falta de mandato de la OMC.

Según señala James “la práctica de las Big Tech de extraer datos de todo el mundo con fines de lucro privado, utilizando reglas de comercio para obtener derechos para operar en mercados, mientras impiden la capacidad de los gobiernos para asegurar que sus poblaciones se beneficien, es colonialismo digital.  Como la inteligencia artificial se potencia con los datos, estos son el sistema nervioso de la economía del futuro y quienquiera que los controle, dominará la economía[6].

El gran negocio de los datos y la falta de legislación que proteja a les ciudadanes está haciendo estragos. Por sólo mencionar algunos, los casos más resonantes del manejo fraudulentos de datos se pueden observar desde las elecciones en Brasil, el caso de Cambridge Analytica en Gran Bretaña, con la multiplicación exponencial de las famosas fake news para realizar operaciones políticas, o la molesta aparición de publicidades dirigidas específicamente a cada usuarie (todo el tiempo) en redes sociales.

Ante este escenario, según afirma la periodista británico-ecuatoriana, Sally Burch, “varios gobiernos y legislaturas se están dando cuenta del monstruo que se ha creado y tratan de ponerle freno[7] como los gobiernos europeos que legislaron sobre la protección de datos.

Más radical aún es el discurso del considerado “padre” de la realidad virtual y uno de los creadores del actual protocolo de Internet, Jaron Lanier, que directamente propone un decálogo de razones para abandonar las redes sociales. Según afirma estas nos están volviendo idiotas, nos vuelven infelices, nos hacen perder la empatía, o no quieren que tengamos dignidad económica, entre otras cosas.

Jaron Lanier

Lanier afirma que “el algoritmo está tratando de captar los parámetros perfectos para manipular el cerebro, mientras que el cerebro, para hallar un significado más profundo, está cambiando en respuesta a los experimentos del algoritmo. El estímulo no significa nada para el algoritmo, pues es genuinamente aleatorio, el cerebro no está respondiendo a algo real, sino a una ficción. El proceso -de engancharse en un elusivo espejismo- es una adicción[8]

Los recientes problemas de Whats App, Facebook o Instagram (plataformas que son propiedad de Mark Zuckerberg), no fueron los primeros. Hace algunos meses había pasado algo similar. Una especie de apagón tecnológico-comunicacional.

Estos hechos y los contratiempos que trajeron aparejados a muchas personas a lo largo y ancho del planeta, gestó estas líneas y plantean un gran desafío que necesariamente debe estar atado a una profunda reflexión sobre el vínculo que cada individue tiene con las redes sociales, internet y las tecnologías infocomunicacionales.

Como afirma el filósofo mexicano Fernando Buen Abad, necesitamos “una “agenda” de Cultura y Comunicación para nuestro tiempo, debe interesarse por la democratización de las herramientas de producción, distribución e interlocución del “sentido”. Debe interesarse por el ascenso de una corriente semántica renovada por el fragor de las luchas sociales que en todos los ámbitos (ciencias, artes, filosofías, tecnologías…) viene librando la especie humana para garantizarse un lugar digno en su propio desarrollo y no un lugar de “espectador” sometido por un sector social acaparador e históricamente opresor de las mayorías[9].

Todo indica que la humanidad está en una gran colmena que cada vez es más vigilada, restrictiva, opresiva y desigual, y que para revertir esta situación se requiere que las mayorías se involucran en la discusión y tengan una participación activa. Esta lucha aún no está perdida, pero se necesita de todes, de la presión a los gobiernos para que produzcan políticas soberanas que protejan y beneficien a sus pueblos.


* Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata), productor general del programa La Marea (FM 90.5 Radio Futura), redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

[1] http://estrategia.la/2019/05/12/la-revolucion-5g-la-vigilancia-de-los-humanos-y-las-cosas/
[2] Idem
[3] Idem
[4] https://www.alainet.org/es/articulo/200697
[5] https://www.alainet.org/es/articulo/200803
[6] Idem 3
[7] https://www.alainet.org/es/articulo/200697
[8] http://estrategia.la/2019/05/22/jaron-larnier-alerta-sobre-el-desastre-en-ciernes-que-representa-la-tecnologia-digital/
[9] https://www.alainet.org/es/articulo/200820

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