Stella Calloni: “Guaidó no existe”

Stella Calloni: “Guaidó no existe”

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

A una semana del golpe de Estado fallido en Venezuela, hablamos con la periodista y escritora, Stella Calloni, para analizar esa jornada en la que se evidenció la endeble figura del auto-proclamado presidente Juan Guaidó, el fogoneo violento de los medios y la capacidad de resistir a este “proceso geoestratégico de recolonizar el continente”.

Stella Calloni, periodista, escritora y analista internacional.

El martes, muy temprano por la mañana, se viraliza un video de Guaidó llamando directamente a un golpe de Estado contra el presidente Nicolás Maduro. Durante el transcurso del día, los medios de comunicación hegemónicos mostraban la imagen de los enfrentamientos que se daban entre ese grupo de gente que estaba intentando entrar a una base militar en lo que era el viejo aeropuerto de Caracas. Al final del día eso se apaga muy rápidamente. Muchos remarcan lo acertado de que no se gestara el enfrentamiento, de la manera que hubiese reaccionado cualquier ejército o base militar defendiendo ese territorio. ¿Vos estás de acuerdo?

En Argentina tenemos los medios de comunicación al servicio de la guerra psicológica que se dirige desde el Pentágono estadounidense. Todos estos diarios trabajan para eso, ocultan las manifestaciones locales, ocultan el escándalo más grande que haya sucedido en un gobierno con el descubrimiento de esta red de extorsión. Si acá nos ocultan todas esas cosas, imaginemos todo lo que nos ocultan de Venezuela. Lo triste es que, a veces, en los noticieros de algunos canales amigos también hay gente que tiene la misma actitud de los canales enemigos. Es una guerra cien por ciento mediática.

Volviendo a Venezuela, desde la mañana nunca pudieron meterse a la base, donde no había ninguna situación interna. Intentaron y después dejaron esos grupos que tiraban piedras. Mientras eso estaba pasando y había otras movidas, ya se veía que era un golpe de Estado.

Venezuela tiene 250 mil hombres en armas y casi 2 millones de milicianos. Que ellos sean 7 o 100 inclusive, no es absolutamente nada. Lo cierto es que al mediodía el golpe ya se había disipado. Luego, el tratamiento que se le dio al tema de Leopoldo López. Él estaba en prisión domiciliaria pero que muchas veces salía, hablaba, venía e iba. Acá cuando se habla de prisión domiciliaria no salís o tenés una serie de barras para seguir, pulseras metálicas, etc. Entonces eso de que lo rescataron es falso. Él salió de su casa caminado y, después, fue a la embajada a refugiarse caminando y se cambiaron de embajada, de la de Chile a la de España. Sólo la presencia de Guaidó en Venezuela y de la gente en las calles, contradice a los que afirman ‘esto es una dictadura’. Nosotros que las hemos vivido, cuando un grupito de personas salía a la calle no podía agruparse en una esquina. Por eso fueron heroicas las Madres, porque fue lo único que se movió en los 77. Ahí es cuando vos podes ver la falsedad de las presentaciones.

Cuando quieren comparar y dicen que Argentina se va a parecer a Venezuela, la verdad es que no, porque Argentina no tiene 38 mil millones de dólares retenidos en los bancos estadounidenses, congelados, no le han sacado ninguna empresa, no les han bloqueado todo el dinero que tenían en países europeos por los intercambios comerciales, no le han bloqueado –como en Portugal– el dinero que mandaron para la compra de productos que nunca llegaron, ni tampoco le han hecho un desabastecimiento de la mercadería que venía para Venezuela, como lo ha hecho Colombia, porque se han derivados cantidades de alimentos y medicina. Entonces, no se puede hablar de la situación en Venezuela comparándola, porque aquí no hubo nada de eso. Aquí el Estado está desplomándose porque lo están desplomando desde adentro, porque es una orden de Estados Unidos entregar un Estado totalmente vacíado.

Ningún periodista serio puede dejar de advertir que estamos hablando de un país bloqueado, congelado, con la imposibilidad de vender petróleo. Hay una rebelión en el mundo por esto. ¿Quién es Estados Unidos, finalmente? En el momento que el presidente Trump dice que están aplicando la doctrina Monroe para América Latina regresamos al 1823, al primer período de la expansión, cuando estaban haciendo el imperio. La doctrina Monroe decía, en resumen, ‘América para los americanos’, que en esencia es que América Latina tenía que ser para ellos. Esto fue cambiando con el tiempo, más con el período de integración de los últimos años que abrieron mercados en otras partes. En este momento ellos quieren volver al proyecto original, donde no todos los países pueden invertir, ya que, este ‘patio trasero’ tiene, entre otras cosas en Venezuela, la reserva de petróleo más grande del mundo y está a un paso de Estados Unidos, que no es lo mismo que traer de Irán o Irak. Es una cuestión absolutamente geoestratégica.

 

“Venezuela está en una situación como lo estaba Cuba cuando no le dejaban llegar ni una aspirina”

 

Lo que están haciendo sobre la mentalidad de las personas es sembrar odio con comentarios violentos que no se debieran poder publicar más. Esos comentarios discriminatorios que violan todas las normas de convivencia, todas las normas de respeto al otro, no se deben publicar en ningún diario, ni en los nuestros ni en los de ellos ni en ningún lado. Estamos sometidos a un ataque violento permanentemente. Eso destruye las mentes de las personas. Ellos apuntan a destruir toda conciencia social. Esa es la guerra psicológica.

Entonces, tenemos una América Latina que el imperio quiere recuperar en ese proceso geoestratégico de recolonizar el continente. Por eso está bueno el ‘patria sí, colonia no’, porque precisamente lo que quieren es una colonia. ¿Qué somos ahora con el FMI manejando nuestra política económica? ¿Qué somos nosotros con el Comando Sur manejando nuestra política militar y poniendo bases en Neuquén, Tierra del Fuego, en el noroeste argentino? Ahí tenemos que ir, a esos hechos centrales para determinar la mentira que significa cuando dicen ‘quieren ser como Venezuela’. Venezuela está en una situación como lo estaba Cuba cuando no le dejaban llegar ni una aspirina.

Juan Guaidó y Leopoldo López

Una de las cosas que dejó en claro lo sucedido es que ya la oposición está tan desdibujada que es irrelevante, Estados Unidos es quien comanda. Daniel McAdams decía que hoy Guaidó vale más muerto para la CIA y la oposición venezolana que valía antes de que se liberara a Leopoldo López. Nos interesaría una reflexión tuya al respecto, porque los falsos positivos en Colombia no están muy lejos de lo que pueda llegar a pasar con Guaidó.

¿Por qué sacaron Leopoldo López si con la prisión domiciliaria entraba, salía, caminaba, etc? ¿Qué dictadura es esa? Cuando aquí estaba Videla si alguno de nosotros hubiese hecho algo así, por favor, ya estaríamos muertos nosotros, las familias, los nietos y los bisnietos. Guaidó no se está dando cuenta de todo lo que sucedió, está desesperado por demostrar que puede, cuando en realidad no puede. Pero más desesperados están entre los asesores más fuertes de Trump, Marcos Rubio, Elliott Abrams, Mike Pompeo, John Bolton. De Rubio no se habla y él es el que estuvo en Cúcuta, está desesperado porque, por medio de golpear a Venezuela, quiere golpear definitivamente a Cuba. Y lo están llevando al desastre a Donald Trump, tal como se lo están diciendo alguno de sus propios hombres. Elliott Abrams tendría que estar preso por crímenes de lesa humanidad en Centro América. Cada uno de ellos son los personajes más siniestros que eligió, pero Rubio, Marco Rubio, que fue el hombre que ayudó a las ONG’s donde estaba la actual Ministra de Seguridad de Macri y estaban un montón más, Laura Alonso, todos esos trabajaban con Marco Rubio. Este personaje es siniestro, tiene una gran relación con el ISIS, con los mercenarios de la OTAN. Por eso ahora no quieren dejar llegar petróleo de Venezuela a Cuba. Vuelven a sacar el punto tres de la ley Burton, vuelven a desquiciar todo.

Guaidó no existe. Fijate que, de enero a la fecha, no ha logrado más que ser un tipo nombrado por Estados Unidos para ser presidente de Venezuela, un diputado con sólo 70 mil o menos votos, que ni siquiera es bien visto por la oposición porque se los impusieron desde afuera, porque en último caso Leopoldo López estaba ahí, Enrique Capriles estaba ahí. Este aparece como un niño que lo preparan para esta ocasión pensado que iban a manejar todo rapidísimo y se equivocaron. Les cuentan una historia como aquí cuando el presidente dice que estamos creando empleo y hay casi 50 mil nuevos desempleos en tres meses. Tenemos que entender que aquí la cosa no está bien, pero también tenemos que entender que hay una gran resistencia. Así como resiste el pueblo de Venezuela te cuento lo de Honduras, se ganaron muchísimos lugares en Ecuador a pesar ese golpe post-electoral, como el de acá, con presidentes que no cumplen con nada del programa con el que se comprometieron y están violentando la voluntad popular. Es decir, están gobernando de facto, esa es la situación en que estamos. Pero, ya ves, en todas partes hay levantamientos y América Latina tiene una gran experiencia en resistencias. Ha pagado un precio muy alto por resistir en todo el siglo XX y lo que va del XXI, pero aquí hay una capacidad de resistencia que los europeos no llegan a tener ni soñando. Somos nuestra misma esperanza. Eso es de vital importancia para la sobrevivencia de Nuestra América y para llegar a la independencia definitiva.

El presidente Nicolás Maduro junto a los altos mandos militares.
Grimson: “En Argentina, a algunos, la ¨negrada¨ les molesta bastante”

Grimson: “En Argentina, a algunos, la ¨negrada¨ les molesta bastante”

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El Doctor en Antropología, docente e investigador del CONICET, Alejandro Grimson, explica alguna de las características de su más reciente trabajo “¿Qué es el Peronismo?”, y reflexiona respecto de la coyuntura actual.

 

En uno de los primeros capítulos del libro hablas del racismo en la política. Durante el peronismo, hablas de figuras como los “descamisados” y los “cabecitas negras”, a quienes el peronismo les dio una nueva identidad política como movimiento; pero a su vez, mostras que hay una matriz racista que manifiesta sus rechazos a estas identidades. En la coyuntura actual ¿De qué manera se está manifestando el racismo en el proyecto político de Cambiemos?

En general la Argentina, es un país que se caracteriza por una negación muy profunda de su propio racismo. Cuando hablas con un argentino promedio -que no existe, pero supongamos que existiera-, te diría “¿Yo racista? No… Yo no soy racista”. Eso en antropología tiene un nombre que se llama Racismo sin racistas, porque nadie cree que es racista, pero la verdad es que la “negrada” le molesta bastante.

Por ejemplo, me pasó muchas veces algo que puede comprobar cualquiera: Supone que alguien te dice que odia a Cristina y que no quiere que esa negrada vuelva al gobierno, y vos decís “¿Pero a vos te parece que Cristina es negra?”; “Es negra de alma” te contestan.

Aparece esta cuestión de los “negros de alma” que en realidad en el 45 estuvo presente a través de otra expresión: se hablaba del 17 de octubre como un “candombe blanco”, porque -decía el periódico del Partido Socialista- que eran blancos que se comportaban como si fueran negros.

Esa idea del “candombe blanco” se perdió muy rápido y quedó la idea de “cabecita negra” como la idea que predominó en toda esa etapa y que en otras literaturas o sociologías aparecía como la idea de una gran migración interna del noroeste hacia la capital, que había estado en la base del peronismo.  Cosa que en el libro, demuestro que ese argumento es completamente falaz y que esa migración nunca existió.

 

¿Cómo se explicaría ese racismo sin una necesidad de reconocer lo propio, no? Me llama la atención esta mención de las migraciones que hacés en el libro y que en el estudio que realizaste das cuenta de que la mayoría de las cuestiones eran de identidades locales y que se las tenía como extranjeras; que no formaban parte de esa patria o de esa nación.

Creo que lo que está en el núcleo de esto es que hay un imaginario nacional que viene, por lo menos del Facundo de Sarmiento y que sigue hasta la actualidad. Es el imaginario del país civilizado, europeo, que tiene como pre requisito para poder realizarse a sí mismo, para terminar con la barbarie, que sería el interior, lo no europeo; el peronismo después entra en ese lugar de la barbarie, entra en lo que no puede ser reducido o incorporado al proyecto civilizatorio.

Llega hasta Macri, porque él va a Davos (Foro Económico) en 2016 y “nosotros somos todos europeos en Argentina”. Este año en el Congreso de la Lengua -como si hubiera una lengua en Argentina, hay más o menos 20-, da por obvio de que existe una sola lengua que es el castellano. Es como si todo el trabajo de la antropología, de la historia, no solamente de las argentinas y argentinos, sino de muchos investigadores del mundo que han trabajado aquí desde hace décadas, fueran tirados a la basura.

Ese desconocimiento es muy fundamental. No se trata de un mero desconocimiento, es que si no se desconociera sería necesario modificar el propio imaginario nacional de pertenencia y destruir el europeísmo.

 

Hay un capítulo donde hablas sobre el menemismo y te hacés una pregunta muy interesante acerca de ¿por qué los sectores populares votaron en contra de sus intereses? Y desde allí analizas por qué lo indefendible logró construir mayorías en Argentina. Reflexionando sobre el gobierno macrista ¿Crees que lo indefendible vuelve -una vez más- a perpetuarse por largos años en el país?

Primero que lo que explico en el capítulo es que la definición de los intereses tenemos que discutirla, porque muchas veces, en espacios influidos por las teorías sociales, damos por obvios cuáles son los intereses de cada clase social. Pero, cuando la gente no tiene un plato de comida sobre la mesa, los intereses de largo plazo pueden contradecirse con los de corto plazo. Que fue en algún punto lo que pasó en los años 90.

Votaron contra los intereses de largo plazo o contra los intereses que las teorías sociales definen como intereses de las clases trabajadoras pero, tenían que ver con ciertos intereses cortoplacistas que es la manera en que culturalmente se han constituido los intereses en la Argentina.

Lo mismo sucede respecto de la actualidad. Es muy obvio que hoy hay muchas personas  -no sé si son el 5, el 10, el 15% de la población que prefieren perder plata y que no vuelva el peronismo a ganar plata y que vuelva el peronismo. Esto está explícito en empresarios que cierran las persianas de sus fábricas porque cierran porque no pueden aguantar la marea importadora (hubo una destrucción importante de empresas y cuando se les pregunta dicen “si, a mí me iba mejor antes, pero prefiero fundirme a que vuelvan los que estaban antes”. Sus intereses no son sólo económicos, sino que son intereses alrededor de su propia identidad como sectores desigualmente poderosos respecto del resto de la sociedad.

Supongamos la situación de un jubilado, que su jubilación aumentó al ritmo inflacionario durante el kirchnerismo, pero que a su vez vio que muchas personas no tenían una jubilación pasaron a tenerla, que otras personas que tenían una jubilación ínfima pasaron a tener una más cercana a la que tenía esta persona ¿Qué es lo que prefiere la gente, que estemos todos incluidos o prefiere estar en la punta de la pirámide? Muchos prefieren estar en la punta de la pirámide aunque eso implique que haya una gran exclusión y, quizás, no tienen la capacidad de relacionar esa gran exclusión con el hecho de que sus hijos o sus nietos corran riesgo cuando salen a la calle porque hay incremento del delito.

 

En el libro planteas que el peronismo es ineludiblemente parte de la cultura política argentina y que renunciar a entenderlo es renunciar a entender la realidad de la Argentina; y además abordas la relación con los antiperonismos, que nombras varios. En el ejemplo del empresario que antes mencionabas ¿Ves en el antiperonismo de hoy una revancha en términos similares a la del 55?

Creo que hay muchas similitudes con el 55 en término de las políticas económicas, del odio, de que se cumple la frase de Perón donde decía “no es que nosotros seamos tan buenos, pero los otros son peores”. Así como relato en el libro que en el 56/57 el antiperonismo en el gobierno empezó a perder varios apoyos, me parece bastante obvio que ahora –en otros ritmos- el antiperonismo actual en el gobierno también empezó a perder apoyos.

Se repite una historia de la cual el peronismo estaría bueno que aprendiera: Frente a ese antiperonismo, que en aquel caso hizo la proscripción política y en este duda acerca de si llevar adelante la misma proscripción como la que ya se llevó a cabo en Brasil o en Ecuador, tiene la posibilidad de perpetuarse, pero el peronismo tiene que preguntarse si la historia que vivimos desde el 45 para acá es exactamente la historia que el peronismo quiere vivir.

La división que existe hoy en la sociedad plantea que los triunfos del peronismo o de los peronismos, o del kirchnerismo son triunfos que se mantienen durante un cierto tiempo pero que son muy difíciles de mantener en el largo plazo. Si mirás los cambios que hubo en la Argentina en los últimos 12 años, te darías cuenta de que harían muchos más años de gobierno anti-neoliberal  para que sea posible transformar de raíz la Argentina, pero es muy difícil que, volviendo siempre a los mismos liderazgos o acotando toda posibilidad de confrontación a los liderazgos y estableciendo las fronteras en el lugar donde los poderes económicos quieren situarla, es muy difícil que se pueda generar un frente más amplio.

El programa de Macri afectó negativamente al 80-90% de la sociedad argentina, por lo cual hay que trabajar para poder construir una alternativa que incluya todos los peronismos y todos los kirchnerismos pero que como decía una frase “con el peronismo no alcanza si querés derrotar al neoliberalismo”.

 

Pensando que sos un cientista social loca, un intelectual comprometido y, además, escribís sobre política argentina ¿Cuál es la tarea de las ciencias sociales en la política argentina?

En este sentido soy muy pluralista. Siempre lo he sido y siempre lo soy. Puede haber y son posibles e interesantes distintas formas de relación entre las ciencias sociales y la política. La que a mí me gusta tiene que ver con una investigación social que es comprometida, no es neutral  y al mismo tiempo, no por ser comprometida, está dispuesta a violentar los hechos para sostener un argumento.

Siempre planteé, desde que empezó a suceder, que uno de los grandes problemas del kirchnerismo fue el tema del INDEC, el tema de las estadísticas y el tema de decir que no había inflación. Esto generó una incomunicación entre el kirchnerismo y la sociedad, porque estás violentando un hecho que toda la gente percibe porque va al supermercado. Para el que escucha y no vivió los años del kirchnerismo habría que contarle que la inflación en los peores momentos fue la mitad de lo que es hoy. Los mejores fue bastante menos de la mitad.

Creo que las ciencias sociales tienen muchísimos aportes para hacer a la política y que en ese sentido es clave generar diálogos cada vez más fluidos entre los dirigentes políticos y la investigación social. Ni hablar si hay un estado que tiene vocación de implantar un modelo de desarrollo con inclusión. Ahí necesitas mucho más a las ciencias sociales porque la necesitas también para la posibilidad de implementar políticas públicas.

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