La teoría del caos: “el efecto mariposa” y el covid-19

La teoría del caos: “el efecto mariposa” y el covid-19

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por Pablo Berrozpe*

La teoría del caos fue desarrollada por el meteorólogo Estadounidense Edward Lorenz en los años 70 ́ y establece que pequeños cambios iniciales en variables que inciden en un sistema dinámico complejo NO lineal (como lo son la epidemiología de enfermedades), son factibles de establecer cambios sustanciales en los resultados finales de los sucesos, los cuales son impredecibles ya que dependen de la variación de los factores en la medida que se desarrollan.

Aunque la teoría es reciente un antiguo proverbio chino ya hablaba de que “El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”; este pensamiento hacía alusión al poder que tienen sucesos imprevistos para generar cambios en las variables que gobiernan los acontecimientos.

El Covid-19 es una enfermedad respiratoria aguda severa causada por un virus, que está conformado por una macromolécula de ARN microscópica cubierta por una membrana proteo-lipídica. Las células blanco de este virus se encuentran en el sistema respiratorio humano y son las encargadas de la respuesta inmune. El virus ingresa al sistema respiratorio, se acopla a las células y es “engullido”. Una vez dentro se hace de la maquinaria de replicación celular para reproducirse. El proceso finaliza con la muerte celular de la célula hospedadora, debilitando el sistema inmune, y la población del virus incrementada exponencialmente con factibilidad de transmitirse a nuevos hospedadores a través de un mecanismo efectivo como lo son las excreciones del sistema respiratorio.

Si bien Covid-19 tiene una tasa de letalidad relativamente baja (3% a nivel mundial) y en alrededor del 80% de los casos la infección cursa de manera asintomática, del 20% que sí presenta síntomas, solo 1 de cada 5 requiere hospitalización. Lo que hace que esta enfermedad sea una amenaza para la población humana es: a) su fácil y efectivo método de propagación en aglomerados, b) que las personas asintomáticas son transmisoras del virus, c) que el periodo de incubación varía entre 1 y 14 días -en general se sitúan en torno a los 5 días (OMS)- permitiendo la circulación de infectados propagando el virus.

Los factores señalados vuelven a la enfermedad capaz de hacer colapsar los sistemas sanitarios, ya que su transmisión es con una alta tasa efectiva en un lapso corto de tiempo. Por ello a la pérdida de vidas de la población en riesgo, se suman consecuencias sociales y económicas, producidas por el colapso.

El aislamiento social obligatorio ha surgido como uno de los cambios iniciales a una de las variables que influyen en la epidemiología de la transmisión del virus causal del Covid-19 (“el contacto social”) para transformar el resultado final del suceso. El mismo busca contener la propagación del virus de manera de detener la curva ascendente de contagios para que se den en un tiempo y espacio absorbibles por el sistema sanitario.

Aquellos países que lo han adoptado en las fases iniciales no solo han logrado la atención médica de los infectados, sino que además han logrado bajar la letalidad al 1%. Ejemplo empírico de ello es la progresión de la transmisión de la enfermedad en China y Corea del Sur. Por el contrario, países como Estados Unidos, Italia, España y Brasil que han definido no introducir cambios iniciales en la variable “contacto social” muestran una progresión de la enfermedad con tasas de infección que están llevando al borde del colapso el sistema sanitario con perjuicios económicos y sociales más severos. No solo se pone en riesgo el derecho al acceso a la salud de la población, sino que además la tasa de letalidad observada es de hasta 8 veces más que la registrada en China y Corea del Sur.

Si bien no se ha llegado al final de la pandemia y no se puede hablar del efecto final sobre la inserción de la modificación de la variable “contacto social”, los resultados parciales indicarían “éxito” en términos de salud pública.

Para evaluar la situación Argentina, no hay que perder de vista los efectos introducidos en las variables económicas y sociales entre 2016 y 2019. En aquel entonces, se instrumentó un desfinanciamiento del Estado con un fuerte endeudamiento con el sistema financiero internacional y una política económica basada en la desregulación del mercado, que permitió acumulación de grandes ganancias en pocas manos en detrimento del entramado social-productivo nacional, con graves consecuencias para millones de familias que quedaron sumergidas bajo la línea de pobreza. El sistema sanitario nacional, no estuvo exento al desfinanciamiento y abandono y ya enfrentaba el gravísimo problema de las enfermedades transmitidas por vectores como el dengue y la reaparición del sarampión. Ahora debe hacer frente al ingreso del virus al comienzo de una estación favorable para su propagación, y la de otras enfermedades como la denominada Gripe.

El primer caso de Covid-19 en nuestro país se confirmó el 3 de marzo. La muestra era proveniente de un paciente con antecedentes de haber regresado de zonas con transmisión autóctona comunitaria. 10 días después se registraban 34 casos y dos muertes a causa de la enfermedad. Rápidamente el Poder Ejecutivo Nacional decidió decretar la emergencia sanitaria e instrumentó una serie de medidas tendientes a reducir el contacto social concretando el 20 de marzo el aislamiento social preventivo y obligatorio. Al 29 de marzo los casos confirmados ascienden a 820 y la tasa de letalidad es del 2,4%, es decir, similar a lo observado en países donde se decidió introducir tempranamente el efecto sobre la variable “contacto social”.

A los rápidos reflejos en la política sanitaria, el gobierno nacional, siendo consciente de la situación económica en la que se encuentran millones de familias argentinas, introdujo el efecto de una “política económica con sentido social”, insertando recursos en los sectores más vulnerables de manera de minimizar los efectos del “parate” y estableciendo un paquete de medidas que busca alivianar la presión sobre los bolsillos de las clases populares y medias argentinas. Sumando el efecto de las variables “solidaridad” y “responsabilidad de los ciudadanos” a la hora de cumplir con las directrices emanadas por la autoridad sanitaria, se podrá evaluar el grado de “éxito” de los cambios iniciales introducidos en las variables epidemiológicas frente al Covid-19.

En Argentina el Estado se ha puesto a disposición de la población cumpliendo con su rol de garante de derechos, tomando decisiones sanitarias que han demostrado efectividad para bajar la tasa de infección y conteniendo a los sectores sociales más vulnerables. Ello abre la esperanza para que pronto se reactive la actividad. Como lo establece el proverbio chino, anticipo ancestral de la teoría del caos, esta macromolécula microscópica incide e incidirá en la política económica mundial, en el mundo del trabajo y en las relaciones sociales.

Queda el interrogante de si esta crisis será la oportunidad para constituir un nuevo estado fundado en la justicia social, con acceso igualitario a los alimentos, el techo y la salud, compatible con un desarrollo sustentable y el ambiente natural.


* Biólogo Dr. en Ciencias Naturales. 
Sobre Virus, Pandemias y Guerra Biológica

Sobre Virus, Pandemias y Guerra Biológica

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

Por Pablo Jofré Leal*

La pandemia del Covid-19 además de los hechos de contagio, muertes, afectación de la salud de millones de seres humanos y la crisis económica que ha traído consigo, posee un componente relacionado con la posible utilización de este virus, como un agente biológico en el plano del bioterrorismo.

¿Es el Covid-19 un agente biológico creado en un laboratorio y cuya expansión ha generado la peor pandemia vivida por la humanidad desde la gripe española hace un siglo atrás? Una pregunta, que trataremos de responder teniendo en claro que la prioridad es, primero que todo, combatir la expansión de este virus, enfrentarlo con todos los medios humanos y técnicos que los países posean. Un escenario donde la solidaridad internacional se disponga al margen de cualquier intento de seguir hegemonizando el mundo, como suele suceder con aquellas potencias enfrascadas en líneas de acción absolutamente condenables, como seguir sancionando, bloqueando e incluso impediendo el suministro de fondos, fármacos e instrumentos médicos y tecnológicos destinados a luchar contra la pandemia, como ha sido el caso del gobierno estadounidense y su contumacia criminal contra Irán, Venezuela y Cuba, principalmente.

Es un análisis necesario, pues la transparencia debe ser un imperativo frente a los rumores, acusaciones de teorías conspirativas, supuestas guerras entre potencias por el dominio político y económico del mundo y dardos cruzados en torno a que existirían laboratorios donde se generaron mutaciones de coronavirus, que dieron por resultado este Covid-19, que ha resultado mortal en materia de vidas humanas y desastroso en materia social y económica. Hay tristeza y dolor frente a las miles de muertes, en China, Italia, Estados Unidos, España, Alemania, Irán, Francia, Suiza, Corea del Sur, Reino Unido (que reúnen el 80% de los 23 mil fallecidos y 500 mil contagiados, hasta el cierre de esta edición) y el resto de los países del planeta que ya tiene la presencia del virus en sus territorios.

Una tristeza que se ahonda frente a la certeza de que esta cifra se va a multiplicar y que sólo el combate decidido en cada país podrá destruir, con responsabilidad social, fortalecimiento de los servicios públicos sanitarios y la cooperación internacional (con brigadas médicas, enviadas por Rusia, China y Cuba) que se ha dirigido a los países más afectados. Resulta admirable que países pequeños, que son sometidos a intensas presiones por parte del gobierno de Estados Unidos, como es el caso de Cuba, en función de una historia basada en el internacionalismo y la cooperación internacional, envíen brigadas de profesionales de la salud a miles de kilómetros de distancia.

El Covid – 19 es una pandemia, pues reúne los dos requisitos que la Organización Mundial de Salud (OMS) señala: brote epidémico que afecta a más de un continente y que los casos de cada país ya no sean importados sino provocados por transmisión comunitaria. Los seres humanos tenemos un miedo atávico a enfermarnos, temor que se incrementa cuando una enfermedad se multiplica por miles y solemos desconocer su origen y qué es lo que influye para contaminarnos. Es allí cuando aparecen las teorías respecto al uso de virus u otros patógenos destinado a ser parte de un arsenal militar, sobre todo cuando se comienza a imponer en la lógica del siglo XXI y en las nuevas formas de enfrentamiento de las grandes potencias, lo que se conoce como guerras híbridas (1)

En ese contexto de guerras híbridas, el uso de agentes biológicos es una de las alternativas, transformando así ese contencioso en una guerra biológica, es decir, un conflicto bélico que utiliza toxinas bacterianas o virus capaces de causar infección y/o toxemia. Algunos de estos microorganismos pueden continuar transmitiéndose aún después de haber desaparecido del ambiente donde fueron instalados, mediante contagio persona a persona. Esta idea ha tenido lugar a través de mutuas denuncias entre China y Estados Unidos, donde el país asiático sostiene que el brote surge en Wuhan pero el contagio, probablemente, fue efectuado por un grupo de soldados estadounidenses que participaron de los V Juegos Mundiales Militares celebrados en esa misma ciudad en octubre del año 2019. Pero esas acusaciones ya tendrán su tiempo de ser comprobadas con fundamentos científicos y transparencia.

Un atrayente artículo escrito por profesionales médicos chilenos en octubre del año 2001 -un mes después de los atentados del 11 de septiembre-, señalaba los tipos de microorganismos que podrían ser utilizados en una guerra biológica: “virus como viruela, arenavirus (fiebre hemorrágica), hantavirus, bacterias como Bacillus anthracis (ántrax), Yersina pestis (peste bubónica), Brucella spp, salmonella, Coxiella (fiebre Q), Franciscella tularensis (tularemia) y toxinas como la botulínica y aflatoxina entre otras”. “Estos microorganismos tienen en común que se asocian con una alta letalidad (muchos infectados mueren) y/o una alta morbilidad (se enferman muchas personas por una alta transmisibilidad del agente infeccioso o por una alta potencia de la toxina)”. Del 2001 al 2020 esa idea de letalidad no ha variado, pero incorpora este nuevo patógeno de la familia de los coronavirus.

Estamos atemorizados: las noticias, las elucubraciones, las acusaciones cruzadas, el incremento en el número de muertos causan zozobra. Las muertes por agentes biológicos, con relación a conflictos, no son un hecho novedoso y vienen al recuerdo las técnicas militares usadas por los hititas, que cuatro milenios atrás, mediante la introducción de conejos, cabras u ovejas afectadas de turalemia (bacteria Francisella tularensis) en los campamentos enemigos, generaban una altísima mortandad. Los asirios contaminaban los pozos de agua enemigos con una toxina llamada Ergotamina generando una dolencia denominada “fiebre de San Antonio”. En los escritos homéricos se detalla el uso de veneno de serpientes para ser untada en la punta de las flechas.

En un artículo interesante escrito por Ariel Palezzesi se señala que “durante la Edad Media se pasó de untar flechas con heces a arrojar directamente las heces de las víctimas de la peste bubónica sobre las paredes de los castillos usando catapultas. Y en algunos casos, como durante el asedio de la ciudad de Kaffa, en 1346, directamente se catapultaron los cadáveres de los guerreros muertos de peste, para que contagiaran a los sitiados”. Este mismo artículo afirma que en América del Norte, por ejemplo, la población indígena comenzó a ser diezmada por las enfermedades provenientes del Viejo Mundo, dado que carecían de los anticuerpos necesarios. “Existen al menos dos casos documentados de ataques mediante gérmenes de la viruela, transportados en frazadas ofrecidas como regalos a los nativos. Estos verdaderos “caballos de troya” fueron, tal como quedó registrado por el comandante de la milicia William Trent en 1763, entregados especialmente para transmitir la Viruela a los indígenas”.

Un trabajo realizado por profesionales cubanos (país víctima de innumerables ataques biológicos por parte de Estados Unidos desde el 1959 a la fecha) nos refiere también a hechos históricos donde el uso de los agentes biológicos ha sido parte de prácticas militares. “Durante la Primera Guerra Mundial, los alemanes utilizaron ántrax y muermo para infectar a caballos y mulas del ejército de Estados Unidos y los aliados. En 1931 Japón usó armas químicas y bacteriológicas en su invasión a Manchuria. En la Segunda Guerra Mundial los nipones lanzaron bombas de cristal con pulgas infectadas con la peste con el objetivo de expandir la enfermedad, y de igual manera, formaron el Escuadrón 731 del Ejército Imperial, dedicado a realizar experimentos biológicos en los prisioneros de guerra.

Tanto ayer como hoy, sea tres mil años atrás o en este quinto lustro del siglo XXI, la posibilidad del uso de agentes biológicos para enfrentar los conflictos entre pueblos y/o países, genera un terror inconmensurable. Pero la globalización es aún más alarmante porque los patógenos pueden transmitirse de un lado al otro del mundo en tiempo record. Una persona afectada por el Covid-19 podría haberse contagiado en Madrid, viajado a París posteriormente y luego hecho un viaje transatlántico y aterrizado con su carga vírica en la ciudad de Santiago de Chile. Todo ello en un espacio de tiempo inferior a un día.

Se ha señalado por medios que aunque todavía puede ser demasiado pronto para llegar a una conclusión definitiva, el portal digital Global Research recopiló recientemente una parte de un informe de Larry Romanov, experto en economía de la Universidad de Fudan, que con el título “El coronavirus de China: una evolución impactante. ¿El virus se originó en Estados Unidos?” se pronuncia al respecto. Las autoridades médicas chinas llevaron a cabo investigaciones rápidas y extensas sobre el origen del virus, identificando todas las especies y variantes mutadas mediante la recolección de aproximadamente 2 muestras del nuevo genoma coronario de cinco países diferentes en los cinco continentes. Durante su análisis, concluyeron que los nuevos brotes del coronavirus comenzaron a propagarse nada más que al finalizarse los Juegos Mundiales Militares que se celebraron en Wuhan entre los días 18 y 27 de octubre del año 2019.

Los agentes biológicos pueden ser utilizados, sin duda, como armas propias de acciones bioterroristas, para ocasionar daños al ser humano en contextos de guerra biológica, y pueden ser utilizados en forma secreta, para ocasionar deterioro en la situación económica de los países y la vida social de la Nación agredida. Existen alrededor de 1.200 tipos de agentes biológicos, conocidos también como armas bacteriológicas, que provocan enfermedades y que en un porcentaje importante, conducen a la muerte (en el caso del Covid -19 el porcentaje de letalidad ronda entre el 2 al 4% promedio pero en Italia y España ha alcanzado cifras muy superiores), además de constituirse también en una afectación al conjunto del planeta.

El uso político, económico y militar de agentes biológicos constituye un panorama aterrador con la irrupción del Covid-19, cuyo análisis más fino en materia de conflictos geopolíticos y opiniones científicas, conducen a pensar que pudo haber sido utilizado como un tipo de arma, para generar daño a una población de un país rival, en lo que hemos definido como guerra biológica, constituyéndose en uno de los elementos principales del bioterrorismo, pero con efectos globales no contemplados o que fueron minimizados a la hora de autorizar su uso ¿Eso sucedió en Wuhan?


* Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en temas principalmente de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl

Cedido por http://www.segundopaso.es

  1. Denominación que da cuenta de una tipología de conflicto que combina medios regulares e irregulares y que da cuenta d ela transformación de los conflictos, que lo mismo expresas batallas de ejércitos regulares, que la lucha irregular, uso de medios de desinformación, guerra cibernética, agentes biológicos o cualquier actividad militar o no militar que se ejerce en un contexto de supuesta ambigüedad “con más o menos ambigüedad en la amplia franja que existe entre la paz y la guerra abierta, pero sin constituir un llamado casus belli. Estos conflictos, según un interesante documento titulado “Guerras Híbridas: cuando el contexto lo es todo” son calificados como característicos del mundo globalizado y entre los que se citan los Balcanes, Chechenia, Afganistán, Irak, Líbano, Sri Lanka, Crimea o Ucrania como casos más significativos, son presentados como novedosos por numerosas razones: por los actores involucrados (Estados interviniendo de manera directa o delegando su actuación a agentes domésticos o proxies, guerrillas, terroristas, redes criminales o contratistas militares privados), los medios utilizados (armas sencillas empleadas de manera novedosa, sistemas sofisticados trasferidos por los Estados, armas pesadas o tecnologías de uso dual disponibles en el mercado), las tácticas empleadas (acciones convencionales limitadas, actos terroristas, insurgencia, ciberoperaciones, maskirovka, ocultación y engaño o propaganda multicanal), los multiplicadores usados (sistemas de posicionamiento, inteligencia de señales (SIGINT), de fuentes abiertas (OSINT) y de redes sociales (SOCMINT), RPA drones, comunicaciones avanzadas o ciberataques) o las fuentes de financiación manejadas (actividades legales y delictivas con estrecha colaboración con el crimen organizado). https://www.ugr.es/~gesi/Guerras-hibridas.pdf
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