La teoría del caos: “el efecto mariposa” y el covid-19

“El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”

Por Pablo Berrozpe*

La teoría del caos fue desarrollada por el meteorólogo Estadounidense Edward Lorenz en los años 70 ́ y establece que pequeños cambios iniciales en variables que inciden en un sistema dinámico complejo NO lineal (como lo son la epidemiología de enfermedades), son factibles de establecer cambios sustanciales en los resultados finales de los sucesos, los cuales son impredecibles ya que dependen de la variación de los factores en la medida que se desarrollan.

Aunque la teoría es reciente un antiguo proverbio chino ya hablaba de que “El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”; este pensamiento hacía alusión al poder que tienen sucesos imprevistos para generar cambios en las variables que gobiernan los acontecimientos.

El Covid-19 es una enfermedad respiratoria aguda severa causada por un virus, que está conformado por una macromolécula de ARN microscópica cubierta por una membrana proteo-lipídica. Las células blanco de este virus se encuentran en el sistema respiratorio humano y son las encargadas de la respuesta inmune. El virus ingresa al sistema respiratorio, se acopla a las células y es “engullido». Una vez dentro se hace de la maquinaria de replicación celular para reproducirse. El proceso finaliza con la muerte celular de la célula hospedadora, debilitando el sistema inmune, y la población del virus incrementada exponencialmente con factibilidad de transmitirse a nuevos hospedadores a través de un mecanismo efectivo como lo son las excreciones del sistema respiratorio.

Si bien Covid-19 tiene una tasa de letalidad relativamente baja (3% a nivel mundial) y en alrededor del 80% de los casos la infección cursa de manera asintomática, del 20% que sí presenta síntomas, solo 1 de cada 5 requiere hospitalización. Lo que hace que esta enfermedad sea una amenaza para la población humana es: a) su fácil y efectivo método de propagación en aglomerados, b) que las personas asintomáticas son transmisoras del virus, c) que el periodo de incubación varía entre 1 y 14 días -en general se sitúan en torno a los 5 días (OMS)- permitiendo la circulación de infectados propagando el virus.

Los factores señalados vuelven a la enfermedad capaz de hacer colapsar los sistemas sanitarios, ya que su transmisión es con una alta tasa efectiva en un lapso corto de tiempo. Por ello a la pérdida de vidas de la población en riesgo, se suman consecuencias sociales y económicas, producidas por el colapso.

El aislamiento social obligatorio ha surgido como uno de los cambios iniciales a una de las variables que influyen en la epidemiología de la transmisión del virus causal del Covid-19 (“el contacto social”) para transformar el resultado final del suceso. El mismo busca contener la propagación del virus de manera de detener la curva ascendente de contagios para que se den en un tiempo y espacio absorbibles por el sistema sanitario.

Aquellos países que lo han adoptado en las fases iniciales no solo han logrado la atención médica de los infectados, sino que además han logrado bajar la letalidad al 1%. Ejemplo empírico de ello es la progresión de la transmisión de la enfermedad en China y Corea del Sur. Por el contrario, países como Estados Unidos, Italia, España y Brasil que han definido no introducir cambios iniciales en la variable “contacto social” muestran una progresión de la enfermedad con tasas de infección que están llevando al borde del colapso el sistema sanitario con perjuicios económicos y sociales más severos. No solo se pone en riesgo el derecho al acceso a la salud de la población, sino que además la tasa de letalidad observada es de hasta 8 veces más que la registrada en China y Corea del Sur.

Si bien no se ha llegado al final de la pandemia y no se puede hablar del efecto final sobre la inserción de la modificación de la variable “contacto social”, los resultados parciales indicarían “éxito” en términos de salud pública.

Para evaluar la situación Argentina, no hay que perder de vista los efectos introducidos en las variables económicas y sociales entre 2016 y 2019. En aquel entonces, se instrumentó un desfinanciamiento del Estado con un fuerte endeudamiento con el sistema financiero internacional y una política económica basada en la desregulación del mercado, que permitió acumulación de grandes ganancias en pocas manos en detrimento del entramado social-productivo nacional, con graves consecuencias para millones de familias que quedaron sumergidas bajo la línea de pobreza. El sistema sanitario nacional, no estuvo exento al desfinanciamiento y abandono y ya enfrentaba el gravísimo problema de las enfermedades transmitidas por vectores como el dengue y la reaparición del sarampión. Ahora debe hacer frente al ingreso del virus al comienzo de una estación favorable para su propagación, y la de otras enfermedades como la denominada Gripe.

El primer caso de Covid-19 en nuestro país se confirmó el 3 de marzo. La muestra era proveniente de un paciente con antecedentes de haber regresado de zonas con transmisión autóctona comunitaria. 10 días después se registraban 34 casos y dos muertes a causa de la enfermedad. Rápidamente el Poder Ejecutivo Nacional decidió decretar la emergencia sanitaria e instrumentó una serie de medidas tendientes a reducir el contacto social concretando el 20 de marzo el aislamiento social preventivo y obligatorio. Al 29 de marzo los casos confirmados ascienden a 820 y la tasa de letalidad es del 2,4%, es decir, similar a lo observado en países donde se decidió introducir tempranamente el efecto sobre la variable “contacto social”.

A los rápidos reflejos en la política sanitaria, el gobierno nacional, siendo consciente de la situación económica en la que se encuentran millones de familias argentinas, introdujo el efecto de una “política económica con sentido social”, insertando recursos en los sectores más vulnerables de manera de minimizar los efectos del “parate” y estableciendo un paquete de medidas que busca alivianar la presión sobre los bolsillos de las clases populares y medias argentinas. Sumando el efecto de las variables “solidaridad” y “responsabilidad de los ciudadanos” a la hora de cumplir con las directrices emanadas por la autoridad sanitaria, se podrá evaluar el grado de “éxito” de los cambios iniciales introducidos en las variables epidemiológicas frente al Covid-19.

En Argentina el Estado se ha puesto a disposición de la población cumpliendo con su rol de garante de derechos, tomando decisiones sanitarias que han demostrado efectividad para bajar la tasa de infección y conteniendo a los sectores sociales más vulnerables. Ello abre la esperanza para que pronto se reactive la actividad. Como lo establece el proverbio chino, anticipo ancestral de la teoría del caos, esta macromolécula microscópica incide e incidirá en la política económica mundial, en el mundo del trabajo y en las relaciones sociales.

Queda el interrogante de si esta crisis será la oportunidad para constituir un nuevo estado fundado en la justicia social, con acceso igualitario a los alimentos, el techo y la salud, compatible con un desarrollo sustentable y el ambiente natural.


* Biólogo Dr. en Ciencias Naturales. 

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