La Revolución de Granada

La Revolución de Granada

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Veinte años luego de la Revolución Cubana, diez años antes de que la Unidad Popular lograra el triunfo electoral en Chile y casi un mes antes del triunfo sandinista en Nicaragua, el Caribe oriental tuvo también un proceso revolucionario que obtuvo su dramático protagonismo en tiempos de la guerra fría. El 13 de marzo de 1979 en la pequeña isla de Granada una revolución popular de tendencias nacionalistas radicales llegó al poder bajo el liderazgo de Maurice Bishop para tratar de dejar atrás la herencia del colonialismo británico y la tiranía del excéntrico tirano local Eric Gairy.

Pequeño país insular del Caribe y con un poco más de 100 000 habitantes, fue primero colonia francesa (1650-1783) y finalmente los británicos se apoderaron de Granada para convertirla en una “Colonia de la Corona” en 1877. Más del 80 % de la población granadina es descendiente de los esclavos africanos traídos por los colonizadores europeos para trabajar en los cultivos de las ricas especias como la nuez moscada. Los británicos accedieron otorgarle la independencia a Granada el 7 de febrero de 1974 bajo auspicio de la Commonwealth y confiaron el poder a Eric Gairy, maestro de escuela y uno de los referentes del supuestamente progresista Partido Laborista Unido de Granada.

Gairy era el hombre de Londres indicado para detener el avance de las fuerzas políticas independentistas más radicales dentro del seno de su partido. En 1958 logró entrar en la escena política local de Granada como “ministro principal de la colonia” y en 1967 cosechó un triunfo electoral para convertirse en Primer Ministro. Patrocinado por los británicos y luego avalado por Washington, Gairy se convertiría en un buen anticomunista y en el garante de las clases adineradas de Granada que hacían jugosos negocios con Occidente. Pero Gairy también se convertiría en un odioso tirano y con fama de “loco”. Mientras emprendía una represión terrible contra las fuerzas opositoras, Gairy quería convencer a las Naciones Unidas de que se considere de interés mundial el estudio de los OVNIS.

La resistencia al régimen de Gairy se hizo fuerte cuando las fuerzas políticas progresistas y radicales se unieron en 1973. El Movimiento para las Asambleas del Pueblo, bajo liderazgo de Maurice Bishop, y la fuerza política denominada “Jewel” (en castellano, Joya, y cuyas siglas vienen de Joint Endeavour for Welfare, Education and Liberation, que significan Voluntad Unida para el Bienestar, la Educación y la Liberación), del dirigente Unison Whiteman, se unieron en la coalición que bautizaron como el Movimiento de la Nueva Joya. Este nuevo movimiento pronto unificó a fuerzas políticas más radicales como los comunistas locales al mando de Bernard Coard. También el movimiento obrero granadino se sumó a esa coalición y llevó adelante duras batallas contras el gobierno de Gairy.

Finalmente Gairy y su dictadura neocolonial cayeron el 13 de marzo de 1979. Sin derramamiento de sangre, y aprovechando que Gairy se encontraba fuera del país, el Movimiento de la Nueva Joya tomó el poder en Saints George, la capital de Granada, y Bishop se convertiría en Primer Ministro de la isla. Comenzaba la revolución granadina, pero también la preocupación de Washington por la instalación de un nuevo régimen que no dudaba en acercarse a Cuba. En esos tiempos gobernaba el demócrata James Carter en la Casa Blanca, quien había apoyado siempre a Gairy contras los “terroristas marxistas” de la Nueva Joya.

La Revolución de Granada del 13 de marzo de 1979, un pequeño país insular del Caribe Oriental, causó gran impacto internacional en plena Guerra Fría. Fue destruida por una invasión yanqui en 1983 para evitar que se “sovietizara”.

La revolución estaba dispuesta a desmantelar el obsoleto estado neocolonial y a tener más soberanía ante Estados Unidos y Gran Bretaña (aún Granada pertenecía a la Commonwealth). Se abolieron la antigua Constitución y órganos comprometidos con el anterior régimen y se crearon la Asamblea Popular de Consulta, con amplia representación y participación de todas las capas sociales de la nación, salvo quienes venían apoyando a Gairy y en general la burguesía local ligada a Londres y Washington. Se declaró un “Estado obrero campesino” y pronto el nuevo poder se acercó a Cuba, al Movimiento de los Países No Alineados y a la Unión Soviética y el bloque comunista de Europa del Este. Por otra parte, en un esfuerzo por diversificar la economía, dependiente de la exportación de la nuez moscada, Bishop y sus consejeros trataron de fortalecer la infraestructura del país –mediante el mejoramiento de las carreteras y las técnicas de cultivo- y también explorar nuevos métodos de mercado y embalaje. Se cuadriplicaron las inversiones del sector público y hacia 1982 creció el empleo y la producción se elevó un 5,5 %.

Washington acusaba al gobierno de Bishop de militarizar el país con la fundación delas milicias obreras, que, con ayuda cubana, se estaban formando para evitar el regreso de Gairy y su gente. En 1981 llega a la Casa Blanca el republicano Ronald Reagan con un programa fuertemente anticomunista y no dudó en hacerle la “guerra sucia” a la revolución granadina (como así también a los revolucionarios sandinistas de Nicaragua). La disputa provino por la construcción de un aeropuerto internacional para promover el turismo con el aporte de obreros cubanos, lo que motivó la protesta de Washington. La administración Reagan pronto acusó al gobierno revolucionario granadino de construir un aeropuerto para que lo utilizaran los soviéticos, lo que representaba una seria amenaza militar para Estados Unidos en el Caribe. Washington intentó disuadir a sus aliados de Europa Occidental para sancionar a Granada, pero la acusación no se hizo eco y la construcción del aeropuerto empezó a realizarse con inversión británica. Se contrató para la construcción de las instalaciones a la empresa británica Plessey Airports. A su vez comenzaron a llegar instructores militares cubanos y soviéticos y gran cantidad de armas que convirtieron a Granada en el ejército más fuerte del Caribe oriental.

 La alianza de Granada con Cuba generó una visceral oposición de Washington y consiguientes sanciones económicas. Para evitar un aislamiento internacional el grupo de Bishop decidió establecer un acuerdo con Estados Unidos.  De hecho el líder de la revolución mantuvo una entrevista personal con Reagan, que generó malestar entre los comunistas dirigidos por Bernard y Phyllis Coard, quienes acusaban de traición a Bishop. Apoyado por la Unión Soviética, Bernard Coard, viceprimer ministro de Granada, y su facción arrebataron el poder a Bishop el 19 de octubre de 1983. Sobrevino el caos y las fuerzas de Coard posteriormente encarcelan a Bishop quien es liberado por la gente. Días posteriores Bishop y varios de sus colaboradores y seguidores son fusilados en extrañas circunstancias en un patio interior de Fort Rupert.

Se formó entonces un Consejo Militar para gobernar el país, y con el objetivo de reducir la violencia se decretó un toque de queda de cuatro días, durante el cual, si alguien era visto por las calles, sería inmediatamente ejecutado. El Gobernador General de Granada, Paul Scoon, fue sometido a arresto domiciliario.

Toda esta situación de divisiones internas entre los revolucionarios granadinos fue aprovechada por Estados Unidos para intervenir militarmente sobre la isla. La Organización de Estados del Caribe Oriental (OECS) pidió ayuda a Estados Unidos, Barbados y Jamaica para derrocar al régimen de Coard. El Pentágono veía al nuevo dirigente granadino como un prosoviético de línea dura y la inestabilidad política general en un país cerca de sus propias fronteras como una seria amenaza. También la presencia de estudiantes de medicina estadounidense en la Universidad de Saint George de Granada, y el cuidado de su integridad física, fueron las razones para la acción militar. Finalmente esta se produjo el 25 de octubre de 1983. Se desplegó una fuerza de 300 hombres integrada por Antigua y Barbuda, Barbados, Dominica, Jamaica, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, mientras que Estados Unidos envió 7355 hombres. Hacia principios de diciembre de 1983 la revolución granadina fue derrotada por la invasión estadounidense denominada “Operación Furia Urgente”.

La Revolución Sandinista de julio de 1979 apoyó a Granada revolucionaria y Daniel Ortega fue un gran amigo del líder caribeño Bishop.

Estados Unidos ejerció su poder  de policía en Granada hasta junio de 1985. En diciembre de 1984 se permitió llevar a cabo elecciones y la victoria recayó ese año en un elemento moderado, conocido como el Partido Nacional. Luego de la invasión estadounidense el país ingresaría en una transición lenta pero penosa hacia la economía de mercado durante la segunda mitad del decenio de 1980 y a principios del decenio de 1990. Los ingresos de exportación descendieron a causa de las plagas en las cosechas y la caída en los precios mundiales de la nuez moscada. El desempleo aumentaría un 40 %, y el número de personas por debajo de la línea de la pobreza incluso se duplicó. Granada empezaba a vivir bajo el limbo neoliberal.

En la actualidad Granada trata de acercarse a proyectos integradores y simétricos como PETROCARIBE y el ALBA, aunque falta mucho para trabajar en ese sentido. Aún las fuerzas políticas pro estadounidenses y pro británicas en Granada siguen moldeando el modelo neoliberal en la isla. Lo cierto es que allí, en la isla del viento del Caribe oriental, hubo una revolución social de dimensiones populares que impactaron en la región. Quizá no sea tan “famosa” como la Revolución Cubana, el proceso chileno o la Revolución Sandinista de Nicaragua, pero si fue una revolución nacional, popular y antiimperialista que retó al capitalismo en tiempos tensos de guerra fría. Lamentablemente su final se produjo a través de una cobarde invasión norteamericana  en nombre de la “paz”, la “democracia” y la “libertad”.

Salvador Allende

Salvador Allende

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Nació en Valparaíso, al sur de Chile, el 26 de junio de 1908. Su padre, de clase media, abogado y notario, militaba en el Partido Radical chileno. Realiza sus estudios medios en un liceo de la ciudad natal. En sus años de estudiante preuniversitario, un viejo anarquista italiano, Juan Demarchi, lo pone en contacto con los libros de Karl Marx.

Se gradúa como alumno excelente. Le gusta el deporte y lo practica. Ingresa voluntario al servicio militar en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar. Solicita traslado al Regimiento Lanceros de Tacna, un enclave chileno en el norte seco y semidesértico, posteriormente devuelto a Perú. Egresa como oficial de reserva del Ejército. Lo hace ya como hombre de ideas socialistas y marxistas. No se trataba de un joven blando y sin carácter.

Allende junto al Che en La Habana, 1960

Decide estudiar la carrera de Medicina en la Universidad de Chile. Organiza un grupo de compañeros que se reúnen periódicamente para leer y discutir sobre el marxismo. Funda el Grupo Avance en 1929. Es elegido vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Chile en 1930 y participa activamente en la lucha contra la dictadura de Carlos Ibáñez.

En 1933 se gradúa de médico. Participa en la fundación del Partido Socialista de Chile. Es ya dirigente en 1935 de la Asociación Médica Chilena. Sufre prisión durante casi medio año. Impulsa el esfuerzo para crear el Frente Popular, y lo eligen subsecretario general del Partido Socialista en 1936.En septiembre de 1939 asume la Cartera de Salubridad en el gobierno del Frente Popular. Publica un libro suyo sobre medicina social. Organiza la primera Exposición de la Vivienda. Participa en el año 1941 en la reunión anual de la Asociación Médica Americana en Estados Unidos. Asciende en 1942 a Secretario General del Partido Socialista de Chile. Vota en el Senado, en el año 1947, contra la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, conocida como “Ley Maldita” por su carácter represivo. Asciende en 1949 a Presidente del Colegio Médico.

En 1952 el Frente del Pueblo lo postula para Presidente. Tenía entonces 44 años. Pierde. Presenta en el Senado un proyecto de ley para la nacionalización del cobre. Viaja a Francia, Italia, Unión Soviética y la República Popular China en 1954. Cuatro años después, en 1958, es proclamado candidato a la Presidencia de la República por el Frente de Acción Popular, constituido por la Unión Socialista Popular, el Partido Socialista de Chile y el Partido Comunista. Pierde la elección frente al conservador Jorge Alessandri.

Asiste en 1959 a la toma de posesión como Presidente de Venezuela de Rómulo Betancourt, considerado hasta entonces una figura revolucionaria de izquierda. Viaja ese mismo año a La Habana y se entrevista con Fidel y el Che. Denuncia junto al Che en 1961 el carácter demagógico de la Alianza para el Progreso en la reunión de la sucia OEA que tuvo lugar en Punta del Este, Uruguay.

Allende junto a Fidel, en Santiago de Chile, 1971

Designado de nuevo candidato a la Presidencia, es derrotado en 1964 por Eduardo Frei Montalva, democratacristiano que contó con todos los recursos de las clases dominantes y que, según datos revelados en documentos desclasificados del Senado de Estados Unidos, recibió dinero de la CIA para apoyar su campaña. En su gobierno, el imperialismo trató de diseñar lo que se dio en llamar la “Revolución en Libertad”, como respuesta ideológica a la Revolución Cubana. En esa elección, Allende obtiene, sin embargo, más de un millón de votos.

Encabeza en 1966 la delegación que asiste a la Conferencia Tricontinental de La Habana. Visita la Unión Soviética en el Aniversario 50 de la Revolución de Octubre de 1917. El año siguiente, 1968, visita la República Popular Democrática de Corea, y se entrevista con el líder Kim ilSung. Luego se dirige a la República Democrática de VietNam, donde tiene la satisfacción de conocer y conversar con el extraordinario dirigente de ese país, Ho Chi Minh. Incluye en ese mismo recorrido a Camboya y Laos, en plena efervescencia revolucionaria.

Tras la muerte del Che, acompaña personalmente hasta Tahití a tres cubanos de la guerrilla en Bolivia, que sobrevivieron a la caída del Guerrillero Heroico y se encontraban ya en territorio chileno.

La Unidad Popular, coalición política integrada por comunistas, socialistas, radicales, MAPU, PADENA y Acción Popular Independiente, lo proclama su candidato el 22 de enero de 1970, y triunfa el 4 de septiembre en los comicios de ese año. Es un ejemplo verdaderamente clásico de la lucha por vías pacíficas para establecer el socialismo.

El gobierno de Estados Unidos, presidido por Richard Nixon, después del triunfo electoral entra de inmediato en acción. El Comandante en Jefe del Ejército chileno, general René Schneider, es víctima de un atentado el 22 de octubre de 1970 y fallece tres días después porque no se plegaba a la demanda imperialista de un golpe de Estado. Fracasa el intento de impedir la llegada de la Unidad Popular al gobierno.

Allende junto a Kim il Sung, fundador de la República Popular Democrática de Corea, en Pyongyang, 1968.

Allende asume legalmente con toda dignidad el cargo de Presidente de Chile el 3 de noviembre de 1970. Comienza desde el gobierno su heroica batalla por los cambios, enfrentando al fascismo. Tenía ya 62 años de edad. En las elecciones municipales de marzo del año 1971, la Unidad Popular obtiene mayoría absoluta de los votos con el 50,86 por ciento. El 11 de julio el presidente Allende promulga la Ley de Nacionalización del Cobre, una idea que había propuesto al Senado 19 años antes. Fue aprobada en el Congreso por unanimidad. Nadie se atrevía a objetarla.

En 1972 denuncia en la Asamblea General de las Naciones Unidas la agresión internacional de que es víctima su país. Es ovacionado de pie durante largos minutos. Visita ese mismo año la Unión Soviética, México, Colombia y Cuba.

En 1973, al realizarse las elecciones parlamentarias de marzo, la Unidad Popular obtiene un 45 por ciento de los votos y aumenta su representación parlamentaria. No pueden prosperar las medidas promovidas por los yanquis en las dos Cámaras para destituir al Presidente.El imperialismo y la derecha agudizan una lucha sin cuartel contra el gobierno de la Unidad Popular y desatan el terrorismo en el país.

Allende, junto a un grupo importante de sus seguidores, estaba convencido de que el socialismo podía construirse sobre la base de las tradiciones democráticas chilenas. En este sentido, fue significativo que una de las pocas leyes aprobadas en el parlamento fue la nacionalización de la gran minería del cobre. Sin embargo, la naturaleza radical del programa de gobierno despertó una frontal oposición, tanto en el interior del país como a nivel internacional. En medio de un contexto en que aún primaba la política de Guerra Fría, el gobierno de Nixon decidió utilizar todas las armas necesarias con el objetivo final de derrocar al gobierno chileno.

Durante 1972, diversos gremios paralizaron sus actividades; entre ellos, la locomoción colectiva y el transporte. El desabastecimiento de artículos de primera necesidad y los persistentes rumores de golpe militar, contribuyeron a crear en la población una sensación colectiva de desgobierno.

El 11 de septiembre de 1973, el gobierno de la Unidad Popular fue derrocado por un golpe de Estado encabezado por el general Augusto Pinochet. Luego de conformarse una Junta Militar, ésta emitió un primer comunicado solicitando al presidente Allende la entrega inmediata de su cargo a las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. Allende resistió junto a sus más leales colaboradores en el Palacio de La Moneda y advirtió a sus cercanos que moriría en el lugar donde lo había puesto el pueblo: como Presidente de Chile. Antes de ser bombardeada la casa de gobierno, dirigió sus últimas palabras.

El 11 de septiembre de 1973 muere heroicamente defendiendo el Palacio de La Moneda. Combatió como un león hasta el último aliento. Los revolucionarios que resistieron allí la embestida fascista contaron cosas fabulosas sobre los momentos finales. Las versiones no siempre coincidían, porque luchaban desde diferentes puntos de Palacio. Además, algunos de sus más cercanos colaboradores murieron, o fueron asesinados después del duro y desigual combate.

La diferencia de los testimonios consistía en que unos afirmaban que los últimos disparos los hizo contra sí mismo para no caer prisionero, y otros que su muerte sobrevino por fuego enemigo. El Palacio ardía atacado por tanques y aviones para consumar un golpe que consideraban trámite fácil y sin resistencia. No hay contradicción alguna entre ambas formas de cumplir el deber.

Salvador Allende, “Chicho”, fue un Prócer de la Patria Grande que seguirá siempre naciendo en la memoria y las luchas de los revolucionarios de hoy y del mañana.

Buscando respuestas colectivas a problemas comunes

Buscando respuestas colectivas a problemas comunes

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Por Nicolás Sampedro*

Desde que comenzó la pandemia, en los medios de comunicación hegemónicos, han circulado infinidad de voceros (conscientes o no) del establishment. Acorde a los temas de debate propuestos por estos emporios infocomunicacionales, se repitió una y otra vez la dicotomía entre salud y economía, en la que -lógicamente- se abogaba por la segunda.

Si bien -desde este espacio- se considera que es una falsa dicotomía, el ejemplo sirve para analizar qué hay por detrás de estas ansias de volver a encender motores. Y como sucede frecuentemente, el mejor ejemplo es plantar una dicotomía real: Capitalismo vs Socialismo.

Los casos de Cuba y EEUU son quizás el mejor ejemplo para graficar lo que esta pandemia ha generado. Por un lado el imperio (con Trump a la cabeza), burlándose de la pandemia, llegando tarde con la toma de medidas que protegieran a ese pueblo, con un sistema sanitario que no da abasto con la cantidad de contagiados (hoy un tercio de los contagiados a nivel mundial), donde parece reinar la ley de la jungla (de mercado), donde quien tiene más recursos puede salvarse, entre muchas otras particularidades.

Por otro lado Cuba, la histórica Cuba revolucionaria del Che y Fidel que hoy comanda Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y que pese a estar bloqueada desde hace décadas (con las limitaciones que esto conlleva), sigue solidarizándose con los demás pueblos del mundo, enviando brigadas médicas.

La dicotomía cambia a Barbarie o Solidaridad, Individualismo o Comunidad, pero en definitiva se habla de lo mismo. De igual manera la discusión puede transpolarse al plano de la producción y del consumo: producir sin límites y consumir sin límites, o producir lo necesario para garantizar la vida (no sólo humana) y consumir lo que hace falta para no malgastar bienes finitos que en algún momento pueden acabarse.

Algunos científicos atribuyen la aparición de virus como el COVID-19 al constante abuso que hace el ser humano de las condiciones de producción. No importa el hacinamiento de animales, no importa talar indiscriminadamente, no importa devastar el mar o las montañas, importa la rentabilidad. Así la humanidad se encuentra con el calentamiento global, con los incendios forestales, con montañas de desechos plásticos en el mar y en basurales que matan todo a su alrededor, con grandes sequías o inundaciones fatales. El ser humano se convirtió en su peor enemigo.

Como decía el amigo Jorge Beinstein, la rueda del mundo se mueve gracias al petróleo. Pero esa forma de producción energética hoy está en cuarentena. El desplome de los precios ha hecho tambalear la economía global, que sumado a la pandemia está complicando seriamente el comercio tal y como lo conocíamos hasta hace pocos meses.

Pero antes de que los números de las bolsas se vinieran abajo, antes de que se desplomaran los precios del crudo, ya existía sobre el tablero mundial otra disputa, ampliamente difundida y analizada en este espacio: la disputa por el 5G y la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial, la nanotecnología, la computación cuántica, pueden ser términos no muy comunes para el general de la población, pero que poco a poco están ganando terreno en la discusión social. El punto es que estos avances tecnológicos implicarían necesariamente una reconversión de los trabajos. Si las máquinas van a hacer trabajos que antes hacían les seres humanos, eso quiere decir que habrá mucho menos empleo disponible. O se reconfigura el terreno laboral o habrá tendales de pobres (aún más que las ya escandalosas cifras que ostenta la humanidad). Si se va hacia ese paradigma ¿se está avanzando o retrocediendo?

Para el filósofo ruso Alexander Duggin el mundo ya avanzaba hacia la multipolaridad (China y Rusia ya estarían actuando en base a ese escenario) y lo que ha hecho la pandemia es acelerar ese proceso. La muerte de la globalización como sistema-mundo sería una consecuencia casi ineludible (coincidiendo con el analista mexicano Alfredo Jalife-Rahme). Esto llevaría a un mundo post-globalización con fuertes características nacionalistas y donde la soberanía se volvería el principal valor social.

Lógicamente avanzar hacia un mundo con esas características también llevaría a reordenar prioridades, formas de producción, formas de consumo o formas de relacionamiento. La normalidad que hoy conocemos ya no sería tal.

Está más que claro que quienes detentan el poder y grandes fortunas no pretenden ceder ni una pisca de su patrimonio. También es evidente que para sobrellevar la situación actual y superar la pandemia los Estados (único actor capaz de pilotear la situación) necesitarán adquirir otras dinámicas. En este contexto los debates que se abren son muchos y muy variados.

Pero como señaló recientemente el político, periodista, intelectual y ex ministro del Gobierno boliviano, Hugo Moldiz: “los escenarios están ahí, un Estado intervencionista no actúa necesariamente en beneficio de las clases subalternas. Las propias burguesías por momentos, demandan el Estado para inyección de capital en beneficio del sector empresarial”.

Ante este escenario el colega boliviano se pregunta si vamos hacia la superación del capitalismo, hacia un “comunismo renovado” (como también afirmó el filósofo eslavo, Slavoj Zizek) o hacia un “capitalismo reforzado”.[1]

En este sentido y coincidiendo con los postulados esgrimidos por Moldiz, cabe preguntarse ¿Cómo relanzar aquellas gestas heroicas de quienes soñaron con la libertad y avanzaron en su conquista? ¿Cómo relanzar esa tarea titánica abrazada por Chávez, Fidel, Lula, Evo, Correa, Kirchner que pretendía conquistar nuestra segunda independencia? En definitiva ¿Cómo volver a tejer causas y sueños comunes?


* Periodista, conductor de Marcha de Gigantes (Radio UNLP - AM 1390), productor de Columna Vertebral (Radio Estación Sur - FM 91.7), columnista La Marea (Radio Futura – FM 90.5) y Mirada Crítica (Realpolitik), responsable de la sección Sindical de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

Fuentes:
[1] https://www.youtube.com/watch?v=Ed8Uk1_e_H0

“La historia es nuestra y la hacen los pueblos”

“La historia es nuestra y la hacen los pueblos”

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Por Miranda Cerdá Campano*

A 46 años del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, resulta aleccionador volver sobre la intervención norteamericana en el continente y entender que muchos de los adherentes a la dictadura y el proyecto político de Augusto Pinochet y sus amigos de Washington, hoy pertenecen al gobierno de Sebastián Piñera.

Septiembre con S de Salvador

Después del triunfo de la Revolución Cubana, América Latina y el Caribe se convirtieron en un campo de batalla política y militar entre el imperialismo yanqui, aliado a las derechas locales, y las resistencias populares. El de Chile fue un caso emblemático. Allí la izquierda tenía una rica tradición de lucha, contaba con un movimiento obrero combativo y había tenido éxito en los últimos procesos electorales.

El 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende alcanzó la primera mayoría en las elecciones generales celebradas en Chile. La vía chilena al socialismo legó múltiples hitos para la historia. El programa de Allende propuso la construcción de una economía estatal planificada que se concretó en actos como la nacionalización del cobre y la expropiación o compra de acciones que le permitieron un control del 80 por ciento de las industrias y algunos bancos. La ansiada reforma agraria posibilitó la expropiación de unos 4400 predios y se ampliaron derechos sustanciales en salud y educación.

Como se ha demostrado por los propios documentos desclasificados de la CIA, la agencia operaba en contra de la candidatura de Allende desde 1964 y en las elecciones de septiembre del ‘70, canalizaron 350 mil dólares para la campaña del derechista Jorge Alessandri, además de invertir cerca de un millón para manipular el resultado electoral. El 24 de octubre, el pleno del Congreso, de acuerdo con la Constitución, debía elegir entre las dos mayorías más altas.

El presidente yanqui por aquel entonces, Richard Nixon, ordenó evitar que el socialismo asumiera la presidencia y la CIA concibió dos posibles planes. El primero consistía en que el Congreso eligiera a Alessandri y este renunciara para convocar a nuevas elecciones donde toda la derecha apoyaría a Eduardo Frei, hombre de confianza de Washington. Pero el plan fracasó porque Allende y Tomic habían acordado previamente que uno reconocería la victoria del otro si la diferencia superaba los 5 mil sufragios y así fue. El segundo plan contemplaba crear un clima de inestabilidad política para propiciar una intervención militar y la anulación de las elecciones. Encargado por la CIA, el general Roberto Viaux debía secuestrar y ocultar a René Schneider, general constitucionalista y jefe del ejército, pero este se defendió, fue herido y falleció dos días después, el 25 de octubre. El día anterior, Allende fue electo por el Congreso con 195 votos a favor.

La experiencia de tres años de gobierno de la Unidad Popular sacudió a propios y ajenos. El proceso, vital para la historia latinoamericana, incluso contó con una visita de lujo: Fidel Castro llegó en noviembre de 1971 a Chile y permaneció allí 23 días para conocer de primera mano el socialismo conquistado a través de las urnas.

Allende fue un socialista sin renuncias, un antiimperialista sin concesiones y conmovió América Latina, dejando sentadas las bases de aquellos cimientos forjados a principios de siglo. Las experiencias de Venezuela con Hugo Chávez, de Ecuador con Rafael Correa y de Bolivia con Evo Morales, donde se recuperaron los recursos naturales, tienen en el gobierno de Allende, un luminoso precedente en la nacionalización de la gran minería del cobre en manos de oligopolios yanquis, en la nacionalización de la banca y la expropiación de los principales conglomerados industriales.

La herencia de Pinochet y las derechas en América Latina

La visita de Fidel acrecentó la voracidad golpista de Washington. El 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende, el líder de esa revolución pacífica resistió hasta la muerte el asedio imperialista. Su proyecto no logró ser comprendido cabalmente por los mismos partidos que conformaban la Unidad Popular y su soledad intelectual fue siendo cada vez más patente en un escenario donde la polarización de la sociedad era vertiginosa, y su lógico final se anunciaba como epílogo inevitable de un país dividido por el odio y la intolerancia. A pesar de su inteligencia y experiencia, y aunque fue advertido por amigos del proceso, Allende no pudo admitir la posibilidad de una ruptura por la vía militar. Su ciega confianza en las instituciones y en la ética política le imposibilitaron pensar que las Fuerzas Armadas traicionarían sus funciones.

Durante el golpe de Estado, Augusto Pinochet ocupó el puesto de mando número uno e impartió desde allí las órdenes. Su dictadura dejó más de 44 mil víctimas, entre ellas 3216 muertos de los cuales 1185 fueron detenidos desaparecidos y 33 mil detenidos y torturados. Pinochet eliminó el sistema de seguridad social, impuso un Plan Laboral cuyo propósito fue despolitizar a los sindicatos y eliminar la correa de trasmisión entre negociación colectiva y distribución del ingreso; devolvió el control del sector forestal y la pesca a las empresas del sector privado, lo que significó, en varios casos, la expulsión de comunidades rurales e indígenas, la degradación y erosión de suelos, la disminución de los cauces de agua y la contaminación a gran escala; privatizó la salud y la educación y desnacionalizó el cobre, renunciando a la soberanía sobre los recursos naturales; y traspasó los derechos de las hectáreas recuperadas por los mapuches a dominios privados.

La reducción al mínimo del rol del Estado, la represión a estudiantes, docentes, organizaciones sociales y pueblos indígenas que mantienen la lucha por sus tierras, la libertad empresarial a ultranza merced de la desregulación y el gasto social prácticamente nulo, son algunas de las medidas que hoy, a 46 años del golpe, continúan implementándose en consonancia con los designios de Washington.

Las dictaduras del Cono Sur abrieron un abismo de sangre en las sociedades latinoamericanas de fines del siglo pasado, pero se proyectan aún en nuestro tiempo. Regímenes perversos, como el de Alberto Fujimori y administraciones como las de Carlos Andrés Pérez en Venezuela o Álvaro Uribe en Colombia fueron el preámbulo de gobiernos repudiables como los de Jair Bolsonaro, Piñera o Iván Duque.

A casi medio siglo de la gran jornada que iniciara Chile de la mano de Salvador Allende, es importante no bajar la guardia ante tan perverso e incorregible enemigo, cualesquiera sean sus gestos, retóricas o personajes que lo representen. Aquellos que pisan la Casa Blanca en busca de apoyo diplomático, blindaje mediático, dinero o armas para derrocar a sus gobiernos, jamás tendrán un lugar en la historia viva de sus tierras. “El león es sanguinario en toda generación”, cantaba Violeta Parra y está claro: el imperio no cambia.


*Periodista especializada en Sudamérica, redactora de Revista Trinchera y columnista del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata) y colaboradora de Agencia Timón
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