Pocas cosas llaman más la atención que el envejecimiento del poder. Como ese padre o esa madre que deja de ser cuidadora para ser cuidada. La soledad suele develar debilidades y más aún en la política, en donde barajar y dar de nuevo es la mejor virtud, pero sólo de unos pocos.
“Todo cae por su peso” fue una frase que se utilizó en varias oportunidades para describir la relación de fuerza con la que operó el Gobierno nacional actual durante su trayectoria en el poder hasta el presente con la poca respuesta de una parte de la sociedad argentina. Una devaluación gigante, salarios y jubilaciones congeladas, recortes en los sectores más sensibles de esa sociedad (salud en oncología y discapacidad, entre otras, y educación). Esta afirmación no era una descripción de aquellos primeros meses, si no una lectura causa-consecuencia.
En pleno septiembre del año 2025 parece que finalmente se vive la etapa consecuencia de un gobierno que se jacta de haber realizado el mayor ajuste de la historia de la Argentina. El gobierno comandado por Javier Milei navega solitario en un mar tormentoso o es el propio Milei quien parece navegar solo. Los resultados de este miércoles por la tarde en la Cámara de Diputados así lo reflejan: 181 votos en contra con tan solo 60 a favor del veto a la ley de Emergencia en Pediatría, y 174 votos en contra versus 67 votos a favor del veto a la Ley de Financiamiento Universitario. Que quede claro: los votos son en favor de la Argentina, tanto en educación como en salud, pero también son en contra del propio gobierno si se los lee en el contexto actual. Repasemos.
Un gobierno que en su relato dice nunca ser golpeado por nada (y vaya que es difícil de medir) comenzó su segundo año de mandato con el pie izquierdo: si bien el blanqueo le dio aire en las reservas del Banco Central, en paralelo a esa siempre delicada situación financiera y fiscal, el escándalo de la cripto moneda Libra “blanqueó”, valga la redundancia, algo que ya se veía desde la venta de candidaturas previa a las elecciones del año 2023: la transversalidad de la corrupción en la política también golpea a quienes se dicen puros y transparentes.
Lo que no se preveía es que rápidamente el oficialismo acumularía tantas causas de corrupción como para llegar tan manchado a septiembre, fecha de las elecciones legislativas bonaerenses. Tanto los escándalos relacionados a las “coimas” que recibía Karina Milei y que el ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad, Diego Spagnuolo, reveló a través de un audio filtrado, como los sobreprecios en PAMI, parecen haber completado un combo letal que rara vez pudo cargar con gracia un gobierno: una economía en recesión, recortes en áreas sensibles y corrupción.
Todo cae por su peso y con la experiencia de la misma receta en otras experiencias económicas en la Argentina, bien se podía prever que el dólar barato intervenido como método de “estabilización” explotaría tarde o temprano. Los problemas ante esto son dos: que antes de ello la persistente recesión y los escándalos mencionados le proveyeron una derrota profunda al oficialismo en la provincia de Buenos Aires y, además, que el esquema cambiario aún no terminó de desbordar.
Lo de este miércoles en las inmediaciones del Congreso directamente fue la demostración de una pérdida absoluta de poder: mientras en las afueras del recinto más de 800.000 personas se reunieron para bregar por el financiamiento de instituciones como el Hospital Garrahan o las universidades del país, adentro el gobierno recibía un revés de muchos de sus aliados, casi hasta “fingiendo demencia” sobre la cohesión política que tenían hasta el momento. Alcanza solo con escuchar la exposición de la legisladora del PRO por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Silvia Lospennato, (quien además fue el último alfil de ese partido antes de ser absorbido por La Libertad Avanza), que defendió el financiamiento de ambos espacios casi como una acérrima opositora del primer minuto y desdobló a su jefe de bloque, Cristian Ritondo, al igual que tantos otros.
Lo mismo se podría analizar en los medios de comunicación pero esto no sería más que un cliché conocido. Si la causa ANDIS ya había sido demasiado pesada para que los Jonatan Viales y Luises Majul de la vida pudieran sostenerla, la derrota del 7 de septiembre ya fue directamente picar antes de que se dispare el mortero. Quienes esa noche sintonizaron canales como La Nación+ o Todo Noticias habrán atestiguado como las miles de situaciones bochornosas y bizarras del gobierno que pasaron por debajo de la alfombra en estos dos años de gestión, ahora eran recordadas por los colegas de dichos medios. Casi como un golpe de regresión de amnesia, recordaron incluso cuando el presidente reposteó una foto del gobernador de Chubut, Ignacio Torres, con rasgos de discapacidad, entre otros ejemplos.
Hechos que solo se pueden leer en la particular situación política que la Argentina vive desde hace algunos años, pero que bien se agudizó o llegó a su climax con la llegada al poder del personaje que es hoy Presidente de la Nación. Un hombre que, por ejemplo, ganó aseverando que la economía argentina debía estallar o que una persona era libre de elegir morirse de hambre, entre otras célebres frases.
Volviendo a la actualidad: si bien el gobierno cae por su propio peso, no hay que restarle importancia a quienes graficaron el mal pasar del gobierno en las calles. Las y los miles de estudiantes, militantes, trabajadores, sindicalistas, entre otros, que como tantas veces se congregaron en las calles, expuestos a ser tratados por la opinión pública como golpistas, planeros, insurrectos, etc, etc, etc; pero también a ser gaseados, apalados, y por qué no, poniendo su vida y su libertad en riesgo por el repertorio de brutalidad de las fuerzas de seguridad de los últimos meses. Porque sí, así es la calle en el gobierno actual, así son todos los miércoles en que las y los jubilados, pero cada vez más grupos de manifestantes por fuera de ese grupo etario, se reúnen a reclamar por el freno de la miseria planificada. Así fue la suerte del fotorreportero Pablo Grillo, quien aún lucha por su vida tras el disparo que recibió en su cabeza y así fue el destino de varios apresados en las “cazas de brujas” que suele realizar la fuerza de seguridad de turno, afortunadamente liberados siempre horas después aunque muchos siguen con causas abiertas sin fundamentos jurídicos.
SI bien podemos pensar que la presentación de un primer presupuesto de cara al año 2026, con un aumento del 5% a las jubilaciones podría ser parte de ello, el cambio de rumbo que se debe tomar en una crisis así no es menor, y en el mejor de los casos, representa un coletazo difícil de resistir. Hace no tanto lo pudimos ver en el cambalache del Frente de Todos.
La recta a octubre es cada vez más corta, y si el Gobierno nacional pretende sobrevivir no tiene otra opción que barajar y dar de nuevo, lo cual en política es quizás la mayor virtud, pero con la cual solo unos pocos cuentan. ¿Podrá hacerlo en medio de la inminente crisis cambiaria?

Joaquín Bellingeri
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