Alberto Fernández y el síndrome del eurocentrismo blanco

Alberto Fernández y el síndrome del eurocentrismo blanco

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

El presidente Alberto Fernández ha pronunciado, en una reunión internacional, una falsedad manifiesta que procede de los vestigios que aún siguen del eurocentrismo y el colonialismo blanco. Es esa raigambre que alardea del origen europeo de la población argentina, colocando al margen a los pueblos originarios y a otros grupos sociales de nuestra sociedad. 

El presidente Alberto Fernández afirmó este miércoles que los argentinos “llegamos de los barcos”, a diferencia de los brasileños que provienen de “la selva” y los mexicanos que descienden de los indios.

Fernández incurre así en una antigua falacia que se ha creado desde la historiografía liberal mitrista y oligárquica, la de construir la idea de Argentina como un “país blanco europeo”.

Pero también al hablar de “los barcos” se piensa en los veleros y vapores de la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Nadie piensa en los buques que, mucho antes, llegaban con sus bodegas repletas de esclavos, afrodescendientes que la cultura historiográfica blanca se encargó de “desaparecer” de nuestra historia argentina.

De más está decir de que Argentina, como el resto de los países de América (no sólo latino-caribeña), es un país de pasado pluricultural. Si bien en tierras argentinas actuales no se desarrollaron culturas estatales significativas como el caso de los azteca e inca, en México y Perú, respectivamente, las culturas diversas de pueblos originarios desde Jujuy a la Patagonia tienen sus legados. Los esclavos africanos también dejaron su sello. De hecho, en tiempos coloniales se creó una sociedad de castas, de pigmentocracia, donde las clases altas blancas tanto ibéricas como criollas, se colocaron arriba de todo para explotar.

Más allá de la independencia de 1816, esa sociedad pluricultural dejó su sello, que la historiografía mitrita de fines del siglo XIX quiso borrar del mapa. Los mitristas han engendrado una quimera, una Argentina blanca, europeísta, y que odia a las masas populares, como reivindicando la “civilización y barbarie” de Domingo Faustino Sarmiento.

Congraciarse con el jefe de estado español Pedro Sánchez llevó a Fernández a mezclar frases del mexicano Octavio Paz y del músico rosarino LittoNebia que desembocaron en una especie de dicha eurocéntrica muy simplista, pero que tiene aún sus nichos en los textos escolares en Argentina.

Lo que dijo Fernández viene de un viejo discurso oficial de historiografía de falsa “universalidad” que pretende colocar en un pináculo a lo europeo, en detrimento de la larga y rica historia de los pueblos originarios.

Alberto Fernández se supone no comulga con visiones conservadoras y elitistas, sino, como peronista, con una mirada enaltecedora de la nación argentina y su pueblo. Pero se vio envuelto en la trampa del eurocentrismo clásico. Las academias están imbuidas de colonialismo eurocéntrico, y eso es una realidad. ¿Falta formación política en contra del colonialismo en las cúpulas políticas tradicionales? Parece ser que sí.Presumir de “pureza” o de un origen único no sea del todo exacto, y a veces resulte ridículo, es parte del viejo relato oficial del imperialismo.

El escritor, periodista y luchador revolucionario Rodolfo Walsh ha escrito:

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece, así, como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.

Como han enseñado diversos pensadores y luchadores sociales y populares, como es el caso de Walsh, la Historia no le pertenece únicamente a los de arriba. La Historia la hacen los pueblos. Mujeres y hombres que al frente de su pueblo van haciendo patria, fundando naciones, lograron hacer ingresar a la Historia a sectores populares antes olvidados y marginados. Hubo una liberación social también en el estudio del pasado humano, ya que las masas lograron ingresar como protagonistas de los cambios en el tiempo. Siempre estuvieron, pero no se les dio lugar en el estudio de la Historia. Hoy en día esto ha cambiado y las masas están allí con sus luchas, sus formas de vida y sus legados culturales en el tiempo. Y esto fue gracias a las mismas luchas de los pueblos oprimidos.

El mayor de los desafíos que se ha planteado la historia en la segunda mitad del siglo XX, y que sigue vigente a comienzos del XXI, es el de superar el viejo esquema tradicional que explicaba una fábula de progreso universal en términos eurocéntricos. La idea de descolonizar el pasado humano se hizo muy fuerte, sobre todo, en África y América Latina, donde surgieron una gran cantidad de historiadores y científicos sociales que criticaron al eurocentrismo en el estudio de la historia global.

Pero se destacan los intelectuales latinoamericanos que atacan la supervivencia del eurocentrismo en la academia a la hora de enseñar historia, filosofía, sociología, economía, psicología, politología, etc., destacándose los aportes del argentino-mexicano Enrique Dussel y el peruano Aníbal Quijano. Se trata de la llamada decolonialidad es sinónimo de “pensar y hacer” decolonialmente y cuestiona o problematiza las historias de poder que emergen de Europa. Estas historias subyacen a la lógica de la civilización occidental. La decolonialidad es una respuesta a la relación de dominación directa, política, social y cultural establecida por los europeos. Esto significa que la decolonialidad se refiere a enfoques analíticos y prácticas socioeconómicas y políticas opuestas a los pilares de la civilización occidental: la colonialidad y la modernidad. Esto hace que la decolonialidad sea un proyecto tanto político como epistémico.

Ya desde los años de los decenios de 1960 y 1970 surgieron tendencias conocidas como el orientalismo, el indigenismo, el africanismo y la etnografía posmoderna, que se mezclaron tanto con trabajos patrocinados por la UNESCO como con las luchas sociales de los zapatistas de Chiapas o de los Movimientos Sin Tierra del Brasil. Sin lugar a dudas, estas tendencias contribuyeron a descolonizar la tradicional “historia universal” que legó el colonialismo, el imperialismo y el racismo del siglo XIX.

Sin embargo, los manuales de “historia universal” en el mundo occidentalizado siguen ratificando la vieja periodización eurocéntrica, dejando de lado marginados a innumerables culturas a la hora de enseñar historia en las escuelas y universidades. El modelo lineal de la historia del progreso tenía, sin embargo, otro ámbito de exclusión.

La historiografía del siglo XIX del tipo occidental se trasladó a las naciones modernas que surgieron en las Américas tras las etapas de la descolonización. Surgieron, pues, las historias patrias y oficiales, especialmente desde mediados del siglo XIX, para legitimar el orden estatal que engendraron las oligarquías locales desde México hasta la Patagonia. Se crearon las historias nacionales al estilo de los franceses, alemanes e ingleses, siguiendo criterios occidentalistas, pero, sobre todo, exaltando a los próceres, las fechas de independencia y los símbolos patrios. El objetivo de esta historiografía era formar una ciudadanía casi obsecuente a la nación moderna junto a los himnos, los símbolos patrios, las fechas patrias y el llamado folklorismo. 

Las historias nacionales latinoamericanas siempre miraron hacia Occidente y vieron lo autóctono como algo “bárbaro” e “incivilizado”, adoptando incluso la periodización eurocéntrica en sus textos escolares para enseñar historia y educación cívica. Los oligarcas latinoamericanos en el poder se creían europeos, superiores y admiraban el positivismo y el darwinismo social, y ni se consideraban latinoamericanos.

América Latina es un concepto que hace referencia a los países del continente que hablan los idiomas español, portugués y francés, de la rama indoeuropea e hijas del latín antiguo del imperio romano. Pero hay otras denominaciones para los países al sur de Estados Unidos. Nuestra América, dijo el cubano José Martí; Patria Grande, dijo el argentino Mario Ugarte; Indoamérica, dijo el peruano Raúl Haya de la Torre, Iberoamérica o Hispanoamérica, dijo el mexicano Juan Vasconcelos; Eurindia, dijo el argentino Ricardo Rojas y otros tantos nombres que indicaban la necesidad de pensar desde su propia realidad para reunir en un mismo destino lo que intereses políticos ajenos a la región habían logrado fragmentar.

Para el argentino José Hernández Arregui, la denominación de América Latina es culturalmente “imprecisa y cercana”, fue apoyada por escritores encandilados por Francia, y en su momento instalada desde los resabios de la inquina hacia España, “no solo de parte de Inglaterra, sino de Francia, interesada por igual en el reparto de los restos del Imperio español en América”. En realidad, parece ser que el concepto de América Latina se utilizó fundamentalmente para diferenciarse de la América anglosajona. Ya en 1856, el chileno Francisco Bilbao utilizó el concepto de “latinoamericano” y el colombiano José María Torres Caicedo, ese mismo año, escribió su poema “Las dos Américas”. Ambos residían en París. La diferencia con la América anglosajona se patentiza cuando los latinoamericanos hablan de Nuestra América, la propia, y en ella, por cultura, por lenguaje, por creencias y también precisamente por el sometimiento y despojo que continúa realizando el “otro”.

Las ideas desde antes de la independencia política de los países de América Latina eran diferentes de las europeas, como también de las asiáticas, las norteamericanas o las africanas. Fueron y son distintas realidades con distintas ideas y creencias. La dominación europea al principio, a través de la conquista y la colonización después, pretendieron uniformar la idiosincrasia nativa que poco a poco y con el mestizaje, se fue transformando hasta llegar a la globalización también impuesta por los poderosos.  Los fenómenos regionales de cada país comenzaron a ser tema de interés para los historiadores profesionales.

También surgieron innovaciones historiográficas más ligadas a los cambios del siglo XX, incorporando temáticas de la historia social, la historia de la clase obrera latinoamericana, la historia de las ideas políticas, la historia de las mujeres latinoamericanas y la historia oral.  Pero hay que decir que en América Latina se hizo inicialmente una historia nacionalista que no daba ningún protagonismo a los pueblos originarios, atribuía todos los males a la colonia y fijaba el momento fundacional en la independencia, que habría dado lugar a una ruptura total, gracias a la dirección ejercida por los próceres fundadores del estado.

Ha sido necesario proceder después a una reconstrucción total de esta visión nacionalista, de la cual han surgido, sobre todo en la América andina, unos trabajos de etnohistoria que han conseguido aproximarse a la problemática de los pueblos originarios en países como Ecuador, Perú o Bolivia. Ha sido necesario también reconstruir la historia colonial y profundizar en la de las sociedades nacionales surgidas de la emancipación para alcanzar una visión que no se limite a mostrar una historia vista exclusivamente a través de la mentalidad criolla, sino que establezca una nueva valoración que incluya su rico patrimonio indígena y africano.

Para el presidente argentino y para toda la dirigencia que aún sigue encerrada en los viejos legados del eurocentrismo, hay que formarlos en la descolonización del pasado de nuestras tierras.

Nunca es tarde y esperemos que esto sirva para seguir concientizando sobre la reivindicación del pasado pluricultural de Argentina y de la Patria Grande.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

La colonialidad de género: Un breve acercamiento a los feminismos latinoamericanos

La colonialidad de género: Un breve acercamiento a los feminismos latinoamericanos

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por. M. Viviana Yopasa Ramírez*

La categoría género permite reconocer las dinámicas, conflictos, luchas y terrenos ganados por organizaciones, colectivos académicos y movimientos sociales, con relación a los derechos de las mujeres, sus proclamas, accionar social y su posicionamiento como agentes políticas. Sin embargo, es importante aclarar que la categoría género no es un sinónimo de estudios de mujer o teorías feministas, hace referencia principalmente a lo que se ha construido como masculino y femenino y la distribución de sus roles en la sociedad, buscando la deconstrucción del sujeto moderno: racional y universal.

En América Latina, la categoría género tuvo impacto en las feministas entre finales de los años 80 y 90, planteando al patriarcado como uno de los patrones de poder existentes en las sociedades latinoamericanas pero donde también se tejen relaciones de subordinación por medio de los dispositivos de control y jerarquización como raza, grupo étnico, clase social, debatiendo con ello al feminismo hegemónico blanco surgido en Europa y EEUU, que dejaba de lado las variables de clase, etnia y su relación con la sexualidad. Como lo plantea María lugones:

La lucha de las feministas blancas y de la «segunda liberación de la mujer» de los años 70 en adelante pasó a ser una lucha contra las posiciones, los roles, los estereotipos, los rasgos, y los deseos impuestos con la subordinación de las mujeres burguesas blancas. No se ocuparon de la opresión de género de nadie más. Concibieron a «la mujer» como un ser corpóreo y evidentemente blanco pero sin conciencia explícita de la modificación racial. Es decir, no se entendieron así mismas en términos interseccionales, en la intersección de raza, género, y otras potentes marcas de sujeción o dominación. Como no percibieron estas profundas diferencias, no encontraron ninguna necesidad de crear coaliciones. Asumieron que había una hermandad, una sororidad, un vínculo ya existente debido a la sujeción de género.

Lugones 2008: 93

Uno de los debates que centró la discusión frente al feminismo hegemónico, fue el hecho generado desde los estudios sobre la mujer hacia los años 70, con relación al desarrollo de la “categoría mujer”, definiéndola en una categoría estática, esencialista y universal. Haciendo referencia a la mujer principalmente desde su anatomía y su relación con lo femenino, como una identidad homogénea. Sin tomar en cuenta los contextos sociales, históricos y culturales en los que están inmersos las mujeres en diferentes partes del mundo. A partir de esta categorización, las mujeres en Latinoamérica que no entraban dentro de las características homogenizantes en la definición de la mujer, manifestaron la necesidad de reconocer que las mujeres son diferentes y por ende las formas en que son subordinadas también.

En este escenario, las activistas y académicas latinoamericanas han planteado frente al feminismo hegemónico la perspectiva de la Colonialidad del Género, buscando visibilizar la relación directa entre raza, clase, género y sexualidad “con el objetivo de entender la preocupante indiferencia que los hombres muestran hacia las violencias que sistemáticamente se infringen sobre las mujeres de color, es decir, mujeres no blancas víctimas de la colonialidad del poder”[1] (Lugones 2008, 94).  En este sentido, la perspectiva de la colonialidad del género busca dar cuenta de la construcción de la autoridad colectiva, de todos los aspectos de la relación entre capital y trabajo y de la construcción del conocimiento principalmente  racializado y  geopolíticamente legitimado en occidente.  Revelando  las maneras en que las mujeres colonizadas no–blancas fueron subordinadas y desprovistas de poder.

Desde la configuración de la modernidad/colonialidad, se asignaron roles con base en la racialización; por ejemplo, el rol social de la prostitución fue otorgado a las mujeres negras, donde la representación sobre ellas se encaminó en lo sexual, la explotación y lo salvaje, estereotipos creados a partir de la colonización y que subsisten en la actualidad:

“Históricamente, la caracterización de las mujeres Europeas blancas como sexualmente pasivas y física y mentalmente frágiles las colocó en oposición a las mujeres colonizadas, no-blancas, quienes, en cambio, fueron caracterizadas a lo largo de una gama de perversión y agresión sexuales y también lo suficientemente fuertes como para acarrear cualquier tipo de trabajo”.

Lugones, 2008: 95-96
https://www.eldesconcierto.cl/2017/03/08/presente-feminista-las-mujeres-mapuche-del-debate-una-lucha-multiples-violencias/

Breny Mendoza propone reflexionar desde una interseccionalidad entre raza, género y clase, planteando que la matriz de dominación se configuró desde el racismo, el sexismo y el clasismo, afectando en diferentes formas a las mujeres de la región: “las mujeres no solo fueron racializadas, sino que al mismo tiempo fueron reinventadas como mujeres de acuerdo a códigos y principios discriminatorios de género occidentales” ( 2010: 23) donde el hombre colonizado también adoptó estos mecanismos de subordinación creados y expandidos por el hombre-blanco–heterosexual.

A lo largo de la historia, estos factores de subordinación y reinvención han generado la otrificación de la mujer negra e indígena y su representación como “algo”  exótico e inferior, sin conocimiento, construyendo estereotipos raciales y sociales sobre sus cuerpos y sus vidas, esencializarndo, naturalizando y fijando  la diferencia con el objetivo de legitimar la subalternización  que ha reducido  a la mujer afro e indígena  a rasgos esenciales, ligados, a lo natural, lo salvaje y lo inhumano y  reduciéndolas a roles y labores específicas. 

De ahí la urgencia de proponer  la construcción de  escenarios de reflexión que impliquen la comprensión de la realidad de estas mujeres  sus  diferencias sociales, históricas y culturales, las formas en cómo han resistido y re-existido a las violencias ejercidas históricamente sobre ellas.


[1] Categoría desarrollada por el sociólogo peruano Aníbal Quijano. La noción colonialidad del poder cuestiona la construcción eurocéntrica de la sociedad liberal europea como la norma universal y sus formas de conocimiento como las únicas válidas, introduciendo la importancia de la dimensión racial para la dominación y la construcción de subjetividades.


* Lic. En educación y Ciencias Sociales, Estudiante de Maestría en Sociología de la cultura y análisis cultural en Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES), UNSAM. Columnista del programa La Marea, (FM 90.5 Radio Futura), redactora de Revista Trinchera y colaboradora Agencia Timón.

Referencias

Lugones María, 2008.  “Colonialidad y Género”, en Revista Tabula Rasa. Núm. 9, Bogotá, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, p.73-101.

Mendoza Breny, 2010 “La epistemología del sur, la colonialidad de género y el feminismo latinoamericano”, en Yuderkys Espinosa Miñoso. Coord., Aproximaciones críticas  a las prácticas teórico –políticas del feminismo latinoamericano, vol. I, Buenos Aires, En la frontera, p. 19-36, 2010.

Colonización Digital: Cómo es que los algoritmos lógico-matemáticos manejan la vida humana

Colonización Digital: Cómo es que los algoritmos lógico-matemáticos manejan la vida humana

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

por flor luengo*

A lo largo del tiempo, con los avances en el conocimiento, en los saberes y desde el desarrollo tecnológico, los espacios de circulación social por donde socializaba la gente tiempo atrás se han ido transformando poco a poco. El café como lugar de reunión con un amigx, ahora requiere de un teléfono celular con la aplicación de Whatsapp instalada; el kiosco, ahora es habitado desde el Twitter y las grandes avenidas concurridas de distintas atracciones, publicidades y ciudadanxs han sido suplantadas por Facebook.

A diferencia de anteriores épocas, las personas en esta Era comienzan a dejar rastros digitales -huellas-. Las paginas, aplicaciones, programas y demás elementos digitales están enmarcados en algoritmos cuyos patrones repercuten en las conductas humanas. Esto es, en las formas de relacionarse socialmente, de encontrarse, de dialogar, de votar, de sentir y de pensar. Incluso, el poder que tiene la tecnología implica modificaciones en el cuerpo físico de las personas.

Esta alteración de las subjetividades forma a ciudadanías digitales cuya peligrosidad ante la falta de un senti-pensamiento crítico, reside en que esas huellas están cargadas de datos e información personal (gustos, intereses, opiniones, saberes, conocimiento, afiliaciones políticas, etc.). Con intenciones de vigilancia y monitoreo marketinero, cada rastro digital se analiza, se guarda y luego se vende a empresas. Esto es de lo que trata la big data en Internet, como un escáner de preferencias. La intencionalidad detrás del mercado de la información, es la de construir perfiles cada vez más detallados de posibles consumidorxs a través de las cookies como rastro electrónico personalizado de nuestro paso por la web, de las compras con tarjeta de crédito, transferencias bancarias, números de teléfono, documentos de identidad, entre otros elementos personales.

Circulando por la red, nuestros pasos van generando intercambios te informacion. Google es elegido por excelencia. En principio, es necesario comprender que el modelo de negocios de Internet es la publicidad; Google controla un tercio de toda la información digital del mundo y más de la mitad de los teléfonos celulares. Es una red de compañías en las que trabajan más de 150 empresas para controlar, dirigir y descartar nuestros intereses. Así es que las personas, su información personal, gustos, creencias e intereses en el mundo digital, se convierten en productos y a la vez, se les impone un mundo formateado por un reducido grupo para predecir comportamientos individuales y colectivos que luego pueden vender a publicistas. Altera lo que se cree cierto o importante.

De esta manera, se limita la capacidad humana de ahondar en nuevos intereses y necesidades, pero fundamentalmente, de cuestionar lo dado. El requerimiento de que Internet funcione como lo hace, reside en la necesidad de colocar a los seres humanos desde un lugar de pasividad, de previsibilidad de su acontecer, dejando poco lugar para la creatividad, las innovaciones y las posibilidades de cambio y transformación en la sociedad. Se está viviendo el ordenamiento del mundo construido por un algoritmo.

Otro de los intercambios estratégicos que se realizan, es la utilización de los teléfonos celulares. Por éstos, fluyen los datos más subjetivos de las personas, y por lo mismo son el dispositivo de control por excelencia de estos tiempos, y además, cooperan para que grandes empresas del monopolio de la información puedan implementar su gran estrategia. Esto es, que las personas permanezcan la mayor cantidad de tiempo posible en la vida digital. Habiendo dado cuenta de este gran saber, en Brasil, por ejemplo, la utilización de Whatsapp como aplicación masiva, ha sido la estrategia utilizada para enviar mensajes cargados de fake news y que han dado con el gran objetivo: que la gente legitime a Jair Bolsonaro como presidente en el 2018. Con grandes mayúsculas, emoticones, memes, colores y palabras sueltas como “delito”, “corrupción”, “Venezuela”, “drogas” han logrado captar la empatía e instalar nuevos miedos en las ciudadanías.

Como se ve entonces, nada de lo que ocupa tiempo y espacio en la vida de los seres humanos es neutral. Hay que reconocer que en el territorio de Internet existen dueños, que quienes interactúan allí lo hacen bajo ciertas reglas impuestas por otros: la de las empresas que controlan estos espacios. Facebook, por ejemplo, afecta políticamente a lxs ciudadanxs, encierra a las personas en pequeñas burbujas de preferencia y confort con consecuencias políticas, sociales y culturales a trabajar. Profundizan, los prejuicios, arraigos y miedos; son intermediarias de la información que generan nuevos activismos en los medios sociales. La principal actividad política en las redes sociales es evitar encontrarse con alguien que piense diferente e incomode el “muro”. En las redes se vive en grupos cerrados cuya polarización social es más grande cuanto se sale de la vida digital.

Se habla de ciudadanías digitales en el sentido de que existen derechos y obligaciones a los cuales atender. A través de algoritmos, es que se experimenta la manipulación de las emociones humanas. Como decía anteriormente, la lógica que promueven las burbujas en las redes es a la vez tecnológica y económica y responde a la personalización. Las consecuencias de esta estrategia en las personas son la falta de decisión, la soledad, la opacidad y la limitación de la visión del mundo con horizontes reducidos. A esta forma de ciudadanía se está abonando ¿es esta ciudadanía a la que se aspira?

Ser una ciudadanía digital no te deja exento de exposiciones de violencia, dominación y explotación. La violencia en las redes se ejecuta con el par tecnología + política. Pensar en la información concentrada en grandes monopolios como Google y Facebook, es analizar que el poder está en regular lo que se ve o no como noticias, en la utilización de un solo lente para observar la realidad, y en donde la transformación de aquellos aspectos que están obstaculizando la vida en sociedad ahora pasan a bloquearse con un solo click.

No estamos de acuerdo en que las redes sociales se han convertido en el nuevo ambiente en el cual vivimos. Es verdad que se hacen múltiples acciones y que se pueden ejecutar de manera paralela y simultánea, pero vivir no es sólo eso. Vivir la vida del mercado sí, vivir la vida de lxs seres humanos no. Un encuentro digital no garantiza la felicidad humana, no existen los abrazos virtuales, ni los besos y caricias, asistir a una olla popular no es lo mismo si se hace de manera virtual que física, porque no da lo mismo clickear en “asistiré” –y en verdad no asistir-, que pasar las bandejas para servir el guiso de mano en mano. No es lo mismo reproducir en historias de Instagram que la gente se está muriendo de frío y hambre en la calle, que acercarse a esas personas y compartir la cena o el almuerzo, un poco de pan o agua caliente y salir a discutir con quien te cruces por qué y cuáles son las políticas implementadas para que la gente esté viviendo en esa situación.

¿Cómo hacer para juntarse a tomar mates por facebook? No se puede reducir la vida humana a la vida en redes, es sumamente peligroso el reduccionismo, es continuar con la perpetuación de individualidades, de personalidades y no de personas, de no aceptación y alejamiento a lo diferente, del ausentismo del encuentro cara a cara. Llegará un momento, si se continúa con este pensamiento, en que las personas no sabremos leer cuerpos, actitudes, labios, ni escuchar palabras que no sean las que se producen y reproducen en caracteres de un Tweet (que es sumamente reducido), en una  publicación de Facebook o en una foto con filtro de Instagram. Se utiliza la tecnología para vivir, pero no es lo mismo que vivir en y por la tecnología. Desde allí, es que se vean los impactos en la sociedad y en la política por su utilización.

A largo plazo, esto llevará a la concentración del mercado tecnológico. Están dando a las empresas el control de nuestro futuro. Por esto, es sumamente necesario implementar y colectivizar una utilización crítica de la tecnología en su totalidad. El manejo de la privacidad y de nuestros datos será una de las guerras de internet más importantes del futuro. Lo será para reclamar a empresas y gobiernos que no nos espíen. Las batallas serán por nuestros derechos: para decidir con quién compartimos nuestros datos, quiénes lo manejan y controlan o de quién queremos protegernos.

La comunicación popular trae consigo la demanda de una ciudadanía humana, que reconozca la importancia que tienen la tecnología y las plataformas digitales para la vida cotidiana pero no pensado desde la lógica del mercado, en esto de ofrecer comodidades a cambio de la pasividad ciudadana. La entrega que le hacen lxs usuarixs dormidxs a las empresas de programas, aplicaciones y dispositivos, son las mismas entregas que hacen los gobiernos neoliberales con las riquezas de los bienes comunes naturales que habitan nuestro territorio y que van quedando en manos de empresas extranjeras. Como todo lo que es acarreado por el mercado, las acciones están dirigidas a atentar contra el concepto de comunidad. Esto es, cualidad de lo común, que no es exclusivamente de nadie, concerniente y se extiende a otros, es una agrupación de personas que está vinculada por intereses comunes. El uso de la tecnología en la comunidad entonces, estará teñida de miradas analíticas, de divulgación de información que silencian los grandes grupos hegemónicos de comunicación (Grupo no es igual a comunidad), y de construcción de estrategias para persuadir al pensamiento occidental y racializado.

* Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura FM 90.5), redactora de Revista Trinchera, editora del portal Luchelatinoamérica y colaboradora de Agencia Timón.
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