Durante 24 horas, la televisión argentina coreografió una vigilia patriótica que prometía cuidado, unidad y reparación. Pinky y Cacho Fontana lloraban en vivo, el país donaba conmovido y el Fondo Patriótico Malvinas Argentinas se convertía en símbolo de afecto nacional. Pero detrás del espectáculo, los soldados no recibieron lo prometido, el dinero desapareció y el gesto solidario se volvió deuda simbólica. “24 horas por Malvinas” no fue solo propaganda: fue una coreografía emocional que ritualizó la guerra mientras ocultaba el abandono. ¿Qué ética sostiene un pacto televisivo cuando el cuerpo que debía ser cuidado queda fuera de cuadro?
Entre la solidaridad y la propaganda
En mayo de 1982, la televisión argentina se convirtió en escenario de un acontecimiento sin precedentes: Las 24 horas de las Malvinas.Conducido por Lidia “Pinky” Satragno y Jorge “Cacho” Fontana, el programa se presentó como una maratón solidaria destinada a recaudar fondos para los soldados en las Islas. La propuesta apelaba a la emoción colectiva y al fervor patriótico, en un contexto donde la dictadura militar necesitaba sostener la moral de la población y legitimar su aventura bélica.
El régimen necesitaba mostrar que la guerra no era solo una decisión de alto mando, sino una causa nacional compartida por todos los argentinos. La colecta televisiva fue presentada como prueba de esa unidad, reforzando la idea de que apoyar los soldados equivalía a apoyar al gobierno. El programa funcionó como un plebiscito simbólico: cada donación era interpretada como un voto de confianza hacia la dictadura.
La participación de Pinky y Cacho Fontana, junto con los artistas y periodistas, fue clave para blanquear la propaganda oficial. Estas figuras reconocidas y queridas por el público otorgaron credibilidad al evento reforzando la idea de que esta causa trascendía a la política para convertirse en un bien patriótico. Su presencia legitimó el programa y ayudó a movilizar a la sociedad.
La emisión comenzó a las seis de la tarde del 8 de mayo y se extendió de manera ininterrumpida durante un día entero, combinando entrevistas, número artísticos y llamados a la solidaridad. Numerosas personalidades del espectáculo, el periodismo, el deporte y la política se sumaron a la iniciativa. Entre ellos, participaron figuras como Susana Giménez, Mirtha Legrand, Jorge Porcel, Alberto Olmedo y Mercedes Sosa, quienes realizaron llamados a la solidaridad y ofrecieron actuaciones especiales. Diego Maradona, Daniela Passarella y Osvaldo Ardiles, los tres a un mes de participar del Mundial de España, estuvieron presentes. Susana Rinaldi cantó una versión del Himno Nacional.
La colecta millonaria se utilizó como un símbolo de cohesión nacional, pero terminó siendo recordada como un símbolo de desconfianza. En un solo día se recaudaron 1,5 millones de dólares, que luego se sumaron a la colecta nacional del Fondo Patriótico Malvinas Argentinas, alcanzando alrededor de 54 millones de dólares, la mayor en la historia argentina. Sin embargo, los fondos nunca llegaron a los soldados en las Islas. Mientras la televisión mostraba imágenes de abundancia y solidaridad, los combatientes padecían hambre, frío y falta de equipamiento. La falta de transparencia convirtió la recaudación en un triunfo propagandístico en el momento, pero en un escándalo en la memoria colectiva.
Más allá de la emoción televisiva y la magnitud de la colecta, el programa debe ser leído como un dispositivo político y mediático que buscó legitimar a la dictadura. La televisión no fue un simple canal de solidaridad, sino un escenario de manipulación emocional.
En este sentido, el hecho en sí, funcionó como un teatro de la unidad nacional. La presencia de figuras queridas como Pinky y Cacho Fontana otorgó credibilidad y afectó a un evento que, en realidad, estaba diseñado para encubrir la precariedad de los soldados en las Islas. La distancia entre la representación televisiva y la realidad del campo de batalla revela la capacidad del poder para manipular la emoción colectiva y ocultar el sufrimiento.
La perspectiva política muestra cómo el programa fue un intento de blanquear la dictadura, presentándola como garante de la cohesión nacional. La colecta funcionaba como un dispositivo de legitimación, donde la emoción reemplazó al debate y la propaganda se disfrazó de afecto. La sociedad fue convocada a participar en este espectáculo que, en lugar de fortalecer la democracia, reforzó el poder de un régimen autoritario.
Por otro lado, tomando una perspectiva ética se plantea una pregunta incómoda: ¿Qué responsabilidad tienen los medios cuando la emoción colectiva es utilizada para encubrir el sufrimiento? La deuda simbólica que dejó “24 horas por Malvinas” no es solo económica, sino moral. La sociedad argentina respondió con solidaridad, pero el Estado y los medios fallaron en transformar ese gesto en cuidado real.
El destino de los fondos: la otra cara de la solidaridad
Lejos de llegar a los soldados en las Islas, los fondos quedaron bajo administración de la dictadura militar y fueron desviados a usos desconocidos. Los combatientes siguieron padeciendo hambre, frío y falta de equipamiento, mientras la televisión transmitía las imágenes de una Argentina entregada a la unidad y la solidaridad. Las joyas y objetos de valor donados fueron almacenados y vendidos, pero no sé sabe con precisión a qué se destinaron los ingresos. El dinero recaudado, en gran parte, fue absorbido por el Estado sin rendición de cuentas claras.
Con el paso del tiempo, el Fondo Patriótico dejó de ser recordado como un gesto de cohesión nación y pasó a convertirse en un gran símbolo de desconfianza, y la desaparición de los fondos de transformó en una deuda simbólica en donde la solidaridad genuina fue instrumentada como una propaganda y el dinero recaudado se convirtió en un vacío en la memoria histórica.
Milagros López Mansilla
Periodista gráfica a la que le interesa la literatura. Desde mi lugar intento reivindicar la lucha de las travestis, las disidencias y los feminismos.
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¿Qué es la Patria? ¿Quiénes la piensan y construyen? ¿Qué lugar ocupa un pueblo en esa construcción? ¿Es parte de, o un mero objeto pasivo que la “habita”? Son preguntas a las que intentaremos hacer un humilde aporte.
El sentido de “Patria” en nuestro pueblo ¿Fue siempre el mismo? ¿Siempre percibimos de la mima manera al territorio que hoy reconocemos como propio que va Jujuy hasta Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida? La respuesta claramente es que no. En estos poco más de 200 años de historia, diversos imaginarios se fueron sucediendo, y no sólo sobre el territorio, sino respecto a métodos de gobierno, sobre quiénes pueden o no ser parte de las decisiones, incluso sobre quiénes eran o son parte de nuestro pueblo. Y claramente estas disputas estuvieron también atravesadas por intervenciones extranjeras, sean directas o indirectas. Nos parece oportuno, entonces, dedicarle un tiempo a pensar y repensar la Patria.
Se podrá coincidir que la rebelión popular a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, pueden considerarse como uno de los momentos que sentaron las bases en la gesta del sentimiento patriótico, pero no el único. El Acta de Independencia de la Corona española del 9 de julio de 1816, empezaba a cimentar esa idea de Nación con control de un territorio, que incluso aún no era el que es hoy. Pese a la extensión y las condiciones geográficas que posee lo que luego se llamó Argentina, lamentablemente, aún podemos afirmar que aquella gesta, aquel proceso revolucionario de independencia quedó trunco o inconcluso. Diversos intereses extranjeros condicionaron, y aún ejercen presión, para que primen por sobre los intereses reales de nuestro pueblo.
Resultado de ello es una sociedad empobrecida, en la que más de la mitad asegura no llegar a fin de mes; un territorio con gran concentración poblacional en paralelo a zona casi despobladas; un cuarto del territorio bicontinental ocupado por Gran Bretaña; recursos estratégicos controlados por multinacionales saqueadoras en detrimento de las grandes mayorías; y un gran porcentaje del pueblo atravesado por una discusión impuesta (cargada de sesgo ideológico encubierto) que nos divide entre un ellos/as y nosotros/as, como si los intereses de las mayorías no fuesen -en realidad- una causa común.
Nuestro proceso histórico, cargado de injerencias y presiones foráneas, siempre tuvo presente a la famosa “grieta”. Condición que actualmente es fogoneada por los medios de comunicación en su gran mayoría. Empresas info-comunicacionales que trabajan para el poder real, para aquellos sectores que necesitan mantener ese binarismo ideológico y guerra psicológica constante para seguir saqueando nuestros bienes comunes, para que no cuestionemos en unidad el lugar que otros pensaron que debíamos ocupar.
Desde nuestro surgimiento como medio de comunicación, allá por 2012, siempre estuvo la intención de hacer un aporte a los debates nacionales e internacionales que atraviesan nuestra vidas cotidianas. No porque seamos portadores de verdades, sino por entender que hay debates ausentes o tergiversados maliciosamente por quienes detentan poder y sólo buscan su beneficio personal.
Parafraseando al periodista y revolucionario Jorge Ricardo Masetti, una referencia obligada en nuestra comprensión del periodismo o la comunicación social, desde Trinchera siempre sostuvimos que se puede ser objetivo, pero no imparcial ante las injusticias y opresiones sean en el lugar del mundo que sean. Y aquí es importante desenredar el primer nudo gordiano: objetividad e imparcialidad no son sinónimos. Hay un debate muy profundo en relación al tema, y no es función de este artículo profundizar en él, pero servirá a nuestras lectoras y lectores para comprender desde dónde nos posicionamos para hablar y analizar la realidad que vivimos.
Y si bien podríamos estar tentados a afirmar que todo el mundo sabe de qué hablamos cuando decimos las palabras “Patria”, “Pueblo”, o “Justicia”, es evidente que en la actualidad no hay un consenso generalizado entre -al menos- quienes habitamos la Argentina. Las palabras, al igual que su significado, históricamente están en tensión y disputa permanente. Y eso es así porque no todos los sectores que componen una sociedad tienen los mismos intereses, ambiciones, posibilidades o recorridos.
En ese marco de situación, profundizado por la influencia de distintas corrientes de pensamiento, y distintos intereses, locales y foráneos, es que se van dando múltiples pujas para convencer a nuestros pueblos que tal o cual es el camino correcto hacia la supervivencia, reproducción y felicidad.
Otro concepto que aparece y que es -a priori- importante definir: Pueblo. Si bien hay múltiples definiciones e interpretaciones, una de las que adoptamos como propia es la que realizó el Comandante Fidel Castro Ruz, en su mítico alegato de autodefensa el 16 de octubre de 1953, conocido por su famosa frase “La historia me absolverá”. En él, el líder del proceso revolucionario cubano señala que: “Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, la que anhela una patria mejor, más digna y más justa; la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes, y está dispuesta a dar cuando crea suficientemente de sí misma, hasta la última gota de sangre”. Lo importante no es a qué sector pertenezca cada quien, sino su compromiso con la causa colectiva y la disposición y perseverancia y sortear las dificultades que surjan en el camino.
Causa común de la que también hablaba el General Juan Domingo Perón, materializada entre otros documentos en las 20 verdades peronistas, o más sintéticamente en la construcción de una nación socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberana. Postulados que también serán aplicados en las “10 Verdades Justicialistas Internacionales”.
Pero como se imaginarán, nada de lo que hicieron estos dos gigantes de la historia de nuestra Patria Grande, fue azaroso o casual. Todo tenía un minucioso análisis basado en un profundo estudio no sólo sobre las características y circunstancias históricas de nuestros pueblos, sino en cómo operan aquellos que desean impedir la realización de esos proyectos de construcción colectiva. Y, claramente, no eran sólo las ideas de Perón o las de Fidel. Estos dos humanistas, estos dos revolucionarios de su época eran la síntesis, la conducción política de una expresión popular que anhelaba transformar sus condiciones de vida.
Revolución, decía Fidel: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.
Lo que se viene en Trinchera es consecuencia directa de muchos de estos conceptos previamente señalados; es por comprendernos como parte de un proceso histórico que no comienza con nuestra primera publicación, sino que nos antecede; es comprender que debemos mutar, volver a nuestros orígenes para proyectar nuestro futuro; es por comprender la necesidad de un análisis situado en el lugar y tiempo histórico determinado.
No pretendemos entrar en la improductiva e innecesaria lógica de buscar responsabilidades o culpas. Los procesos de transformación, como dice García Lineras, se dan por oleadas; y lo importante -a nuestro humilde entender- es repensar el pasado, intentar comprender el presente, para poder proyectar el futuro. Esa será la titánica tarea a la que nos encomendaremos, deseando que el humilde aporte que podamos hacer, sirva para generar los debates urgentes que el momento demanda. Porque es sumamente necesario, parir ese proceso, esa gesta revolucionaria aún trunca en nuestra querida Argentina.
El presente del país es la muestra más cabal de esa necesidad: Un gobierno que se autodefine como libertario y anarco-capitalista, pero que es un rejunte de los sectores más rancios y antipatria que tuvo el pasado reciente del país. Gobierno que instaló un sistema de degradación permanente de la palabra, del pensamiento crítico y de las instituciones del Estado, que busca deliberadamente resquebrajar cualquier posibilidad de credibilidad en algo. La planificación del caso y el saqueo sin restricciones. Escenario que se abrió luego de años en los que, tras un breve período de control de esos resortes estratégicos del Estado, los gobiernos no supieron, no pudieron o no quisieron, resolver los problemas comunes de la mayoría de nuestro pueblo: comida, techo, trabajo, salud, educación, etc.
Ante semejante escenario de desolación e incertidumbre, cosa que denunciamos a diario, resulta fundamental preguntamos: ¿Qué es pensar la Patria en este contexto tan adverso? ¿Qué Patria queremos construir las y los argentinos? ¿Qué tenemos para ofrecer?
Modestamente, entendemos que el contexto político requiere repensar cómo construir una opción, un proyecto de país distinto al que está destruyendo el actual gobierno nacional; que es, justamente, la antítesis de un proyecto nacional. Ese intentará ser nuestro granito de arena.
Y en el camino, esperamos que quienes nos lean, nos critiquen, nos corrijan, hagan sus aportes por más insignificantes que puedan parecer. Como ya lo mencionamos, del presente que vivimos, sólo saldremos construyendo un proyecto colectivo, que piense en el común, y no sólo en los individuos.
En esa empresa, nos proponemos discutir, al menos, 12 ejes fundamentales:
los sectores estratégicos del Estado;
la bicontinentalidad, bioceanidad, las Malvinas y el Atlántico Sur;
la justicia;
el trabajo;
la educación;
la salud;
la comunicación, inteligencia artificial y nuevas tecnologías;
el federalismo y las estructuras de gobierno;
la integración regional;
la ciencia y tecnología;
los bienes comunes
y los feminismos y diversidades.
Estamos convencidos que la proyección de trabajo a largo plazo, organizado, constante y disciplinado son elementos fundamentales en esa gesta que permita al pueblo argentino construir una Patria digna de ser vivida, proyecto de país, que incluya en lugar de excluir; que contenga en lugar de expulsar; que sea solidario y contemplativo, sobre todo con el que peor la está pasando.
En este camino, todo aporte será bienvenido. La idea es pensar y pensarnos, debatir y volver a pensar. Y como decía John William Cooke: “Cuando culmine el proceso revolucionario argentino, se iluminará el aporte de cada episodio y ningún esfuerzo será en vano, ningún sacrificio estéril, y el éxito final redimirá todas las frustraciones”.
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La situación social en Argentina atraviesa un nuevo capítulo de tensión luego de que miles de jubilados se manifestaran frente al Congreso Nacional en reclamo de un aumento de emergencia y mejores condiciones de vida. Las protestas, que se repiten cada miércoles, tuvieron esta semana una nueva y preocupante respuesta por parte del gobierno de Javier Milei: represión y silenciamiento.
La Confederación General del Trabajo (CGT) anunció su apoyo activo a las movilizaciones y convocó a una marcha masiva el próximo 9 de abril en solidaridad con los jubilados. Además, organizará un paro general de 36 horas a partir del 10 de abril, en repudio a las políticas económicas del Ejecutivo, que, según los sindicalistas, han empujado a los sectores más vulnerables —entre ellos, los adultos mayores— a condiciones de vida insoportables.
“Exigimos paritarias libres, un aumento de emergencia para los jubilados y el cese inmediato de la represión ordenada por el gobierno nacional”, expresó el cotitular de la CGT, Héctor Daer, en una conferencia de prensa posterior a la reunión del Consejo Directivo del sindicato. La declaración fue acompañada por un duro cuestionamiento al Ministerio de Seguridad, dirigido por Patricia Bullrich, por los actos de violencia contra manifestantes y periodistas durante la movilización de la semana anterior.
Entre los casos más graves figura el del fotógrafo Pablo Grillo, brutalmente agredido por fuerzas de seguridad federales mientras cubría las protestas. La CGT anunció que recibirá a su padre, Fabián Grillo, en señal de respaldo y solidaridad.
Las protestas no surgen en el vacío. La raíz del descontento social tiene un claro responsable: el modelo libertario que encabeza Javier Milei. La liberalización indiscriminada de la economía, el desfinanciamiento de la obra pública y la eliminación de programas sociales básicos han afectado de manera directa a los sectores de menores ingresos. En particular, los jubilados han visto sus haberes congelados o erosionados por la inflación sin la actualización del bono extraordinario de 70.000 pesos prometido por el Congreso.
A ello se suma una serie de decisiones económicas adoptadas por el Ejecutivo que profundizaron el deterioro del poder adquisitivo de los adultos mayores. La suspensión por decreto de la fórmula de movilidad jubilatoria dejó a millones de jubilados sin aumentos reales en los primeros meses del año.
En paralelo, el gobierno eliminó los subsidios al transporte y recortó recursos del PAMI, dificultando el acceso de los mayores a medicamentos y atención médica. La fuerte devaluación del peso, combinada con la liberalización de precios y la eliminación de controles sobre productos esenciales, disparó los valores de alimentos y remedios, obligando a muchos jubilados a elegir entre comer o tratarse. Además, con la paralización de obras públicas —incluidas viviendas sociales y hospitales—, se cancelaron o suspendieron servicios clave destinados a personas mayores en situación de vulnerabilidad.
“Hay obras paralizadas en un 80 %, muchas de ellas de viviendas sociales. Los jubilados tienen que elegir entre comer o comprar medicamentos. Este ajuste no es técnico, es ideológico”, remarcó Daer.
El descontento ha ido en aumento y la CGT no descarta futuras acciones si el gobierno persiste en su línea de ajuste. La situación de los jubilados se ha transformado en el símbolo de un país en crisis, donde las recetas ultraliberales están dejando profundas huellas humanas.
Dragan Bukovički
Escritor, poeta y traductor serbio. Editor de la publicación “Dos del sur”
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Revista Trinchera.
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Escribo por el mismo sentimiento que tiene el fisura a la hora de expulsar el vino fermentado en la panza a partir de una violenta y rasposa arcada que arrastra bilis, llanto y otros rastros de humanidad que llevamos dentro de nuestro castigado cuerpo.
Escribo oscuro como el agua estancada en los miles de arroyos sin entubar que zigzaguean entre los chaperíos del conurbano bonaerense.
Escribo profundo como seca de faso en la esquina, debajo de esa pintada en aerosol gastada por el viento, la lluvia y las caravanas.
Escribo con la cabeza gacha, como señora arrumbada sobre una vieja caja de cartón, que hace de aislante contra la fría vereda céntrica pidiendo una moneda.
Escribo humeante como olla popular tiznada y calentada a leña, porque la garrafa es un lujo para estos tiempos que corren.
Escribo sacando pecho como nene que dejó la escuela rozando el final de la primaria y que el único lenguaje que sabe hablar es el de la violencia que invita la calle.
Escribo flaco como brazo de pibe que espera el rojo del semáforo para ganar unas chirolas.
Escribo frío como barrote de comisaría por la madrugada.
Escribo avergonzado de mí mismo, con culpa de militante berreta derrotado por el siglo XXI, que, siendo consciente de la cotidianeidad de estas imágenes relatadas, no le dieron los huevos siquiera para organizar un caño y por lo menos, volarle una pata a alguno de los eternos saqueadores de nuestra nación y responsables de tanta miseria.
A los protagonistas de estas historias les pido permiso para contarlas.
La segunda Buenos Aires
Cuando uno piensa en la Provincia de Buenos Aires se le vienen destellos de imágenes variadas. El viento húmedo de la sudestada, las costas barrosas del Río de La Plata, el Delta interminable con sus lanchas colectivo de madera. Las ciudades balnearias con vista al Mar Atlántico, los puertos pesqueros y graneleros, los cornalitos en Mar del Plata y la Ruta 2 explotada en algún verano.
También puede asociarlo a la figura del paisano, el gaucho, el chacarero, las alpargatas, la bombacha de campo y el olor a aceite quemado de un viejo tractor; la carne vacuna, el maíz, el trigo, la soja, los silo bolsas y las Hilux 4×4.
El ferrocarril serpenteando por el interminable interior productivo y los cientos de pueblos que emergieron al borde de las estaciones, para luego ser aislados ante la privatización de los trenes en los años 90.
Uno puede pensar también en la Universidad Pública, la ciudad de La Plata con sus diagonales y su Catedral Gótica sin revocar. En Avellaneda, con su corazón industrial latiendo al ritmo de las Usinas de Dock Sud, el Viaducto y el Riachuelo que se adentra en el arrabal haciéndose amigo, compartiendo unos mates, con el poblado, denso y desordenado conurbano bonaerense.
El conurbano, ese anillo que abraza a la porción más rica de Argentina, la Capital Federal, y que está plagado de gigantescos galpones que supieron ser fábricas y una a una fueron bajando sus persianas ante las crisis económicas y los modelos neoliberales. El conurbano con sus monoblocks venidos abajo, planes de viviendas y chalecitos obreros.
El almacenero que fue echado de su oficio, pero tiene aún hoy un viejo torno oxidado en el fondo de su casa, esperando volver a ser usado.
El conurbano con su infinidad de rutas provinciales que lo atraviesan y en cada barrio las renombran con el mismo apodo: Camino Negro.
La Tercera Sección Electoral, la de los diecinueve municipios, el lugar donde históricamente gana el peronismo y se queja la derecha. La pequeña extensión donde viven aproximadamente once millones de personas y además de castellano se habla guaraní, quechua y aimara.El lugar de la Argentina donde más barrios populares hay.
Esa frontera difusa que tiene un frente de monoblock o plan de viviendas querápidamente se intercala con construcciones imperfectas: una casita de ladrillo de unsolo ambiente, una construcción de tres pisos con una losa sin terminar y dos bolsas dearena arriba de todo, al lado una casilla con solo una pared de material y un balde azulde doscientos litros que hace de tanque de agua; luego un pasillo que dobla a la derecha.
El lugar que tristemente le da la razón a Rodolfo Walsh, casi cincuenta años después deescribir su Carta a la Junta Militar:
“En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”. Walsh, Rodolfo (1977) Carta abierta a la junta militar.
Eduardo Galeano escribió alguna vez sobre los sectores populares. Dijo algo así como que los pobres sueñan con salir de pobres, esperando que la suerte llueva de acántaros, pero lo único que ocurre cuando el cielo se pone negro es que rebalsanrápido las napas y las cloacas, se corta la luz, suben los arroyos y la vida se vuelve colorbarro. Para colmo, el escritor uruguayo también dijo que las únicas veces que lospobres son noticia es para hacer correr la tinta amarillista y punitivista de los medios de comunicación.
Los sectores populares no tuvieron la suerte siquiera de ser lo primero que se nos vinoa la cabeza cuando pensamos en la Provincia de Buenos Aires, antes imaginamos elpituco Delta o el Manolo de la costanera marplatense.
Vivir en la miseria planificada
Las piernas expulsan un leve ardor cálido, no dan más, están fundidas después de unajornada tan larga como todas las anteriores. La planta del pie se acalambra levementebajo la zapatilla de lona y justo un instante después, la rueda del bondi se cae en elmismo pozo de siempre, anticipando la entrada al barrio.
El olor a barro estancado es lo primero que se mete por las fosas nasales, luego el ladrido de los perros mezclado con el escape de una moto lejana, acompañan elzigzagueo constante y los saltos cortos esquivando charcos. Un farol municipal le da ala escena un aspecto amarillo gastado.
Van pasando las cuadras y las fachadas de los viejos chalets obreros se terminan,comienzan a predominar construcciones irregulares, donde el ladrillo hueco sin revocary medianeras con botellas de vidrio rotas toman relevancia. La calle ya no es un viejopavimento arrasado por los años, solo es tierra, escombro y algún rastro de conchillablanca, que de repente se topa con una ventana que pone fin al camino. Unos pasos ala izquierda un pasillo de aproximadamente dos metros de ancho se abre.
A esta altura, bajo el pantalón de jean, el calor de las piernas se mezcla con la humedadde la cava y la transpiración que levantan los músculos después de caminar unas siete uocho cuadras; el resto del cuerpo solo quiere llegar a casa.
Paso a paso los techos y las paredes que dan la estructura al pasillo van descendiendoal igual que la fina carpeta de material que marca la senda del camino. Para esto hayuna sola explicación: el barrio está edificado en un pozo.
El pasillo zigzaguea y cambia su geografía en cada curva, de repente puede apareceruna pintada en aerosol reclamando el mando de ese tramo y algunos nombres dando aentender la conformación de una banda, también se cruza algún Perón Vuelve, un pequeño santuario del Gauchito Gil o un stencil de la Virgen. Lo que nunca desaparece son los miles de cables que viajan por encima de los techos de chapa y la pequeñazanja que también zigzaguea siguiendo el ritmo interno del barrio, llevando un agua gris brillante que deja ver restos de jabón y grasa.
Al día de hoy, la página del RENABAP tiene registrados 6.467 barrios populares entoda la Argentina. 2.065 están en la Provincia de Buenos Aires.
Vivir en un humedal, vivir en un pantano, vivir sin agua natural, sin luz, sin gas, vivirentre la basura, caminar día a día entre la mierda del vecino por la falta de cloacas.Vivir en lamiseria planificada, generación tras generación.
***
En el octavo país más extenso del mundo, la discusión y la lucha por la vivienda, siguesiendo hoy, una de las mayores deudas que se tiene con la dignidad del puebloargentino.
Las causas para entender el porqué de la desigualdad a la hora de conseguir un pedazo de tierra para habitar en nuestro país son amplias, y pueden buscarse disparadoresdesde los tiempos de la instauración del Estado Nación hasta la actualidad. Pero fuedurante la última dictadura militar cuando se consolidaron las bases de la Argentinaque hasta el día de hoy sufrimos.
De la mano de Martínez de Hoz, la última dictadura cívico militar llevó adelante un plan económico que destrozó la industria nacional, se endeudó de manera fraudulenta conel FMI potenciando la deuda externa y nacionalizó la deuda privada; también devaluó ycongeló los salarios.
Con una idea de controlar el territorio y disciplinar a la sociedad la dictadura volvió adarle curso, profundizando el “Plan de erradicación de las villas de emergencia de laCapital Federal y del Gran Buenos Aires. Primer programa. Erradicación y alojamiento transitorio” que había comenzado Juan Carlos Onganía, anterior gobierno dictatorial durante la década del 60 (1966-1970).
ConelMundial1978alavueltadelaesquina,mediantenuevasnormasdeordenamiento del territorio, descongelamiento del precio de los alquileres, desalojo,topadora, secuestro y tortura, la dictadura extirpo a gusto a miles de familias quevivían en barrios de la Capital Federal con gran proyección para el negocio inmobiliario.Mandaron a mudar grandes fábricas al Gran Buenos Aires, buscando que con ellas tambiénjunten sus petates y se vayan los barrios obreros cercanos a los cordonesindustriales.
Por último, mediante deuda externa llevaron adelante la construcción de las distintas circunvalaciones y autopistas que rodean y cruzan la capital, siempre con fin en elpuerto y la aduana.
Entre la concentración de propiedades, el aumento desmedido de los alquileres y lamigracióndelasfábricas,losbarriosbonaerensescercanosaCapitalFederalaumentaron su población en poco tiempo. Con muy poca planificación territorial yurbana, se terminó de edificar el primer y segundo anillo del conurbano bonaerense.
Al mismo tiempo, a través del terror y el exterminio, desapareciendo a 30.000personas y apropiando a más de 500 bebés, generó las bases para individualizar a lasociedad, dando paso así a la fundación del neoliberalismo en Argentina.
Para el año 1977 Rodolfo Walsh dejaba asentada en la Carta a la Junta Militar un presente nacional, que con el correr de los años no ha hecho otra cosa que empeorar.
“Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas enun solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él su residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe”. Walsh, Rodolfo (1977) Carta abierta a la junta militar.
La Buenos Aires bajo la alfombra
La masa impacta en un golpe seco contra el cortafierro que nuevamente afloja un pedazo de pared y hace mover otro bloque de tres, cuatro ladrillos, acto seguido se desprende un pedazo de cemento convirtiéndose en escombro que cae al piso, dejando una pequeña nube de polvo en el aire. Por el cíclico retumbe del movimiento corporal, los hombros y los antebrazos están mareados y no saben qué parte del cuerpo debería estar más cansada. Los pensamientos se fatigan y el cerebro no sabe si el agotamiento y el dolor le corresponde al brazo izquierdo que hace de pistón subiendo y bajando con prepotencia cargando el mango de la masa o le corresponde más el brazo derecho, que agarra con fuerza el cortafierro y a cada impacto de la masa, recibe un nuevo cosquilleo metálico que le sube casi hasta el hombro. Todo es cansancio y polvo que se mezcla con una amoladora de fondo que no para de chillar.
Es lunes por la mañana. A unos pares de metros, en el primer pasillo que se abre camino al corazón del barrio aún sale cumbia de un saturado parlante, mientras la Cooperativa de Trabajo encara una nueva semana, buscando achicar los tiempos y terminar el SUM escolar que quedó clavado con los fondos nacionales que nunca más giraron.
El frío húmedo hace rato que le venció los viejos botines de trabajo. El pantalón con una franja refractaria está limpio, pero ya con los primeros mazazos fueron quedando unas pintitas blancas de polvo en el azul marino, su campera de tela anti desgarro deja ver en la espalda una serigrafía blanca que dice UTEP, el nombre de la Cooperativa y el logo de la Provincia de Buenos Aires.
***
Mientras el fondo de la olla se va llenando de a poco, la bolsa de red color naranja va disminuyendo. Las manos de Felisa y el cuchillo de mango de plástico están embarradas por la tierra que queda de la papa negra, aun así, el brillo del filo despliega un pequeño destello en cada corte del tubérculo. En la mesa improvisada con un tablón y dos caballetes hay un paquete de sal, una botella de aceite por la mitad, un par de cebollas, cuatro zanahorias, tres cartones de tomate y un kg de alas de pollo; el resto de los ingredientes para el guiso serán unos cuantos litros de agua, siempre dependiendo de la cantidad de familias con tuppers que se acerquen al comedor popular.
A unos dos metros, en un pequeño refugio improvisado con unas chapas oxidadas, Laura se encarga de prender el fuego. Para esto utiliza un viejo tronco tiznado con la punta ya hecha carbón, se ayuda con un par de boletas de la campaña 2023 color celeste y un viejo cajón de pollo.
No son más de las 14 horas, ambas mujeres vienen de dejar a sus hijos en el colegio y durante el tiempo que duren las clases, ellas preparan el guiso que por la tarde noche comerá toda la cuadra. *** Alcanza con caminar algunas cuadras por los cientos de barrios populares que tiene la Provincia de Buenos Aires, para arrojar una triste conclusión. El daño hecho por la última dictadura militar y la continuidad neoliberal de ese período, ha sido tan grande y tan atroz que los posteriores 12 años de gobierno kirchnerista no fueron capaces de rebatir la realidad. Esto no quita que durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (2003-2015) el nivel de la pobreza y el crecimiento de los asentamientos y barrios populares se haya estancado en comparación con los períodos anteriores y también en algunos casos haya disminuido de la mano de la reconstrucción del empleo, la industria nacional, la obra pública y la gran batería de políticas sociales implementadas para el bienestar del pueblo argentino. Aunque no se pudo erradicar la pobreza, estas fueron las banderas y el modelo político en el que mejor le ha ido efectivamente a los sectores populares desde la vuelta de la democracia hasta hoy.
Pero haciendo una cronología hasta la actualidad, el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) dinamitó en poco tiempo los avances logrados por el kirchnerismo, atacando la industria nacional y endeudándose por cien años con el FMI. En poco tiempo volvió a dejar la situación de los barrios populares igual o peor que durante los años noventa.
Para colmo, el Frente de Todos (2019-2023) comenzó su gestión ocupándose de la crisis sanitaria desatada por la pandemia de COVID 19. Pero una vez superada esta, las tensiones internas, las roscas, la tibieza y un panorama regional e internacional muy distinto al de los primeros años del siglo XXI imposibilitaron hacer siquiera la mitad de lo logrado durante el período del 2003-2015.
La mala gestión del Frente de Todos y su nula capacidad de construir un proyecto, tuvieron como síntesis la continuidad en la pérdida del poder adquisitivo que el pueblo argentino ya venía sufriendo desde los tiempos del macrismo. Triste afirmación, entendiendo que el gobierno y el peronismo llevaban en su espalda la esperanza de poder salir adelante de millones de argentinos y argentinas.
Un pueblo golpeado, desorientado y cansado, que soñaba recuperar las condiciones de vida que unos años atrás había tenido. Pero la contracara de ese horizonte fue el aumento de la pobreza. Y en los barrios populares, la miseria como si fuese un manchón de humedad en la pared, emergió arriba de la vieja miseria, esa que se venía acumulando desde la última dictadura hasta acá.
Árboles genealógicos con raíces humildes. Ser el último orejón del tarro como única herencia.
*** Mi Buenos Aires querido Cuando yo te vuelva a ver No habrás más pena ni olvido.
Carlos Gardel. “Mi buenos Aires querido”.
Barrio, esquina, escuela pública arrasada, olla tiznada y tupper lleno de guiso. Cumbia en el aire que se mezcla con la voz rasposa del Pity en sus distintas épocas: modo fierita Viejas Locas o pibe Intoxicado buscando la redención en Dios y el Sol.
El sueño de ser Messi y Maradona, el potrero primero como escape al aburrimiento ante la falta de tele por cable y juegos de consola, luego un poquito más grandecito, el potrero como camino a la fama y la esperanza. El anhelo de comprar una casa con una pieza para cada hermano y una cocina bien grande, con muchas mesadas para mamá. El fútbol como posibilidad. La oportunidad de ingresar a un club del ascenso o de primera, esquivarle a la esquina, la vagancia y el consumo. El sueño de salir adelante mediante taquito, gambeta y algún que otro puntinazo a la miseria.
El sueño de conocer a un hombre serio, con laburo y un oficio. Ser mamá y esquivarle al futuro en la casilla rodeada de violencia, frío y hambre.
Vivir en un barrio popular sin servicios de luz, agua potable, cloaca ni asfalto.
En verano el sol te derrite y no hay sombra, birra o “naranjú” que le dé pelea.
En invierno el frío se pega a las chapas y hiela todo a su paso, haciendo colapsar las precarias instalaciones eléctricas que vuelan por los aires quemando todo a su paso.
Tocándole los talones al cierre del primer cuarto del siglo XXI, las condiciones de vida de millones de argentinas y argentinos son más parecidas a los tiempos de los primeros conventillos arrabaleros y en muchos otros casos a la edad feudal.
Luego de dictaduras militares y la continuidad de un modelo económico neoliberal, lejos ha quedado el anhelo de la vivienda digna que alguna vez, flameó bajo las banderas de la justicia social.
La vida del pueblo humilde bonaerense se degrada y hunde en la mierda, pero la única vez que estos son noticia es para llenar las editoriales amarillistas que encubren a quienes día tras día continúan aportando a un modelo de saqueo y entrega, profundizando aún más el modelo de la miseria planificada.
Felipe Bertola
Cuando estaba en la panza, mi vieja me cantaba “Significado de Patria” para tranquilizarme. En la comunicación y organización popular encontré la clave para poder “ser la revancha de todxs aquellxs”. Como todo buen platense, sé lo que es ganar una Copa Libertadores.
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Demokratos: de origen Griego Puede decirse que “democracia” significa literalmente “poder del pueblo”. Pero ¿Quienes – quien es el pueblo?
Considerando que las expresiones artísticas en cualquiera de sus formatos, tienen la virtud de adelantarse la mayoría de las veces a lo que posteriormente será estudiado y enmarcado por la ciencias sociales, el caso de Street Fighting Man, no es la excepción. Jagger mencionaba en una entrevista con Jann Wenner en 1995 para la revista Rolling Stone, que la inspiración para Street Fighting Man fueron los movimientos emergentes que marcaban la presencia activa de multitudes movilizadas, entre otras las revueltas en Estados Unidos contra la guerra de Vietnam y el Mayo Francés. Y aunque hay tantas interpretaciones de esta obra como gente en el mundo, elegimos utilizarla de cortina desde donde nos introduciremos a lo que hoy nos quita el sueño.
En 1968, los Rolling Stone, miraban a los estudiantes de París y sacudían al pueblo de Londres diciendo “Cause in sleepy London Town. There’s just no place for street fighting man” (En español algo así como: “Porque en la somnolienta ciudad de Londres. No hay lugar para el hombre que lucha en las calles“). En 2025 cabe preguntarnos: ¿Por qué está tan dormida Argentina, no hay acaso lugar para las luchas? ¿O será que nos corresponde empezar a preguntar, para saber hacia donde caminar?
Mientras la incertidumbre avanza, el rey garufa nos induce sin paliativo y así nos tienen, como diría el Indio “sentados en bolas, wacheando la tele”, presos de presiones, indignaciones y tristes pasiones.
Hace un tiempo venimos entrando en un periodo de transición de difícil embestidura para el lenguaje de época. En los círculos académicos se dirime si el gobierno de Milei es o no democracia, si es un régimen autoritario o fascista. Si hay que pensar en imperialismos, en globalización o en tecno-feudalismos para darle un marco de comprensión más acabado. De un lado y del otro se interrogan racionalidades, se construyen argumentos desde la arrogancia y se manda a leer de Hayek a Keynes.
Nadie tiene respuestas y tampoco soy quien para aportar más luz a esta tormenta, vengo tan solo a lanzar otro cargamento de preguntas.
José Nun, en 2002 se preguntaba qué carajo era la Democracia, y lo hacía de la forma más humanamente posible. Se preguntaba por el origen del demos, y traía nuevamente a colación la pregunta entre el gobierno del pueblo o gobierno de los políticos.
Tanto las palabras demos como krátos, son vocablos ambiguos. La primera pregunta que nos podemos plantear es: ¿quién es “el pueblo”?. Y ante esto nos encontramos con que hay una ambigüedad de origen que se refleja en toda la historia del lenguaje político. Los griegos indicaban, bajo esas categorías o bien a la totalidad de los componentes de la comunidad política (es decir, sin mujeres, negros ni esclavos). O bien a la parte menos elevada de la población, es decir a aquellos considerados como la clase no-noble. Otra clara ambigüedad, se debe a que del pueblo como conjunto de los ciudadanos, pueden darse dos imágenes opuestas: la imagen de un cuerpo colectivo orgánico, del cual los individuos en particular son miembros; y la imagen de un conjunto, de la simple suma de todos los individuos como particulares, que tienen o que pretenden tener valor en cuanto tales. Ambas posturas; filosóficamente válidas y políticamente antagónicas, a juicio propio, son las discusiones parteras de los enfrentamientos del mundo.
La pregunta por la democracia en Argentina es por demás dificultosa. Nadie está dispuesto a cuestionarla como régimen preferible de gobernabilidad. Pero nadie puede definir con exactitud qué es la democracia, señalar sus límites, mentar su potestad o incluso leer en la Constitución algo más que un manual de instrucciones legales con obligaciones débiles y funciones acotadas. Decime a qué escuela jurídica perteneces y te diré que interpretas de la ley.
El ejercicio de cuestionar la democracia es demasiado costoso, tanto para aquellos que cargan la ceniza de una infancia marcada por dictaduras, como para aquellos que crecimos con democracias vigorizantes – a riesgo claro está, de darla como algo tan bien cimentado, que somos incapaces de cuestionar-. Es entonces, a priori , un ejercicio difícil de digerir ¿Puede ser posible que esta transición política a nivel global cambie los regímenes de gobernabilidad? ¿Puede ser posible que estemos llamando democracia a gobiernos que ya no lo son? A fin de cuentas ¿La democracia era solo votar?
En los años 20 del siglo pasado, había alrededor treintaicinco gobiernos constitucionalmente electos en el mundo, para finales de los años 30 del mismo siglo, los gobiernos democráticos se habían reducido a poco más que la mitad de los anteriormente mencionados, es decir, de treinta y pico, se pasó a alrededor de doce gobiernos democráticos. Para aquel entonces el historiador Hobsbawm decía pasada la guerra que “nadie predijo o esperaba que la democracia se revitalizará”.
No quiero con esto, caer en pesimismos atolondrados ni hacer diagnósticos de defunción, que corresponden a videntes y especuladores. Pretendo únicamente invitar a la pregunta, ¿y si nadie predijo o esperaba el agotamiento de este sistema político? ¿Estamos dispuestos a morir por la democracia, o lo que creo aún más complejo, estamos dispuestos a discutirla?
Hay que pensar en los dinamismos de los ciclos políticos, al lado de las transformaciones de los modelos de gobierno. Se necesita urgentemente discutir la democracia, no solamente para saber hacia dónde se quiere ir, sino también para tener la capacidad de discutir los límites de la misma.
Defenderla por el mero hecho de la defensa, es dejar en manos de aquellos que no tienen prácticas democráticas, el beneficio del acotado margen de acción dentro de las reglas de juego democrático, cuando claramente, hay un sector que no tiene pudor ni inconvenientes en transgredirlo.
Pero para ello, nos debemos una discusión honesta y profunda en torno a qué nos referimos cuando hablamos de democracia. ¿Cuáles son sus objetivos, cuál es el modelo de país que representa y cuáles son sus límites? ¿Somos capaces de repensar nuevos horizontes de deseabilidad y construir bisagras que den lugar al surgimiento de un nuevo escenario político?
Discutir la democracia es también discutir la justicia social, los criterios de igualdad y los modelos económicos que rigen las estructuras de distribución de capital. En un mundo que profundiza cada día más sus desigualdades, donde cinco individuos se llevan grandes porcentajes de la riqueza mundial y se desgarran las solidaridades intraclases, profundizando los criterios de diferenciación entre clases medias y bajas. Donde los sistemas de salud se desbordan, donde la educación no da abasto y donde la rivalidad se construye entre pares. En un mundo que es cada día más hostil y más violento.
Es inminente que juntemos el guante antes de acusar a adversarios de locos e irracionales, en tiempo donde la transgresión y el corrimiento de los límites de posibilidad pareciera un ejercicio exclusivo de las derechas, insisto en preguntar: ¿Qué es la democracia? ¿Qué estamos dispuestos a hacer por ella? ¿Somos capaces de cuestionarla? ¿Somos capaces de pensar por fuera de los márgenes establecidos? ¿Seremos capaces de defenderla?
Manu Bertola
Hija y nieta de la historia de nuestro pueblo. Estudiante de sociología. Nacida y criada en la ciudad donde las diagonales tocan el sol.
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En los últimos meses el presidente argentino Javier Milei ha captado atención internacional por su ascendente carrera política y sus propuestas radicales. Uno de los aspectos más significativos, aunque menos discutidos, de su discurso ha sido su interés por la Antártida, un territorio clave en la geopolítica contemporánea debido a sus recursos naturales y su valor estratégico. Este interés se ve amplificado por su cercanía con figuras como Donald Trump y la influencia de la política exterior estadounidense en América Latina.
La Antártida: Un Territorio Estratégico
La Antártida, bajo el Tratado Antártico de 1959, ha sido históricamente un espacio de cooperación internacional, con prohibiciones sobre actividades militares y reclamos territoriales. Sin embargo, la creciente competencia por sus recursos naturales, como minerales, hidrocarburos y agua dulce, ha generado tensiones internacionales. En este contexto, las propuestas de Milei, que incluyen aumentar la presencia argentina en la región, han llamado la atención. Si bien su postura libertaria y su admiración por Trump han sido la base de sus propuestas, algunos críticos consideran que su enfoque podría estar más alineado con los intereses de Estados Unidos que con los de Argentina.
Recursos Naturales y Soberanía Argentina
Milei ha propuesto una mayor explotación de los recursos naturales de la Antártida, lo que entra en conflicto con las regulaciones internacionales del Tratado Antártico y el Protocolo de Madrid, que prohíben la explotación minera y promueven la protección ambiental. Su enfoque podría llevar a una revisión de los acuerdos internacionales y generar tensiones tanto con actores globales como con sectores ambientalistas y expertos en derecho internacional.
Además de los recursos, la ubicación geográfica de la Antártida es crucial para el control de rutas marítimas y la vigilancia global. Milei ha sugerido que Argentina debería fortalecer su presencia militar en la región, especialmente ante la creciente actividad de potencias como China y Rusia, que han aumentado sus inversiones en infraestructura antártica.
Riesgos de Conflictos Territoriales con Chile
Una de las principales preocupaciones es la posible reactivación de disputas territoriales con Chile, que también reclama parte de la Antártida. A pesar de que el Tratado Antártico ha mantenido en segundo plano estas disputas, un enfoque más agresivo por parte de Milei podría reavivar conflictos históricos entre ambos países, con implicaciones no solo en la Antártida, sino en otras áreas, como el Canal de Beagle.
La relación entre Argentina y Chile en la Antártida ha sido delicada, y cualquier cambio en la postura argentina podría tensar aún más las relaciones bilaterales. En este contexto, las tensiones podrían escalar si ambos países deciden reforzar su presencia en la región, lo que podría resultar en un enfrentamiento directo por el control de las zonas reclamadas.
La Influencia de Estados Unidos y las Implicaciones para América Latina
La cercanía de Milei con Donald Trump también tiene implicaciones para la política exterior de Argentina. Ambos comparten una visión nacionalista y proteccionista que podría hacer que Argentina priorice los intereses de Estados Unidos sobre sus propios intereses estratégicos. Este alineamiento con Washington podría generar una mayor presión sobre los países de la región, especialmente si el Departamento de Estado de EE. UU. intensifica su influencia en América Latina.
El enfoque de Milei podría ser percibido como una forma de subordinar los intereses nacionales de Argentina a los de Estados Unidos, lo que, según algunos analistas, podría perjudicar la soberanía argentina en regiones estratégicas como la Antártida. Las decisiones políticas y diplomáticas de Milei, en este sentido, podrían resultar en consecuencias negativas tanto para el país como para la región.
Impacto Ambiental de la Propuesta de Milei
Otro aspecto preocupante es el impacto ambiental de una mayor presencia humana y militar en la Antártida. El continente es uno de los últimos ecosistemas prístinos del planeta, y cualquier actividad no regulada podría tener efectos devastadores sobre su delicado equilibrio ecológico. Las propuestas de Milei podrían poner en riesgo la biodiversidad antártica y el papel fundamental que este continente juega en la regulación del clima global, lo que ha sido advertido por diversas organizaciones ambientalistas.
Conclusión: Una Política Ambigua y Riesgosa
El interés de Javier Milei en la Antártida refleja una mezcla de ambiciones económicas, estratégicas y políticas que podrían tener repercusiones importantes tanto para Argentina como para el panorama internacional. Su cercanía con Trump y su propuesta de aumentar la presencia argentina en la región no solo plantean riesgos en términos de soberanía y relaciones internacionales, sino que también generan preocupaciones sobre el medio ambiente y la estabilidad geopolítica.
La posible revisión de los acuerdos internacionales, como el Tratado Antártico, podría abrir la puerta a un escenario de confrontación en la región, especialmente con Chile, y también a un mayor involucramiento de potencias extranjeras como Estados Unidos. A medida que Milei avanza en su carrera política, es crucial que sus decisiones se tomen con una visión equilibrada, que contemple tanto los intereses nacionales como las responsabilidades globales, para evitar que la Antártida se convierta en un nuevo campo de disputa que pueda poner en peligro la paz y estabilidad en la región.
Al final, parece que Milei intenta disfrazar su sumisión geopolítica a EEUU con causas vacías e inútiles, sin ningún tipo de efecto estratégico real. En lugar de luchar por la soberanía argentina en las Malvinas, integrarse con los países vecinos y proponer una plataforma soberana para el desarrollo regional, Milei prefiere crear fricciones con las naciones sudamericanas y jugar a ser un “Trump del Sur” – lo que sólo empeora, en lugar de rehabilitar, su imagen política ya decadente.
Dragan Bukovički
Escritor, poeta y traductor serbio. Editor de la publicación “Dos del sur”
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Revista Trinchera.
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El presidente Javier Milei ha generado un intenso debate en Argentina tras anunciar que está cerca de alcanzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que pretende aprobarlo sin necesidad de pasar por el Congreso. Esta declaración ha levantado suspicacias y críticas, ya que parece contradecir la Ley de Fortalecimiento de la Sostenibilidad de la Deuda Pública, aprobada en 2021, que establece que cualquier financiamiento o extensión de crédito con el FMI debe contar con la aprobación del Parlamento. Este escenario plantea serias dudas sobre el respeto a las normas legales y el equilibrio de poderes en el país.
La Ley 27.612, conocida como Ley de Fortalecimiento de la Sostenibilidad de la Deuda Pública, fue sancionada en 2021 con el objetivo de garantizar la transparencia y la responsabilidad fiscal en la gestión de la deuda pública. Entre sus disposiciones más importantes, la ley establece que cualquier operación de financiamiento o renegociación de deuda con organismos internacionales, como el FMI, debe ser aprobada por el Congreso Nacional. Esta normativa busca evitar que el Poder Ejecutivo tome decisiones unilaterales que puedan comprometer el futuro económico del país, asegurando que las decisiones de endeudamiento cuenten con el respaldo de los representantes del pueblo.
Sin embargo, las declaraciones recientes de Javier Milei sugieren una intención de eludir este requisito legal. Según un artículo publicado por El Destape, Milei afirmó que el acuerdo con el FMI está casi cerrado y que planea implementarlo sin necesidad de someterlo a la aprobación del Congreso. Esta postura ha generado preocupación entre legisladores, expertos en derecho constitucional y la sociedad en general, ya que podría implicar una violación de la ley y un debilitamiento de las instituciones democráticas.
Milei justifica su posición argumentando que el acuerdo con el FMI es urgente y necesario para estabilizar la economía argentina, que enfrenta una grave crisis inflacionaria y un déficit fiscal crónico. Según él, el proceso de aprobación en el Congreso sería lento y burocrático, lo que retrasaría la implementación de medidas clave para reactivar la economía. Sin embargo, esta justificación no exime al gobierno de cumplir con las normas legales vigentes, especialmente cuando se trata de decisiones que afectan el futuro económico del país.
La intención de Milei de aprobar el acuerdo con el FMI sin pasar por el Congreso plantea serias implicaciones legales y políticas. En primer lugar, violaría la Ley de Fortalecimiento de la Sostenibilidad de la Deuda Pública, lo que podría llevar a acciones judiciales en su contra. Además, esta actitud podría ser interpretada como un intento de concentrar poder en el Poder Ejecutivo, debilitando el papel del Congreso como contrapeso democrático.
Por otro lado, esta situación podría generar un precedente peligroso, en el que futuros gobiernos decidan ignorar las leyes vigentes bajo el argumento de la urgencia o la conveniencia política. Esto socavaría el Estado de derecho y la separación de poderes, pilares fundamentales de cualquier democracia.
El control parlamentario sobre las decisiones de endeudamiento no es un capricho legal, sino una garantía de transparencia y responsabilidad fiscal. El Congreso, como representante de la voluntad popular, tiene la responsabilidad de analizar y debatir las implicaciones de cualquier acuerdo con organismos internacionales, asegurándose de que no comprometa el bienestar de la población ni el futuro económico del país.
En el caso del acuerdo con el FMI, es fundamental que el Congreso tenga la oportunidad de evaluar los términos del acuerdo, sus condiciones y sus posibles consecuencias. Esto es especialmente relevante en un contexto en el que Argentina ha tenido una relación complicada con el FMI, caracterizada por préstamos que han generado un alto nivel de endeudamiento y condicionalidades que han afectado negativamente a la población.
Según el artículo de El Destape, Milei busca obtener “dólares frescos” a través del acuerdo con el FMI, pero pretende hacerlo sin cumplir con el requisito legal de la aprobación parlamentaria. Esta estrategia no solo viola la ley, sino que también plantea dudas sobre la transparencia del proceso. El gobierno argumenta que necesita actuar con rapidez para evitar un colapso económico, pero esto no justifica ignorar las normas establecidas para proteger los intereses de la ciudadanía.
Además, el artículo destaca que la Ley de Fortalecimiento de la Sostenibilidad de la Deuda Pública fue creada precisamente para evitar que los gobiernos tomen decisiones de endeudamiento sin el debido control y supervisión. Ignorar esta ley no solo sería ilegal, sino que también enviaría un mensaje preocupante sobre el respeto a las instituciones democráticas.
Las acciones de Javier Milei dirigidas a evitar el cumplimiento de la Ley de Fortalecimiento de la Sostenibilidad de la Deuda Pública representan un desafío serio para el Estado de derecho y la democracia en Argentina. Si bien es comprensible la urgencia de estabilizar la economía, esto no justifica eludir las normas legales ni debilitar el papel del Congreso como contrapeso democrático.
Es fundamental que el gobierno respete las leyes vigentes y garantice que cualquier acuerdo con el FMI sea debatido y aprobado por el Congreso. Solo así se podrá asegurar que las decisiones de endeudamiento sean transparentes, responsables y en beneficio de toda la población. Ignorar estas normas no solo sería ilegal, sino que también sentaría un precedente peligroso para el futuro de la democracia argentina. La ciudadanía y las instituciones deben permanecer vigilantes para evitar que se socaven los principios democráticos en nombre de la urgencia económica.
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Revista Trinchera.
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Si bien en nuestro país este año fue, particularmente, violento y desalentador para los sectores populares, no es ni el primero ni el último. Cabe destacar que no será desde la antología del llanto desde donde lograremos revertir la situación. Como siempre lo dijimos, en tiempos difíciles cada trinchera se vuelve fundamental y, para transitar las turbulencias que se avecinan, habrá que luchar y construir unidad si efectivamente pretendemos construir una patria libre, justa, soberana e inclusiva donde todo, todos y todes podamos vivir dignamente.
Como se ha retratado en varias ocasiones en nuestros artículos a lo largo de nuestra corta vida como medio de comunicación, tal como afirmaba el General Perón: “la verdadera política es la política internacional, el resto es cabotaje”. Nada de lo que nos sucede en Argentina está desligado de las tensiones y disputas globales, aunque para algunos eso pueda sonar conspiranoico. Si algo entendía muy bien Perón, es que todo lo que sucediera en el país está condicionado por lo que acontece fuera de nuestras fronteras, sobre todo en la disputa entre las naciones más poderosas del mundo.
A principios de año señalábamos que este 2024, que está llegado a su fin, iba a ser un año muy interesante de analizar, dado que podían darse hechos determinantes o muy significativos para el devenir de la humanidad. El primer hito a destacar es que más de la mitad de la población mundial estuvo llamada a votar. Más de 3700 millones de personas en elecciones de 70 países que podían tener un impacto significativo en la geopolítica mundial, entre ellas, las de Rusia, EEUU, India, las parlamentarias de la Unión Europea, o las de Venezuela y México, entre muchas otras.
En ese contexto electoral, Trump volvió a ganar las elecciones en EEUU y aplastó el sueño de reelección Demócrata (y de los globalistas), muchas expresiones reaccionarias y/o conservadoras ganaron las parlamentarias en la UE, Modi reeligió en la India, Vladimir Putin volvió a ser electo para guiar los destinos de Rusia con más del 87% de los votos, y tanto la Revolución Bolivariana como la Cuarta Transformación en México resultaron victoriosas con Maduro y Sheinbaum Pardo respectivamente.
A su vez, se dieron algunas particularidades: en Sri Lanka ganó un gobierno declarado abiertamente comunista, que recientemente vivió elecciones parlamentarias que consolidaron su victoria con una mayoría oficialista; los oficialismos en Francia y Alemania (las principales potencias del bloque europeo) vivieron reveces muy significativos que los tienen contra las cuerdas; en Gran Bretaña los laboristas dieron una paliza a los conservadores y volvieron al poder luego de 14 años; en Irán, luego de la trágica muerte de Ebrahim Raisi, resultaría electo el candidato “reformista” Masoud Pezeshkian; en países como Senegal o Chad (emblemas de un pasado colonial francés) ganaron y se consolidaron gobiernos anticoloniales, en sintonía con las revoluciones del Sahel (Mali, Niger y Burkina Faso); y el cómico devenido en presidente guerrerista, Volodimir Zelenski, quien no convocó a elecciones en Ucrania, por lo que desde mayo pasado usurpa el poder con el aval de todo el llamado Occidente Colectivo.
Pero (siempre hay un “pero”), también se vivieron procesos desestabilizadores, sobre todo recientemente en los casos de Georgia, Moldavia y Rumania, por solo citar los más recientes. Parece que si los resultados no son los deseados por Occidente, todo está permitido, sobre todo si el país a desestabilizar no es de los considerados “desarrollados”. Algo parecido a lo sucedido en Bangladesh, ese país del que en Argentina se habló mucho durante el mundial (por su fanatismo con nuestra selección) pero del que casi nadie habló cuando derrocaron a su gobernante hace unos meses.
Sin ánimos de aburrirles, mencionamos algunos de los procesos electorales porque son parte de la vida institucional bajo las normas de la democracia burguesa, y porque involucraron a más de medio planeta este año. Pero pasaron infinidad de cosas que tampoco es el lugar para detallar.
Tal como lo venimos advirtiendo, el mundo está en guerra, entre dos grandes bloques que se están disputando lugares de poder. Por un lado, el llamado Occidente Colectivo o autodenominada “comunidad internacional” básicamente compuesto por EEUU, la UE, Canadá, Japón y algunos aliados más; y por el otro, el denominado “Sur Global” compuesto fundamentalmente por los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y sus socios de Asia, África y Nuestra América y Oceanía. Y si bien hay matices en cada caso, ese podría ser hoy el gran parteaguas a nivel global, por ese mismo hecho ya hablar de izquierda o derecha parecen categorías de análisis caducas dado que no explican en su totalidad los procesos. ¿Qué tiene de izquierda el Chile de Boric en comparación con la Venezuela Revolucionaria? Nada. En este contexto ¿Rusia calificaría como de izquierda? Seguramente no encontraremos respuestas certeras y eso es porque el concepto ya no nos sirve para explicar el proceso. Materia de debate en algún artículo futuro, no en este, pero lo introdujimos para sembrar la semilla de un debate necesario.
En ese mundo en disputa hay que comprender el genocidio en Gaza y las constantes agresiones al Líbano, Siria e Irak a manos del Ente Sionista, Israel (siempre respaldado por EEUU), la guerra en Ucrania entre la OTAN y Rusia (esperamos que a estas alturas nadie crea que es sólo un enfrentamiento entre primos), o el reciente incremento de las tensiones comerciales y diplomáticas entre EEUU y Europa con China. Nada de todo ello se puede leer sin comprender la disputa global, de igual manera que nada puede alejarse de esa lupa para analizar las tensiones en el Mercosur entre Milei y el resto de los presidentes, o las tensiones internas en el Brasil de Lula, o el reciente intento de autogolpe en la República de Corea (o como se la llama cotidianamente, Corea del Sur).
Decimos “el mundo está en guerra”, pero no de la forma que nos la imaginamos con tanques y soldados por doquier (aunque en algunas regiones sí pase). La guerra mutó. Hoy una corrida cambiaria es más poderosa que un misil. Presiones diplomáticas, circulación de “noticias falsas” (que en realidad es mentir y afirmar que algo es verdad), presiones económicas, y también militares: hoy vivimos en una permanente guerra híbrida y los principales objetivos son los pueblos, la sociedad civil de cada nación.
Incluso la disputa interna que se da en los EEUU entre Demócratas y Republicanos globalistas, y Trump y su grupo selecto de pirañas, no es otra cosa que una disputa por ver cómo resuelven su decadencia. Un país cada vez más endeudado, que vive de la renta de la guerra y las deudas de los demás, que utiliza al dólar como arma y que pretende someter a todo el resto a sus designios. Para Biden, Harris y sus cómplices europeos la salida es una guerra total contra Rusia en territorio ucraniano y ruso (casi al punto de llevarla a escala nuclear) al tiempo que siguen timbeando y haciendo grandes negocios con las BigTech (tecnológicas) y BigPharma (farmacéuticas), mientras que para Trump y su tropa el enfrentamiento es contra China por el control de la producción y el comercio, por eso la “Guerra comercial”; y con Irán por el control de Asia Occidental. En definitiva, no son lo mismo, pero huelen bastante similar.
En este escenario, seguramente el imperio intentará reasegurar todo nuestro continente bajo su bota. Saben que es su gran joya preciada en el mundo que se viene si no nos llevan a una guerra global nuclear antes. Países como Venezuela, Nicaragua y Cuba, e incluso México, Brasil o Colombia seguramente podrán ser objetivos de la nueva administración gringa, ya sea con nuevos intentos de golpes de Estado, con nuevas sanciones económicas unilaterales o bloqueos, o de presiones diplomáticas, económicas o de algún otro tipo.
Es desde ese contexto global desde el que hay que partir el análisis de lo que sucede en nuestro país, dado que, si no lo hacemos desde allí, seguramente no entenderemos muchas de las cosas que lleva adelante el primer presidente autodefinido como “anarcocapitalista”, pero que en realidad es un mero peón de los grupos financieros globalizados como BlackRock, Vanguard, State Street y demás. No es casual que en materia de política exterior Milei haya dicho literalmente que sus “aliados son EEUU e Israel, con todo lo que eso implica”. Estos Fondos de Inversión (llamados “Fondos Buitres”) tienen entre sus principales actores a figuras del sionismo, con gran lobby en EEUU con una mirada rapaz y saqueadora para con el resto de la humanidad. Como verán, todo está vinculado con todo.
La política de desregulación y de intento privatizador de empresas estatales (YPF, Aerolíneas Argentinas, Trenes Argentinos, INVAP, el Correo, el Banco Nación, etc) o sectores claves como la educación, la salud o la obra pública, no son otra cosa que la posibilidad de negocios muy rentables para los “accionistas” de estos fondos mega-especulativos. Mismo caso para el tema de la deuda externa o las políticas de financierización de nuestra economía. Tercerizar, quitar derechos laborales y sociales, entregar herramientas del Estado, todo entra en el mismo combo que busca desarticular las posibilidades de un país para enfrentarse a estos grandes pulpos que buscan controlar todo lo que puedan. Bueno, Milei es su empleado. Cuando deje de servirles lo descartarán por otro.
No hay que perder de vista que los buenos vínculos de Milei con Trump no necesariamente van a significar una lluvia de dólares. Trump en la teoría es un proteccionista y va a intentar resguardar y robustecer los intereses de EEUU. La economía argentina en buena parte no es complementaria con la norteamericana, sino que compite. Aquí tenemos el primer escollo. ¿Harán esfuerzos para sostenerlo de todas maneras con más préstamos del FMI o de otros organismos internacionales? Puede ser, el tiempo lo dirá. Lo que queda claro es que nada será color de rosas.
Ahora, mientras el presidente y sus rufianes les hacen el trabajo sucio a las grandes corporaciones multinacionales y a los Fondos Buitres, y hacen negocios con sus “amigos” locales como Galperín, Roca, Midlin, entre algunos otros, millones de argentinas y argentinos, y de personas de otras nacionalidades que eligieron nuestro país para vivir, padecen las consecuencias.
La pregunta es: ¿lo que Milei tiene enfrente alcanza para evitar el saqueo y la entrega del país? Por un lado, tenemos a muchos gobernadores que se acomodan según la circunstancia, diputados y senadores que hacen lo propio, una interna en el peronismo que en lugar de ayudar a construir una alternativa parece estar pensando más en quién tiene la lapicera para poner los nombres en las listas del 2025, un sector importante de CGT preocupada por negociar (para sostener sus negocitos) pero que acompaña el sablazo a los salarios que lleva adelante el gobierno nacional, y un sector financiero (de nacionales y extranjeros) donde se están haciendo una panzada.
Por el otro algunos gobernadores (los menos) que se plantan y enfrentan el ajuste como pueden, algunos diputados y senadores que no traicionaron el mandato de sus votantes y dan la batalla en esa trinchera, algunos sindicatos que se plantan ante el ajuste, sobre todo ligados a las CTA’s y la Corriente Federal de los Trabajadores, y a las organizaciones populares nucleadas en la UTEP.
El año pasó así entre anuncios de recortes y envío de leyes para flexibilizar tal o cual política, y sectores organizados que dieron la pelea en el micromundo que les tocó. Como siempre, los sectores más necesitados fueron los más solidarios con el resto, pero a diferencia de otras oportunidades, esta vez no se inmolaron y salieron a “romper todo” como antaño. Pero de todo ese berenjenal, por ahora, al menos por ahora, al empleado de peluquín las cosas parecen estar saliéndole bastante bien. No para beneficio del pueblo argentino, sino para un sector minoritario: los mega ricos y sus terminales internacionales.
¿Esto quiere decir que el pueblo argentino se rindió y quiere entregar la patria al capital transnacional? No, definitivamente no. Como siempre, el poder pretende hacer negocios, sus cómplices ejecutan la partitura escrita en Washington o Bruselas, el problema es que nuestro pueblo se cansó de votar expresiones populares que no le resuelvan (o resuelvan a medias) sus problemas, caldo de cultivo fenomenal para la aparición de figuras como Milei que desde las redes sociales vociferan cosas grandilocuentes, pero con cero fundamentos prácticos.
Así las cosas, este 2024 termina en una relativa calma pese al cimbronazo que significó el primer año de gatito mimoso con peluquín de león. Habrá que ver qué sucede en lo que resta del año y en el verano, sobre todo en las fiestas, fechas emblemáticas de nuestro pasado reciente. Habrá que ver si el campo popular puede generar los mecanismos de resistencia y de lucha que le permitan desarticular la andanada de entrega del gobierno libertario en complicidad con el PRO y otros. Habrá que ver qué gestamos como propuesta para nuestro pueblo, porque si algo quedó claro con la llegada de Milei, es que la forma de hacer política tal como se la venía haciendo murió, y si no lo hizo hay que terminar de matarla y gestar algo nuevo, de lo contrario seguiremos de fracaso en fracaso dejando que el tren de la historia pase frente a nuestras narices.
El mundo está cambiando y al parecer (o al menos por lo que dicen los que saben) ni siquiera una guerra nuclear podría impedir que esas transformaciones globales se concreten, lógicamente, porque ante una conflagración de esas características todo el mundo perdería. Pero, nunca puede descartarse un escenario de ese tipo, sobre todo si consideramos el grado de locura que han demostrado desde ese Occidente Colectivo, que parece más propenso a la guerra que un mosquito a picarnos. Debemos prepararnos para esos cambios, sabiendo que no serán escenarios amigables o fáciles de transitar en el mediano/corto plazo.
Para concluir, afirmar que muy posiblemente el 2025 será un año muy turbulento, no solo por lo que pueda suceder en nuestro país, sino fundamentalmente, por lo que pueda suceder desde que se publique este análisis hasta la asunción de Trump de su segundo mandato, y lo que pueda devenir a posteriori. Pero como decimos desde inicios de año, “en tiempos difíciles somos más Trinchera que nunca”, y porque como decía el Che: “si el presente es de lucha, el futuro será nuestro”.
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Como diría Masetti: “Somos objetivos pero no imparciales. Consideramos que es una cobardía ser imparcial, porque no se puede ser imparcial entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto, entre el oprimido y el opresor”
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El engendro dijo que Argentina estaría a disposición para cumplir el sueño de volver a América (que ni siquiera es Norte América, sino EEUU) “Grande otra vez”, parafraseando al magnate de peluquín que “retomará las riendas” del imperio. Este personero cree que ello será recíproco. Veamos por qué no lo será.
De lo primero que sería necesario hablar es del contexto en el que se dará esta segunda vuelta de Trump frente al Despacho Oval. El mundo cambió -y bastante- desde su primera administración y si bien puede que puede parecer que sus aires triunfalistas parezcan auspiciar una regeneración norteamericana, la realidad es bastante más compleja que slogans y bravuconadas por twitter.
De lo general a lo particular
Ya lo hemos dicho en más de una oportunidad, pero este mundo está en guerra. No como las de las películas o de la manera convencional en la que nos la han contado, la guerra cambió, mutó. Lo que antes eran bombardeos y tropas movilizadas de un lado a otro, ahora son otras cosas. Porque si hay algo que es seguro, es que no son lineales, se han vuelto tan complejas, que para la mayoría del planeta parecen pasar desapercibidas.
Primero, lo primero. Tal como lo afirmábamos en reiteradas oportunidades, el mundo se encuentra en una disputa colosal entre dos grandes formas de comprender la vida política y el desarrollo cultural de los pueblos que lo habitamos: Globalistas versus Soberanistas. Lógicamente esta conceptualización no es de quien suscribe, sino del analista geopolítico mexicano, Alfredo Jalife Rahme. Desde este prima, hay una primera división de aguas entre aquellos que fomentan la globalización y con ello la “ruptura de fronteras”, y aquellos que fomentan el proteccionismo de sus Estados nacionales. Simplificando en extremo un análisis riguroso sobre los detalles en esta dicotomía, mientras los primeros están más anclados al capital financiero/especulativo (Wall Street/City de Londres), los segundos al viejo sistema capitalista productivo o industrial.
Parados desde este ángulo, la disputa entre Harris junto a los Demócratas (en su mayoría globalistas, al igual que muchos republicanos) y Trump (soberanistas y en minoría incluso dentro de su partido), graficaba un segundo peldaño de esta batalla conceptual con repercusiones concretas sobre la vida de las personas. Es desde ésta lógica que vamos a podemos entender por qué Trump, Xi Jimping, o Vladimir Putin pueden tener muchas coincidencias en distintos planos.
🚨 ⚡ ESTE ES EL HOMBRE QUE DIRIGE EL MUNDO Y NADIE HABLA DE ELLO
Tiene más de $ 12 billones en activos.
Tanto las multinacionales como gobiernos enteros están en la palma de su mano.
Se enriqueció con las dos crisis económicas mundiales más graves del siglo XXI.
Un ejemplo bien concreto es la guerra: los Demócratas y sus corporaciones militares han demostrado amar la guerra en el último tiempo, y ejemplos hay de sobra. En oposición, Trump dijo en campaña que acabaría con las guerras en 24 HS. La explicación es simple, la guerra sólo es negocio para quien vende las armas y para quienes se accedan a la reconstrucción luego de que terminan. Y continuando con el ejemplo, los grandes Fondos de Inversión como BlackRock, State Street o Vanguard son los principales accionistas de las principales empresas armamentísticas de los Estados Unidos: Lockheed Martin, Raytheon Technologies, Boeing, Northrop Grumman y General Dynamics. Quienes quieran profundizar, pueden leerse el interesante informe producido por la analista económica y asesora de la Comisión de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Senado, Carolina Flynn. Y ¡Oh casualidad! También son los principales accionistas de las principales constructoras a nivel global, sobre todo las occidentales, aunque en alguna china también están metidos, sobre todo Vanguard.
Guerras como la de Ucrania entonces, no sólo cumplen un papel fundamental para intentar desestabilizar a Rusia en términos geopolíticos, sino que además son un jugoso negocio para estos Gigabancos (como los llama Jalife).
Arriesguemos una tesis en base a lo dicho por Trump de que con un llamado telefónico resuelve ese conflicto: Ya hicieron dinero con la guerra; saben que la tienen perdida desde hace bastante tiempo, involucraron a Europa y ahora se lavan las manos; al hacerlo desplazan a la UE como competidor al tiempo que la someten a sus designios y la separan del gas (barato) ruso, obligándolas a comprarles el gas de esquisto que producen en Gringolandia. En resumen, el asunto de destruir está terminado. En enero cuando asuma Trump presionará para que la reconstrucción la hagan las empresas donde los accionistas son estos FDI: Vinci, ACS, Lennar, entre otras. Eso sí, para este punto murieron desenas de miles de personas, sean de la nacionalidad que sean.
El significado de MAGA para los estadounidenses
Ya de por sí lo que parece ser el armado de Trump, causa escalofríos. Seres repugnantes como el gusano de Marcos Rubio (propuesto como Secretario de Estado) encabeza la lista de lo que a primera impresión significará una guerra descarnada contra el BRICS, fundamentalmente contra China e Irán. Con China por ser su competidor directo en cuanto a producción industrial y tecnología y con Irán por ser su competidor directo en un punto neurálgico del mundo como lo es Asia Occidental. Si alguno cree que el Ente Sionista es independiente, está viendo una película de Netflix (que es de Obama, uno de los demócratas que perdió).
Es muy probable que, en este escenario, tal como lo advirtió, Trump intente poner mayores aranceles a productos chinos, busque forzar a que países del sur global rompan sus alianzas o vínculos con el gigante asiático y un sinfín de medidas para revertir su situación. El problema es que los norteamericanos están casi quebrados: su deuda ascendió por primera vez en su historia a más de 36 billones de dólares lo cual representa un 140% de su PIB. ¿Con qué dinero van a financiar todo lo que tendrían que hacer para volver a ser una gran nación? Si imprimen más, generan más inflación interna. ¿Bidcoin’s? Nuevamente aparece BlackRock, uno de los mayores tenedores de esa cripto. ¿Larry Fink los va a financiar? ¿A cambio de qué? ¿Será por eso que quieren desregular la educación, la salud y demás áreas en EEUU?
Todo este descalabro en un contexto donde Trump deberá luchar contra las trabas burocráticas del Estado norteamericano. ¿Hará purgas? ¿Se saltará las leyes y hará las cosas por decreto como Milei? ¿Lo dejarán vivir para contarlo?
El MAGA para Argentina
Tal como lo han dicho muchos analistas (aunque no tengan muchos rebotes en la prensa local) Trump es un “nacionalista” (aunque el concepto sería soberanista). Milei, como buen perrito faldero, no es soberanista, por eso está desregulando todo lo que puede en el menor tiempo posible. En un escenario recesivo quienes ganan son los grandes capitales, principalmente extranjeros, y volvemos a nombrarlos, pero porque son los jugadores que hay: BlackRock, Vanguard, State Street. Las empresas que ellos controlan al igual que las de los funcionarios del actual gabinete seguramente serán las grandes ganadoras no sólo de las desregulaciones en nuestro país, también lo son en otros países de Nuestra América o en Europa, simplemente no salen en la portada de los diarios como los grandes pulpos de occidente que empiezan a controlarlo todo.
Educación superior, salud, obra pública, extracción de minerales estratégicos, hidrocarburos, construcción de viviendas; no hay distinción para estos gigantes, lo que les importa es tener rentabilidad y ganancias para sus accionistas. Ergo, pretenderán arrebatarnos derechos y conquistas que llevaron siglos de luchas, para “volver a hacer grande a América”. Así como la deuda externa es una forma de saqueo y rapiña, ahora también lo será el intento de entrega de sectores claves y estratégicos de nuestro país. Y no es que sea un secreto, Milei lo dijo clarito en su mensaje de a Trump luego de conocerse el resultado electoral. De paso financierizarán aún más nuestra economía, pretendiendo hacernos creer que ello significa crecimiento, desarrollo y prosperidad.
Y lo mismo intentarán hacer con otros pueblos hermanos, tampoco creamos que somos el ombligo del mundo. El problema es que acá, el payasito de los multimillonarios, le está haciendo el trabajito gratarola.
¿Desaparecerán las guerras? Habrá que verlo. Posiblemente muten a operaciones especiales y direccionadas. ¿Logrará reindustrializar nuevamente a EEUU? Difícilmente en un mandato. ¿Lo van a dejar vivir para contarlo? Otra cosa dudosa, recordemos a JF Kennedy. ¿Será más pacífico el mudo? Definitivamente no, intentarán por medios mucho más sofisticados romper el emergente multipolar y multinodal que significan los BRICS. La agencia estatal rusa TASS afirmó recientemente que muy posiblemente intenten derrocar los gobiernos de Venezuela y de Brasil, y busquen enemistar entre sí a los principales jugadores del bloque: Rusia, China e India.
Vivimos en un mundo en guerra, y no comprenderlo y asumirlo nos puede llevar a errores garrafales o a no entender lo que está en juego en el mundo. Porque tal como lo afirmamos en el título de este editorial, MAGA no significa sólo “Make América Great Again”, sino que con ante estos Muchos Ajustes, (solo) Ganan Algunos.
Nicolás Sampedro
Prefiero escucha antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.
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