Un trans en la corte isabelina

Un trans en la corte isabelina

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

El primer transexual de la literatura escondido entre los oropeles de la corte inglesa

Advierto que esta columna comienza con un tono innecesariamente autorreferencial. Le debía hacía mucho a mi biblioteca “una Virginia Woolf”. Sospecho que mi insistencia tuvo algo que ver con que un amigo -con el que nos pasamos revoleándonos libros de regalo- me obsequiara Orlando. Una Biografía (¡Gracias, Juan!)
Lo leí en medio de ese sopor insoportable del último verano. A la altura de unas 4 o 5 páginas estaba claro por qué esta anglosajona de principios de siglo XX había logrado quebrar los mal disimulados reparos en que una mujer que escribe escape de las persistentes temáticas de amor romántico. Y a la altura de un cuarto de libro recuerdo que me incorporé de la silla, cerré el libro y dije algo muy trascendente: ¡Jodeme…!
Voy a los bifes que explican lo expuesto:
Orlando es un aristócrata inglés del siglo XVII. Es hermoso, soltero, culto y tremendamente rico. No sueña con otra cosa que con ser un poeta digno. Hasta acá parece apenas una novela (con un tenue tono paródico) de aventuras de un caballero de la corte isabelina: accede a mucho poder político gracias al impacto que provoca su belleza en la reina Isabel; luego cae en desgracia y se aleja de la corte; se enamora de una princesa rusa que lo deja plantado cuando estaban a punto de huir; Orlando vaga con el corazón roto por su inmenso castillo tras la pérdida de su gran amor; viaja a Turquía como embajador, huyendo de las pretensiones de matrimonio de un grupo notable de mujeres.
¿Y por qué mi impacto? Una noche Orlando se duerme y a partir de un inesperado hecho fantástico despierta a la madrugada convertido en mujer. Nadie, menos aún él –ella-, se espanta por lo ocurrido. Al estilo del fantástico rioplantense Orlando y su entorno toman con absoluta naturalidad la conversión de identidad sexual.
No es la única transgresión fantástica de esta novela, Orlando además vivirá casi 3 siglos sin nunca superar los 36 años.

La autora “usa” a Orlando ¿Para qué? Parece una parodia, pero en realidad es una novela de fuerte contenido político que está sostenido por una multiplicidad de pequeños símbolos. Woolf castra alegremente a su personaje como una forma de tesis que expone que las diferencias entre los dos sexos no afectan a la psique ni al alma de las personas. La transformación de Orlando no altera sus anhelos y deja en evidencia la estupidez de la repartición binaria de deseos y cualidades. La aguda crítica queda expuesta con la infinidad de posibilidades que Orlando pierde luego de su transición. El protagonista está azorado al registrar impensadas formas de opresión desde su nueva identidad sexual. Las siente en el cuerpo, en la cabeza, en algo parecido al alma; la cultura, la libertad corporal, la sensualidad e incluso toda forma de diversión le son restringidas de golpe.
Mientras tanto, desde la otra parte del hecho fantástico –una especie de inmortalidad del protagonista que le permitirá vivir más de trescientos años- Virginia Woolf explica el carácter sistémico de la hegemonía política, cultural y económica europea, siempre en las mismas manos.
Y como si todo esto no fuera suficiente, aparece de vez en cuando un hermoso ganso salvaje que a todas luces representa el estado creativo que quienes abrazamos alguna de las formas del arte perseguimos y que llega y se va sin que podamos retenerlo.
La gran carga simbólica de todas estas alegorías nos hacen percibirlas no como hechos literales sino como alegatos poéticos sobre la vida, la muerte, la identidad, la libertad y la literatura.
Si acaso aún tuviesen alguna duda sobre leer Orlando. Una Biografía, agrego que un tal Jorge Luis Borges hizo la primera traducción de esta novela y que en la contratapa usó la palabra “originalísima”

Amanda Corradini

Mujer de trincheras: Reparte su vida entre la trinchera de la Escuela Pública, la de su biblioteca y la que guarda algunas banderas que gusta agitar. Todo regado de mate dulce, Charly García y un vergonzoso apego por el humor infantil.

 La barbarie se revela y se rebela

 La barbarie se revela y se rebela

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

¿Y si existiera alguna versión de un Mesías en un mataco pobre y huraño? Así nos adentramos al “Eisejuaz” de Sara Gallardo

Un hombre distinto, un elegido. Pobre por elección y sabio por mandato. Dios le habla sólo a él, como si fuera su padre lo manda a peregrinar por las calles polvorientas de su tierra ofreciendo parábolas difíciles de desentrañar y curaciones imprevistas. Se enfurece con lxs de alma impura  y divaga solo por paisajes desolados en arrebatos fervorosos de meditación y ayuno.

¿Y si existiera nuestra propia versión del Mesías en un mataco simple y huraño?

Existió. Este mesías sudaca se llamaba Lisandro Vega y logró pasar a la inmortalidad literaria gracias a la mirada sagaz de Sara Gallardo que lo conoció por azar, lo midió como personaje  y lo erigió en novela. 

¿Quién era/es Sara Gallardo? (1931 – 1988). En principio una mujer que no tuvo nada que envidiarle a las Ocampo en cuanto a holgura económica y linaje. Descendiente de al menos tres generaciones de antepasados con una fuerte influencia cultural y política en la historia del país. 

Era bisnieta de Miguel Cané y tataranieta de Bartolomé Mitre; Su bisabuelo escribiría toda su obra alineado con el mandato blanco-burgués-eurocentrista, pero Sara iba a espantar a su linaje, no por la profesión que abrazó sino por cómo eligió entenderla que es como interpretó a su país. Fue periodista y escritora y huyó con elegancia de los recatos culturales de la clase a la que pertenecía.. 

En un viaje a Salta en 1967 conoce por casualidad a Lisandro Vega, un integrante de la comunidad mataca que insiste en que lo llamen Eisejuaz (cuyo significado es Este También). Eisejuaz dice que Dios le habla, que le pide cosas. Parece tener algún tipo de brote psicótico y anda vagando por las calles comportándose de forma impredecible y profética.

Sara se fascina con este personaje, es porque aún antes de escribir sobre él, entiende todo. Vence con perseverancia el cerco de hostilidad del hombre y logra  entrevistarlo por tres horas, escribe una brillante crónica periodística pero la posibilidad de una novela será inminente. En 1971 Eisejuaz se publicará por primera vez.

Gallardo hace dos cosas extraordinarias con esta novela: En principio se desliza sin problemas al universo subjetivo masculino, incluso uno mucho más intrincado como puede ser el de un norteño venido de otra cultura y otra geografía; lo capta, lo entiende y lo escribe, rompiendo entonces el mito de que hay “formas femeninas y masculinas de escribir” y honrando con el ejemplo a Virginia Wolf que advertía que las mujeres lo único que necesitamos para “escribir como hombres” es un cuarto propio.

Lo otro magistral es el lenguaje que construye para el protagonista. Como lo hizo el enorme Juan Rulfo en Pedro Páramo, este personaje se revela y se rebela desde su voz, por eso la autora le construye un idiolecto propio, impactante no sólo por lo poético sino por los juegos de sintaxis que están cargados de sentido político. Eisejuaz, no es apenas un personaje singular americano, es pobre, es norteño, es mataco. Lxs matacos -al menos hasta 1967-  eran el centro de toda la marginalidad posible: rechazadxs incluso por lxs gringxs pobres y por otras comunidades originarias. A Eisejuaz no le importa, tiene cosas que enseñar y denunciar en esos monólogos existencialistas y metafísicos. Lo esclarece todo en lo negado de América, en lo reprimido y denigrado: en “la pequeña historia” está la historia colonial de América continuada por los gobiernos criollos en sus enclaves urbanos “modernos” occidentales.

Sara Gallardo se ríe de su linaje civilizado y señala con el dedo la barbarie como un mundo real cargado de sentido, cultura e ideología propia. 

Eisejuaz es bueno y es cruel, está psicótico y está tremendamente sano, cura y castiga, es sabio y es contradictorio.

El hijo de Dios.

Amanda Corradini

Mujer de trincheras: Reparte su vida entre la trinchera de la Escuela Pública, la de su biblioteca y la que guarda algunas banderas que gusta agitar. Todo regado de mate dulce, Charly García y un vergonzoso apego por el humor infantil.

La Moralidad Escondida en el Baño

La Moralidad Escondida en el Baño

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

Ciencias Morales: la autoridad deformada, la vigilancia perversa dentro y fuera de una chica de veinte años enferma como todxs por la época

Todo lo que está bien, lo indica Dios. Teresa entiende esto y también entiende que se activa a través de un dispositivo simple: Dios se manifiesta a través de la norma, la norma se acepta, se cumple prolijamente y sobre todo se muestra. Es necesario demostrar cuán comprometidx se está en la dedicación por cumplirla.

Marzo de 1.982. María Teresa Cornejo vive con su madre, su hermano ha sido llamado al deber de defender la Patria, Teresa no entiende ni le importan mucho las implicancias de esto, apenas le parece que está bien que esté en las Malvinas. Tiene 20 años y acaba de conseguir trabajo como preceptora en el Colegio Nacional. El señor Biasutto es el jefe de preceptores y rápidamente se vuelve su maestro y asesor en cuestiones de cómo aplicar disciplina. La chica se fascina con la rectitud del señor Biasutto, no piensa en él como hombre, no se siente atraída físicamente por él en absoluto, es una admiración casi filial, de alguna manera Teresa entiende que Biasutto es un referente de la moralidad  y no quiere decepcionarlo, una convicción apasionada por aplicar disciplina le recarga sentido a su abúlica vida.

Los colegios secundarios a principios de 1982 son cuerpos recuperados de la enfermedad de la subversión, pero esa no es excusa para relajarse, hay que cuidarlos minuto a minuto, resguardarlos de las esquirlas de la enfermedad que pueden haber quedado luego de 7 años de extirpar y extirpar. Para eso es vital la vigilancia del cumplimiento de las normas, así se mantienen pulcras cada una de sus células. 

Martín Kohan elige dos ejes simultáneos de narrativa del autoritarismo: el colegio es un cuerpo social totalmente impregnado de lo que sucede afuera, como cuerpo se inclina, se doma a sí mismo ante la autoridad desquiciada y aniquiladora de toda forma de pensamiento libre, pero acá también está la historia de lo que le pasa a Teresa con la obediencia, la vigilancia, la delación. 

El señor Biasutto, la guía, la adoctrina paternalmente, le relata el labor arduo de los años anteriores; se deja admirar por la chica, orgulloso de haber delatado en años anteriores a decenas de estudiantes “que gracias a Dios fueron extraídos como un cáncer” le dice en un despliegue de galanteo.

Teresa, dócil, pulcra, fascinada, presiente que alguno de sus alumnos varones se escapa a la zona de los baños a fumar; quiere ganarse el premio de ser la más eficiente preceptora del señor Biasutto y trama una estrategia: se esconde esporádicamente algunos minutos por día en uno de los baños esperando interceptar al descarriado. Pero pasan los días y sólo escucha cómo orinan en los baños contiguos adolescentes de dieciséis  años. El tiempo de escondite comienza a prolongarse; la mano talentosa de Kohan va difuminando el sentido de la estrategia de espionaje  de la protagonista. Encerrada a intervalos cada vez más largos espera el sonido de cierres de pantalones y el registro de la orina cayendo sobre los inodoros vecinos. A Teresa le pasan cosas, no sabe qué es (parece estar amparada por la causa, por esa contricción por el deber) pero le pasan ¿No sabe o prefiere no saber que ese hábito gozoso de guardarse en los baños cuelga fuera de su compromiso inobjetable por el control de la aplicación de la normativa?

Y luego todo se derrumba para María Teresa Cornejo. Elegiremos decirlo de alguna forma que evite el spoiler del rumbo de esta historia: digamos que Teresa sorprende a su Dios en camiseta manchada de comida, robándole la billetera a una viejita.

Ciencias Morales ganó el premio Herralde a mejor novela en 2.007. Martín Kohan   – uno de lxs autorxs más talentosos y leídos de nuestra época- logra contarlo todo a través de sostenidas elipsis, lo esencial nunca es nombrado, lo muestra a través del clima insoportable del colegio, del espantoso Biasutto y del proceso interno que sufre su protagonista hasta su desgarramiento final.

 No es una novela sobre los mecanismo de autoritarismo, Ciencias Morales cuenta lo que le pasa a las personas con la sumisión y naturalización de ese abuso, con la tensión entre el auto convencimiento de que ese orden es bendito y meritorio y lo que pugna por reventar -como siempre- de adentro hacia afuera

Amanda Corradini

Mujer de trincheras: Reparte su vida entre la trinchera de la Escuela Pública, la de su biblioteca y la que guarda algunas banderas que gusta agitar. Todo regado de mate dulce, Charly García y un vergonzoso apego por el humor infantil.

Réquiem para la lengua de la revolución

Réquiem para la lengua de la revolución

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

El Orador de la Revolución de Mayo se está muriendo de un cáncer en su lengua. No le importa, hasta el final insistirá con denunciar a los traidores y explicar la verdadera utopía revolucionaria

¿No intentamos en la columna pasada pensar en la resistencia, significándola desde los lugares donde se aloja? 

Acá volvemos a merodearla porque inevitablemente aparece, aunque desde otra perspectiva, cruda, inconfortable: la resistencia en estado de confusión  (como los primeros momentos de conciencia luego de un desmayo), y en este caso estremecida de derrota…

Esta es otra forma de recorrerla. Y no. Y este es otro universo literario. Y no.

¿Qué revolución compensará la pena de los hombres? le hace decir Andrés Rivera a “su Castelli”, protagonista de la novela histórica La Revolución es un Sueño Eterno

Andrés Rivera (1928-2016) extiende su brazo literario y elige con exquisita sagacidad contarlo a Castelli. No a Belgrano, no a Moreno, a Castelli…

Juan José Castelli ¿uno de los representante de la Primera Junta? Sí ¿El gran orador de la Revolución de Mayo? También, pero fue mucho más que eso. Junto a su primo y amigo Belgrano y junto a Mariano Moreno integró el grupo más radical y osado de los rebeldes criollos de principio del siglo XIX. Entendió como nadie la dimensión del fenómeno político del que participaba y por eso se negó a hablar de revolución si no incluía a los pueblos originarios, al pobrerío, a lxs analfabetos.

Pero en La Revolución es un Sueño Eterno es 1812 y los hechos de Mayo transmutaron en algo amorfo. Castelli, está confinado en su casa y es ahora apenas un hombre solo, con el cuerpo enfermo y el espíritu vencido. Una herida de cigarro mal curada en su lengua progresa rápidamente a un cáncer letal.  Con las pocas fuerzas que le quedan escribe en un cuaderno de tapas rojas sus pensamientos y recuerdos. Ya no es tiempo de jugarse la vida echando godos de la fronteras ni de sus vibrantes discursos en pos del sueño de emancipación libertad y justicia, y el porqué no fue posible ese sueño se convertirá en la obsesión de sus últimos días: “¿acaso hay alguna revolución que pueda compensar la pena de los hombres o se trata, simplemente, de un sueño imposible?” reflexiona en su cuaderno.

Se pudre su lengua y se pudre el discurso revolucionario como una paradoja brutal;  acá no habla un héroe, habla un hombre político derrotado. La facción moderada de la Primera Junta se quedó con todo. El poder se traspola del imperialismo europeo a la incipiente burguesía criolla más o menos con la misma estructura.

Esta pequeña y explosiva novela gana el premio nacional de literatura en 1992. Es justo. Rivera encuentra el tono exacto deambulando entre lo poético y lo político y lo usa para escribir un relato históricamente creíble e ideológicamente formativo: se iluminan a través del monólogo de Castelli las zonas más difusas de aquella época que intentó parirnos como nación, en el acostumbrado cruce entre ficción y realidad que se espera de una novela histórica, el autor va desenmascarando lo que ocultaron los discursos históricos dominantes, aún los más progresistas. 

¿Qué es la Patria? ¿Quiénes somos la Patria? ¿Qué es ser un patriota y qué pasa cuando los más comprometidos pierden y les arrebatan material y discursivamente la revolución soñada? Todas las respuestas aparecen fácilmente gracias a esta joya literaria de Rivera.

“Juré que la revolución no sería un té servido a las 5 de la tarde”, escribe Castelli. Vencido pero porfiado, moribundo pero aún encendido, se quedó sin lengua pero usará su último cachito de vida para insistir explicando la utopía. Nada, absolutamente nada de lo que hallamos en esta novela es mera coincidencia con el presente.

Amanda Corradini

Mujer de trincheras: Reparte su vida entre la trinchera de la Escuela Pública, la de su biblioteca y la que guarda algunas banderas que gusta agitar. Todo regado de mate dulce, Charly García y un vergonzoso apego por el humor infantil.

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