De Kirchner a Milei: La disputa por la memoria

De Kirchner a Milei: La disputa por la memoria

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El gesto del ex presidente en la ex ESMA, al ordenar bajar los cuadros de Videla y Bignone, consolidó una política de Estado basada en memoria, verdad y justicia. A medio siglo del golpe, la idea del actual mandatario, Javier Milei de firmar un indulto a los militares abre un debate opuesto: ¿Qué lugar ocupa la memoria en la Argentina actual?

El gesto del 2004: memoria como política de Estado

El 24 de marzo de 2004 el entonces presidente Néstor Kirchner tomó una decisión que haría historia: ordenó que los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, que estaban colgados en una de las galerías del Colegio Militar de El Palomar fueran retirados. 

Tras saludar a los estudiantes que aguardaban su llegada, Kirchner se trasladó hasta la denominada “galería de directores” del Colegio Militar, donde, luego de darle la escueta orden de “proceda”, Bendini, descolgó los cuadros con los rostros de los dictadores Videla y Bignone que nunca, desde el retorno de la democracia, habían dejado de estar exhibidos en el lugar. 

En el discurso que pronunció tras el emblemático gesto, Kirchner insistió a las Fuerzas Armadas a “nunca más utilizar el terrorismo de Estado y las armas contra el pueblo argentino” 

“Nunca más tiene que volver a subvertirse el orden institucional en la Argentina. Es el pueblo argentino por el voto y decisión de él mismo, quien decide el destino de la Argentina. Definitivamente terminar con las mentes iluminadas y los salvadores mesiánicos, que solo traen dolor y sangre a los argentinos.”

En una breve alusión , Kirchner señaló que “no hubiera querido nunca tener que estar ante esta instancia, porque recordar el 24 de marzo de 1976 es uno de los instantes más dolorosos y más crueles que le ha tocado vivir a la historia argentina en su conjunto.” 

Los cimientos de la justicia por delitos de lesa humanidad

La CONADEP (Comisión Nacional por la Desaparición de Personas) fue una comisión asesora creada por el presidente Raul Alfonsin el 15 de diciembre de 1983 con el objetivo de investigar las graves, reiteradas y planificadas violaciones a los derechos humanos cometidos durante la última dictadura militar. 

Tras recorrer todo el país en busca de testimonios de sobrevivientes, de familiares, de represores y de los edificios utilizados como centro de detención, realizaron un inventario de todas las desapariciones denunciadas. La comisión produjo un informe final, nombrado Nunca Más, que registraba parcialmente la existencia de 22000 desaparecidos y 380 centros clandestinos. 

En 1984, la Cámara Federal desplazó al tribunal militar ante la evidencia de la demora injustificada de la justicia militar para enjuiciar a las juntas militares, por lo que se hizo cargo de la causa literalmente. Entre el 22 de abril y el 14 de agosto de 1985 se realizó el juicio en el que declararon 833 personas, entre ellos ex detenidos desaparecidos, familiares de las víctimas y personal de las fuerzas de seguridad. El juicio demostró la responsabilidad de los jerarcas de las juntas y la falsedad de cualquier hipótesis sobre “excesos propios de cualquier acción militar” como pretendían los comandantes. 

Luego del juicio a las juntas militares y de los alzamientos “carapintada” se dictaron dos leyes, Ley de Punto Final y Obediencia Debida que detuvieron las causas por los crímenes cometidos durante la dictadura. Estas normas, conocidas como “leyes de impunidad”, se dictaron por iniciativa del gobierno de Alfonsín, para intentar contener el descontento de la oficialidad del Ejército Argentino, eximiendo a los militares por debajo del grado de coronel.

En 2003, el Senado de la Nación sancionó la anulación de las leyes de Obediencia Debida (23.521) y Punto Final (23.492), que impedían que se juzgue a los responsables de los delitos de lesa humanidad. El 2 de septiembre de ese mismo año el Poder Ejecutivo, a cargo del entonces presidente Néstor Kirchner, promulgó la Ley 25.779 que declaró la nulidad de las leyes. 

Desde 2006, la justicia argentina condenó a 1.202 personas por el delito de lesa humanidad, mientras que 213 resultaron absueltas. Esta cifra refleja el esfuerzo sostenido de los tribunales y las fiscalias para juzgar los crimes de terrorismo de Estado y garantizar derechos a las victimas y sus familias. 

50 años después: Milei y la propuesta de indultar a militares

En el entorno del presidente Javier Milei se estudia la viabilidad de otorgar un indulto a los militares condenados por crímenes de lesa humanidad, una medida que de concretarse, podría anunciarse el 24 de marzo, fecha en la que se conmemoran cinco décadas del inicio de la última dictadura militar Argentina.

Foto extraída de Visión política

Fuentes cercanas al Gobierno indicaron que el análisis incluye evaluaciones jurídicas, políticas y comunicacionales, aunque en este momento no existe una decisión definitiva. La fecha considerada tiene un fuerte significado histórico. El 24 de marzo se recuerda en todo el país como el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, jornada que reúne cada año actos oficiales y movilizaciones sociales en repudio al terrorismo de Estado. 

Según la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, actualmente permanecen detenidas 539 personas condenadas por delitos vinculados al terrorismo de Estado, de las cuales 454 cumplen arresto domiciliario.

La iniciativa, según trascendió, también se enmarca en la interna oficialista. La vicepresidenta Victoria Villarruel construyó su identidad política alrededor de la agenda de la “memoria completa” y la defensa de militares procesados por crímenes cometidos durante la dictadura. Un eventual indulto permitiría a Milei apropiarse de esa bandera y disputar el llamado “voto militar”, un segmento que la vicepresidenta considera propio. 

Distintos juristas recuerdan el antecedente de los indultos firmados por Carlos S. Menem en los años ‘90, que beneficiaron a los militares y civiles condenados por crímenes de la dictadura, y advierten que una decisión similar hoy podría enfrentar fuertes cuestionamientos judiciales y eventualmente marcados como inconstitucionales. 

Aunque la decisión final todavía no fue anunciada, el simple hecho de que el Ejecutivo está evaluando la medida anticipa momentos de suma tensión para un año particularmente sensible por el cincuenta aniversario del golpe de Estado. 

Del consenso democratico al riesgo del retroceso

A cincuenta años del golpe de Estado de 1976, la Argentina se encuentra nuevamente en un dilema histórico: mantener la memoria como una política de estado o abrir la puerta a un retroceso en materia de derechos humanos. El gesto de Néstor Kirchner en 2004 simbolizó la decisión de enfrentar el pasado y consolidar un camino de justicia que se sostuvo durante dos décadas. La propuesta de indultar a los militares condenados, interpela directamente en ese consenso social y jurídico construido con enorme esfuerzo.

La memoria es una práctica que se vive en el presente y proyecta el futuro. En un país en donde las heridas de la dictadura laten en miles de familias, la discusión sobre los indultos no es solo legal o política, también es ética y cultural. La pregunta es si la Argentina seguirá siendo ejemplo en el mundo por su compromiso con la verdad y la justicia o si elegira relativizar el terrorismo de Estado. 

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No nos han vencido, ni lo harán

No nos han vencido, ni lo harán

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Algunas reflexiones a propósito de las luchas por Memoria, Verdad y Justicia y los desafíos actuales de nuestro pueblo.

Desde que los medios de producción pasaron a manos de las nacientes burguesías, siempre han intentado construir un discurso hegemónico. Claro está que en un primer momento la lucha por imponer una idea era mucho, pero mucho, más pareja. Con el paso del tiempo, con el crecimiento de la concentración de la riqueza y con la creación y posterior concentración mediática, esa desigualdad ha sido cada vez más escandalosa.

La cosa se deformó a grado tal que desde hace varias décadas más del 90% de la información que se produce a nivel mundial es controlada por un puñado de agencias de noticias que cuentan al unísono una forma de comprender el mundo, una forma de narrar los hechos, una forma de generar sentidos comunes.

Aparecieron medios alternativos a ese relato abrumador, pero la lucha siempre fue en desventaja. No tienen la misma capacidad de reproducción, ni el mismo presupuesto. Ni siquiera el mismo trato ante “la ley”. Porque los poderes reales de este mundo también se encargaron de ello, de que la gran mayoría de les integrantes de los poderes judiciales respondan a sus intereses y que nuestros países tengan leyes que beneficien sus intereses.

Pero como dice el refrán: “La gente no come vidrio”. Y cuando el relato construido dista tanto de la realidad concreta y palpable que se vive en las calles, siempre se cuela la voz del pueblo. A veces comenzando con un pequeño acto simbólico, como caminar en círculos y dar vueltas en una plaza.

Habían pasado tres largos años, dos en pandemia, desde que el pueblo argentino había marchado por última vez a Plaza de Mayo alimentando su memoria, construyendo verdad y exigiendo justicia. Pero el día llegó. Decenas de miles de almas que se dieron cita para demostrarle a la derecha (no solo argentina) que los ideales de lucha de este pueblo están vivos y que no se dejarán avasallar por los discursos de odio, las mentiras, el uso político de tragedias o el relato de un mundo que no existe.

Y mucho de eso se lo debemos a ellas. A ellas que, desde el dolor, el sufrimiento y la indignación, nunca perdieron las esperanzas. A ellas que, con un gesto tan simple como caminar, nos marcaron el camino. A ellas debemos decirles “gracias por tanto y perdón por tan poco”.

Rodolfo Walsh decía que “un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante; y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra”. Y por eso lo asesinaron. Porque no podían doblegar su rebeldía y su lucha revolucionaria contra esos mismos poderes que hoy pretenden continuar el saqueo de lo que es nuestro. Un Walsh, que al igual que Masetti y tantísimos otres, dieron todo lo que tenían por transformar la realidad en las que les tocó vivir.

Pese a ser contra fáctico, une siempre se pregunta qué pensarían esos referentes revolucionarios de lo que sucede hoy. Qué pensarían o qué dirían sobre aquellos que -a nuestro entender- se convirtieron en meros mercenarios de la palabra, que repiten libretos armados y que buscan todas las formas posibles para deslegitimar las luchas de nuestro pueblo.

Sin miedo a equivocarnos, nos arriesgamos a decir que seguramente muches de ustedes estarán pensando o gritando las mismas frases -o muy similares. Y está bien que así sea. Pero qué hacemos con aquelles que se dicen apolíticos, qué hacemos con quienes no quieren, no pueden o no les interesa comprometerse a… Porque la solución de la derecha para borrar del mapa a quienes les enfrentan es simple: “miente, miente que algo quedará”; o lo que es peor: “hay que exterminarlo de la forma que sea”.

Mientras tanto el mundo sigue girando, se comienzan a vislumbrar cambios tectónicos y acá siguen discutiendo a quién le mide más la voluntad de verdad. Que pepito esto, que menganito aquello, que sultanita no habla, que bla… que bla… y que más bla… ¿Qué carajo les pasa? ¿No se dan cuenta que mientras se la miden una gran parte de nuestro pueblo se sigue cagando de hambre? ¿No se percataron que las elecciones están a la vuelta de la esquina y si la cosa no mejora nos van a llevar puestos? ¿Tan difícil es sentarse a tomar un café (o lo que les venga en ganas) y resolver las diferencias que tengan?

Como en toda lucha desigual, porque luchamos contra un monstruo de ocho cabezas, acá no sobra nadie. Faltan aún más voluntades. Falta un camino como ese que nos marcaron ellas. Falta despejar las dudas y ponerse de acuerdo no solo para sostener la unidad del campo popular, sino para avanzar con las luchas reales y concretas que tenemos por delante como pueblo.

El cipayaje está envalentonado, tiene a gran parte de las empresas de propaganda de su lado, tiene como aliados a los dueños de las redes sociales más utilizadas, tiene como proyecto el libreto armado desde Washington, tiene todo el financiamiento que se les ocurra (como el préstamo más grande que el FMI ha otorgado en su historia, que se lo fugaron). Las tienen casi todas a su favor. Lo único que queda de este lado del mostrador es la unidad y la voluntad popular.

Argentina tiene grandes desafíos. No solo el gobierno, el pueblo también los tiene. La situación actual da cuentas de que no basta con meter el voto cada dos años o movilizar en fechas conmemorativas. Hay que organizarse, hay que participar de la vida política de nuestro país, hay que renunciar a determinados privilegios y a horas de ocio para sumar ese grano de arena que entre los muchos harán la diferencia. Cada une encontrará el lugar y la forma. La indiferencia no es una opción cuando está en peligro el destino de las generaciones presentes y futuras.

Demostremos que ese hermoso cántico de cada 24 es verdad. Se lo debemos a ellas que nunca bajaron los brazos y siguieron luchando.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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