Jorge Macri implementa la “vigilancia a través del telefono”

Jorge Macri implementa la “vigilancia a través del telefono”

TIEMPO DE LECTURA: 2 min.

Según denunció ATE Capital a través de su área legal, el gobierno porteño obligará a los trabajadores del Estado a ahderirse a un sistema de conexión mediante su celular para contabilizar sus horas de trabajo, puntualidad, entre otras cosas. El sindicato advidrtió una fuerte intervención en la vida privada de los involucrados.

Desde la Asociación de Trabajadores del Estado de la ciudad de Buenos Aires (ATE Capital) se emitió un comunicado a modo de repudio y denuncia al respecto de la implementación del “sistema de control de asistencia virtual” por parte del gobierno de dicha ciudad. 

El Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, a través de su máximo titular, el jefe de gobierno Jorge Macri, implementó el sistema de geolocalización para trabajadores del Estado, mediante el cual se accede a “datos sensibles del dispositivo personal” como la ubicación en tiempo real, movimientos diarios y “aspectos de la vida íntima” como pueden ser hábitos. relaciones o información privada.

Ante dicha situación, ATE capital envió una carta documento desde su área legal  a la Subsecretaría de Gestión de Recursos Humanos, dependiente de la cartera de hacienda para “frenar la vigilancia y la precarización ilegal”. 

“Repudiamos y denunciamos la implementación del sistema de control de asistencia virtual por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Esta medida, impuesta unilateralmente bajo la gestión de Jorge Macri, obliga a las y los trabajadores estatales a fichar diariamente mediante dispositivos personales (teléfonos móviles, computadoras o tablets), con geolocalización GPS obligatoria y carga previa de domicilios y franjas horarias”, explica en una primera instancia el comunicado.

Al mismo tiempo, el escrito aseguró que no solo es una obligación de cada trabajador adherirse a sendo sistema, sino que además debe costearlo por sus propios fondos y disponer durante las horas de trabajo el teléfono con datos móviles, batería, y conectividad.

“Nadie puede garantizar el 100% de operatividad de un dispositivo personal: fallos de batería, falta de señal GPS o robo (común en trabajo de campo) generan ausentismo y descuentos injustificados automáticos”, explicó en ese sentido Romina Piccirillo, Secretaria de Comunicación del gremio y referente en la Ciudad. “Esto configura una expropiación indirecta de bienes privados y una carga desproporcionada sobre el trabajador”, añadió además.

De esta manera, según ATE, el teléfono privado se convierte en “una herramienta de vigilancia continua”, mientras que el mismo sistema “ignora la naturaleza imprevisible de muchas tareas estatales” como pueden ser visitas domiciliarias, acompañamientos urgentes en hospitales,  atención a personas en situación de vulnerabilidad, coordinación de reuniones en instituciones, entre otras.

Por último, el comunicado advirtió que “obligar a prever y cargar ubicaciones con días de antelación obstaculiza el trabajo efectivo y genera descuentos injustificados masivos, como ya ocurrió en 2024 con trabajadores afectados por fallos en sistemas anteriores y colapso de los responsables administrativos de presentismo”, y llamó a que “se abstenga de implementar cualquier sistema de control de asistencia que no contemple la realidad del trabajo en los organismos públicos”.

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Estación Quenoma: pizzas, cultura y comunidad en el corazón de La Plata

Estación Quenoma: pizzas, cultura y comunidad en el corazón de La Plata

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En pleno centro de la ciudad de las diagonales, Quenoma nació como cooperativa y con el tiempo se convirtió en algo más que una pizzería: un espacio donde la cocina, la cultura y los vínculos con la ciudad se mezclan todos los días. Un pequeño punto de encuentro donde, entre una pizza y una charla, la comunidad también encuentra su mesa.

En calle 56 entre 6 y calle 7, en pleno centro platense, se encuentra Estación Quenoma, un espacio gastronómico que combina pizzas de masa casera, propuestas culturales y una forma de trabajo cooperativa que le da una identidad particular dentro de la ciudad.

Comenzando por su nombre, este tiene una historia personal detrás, y Eugenio “Zuchy”, uno de los fundadores del proyecto, en diálogo con Revista Trinchera lo contó así: “Quenumá es el nombre de una estación de tren de un pueblo que está dentro del partido de Salliqueló en la provincia de Buenos Aires. Es mi pueblo natal y al ser uno de los fundadores de la cooperativa me tocó elegir el nombre en su momento y fue un pequeño homenaje al pueblo, en realidad a aquella estación”.

“Muchos de los pueblos de la provincia se fundan a raíz de las estaciones. Es un nombre aborigen que no tiene una traducción clara y firme, está medio difuso el significado del nombre. Pero bueno, para nosotros significa eso: las raíces y el pueblo”, prosiguió Zuchy.

En cuanto al proyecto, funciona como una cooperativa de trabajo. “Junto con Poli y Maite, que es otra de las cocineras, conformamos la cooperativa. En 2020 creo que fue o 2021 le dimos la forma jurídica y recién en 2023 realmente empezamos a ejercer como grupo y ordenarnos como cooperativa” sostuvo Eugenio, que además destacó: “Cuando hablo de cooperativa me refiero al grupo. Quenoma no es un negocio, no es una pizzería, sino que somos un grupo de trabajo y nos gustan varias cosas que tienen que ver mucho con la cultura también”.

Esa mezcla de intereses aparece también en la dinámica cotidiana del espacio. “ Está Juan, el que hace las redes y la comunicación. Después hay compañeros que estudian cine acá en La Plata y eso hace que tengamos una multidiversidad de cultura zarpada”. Y agregó: “Tratamos de crear el espacio que a nosotros nos gustaría habitar, y trabajar con gente con la cual nos da placer trabajar”.

Con respecto a sus horarios, Quenoma abre de 11hs a 15hs y de 19hs a 23:15hs, con menús de mediodía que van cambiando y servicio de delivery. Cabe señalar que en Google acumula más de 200 reseñas con un promedio de 4,5 estrellas, donde quienes pasan por el lugar suelen destacar la calidad de la comida y la atención.

“Pizzería inclusiva con muy buena variedad de pizzas, sabor exquisito, masa bien casera y con el punto de cocción justo. Los fatay son una delicia, las empanadas de carne estaban excelentes. La atención es de primera, todos son muy amables y cordiales”, señaló uno de los comentarios de clientes.

La identidad del espacio también se construye en redes sociales. Allí surgieron algunas de las propuestas que más interacciones generan con quienes siguen el proyecto, como el juego “Esquinas”, donde se publican fotos de distintos puntos de la ciudad para que la gente adivine dónde fueron tomadas.

“A mí me gusta mucho la fotografía, y medio que ahí se mezcló un poco mi estilo con el de Quenoma. Charlando salió la idea: ‘¿y si hacemos esto, sacamos una foto y hacemos una adivinanza?’”, explicó Juan, encargado de redes. “Es un juego para todos. Después me cruzaba con amigos y me decían ‘al final cuál era esa esquina’. Lo entendimos así: que Quenoma no sea solo un lugar que te vende pizza”.

Otra de las propuestas que surgieron desde ese vínculo con la comunidad fue el torneo de mascotas, inspirado en Chinchu, el perro que aparece en el logo del espacio. Juan recuerda cómo empezó: “Nuestra mascota es el Chinchu, que es el perro del logo. Venía acá y estaba siempre porque vivía ahí cerca. Entonces se lo veía y a partir de eso empezamos a hacer el torneo de mascotas”.

El espacio también funciona como punto de encuentro cultural. Desde eventos en la vereda hasta proyectos con artistas de la ciudad, Quenoma fue encontrando distintas formas de vincularse con la escena platense. “Estas cosas hablan más del lado humano, compartir otras cosas más allá de lo que hacemos acá en este espacio. También creo que es un poco lo de abrazar a la ciudad”, mencionó Juan.  

En esa misma línea surgió Proyecto Enjambre, una iniciativa que reunió a artistas de la ciudad para producir piezas gráficas y ediciones especiales. “Seleccionamos a algunos artistas y una vez por mes hacíamos una tirada en serigrafía de las cajas de pizza. Era una forma de mostrar lo que estaban haciendo y de que el espacio también funcione como una plataforma para la cultura local”, explicó.

Entre esas iniciativas aparece también CabinaQuenoma, una serie de sesiones musicales donde artistas locales tocan dentro del espacio y luego las presentaciones se publican en su canal de YouTube. “Entendimos que con Quenoma también podíamos ser soportes de cultura, de un espacio, de momentos que tanto disfrutamos en La Plata”, detallaron desde la cooperativa.

Esa misma lógica de construir vínculos es la que llevó al espacio a sumarse a Comunidad Trinchera, el proyecto de suscripción que impulsa este Multimedio para sostener el periodismo independiente y fortalecer redes con emprendimientos de la ciudad.

“Decidimos sumarnos a Comunidad Trinchera porque entendemos que tejer redes con espacios como Trinchera es la forma de construir que tenemos. Nosotros arrancamos así, con amigos y colegas que fuimos encontrando en el camino y que nos han abierto un montón de puertas”.

Para quienes forman parte de la comunidad, ese vínculo se traduce también en beneficios concretos: Estación Quenoma ofrece un 15% de descuento en compras realizadas en el local y dos sorteos mensuales exclusivos. Un gesto simple que apunta a sostener algo más grande: la economía de cercanía, los proyectos autogestivos y los espacios que, como Quenoma, buscan ser algo más que un lugar para comer. Porque en ese pequeño local del centro platense no solo salen pizzas del horno. También se cocinan encuentros, proyectos y comunidad.

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Del rojo distópico al violeta en las calles: 8M y la resistencia 

Del rojo distópico al violeta en las calles: 8M y la resistencia 

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En el Día Internacional de la Mujer, la obra de Margaret Atwood vuelve a ser un espejo incómodo: la lucha contra el control del cuerpo, la violencia patriarcal y la negación de derechos que sufren las mujeres en Gilead resuena con las demandas actuales del movimiento feminista. El 8M se convierte así en un recordatorio de que las distopías no son ficción lejana, sino advertencias urgentes sobre desigualdades que persisten.

“Me levantó de la silla, doy un paso hacía la luz del sol con los zapatos rojos de tacón bajo, pensados para proteger la columna vertebral pero no para bailar. Los guantes rojos están sobre la cama. Los cojo y me los pongo, dedo por dedo. Salvo la toca que rodea mi cara, todo es rojo, de color de la sangre, que es lo que nos define. La falda es larga hasta los tobillos y amplia, recogida en un canesú liso que cubre el pecho, y las mangas son anchas. La toca blanca es de uso obligado; su misión es impedir que veamos, y también que nos vean. El rojo nunca me sentó bien, no es mi color (…)”

La lucha por decidir: maternidad, autonomia y libertad

La recepción inicial: El cuento de la criada, publicada en 1985, revela una paradoja profundamente ilustrativa sobre la intención entre la literatura y conciencia social: mientras que algunos tachaban a Margaret Atwood de alarmista o hasta excesivamente sombría, su método narrativo se base en una disciplina rigurosamente documental. No se trata de una mera especulación fantástica, sino de una arqueología de la opresión, donde cada elemento —la subordinación reproductiva, la anulación legal del estatus civil femenino, la teocratización del estado— respondía a precedentes verificables. 

Atwood no inventó el régimen de Gilead; más bien lo ensambló a partir de fragmentos ya existentes en la experiencia humana: desde los programas de eugenesia del siglo XX hasta las purgas ideológicas de sociedades totalitarias, pasando por las estructuras jurídicas que han privado sistemáticamente a las mujeres de autonomía corporal y patrimonial. 

La obra de Atwood se desarrolló en un contexto histórico y social sumamente complejo y perturbador. Publicada por primera vez en 1985, la novela distópica nos transporta a una sociedad totalitaria y opresiva conocida como República de Gilead. 

La historia se sitúa en un futuro cercano, en el que Estados Unidos ha sido transformado radicalmente por un régimen fundamentalista religioso. En este nuevo orden social, las mujeres han sido relegadas a roles sumamente limitados y subordinados. La protagonista es una de las pocas mujeres fértiles que aún quedan en Gilead y es forzada a convertirse en una “criada” cuya única función es procrear para las familias de alto rango. 

En Gilead, aquel lugar ficticio en donde ocurre la historia, los derechos que supimos conseguir fueron suprimidos poco a poco. Por ejemplo, el 8 de marzo de 1857, cientos de mujeres de una fábrica textil de Nueva York salieron a marchar en contra de los bajos salarios, que eran menos de la mitad de lo que percibían los hombres por la misma tarea. Esta jornada terminó con la sangrienta cifra de 120 mujeres muertas a raíz de la brutalidad con la que la policía dispersó la marcha. 

Pasaron 169 años y las mujeres todavía no ganamos lo mismo que los hombres por la misma tarea, y a lo largo de la historia se ha invisibilizado la labor de las mujeres y los ejemplos sobran: Rosalind Franklin fue una química británica que está detrás del descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN. Sin embargo, durante muchos años fueron los científicos James Watson y Francis Crick los que se adjudicaron el descubrimiento como propio, llevándose todo el mérito e incluso el Premio Nobel de Medicina y Fisiología. Así como tantas otras que fueron invisibilizadas durante mucho tiempo, como: Marie Curie, Ana Bolena, Olympe de Gouges, Sor Inés, entre muchas otras más.

¿Estamos realmente lejos de Gilead? 

El impacto del Cuento de la criada se intensificó dramáticamente en la segunda década del siglo XXI, cuando ciertos acontecimientos políticos en múltiples países parecieron materializar elementos de la ficción de Atwood. La proliferación de las leyes restrictivas sobre los derechos reproductivos, la judicialización de decisiones corporales y la normalización retórica de la vigilancia masiva reconfiguraron el estatus de la obra.  

La ultraderecha se alimenta del pánico, las inseguridades y las incertidumbres sociales. En nuestro país, la pobreza, la imposibilidad de llegar a fin de mes incluso con un empleo formal y la inflación descontrolada generaron un terreno fértil para su irrupción. A esto se le suma el efecto de las redes sociales, que legitiman y amplifican el discurso del régimen. 

La extrema derecha se posiciona como una fuerza antisistema, definiéndose en oposición a todo lo que considera responsable de la crisis, incluyendo el “wokismo”. Milei capitalizó un voto de protesta, proveniente de un rechazo transversal. Su estrategia fue identificar los partidos políticos convencionales como enemigos y englobarlos en la categoría de “casta”, junto con disidencias, sindicatos, jubilados, legisladores, prensa y cualquier actor que represente un “gasto” estatal u obstáculo a sus valores libertarios y conservadores, aunque no exento de contradicciones. 

En la obra de Atwood, antes del golpe ya existía un movimiento ultraconservador con fuerte influencia política que supo aprovechar la crisis para tomar el poder, justificando su régimen como una restauración del orden moral. El discurso homofóbico del presidente en Davos se inscribió en esa lógica: una apelación al “orden moral” que busca legitimar el retroceso de derechos de las disidencias. 

En la ficción, la constitución de Estados Unidos fue suspendida bajo el pretexto de la seguridad nacional; después procedieron a la eliminación de derechos y la represión a la población. En Argentina, las similitudes son inquietantes: se agrede de manera sistemática al Poder Legislativo, se recortan derechos y se reprime a la ciudadanía, siempre bajo el argumento de seguridad nacional. 

El odio es crucial para la derecha extrema: se recurre al odio para polarizar a las sociedades hasta destruir la convivencia democrática y el pluralismo, y para inviabilizar el debate público. Y si una sociedad se divide profundamente por el odio político, está destinada a perecer. Así como en la República de Gilead, se manipulan las emociones del pueblo a través de la religión, el miedo y la deshumanización. Aparecen ceremonias donde una violación es presentada como un acto sagrado, manipulando la percepción de las criadas y haciendolas sentir que su sufrimiento tiene un proposito divino. 

No se puede dudar que hay pasos hacía adelante. La sanción de la Ley 27.412 de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política establece que a partir de las elecciones para la renovación parcial de ambas cámaras del 2019, las listas legislativas deberán contener un 50 % de candidatas mujeres de forma intercalada. Esa norma viene a mejorar la ley 24.012 de 1991 que establecía un piso mínimo de representación. 

Aunque la Argentina no es una dictadura teocrática como Gilead, existen similitudes en el uso del miedo, la división social y la crisis como herramientas de poder, para generar un estado de incertidumbre que permite imponer reformas estructurales sin una resistencia organizada. 

El caso de Pepa Gaitán: el crimen que cambió la historia

El caso de Pepa Gaitán: el crimen que cambió la historia

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El asesinato de la joven cordobesa en 2010 expuso la crudeza de la discriminación hacía las lesbianas y se convirtió en un punto de inflexión en el movimiento LGBTIQ+ en Argentina, que encontró en su memoria una bandera de lucha por la visibilidad y la justicia. 

“En la vida y en la muerte de Natalia “la Pepa” Gaitán están inscritas a fuego las marcas que todas las lesbianas llevamos en nuestro cuerpo. Su fusilamiento expuso de manera brutal los altos niveles de homo/lesbo/travestofobia de la sociedad argentina, hasta el momento invisibilizadas.” 

La tarde del crimen

Natalia Gaitán tenía 27 años, y en el barrio Parque Liceo segunda sección la conocían como Pepa. Su madre, Graciela Vazquez de Gaitán, conduce la asociación Lucía Pía, donde despuntaban el hábito de la solidaridad hacía los necesitados de esa zona de la periferia norte de Córdoba. Entre ellos, al matrimonio de Daniel Torres y Silvia Suarez, a quienes les dieron trabajo en el comedor comunitario y en la guardería de la ONG. 

Pepa se involucró sentimentalmente con una joven de 16 años, hija de una pareja previa de Silvia Suarez, lo que desató la furia de los padres de la adolescente. Tras abandonar su hogar, la jóven se fue a vivir con Pepa en un departamento construido por su difunto padre en la sede de la Asociación Lucía Pia. 

Todo comenzó en ese lugar, la tarde del 6 de marzo de 2010, cuando la pareja le contaba de sus penurias a su amiga Gabriela Cepeda, quien decidió terciar en el conflicto y partió hacía la casa familiar de la adolescente, a solo tres cuadras de distancia. Gabriela se trenzó en una discusión con Silvia.

Según consta en el expediente judicial, eran alrededor de las 19:30 cuando Pepa acudió sola a ver qué pasaba y al presenciar la pelea quiso retirar a su amiga. Pero se produjo un nuevo altercado entre Silvia y Pepa, con Gabriela intentando separarlas. En ese momento, Daniel Torres —quien no había participado de la discusión ni los forcejeos— entró a la casa y salió con una escopeta calibre 16, camino hacia donde estaba Pepa y disparó a quemarropa. 

El disparo dio de lleno en el hombro derecho de la joven, que alcanzó a caminar unos pasos antes de perder el conocimiento y quedar tirada en el lugar por más de una hora. Los médicos del Hospital de Urgencias no lograron frenar la hemorragia, provocada por la “lesión de la arteria y vena subclavias derechas”. 

Natalia murió a las 2 de la mañana del domingo 7 de marzo de 2010. Su victimario había intentado esconder el arma y huir, pero se terminó entregando a la policía. 

Refuerzo del argumento por la igualdad

El asesinato de Pepa Gaitán se produjo en medio del último tramo de la lucha historica de parte del activismo LGBTIQ+ por la consecución del congreso sancionando la Ley de Matrimonio Igualitario, frente a la oposición de sectores conservadores, principalmente en aquellas jerarquias de la iglesia catolica y de otras denominaciones religiosas conservadoras. 

Una semana después del asesinato de Pepa Gaitán, organizaciones feministas y de lesbianas emitieron el comunicado “Fusilada por lesbiana”, el cual fue difundido a través del blog ¡Basta de lesbofobia! en donde manifestaron: “El asesinato de la Pepa muestra cuan represiva es la ley homosexual cuando los mecanismos institucionales de normalizacion no pudieron controlar ese deseo, esa atracción erótico afectiva que las instituciones siguen patologizando aunque a veces se llenen la boca de ‘los mismos derechos’ y ‘el mismo matrimonio’. Hoy escuchamos muchos discursos progresistas cruzarse al hablar del matrimonio entre personas del ‘mismo sexo’, discuros que ni siquiera nos nombran porque no pueden decir ‘lesbiana’”

Aunque para la justicia se trató de un homicidio agravado por el uso de un arma de fuego, la familia y la sociedad saben que se trató de un lesbicidio. La sentencia contra Torres, de solo 14 años, ignoró todos los agravantes atados a la orientación sexual de Pepa que la condujeron a una vida signada por la violencia, la discriminacion y la tristeza. 

De esta manera el crimen de Natalia se convirtió en una bandera de la lucha por la igualdad y la visibilidad de las mujeres lesbianas en todo el país. En Córdoba hubo marchas, actos, recitales, radios abiertas, panfletos, remeras, banderas y discursos. El 24 de junio de 2010, la manifestación en apoyo a la Ley de matrimonio igualitario transcurría en Córdoba en un clima festivo, salvo en un momento del acto en que la multitud se sumió durante varios minutos en un profundo silencio que se quebró con una ovación. 

Durante ese lapso, desde el palco, Graciela Vazquez decía: “Yo a mi hija la entendí y cada día la entiendo más (…) Hoy vivo el sufrimiento de que me la mataron como un perro, porque el padrastro de la pareja de mi hija no la aceptaba. Se dio el gusto de matar a una lesbiana, pero no se va a dar el gusto de salir porque merece castigo (…) Señores senadores, en nombre de mi hija les pido la mejor justicia que me van a hacer: quiero que (voten esa ley y) todos los que están acá, los palomos y las palomas, vuelen de una vez por todas. Muchas gracias.”

Visibilidad lesbiana, un proceso individual y a la vez colectivo

El 7 de marzo quedó instalado en la agenda del movimiento feminista como Dia de la visibilidad lesbica. “Pepa Gaitán” fue asesinada por lesbiana a manos del padrastro de su novia. Sin embargo, aunque el responsable del hecho fue condenado a 14 años de prisión, la justicia hizo caso omiso al pedido de la abogada Natalia Milisenda, quien dijo que la sexualidad de Pepa fue la causa principal por la que Daniel Torres cometió el asesinato. Este este argumento no fue suficiente para los jueces, quienes terminaron por caratular el caso como “homicidio simple agravado por uso de arma de fuego”. 

A partir de este hecho, el 7 de marzo es conmemorado como un día de lucha contra el lesbo-odio, así como también de visibilización sobre las diferentes formas de violencia y discriminación vivenciadas por quienes pertenecen al colectivo lesbico. Según el Observatorio Nacional del Crimenes de Odio LGBT, en el año 2025 ocurrieron ciento dos (102) crímenes de odio, en donde la orientación sexual, la identidad y/o la expresión de género de todas las víctimas fueron utilizadas como pretexto discriminatorio para la vulneración de derechos y la violencia. El asesinato de Pepa Gaitán no es el único hecho que refleja la existencia de una justicia y una sociedad altamente patriarcal, heteronormativa y lesbo-odiante.

Más allá de esto, se ha avanzado en la equiparación de derechos y la inclusión de una perspectiva de género en la justicia. En el año 2012 se sancionó la Ley 26.791, la cual introduce una modificación al Código Penal argentino en su artículo 80 e incluye como agravante de homicidio el odio de género, a la orientación sexual, identidad de género o su expresión. 

ATE Capital denunció la militarización en la CNEA y advirtió sobre el deterioro del sector nuclear

ATE Capital denunció la militarización en la CNEA y advirtió sobre el deterioro del sector nuclear

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El sindicato que nuclea a los trabajadores estatales alertó por la presencia de fuerzas de seguridad en los accesos a los centros atómicos, denunció recortes salariales y advirtió sobre la paralización de proyectos estratégicos como el reactor CAREM y la Planta Industrial de Agua Pesada.


Mientras continúa el conflicto salarial en el sector nuclear argentino, trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) denunciaron un fuerte despliegue de fuerzas de seguridad en los ingresos a los centros atómicos, y alertaron sobre un proceso de deterioro institucional y productivo en un área considerada estratégica para el desarrollo científico y energético del país.

Desde la Asociación de Trabajadores Estatales de la Ciudad de Buenos Aires (ATE-Capital) señalaron que en los últimos días se implementaron controles a los trabajadores en los accesos a los predios de la CNEA, con requisas de bolsos y vehículos al momento de ingresar. Según indicaron desde el sindicato, las medidas se aplicaron mientras el presidente del organismo se encuentra en Estados Unidos y en medio de un escenario de creciente tensión laboral.

El sindicato denunció, además, la presencia de efectivos de Gendarmería Nacional equipados con armamento en zonas de trabajo. Para la organización sindical, el despliegue resulta “desproporcionado” y constituye una señal de amedrentamiento hacia los trabajadores en el marco del conflicto que atraviesa la institución.

La situación ocurre en un contexto marcado por el deterioro de las condiciones laborales. Según indicaron desde ATE Capital el operativo constituye “un intento de intimidación hacia los trabajadores que reclaman por sus condiciones laborales y por el futuro del sector nuclear”.

En paralelo, el sindicato advirtió sobre un proceso de desfinanciamiento que impacta directamente en el desarrollo de proyectos estratégicos del área nuclear. Entre ellos mencionaron el reactor CAREM, un pequeño aparato modular de diseño nacional que representa uno de los desarrollos tecnológicos más importantes del país en materia energética y cuya construcción se encuentra actualmente paralizada.

También señalaron demoras en el proceso de extensión de vida de la central nuclear Atucha I, así como la paralización de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), una instalación clave para el funcionamiento del parque nuclear argentino. A esto se suman, según denunciaron, promesas oficiales de exportación de combustibles nucleares que hasta el momento no se han concretado.

Para los trabajadores nucleados en ATE Capital, el conjunto de estas medidas refleja una perspectiva “decadente y declinante” para la CNEA y para el desarrollo nuclear argentino, un sector históricamente reconocido por su capacidad científica, tecnológica y por su aporte al desarrollo energético del país.

Desde el gremio sostienen que la situación no solo impacta en las condiciones laborales de los trabajadores del organismo, sino también en el futuro de una política estratégica para la Argentina. En ese sentido, reclamaron medidas urgentes para garantizar el financiamiento de los proyectos en marcha y preservar el rol de la CNEA como uno de los pilares del desarrollo científico y tecnológico nacional.

Rotos, descosidos y futboleros

Rotos, descosidos y futboleros

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Si el fútbol no es el mayor reflejo del pueblo argentino, pega en el palo. Y si los argentinos estamos rotos, ¿qué tendría de raro que nuestro fútbol también lo esté?

Cuando salió a la luz el video de Insaurralde en un yate, algo que ya venía fisurando dentro mío finalmente se partió. No fue “el” suceso del quiebre, pero sí la gota que rebalsó el vaso. Bah, más que vaso debería decir balde: mi paciencia, mi esperanza y mis ganas de creer venían aguantando demasiado.

Aguantaban la inflación; la no comunicación entre Alberto y Cristina; las rosquitas palaciegas que nunca explotaron en un despacho, sino en la cara de los argentinos; la fotito de Olivos; y la catarata de cuatro de copas que se compraron el cuento de “referentes”, se calzaron esos zapatos horribles en punta y entendieron la política como verduguear a un chofer del Estado que les hacía los mandados y les retiraba a los pibes del colegio privado. Pichones de Francos, de Scioli y de ese catálogo interminable de personajes que, sin importar el gobierno, articulan a la perfección el empresariado, la rosca y —lamentablemente— el peronismo. Gente a la que el apodo de “casta” les calza ideal.

Por ese acumulado mi balde rebalsó. Y en ese desborde se me llevó puesta la idea de que esto se puede cambiar; la idea de que, aunque todo parezca un entramado turbio de negociados, todavía hay compañeros valiosos peleando por transformar algo, batallando todos los días contra ese mismo pantano. Compañeros que no verduguean a nadie porque conocen el precio del bondi y las angustias, el cansancio, la desesperanza y los miedos. Porque también lo viven en el cuero propio.

Estoy roto. Y eso me aísla. Hablo menos, escucho menos, me cuesta más empatizar. ¿Organizarme colectivamente? Ni te cuento.

Los párrafos anteriores son un diagnóstico personal, pero me atrevo a decir que gran parte de la sociedad argentina está igual: rota, aislada.

Además de ser mi inconsciente pidiendo ayuda, lo digo porque me parece urgente discutir en qué condiciones están hoy los espacios colectivos, ocupados por una sociedad partida al medio. Da la impresión de que partidos políticos, sindicatos, instituciones, y símbolos que antes representaban a millones hoy pesan poco y nada. Lo único que les queda es sacar comunicados por redes, casi siempre sin impacto real en quienes dicen representar.

Si el fútbol no es el mayor reflejo del pueblo argentino, pega en el palo. Y si los argentinos estamos rotos, ¿qué tendría de raro que nuestro fútbol también lo esté?

Sí, llevo escribiendo trescientas noventa y dos palabras hablando de mí, llorando con que estoy roto, diciendo que la sociedad debe estar igual, que la política no representa a nadie y que hay que problematizar eso y en realidad era toda una pantalla para hablar de fútbol; de nuestro fútbol.

Y me parece importante hablar de esto, porque mientras nos meten un dedito más en el culo con la reforma laboral, la pérdida del poder adquisitivo y nos aumentan cada día el descontento con la vida y el desgano. Ahí está el fútbol con su realidad efectiva, donde todavía logro ilusionarme, enojarme, amargarme y sensibilizarme por algo. Y es en ese lugar donde quiero seguir reafirmando, que el corazón sirve para algo más que solo bombear unos litros de sangre.

Por la privatización de la pelota vienen, eso está claro. Mauricio Macri lo desea desde sus primeros años como presidente de Boca Juniors y nunca se corrió un centímetro de ese objetivo. Y da la impresión, que, en esta Argentina, donde un día se faja a los jubilados, al siguiente se rifa el trabajo y al otro se revientan los glaciares, pareciera que el fútbol argentino es uno de los puntos que siguen en la lista de remate.

Frente a los hijos de puta de Macri, Scioli, Santillán y Tofoni, encabezan la resistencia y primera bandera de las Asociaciones Civiles: Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino… Tenemos un problema.

La cúpula de la AFA, los supuestos paladines de los clubes de barrio, tienen olor a Frente de Todos, fotito en Olivos y yate en el Mediterráneo. Y ya sabemos, por sufrirlo en este presente, que cuando el peronismo hace como el culo las cosas, solo allana el camino y legitima las barbaridades con las que convivimos todos los días.

¿Puedo putear a Tapia sin ser un pro SAD entregador de la mayor pasión de nuestro pueblo?

¿Puedo enfrentar a Milei y al verdugo hijo de puta de Macri, sin tener que ser soldado de Tapia y Toviggino?

Yo soy hincha de Estudiantes de La Plata, el apellido Verón es mi bandera, pero no me gusta Foster Gillett y mucho menos las SAD. Como socio activo fui a todas las asambleas dispuesto a votar en contra. Por suerte, no hizo falta: el proyecto se cayó solo y nunca se concretó. Aun así, hoy se nota en algunos grises en las cuentas (lo que se puede saber, como socio, periodista y platense) y también en la vida interna del Club, que algunas esquirlas de aquel jugueteo con el empresario yanqui quedaron dando vueltas. Por suerte solo son esquirlas y para un Club de la magnitud de Estudiantes de La Plata -hablamos de una institución de 120 años, con una masa societaria de alrededor de 60.000 socios, estructura e infraestructura acorde- y, sumado a su gloriosa y gigante historia, da la sensación que con un golpe de timón y penosamente el remate de algunas sus joyas surgidas del Country Club “Mariano Mangano” alcanzaría para reacomodar las cosas.

Se nota que, a los Clubes, como a la mayoría del pueblo argentino les falta plata y también sabemos que en el país existen hace rato las SAD, Stinfale (Riestra), Vila (Independiente Rivadavia), Grobocopatel (Agropecuario), Fassi (Talleres), Mansilla (Real Pilar) y tantos otros son la prueba concreta.

En un fútbol donde chorrean los capitales privados por todos lados; donde las “chiquitas” de los árbitros definen ascensos, descensos, copas internacionales; y donde los campeonatos se entregan por escritorio, la defensa de las Asociaciones Civiles pareciera quedar en manos de los Martín Insaurralde de la pelota.

No tengo clara la salida correcta de esta situación, todas me dan miedo y hasta me queda bastante incómodo el panorama. Pero si no comenzamos a hacerlo nosotros, los socios e hinchas, sino nos metemos en el barro y encaramos esto sinceramente, la síntesis de nuestra mayor pasión será Mauricio Macri.

Hoy los colores siguen siendo uno de los pocos espacios que tienen la capacidad de convocar multitudes y generar fidelidad y esperanza. La tribuna y el fervor de un estadio todavía es una ruleta rusa manejada por la emoción y el sentimiento de los hinchas y socios. Las puteadas contra el presidente de la AFA no son un dato menor.

En este glorioso país tenemos recursos estratégicos, la Pampa Húmeda, el Paraná, el Mar Argentino, la Antártida, industria, capital científico, el potrero del mundo y la pasión, el arraigo y la identidad que emerge de nuestros clubes centenarios. Por todo vienen. Discutamos de qué manera lo vamos a defender o resignémonos a andar rotos, descosidos e infelices en las ruinas y cenizas de los laureles, que tiempo atrás, supimos conseguir.

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