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El actual dossier lleva por nombre “Bicontinentalidad, bioceanidad y Atlántico Sur”. Esto se debe a: la posición bi-continental de Argentina (entre América y la Antártida), la posición bi-oceánica (entre el océano Atlántico y Pacífico), y por último, la referencia al Atlántico porque una gran parte de todo el territorio del país se encuentra en este, entre la porción antártica, Malvinas, Georgias, Sandwich y la plataforma marítima.

¿Por qué hacer un dossier entero sobre ello? Resulta importante entender el valor estratégico, en calidad y cantidad de recursos que toda esta superficie sugiere, pero, sobre todo, mencionarlo hasta el hartazgo, ya que no es un tema instalado en el común denominador de la población, así como el hecho de que gran parte de este territorio está invadido por Gran Bretaña (no sólo las Islas Malvinas).

De esa manera, mientras otros artículos profundizarán sobre la exactitud de las riquezas del suelo en cuestión, u otros más, en la ocupación británica en cuestión, en el siguiente texto se narrará la historia de Argentina con estos suelos desde su momento fundante, que situamos en la defensa a las invasiones inglesas de 1806 y 1807.

¿Y por qué recopilar esta historia? Porque la ocupación y población de un territorio es un argumento pujante a la hora de reclamarlo, y ha sido, en el caso de Malvinas, el mejor aliado de la Argentina para disputar su tenencia tras la invasión de Gran Bretaña y lo será, en caso de la Antártida, si llegase el momento de discutirlo también.

Islas Malvinas 

El caso más conocido y emblemático de nuestro país. Su historia se remonta al mismo “descubrimiento” de América por parte del reino de España, por lo menos en 1520, en donde varias historiografías coinciden en el avistamiento de Fernando de Magallanes. Aunque previamente, en 1501, también existen datos sobre un avistamiento (no comprobado) de Américo Vespucio. Por su parte, Inglaterra afirma haber realizado un primer avistaje en 1592, lo cual dará pie a su puja posterior.

Para entender este contexto, es importante recordar que los distintos reinos europeos se encontraban en plena batalla por la dominación de los mares que abrían puertas a “nuevas tierras”. Todo esto, por supuesto, entendiendo que fue la historiografía y visión eurocentrista que se impuso ante la matanza de quienes ya residían en otras tierras y la aniquilación de una gran parte de sus memorias.

Así, reinos como Gran Bretaña, España, Francia, Portugal, Holanda, entre otros, merodearon América. España y Portugal se asentaron en el sur, Holanda en el centro, Francia e Inglaterra del centro al norte. Pero ello no quita que hayan existido disconformidades u otras aspiraciones entre medio.

Tal es así que, no solo Inglaterra merodeó desde aquel momento Malvinas, si no que, tras el avistaje de España, Francia también ocupó el archipiélago y de hecho fue el primero en formar un asentamiento permanente con el “Port Saint Louis”. Lo hizo a espaldas de España, en un marco de alianza que no le permitía a Francia tomar posesión en el sur de América.

Si bien el reino español retomó el poder diplomático de las islas en pocos años, es importante entender que estos diversos intereses no son casuales: todos los reinos se disputaban las rutas comerciales del mundo a través de los mares, y sabían que tomar posesión de alguna isla como base significaría tener un lugar desde donde pujar el pasaje entre el Atlántico y el Pacífico en el sur. Una lógica que aún predomina y es más fuerte en el presente: el futuro llegó. 

El principio de posesión del reino de España a través del Virreinato del Río de La Plata sobre las Islas Malvinas es, por excelencia, el primer argumento diplomático con el que la Argentina cuenta incluso desde antes de formarse como tal. Una vez independizadas las Provincias Unidas, todo el territorio de ese virreinato correspondía a ese conjunto. 

En el acta de independencia de la corona española las mismas Islas fueron confirmadas como pertenecientes a la provincia de Buenos Aires, y a partir de allí las provincias unidas ejercerían la plena soberanía hasta 1833. Sin embargo, recién en 1829, luego de la consolidación del confederalismo, se designó a un responsable de las islas.

El por entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez, designó a Luis Vernet como comandante Militar y Civil de las Islas Malvinas, quien se mudó allí e incluso dio vida a la primera ciudadana oficial de las Islas, Matilde Malvina Vernet. Incluso desde una visión de población “natural”, la Argentina tiene los argumentos en su favor.

Pero Inglaterra tenía un plan histórico de ocupación sobre los mares y no se quedaría de brazos cruzados solo porque el pueblo bonaerense le cerró las puertas en 1806 y 1807. Cuatro años más tarde de la designación de Vernet, con el argumento de una “expedición de investigación”, los piratas zarparon a las islas.

El ataque obtuvo resistencia a través de una tropa de trabajadores de las islas comandadas por Antonio “El Gaucho” Rivero, que se levantó contra los británicos y volvieron a izar la bandera argentina. Los piratas regresaron a su archipiélago real pero por supuesto, contraatacaron. Rivero prevé esto, pero los refuerzos de Buenos Aires nunca llegaron y el regreso de los ingleses un año después fue definitivo. Rivero y los suyos fueron encarcelados y enviados hacia Inglaterra primero y luego de regreso a Buenos Aires.

Desde ese momento, Inglaterra comenzó su plan de autoimplantación de población, los llamados “Kelpers”, que diagramaron un argumento legal al mismo tiempo que ejercían la ocupación. 

Antes siendo Provincias Unidas, y luego Argentina, este pueblo jamás dejó de anteponer sus argumentos ante organizaciones y juzgados internacionales, ya que la diferencia militar entre ambos países fue y es holgada. Incluso en 1974, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, y luego en las continuación con María Estela “Isabelita” de Perón, se profundizó la estrategia proveyendo a los isleños de gas natural a través de YPF.

Fueron años de esfuerzos diplomáticos interrumpidos por un manotazo de ahogado de la última dictadura cívico militar en su etapa más senil, cuando decidió enviar tropas de jóvenes argentinos de entre 18 y 20 años a “recuperar las islas”. 

El resultado es el conocido ampliamente y Argentina hoy apuesta nuevamente a la vía diplomática, no solo en contra de Gran Bretaña, si no de los lobbies internos que esta ejerce a través de narraciones como la de los kelpers o prohibiciones de explotación cercanas al área marítima argentina a través de ONG´s en su mayoría británicas, disfrazadas de ambientalistas.

Todo ello forma parte de la malvinización en la que se profundizará en otros artículos. No obstante, es importante no dejar de mencionar que la Argentina aún conserva su estrategia y que desde 1957 lo hace de manera integrada hacia todo el Atlántico Sur con la creación de la provincia Tierra del Fuego, la cual unifica las porciones marítimas, antárticas e isleñas.

Tierra del Fuego 

No como provincia sino como territorio, desde 1884, tras aniquilar gran parte de la población originaria, se estableció el “Territorio nacional de la Tierra del Fuego”, pero recién en 1957 se le añadió “Antártida e Islas del Atlántico Sur”, completando ese nombre. Finalmente, en 1991 adquirió el carácter provincial bajo el nombre definitivo “Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur”.

Para entender a la provincia en sí misma es importante pensar en su posición estratégica: es un mirador perfecto a toda la superficie del Atlántico Sur, en donde Argentina se disputa cara a cara con Inglaterra desde que reside en Malvinas. Su capital, Ushuaia, es el territorio más cercano del mundo a la Antártida (aproximadamente 1600 km). ¿Por qué el hombre querría habitar territorios complejos en cuanto a temperaturas como los polos, tanto ártico como antártico, o las provincias más boreales o australes? Sencillamente por su valor estratégico. Por esto mismo Gran Bretaña merodea el sur y los mares, pero también pelea en el ártico (que sería mucho más lógico por proximidad) así como Rusia, Estados Unidos u otras potencias.

Si bien Argentina no tiene el potencial militar para asemejarse a tales monstruos internacionales como los mencionados anteriormente, tiene, al igual que en Malvinas, una posición territorial y diplomática que da sólidos argumentos para la disputa. 

Por ello resulta imperiosa la necesidad de ocupar el territorio austral fueguino, hecho que no sucederá si no se otorgan ciertos métodos para hacer atractiva la experiencia de vida en esa tierra. Para esto, en 1972, un desgastado gobierno dictatorial al mando de Agustín Lanusse creó el Régimen de Promoción Industrial de Tierra del Fuego. 

Como podemos ver en la recuperación de hechos, la mayoría de construcciones no son hitos de un solo gobierno, muchas veces incluso ni siquiera suceden en el mismo siglo, si no que se pueden enmarcar en “políticas de Estado”. Esta es una buena noticia, ya que el relato agotador de la “grieta” gráfica el sentido de que los argentinos no nos pusimos de acuerdo nunca en nuestra vida. Si bien es verdad que hay líneas de diferencias marcadas, por suerte también hay excepciones en las que se han respetado líneas comunes de acción.

Continuando en el relato: el cambio de ciclo estaba por concretarse hacia el año 1972, en el que el propio Lanusse ya había llamado a elecciones con la participación del Partido Justicialista, tras 18 años de proscripción. Se crea entonces un régimen que liberaba del pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA), ganancias y hasta importaciones para quienes residan en Tierra del Fuego (TDF).

La última medida fue fundamental para generar fuentes de trabajo en la isla: con la casi libre importación, la provincia comenzó a ingresar industria tecnológica y ensamblar, agregándole valor y proveyendo al país, por ejemplo, con aires acondicionados o celulares.

Creer que este movimiento tiene por fin la óptima distribución de productos tecnológicos de la mejor calidad al mejor precio sería ignorar todo lo anterior contado; se trata simplemente de la imposición de una industria, a cambio del control de la zona más estratégica del país y una de las más importantes del mundo. 

En la actualidad, el gobierno de La Libertad Avanza quitó los beneficios impositivos a industrias como la textil en TDF, hecho que sucede en un marco de discusión y críticas al régimen de incentivos, por lo menos desde la presidencia de Mauricio Macri en 2016. 

Estos actores políticos abrieron la discusión sobre el régimen desde una óptica meramente económica sobre las industrias en cuestión, dejando de lado el sentido de desarrollo en el territorio e incluso la futura exportación de los recursos del mismo (si se viera desde una óptica de economía primaria, como lo es la de los actores nombrados). Desde una óptica de sector secundario y distribución interna, en cambio, habría que restar además cuan más barato puede salir la energía o el combustible, extraídos de la misma zona.

Traducido en criollo: si al argentino de la provincia del centro o norte del país le va  salir mas caro un aire acondicionado por el valor agregado de TDF en vez de la importación, a eso habría que restarle luego el valor en el que se puede reducir el costo de la energía o el combustible tanto para el hogar como para el resto de industrias y logísticas en el país. Es sacrificarse “manteniendo” una industria para poder hacerse con recursos vitales que se disputan las grandes potencias, lo que se dice “estratégico”.

¿Puede existir un mejor régimen? Sería poco ambicioso pensar que no, por lo que no es mala palabra la discusión, pero sí sería una pantomima mal intencionada tener el debate a medias, ignorando el origen y la búsqueda del régimen incentivo.

Antártida

En último lugar, la síntesis y quizás el fin de búsqueda de esta disputa geopolítica sea el llamado continente blanco. Por supuesto que en los archipiélagos ocupados por Gran Bretaña y en sus alrededores marítimos existen incalculables recursos, así como en la misma Patagonia argentina. Sin embargo, la Antártida es aún más codiciada por su nivel de “virginidad” en la tierra. Un terreno prácticamente aislado de la vida humana y en el que la mayor actividad fue ejercida justamente por Argentina. 

La relación de Argentina con la Antártida se remonta, por lo menos, hacia 1904. Habiendo participado el gobierno argentino en diversas investigaciones científicas, y en línea con el histórico posicionamiento de independencia que declaraba a todos los territorios del Atlántico sur como parte de las Provincias Unidas, la Argentina se hizo oficialmente de una base en enero de 1904, en herencia de una investigación escocesa.

El antecedente data de un año atrás, en 1903, cuando William Speirs Bruce, a cargo de una expedición antártica nacional de Escocia llegó a las costas de las Orcadas del Sur, en donde quedó atrapado en medio de hielos. Sobrevivió con la construcción de una especie de casa precaria hasta la llegada del verano, cuando los hielos se derritieron lo suficiente como para emprender el regreso.

Bruce se acercó hasta Buenos Aires con la oferta al Gobierno nacional de vender el proyecto y la “base” llamada “Omond House”, con el interés de que se continúen con las investigaciones. Así es como en enero de 1904 Argentina adquirió la que un mes después pasaría a llamarse “Observatorio Orcadas del Sur”. El 22 de febrero se izó por primera vez la bandera argentina y el país se afirmó como el primero en tener presencia ininterrumpida en el continente, desde aquella fecha hasta la actualidad. Como no podía ser de otra manera, Inglaterra reclamó la soberanía sobre la isla en donde se encuentra Omond House en una primera instancia y luego toda la porción antártica argentina hacia 1908.

Por otro lado existen relatos alternativos que explican que ya en el siglo 19 pescadores criollos se aventuraban en las zonas para conseguir pesca y aceites y luego venderlos, hecho que nunca difundieron para no atraer competidores.

En 1939 Argentina creó transitoriamente la Comisión Nacional del Antártico, para participar de una invitación hecha por Noruega para profundizar investigaciones. El clima de tensión en el sexto continente genera que los países se midan constantemente sus intenciones. Si bien en este caso la propuesta de Noruega era de índole “colaborativa” e “internacionalista”, un año después Chile fijó su reclamo territorialmente, el cual pisa a la Argentina.

Por si fuera poco, Inglaterra tampoco quedó expectante y reforzó su reclamo. Ante estos movimientos Argentina y Chile llegaron a un acuerdo básico en el cual ambas partes reconocen que “Chile y Argentina tienen derechos indiscutibles de soberanía en la zona polar denominada Antártida americana”, aliándose contra Reino Unido, quien pretende llevarse las partes reclamadas por estos dos.

De esta manera se configuró el actual mapa de reclamos tal cual lo conocemos hoy, pero lo cierto es que mientras Reino Unido sólo ejerció un camino de lobby a través de comunicados, papeles y movimientos diplomáticos, Argentina no solo mantuvo esa línea, si no que continuó con la instalación de bases, investigaciones, aportes científicos y presencia en el continente, convirtiéndose en quien más lo habitó y habita actualmente.

Hacia 1951 Argentina inauguró el Destacamento Naval Almirante Brown, y al año siguiente la Base Esperanza, hechos que dieron comienzo a una larga lista de bases: en total son 13, de las cuales 7 (Orcadas, Carlini, Esperanza, San Martín, Belgrano II y Marambio) son permanentes, y 6 (Brown, Matienzo, Melchior, Decepción, Cámara y Primavera) se utilizan durante la temporada de verano, momento más habitable del continente.

Entre otros hechos destacables se pueden repasar la primera presencia de un presidente argentino en el continente (Arturo Frondizi en 1957) y la firma del tratado antártico tras varios ataques militares de Reino Unido a bases de Argentina (1959). Este último fue firmado entre quienes tienen reclamos: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos. El mismo prohíbe la acción militar en el continente y permite su utilización sólo para fines pacíficos.

Es importante destacar que el tratado no caducará en el año 2048 como se suele afirmar, pero si se abre a la posibilidad de realizar modificaciones, que dependerán de los argumentos y recursos que cada nación pretendiente presente. 

Como se puede ver en cada uno de los apartados analizados, la presencia del Reino Unido es repetida en cada uno de los territorios del Atlántico Sur. Sería imposible negar un evidente interés de ese país en toda esa zona que, en términos geográficos, no tiene nada que ver con su original archipiélago, a diferencia de Argentina, que es quien está más próxima a estas zonas, y que además ha ejercido el dominio pacífico sobre las mismas.

Por último, no se puede dejar de mencionar la plataforma marítima que rodea estas tierras, cuestión que puede pasar más desapercibida pero en la que el Reino Unido también ejerce la invasión: hace un año declararon 166 mil kilómetros cuadrados cercanos a Malvinas y pertenecientes a la Argentina como suyos, sin que el actual Gobierno nacional emita un solo reclamo. 

Por último, también es importante recordar que, para sintetizar el posicionamiento de Argentina sobre todos estos territorios y su ejercicio de soberanía, tanto terrestre como marítimo, en 2010 se realizó el mapa bicontinental, del cual su difusión es fundamental para aceitar los conocimientos nacionales sobre nuestro territorio.



Joaquín Bellingeri

Por una patria justa, libre, y soberana de la Quiaca a la Antártida. “Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Nacional Justicialista.

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