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Breve historia de una patria perseguida. 

“Se rompe loca mi anatomía
Con el humor de los sobrevivientes
De un mudo con tu voz, de un ciego como yo
Vencedores vencidos”. 

Vencedores Vencidos- Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (1988)

Hay quienes entienden a la historia como una lucha permanente por la liberación de los pueblos, léase la historia como un conflicto permanente, como un campo de batalla donde se sacrifican y se enfrentan la relectura del pasado y el sentido del presente. Desde esta perspectiva entonces, la historia, lejos de ser la acumulación relativa y distante de eventos estáticos, congelados, en un devenir inconexo entre fechas y efemérides, es la narración de las luchas que dan forma y contenido a los eventos contemporáneos. 

La historia como una línea del tiempo sobre la cual los actores avanzan y retroceden, nos permite viajar, del presente al pasado, en un transitar cargado de preguntas, para transformar así las anteojeras – que a todos nos nublan/guían desde donde vemos la realidad. 

El abordaje de la historia desde la perspectiva del Pensamiento Nacional, es poner en práctica el ejercicio de tensionar los sentidos de la historia “bien” contada. En un enfrentamiento de bibliotecas, que más que enfrentamiento es una bacanal donde los sentidos se trenzan y se repelen. El pensamiento nacional planta bandera, una insignia cargada de incógnitas que devela las legitimidades, los poderes y las intenciones subcutáneas de los textos constituyentes del país. 

En este caso, el repaso que rumiamos para la nota actual, podríamos enmarcarla sobre una cortina radial que estimule la lectura en un loop ensordecedor reproduciendo hasta el hartazgo vencedores – vencidos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Porque somos partidarios de darle contexto al texto y porque como muchos otros autores han referido anteriormente, la cultura, en cualquiera de sus expresiones artísticas siempre camina unos pasos delante de nosotros, avanza en la boca de los protagonistas, da cuerpo e imagen a los actores y los habla, antes de que las plumas iluminadas hablen por ellos. 

En este sentido, también, y quizá por que esta nota pretende ser más un ensayo que una nota, es que además de bibliografías nos encontremos y buceemos dentro de materiales complementarios; Desde poesías de alcurnia a payadas de fogón, del chamamé a la cumbia villera y de la zamba al rock and roll. 

Bajo el anhelo de seguir la huella gonzalina y la fresca huella de quienes parten enseñando a pensar, este texto busca recuperar los restos pampeanos húmedos de sangre, aquellos sobre los que nos narra Horacio González en una crónica civilizatoria que nos acuna pendularmente sobre la “Civilización o/y barbarie”. 

Con los pies empantanados entre la sociología y la historia, avanzaremos entonces, en un ensayo sobre la criminalización de la pobreza intentando dar cuenta de un proceso civilizatorio de colonización y productividad, con la particularidad insidiosa de no solo mentar el pasado, sino también acechar el presente.

Vencedores-Vencidos

En el segundo tomo de Revolución y contrarrevolución en la Argentina de Abelardo Ramos (1999), más precisamente en las páginas dedicadas a la revolución palaciega, el autor cita las declaraciones de Saenz Quesada donde expresa lo siguiente: 

“En definitiva Martin Fierro nos abre un interrogante: si fue meramente tonto o delincuente nato. De lo que no hay duda es que fue un vencido” (Revolución y contrarrevolución en la Argentina de Abelardo Ramos. 1999. Pg.239) 

Esta frase, nos presenta la cervical de lo que pretendemos dejar al descubierto. Es decir ¿Cuál es el nexo entre el Martin Fierro, la delincuencia y el relato del perdedor?¿Se puede hablar de vencedores y vencidos en la historia nacional? ¿Puede esta pregunta estar en el corazón de la pregunta por el Estado?

A partir del libro antes mencionado y repasando los decires de Quesada, nos encontramos con una discusión neurálgica de la sociedad argentina, tan fundante como actual, en torno al nacionalismo. ¿Dónde radica el corazón del ser nacional?

A priori, podríamos rastrear la huella de dos posibles respuestas. En los términos de Abelardo Ramos estaríamos hablando por un lado de un nacionalismo patricio, vinculado a la alta alcurnia y por otro lado al nacionalismo popular. 

En función de la exposición del autor antes mencionado, dentro del nacionalismo patricio, habita un cándido vuelo aristocrático, con inspiradas declaraciones de admiración a estancieros y alabanzas liberales, que reproducen un habido desprecio a aquellas expresiones de orden populoso. Para decirlo en otras palabras, desde esta perspectiva, la nación encandilará de grandeza el día que el desarrollo económico y productivo empate a las grandes naciones y el libre mercado nutra las arcas de los buenos negociantes. Conjuntamente, esto tiene su respaldo en la ciencia positivista y la reproducción del extirpamiento de lo plebeyo en materia ciudadana, léase; cuando la Argentina sea meritoria de entrar en la línea de tiempo de la humanidad

Pensando con Kusch podríamos repasar y repensar la siguiente frase: 

“Hacia mediados del siglo pasado, Sarmiento y Alberdi, claman en Argentina por sustituir a los criollos por anglosajones como única salida para lograr esa incorporación al ritmo en que vivía la humanidad, y hoy, en 1968, nos han calificado de subdesarrollados. ¿Qué ocurre? ¿Somos incapaces de incorporarnos al ritmo de la humanidad? (…) Volteados por la historia no tenemos más remedio que poner murallas en las ciudades, pensar que en ellas tenemos un estilo de vida al cual no habrá de incorporarse nunca el campesino, y decir que éste está cargado de miedo (…). La prueba está en que se les ofrece todo y estos se resisten. (…) Se diría entonces que son inferiores y analfabetos. Entonces es natural que haya murallas, que nuestras ciudades sean espléndidas y también que todo lo que referente al campo sea desolador. De un lado todo y del otro nada. De un lado la seguridad de estar con un pie en la historia y del otro un nebuloso, del cual habrá que esperar siempre lo peor.” (La negación del pensamiento popular, Kusch. 2008. Pg.174)

Para pensarlo con preguntas podríamos entonces volver sobre Kusch e interrogar; ¿qué hay del otro lado de las murallas, qué hay de la historia analfabeta? En 1968, mismo año en que Kusch esbozaba sus reflexiones, Roberto Carri publicó “Isidro Velázquez”. Formas prerrevolucionarias de la violencia. Un libro que da cuenta a partir de la reconstrucción de la historia de Velazquez, no solo del proceso de cercamiento de la tierra en Chaco y en general de toda la región, desde Reconquista a Pilcomayo, sino también del proceso de perpetuación de una colonización programada.

Este autor entonces, nos presenta la propagación de una violencia subcutánea que le toma el pulso al Estado-Nación argentino desde su génesis. Desde la llegada de los primeros colonos y la explotación del quebracho, la sumisión de las poblaciones originarias y el surgimiento de los ingenios tanto azucareros como algodoneros. En la implementación de una burocratización que signo y sigue aún signando las relaciones laborales en el marco de la reproducción de aquellas desigualdades entendidas como originarias.

Tomamos la obra de Carri, como epicentro, no sólo porque creemos que delinea el problema que presentamos con anterioridad, sino porque el uso de los archivos a los cuales el autor remite, nos presenta un puente para pensar los hechos desde otro ángulo. La reconstrucción histórica que nos brinda este autor, no solo es el relato de un proceso civilizatorio, sino también, la voz hecha canto de las payadas, las coplas y los versos que fueron propagando, de boca en boca, la historia de Isidro mucho antes de que esta se acopie en la sombra de algún libro. 

A esta biografía enredada en mitos, el autor la toma como materia viva y maleable, la interroga sobre archivos policiales y con registros de la época. En otras palabras, hace respirar la historia entre el mito y el hecho, enfrentando a la historia oral con la historia escrita, las mezcla, las hace una misma cosa y las vuelve a enfrentar mientras se incrusta en el corazón del brete y cuestiona el forjamiento del Estado-Nación Argentino. 

Antes de seguir por la huella de Isidro, corresponde dejar al descubierto otra discusión que sobrevuela el pensamiento nacional. En este caso, presentada por Horacio González, quien elaboró en múltiples trabajos el abordaje al mito. Como un guiño al trabajo anteriormente presentado, nos referiremos a  la sección Solanas y los Hijos de Fierro del libro Restos Pampeanos, publicado por Colihue en 2007. 

En su análisis, González expone el paralelismo llevado adelante por Pino Solanas entre el Martin Fierro, las representaciones gauchipolíticas de las luchas sociales argentinas y la resistencia peronista. Pero, la pregunta ordenadora es si podemos, acaso, pensar dentro del mito. La respuesta elaborada sugiere que el ejercicio desarrollado por Solanas, de hacer que el cine actúe dentro del mito literario y no que sea meramente una narración de este, forma parte de desarmar al mito, convirtiéndolo así en una pedagogía social activa. Para formularlo con otras palabras; Horacio González, siguiendo a Astrada, nos permite entrar y salir del mito, verlo como una tregua desde donde lanzarnos a leer la historia, ya que a fin de cuentas “no solo es posible pensar dentro del mito, sino que no hay pensamiento crítico que no parta, para construir su “afuera”, en un envolvimiento con el mito.” (Restos pampeanos. Gonzalez, H. 2007. P.156) 

Pero retomemos a Roberto Carri, sobre la base del pensamiento marxista, este autor nos presenta, como sostuvimos con antelación, que las relaciones sociales cimentadas bajo un capitalismo de principios colonizantes, solo fue posible de implementar por medio de la fuerza y con la elaboración de estructuras jurídico-políticas y culturales enraizadas en la filosofía positivista, desde las cuales se construyeron legitimidades sobre el supuesto de inferioridad moral proyectado sobre las bases subalternas-populares. 

Vencidos o no, los magullados de una Patria castigada: De Durkheim a Juan Moreira

“Para el pobre no había leyes
que fueran de su provecho, 
para él no había derecho
solo existía el deber
de luchar y no tener/ni para vivir un techo”

Juan Moreno (poema gauchipolítico de actualidad). Luis Eduardo Lescano. 

Durkheim pensaba el castigo, como una forma de educación moral, es decir, dentro de la sociedad moderna, comprendida como una solidaridad orgánica donde el trabajo y la cooperación constituyen un conjunto que trasciende a la unidad de las partes, el castigo, funciona como el delineamiento de las fronteras de esa solidaridad. Para decirlo en otros términos, a cada sociedad le corresponde un marco jurídico-legal que se corresponde a los acuerdos comunes de lo instituido como justo y consecuentemente el castigo llevado adelante se adecua no solo, a la sanción individual por el infringimiento de la moral social, sino que opera de forma aleccionadora para el común de la sociedad.

En este marco, el castigo, lejos de ser un elemento utilitario, es una expresión de la acción moral, es decir, en esencia el rol del castigo, es tramitar el reproche y aleccionar socialmente al conjunto de la sociedad, no es el fin del castigo que el individuo expíe sus culpas, es la imposición del orden moral hegemónico lo que entra en juego.   

De Durkheim a Juan Moreira hay pocos pasos, los suficientes como para sumergirnos en la obra de Josefina Ludmer y adentrarnos en el estudio sobre los cuerpos subalternos, o parafraseando a la autora, los cuerpos del delito, que se enredan en la doble cadena que abraza el estudio de la gauchesca y la pedagogía moral. 

Josefina Ludmer con sus trabajos sobre Juan Moreira, nos presenta la teoría de la violencia popular, donde el héroe modernizador se encarna en la confrontación de la violencia contrapuesta. Con esto, aludimos al doble rol que el gaucho cobra en las narraciones literarias que la autora analiza. 

Volcándonos entonces, sobre Juan Moreira, o sobre las obras de Eduardo Gutierrez, podríamos rastrear no solo los diversos castigos, vejaciones y mutilaciones corporales perpetradas sobre los gauchos, sino también aquellas reproducidas por ellos mismos. Es decir, podemos, en las obras de Eduardo Gutierrez, pero también en un gran acopio de obras gauchescas, encontrar el retrato de la doble posición del gaucho representado como víctima y como verdugo, como parte de la partida policial, o como cuatreros, bandidos rurales, desertores o simplemente perseguidos. 

Este juego de doble posibilidad, o doble posición, sostendrá la autora, nos presenta un escenario donde el carácter ambiguo de su condición habilita y fortalece dos representaciones posibles; el mártir de la justicia popular, asediado y castigado por la violencia estatal, y su correlato, donde aparece el otro Juan Moreira, el gaucho valiente, el gauchisoldado, el “adaptado social” del que la oligarquía liberal masculina se vanagloria. 

A raíz de esto, podríamos hacer un salto trascendental en tiempo y espacio para prefigurar preguntas direccionadas al presente. ¿No hay acaso una posición de doble representación proyectable en las prefiguraciones sobre los sectores subalternos del presente?. Sin adentrarnos demasiado pretendemos simplemente presentar algunas preguntas, ¿Qué clase social nutre las cárceles argentinas en un porcentaje superlativo, de qué barrios salen esos jóvenes y adultos?. ¿Por qué mayoritariamente los índices delictivos están relacionados a una participación masculina? Y paralelamente… ¿De qué clase social provienen mayoritariamente quienes conforman las fuerzas de seguridad, a que barrios pertenecen, como se dan las relaciones de equidad respecto al género y el desarrollo de las tareas dentro de las fuerzas?. Y hay, incluso, otra pregunta que hilvana transversalmente a las anteriormente expuestas. ¿Qué color de piel tienen los unos y los otros, qué rasgos, qué procedencia histórica, qué ancestros, qué sangre?. ¿Algo de ésto, tendrá que ver con aquello? No pretendemos homogeneizar ni reproducir una lectura simplista ni determinista del presente o el pasado, simplemente presentar preguntas que no responderemos en el presente trabajo, pero que sin lugar a dudas pretendemos seguir pensando hasta elaborar una respuesta pertinente. 

Desde Ludmer podríamos postular: 

“Uno de los límites del género gauchesco es la revolución y la guerra de independencia, que abren la práctica del uso militar del gaucho y su desmarginalización. Con las leyes y las guerras puede establecerse la primera cadena de usos que articula el conjunto del género y le da sentido: A) utilización del “delincuente” gaucho por el ejército patriota: B) utilización de su registro oral (su voz) por la cultura letrada:Género gauchesco y en adelante C) utilización del género para integrar a los gauchos a la ley “civilizada” liberal y estatal. (…) La cadena no solo marca el tiempo del género y le da sentido: narra también el pasaje entre la delincuencia y la civilización. (El género gauchesco. Un tratado sobre la patria. Luder. 1988. p.39)

“La construcción escrita de la voz del gaucho tiene un sentido múltiple que remite al cuerpo patriótico del soldado, al cuerpo sustraído del desertor y al cuerpo del “delincuente”. (El género gauchesco. Un tratado sobre la patria. Luder. 1988. p.41) 

De abatidos a indomables. Principios de un gaucho rebelde.

La muerte apagó la risa
Del Sol que duerme ardiendo en el Chaco
Porque Machagai se ha vuelto
Un llanto triste de sangre y barro
Ya no está Isidro Velázquez
La brigada lo ha alcanzado
Y junto a Vicente Gauna
Hay dos sueños sepultados

Camino de Pampa Bandera
Lo esperan en una emboscada
Y en una descarga certera
Ruge en la noche la metrallada
Isidro Velázquez ha muerto
Enancao en un sapucay
Pidiéndole rescate al viento
Que lo vino a delatar
Pidiéndole rescate al viento
Que lo vino a delatar

La muerte apagó la risa
De los machetes en los quebrachos
La pólvora entre los huesos
Se hizo ceniza en dos pechos bravos
Sin una vela encendida
Sin una flor a su lado
Sin una cruz en la tierra
Hay dos sueños sepultado

EL ULTIMO SAPUCAY – Jorge Cafrune

En el escenario presentado y retomando a Carri, podemos pensar lo expuesto en clave de continuidades estructurales dentro de una lectura decolonial en el marco de un proceso civilizatorio. ¿Pero hay lugar allí para las posibles contraofensivas? ¿O la historia es meramente una consecución entre opresores y oprimidos sin margen para la acción? 

En ese escenario de perpetua y visible agresión, lo único imprevisible en términos de Carri es la revuelta, la insurrección, la acción reactiva y la reapropiación de una violencia para subvertir el orden de las cosas. Recuperando la obra de Fanon, a partir de la cual la violencia contra el opresor es un acto de emancipación política, subjetivo y cultural, nuestro autor, insiste en que la historia de Isidro y Gauna, desbordan y subvierte la lectura rígida de una colonización sin resistencia, en sus gestos de rebeldía, con una violencia bandolera y no necesariamente “orgánica” emerge una resistencia espasmódica, que bien encauzada podría servir como la narración subcutánea de una revolución en curso. 

Es imperante aclarar que la obra de Roberto Carri, entre otras discusiones, está elaborando una discusión situada en un contexto dado. Es decir, reconociendo su pertenencia y filiación política, sujeta a un momento de efervescencia revolucionaria, podemos encontrar en la obra un subtexto crítico a la matriz de pensamiento marxista y a la estrategia del foquismo revolucionario. Es decir, a grandes rasgos, lo que señala el autor, es que para pensar en los procesos de emancipación nacional, no es preciso sumergirnos en un vanguardismo de carácter iluminador para con los sectores plebeyos y subalternos, porque la conciencia de sí parte del reconocimiento de las vejaciones históricas vinculadas al proceso de cercamiento de la tierra y a la construcción de aquellos gauchos que no adscribieron originalmente a los modos de vida y productividad que demandaba la modernidad  como sujetos perseguidos. Para pensarlo nuevamente, en otros términos, está de alguna forma discutiendo con el Che Guevara, tras su muerte. Señalando que no es preciso que venga un mártir a señalar el camino desde afuera, porque hay dentro de la misma trama del pueblo principios orgánicos de revolución y resistencia.

¿A qué nos referimos con estos principios orgánicos? El caso de  Isidro Velazquez, a partir de la pluma de Carri, se nos presenta emblemático como sostuvimos previamente por varios motivos. Uno de ellos, es el tendido de solidaridad que se enarbola entre Carri como bandolero y el pueblo que lo resguarda. Este gaucho rebelde del litoral, fue originalmente protegido por el pueblo que esperaba sus hazañas para acompañarlo y resguardarlo de la partida policial y una vez abatido fue llorado por peones rurales, indígenas, trabajadores golondrina y todos aquellos que vieron en él, algo más que un bandido. 

En un territorio donde la presencia de bandidos rurales alzados contra la ley como,  Zamacola, Bairoleto y Mate Cosido fue común y popular entre los años 30 y 40, este gaucho rebelde le daba continuidad al mito. Tras la emboscada donde cae Isidro, fue declarado el primero de diciembre como el día de la policía chaqueña y mostrado cual trofeo el automóvil donde fueron acribillados Isidro Velazquez y su último compañero de ruta, Gauna. Pero tras la consagración del pueblo que acudió a llorarlo en una peregrinación hasta el árbol donde los dieron por muertos, las autoridades terminaron por quemar el árbol y borrar las señas de la tumba, de allí la frase del chamamé introductorio a este apartado: “sin una vela encendida, sin una flor a su lado, sin una cruz en la tierra, hay dos sueños sepultados”. Y aunque la pregunta aquí no es como sobrevive el mito del bandido tras ser abatido, cabe mencionar su sobrevivencia tras la censura durante la dictadura de Onganía y el largo paso del tiempo. 

Para el boca en boca, Isidro había sido un hombre honesto hasta después de los treinta años y fue empujado por la injusticia fuera de la ley. Si bien el mito de Robin Hood, tiene asidero en diversos sectores del mundo y a lo largo de los años como parte de los grandes relatos que forman los imaginarios colectivos, cabe preguntarnos si el caso de Isidro entra dentro de lo que Hobsbawm (1959) llama “Rebeldes primitivos” o si en el caso de Carri, podemos pensar en un devenir revolucionario, que aviva las brasas, para el fuego de futuras reivindicaciones/revoluciones populares.  

A modo de cierre, podríamos citar a Adamovsky, quien sintetizando a Ludmer, sostiene: 

“La voz encargada de encarnar al patriota, que representaba a la vez el despertar de la literatura nacional, fue criolla y plebeya. Y por gaucha, cargaba con la sospecha de su proximidad con los mundos del delito y la barbarie. Estas marcas peculiares afectaron profundamente el desarrollo del criollismo popular” (El gaucho indómito, 2023 P. 19). 

Quedará pendiente entonces para el futuro, pensar en la participación de estos sujetos en el marco de la incorporación de las masas a la política sujeto al análisis de las migraciones y las reivindicaciones culturales.   


Bibliografía  

Adamovsky (2023) El gaucho indomito. De Martin Fierro a Perón, el emblema imposible de una nación desgarrada. Buenos Aires. Ed; Siglo XXI.

Biblioteca Nacional Mariano Moreno. (2021) Antología gauchiperonista, 1945-1975 / Comp  Emiliano Ruiz Diaz- 1r ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ed: Biblioteca Nacional

Carri. (1968).  Isidro Velazquez. Formas prerrevolucionarias de la violencia.  Buenos Aires: Ed:  Colihue, (2012. 1° reimpresión). 

Gonzalez, H.(2007)  Restos pampeanos. Ciencia, ensayo y política en la cultura Argentina del siglo XX. Buenos Aires: Ed: Colihue. 

Hobsbawm, E. (1969). Bandidos. Barcelona, Ed: Ariel.

Hobsbawm, E (1959). Rebeldes Primitivos. Barcelona, Ed: Ariel

Kusch, R. (2008) La negación en el pensamiento popular.  Buenos Aires. Ed: Las cuarenta

Ludmer. (1988). El género gauchesco. Un tratado sobre la patria. 2da ed. Ciudad autónoma de Buenos Aires. Ed: Eterna Cadencia: 2019

Ramos. J,A. (1999) Revolución y contrarrevolución en la Argentina. Volumen II. Capital Federal. Ed: Distal

Otros recursos 

Solanas, F. Los hijos de Fierro (1972)


Manuela Bertola

Hija y nieta de la historia de nuestro pueblo. Estudiante de sociología. Nacida y criada en la ciudad donde las diagonales tocan el sol.

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