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*Escrita por el Movimiento Estudiantil Liberación

“La universidad que queremos es parte inseparable del país que anhelamos”

La frase pertenece al texto “Bases para la nueva Universidad” escrita por militantes universitarios peronistas, entre ellos Rodolfo “Turco” Achem y Carlos Miguel, en base a las discusiones que se dieron en la organización de la que formaron parte: la Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN) -fundada en la ciudad de La Plata a fines de los años 60. El escrito junto a las discusiones políticas que lo nutrieron llenaron de contenido la lucha educativa a partir de los años 70 con una gran adhesión estudiantil ya que acompañaron el clima de época por ser un posicionamiento militante con un proyecto de país concreto. 

Dentro de este marco y en relación al presente, se puede considerar que para les estudiantes resulta difícil la tarea de situarse como actores políticos claves en la construcción de un proyecto de Universidad, y por ende, de país, ya que las instituciones modernas que conocían vuelan por los aires y con ellas las formas de habitar la época. Entonces vale re-preguntarse haciendo una re-lectura de las experiencias militantes universitarias mencionadas: ¿qué país anhelamos? Para pensar la universidad del presente hay que volver a mirarla con los ojos de quienes la habitan y, tal vez sin darse cuenta, la construyen. Es decir, poner el foco en les estudiantes.

La “despolitización” de las juventudes

Desde que triunfó La Libertad Avanza en el año 2023 y Javier Milei, autoproclamado enemigo férreo de lo público, asumió la presidencia del país se ha adjudicado múltiples veces la responsabilidad de dicha victoria a las juventudes como resultado de su “despolitización”. ¿Estamos viviendo realmente un momento de despolitización de las juventudes o es que simplemente no han podido situar la potencialidad de transformar algo desde el pensamiento nacional?

Es una época donde resulta costoso pensarse como “sujetos políticos”, ya que la suscripción a las lógicas del mercado y la concepción del Estado como si fuera una “mano invisible” genera que muchas veces no se sea consciente de las políticas públicas que contienen a les estudiantes dentro de las aulas, políticas en su mayoría conseguidas por la lucha docente/estudiantil. Donde la memoria parece acortarse, donde la individualidad predomina y cuando avanzan proyectos derechistas y neoliberales en el mundo, se vuelve un desafío repensar y organizarse en colectivo. 

Se ha propuesto y ejecutado desde el Gobierno nacional transformar la educación en un servicio, buscando desfinanciarla y tecnificarla para finalmente llegar a arancelarla. Se ha atacado desde su asunción a la comunidad educativa y la reacción fueron dos movilizaciones masivas; una toma histórica de las Universidades Nacionales y la contemplación de la emergencia estudiantil en el nuevo proyecto de Ley de Financiamiento Universitario que finalmente también fue vetado por Javier Milei, ahora estamos en las vísperas de la Tercera Marcha Federal Universitaria. Entonces, la respuesta estudiantil organizada existe. Ahora bien, hay que llenar de contenido la acción. La lucha comenzó en defensa por la educación pública, pero el fin de la lucha no es la sanción de la Ley de Financiamiento. ¿Qué queda por delante? ¿A qué se aspira?

Autonomía universitaria, libertad de cátedra y co-gobierno son las banderas que revolucionaron la Educación Superior con la reforma del año 1918. ¿Pero qué significan hoy? Si ante la intervención del mercado en nuestros planes de estudios y en  nuestra formación profesional, las decisiones han quedado a merced de quienes defienden una autonomía y libertad que termina siendo una pantalla que esconde una lógica liberal-institucionalista, donde el cuerpo estudiantil se ha alejado de la injerencia en las definiciones.  

El grueso del estudiantado defiende su lugar en la Universidad Pública, pero parece quedar acéfalo de la potencialidad transformadora que tienen los estudiantes para discutir sus planes de estudio, para construir un perfil profesional que coincida con un proyecto de país donde la excelencia y calidad académica no sea exportada, sino que se aferre a la defensa y autodeterminación del territorio nacional. Y no por capricho, sino que no se puede pensar a la comunidad educativa sin todos sus integrantes siendo parte de la toma de decisiones. Hoy pareciera que el estudiante entra, cursa y se va, dinámica parte de la educación neoliberal que busca la autoproducción y salvataje de los estudiantes cada vez más individualizados, aggiornándose a la lógica mercantil sin chistar, aceptando una decisión de la que no fueron parte, desgranando su carácter político. 

Es difícil pensar en esto cuando la mayoría de los estudiantes viven con el resabio individualista de la pandemia, cuando el pluriempleo es naturalizado, cuando no se llega a fin de mes. Se aceptan las condiciones dignas que aún conservamos, como el boleto estudiantil o las becas, sin preguntarse cómo fueron conquistados esos derechos. Le exigimos a la juventud que se piense como sujeto transformador, pero es la misma juventud que hoy no puede proyectarse a largo plazo. Es en este contexto donde la lógica capitalista individual cala, pensando al estudiante como un consumidor que accede a un servicio, apelando por una tecnificación de las profesiones y un acceso a la educación donde no todos entran. Y es que desde la Universidad se ha virado de ser el eje orientador de un país a ser una parte del engranaje que obedece a lo que exige la hegemonía económica.

En este momento, se espera que para el 2027 en Argentina comience a implementarse el SACAU, Sistema Argentino de Créditos Universitarios, proyecto impulsado por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) y el Consejo de Rectores de Universidades Privadas (CRUP), decisión a espaldas de una parte de comunidad educativa, en especial, de nuevo, de les estudiantes. Este sistema se basa en la asignación de créditos académicos en función del tiempo total de trabajo del estudiante. El SACAU implica ir hacia una tecnificación de las carreras, cambiando la lógica de acreditación de materias por la cuantificación de las horas de estudio tanto dentro como fuera de las instituciones académicas; esto tendría como finalidad, según sus impulsores, optimizar el tiempo de cursada y garantizar el egreso. Lo que esconde es la liberalización de la educación, no solo por el acotamiento de las carreras sino porque muchos de los contenidos recortados pasarían a darse en posgrados, que gracias a las reformas menemistas de la educación, son pagos. 

Una vez más, las decisiones llegan a les estudiantes fagocitadas, escupidas como la única forma de solucionar las problemáticas. Por esta razón, es necesario recuperar y reivindicar los proyectos de país con la perspectiva de formar profesionales para el desarrollo de la nación, donde muchas veces la gestión política fue orientada por el brazo estudiantil. 

Si miramos la historia reciente de nuestro país y de la Patria Grande, podremos comprender que no sólo es posible profundizar el rol político de les estudiantes, sino que es inevitable. 

La historia de nuestros pueblos está dotada de avances y retrocesos, y pese a los intentos de borrar aquellos legados de lucha y organización que nos antecedieron, las experiencias y enseñanzas del pasado sirven como faro para pensar los desafíos de los tiempos actuales. 

Es así que como movimiento estudiantil, se deben retomar las experiencias históricas de la reforma universitaria, del ingreso masivo de estudiantes trabajadores a la universidad, de la unidad obrera estudiantil en las gestas del Cordobazo y la lucha revolucionaria de los compañeros de los 70. Desde esos legados construiremos el presente de un movimiento, que lejos de estar agotado, se ha rearmado incansablemente, organizándose desde las bases en la construcción de una Universidad más inclusiva, pero también de una Patria Soberana. 

La Universidad que habitamos hoy, que se mueve por inercia ante las demandas neoliberales, parte de las masivas movilizaciónes que dieron freno al intento de privatización de las Universidades Nacionales en los años 90, que se plantaron contra la Ley de Educación Superior, que lucharon por la reapertura del Comedor Universitario que habría sido cerrado en la dictadura, que lograron arrancar el Boleto Universitario Gratuito a la gestión de Maria Eugenia Vidal y Mauricio Macri, que frenaron el intento de cierre de Universidades, que lograron la implementación de protocolos de género y fueron parte fundamental de la conquista del Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito.

Es necesario que se retome esta tradición de lucha y organización, que nos formemos colectivamente, que agudicemos la mirada crítica y que por sobre todas las cosas volvamos a tener la capacidad de soñar e imaginar otras condiciones de posibilidad para nuestras vidas. La llama sin dudas está prendida, la resistencia al desfinanciamiento desde que asumió Milei es la demostración de que como estudiantes tenemos la capacidad no solo de organizarnos, sino de hacer temblar las estructuras. 


*El Movimiento Estudiantil Liberación es una organización política universitaria que nació en los años 90 en la resistencia a la implementación de la Ley de Educación Superior y que continuó dando discusiones y generando políticas estudiantiles hasta la actualidad en la Universidad Nacional de La Plata.


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