Unas pinceladas de historia china, varias reuniones, muchos presentes y algo nuevo que no es tan nuevo. Una semana que, posiblemente, quedará catalogada en la historia como un momento bisagra.
Hace poco más de dos semanas el analista geopolítico mexicano Alfredo Jalife vaticinaba que la semana que concluyó sería “la semana más histórica del siglo XXI”. Quizás para quienes no están tan empapados en las discusiones internacionales puede sonar como algo grandilocuente, y muy posiblemente el tiempo responderá a esa tesis. Lo que no se puede perder de vista es cómo, de un tiempo a esta parte, China ha adoptado otra postura respecto a su rol internacional y estamos viendo la materialización de algunas de las primeras consecuencias.
Vale recordar que, al inicio de su gestión, allá por 2012, Xi Jinping especificó cuáles sería los cuatro grandes ejes de su mandato. Líneas de acción que serían enunciadas en su discurso del Museo Nacional de Beijín en el marco de la exposición “El camino hacia la renovación”. En ese discurso Xi le dirá a la sociedad china que es el momento del “Gran Rejuvenecimiento”, de la “Gran renovación”.
¿Por qué es importante este hecho? Desde el museo, dirían en aquel entonces que esta exposición “muestra los sentimientos de amor a la patria y de respeto a la humanidad del pueblo chino, así como su persistencia frente a la adversidad”, a lo cual agrega que la misma está “basada principalmente en más de 1.840 objetos históricos desde la Guerra del Opio (inicio del “Siglo de la humillación”) hasta la actualidad, refleja el espíritu de resistencia del pueblo chino frente a la invasión extranjera y su compromiso con la construcción de una nación fuerte”. Obviamente hace una mención especial al rol del Partido Comunista de China y su liderazgo en la independencia y la liberación de la nación.
De todo lo propuesto, en la complejidad que tiene esa sociedad y gobierno, hay cuatro ejes que se convertirán en claves a la hora de entender el desarrollo chino durante los tiempos de Xi: La lucha contra la corrupción (dentro del partido), una nueva posición de política exterior (un rol más activo y protagónico), la construcción de una sociedad moderadamente próspera (lo cual habla de un desarrollo balanceado), y la construcción de una nueva normalidad económica.
Hay bibliografía -in extensum- al respecto de estos cuatro puntos (lamentablemente casi todo en inglés) y no será lo que abordemos en estas líneas, lo que sí nos parece relevante en este momento es señalar que desde la llegada de Xi Jinping al gobierno chino, se ve cada vez con mayor frecuencia la impronta que el gigante asiático está tomando, uniendo piezas y torciendo las riendas de la política internacional tal como la conocíamos: Iniciativa de la Franja y la Ruta; fortalecimiento de los BRICS+, de la Organización de Cooperación de Shanghái y de otros organismos multilaterales; reclamos más vehementes en el seno de Naciones Unidas y defensa diplomática de la no intervención en asuntos de terceros países; entre un sinfín de demostraciones de que hay un cambio en marcha y que lo llevarían a afirmar en 2017 que “El socialismo con características chinas” había entrado en una nueva era.
Tal como lo analizábamos en artículos anteriores, esta semana fuimos testigos de un encuentro trascendental de la Organización de Cooperación de Shanghái, donde el tan mentado “triángulo Primakov” parece estar comenzando a caminar: Los líderes de Rusia, China e India en una foto que quedará para la prosperidad por las implicancias que puede tener. Eso sin mencionar la caminata de Xi, Putin y Kim por la alfombra roja seguidos por Lukayenko (presidente de bielorruso), por Sharif (Primer ministro pakistaní) o por Pezeshkian (presidente iraní) hacia el lugar donde el mandarín pronunciaría el discurso inicial al desfile militar en conmemoración del 80º aniversario de la victoria en la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la agresión japonesa y la Guerra Mundial Antifascista (conocida en Occidente como 2GM).
Y si bien su discurso puede ser motivo de análisis en profundidad, dado el simbolismo de todo lo que señaló en muchos de sus pasajes, hay dos fragmentos fuera de serie:
- “La historia nos advierte que la humanidad surge y cae junta. Sólo cuando todos los países naciones se traten como iguales, coexistan en paz y se apoyen mutuamente, podremos defender la seguridad común, erradicar la causa raíz de la guerra y evitar que se repitan tragedias históricas”;
- “El rejuvenecimiento de la nación china es imparable. La noble causa de la humanidad por la paz y el desarrollo, prevalecerán”.
Dos frases que van atadas de la mano. Por un lado, deja explícito que para China la única posibilidad de evitar las guerras y la destrucción humana, es con solidaridad, trabajo y vinculación respetuosa entre iguales y que busque beneficio mutuo. Por el otro, que ante la pretensión de boicotear ese destino de causa común de “la paz y el desarrollo de la humanidad”, China prevalecerá. En criollo: Si agreden, responderemos.
Cabe destacar que la plaza de Tiananmén, donde Xi pronunció su discurso, es el mismo escenario donde Mao Tse-tung proclamaba, en 1949, la conformación o el nacimiento de la República Popular de China. Mensaje que no sólo está relacionado con el pasado del Partido Comunista de China (y con Mao como figura emblemática) sino con el futuro. Para algunos analistas, dado el simbolismo del lugar elegido y las palabras de Xi, el mensaje podría entenderse como que China se está erigiendo como líder de una alternativa al moribundo orden mundial imperante hasta la fecha, no sólo el encabezado por EEUU, sino el del Occidente Colectivo y sus más de 500 años de colonialismo.
Paradójicamente, lo que reafirma la magnitud de semejante acontecimiento, no es lo que hicieron o dijeron estos mandatarios en sus múltiples encuentros y convenios, sino lo que publicaba en la red social Truth, el presidente norteamericano, Donald Trump: “Parece que hemos perdido a India y a Rusia ante una China más profunda y oscura. ¡Qué tengan un futuro largo y próspero juntos!”[1]. Una muestra de la parálisis e impotencia occidental ante un polo de poder que hoy por hoy (si no se arma la hecatombe) parece imparable.
Recopilando esta semana euroasiática histórica: 25º reunión de la OCS, 80º aniversario de la victoria China contra la invasión japonesa en el marco de la Guerra Mundial antifascista, reuniones y acuerdos bilaterales varios, Foro económico de Vladivostok.
Éste último se dio en la ciudad rusa de mismo nombre, tan sólo unas pocas horas después de las megajornadas organizadas por China. Un evento anual donde se discuten lineamientos y negocios de toda índole: desde las rutas comerciales del ártico hasta sistemas de pago alternativos para el comercio internacional, pasando por el desarrollo del este y Siberia como un todo o encuentros entre Rusia e India, dos de los principales miembros BRICS y OCS.
Así como en su momento se dijo que el principal error de Barak Obama fue “arrojar a Rusia a los brazos de China” (o viceversa), quizás el peor error de Trump haya sido arrojar a India, Brasil e Irán (como mínimo) a los brazos de Rusia y China. El tristemente célebre Occidente Colectivo no tiene ideas, no tiene políticas, no tiene el financiamiento y evidentemente no tiene la capacidad militar para romper esa alianza que (con todas sus contradicciones y complejidades) comienza a cobrar cada vez más fuerza. Ni siquiera tiene la capacidad de derrocar al Chavismo (por más que a Marco Rubio se le haga agua la boca), fuertemente respaldado por la mayoría de los actores claves de este mundo multipolar y multimodal que se está gestando.
Pero a no confundir… Los nodos de ese mundo multipolar emergente no son anti EEUU o anti Occidente. De hecho, todo el tiempo los líderes de esos países se encargan de remarcarlo. Algunos podrán decir que es para no confrontar abiertamente e ir a una guerra, puede ser, está entre los márgenes de acción. Pero todos saben que EEUU seguirá teniendo un lugar importante en el desarrollo mundial, lo que no están dispuestos a seguir soportando son las imposiciones y el avasallamiento permanente al que nos tiene acostumbrados el imperio. La disputa es por el orden mundial y la lógica colonialista, racista, supremacista y saqueadora hasta ahora reinante. Lo que están proponiendo, a priori, es otra cosa. Y sin dudas esa nueva formación socioeconómica con orientación socialista, llamada República Popular China, y el resto de sus socios, tienen mucho para decir y compartir.
Referencias:
[1] https://www.infobae.com/america/mundo/2025/09/05/donald-trump-lamento-que-india-y-rusia-hayan-decidido-aliarse-a-una-china-mas-profunda-y-oscura/

Nicolás Sampedro
Prefiero escucha antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.
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