El entusiasmo de Milei por Trump y el riesgo de una decepción: la guerra comercial que amenaza a las exportaciones argentinas.
Javier Milei, el presidente argentino, ha manifestado en múltiples ocasiones su admiración por Donald Trump, el nuevo presidente (de nuevo!) de Estados Unidos. Milei ha elogiado las políticas económicas de Trump, su enfoque liberal y su estilo disruptivo, llegando a compararlo con figuras históricas como Ronald Reagan. Sin embargo, este entusiasmo podría convertirse pronto en una decepción si Trump cumple con su promesa de iniciar una guerra comercial que afectaría directamente a las exportaciones argentinas, especialmente en los sectores del acero y el aluminio, con un impacto estimado en 600 millones de dólares.
Desde su llegada al poder, Milei ha expresado abiertamente su simpatía por Donald Trump y su modelo de gobierno. Ha destacado la reducción de impuestos, la desregulación económica y el enfoque promercado que caracterizó la administración Trump en el pasado como ejemplos a seguir para Argentina. Milei ha visto en Trump a un aliado ideológico en su lucha contra el intervencionismo estatal y su defensa del liberalismo económico. Incluso ha sugerido que un gobierno de Trump en Estados Unidos podría ser beneficioso para Argentina, al promover políticas globales alineadas con sus propias ideas.
Sin embargo, esta admiración podría estar basada en una visión idealizada de lo que representa Trump, sin considerar las posibles consecuencias negativas para Argentina, especialmente en el ámbito comercial. Trump es conocido por su enfoque proteccionista y su disposición a imponer aranceles y barreras comerciales para proteger la industria estadounidense, una política que podría perjudicar a países exportadores como Argentina.
Uno de los pilares de la política económica de Trump durante su primer mandato ya era la imposición de aranceles a las importaciones de acero y aluminio, con el argumento de proteger la industria nacional y recuperar empleos en esos sectores. Estas medidas afectaron a varios países, incluidos aliados tradicionales de Estados Unidos, y generaron tensiones comerciales a nivel global.
Según un artículo publicado por Buenos Aires Times, los aranceles impuestos por Trump al acero y al aluminio no solo afectaron a los países exportadores, sino que también crearon problemas para los productores nacionales estadounidenses. El aumento en los costos de estos materiales encareció la producción de bienes en Estados Unidos, lo que generó presiones inflacionarias y complicaciones para las empresas que dependen del acero y el aluminio como insumos clave. A pesar de esto, Trump ha defendido estas políticas como necesarias para fortalecer la industria nacional.
Ahora con Trump de nuevo en el poder, ya ha anunciado la imposición de nuevas políticas proteccionistas, con aranceles de 25% a las importaciones de aluminio y acero argentinos. Esto representaría un golpe directo para las exportaciones argentinas, que actualmente suman alrededor de 600 millones de dólares anuales. Argentina, que ya enfrenta una situación económica delicada, no puede permitirse el lujo de perder un mercado tan importante para sus productos. En primer lugar, reduciría los ingresos por exportaciones, lo que afectaría la balanza comercial y limitaría la capacidad de Argentina para generar divisas. Esto es especialmente preocupante en un contexto de escasez de reservas internacionales y alta inflación.
Además, el sector del acero y el aluminio es una fuente importante de empleo en Argentina. Una caída en las exportaciones podría llevar al cierre de fábricas y a la pérdida de puestos de trabajo, agravando la situación social y económica del país. También podría desincentivar la inversión en estos sectores, lo que limitaría su capacidad para modernizarse y competir en el mercado global.
Ante la posibilidad de una guerra comercial liderada por Trump, es fundamental que Argentina diversifique sus mercados de exportación y reduzca su dependencia de un solo país. Esto implica fortalecer las relaciones comerciales con otras regiones, como Asia, Europa y América Latina, y buscar nuevos acuerdos comerciales que permitan acceder a mercados más amplios y diversos.
También es importante que el gobierno de Milei desarrolle una estrategia clara para proteger a los sectores afectados por las políticas proteccionistas de Trump. Esto podría incluir la búsqueda de exenciones arancelarias, la promoción de acuerdos bilaterales o incluso la presentación de reclamos ante organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El entusiasmo de Javier Milei por Donald Trump y su regreso al poder podría convertirse en una decepción. Con un impacto estimado en 600 millones de dólares, estas medidas representarían un golpe significativo para la economía argentina, que ya enfrenta múltiples desafíos.
Como señala el artículo de Buenos Aires Times, las políticas arancelarias de Trump no solo han generado tensiones internacionales, sino que también han creado problemas internos en Estados Unidos. Esto demuestra que el proteccionismo no es una solución mágica y que sus efectos pueden ser contraproducentes incluso para el país que lo implementa.
Es fundamental que el gobierno de Milei anticipe estos riesgos y desarrolle una estrategia para proteger a los sectores afectados y diversificar los mercados de exportación. La admiración por Trump no debe cegar a las autoridades ante las posibles consecuencias negativas de sus políticas proteccionistas. Argentina debe priorizar sus intereses económicos y comerciales, asegurándose de que no sean sacrificados en nombre de una alianza ideológica. La realidad económica es más compleja que las simpatías políticas, y el país debe estar preparado para enfrentar los desafíos que se avecinan.

Héctor Ramírez Castillo
Periodista
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Revista Trinchera.
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