Mientras que por segundo mes consecutivo la inflación se mantuvo entre la órbita del 2 y 3%, la canasta básica superó el millón de pesos, con una base mínima totalmente pulverizada. Casualmente, la media salarial que existe, según el presidente Milei, alcanzaría esa cifra, que ya supera el millón de pesos.
Entre muchas otras mediciones, el Instituto Nacional de Estadística y Censos anunció en su informe mensual que una familia tipo necesitó durante noviembre 1.001.466 de pesos para no ser pobre. Esto quiere decir que, una familia con dos vertientes de ingresos, en la que 4 personas necesitan cubrir sus necesidades básicas, debe llegar a esa cifra entre los dos ingresos para no necesitar endeudarse o recortar en áreas claves como puede ser la alimentación.
Así mismo, esta medida no estipula gastos fijos como puede ser el alquiler, ya que el factor a medir se considera propietario de un inmueble, por lo que la cifra puede engrosarse de manera sideral. Por lo mismo, lo mínimo que debería ganar cada parte de ingreso por familia sería medio millón de pesos, (sin contar alquiler), lo cual está muy lejos del Salario Mínimo Vital y Móvil, que hoy se encuentra en 271 mil pesos.
El SMVM fue, desde el comienzo de la gestión libertaria, una de las variables de ajuste necesarias para realizar el enfriamiento de la economía, y registrar hoy los números inflacionarios que la misma utiliza como garante de su performance. Dicho en criollo: si los salarios aumentaban a la par de la pérdida ante la devaluación y liberación de precios, el consumo no hubiese caído, y por lo mismo no se hubiese generado la desaceleración de precios que hoy se ve.
Esto no quiere decir que la estrategia del gobierno haya sido la mejor o la única para bajar el índice inflacionario, todo lo contrario: es el método que se eligió entre diversas variables, y es el que cargó el ajuste contra los trabajadores. Por esto mismo, hoy este número inflacionario que está atado a la estabilidad temporal del tipo de cambio solo sirve para traer cierta estabilidad en los aumentos de algunos precios. Una estabilidad debajo de la línea de la pobreza en la mayoría de los casos (51% de la población según marcan las últimas medidas).
Si bien el SMVM no marca a rajatabla todos los salarios de la Argentina, es una base de la cuál no se despegan demasiado la mayoría de estos. Por lo mismo, parte del plan de la cartera económica fue retener como ancla este valor para no disparar el consumo, lo que ya se ha caracterizado en este medio como “enfriamiento de la economía”.
Un dato aún más desalentador es que, la línea de indigencia (capacidad de consumir los nutrientes básicos para la subsistencia) se marcó en $439.240, número que apenas se supera con dos salarios mínimos. Todo esto, nuevamente, sin contabilizar el pago de alquiler.
En el marco de esta coyuntura, el presidente de la Nación, Javier Milei, aseguró en cadena nacional este miércoles, tras cumplirse 1 año de su gestión, que el salario promedio ronda en los 1100 dólares (un millón cien mil pesos aproximadamente).
Sin embargo, no solo esto no se refleja en las estadísticas de pobreza, salario mínimo o cualquier salario que usted pueda comprobar preguntando cuánto gana al vecino, al empleado de la despensa a la vuelta de su casa o a algún familiar o amigo. Sino que, incluso en medidas de poder adquisitivo, el salario real está muy lejos de recuperarse tras la brutal devaluación de diciembre, sin mencionar lo que ya se había perdido durante los 8 años anteriores.

El gráfico expuesto, publicado en un informe de la organización Fundar, muestra la caída general del poder adquisitivo, enfocada en los rubros más importantes, de manera interanual entre diciembre de 2023 y septiembre de 2024. Fundar se dedica a la investigación y el análisis de las políticas públicas de desarrollo en la Argentina.
Con tan solo ver la cúspide de este gráfico se puede entender que, incluso en el sector mejor recuperado (bancarios), persiste una caída, la cual se profundiza hasta llegar a 20% de caída en transporte. Todo esto dentro de la consideración de los sectores “mejor parados” ante la debacle salarial.
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