“Faltas” (2024) de Cecilia Gentili es un libro lleno de dolor, pero al mismo tiempo lleno de esperanza. Cecilia, a través de sus cartas, habla. Y ese hablar se convierte en identidad.
¿Qué es lo que hace falta para ser, simplemente ser? En un mundo lleno de crueldad, violencia, de miradas lascivas, ser, diferente, pero ser. ¿Qué es lo que hace falta para que los demás lastimen, ignoren o señalen con la mirada que en realidad no ve? Simplemente ser, existir, querer vivir, estar rodeada de “Faltas”. El padre que falta, el amor que falta, la amistad que falta, el dolor que sobra. Eso es este libro de Cecilia Gentili: un recuento de faltas en la vida de una niña que nació niño y nadie -o casi nadie- quiso comprender esa simpleza de querer ser.
“Faltas” es un libro que entremezcla autobiografía con el género epistolar, la realidad que quisiéramos que fuese ficción. Pero no. Todo el dolor, en el cuerpo, en el ánima, todo es realidad. En este libro se compilan diferentes cartas que Cecilia les escribió a ellas. Les escribió a diferentes mujeres que rodearon su infancia, su adolescencia, a ellas las culpó, pero también les agradeció por cada acto que le permitió existir. Cartas a esas personas que no la violaron, que no la lastimaron, que la acompañaron. Cartas a esas personas que no supieron -o no quisieron- ver el dolor que rodeaba a esa niña que fue, que es y será. Cartas que desenmascaran el poder de la palabra en la mente de una niña pequeña, cartas que evidencian la violencia, las conductas de esos hombres y mujeres que quisieron marcarla a sangre y fuego.
“Quería, por supuesto, decirles que no era un chico; quería decirles que era una chica, pero sabía que nada saldría de esa respuesta.”

Cecilia escribe sin pausa, grita en cada palabra y deja escapar su pasado, ese pasado en el pequeño pueblo de Gálvez en la provincia de Santa Fe. Ese pasado que la llevó hasta un país lejano a seguir siendo, siempre siendo. Ocho cartas componen este libro, ocho cartas que denuncian: las violaciones, el señalamiento, los adultos que guardaron silencio, las madres cargadas de pastillas, los padres que fueron ausencia, la amistad que se convirtió en olvido. Cartas que narran de forma descarnada, con una prosa brutal, lo que vive una niña trans en un pueblo pequeño, cargado de tradiciones e hipocresía. Un pueblo del que solo se podía huir. Un pueblo de los años setenta, ochenta en el que elegir quién ser no era una opción.
Cecilia Gentili nació y creció en el pequeño pueblo de Gálvez. Un pueblo que se convirtió en su propio infierno. En el infierno de una infancia que se encargaron de romper, poco a poco, pero que no pudieron extinguir. Cecilia creció y se fue a buscar su propio paraíso en tierras lejanas, allá por el norte del continente. Nació, creció y se fue a construir su propio hogar siendo Cecilia, siempre Cecilia. En ese Norte encontró el suyo y ayudó a otros y otras a encontrar su propio refugio. La historia de Cecilia se convierte en la historia de muchas otras, de muchos otros, por eso Cecilia crea refugio en la militancia por los derechos de las personas trans. Sigue creando refugio a través de la palabra porque -aunque ya no esté físicamente- dejó un legado, una historia, un mensaje y una denuncia en este libro. Un libro cargado de oscuridad y dolor, un libro cargado de palabras que disparan contra aquellos que lastimaron su cuerpo, su mente, disparos que evidencian que sigue ocurriendo, que, en algún lugar del planeta, en una pequeña ciudad, en un gran pueblo, hay una infancia que necesita ser y crecer con amor. Sin manos oscuras alrededor, sin miradas malignas que sigan sus pasos, simplemente amor.
“Me llevo el poder de decir en voz alta lo que pasó. Este poder es mío y nada más que mío, y me lo quedo para siempre”

Lau Uhrig
Trabajadora, estudiante y lectora de Literatura. Docente de Lengua y Literatura en escuelas secundarias de La Matanza. Estudiante de Lic. en Lengua y Literatura (UnLaM). Siempre caminando por La Matanza
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