Justo cuando la realidad económica comenzaba a arrollar al gobierno en la opinión pública, la aprobación de la Ley Bases en el Senado le otorgó una cuota de aire sobre la cual puede barajar y dar. Sin embargo, las proyecciones de hasta organismos como el FMI siguen lejos de ser las mejores, y la recuperación que se proyectaba en ‘V’ se parece más a un ‘L’ en vistas hacia lo que queda del 2024.
Llegadas las instancias finales de las negociaciones por la aprobación de la Ley Bases, el presidente de la Nación, Javier Milei, solo tenía una pretensión: que esta salga como sea. De aquel mandatario sujeto a cada letra del ambicioso texto original quedó un dirigente resignado que, en su marco teórico económico, sostiene que es imperante tener algo de esta ley para poder sacar la actividad económica a flote.
Por otro lado, quienes lo acompañan con cierta distancia de la teoría anarco-capitalista, de seguro coincidían en que necesitaban una mínima victoria, por lo menos parlamentaria. Y es que el gobierno navegaba sin dudas en su peor semana desde que asumió, con un escándalo en la cartera de Capital Humano que no dejaba de profundizarse conforme corrían las horas (y que destapó el primer caso de corrupción visible); con primeras encuestas que circulaban con una pronunciada baja en la imagen positiva (muy negativas para los prematuros 6 meses de gobierno); y una economía que cada vez asfixia más a los argentinos.
Sin dudas, la aprobación de esta ley no solo le da al oficialismo esa carta que tanto ansiaba para poder mostrar gobernabilidad, y obtener por ejemplo un nuevo giro del Fondo Monetario Internacional (FMI), sino que también le permite estirar una paciencia desgastada de quienes lo votaron para mejorar su calidad de vida bajo la premisa de que “sin una ley no podía gobernar”. Sin embargo, ¿cuánto puede durar esta aparente paciencia?
Por un lado, esta paciencia es finita. Si ya raspaba el fondo previo a la aprobación, ahora experimenta una suerte de “segunda oportunidad”, en donde el vuelto puede ser aún más lapidario. El gobierno tiene la herramienta sobre la cual, en su ausencia, encontró la excusa para no hacerse cargo de los terribles números sociales que se desprenden desde que son gestión. Ahora, no solo se aprobaron casi todos los capítulos de la reducida Ley, sino que además posee las facultades delegadas.
Por esas razones, es lógico que se espere una recuperación mínima en un corto plazo, hecho que no solo es leído como imposible para economistas y analistas opositores al oficialismo, sino hasta incluso para el propio FMI, que aprobó un nuevo giro por U$S 800 millones, pero predice que la recesión se estirará más de lo que el propio gobierno espera: “La actual recesión económica podría prolongarse más y el proceso de desinflación podría resultar más persistente, provocando penurias prolongadas e intensificación de las tensiones sociales, incluso con el refuerzo del gasto social”, advirtieron desde esa dirección a través de un reciente documento de análisis de la coyuntura nacional Argentina.
El organismo dirigido por Kristalina Georgieva entrega este documento en el marco de su rol como supervisor de la política económica de cada país al que accedió a “asesorar” a cambio del préstamo financiero que otorga. En el mismo se asegura que las “metas fiscales” están cumplidas, pero al mismo tiempo se advierte una caída aún mayor para el Producto Bruto interno durante el 2024 que la que se desprendió de la revisión trimestral anterior (de 2,8% a 3,5%). En paralelo, la inflación interanual prevista evolucionó de 150% a 140% con respecto a esta anterior revisión, lo cual indica que, mientras que la actividad económica reflejada en la caída del PBI cayó un tercio, la expectativa inflacionaria apenas se redujo en menos de un 10%. En esa línea además, el organismo prevé que la empinada recuperación este acompañada de una inflación que persista cercana al 5%, lo cual explica la preocupación del Fondo por la sostenibilidad de un ajuste en el marco de una auténtica situación de estanflación.
Por último, el organismo prestamista asegura que esta situación podría revertirse en tanto y en cuanto se apruebe el paquete fiscal que quedó relegado en la votación parlamentaria, al mismo tiempo que los salarios se recuperen. Sería interesante, en ese sentido, preguntarles a las autoridades que redactaron este texto como se recuperarían los salarios en el marco de una depresión económica en donde las reformas fiscales buscan añadir más impuestos a los trabajadores monotributistas y en relación de dependencia en vez de aliviarlos.
El gobierno nacional obtuvo una “mini primavera” gracias a la cual puede respirar, mientras una parte de la población recarga sus últimas esperanzas para observar si, al no tener las “ataduras de las ratas del congreso”, este se puede valer por sí mismo y mejorar la calidad de vida de los argentinos. Claro, un arma de doble filo, porque en la medida que no lo logre en este complejo panorama a futuro, el oficialismo ya no tendrá en donde expiar culpas.
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