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 Los fantasmas del futuro, el fantasma de Fisher. La necesidad de la lectura y relectura de las ideas de Mark Fisher, qué es el capitalismo y la necesidad de pensarse por fuera de él. Acá una carta de presentación y una invitación a encontrarnos, pensarnos y debatir.

Por Santiago Stavale

Mark Fisher, en la introducción inconclusa a “Comunismo Ácido” (proyecto que quedó suspendido debido a su muerte) nos plantea que uno de los objetivos centrales del neoliberalismo, que llevó a la consolidación de lo que él denomina como Realismo Capitalista (la certeza de que “no hay alternativa”), fue conjurar el “fantasma de un mundo que puede ser libre”, extirpando la idea de que era posible construir un socialismo democrático o un comunismo libertario. Para Fisher, una de las claves del éxito de ese proyecto, cuyo origen ubica en los años ’70, estuvo en la fractura que se produjo entre la contracultura de aquellos años, que albergaba el sueño de un mundo más allá del trabajo y de una revolución psíquica sin precedentes, y la izquierda revolucionaria. Es que, a partir de ese desencuentro, el capitalismo profundizó la fractura posicionándose como el único sistema que podía satisfacer el espíritu libertario que anidaba en la contracultura, mutilándola de sus elementos anticapitalistas y reduciéndola a un puñado de imágenes icónicas, estilos estéticos y recuerdos nostálgicos, mientras que la izquierda perdía su prometeísmo y su atractivo, divorciándose cada vez más del deseo. Mas allá de su éxito, el capitalismo, sin embargo, debe sofocar constantemente los futuros perdidos que siguen en latencia, ya que el potencial que prometía aquella fusión sigue allí esperando ser retomados. En ese sentido, Mark nos pregunta ¿Qué habría pasado si esta fusión de la contracultura y la política de izquierda hubiera sido más exitosa y se hubiera desarrollado en el tiempo? ¿Y si el éxito del neoliberalismo no fuera la demostración de la inevitabilidad del capitalismo, sino un testamento de la magnitud de la amenaza planteada por el fantasma de una sociedad que podía ser libre? Y, consecuentemente, nos invita a que realicemos un contra-exorcismo constante de ese espectro. 

Fantasmas del Futuro es una respuesta a aquella invitación. Convocades por sus escritos y preocupaciones, un pequeño grupo de amigues y camaradas comenzamos a reunirnos en el año 2021, en la Ciudad de La Plata, para leerlo y debatirlo entre músicas y bebidas espirituosas. Pero rápidamente nos dimos cuenta que no éramos los únicos. Es que Fisher toca fibras sensibles. Su diagnóstico sobre el Realismo Capitalista, sobre la crisis anímica, la impotencia reflexiva y la deflación de nuestras expectativas, conecta con el corazón de la crisis civilizacional y personal que sufrimos actualmente (que nos desespera, desalienta, desmoraliza y deprime). Con experiencias y/o frustraciones militantes en nuestro haber, o con politizaciones que no hablan el lenguaje de las izquierdas tradicionales, Fisher interpela a quienes buscamos explicaciones políticas alternativas al malestar, que no nos conformamos ni resignamos a vivir en los límites miserables del capitalismo, pero que aún no encontramos las herramientas que nos permitan salir de este atolladero.  

Aquellos encuentros, entonces, fueron creciendo rápidamente y la coyuntura nos fue invitando a ampliar nuestros horizontes. Fisher nos abrió puertas y nos tendió puentes. Así, lo que comenzó como un grupo de lectura, devino en un grupo político-cultural de debate y ocio que se dispone a montar un pequeño laboratorio de utopías para aportar, desde nuestro lugar, a la construcción de la alternativa. 

Función Fisher

“Deseo poscapitalista” es el título del último libro que publicó la editorial Caja Negra, donde reúnen las últimas clases de Fisher. Cuando creíamos que ya conocíamos toda su obra, que disponíamos de su arsenal completo, nos sorprende una vez más. En sus clases nos revela su laboratorio, nos brinda acceso al ritmo de su pensamiento y al diálogo abierto con sus alumnes, y nos (re)plantea interrogantes: ¿Hay deseo por fuera del capital? ¿Qué hay por detrás del deseo por las mercancías? ¿es posible redirigir la energía libidinal producida en el capitalismo hacia un horizonte poscapitalista? ¿Podemos imaginar y producir nuevas formas de deseo? ¿Qué papel juega la clase, la conciencia de clase, el feminismo y la conciencia de grupo en todo esto? ¿Hay alternativa?

Fisher revela, una vez más, su obsesión por la promesa latente que dejó la fusión fallida entre contracultura e izquierda. Como si viniera a saldar una deuda por haber dejado inconcluso su Comunismo Ácido, y como si leyera nuestros movimientos e intenciones, volvió para dejarnos una ruta de lecturas e influencias intelectuales para pensar el mundo más allá del capitalismo, para desarmar y comprender (en un ejercicio de ingeniería inversa) la maquina libidinal, y construir una propia que nos permita reconciliar el comunismo con el deseo. 

Así fue que decidimos continuar con esa ruta y organizar múltiples iniciativas que nos permitan averiguar colectivamente adonde puede llevarnos. En La Plata, junto a les compañeres del colectivo CAOS, impulsamos un nuevo ciclo de lecturas al que llamamos Función Fisher, en donde quincenalmente, todos los miércoles en Villa Elvira (7 y 78), nos proponemos retomar las clases de nuestro profesor ausente. Mientras tanto, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, iniciamos con una serie de actividades que comenzaron a generar hermosas expectativas.  

La promesa

Fantasmas del Futuro arriba a Revista Trinchera con una promesa: acercar reflexiones y lecturas que nos ayuden a (re)pensar y recuperar los futuros perdidos que anidan en nuestro pasado y en nuestro presente; acercar artefactos (políticos, literarios, musicales, etc.) para imaginar y crear mundos nuevos; repensar la contracultura, el under y sus potenciales transformadores; aportar balances para pensar la impotencia actual de los proyectos de las izquierdas; y politizar el malestar cuestionando el estigma individualizante que pesa sobre la depresión, la angustia y el estrés que sufrimos todes para poder pensarla como un problema social inherente a este sistema. Todo esto puede hacerse, y una vez que ocurra ¿Quién sabe qué es posible?

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