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Gerónimo Rivera Cano nos trae de vuelta las crónicas de un niño solo, una mirada alucinada de las cosas. En este caso tango y autopista.   

Se define por ser mal escritor todo quien arranca su escrito con una pregunta. Por eso ¿qué tiene que ver el tango con las autopistas? ¿Qué tiene que ver las autopistas con el aire? 

Aún peor es quien escribe preguntas sin dar respuestas. Los ojos necesitan certezas. La vista necesita un tacto claro, concreto, mucho concreto; mil bolsas de cemento en el pecho; arena en la garganta; agua en las fosas nasales y dos metros bajo tierra para las fosas sepulcrales. 

Fosas que también son basamento de algunas autopistas porteñas. Pero claro, estas no son cules no son reconocidas son rebeldes, subversivas. Las fosas. Las autopistas son del aire, todos los coches son del viento. 

Primera persona, es detestable la primera persona pero no sé cómo escribir esto si no es a través de ella. Y cuando digo ella no sé si me refiero a su nombre, a la noche, su figura, su desprecio por la carne o su olor. 

Tango. La melodía del tango que no lo imita ni lo adquiere porque lo guarda en su corpus sancti. Santo no. Pecador a medias. 

El elemento transformador ha logrado su cometido. Nos transformó en peores. Aún más mal nacidos que consentidos por madres. O abandonados por figuras paternas que a veces también caben el rol de madres. 

Madres siendo padres y padres siendo ausencias. Así es la familia de la que nace un Piazolla. Nos transformó en peores… 

Afirmar que ayer estábamos bien sería mentir, al menos ponían el guiñe al cambiar de carril. 

Hoy son perros callejeros quienes respetan las sendas peatonales. 

Astor ha visto autopistas. Pero ¿pugliese? Pugliese no. Y sin embargo él va al compás de la soledad selectiva. Seleccionada. Va con los autos que siguen junto a la primer persona  al curso de la autovía. 

Y entonces Astor con Osvaldo alguna vez han de cruzarse en carromatos a 130km/h yendo derecho o viniendo torcidos. Silbando. Creyendo ser dueños de su destino. Destino, no suerte. Ese hálito que inexpugnablemente embadurna nuestra presencia y nos regala a la ausencia del sentido. 

Aunque salga a hacer mandados un milico es un soldado. Un día nublado es soleado. Y las autopistas son exuberancias que plasman las fragancias leds de luces artificiales. Exuberancias de los noventa. 

Es mejor andar solo con los fantasmas. Solo y acompañado. Solo nunca. Solo “solo” solamente “solo” está el sol. Que ni siquiera “es”. Por eso “está”. El sol está solo. 

El tango y las autopistas entonces. La novedad y el dale que va. La música ligera de blancas noches y la música rutera del traqueteo sobre el riachuelo. La exuberante pontífica edificación con la exiberancia musicalidad que se logra solamente habiendo hecho una vez pecera en el baño del exilio. ¿Qué tienen que ver? 

Nada tienen que ver, pero como el sol, están. El tango y las autopistas no tienen nada que ver; en cambio vosotros lectores sí, tenemos mucho que ver, oír…

Gerónimo Rivera Cano

No sé mucho de mi persona. Huyo del “conócete a ti mismo”. Solo tengo por ofrecer un par de sienes ardientes: mi capital intelectual se basa en ser graduado en Ciencias Jurídicas, reseñar cosas, hacer notas de opinión, análisis y crónicas. Como sujeto narrante soy buen lector. Me prostituyo en las palabras. Formo parte del multimedio Trinchera, integro el equipo de CAPTO. Trabajo en un estudio jurídico y notarial. Nací y me crié en la ciudad de La Plata. No me gusta el helado. Maradoniano, sí, aunque se poco de futbol. Siempre de acá, el lado en donde reina el amor y la igualdad.

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