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En el año 1971 Chico Buarque publica una de las canciones más hermosas e importantes de la historia musical de Brasil, quizás también de toda América Latina. “Construçâo”. La famosa canción donde todos los versos tienen 14 silabas, y todos terminan con palabras esdrújulas. Cuatro cuartetos donde las palabras que cierran los versos se van intercambiando y resignificando cada oración.

Buarque acababa de volver de Italia, lugar al que se fue a vivir en medio del clima de violencia política que atravesaba su país desde el comienzo de la dictadura militar en 1964. “Abuela, me voy a Italia. Cuando vuelva, probablemente ya estés muerta. Pero no te preocupes. Voy a ser cantor de radio. Y si sintonizás la radio del cielo, me vas a escuchar”. Así se despedía de su abuela. Volvió y compuso “Construçâo”, arriesgándose a las represalias que le toquen. 

Chico Buarque

La canción cuenta, simplemente, un día en la vida de un obrero, desde el momento en que se despide de su mujer por la mañana, hasta que cae de la obra en construcción donde trabaja. No es, entonces, cualquier día, sino el día en que va a morir. Como si Homero, aquel personaje creado por el Pity, muriera al terminar la canción. 

Quizás lo más hermoso y triste (sobre todo triste) que tenga la canción, versionada entre otros por Fito Páez, sea el verso que anuncia la muerte: “Murió a contramano entorpeciendo el tránsito”. (En el juego de palabras que propone el tema, luego será al público y al sábado a quienes el obrero entorpece). Si algo entorpece es porque molesta, porque no deja que las cosas sean como deben ser. Su muerte no genera angustia, ni estupor, ni horror en quienes lo encuentran; genera la sensación de que sus planes se alteraron. Y todo por un obrero, que no tuvo cuidado mientras trabajaba en la obra.

Pero no vengo acá a hablar de Chico Buarque, ni de su canción, ni tampoco de su obra. Vengo a hablar de Ezequiel Francisco Curaba, el joven rosarino que murió en el día de ayer después de estar varios días hospitalizado luego de sufrir severas quemaduras en todo su cuerpo cuando intentaba robar cables subterráneos de alta tensión en el sudoeste de Rosario.

El robo de cables de cobre, tanto de alta tensión como telefónicos, se ha convertido en una figura recurrente en estos últimos meses. Se estima que, en distintos depósitos a lo largo del Conurbano, el kilo del metal llega a pagarse hasta 7 mil pesos. Según las estadísticas del Ministerio de Justicia y Seguridad santafesino publicadas esta semana, solo en enero 95 personas fueron detenidas por este tipo de delitos, 87 hombres y 8 mujeres. Además, Ezequiel no es el primero en morir por este motivo en lo que va del año. Leandro Nahuel Martínez, en Olavarría, de 26 años; Alex Carranza, de 24 años en La Plata, son algunos nombres más que perdieron la vida de la misma manera. 

Las herramientas que llevaba Alex Carranza, al ser hospitalizado en La Plata.

Durante el día de ayer, el hashtag “Uno menos” fue tendencia en X (twitter) al conocerse la muerte de Ezequiel. Son muchos los portales donde la noticia va acompañada de comentarios que lo celebran, y hasta agradecen cierta justicia divina. Melina Gigli es docente en la Escuela Carlos Fuentealba, colegio al que Ezequiel asistía. Al enterarse de la noticia, y fundamentalmente al ver las reacciones viralizadas, compartió unas palabras de despedida en su cuenta de Facebook: “No quiero que lo recuerden así: Él era Eze, mi alumno. Nuestro alumno. Él era muy dulce y andaba con un carro. Tuvimos muchas mañanas de mates y risas. Se medía en todo, pero siempre sonreía. Los últimos tiempos han sido difíciles para nuestros pibes, él tiraba de su carro. Andaba cirujeando. Le gustaban los cuentos, pero no leer. Era bueno. Tiraba de su carro.” Casi a la manera de Chico Buarque en Construcción, los versos se repiten, y el “Tiraba de su carro” aparece una y otra vez entre sus reflexiones, que quizás debamos compartir algunas más: “El hambre no espera. Era tan dulce, tiraba de su carro. Y el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Cuanto dolor”

Más de 2700 personas reaccionaron a la publicación de Melina, 977 lo hicieron poniendo “me entristece”, 920 lo hicieron poniendo “Me divierte.”

¿Qué tendrá que ver, entonces, Chico Buarque con todo esto? Tal vez nada, tal vez solamente pasó que estos días, mientras leía sobre Ezequiel, y pensaba en lo jugado que tenés que estar para salir con un tramontina y una pinza a ver si tenés suerte y podes rescatar algunos metros de cable para vender en algún taller; o en lo miserable que serán otros al creer que algo va a estar mejor en el mundo o en nuestros pagos porque un pibe que andaba en su carro murió irreconocible hasta para sus propios padres, porque tenía más del 90% de su cuerpo quemado; se me vino esa canción a la cabeza. Pensaba en una frase que me encontré hace unos días en las redes, “Sudamerica, el lugar donde la vida es barata.” 

Pienso, también, que quizás no esté tan lejos aquella canción de esto que contamos. Si aquel obrero entorpeció el tránsito, a Ezequiel ni para eso le dio. Si la muerte aquella, molestó por inoportuna, la de Ezequiel la agradecieron muchos, por creerla justa tal vez. Me quedo pensando en eso, me quedó pensando en si incluso no podrán los dos, ser la misma persona: Desde que asumió Milei como presidente en la Argentina, se estima que la interrupción total de la obra pública nacional puso en riesgo más de 250 mil puestos de trabajo. ¿A dónde irán aquellos laburantes que tengan que pagar la escuela de sus hijos, los alquileres, remedios y la comida de todos los días, cuando los dejen sin sus puestos de trabajo? Como dice Melina, el hambre no espera, y nuestras vidas cada vez son más baratas.


Pedro Jalid

Profesor de Letras. Leo más de lo que escribo, trato de hacer más de lo que digo.

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