Perú decide su futuro en una elección incierta

Perú decide su futuro en una elección incierta

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Desde la instauración del sistema neoliberal en Perú, todos sus ex presidentes fueron o están siendo procesados o encarcelados por actos de corrupción, con la excepción de uno que se suicidó para no ser detenido y otro que falleció.

Nos encontramos frente a una realidad política que desanima hasta a la ciudadanía más convencida, y a esto se suma la pandemia del COVID-19, que dejó al desnudo las falencias de un aparente Estado que parece no haber existido nunca en el último tiempo.

En estas condiciones, la ciudadanía está obligada a ir a las urnas a votar, o de lo contrario deberá pagar una multa que ronda los 20 dólares. Y lo que se constata, a horas de las elecciones generales, es que ningune de les candidates presidenciales consigue superar el 10% de las preferencias electorales y que prácticamente habría un empate técnico entre 6 o 7 candidates, lo que evidencia la incapacidad de los partidos políticos de representar a sectores mayoritarios de la población.

Estas encuestas señalan que Yonhy Lescano, de Acción Popular, tendría el 10 % de intención de voto; Verónika Mendoza, de Juntos por el Perú, 9 %; Hernando de Soto, de Avanza País, 9 %; Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, 8 %; George Forsyth, de Victoria Nacional, 8 %; Pedro Castillo, de Perú Libre, 6 %; y Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, 6 %, aproximadamente.

Observamos candidaturas de la vieja casta política, y también a algunos partidos de izquierda. Sin emabrgo, merece la pena considerar que los últimos 30 años de neoliberalismo parecen haber neoliberalizado incluso a los propios partidos de izquierda. Como la oligarquía nacional, mediante sus centros de investigación, sus grandes multimedios mediáticos y sus universidades, afianzó en les peruanes de clase media el odio a todo lo que suene o represente una izquierda social, los partidos de izquierda tienen miedo de plantear abiertamente la nacionalización de bienes y servicios privatizados o hablar del fortalecimiento del Estado. 

La izquierda peruana

Foto: MARTÍN BERNETTI

Juntos por el Perú, encabezado por Verónika Mendoza, representa la posición más “conservadora” dentro de la izquierda, es decir que representa más los ideales de la socialdemocracia que al marxismo-leninismo.

En lo económico, sus líderes políticos y asesores económicos retóricamente cuestionan el neoliberalismo, aunque algunas de sus propuestas parecen tener cierta continuidad con el sistema impuesto hasta hoy. En ese sentido, las propuestas de Juntos por el Perú son maquilladas con políticas fiscales expansivas orientadas a superar la actual crisis económica y social, una condición necesaria pero insuficiente para avizorar un horizonte post-neoliberal a largo plazo. 

Uno de los aspectos más controversiales de la propuesta de Juntos por el Perú es la reiterada insistencia por la continuidad del mito neoliberal del banco central independiente, mito impuesto por la dictadura fujimorista y sus tecnócratas. Perpetuar este mito sólo conduce a la inacción y la capitulación ante el neoliberalismo, sino también la pérdida de una herramienta central para la promoción activa del desarrollo económico, tan requerido por el país.

Foto: Perú Libre

Un poco más abajo en las encuestas aparece el partido Perú Libre, que encabeza Pedro Castillo como candidato a la presidencia. Se trata de un partido que se declara marxista-leninista y mariateguista, con una marcada posición anti-capitalista y antiimperialista, y también con un claro componente popular e indigenista. De cualquier manera, el proyecto político no termina por demostrar que Perú Libre es todo eso.

Algunas propuestas resultan sumamente interesantes: se plantea la regulación estatal del mercado, la participación empresarial del estado, la planificación, y hasta la nacionalización y estatización de los sectores estratégicos; se prioriza la producción nacional y los mercados internos, y el mejoramiento de la recaudación fiscal a través de un esquema tributario progresivo. 

Además, Castillo es docente de una escuela pública rural, así que su propuesta educativa es bastante ambiciosa: busca incrementar el gasto en educación hasta alcanzar el 10% del PBI y pretende reformular los programas curriculares para una descolonización educativa.

Sin embargo, es un partido que también apuesta por la continuación e incluso la ampliación de las fronteras extractivistas, lo que implica que su propuesta no sea verdaderamente anti-capitalista. Quizás necesita superar esa lógica y abrazar un modelo de diversificación productiva, que sea social y ambientalmente sostenible.

La unidad es el camino

Algunos analistas aseguran que la candidatura de Pedro Castillo está siendo inflada por los propios partidos de derecha para intentar quitarle votos a Verónika Pérez, quien tiene más chances de alcanzar el ballotage.

Teniendo en cuenta que el mayor desafío de la izquierda peruana hoy, antes que proyectar un horizonte anticapitalista, es desmantelar el Estado neoliberal, llama la atención la falta de articulación entre estos dos partidos. En este escenario, lo mejor que podría pasar sería que uno de los dos avance al ballotage y que el otro llame a votar al partido que tenga posibilidades de ganar.

Porque lo cierto es que ambos partidos tienen muchas cosas en común. Si bien en el punto anti-capitalista hay algunas diferencias trascendentales, comparten un ideario progresista en el que existen muchas coincidencias y confluencias: ambos hablan de una reforma constitucional a través de una asamblea popular constituyente, del fomento a la pequeña y mediana agricultura, de la implementación de una banca de fomento y desarrollo, del reconocimiento de los derechos laborales y de la implementación de un sistema de seguridad social público para garantizar pensiones dignas desde el Estado (recordemos que las AFP son una de las nefastas herencias del fujimorismo).

El escenario es incierto, pero la izquierda tiene posibilidades concretas de vencer y, de una vez por todas, iniciar los cambios profundos que necesitan todas las estructuras del Estado peruano. Ojalá el pueblo esté a la altura.

¿Qué puede esperar Ecuador tras las elecciones?

¿Qué puede esperar Ecuador tras las elecciones?

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En un panorama político polarizado, Washington ha estado intensificando sus clásicos mecanismos de interferencia en los procesos políticos latinoamericanos, en este caso en Ecuador, para evitar que este Estado, tras la administración nefasta de Lenin Moreno, regrese a la determinación independiente de su futuro. Recordemos que la elección de Moreno en 2017 –como reemplazo del ex presidente Rafael Correa– proporcionó a Estados Unidos un claro control manual de Ecuador de una manera favorable a los intereses de su administración y de los aliados internos.

Durante estos años, representantes de estructuras criminales internas han consolidado su poder e intentan hoy hacerse con el gobierno. El candidato presidencial proestadounidense, Guillermo Lasso, ha estado involucrado en una serie de escándalos denunciados por el periodismo de investigación. Es sospechoso de evasión fiscal sistemática, así como de estar involucrado en actividades de corrupción y fraude bancario, incluso durante la grave crisis financiera del año 1999, durante la cual los ecuatorianos perdieron una parte significativa de sus ahorros bancarios en una corrida de apenas cinco días. Además, el acaparamiento ilegal de obligaciones de deuda estatal de la población a bajo precio, a través del uso de sus propias empresas, le permitió a Lasso aumentar su capital 30 veces.

Preocupa la situación en Ecuador, pues el estímulo de las acciones criminales de la aún vigente administración de Lenin Moreno, alentado por Washington, intensifica la posibilidad de una severa crisis socioeconómica y conduce a un escalamiento de la tensión política y social. Teniendo en cuenta la calificación favorable para un eventual triunfo de Andrés Arauz, la administración estadounidense ha intensificado las acciones de sus organismos de inteligencia y desestabilización para así desacreditar al partido “Unión por la Esperanza” y evitar su triunfo. El juego sucio está a la orden del día.

Resulta evidente que la dicotomía en estas elecciones es soberanía o dependencia. Si el pueblo ecuatoriano no desea a Washington dominando su futuro, obteniendo el control total sobre los procesos políticos internos de la república –lo que conlleva el dominio de los recursos estratégicos y el sometimiento total– entonces la decisión sobre a quién elegir, a quién otorgarle el voto en las elecciones de este domingo sólo tiene un nombre: Andrés Arauz.

La victoria de Arauz avizora cambios positivos para la población en general y la población indígena en particular, tratando así, prioritariamente, de resolver sus necesidades más sentidas, así como avanzar en mejoras significativas en materias de representación política en el poder, la economía, la cultura y la religión. Ecuador requiere una política estatal de protección que no la otorga la ultraderecha; requiere protección en amplias esferas, que es la meta de la candidatura de Arauz. De lo contrario, Ecuador enfrentará una dependencia total desde ese “norte revuelto y brutal” y con ello nuevos años de inestabilidad y el empobrecimiento de gran parte de la población. ¿Qué puede esperar la nación sudamericana este 11 de abril? Independencia o subordinación.

Artículo publicado originalmente en segundopaso.es

Pablo Jofré Leal
Pablo Jofré Leal

Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. especialista en temas de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl

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