No hay barbijo que nos proteja del machismo

No hay barbijo que nos proteja del machismo

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Por Agustina Flores*

El aislamiento social, preventivo y obligatorio que rige en toda la Argentina desde hace casi un mes, nos encuentra en una situación de indefensión y distanciamiento nunca antes vivido y deja en evidencia otra realidad: la de las mujeres que sufren violencia de género, convirtiéndose el aislamiento en un encierro del que no tienen escapatoria.

La violencia machista se expresa en muchas formas y tamaños, buscando siempre el camino para infiltrarse en todos los ámbitos de la vida, nos persigue desde el primer momento hasta el último, entrometiéndose en nuestros terrenos más privados, como es el hogar. La violencia doméstica es una realidad constante para muchas mujeres durante los 365 días del año. Sin embargo, la libre circulación y el tránsito por lugares de trabajo, estudio y ocio, permitían generar lazos de confianza con personas capaces de brindar ayuda a las mujeres que no encontraban huida ni resguardo. Tanto para escapar de sus casas, donde también habitaba su agresor, como para ser acompañadas a la hora de denunciar, se contaba con herramientas para las diferentes situaciones, contemplando la gravedad de las mismas. Era más sencillo dar cuenta de estas problemáticas para tomar acción inmediata y evitar que la violencia persista en la vida de la mujer.

La imbatible e infinita pandemia que nos toca enfrentar bajo techo, limita las posibilidades de identificar esos gritos de ayuda que, hoy más que nunca, son más fuertes.

Desde que comenzó el confinamiento, la Línea 144 registró un aumento del 60% en las llamadas registradas solo en la Provincia de Buenos Aires. De acuerdo con el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora Que Sí Nos Ven”, son 18 los femicidios entre el 20 de marzo y el 12 de abril, lo que confirma que la violencia machista no cesa, sino que se fortalece en cuarentena.

El 72% de los femicidios ocurrió en la vivienda de la víctima, afirmando el peligro al que están expuestas las mujeres al no tener otro lugar en el que resguardarse. Las niñeces, presentes en la mayoría de los casos de violencia, también se convierten en víctimas al escuchar y presenciar la situación, y en algunos casos, sufren golpes e insultos. Es una emergencia para toda la familia, que no para de agravarse. La situación económica que sufre una crisis constante, también es un factor que intercede en estos casos: la dependencia económica con el agresor hace que a la víctima se le dificulte aún más dejar su hogar.

El gobierno, tanto nacional como de cada provincia, ha analizado estos factores y tomado acción al respecto, tratando de cumplir con el rol que el Estado debería ejercer y lleva años vacío. El Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad reforzó la Línea 144, que se encuentra activa las 24 horaslos 365 días del año para brindar contención y asesoramiento a quienes estén en situación de violencia. Se agregó otra vía a través de Whatsapp, para recibir ayuda sin necesidad de llamar, escribiendo a las líneas 1127716463 – 1127759047/48.

Estas primeras medidas se tornaron insuficientes teniendo en cuenta que en la mayoría de los casos la persona se encuentra vigilada continuamente por su agresor, imposibilitando el uso de la línea de ayuda telefónica. A raíz de esto, se implementó el código “Barbijo Rojo” en las farmacias del país: si la víctima se acerca pidiendo uno, la persona del otro lado del mostrador debe ayudarla automáticamente y ponerla en contacto con la Línea 144. Además, en la última semana, se decretó que si una mujer o persona del colectivo LGTTBI sufre violencia de género, estaráexenta de la cuarentena, es decir que puede salir de su domicilio para hacer una denuncia o pedir auxilio.

Los hogares de resguardo están más llenos que nunca y son imprescindibles. Si bien las políticas públicas deben ir dirigidas a que el agresor sea el que abandone el hogar, son un recurso de extrema necesidad y urgencia. Al aumentar efusivamente los casos de violencia, los hogares son un amparo que puede salvar vidas.

No está de más recalcar que el desfinanciamiento en materia de género y políticas públicas de los últimos años, tiene repercusiones en la actualidad. El Plan de Acción contra la Violencia presentado en 2016 proponía la construcción de 36 hogares a lo largo del país, pero nunca se ejecutó. Los hogares actuales no son suficientes y la mayoría se encuentra en malas condiciones. La cuarentena, además de dejar en evidencia la grave situación que viven las mujeres, desenmascara la realidad del ex gobierno neoliberal por la falta de políticas públicas para erradicar este peligro.

Si bien el gobierno actual sigue presentando medidas para la emergencia que supone la violencia de género, no son suficientes. Hay cuentas pendientes que hoy salen a la luz y presentan complicaciones a los avances en políticas de género que se deben implementar por las graves consecuencias que el coronavirus conlleva.

Las calles son, por excelencia, el escenario de disputa de los movimientos de mujeres, pero hoy el aislamiento obligatorio obliga a pensar nuevas estrategias para gritar por las que ya no tienen voz. Con cuarentena o no, la violencia de género sigue existiendo y hay millones de razones para seguir luchando. Se han organizado campañas de concientización a través de las redes sociales -hoy nuestra mayor vía de comunicación y contacto- y se ha convocado a “ruidazos” para que retumben en todas las casas. La propuesta es seguir haciendo bolonqui por aquellas que ya no están y por la liberación de todas.

La concientización es una de las consignas primarias de lucha. Las personas como seres sociales vivimos atravesadas por mensajes todo el tiempo, seamos conscientes de ello o no. Los discursos llenos de odio y maltrato crean un sentido común que hay que disputar constantemente. Los micromachismos son aquellas conductas naturalizadas en estos discursos que son percibidos en la cotidianeidad, y ejercen opresión sobre las mujeres. En este contexto, en el que toda la familia debe quedarse en casa, el hombre sigue manteniendo su posición de autoridad ante la mujer, que debe encargarse de los deberes hogareños. Delegar estos quehaceres, hace surgir la típica comedia de denigrar lo fáciles que son el rol y las tareas que se nos designan al nacer. O bien se nos sigue exigiendo que seamos las que nos encarguemos de todo en el aislamiento, pues el mantenimiento del hogar es nuestra “especialidad”. Chistes machistas y comentarios arcaicos en los grupos de Whatsapp son un entretenimiento en todas las pantallas. Es hora de abrir los ojos y abolir estos comportamientos que lo único que suponen es un retroceso en las luchas que seguimos dando. La constante cosificación es un factor que se agrava en esta situación y que no tenemos que dejar de denunciar.

Resulta indispensable una implementación plena de políticas públicas vinculadas a la violencia de género, tanto para erradicarlas como para concientizar a la sociedad y eliminar el sentido común machista que nos persigue y crea las condiciones para que nuestra opresión se siga perpetuando. Hoy más que nunca, debemos involucrarnos en la sociedad, crear redes solidarias y prestar atención a toda alerta que se despierte. La cuarentena no para de llevarse a las pibas. Hay que denunciar y dejar de lado el silencio tan particular que nos atraviesa. Cuidarnos en conjunto es esencial para la lucha contra la epidemia, la del coronavirus y la del machismo.

Que una emergencia no opaque otra.


* Estudiante de Licenciatura en Comunicación Social con orientación en periodismo en UNLP, redactor en Revista Trinchera
Los Medios, el Festín y la Pedagogía de la Crueldad

Los Medios, el Festín y la Pedagogía de la Crueldad

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por Adrián Berrozpe*

“No es que el ojo del público sea cruel y rapiñador, sino que se lo enseña a despojar, a rapiñar, a usar los cuerpos hasta que queden solo restos; es una pedagogía porque ese público está siendo enseñado”

Rita Segato, Entrevista en la Fac de PyCS-UNLP de La Plata.[i]

¿Será que cuando un/a docente condena a un/a estudiante se está condenando a sí misma/o? ¿Será que al no reconocer a las/os estudiantes como sujetos capaces está negando su propia capacidad?

Carla Wainstock Congreso Pedagógico de UTE [ii]

A Fernando Baez lo mataron. Lo mataron porque podían, porque tenían más poder que él, porque hasta podría decirse que lo hicieron por creerse impunes. A Fernando lo mataron y no queda otra posibilidad. Fue, es y será un asesinato por parte de un grupo de jóvenes adultos, que mostraron manejarse con saña y con la cobardía de una manada deshumanizada.

A Fernando lo mataron, pero si se transforma un pedido real de justicia en venganza, a Fernando lo habrán matado dos veces: la primera por un grupo que lo molió a palos y la segunda por la ceguedad inculcada por los medios de (in) comunicación que buscan aferrarse a la susceptibilidad de la masividad para seguir inculcando, con la pedagogía de la crueldad, que sólo con venganza habrá justicia.

Los medios pergeñan desde su concentración y monopolización la agenda diaria, cuentan con recursos humanos y tecnológicos para ello, y desde ese punto de partida adoctrinan a la masa. Golpean fuerte a la misma contra el yunque, porque a través del odio y la venganza la manipularán frente a sus intereses. Como cuando Blumberg inflado por éstos y frente a una multitud, atacaba a través de su discurso, la política de derechos humanos y resaltaba los ya conocidos argumentos contra las clases populares por su condición de pobres.

Ser rugbier no te convierte en asesino, vivir en una barriada popular, barrio precario (abandonado por el Estado) o “villa” tampoco. “Todos los rugbieres son chetos impunes” o “gorilas” también son conceptos que se han ocupado de acuñar ciertos sectores que se autodenominan “progresistas”, que estigmatizan tanto como el que encasilla al otro por procedencia social.

Los linchamientos son prácticas que replican una violencia arcaica, machista y capitalista; aunque el otro nos genere aversión o miedo, porque en definitiva es el miedo el que conduce al otro y el linchamiento, aunque sea mediático, es la extrapolación de ese odio que nos daña individualmente y que daña al conjunto. A Pablo Ventura lo lincharon mediáticamente, hasta que él y su familia pudieron demostrar su inocencia, pero Pablo quedará marcado de por vida y los culpables de esto son los que dieron su nombre para “zafar” y de aquellos que por miedos se subieron a la manada que los persiguió por las redes con insultos y evocaciones a que sufran para poder saciar su miedo (su odio). Pablo es otra víctima, pero no sólo de la “Manada de Rugbiers Asesinos” sino de la sociedad del linchamiento.

La venganza no es sinónimo de justicia, sino posiblemente su antónimo. Tiene una fuerte connotación violenta de imposición de poder frente al otro. Estela de Carlotto dice “Ni odio, ni venganza, ni revancha, sólo queremos Justicia”[iii] entendiendo que la justicia no es una respuesta violenta frente a un crimen. No se puede pretender que en la venganza haya justicia porque cuando se construye a la justicia, se está hablando de un acto de amor y de restauración. Si se piensa que al ejercer poder violentamente se está realizando justicia por Fernando, se está actuando como aquellos que lo mataron.

La sociedad hace eco de los medios, quienes plantean como “justicia” a la cárcel. Una institución que se ha convertido en instrumento de venganza colectiva -aceptado popularmente- que hoy explota: más de un 80% de su población privada de su libertad sin un juicio o proceso judicial correcto. Esta venganza o instrumento del poder violento, del odio clasista (por centro, derecha o del progresismo blanco), del cual se ha apropiado la pedagogía de la crueldad para aplicar sus recetas, siendo estas retroalimentadas desde los bunkers mediáticos.

La cárcel como herramienta de castigo, es parte de un pensamiento que no permite fisura. El periodista Tuny Kollman en el aire de C5N enunció: “A mí me hace mucho ruido que manden a alguien preso 35 años por lo que pasó aquí”. Acto seguido se lo empieza a linchar mediáticamente, se busca su fisura y se lo ataca, pero este redobló la apuesta y relanzó con más fuerza: “Mirá si voy a defender a esos patoteros del orto, sólo digo que merecen penas de cárcel, pero no perpetua[iv], cuestionando un pensamiento hegemónico y mediático que pretende viciar, manipular y direccionar desde el titulo de un diario o de un graf en una pantalla televisiva.

La especialista penal Claudia Cesaroni, también señala a la situación carcelaria exponiéndola como parte de la Pedagogía y doctrina de la crueldad. Ella señala que “cuando alguien dice que tal «se pudra en la cárcel», está pidiendo tortura. Cuando justifican «linchamientos» están pidiendo tortura. Desterrar la idea de que, en determinados casos, la tortura es aceptable, es para mí el mayor desafío del Estado democrático”[v]. En otro post Cesaroni redobla la apuesta acerca de ser cruel con quien fue cruel: “Si los adolescentes imputados por la muerte de otro adolescente son condenados a prisión perpetua, deberían pasar la vida entera presos. No hay -con la legislación actual- ni siquiera posibilidad de libertad condicional a los 35 años. Eso a mí me parece una locura”[vi].

Para poder cerrar esta nota, es fundamental que la relean en carácter de cuestionamiento profundo para buscar preguntas que permitan desasnar los discursos mediáticos. Por ejemplo: ¿Qué es justicia? y ¿Qué es ser cruel?

Por último plantearles la siguiente pregunta ¿No será que hay mucho cordero atado al que visten de lobo, come pescado podrido y lo alimenta su verdugo?

Nota de página: como dicen los amigos de Alma Ombú “en vos recuerdo quien soy” y la chilena Anita Tijoux “Creo en lo imposible, creo que es posible, hacer de este mundo, un mundo sensible”.

Justicia por Ferando Baez, pero no venganza.


* Productor periodístico del programa de radio "Cabezas de Radio" que se emite los sábados de 9 a 12 hs en radio Ahijuna (FM 94.7). Trabajador de la Dirección General de Responsabilidad Penal Juvenil de CABA y colaborador de Revista Trinchera y Agencia Timón.

Bibliografía:
[i] https://perio.unlp.edu.ar/node/4602
[ii] http://congresoute2014.blogspot.com/2014/09/denombres-y-pedagogias-por-carla.html
[iii] https://www.latecla.info/5/81829-estela-de-carlotto-en-diputados-ni-odio-ni-venganza-ni-
[iv] https://twitter.com/tunykollmann/status/1220021018183467009
[v] https://www.facebook.com/claudia.cesaroni.94/posts/10157673557797870
[vi] https://www.facebook.com/claudia.cesaroni.94/posts/10157680630222870

Centro América, víctima de la violencia

Centro América, víctima de la violencia

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.Por Melany De Juana*

 

Fuente Migrantes en el triangulo norte_cifras Amnistía Internacional
Fuente: Migrantes en el Tiangulo Norte – Cifras Amnistía Internacional

La violencia atraviesa de diferentes maneras a cada región del mundo, y Centro América no es la excepción. Guatemala, El Salvador y Honduras integran el Triángulo de la muerte, más conocido como Triángulo Norte, una zona que está envuelta por la inseguridad ligada fuertemente al narcotráfico que encontró, en estos países, un puente estratégico para facilitar que la droga circule entre Sudamérica y Estados Unidos.

El endurecimiento de la lucha contra la exportación de armas y sustancias ilegales que cada vez se acrecentaba más en México “obligó” a los traficantes a buscar otras rutas que conduzcan al país del norte en aquellas regiones que se encuentran más debilitadas por la violencia que producen las pandillas, los grupos de crimen organizado, las maras y los gobiernos neoliberales.

Procesos como el golpe de Estado en 2009 a Manuel Zelaya favorecieron el fortalecimiento de la violencia en Honduras, así como las políticas de derecha que llevan a cabo Juan Orlando Hernández, en dicho país, y Jimmy Morales en Guatemala.

En 2012 el Instituto de Análisis militar de Londres consideró al triángulo Norte una de las regiones más peligrosas del mundo, poniéndolo al mismo nivel de los países de medio oriente -Siria, Somalia e Irak- con la diferencia de que en estos existe un conflicto armado, pero con la coincidencia de que en ambos territorios penetran las garras de Estados Unidos.

Esa inseguridad es provocada por diferentes factores como la pobreza, la falta de oportunidades, el alto volumen de armas que circula en la región producto del mercado negro favorecido por la corrupción de las fuerzas armadas, y el surgimiento de las pandillas y de las maras.

Las maras son organizaciones transnacionales de corte criminal originadas en la década del 80’’ que se dedican al narcomenudeo, la extorsión, el secuestro de personas, el robo, el tráfico de armas y los asesinatos por encargo y que con el tiempo se establecieron principalmente en Honduras y El Salvador.

Entre las más conocidas se encuentran la Mara Salvatrucha y la Mara 18, que tienen sus orígenes en Estados Unidos. La primera se formó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando mexicanos que habían migrado en busca de trabajo se unieron para resistir el racismo y la violencia que ejercían los ciudadanos estadounidenses contra ellos. La segunda fue creada treinta años depuse y la integraban centroamericanos que escapaban de la Guerra Civil en El Salvador.

En 1997 Estados Unidos endureció la ley migratoria y deportó a los centroamericanos que residían alli, entre ellos los que integraban los grupos organizados. La introducción forzada a sus países de origen generó que las maras se expandieron por toda Centro América y dio lugar a que las pandillas se instalen en la ciudad, los barrios y las zonas rurales e impongan su poder a través de la coerción.

La pobreza, la falta de oportunidades laborales y de acceso a los servicios básicos, sumado a la persecución policial favorecieron la expansión de las maras que están conformadas, principalmente por jóvenes que dejaron sus estudios y se encontraban en situaciones de vulnerabilidad.

Así mismo, en Centro América se pueden adquirir armas libremente, ya que, no hay control sobre la venta de las mismas. En Honduras el uso de estas es el causante del 78% de las muertes.

Pero la grave situación que se vive en la región también es consecuencia de la militarización impulsada bajo la excusa de combatir el crimen organizado, a partir de la cual países como Estados Unidos proveen a los gobiernos de armas, helicópteros y vehículos militares en el afán de combatir la inseguridad con más violencia. A su vez el escaso control a las fuerzas armadas favorece que la inseguridad no tenga fin.

Pese a que con el paso de los años las muertes fueron disminuyendo, las cifras aún siguen siendo preocupantes: en 2018 en Honduras fueron asesinadas 2774 personas, en Guatemala 3881 y en El Salvador 3340. El 70% de las muertes violentas fueron consecuencia del uso de armas.

La compleja situación del triángulo Norte es causante de la crisis humanitaria que obliga a los centroamericanos a huir de sus países de origen en busca de una mejor calidad de vida en Norteamérica. La salida de miles de ciudadanos que tuvo al mundo en vilo por ser una de las caravanas migrantes más grande de la historia es consecuencia de esa misma inseguridad: salieron encolumnados porque esa es la única forma de protegerse ante posibles agresiones.

Esa migración multitudinaria despertó el malestar del presidente Donald Trump, que lejos de brindar asilo, notificó a Guatemala, Honduras y El Salvador que les quitaría la ayuda humanitaria si no detienen a los ciudadanos que buscan refugio en Estados Unidos, demostrando una vez más su falta de humanidad.

Por último, es necesario que los gobiernos centroamericanos comprendan que la solución no es violencia por violencia sino políticas que atiendan aquellas cuestiones que favorecen la creación de los grupos armados como la pobreza, la exclusión social y la corrupción de la que, muchas veces, ellos forman parte.

Analista especializada en Centro América, redactora de Revista Trinchera y columnista del programa Marcha de Gigantes (AM1390) y colaboradora de Agencia Timón

Tania Ferreira: “El gobierno de Bolsonaro es un gobierno militar”

Tania Ferreira: “El gobierno de Bolsonaro es un gobierno militar”

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.Hablamos con la militante popular y miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en defensa de la Humanidad, Tania Ferreira, para analizar la seguidilla de episodios violentos que ocurrieron en Brasil y que remiten, inexorablemente, al discurso que baja desde el mismísimo presidente Jair Bolsonaro. Las consecuencias de los discursos de odio, promovidos por el poder político, no tardan en mostrarse en el actuar violento de las fuerzas represoras del Estado y en sectores de la sociedad envalentonados por la legitimación de la discriminación.

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El 7 de abril pasado, militares del ejército acribillaron en Río de Janeiro el auto de una familia con 80 balazos, asesinado al músico Evaldo dos Santos Rosa

 

–En principio, ¿qué lectura haces de los primeros cien días de Jair Bolsonaro en el gobierno brasileño?

–Bolsonaro fue, desde la campaña, una persona muy problemática que incitó a la violencia desde los primeros momentos que se puso como candidato a presidente. Todas las personas sabían bien las posiciones respecto a Carlos Alberto Brilhante Ustra, un torturador de la dictadura de Brasil que a Bolsonaro le gusta mucho y a quien quiso hacerle un homenaje. Entonces, el prejuicio que tiene con los negros, las personas LGBT, las mujeres, los indígenas, los campesinos, se está traduciendo en las políticas antisociales de Bolsonaro. Cada día que pasa, en estos más de cien días, se manifiesta cada vez más con las políticas antisociales y prácticamente no hizo absolutamente nada de políticas públicas. Es una persona que tiene una personalidad muy violenta, tanto que el alcalde de Nueva York (Bill de Blasio) habló que es violento –para mí Estados Unidos no es ejemplo para nada, pero una observación de esas refuerza que eso acontece–. Nosotros tuvimos un episodio el 8 de abril en el que una familia fue atacada por militares del ejército brasileño que, con ochenta balazos a un coche, mataron a un padre de familia. Porque era negra, porque estaban en un lugar periférico y ellos tuvieron esa manifestación de violencia sobre una familia que estaba pasando e iba a una fiesta infantil. Eso es –nada más y nada menos– que el Estado terrorista y asesino que estamos teniendo en Brasil. Es la política de Bolsonaro que esta semana habló contra los indígenas, diciendo que había que re-socializarlos. Esa política de descaracterización cultural, de incitación a la violencia está cambiando al Brasil para un cuadro muy peligroso.

–Hoy estaba leyendo en algunos portales que esta semana van a estar sucediendo movilizaciones campesinas y, también, en relación a lo que mencionabas del músico asesinado, estos incrementos del discurso anti-campesino parecerían ser la vía libre para que las fuerzas represivas aumenten los niveles de represión y agresión contra la población pobre. A qué se lo atribuís, además de al carácter ya mencionado de Bolsonaro, ya que hay todo un equipo donde, inclusive, hay alrededor de 130 de militares que están en puestos claves del gobierno.

–El gobierno de Bolsonaro es un gobierno militar. Pero en relación a los militares de antes y de ahora, es que antes en Brasil había una sensación de nacionalismo, pero hoy en día los militares están vinculados a una cultura neoliberal. Entonces, ahí hay toda una movida de penetración de los discursos de los Estados Unidos, apoyando una estructura militar que va a perseguir a las personas que pueden parecer una amenaza para el gobierno. Por ejemplo, los campesinos tienen sus tierras y los papeles de ellas, y ahora los terratenientes están atribuyendo a ellos las infracciones. Y ahí, con ayuda de los militares, persiguen a los campesinos. Lo mismo con los indígenas. La policía está con los militares persiguiendo a la población negra, los LGBT, las mujeres. Para tener en cuenta, Brasil es el tercer país con más cárceles en el mundo, después de Estados Unidos y China. Una encuesta de 2017 decía que tenemos 7 muertos por hora. Eso aumentó un 8% de 2017 a 2018, habiendo 60 mil homicidios por año. Eso es un reflejo de la falta de Estado y de políticas públicas, que son necesarias y no están siendo implementadas. Un dato necesario es que en el gobierno de Lula, en el 2003, hubo una ley desarmamiento y un acompañamiento, por eso hubo una reducción de todos los homicidios por arma de fuego. Esa ley fue implementada y se vio una baja en la cantidad de los homicidios. Ahora no. Bolsonaro vino con la propuesta de armar la población, inclusive hubo un episodio de un chico que entró a una escuela y mató a muchos niños. Esa política de armar a las personas y hacer que las personas tengan acceso a eso, hace que el país tenga un índice mayor de homicidios por armas de fuego. Y eso va a aumentar cada vez más porque no solamente la policía y los militares, sino, también, ahora en Río de Janeiro está surgiendo una ley estadual para que los diputados puedan portar armas de fuego. Nosotros estamos pensando que va a tener políticas públicas, pero no hay un plan de gobierno claro, transparente, que la gente pueda entender qué va a pasar. Ahora, es muy claro que en Brasil está habiendo violencia, persecución, bajas de derechos.

–¿Cuál es el rol de los medios de comunicación en este contexto?

–Tenemos una media muy de derecha. La mayoría de los medios de comunicación están vinculados con la línea de muchas empresas. Los medios juegan con la política, hacen como una cortina de humo pero, en realidad, están totalmente alineados con las políticas de Bolsonaro. Los medios de comunicación alternativos, que las personas necesitan para tener noticias más transparentes, están siendo perseguidos. Hay periodistas de prensa alternativa que están enjuiciados. También, la media colabora con toda esa política neoliberal, imperialista, una política terrorista de Estado y asesina.

–En estos días el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dijo en un acto que Bolsonaro, después de haberse reunido con Netanyahu y Trump, pretendía invadir Venezuela o ser parte de eso. En ese sentido, en esta semana también, el vice brasileño, Moura, había descartado esta posibilidad. Algunos analistas plantean que el ejército brasileño no quiere meterse en esa situación. Todo daría a pensar que Donald Trump y Netanyahu están intentando condicionar a Brasil y Colombia a que hagan el trabajo sucio de invadir Venezuela. ¿Qué lectura haces de esto?

–Tengo un dato: los militares brasileños fueron a hacer una incursión de ayuda humanitaria en Haití y un comandante se suicidó. No están preparados. No existe en Brasil la cultura de la guerra, sí existe la cultura de la persecución. Los militares acá no tienen interés porque no están preparados. Otra cosa, China y Rusia están en Venezuela. Ellos tienen un poder bélico y no creo que Trump, junto con Israel, vaya a llegar a tocar a Venezuela. Ellos están haciendo eso para los medios. Ahora las potencias bélicas de Rusia y China están adentro de Venezuela, y no creo que el ejército de Brasil vaya a meterse con eso.

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Bolsonaro llegó al poder promoviendo el acceso irrestricto a las armas de fuego. Imagen elecciones 2018

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