Elecciones presidenciales en Colombia: Lo que está en juego

Elecciones presidenciales en Colombia: Lo que está en juego

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

La contradicción fundamental que marca el próximo proceso electoral es más simple, y da cuenta de la dramática situación a la que ha llegado el país: se trata de uribismo vs. antiuribismo.

Colombia llega a las elecciones presidenciales en un ambiente signado por la polarización política y la tristemente tradicional violencia. Pero también, recordando el primer aniversario del levantamiento popular y con una esperanza poco común en buena parte del país.

Sin embargo, las masacres y el genocidio político contra líderes y lideresas sociales se intensifican. Tampoco se detienen las amenazas de grupos paramilitares contra la fórmula que representa al Pacto Histórico y solamente la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha decretado un cese al fuego unilateral desde el 25 de mayo hasta el 3 de junio, para evitar que las confrontaciones armadas interfieran en el proceso de votación.

Quién polariza al electorado colombiano

Contrario al discurso de la derecha que controla las corporaciones mediáticas colombianas, la polarización política que marca esta disputa electoral no está dada por los discursos que evidencian la lucha de clases, porque, entre otras cosas, ninguno de los candidatos presidenciales es de izquierda ni mucho menos marxista, aunque haya partidos y organizaciones de izquierda dentro de la coalición que representa Gustavo Petro.

La contradicción fundamental que marca el próximo proceso electoral es más simple, y da cuenta de la dramática situación a la que ha llegado el país: se trata de uribismo vs. antiuribismo. 

Se podría argumentar que la dicotomía continuidad o cambio es común en todas las elecciones presidenciales. Pero esta vez no se trata solamente de un cambio de presidente, sino de romper con dos décadas de uribismo. Esta doctrina política de la ultraderecha colombiana que lleva el nombre de su líder Álvaro Uribe Vélez ha profundizado el conflicto armado, fortalecido la parapolítica, legitimado las fuerzas paramilitares, ordenado el asesinato de civiles inocentes para fingir éxitos en la lucha contrainsurgente, incrementado el genocidio político en todas sus expresiones, dado más poder al narcotráfico y, por supuesto, subordinando cada vez más los intereses de Colombia a los designios de Washington.

El uribismo además tiene impacto en la geopolítica al ser aliado natural de toda la ultraderecha mundial, por lo que ha inmiscuido a Colombia en gran parte de los conflictos internacionales. En Israel, en Marruecos o en Ucrania, la posición del uribismo es coherente, siempre contraria al interés de los pueblos oprimidos.

Caso especial es el de Venezuela, donde el propio Uribe se ha planteado como un reto personal intervenir para acabar con la Revolución Bolivariana, promoviendo y cohonestando la invasión paramilitar y el uso del territorio colombiano como cabeza de playa para todo tipo de operaciones de la guerra multidimensional que Estados Unidos dirige contra el país desde hace más de veinte años.

Desde su llegada a la Presidencia de la República el 7 de agosto de 2002, este criminal impune que es el hoy ex presidente Álvaro Uribe Vélez ha signado la política colombiana, hasta el punto de definir quién ocupa el Palacio de Nariño, y llegando al exceso de encumbrar a Iván Duque para las elecciones de 2018, un hombre básicamente desconocido en la política colombiana, quien termina ahora cuatro años de presidencia, siempre a su sombra. 

Tan pronto Duque resultó ganador de las elecciones de 2018 en las que se enfrentó precisamente con Gustavo Petro, señalamos que si el uribismo quería sobrevivir, este sería el período del uribismo sin Uribe, pero su prepotencia de patrón mafioso le impidió hacerse a un lado. 

Uribe concentra hoy el rechazo de la mayoría de la población colombiana, particularmente de la juventud. A tal punto que se vio en la obligación de asumir públicamente que el desprestigio de su figura afectó los resultados obtenidos por su partido en las pasadas elecciones legislativas.

Así, Uribe y su doctrina son la causa más palpable de la llamada “polarización” que hoy divide al electorado colombiano.

Quiénes son los candidatos a la presidencia en disputa

Finalmente seis candidatos llegan a la disputa este 29 de mayo: Gustavo Petro, Federico Gutiérrez, Rodolfo Hernández, Sergio Fajardo, John Milton Rodríguez y Enrique Gómez.

Solo tres de ellos figuran en las encuestas con una votación probable superior al 10%:

  • Gustavo Petro, actual Senador de la República por haber sido el contrincante perdedor de la última elección presidencial de 2018, fue alcalde de Bogotá en 2012 y el pasado mes de marzo fue elegido como candidato presidencial del Pacto Histórico, coalición de partidos progresistas y de izquierda. Petro es el candidato del antiuribismo.
  • Federico Gutiérrez, candidato de derecha uribista, fue elegido alcalde de Medellín en 2016, su entonces director de seguridad fue acusado de pertenecer al grupo narcoparamilitar conocido como La Oficina de Envigado, luego de resultar electo como candidato de la alianza de derecha Equipo por Colombia. Recibió el apoyo de Uribe y su partido Centro Democrático, y posteriormente de César Gaviria.
  • Rodolfo Hernández es un millonario constructor que fue alcalde de Bucaramanga en 2016, de personalidad violenta y chabacana, por lo que en ocasiones lo identifican como el Trump de Colombia. Hernández ha venido subiendo en las últimas encuestas y emergiendo como el candidato de la derecha que a pesar de todas las afinidades ideológicas, se niega a hundirse con Uribe, pero que finalmente puede ser la tabla de salvación directa o indirecta del uribismo.

Las diferencias entre las propuestas de estos tres candidatos, o sobre todo entre Petro y las candidaturas de la derecha que representan Gutiérrez y Hernández, son muchas, pero aquí vale la pena destacar dos: las posiciones sobre las relaciones con Venezuela y las políticas de negociación con las insurgencias. 

Con todas las diferencias y las críticas realmente infundadas de Petro a la Revolución Bolivariana, se ha negado siempre a reconocer a Juan Guaidó como presidente interino, e insiste en que su gobierno retomará las relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela. En esto último coincide con Rodolfo Hernández, mientras que Federico Gutiérrez sostiene la posición asumida por el gobierno de Iván Duque.

En cuanto a las políticas con la insurgencia, los tres hablan del cumplimiento de los acuerdos firmados entre el Estado y las FARC-EP en 2016, pero solo Petro se propone retomar los diálogos con el ELN, que es hoy la organización guerrillera más grande de Colombia.

Estados Unidos y la disputa electoral en Colombia

En torno a las relaciones con Estados Unidos que han sido y son de absoluta subordinación y ocupación militar, la posición de los tres candidatos parece coincidir en términos generales, pues ninguno ha manifestado estar dispuesto a tocar los intereses estadounidenses en Colombia, y ninguno se ha atrevido a incluir en su propuesta cualquier tipo de control a la presencia militar estadounidense en suelo colombiano o cuestionar la vinculación del país con la OTAN.

En cambio, la posición de Estados Unidos sí parece tener ambigüedades. Mientras es lógico pensar que haya sido una llamada de la Embajada estadounidense la que frenara el intento de golpe de Estado institucional promovido por el uribismo luego del fracaso electoral en las elecciones legislativas de marzo, hace pocos días el embajador de Estados Unidos en Bogotá, Philip Goldberg, se refirió a una “posible infiltración rusa” en el proceso electoral colombiano, como, según él, ocurrió en las elecciones estadounidenses en 2016 y 2020. A estas declaraciones, únicamente se atrevió a responder la candidata a la vicepresidencia por el Pacto Histórico, Francia Márquez, quien las calificó de injerencistas.

Márquez, una mujer trabajadora, líder social de las negritudes colombianas, feminista y ecologista, es en quien se sienten verdaderamente representados los sectores de izquierda del Pacto Histórico, y a diferencia de Petro, ella ha manifestado públicamente su deseo de que Colombia se aparte de la OTAN, además se pronunció contra la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua de la Cumbre de las Américas, y los bloqueos estadounidenses contra estos países.

Aunque no se percibe la posibilidad de que ninguno de los candidatos ponga en riesgo los intereses de Estados Unidos, el gobierno de Biden y el Congreso estadounidense se han apresurado a tomar medidas para amarrar al próximo presidente. Una de ellas ha sido la designación de Colombia como aliado militar no OTAN firmada por Joe Biden y un proyecto de ley que le acompaña, que analizamos en un artículo anterior y que ha sido introducido ahora con nuevo nombre por representantes de ambos países, como “Proyecto de Ley del Bicentenario de la Alianza entre Estados Unidos y Colombia”.

Posibles escenarios del día de hoy y días posteriores

De desarrollarse esta jornada sin problemas, los resultados previstos por todas las encuestas dan como ganador a Gustavo Petro. Lo que está en cuestión es si logrará hacerlo con la mitad más uno de los votos para ganar en primera vuelta, o si lo hace con menos y entonces pasaría a una segunda vuelta que se realizaría el 17 de junio de este mismo año.

De ser así, la pregunta es si pasaría a competir con él Federico Gutiérrez o Rodolfo Hernández, y aunque todas las encuestas y proyecciones dan por ganador a Petro también en la segunda vuelta, ese triunfo no sería sencillo y seguramente obligaría a realizar acercamientos y algunas concesiones con otras organizaciones para poder lograrlo.

Pero lo más preocupante son los escenarios de violencia que el uribismo en su desesperación pudiera desatar. Un asesinato de Gustavo Petro o de Francia Márquez es tan posible en ese enclave del terrorismo imperialista, que incluso un grupo de veinticuatro congresistas estadounidenses encabezados por Alexandria Ocasio-Cortez dirigió una carta al secretario de Estado, Antony Blinken, en el que manifiestan su preocupación por estas amenazas. 

En segundo lugar, están las evidencias de que Uribe, como fiel amigo de Donald Trump, se plantea cantar fraude y convocar con ello a organismos internacionales, levantamientos militares y/o acciones paramilitares. Esta maniobra que resulta vergonzosa para quienes durante dos décadas se han beneficiado de la precariedad del sistema electoral colombiano, está ya suficientemente denunciada por la oposición colombiana, pero el uribismo la mantiene en el discurso.

El excandidato presidencial Alejandro Gaviria definió a Petro como una “explosión controlada” para un sistema que ha mantenido a los colombianos y colombianas sumidas en la miseria y la violencia. Con esa claridad, sabemos que hoy Colombia no está a las puertas de una revolución, pero terminar con veinte años de uribismo cambiará la correlación de fuerzas en Colombia y la región a favor de los pueblos. Por eso, toda Nuestra América debe estar atenta a esta jornada.

De las que están por venir, escribiremos en los próximos días.

Artículo publicado originalmente en Misión Verdad

María Fernanda Barreto
María Fernanda Barreto

Escritora, investigadora y educadora popular colombo-venezolana, integrante de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad

EEUU se reacomoda geopolíticamente sin el uribismo

EEUU se reacomoda geopolíticamente sin el uribismo

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Todo tiempo pasado fue mejor, sobre todo si lo dice un imperio en declive. La hegemonía estadounidense que lo convirtió en el polo dominante de la geopolítica mundial tras el fin de la “guerra fría” está sufriendo golpes que parecen mortales.

Ante este panorama, los Estados Unidos han decidido que lo mejor es mirar al pasado y volver al mejor escenario posible para sus intereses. Desde el “Haz América grande otra vez” de Trump hasta el “reconstruir el mundo mejor” de Biden, todas sus iniciativas miran ya con nostalgia el tiempo que pasó y evidencian la inminencia del cambio que no les favorece.

Pero mientras el poder creciente de China y Rusia apunta a construir un mundo multipolar, o al menos tripolar, Estados Unidos intenta dividir de nuevo el mundo en dos: quienes están a su favor y quienes están en su contra, para regresar al mundo bipolar en el que supo manejarse durante más de cuatro décadas.

El problema para América Latina y el Caribe es que, en ese intento de volver a partir el mundo en dos, controlarla es imprescindible para los Estados Unidos, que la considera tan suya que ve como un problema de seguridad interna cualquier insubordinación de los Estados soberanos que la conforman o rebelión de sus pueblos.

Los primeros pasos del B3W sobre América Latina y el Caribe

Durante la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático número 26 (COP 26) que se realiza este año en Escocia, Joe Biden presentó nuevamente la iniciativa Build Back Better World (B3W) que ya había sido lanzada hace unos meses en el encuentro del G7, con la que Estados Unidos pretende competir con la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de China para, en primera instancia, frenar el avance del gigante asiático en la región.

En esa conferencia lo acompañaron representantes del G7 y asistieron, entre otros, los presidentes de Colombia, Ecuador, Panamá y Costa Rica, quienes ese mismo día acordaron la conformación de un Corredor Marino del Pacífico este tropical, que en principio se plantea como la ampliación de zonas marítimas protegidas para la conservación de la biodiversidad abarcando el Parque Nacional de Gorgona y el santuario de flora y fauna de Malpelo, en Colombia; la isla de Coco, en Costa Rica; Galápagos, en Ecuador; y la isla de Coiba, en Panamá.

La realidad es que este cinturón de 500 mil kilómetros cuadrados está inmerso en el plan de infraestructura presentado por Biden y se plantea como una “zona ecológica libre de pesca”, específicamente para impedir la pesca de barcos chinos.

Corredor marino del Pacífico este tropical – Misión Verdad

Lo más importante que esconde este acuerdo son las actividades militares en el archipiélago de Galápagos, al que el ex ministro de Defensa de Ecuador, Oswaldo Jarrín, describió como un “portaaviones natural” cuando el gobierno de Lenín Moreno autorizó a los Estados Unidos a ejecutar la ampliación del aeropuerto de San Cristóbal ubicado en ese territorio insular, para la instalación de radares y la operación de aviones estadounidenses.

Israel, el último salvavidas del uribismo

A pesar de que Iván Duque cumpliera la tarea asignada de conformar este cinturón en el Pacífico para articularlo al B3W, sus relaciones con el actual gobierno estadounidense son escasas, lo que de todos modos no impide que las coordinaciones militares continúen su curso ni que avancen los intereses económicos de los Estados Unidos en Colombia.

Así lo demuestran los tres altos funcionarios del gobierno estadounidense que visitaron Colombia estos últimos dos meses.

En septiembre Craig Faller, quien había sido designado por Donald Trump, estuvo en Colombia durante su última gira por la región antes de entregar su mando en el Comando Sur a la generala Laura Richardson.

Pocos días después llegó Daleep Singh, asesor adjunto de seguridad nacional del actual presidente estadounidense. Singh estuvo acompañado por David Marchick, director de la Corporación Financiera de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional; Ricardo Zúniga, subsecretario adjunto de Estado principal para Asuntos del Hemisferio Occidental y enviado especial para el Triángulo Norte; así como funcionarios de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), del Departamento de Comercio, del Departamento del Tesoro. La tarea fundamental de Singh fue precisamente avanzar con la B3W y, a juzgar por su recorrido, la conformación de este cinturón en el Pacífico este tropical.

Cerró el ciclo de visitas Anthony Blinken, Secretario de Estado, quien en la rueda de prensa que diera junto al presidente colombiano le hizo el reclamo por las violaciones de derechos humanos ocurridas en el contexto de represión al Paro Nacional en Colombia. Seguramente un poco para satisfacer las demandas de sus ONG y algunos sectores del Partido Demócrata estadounidense y, más que todo, para lavarse las manos ante la opinión pública de los crímenes que se comenten con su definitivo apoyo financiero, policial y militar.

Blinken también destacó la importancia que tiene para su país la crisis migratoria, pero no la venezolana sino la de haitianos y haitianas que han llegado al tapón del Darién, frontera de Colombia con Panamá, en su mayoría provenientes de Chile. El énfasis lo hizo justamente en la incorporación de Colombia a la iniciativa B3W.

Pero desde que Biden asumiera la presidencia en enero de este año, ningún encuentro entre los presidentes de ambos países se había dado hasta la pasada cumbre COP26, a pesar de los ingentes esfuerzos del presidente uribista que incluso fue dos veces a Washington este año. Añadiendo otra razón para que la oligarquía colombiana perciba la urgencia de una salida definitiva del uribismo de la Casa de Nariño.

Por esta razón, Duque sobredimensionó mediáticamente su saludo con Biden durante esa corta reunión para el lanzamiento de la B3W, pero la verdad es que el presidente colombiano fue solo uno más y nunca logró una reunión bilateral con el jefe de la Casa Blanca.

Es evidente que Biden no tiene interés en vincularse al uribismo que cerró filas con Trump durante las pasadas elecciones estadounidenses y se aproxima a una debacle electoral. Es previsible que en su lugar, la Casa Blanca decida apoyar candidaturas más moderadas o incluso progresistas en las próximas elecciones en Colombia y por similares razones, también en Chile. Y aunque hay elementos para pensar que Trump pudiera volver a la presidencia norteamericana en tres años, de todos modos son malos tiempos para el uribismo.

Sin el paraguas de la presidencia estadounidense, el que parece ser el último gobierno de Uribe busca un refugio estratégico y ha acudido nada menos que a la protección del poderoso lobby sionista que tantos tentáculos tiene en Colombia.

Es por eso que hace pocos días Colombia reconociera como territorio marroquí al Sáhara Occidental, siguiendo los pasos de Trump para acercar a Marruecos e Israel. Lo que constituye un grave desconocimiento de la historia del pueblo saharaui e incluso de las disposiciones de la ONU.

Diez días después, el presidente colombiano inició su primera visita a Israel, donde comenzó hablando del tratado de libre comercio y terminó departiendo sobre las nuevas coordinaciones militares para combatir lo que los sionistas llaman “el terrorismo internacional”. El renovado apoyo del Estado sionista anuncia nuevos escenarios de guerra en los que el uribismo ve su tabla de salvación.

Con esta maniobra, Duque consiguió cambiar la foto más importante de la semana para describir el papel del gobierno colombiano en la geopolítica imperialista. La imagen del saludo distante que le dio Biden en la COP26 quedó desplazada por la del primer presidente colombiano que se arrodilla frente al muro de los lamentos.

Artículo publicado originalmente en el portal Misión Verdad

María Fernanda Barreto
María Fernanda Barreto

Escritora, investigadora y educadora popular colombo-venezolana, integrante de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad

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