El tiempo no para

El tiempo no para

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EEUU sigue intentando evitar su derrumbe. Sin embargo, el tiempo juega en su contra. Si no resuelve pronto sus posiciones globales, todo indicaría la caída será inevitable. El problema es la bestialidad a la que puede estar dispuesto para conseguirlo.

La crisis norteamericana como hegemón global no es sencilla de explica ni comenzó recientemente. Es un proceso de largo aliento que comienza a darse justo en el momento en que la globalización se expande por todo el planeta.

En el medio, y pese que durante un breve período de tiempo lo tuvo como superpotencia, Rusia comenzó a levantar cabeza, China continuó su lento pero constante crecimiento, Nuestra América vivió una década de gobierno populares que aumentaron sus niveles de unidad y soberanía, y un sinfín de elementos que se podrían agregar.

Así las cosas, la política de EEUU hacia sus competidores directos se ha recrudecido en las últimas décadas. Sea la administración que sea, para el país del norte es un problema que tanto Rusia como China sigan adquiriendo mayores niveles de influencia a nivel mundial. Eso mismo (en parte) fue lo que motivó a Trump a declararle una guerra comercial a China, y que llevó a Biden a fogonear y fomentar el conflicto en Ucrania.

El problema para los gringos es que ni a Trump ni a Biden le estarían saliendo bien los cálculos. China salió fortalecida (incluso de la pandemia) y todo indicaría que Rusia sigue avanzando en posiciones estratégicas en el conflicto ucraniano. Pese a las sanciones unilaterales, la guerra diplomática, el financiamiento de estructuras paramilitares o irregulares, los rusos siguen avanzando gracias a una estrategia inteligente de Putin. Esto obviamente no implica que la cosa esté terminada, pero es significativo que el mismísimo Henry Kissinger haya advertido a Occidente de las consecuencias para la seguridad europea de continuar con la Guerra.

Ante la imposibilidad de frenar a Rusia, el imperio parece estar evaluando seriamente la posibilidad de abrir otro frente de conflicto, pero ahora con China. Las recientes declaraciones de Biden sobre Taiwan no hicieron más que encender las alarmas en Beijing, quien rápidamente salió al cruce. La pregunta que se desprende sería ¿Realmente EEUU está en condiciones de enfrentar dos frentes en simultáneo?

Tampoco es posible descartar el análisis y las afirmaciones del director del portal Red Voltaire, Thierry Meyssan, quien afirma que Occidente está preparando otra guerra luego del conflicto en Ucrania, esta vez en el Sahel (África), con la sustancial diferencia que en este caso “no será ‘problemática’ porque no afectará a las grandes potencias y las ‎víctimas serán ‘sólo’ africanos”.

Nuestra América

Por otro lado, EEUU organizó la IX Cumbre de las Américas entre los días 6 y 10 de junio. Una cumbre que parece haber traído más dolores de cabeza que otra cosa a la administración norteamericana. Fueron varies les mandataries que se negaron a asistir de concretarse la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Fue el presidente argentino, Alberto Fernández quien llevó la voz de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en clara señal de protesta ante el atropello cometido por el país anfitrión.

En su discurso hubieron varias críticas: por haber marginado a varios países; por la utilización de la OEA como instrumento para realizar el Golpe de Estado en Bolivia (pedido de renuncia de Almagro mediante); por haberse quedado con la conducción del BID; por los bloqueos a Cuba y Venezuela; por la ausencia de Malvinas en el logo de la cumbre; por el préstamo del FMI (con la clara intervención de Trump) a la Argentina gobernada por el macrismo; y por el papel del norte en el cambio climático.

A este hecho hay que sumarle -necesariamente- el incremento de la influencia china sobre Nuestra América. Ya de por sí es el principal socio comercial de casi todos los países del continente. No sólo en la compra de materias primas, sino también en la venta de tecnología y otros productos en los que el gigante asiático es punta de lanza. Como si fuese poco, es cada vez más importante su cooperación en materia de seguridad, cosa que evidentemente le traerá más de un dolor de cabeza al gigante del norte.

En lo interno

En este contexto, la popularidad de Biden no para de caer y actualmente menos del 45% de les norteamericanes aprueban su gestión. Si a esto le sumamos que los republicanos tienen grandes posibilidades de arrebatarles ambas cámaras en las elecciones de medio término de diciembre de este año, el panorama no es nada alentador para el demócrata.

Parece ser que las mismas políticas que lanzara la administración norteamericana en las últimas décadas, sumadas a su histórica actitud patoteril con aires de superioridad (racistas) asociada a la Doctrina Monroe y la del Destino Manifiesto, le están resultando un tiro en el pie.

Así las cosas, EEUU está corriendo una carrera a contrarreloj para evitar seguir perdiendo terreno, y a la luz de las pruebas parece que la guerra (militar, diplomática, económica, discursiva y financiera) es su única herramienta.

El imperio del norte sólo propone sufrimiento, muerte y destrucción. Siempre lo ha hecho y todo parece indicar que seguirá haciéndolo. Mientras tanto los pueblos del mundo seguimos padeciendo su brutalidad, su falta de humanidad y su sed de sangre.

Pero como dice la canción “El tiempo no para”…

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro
Señores de la guerra

Señores de la guerra

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Si algune aún cree que la Guerra en Ucrania comenzó cuando Vladimir Putin anunció la Operación Especial para “desnazificar” ese país, está mirando otra película: la que occidente pretende imponer como verdadera.

Desde que estalló el conflicto en Ucrania lo único que se ve en la prensa occidental son las atrocidades supuestamente cometidas por el ejército del zar Vladimir Putin. Que masacre por acá, que bombardeo por allá, que tantas personas se tuvieron que ir del país y un sinfín de operaciones mediáticas y diplomáticas, pero de amplificación en las pantallas.

El dicho sostiene que en una guerra lo primero desaparece es la verdad. Y es tan así que duele. Lo único que vemos en los medios es propaganda, tanto de un lado como del otro. Lo cual nos lleva a tener que hacer un doble trabajo, porque para estar informades no hay que sólo leer una y otra campana, sino contrastar con la mayor cantidad de fuentes (que no es lo mismo que medios) para recién después poder dilucidar qué puede ser cierto y qué no y recién ahí empezar a comprender los hechos.

Pero si algune aún cree que la Guerra en Ucrania comenzó cuando Vladimir Putin anunció la Operación Especial para “desnazificar” ese país, está mirando otra película: la que occidente pretende imponer como verdadera.

Podrían ponerse múltiples momentos de la historia para anclar el inicio del conflicto, y todos serían arbitrarios. Pero como no se puede hacer de otra manera, arriesguemos uno: el triunfo de la Revolución Rusa de 1917.

Occidente (primero Gran Bretaña y luego EEUU, aunque también la Alemania Nazi) sabían -y saben- que un país tan grande en extensión como Rusia, es un mal negocio para sus intereses. Es por ello que desde aquel entonces han venido intentando erosionar las posibilidades de consolidación de un gobierno estable. Sobre todo, porque es uno de los pocos países que es tanto europeo como asiático.

Y durante un tiempo lo lograron. Caída la Unión Soviética el dominio occidental (con la anglósfera en primera línea) se expandió por todo el planeta. China aún no representaba un problema y la URSS dejaba de existir. El bloque soviético paulatinamente se fue fragmentando y occidente avanzó cada vez con mayor fuerza hacia el este. Fiel reflejo de ello fue la sistemática violación de parte de EEUU y sus aliados respecto de la expansión de la OTAN. Desde fin de la URSS en 1991 hasta el 97 el avispero no se movió demasiado, pero desde ese año hasta la actualidad 14 países se han incorporado al bloque militar y otros 3 pretenden hacerlo.

Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania, Eslovenia, Croacia, Montengro, Albania, Macedonia del Norte y Bulgaria no eran miembros de la OTAN hasta el 97 y antes del 91 muchos de ellos eran parte del Pacto de Varsovia (o del bloque soviético). Hoy deberíamos sumar a esa lista a la propia Ucrania, a Finlandia y a Suecia. Prácticamente todos los países limítrofes a Rusia, más allá del grado de animosidad que tengan con el Kremlin.

Como la expansión de la OTAN podrían citarse decenas de ejemplos de cómo Occidente, encabezada por los EEUU, fue paulatinamente avanzando hacia las fronteras rusas en una guerra que como se puede observar, lleva mucho tiempo; quizás no con bajo las mismas formas, pero de larga data al fin y al cabo: Golpes de estado, revoluciones de colores, invasiones, aparición de los yihadismos y un largo etcétera. No es casual que Rusia se haya plantado en Siria. Si bien aún estaban lejos de sus fronteras, Moscú sabía que tarde o temprano era inevitable la confrontación (aunque no directamente) con occidente. Sobre todo, si tanto las proyecciones de Putin eran las de devolver a Rusia el lugar de potencia euroasiática.

Luego de los “atentados” de septiembre de 2001 y el lanzamiento de la llamada “Guerra contra el terrorismo”, las políticas de hostilidad norteamericanas fueron in crescendo. En la lista de occidente estuvieron Hussein en Irak, los afganos, Gaddafi en Libia, y Bashar Al-Assad era quien seguiría, para avanzar contra la República Islámica de Irán. Países amigos de Rusia y/o con mayor o menor grado de autonomía respecto de occidente.

Lo que se conoció como el “Techo Sirio” fue eso, una Rusia plantada, ayudando a su colega sirio quien le solicitó ayuda. Hecho donde también participaron los demás actores del mal llamado “Eje del mal” (Hezbollah del Líbano, Irán, el ejército sirio y Rusia).

Lo que a finales de 2013 se conoció como el “Euromaidán”, si bien fue un conflicto entre distintos sectores de la oligarquía ucraniana, no dejó de contar con la participación de occidente, su financiamiento y su utilización política. El derrocamiento del presidente Víktor Yanukóvich no fue casual ni únicamente por el malestar interno de su población, desde mucho antes ya existían expresiones neonazis que venían operando en complicidad de la CIA y otras entidades occidentales.

El llamado Batallón Azov, no era (no es) otra cosa que una de las estructuras paramilitares de la derecha ucraniana que reivindica a Stepán Bandera. Éste fue un austrohúngaro que organizó a la derecha antirusa ucraniana y que se alió con Hitler para que los ejércitos nazis atravesaran ese país para llegar más rápido a Moscú. Análisis e información al respecto hay mucha y muy variada, pero sin dudas una de las lecturas más agudas de la actualidad es la del director del portal Red Voltaire, Thierry Meyssan.

Así las cosas, el interinato de Turchinov y la llegada al gobierno de Poroshenko y luego de Zelenski no fueron otra cosa que la consolidación en el poder de un proyecto político pro-occidentales con un carácter abiertamente antiruso, que no tuvo ningún prurito para masacrar a sus compatriotas del Donbás durante más de ocho años. Y no estamos hablando sólo de las milicias populares de Lugansk y Donetsk, sino también de población civil. Regiones de Ucrania que no estaban de acuerdo con las directivas de Kiev, que realizaron plebiscitos y decidieron separarse de Ucrania para pasar a ser repúblicas independientes.

Ante la constante agresión del régimen de Kiev que encabezaron Poroshenko y Zelenski, las autoridades de las nuevas repúblicas pidieron ayuda a la Rusia de Putin. El Zar Vladi (como lo llama el analista mexicano, Alfredo Jalife) tenía bien claro que el país vecino podía significar un problema mayor de no frenar la avanzada nazi-antirusa.

Muches analistas sostienen que Putin y la inteligencia rusa sólo iniciaron la acción militar hasta estar 100% seguros de que era inevitable. Según señalan Zelenski en conjunto con fuerzas occidentales pretendían comenzar una ofensiva sobre territorio ruso. Y no es de extrañar si se tiene en cuenta no sólo la historia de hostigamiento contra Moscú, sino las múltiples violaciones al espacio aéreo realizado por la OTAN desde territorio finlandés, los ejercicios militares de EEUU y la OTAN en Polonia, en la misma Ucrania, en Letonia y otros países cercanos a las fronteras rusas.

Todo este relato busca complejizar la mirada sobre lo que ocurre en territorio ucraniano. No se trata meramente de un “loquito” que decidió lanzarse a una guerra, no se trata de un actor que llegó a presidente bajo la construcción mediática de sectores de la oligarquía ucraniana antirusa. Se trata de EEUU y sus socios occidentales haciendo negocios.

Y no es sólo el negocio de la guerra y la producción de armamento para que se autodestruyan entre si los ucranianos, sino la maquinaria la reconstrucción posterior del país, la deuda monumental que van a dejar por la “ayuda” en armamento y logística que proporciona occidente. También es una política para debilitar a la Unión Europea y generarles una guerra –nuevamente- en su territorio, es alejar a Rusia de la Unión Europea en términos comerciales, es construir un enemigo común (como lo hicieron con los musulmanes en su momento), etc.

Pero por añadidura buscan debilitar a China, aliado estratégico de Rusia y quien hoy le disputa la hegemonía económica y productiva a EEUU y las multinacionales occidentales.

EEUU y occidente parecen decididos a replicar la misma lógica de la carrera armamentística que utilizaron durante la guerra fría: que el conflicto se estire en el tiempo y forzar a Rusia a destinar incalculables recursos hasta que caiga por peso propio. El problema es que Moscú aprendió sus lecciones de aquella época y todo parece indicar que no cometerá los mismos errores que la llevaron a la caída de la URSS.

El avance estratégico en diferentes regiones del sur de Ucrania parece inevitable y la reciente rendición de un importante grupo de más de 2 mil militares del Batallo Azov en Azovstal, sin dudas es un duro revés para los intereses occidentales, y a medida que pasan los días, Rusia parece estar más cerca de concretar sus objetivos.

Mientras tanto los señores de la guerra siguen haciendo de las suyas.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

De vencedores y vencidos

De vencedores y vencidos

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Algunas apreciaciones respecto de lo que acontece en el mundo de hoy. ¿Alguien gana? ¿Quiénes perdemos? ¿Es inevitable revertir la situación? ¿Hay certidumbres? Algunas de estas preguntas son las que intentaremos despejar.

En reiterados artículos editoriales como este hemos retomado las palabras del presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin. Palabras más, palabras menos, el mandatario insistía allá por 2012 con que vivíamos en un mundo donde la única regla que existe es que no hay reglas. Cuán cierta se vuelve hoy la frase.

Como todo en política aquí no se trata de separar entre buenos y malos. Parafraseando a la famosa película de George Lucas no existen unas fuerzas oscuras y otras iluminadas o puras. La política como el arte de poder transformar las cosas responde a intereses. Intereses de un lado y del otro. Intereses que no son en forma de binomio, sino de múltiples niveles.

Está claro que no todos los intereses (o interesados) tienen el mismo peso, las mismas posibilidades de materializarse o incluso las mismas consecuencias. Pero no dejan de ser intereses. Obviamente, bajo el sistema capitalista, quienes son propietarios de los medios de producción (parafraseando a Marx) tienen mejores posibilidades. Hoy ya no son las fuerzas de producción, sino un entramado muy complejo de desenredar que asocia medios de comunicación (producción de sentido); influencia en los poderes judiciales a todo tipo de escala; grandes inversiones financieras en bolsas de todo el mundo, que han robado tanto dinero que pueden darse el lujo de convertirse en prestamistas privados; y un largo etcétera de elementos que se podrían agregar.

Desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial (que no fue mundial sino básicamente europea o euroasiática en su defecto), EEUU surgió como el gran ganador: se convirtió en el prestamista estrella para la reconstrucción, se encargó de que Hollywood construyera ese relato ficcional que tergiversaba la historia real, consiguió una cada vez mayor influencia mediática (hay que recordar que más de un 90% de la producción de noticias pasa por manos norteamericanas o de países fuertemente influenciados por ellos), y las empresas gringas cada vez adquirieron mayor fuerza e influencia global (entre ellas el complejo industrial-militar-farmacéutico), entre otras.

Todo ello (y otras travesuras que han hecho, como invasiones, asesinatos selectivos, y un montón de etcéteras más) reforzó la creencia de muchos gobiernos norteamericanos de que eran los salvadores del mundo por gracia divina; que eran los guardianes de principios y valores impuestos por la divinidad. Todo aquel que osara contradecirlo era aplastado.

Claro, esto se vio potenciado con la caída del Muro de Berlín y de la URSS, y, por consiguiente, con la globalización de la dominación occidental encabezada por gringolandia. Una dominación que poco a poco se fue anquilosando y que generó que desde un perfil bajo otros países comenzaran a repuntar a grado tal de ponerla en cuestión.

Este “hacer lo que quisieron” estuvo vigente básicamente hasta los acontecimientos sucedidos en Siria. Eso que el Doctor en Economía -y amigo de la casa- Jorge Beinstein llamaba el “Techo sirio”, momento en el cual las fuerzas populares de ese país los derrotaron militarmente, junto con su presidente Bahar Al Assad y sus socios/amigos: el Hezbollah, la República Islámica de Irán y fundamentalmente la Federación Rusa comandada por Putin.

Desde entonces el retroceso norteamericano no ha dejado de crecer. En Nuestra América vivimos una década de gobierno populares, Europa se fue despegando paulatinamente (sobre todo durante la administración Trump), África dejó de ir arrastrado de las narices detrás de occidente y comenzó a crear vínculos más sólidos con China, y éste último se convirtió en la fábrica del mundo, ergo en la principal potencia económica a nivel mundial.

De esta forma, EEUU se quedaba rezagada: en lo militar Rusia le lleva décadas en materia de tecnología y en lo económico China lo superó -en gran medida gracias a la globalización impuesta por occidente- como primera potencia global; ambos casos también relacionados a los avances tecnológicos.

En lo que sí siguieron siendo potencia fue en lo financiero especulativo, en el dominio de los organismos creados luego de los acuerdos de Bretton Woods (FMI, BM, ONU, OTAN) y en su influencia mediática y comunicacional, ya no sólo con los medios tradicionales, sino con las famosas redes sociales, donde una gran parte de la población mundial consume productos: el famoso GAFAM (Google, Ámazon, Facebook, Appel y Microsoft). Pese a ello, China le disputa esa hegemonía no sólo en lo relacionado a las empresas tecnológicas, sino en el área diplomática e incluso en el peso específico dentro de instituciones como el FMI o en la construcción paralela de otras.

EEUU no se podía permitir seguir perdiendo influencia y cual bestia herida utilizó todas sus herramientas para intentar frenar el avance de estas dos nuevas potencias. Sanciones, guerra económica y financiera, guerra de propaganda, guerra diplomática, y -lamentablemente- también guerras en el plano militar. Eso fueron los terroristas y mercenarios en Siria, Libia, Venezuela, Irán u otros países enemistados con EEUU, y eso también es la guerra impuesta hoy en Ucrania.

Se preguntarán ¿por qué Ucrania? Simplemente porque es una región vital en la lógica de funcionamiento de la vida de Rusia. Es como si Hitler estuviera a las puertas de Moscú sin estar en el contexto de la SGM. Simple y sencillamente porque a EEUU y occidente (léase Europa) no les gusta la competencia. Quieren ser ellos los mandamases del barrio y para ello tienen que balcanizar a Rusia a como dé lugar.

Y en este punto se ve con claridad por qué muches insistimos en que la producción de sentidos, de relatos y la batalla cultural hoy por hoy tienen un peso sin precedentes en la historia de la humanidad. Las grandes agencias (empresas) de comunicación construyen desde hace décadas un relato anti-ruso, hoy potenciado por el conflicto; empresas como Facebook o YouTuBe censuran a medios rusos como RT o Sputnik que cuentan la otra cara de la moneda; a periodistas que contradicen el relato occidental Twitter intempestivamente les sindica como “medio afiliado al gobierno de Rusia”; y muchos medios construyen “noticias” con información falsa o tergiversada (Fake News).

Y el accionar comunicacional occidental da cuentas de que -como decía Putin- en este mundo capitalista de hoy no importan las reglas. Y es sólo un ejemplo de cómo funciona la cosa, porque esto mismo se podría aplicar a lo económico, a lo diplomático, a lo comercial o a lo jurídico.

Desde la llegada de Putin al gobierno ruso, tiempo después de la caída de la Unión Soviética, el mandatario viene advirtiendo sobre las posibles consecuencias de la expansión hacia el este de la OTAN (instrumento militar europeo pero que comanda EEUU). Casi ningún medio occidental se preocupó por el tema, al contrario, lo ocultaron/ningunearon. Casi ningún medio occidental se rajó las vestiduras por el padecimiento de los pueblos del Dombass, bombardeados desde hace 8 años por las administraciones neonazis de Kiev. Pocos medios occidentales ponían en cuestión las sanciones unilaterales de EEUU (acompañadas fundamentalmente por Europa contra otras naciones bajo pretexto de defender los Derechos Humanos).

Como lo señalamos en reiteradas oportunidades en este espacio editorial, vivimos un tiempo donde el imperialismo norteamericano declaró la guerra a perpetuidad a los pueblos que buscan ser libres, soberanos y que se oponen a directa o indirectamente a sus directrices. ¿O qué creen que vino a hacer Macri? El endeudamiento con el FMI, la pérdida de empleo, de poder adquisitivo, no fueron otra cosa que condicionar a nuestro pueblo para que no podamos seguir en una senda de construcción de soberanía, esa que desde inicios de siglo emprendieron los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

¿Hay certidumbres de lo que pueda pasar? No, claramente vivimos momentos de muchísima incertidumbre y cualquier error de cálculos puede tener un costo altísimo para la humanidad en su conjunto.

¿Es inevitable revertir la situación? La respuesta es sí. Mucho de lo que acontezca dependerá de las luchas que emprendamos como pueblos y de que no nos conformemos con lo posible, sino que apuntemos a buscar lo que esté más allá.

Por el momento los grandes ganadores siguen siendo los de siempre. Aquellos que ganan poder y dinero a costa del sufrimiento del resto de la humanidad. Los que perdemos en este mundo, bajo las reglas del capitalismo, seguimos siendo los pueblos. Revertirlo dependerá de las luchas que podamos gestar; de que logremos generar marcos de unidad fuertes y solidarios; en definitiva, de que logremos convencer a las grandes mayorías que este no es el sistema en el que queremos vivir y que otro mundo es posible.

El imperialismo, el capitalismo (y sus injusticias y opresiones), no caerán solos, hay que empujarlos para que caigan. En esa batalla nos encontraremos.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Calvo: “Ucrania en este juego es un peón descartable”

Calvo: “Ucrania en este juego es un peón descartable”

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En diálogo con el programa Doblan las Campanas el periodista y analista internacional, Guadi Calvo, analizó la situación que se vive entre Ucrania y Rusia y remarcó que “el gran conflicto se establece entre Rusia y la OTAN”. Además mencionó el rol de la OTAN y Estados Unidos en este desacuerdo.

El analista destacó que “esta era una noticia anunciada“. El problema general es entre Rusia y la OTAN “que es una secretaria europea de los Estados Unidos” y Ucrania “en este juego es un peón descartable“.

Con respecto a la decisión de Putin y su ofensiva mencionó que es “la peor que podía haber tomado pero es la única que la OTAN o Washington le ha dejado” ya que Rusia no podía retroceder más en su arco defensivo. Se vio obligada a tomar esta medida a pesar de la gran cantidad de reuniones que hubo previas a lo acordado en 2014 donde se garantizaba que Ucrania no sería parte de la OTAN.

En cuanto a la sanciones Calvo destacó que en el mediano plazo “van a afectar al mercado norteamericano” y que se están jugando procesos muy fuertes.

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Consecuencias de una operación militar rusa en Ucrania

Consecuencias de una operación militar rusa en Ucrania

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La operación militar de Rusia en Ucrania ha creado una histeria occidental global increíble. La demonización de todo Occidente (de derechas a falsas izquierdas) sobre Rusia muestra el poder del pensamiento único capitalista heredado luego del fin de la Guerra Fría. Pero, ¿qué consecuencias genera esta operación militar rusa en tierras ucranianas? ¿Revitaliza a Occidente o a Rusia-China?

Según el escritor y analista libanés Gilbert Achcar, la operación militar rusa en Ucrania parece que puede revitalizar al poder de Estados Unidos en el mundo (1). Compara el accionar militar fronterizo ruso con las aventuras militares del régimen de Saddam Hussein en Irán (1980-1989) y Kuwait (1990-1991).

Si bien Hussein alegaba reclamaciones geográficas históricas en el este de Irán (en el Juzestán arabeparalante) y en Kuwait (a la cual consideraba parte de la Mesopotamia irakí histórica en torno al río Shatt el Arab, que desemboca en el Golfo Pérsico), el Irak de entonces solo era una potencia regional del Medio Oriente que fue alimentada… por Occidente desde 1979 para tratar de destruir a la Revolución Islámica del ayatollah Jomeini. No se puede comparar al Irak de Hussein con la actual Rusia de la era Vladímir Putin.

Cierto es que Estados Unidos en la Guerra del Golfo de 1990-1991 sumó “prestigio” en el medio de la borrachera liberal posguerra fría, y ante una Unión Soviética en total retirada y desintegrada. Si bien Washington une fuerzas con la Unión Europea, las Naciones Unidas y los gobiernos lacayos de siempre y los gobiernos tibios de siempre en el concierto internacional actual, Rusia hoy no es la de 1992.

Hoy Rusia cuenta con un partido gobernante nacionalista que añora defenderse contra todo ataque a sus fronteras en Europa del este y Asia central. También vigila de cerca sus fronteras siberianas y las del Estrecho de Bering. Además, su alianza estratégica con la República Popular China es de suma importancia.

Rusia en su proceso militar en Ucrania solo busca que su país vecino no insista en aliarse a la Unión Europea y la OTAN. La parte rusa comunicó inmediatamente sus condiciones en sus acciones en tierras ucranianas:‎

1) Arresto de todos los nazis (como el consejero militar especial Dimitro Yarosh y los ‎responsables y miembros del batallón Azov, entre otros);‎
2) Eliminación de todos los nombres de calles y monumentos que glorifican a los personajes que ‎colaboraron con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial;‎
3) Orden de deponer las armas;
4) Ucrania debe ser país neutral en Europa del Este entre la Unión Europea-OTAN y Rusia;‎
5) Respeto de las autonomías de Lugansk y Donetsk, y llevar a juicio a los criminales de guerra que masacraron habitantes rusoparlantes desde 2014.

El poderío militar ruso no es el de Irak de Hussein, ni tampoco el de Occidente, claro está. Rusia debe soportar las sanciones económicas de todo Occidente y eso puede afectar su operación militar en Ucrania. No es solo tomar Kiev. Tiene razón Achcar cuando escribe: “Rusia está actuando militarmente muy por encima de su capacidad económica, con un PIB inferior al de Canadá, e incluso inferior al de Corea del Sur, equivalente a poco más del siete por ciento del PIB de Estados Unidos.”

Pero Putin tiene la carta china. Frente a las duras sanciones antirrusas, China ya está completamente abierta a las entregas de trigo ruso, puesto que se han levantado todas las restricciones a su importación. Según un informe emitido por el diario South China Morning Post (SCMP), citado por la Administración General de Aduanas (GAC, por sus siglas inglés) de China, el gigante asiático ha decidido levantar dichas restricciones para “brindar un salvavidas” a la economía rusa.

China denunció enérgicamente sanciones unilaterales de los países occidentales contra Rusia, debido a que no se basan en derecho internacional.

Vale aclarar que las sanciones contra Rusia no son del todo “firmes”. Occidente no logró hasta ahora ponerse de acuerdo sobre sanciones extremas contra Rusia, negándose a excluirlo del sistema bancario Swift, debido principalmente a los temores de varios países europeos por su abastecimiento energético. Los líderes europeos, reunidos en la cumbre de Bruselas el jueves 24 de febrero pasado, no decidieron ninguna medida de bloqueo de los bancos rusos de esta interfaz de pagos internacionales, mecanismo esencial de las finanzas mundiales, en represalia por la invasión de Ucrania. Varios países, entre ellos Alemania, Austria y Hungría, expresaron reservas, temiendo el impacto de una decisión de ese tipo sobre los suministros de gas ruso.

Swift, acrónimo de Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication, es una empresa con sede en Bruselas, sujeta a la legislación belga y europea. Fundada en 1973, es una de las redes de mensajería bancaria y financiera más importantes, que permite la liquidación interbancaria entre instituciones financieras de todo el mundo. Austria, a través del canciller Karl Nehammer, declaró que las sanciones económicas decididas por los dirigentes del G7 ya afectarían 70% de los bancos rusos en sus transacciones, haciendo inútil el bloqueo de Swift. En 2014, poco después de la anexión de Crimea por parte de Rusia, la opción había sido discutida, pero finalmente abandonada.

Hay que imaginarse todos los negociados de empresas occidentales radicadas en Rusia y sobre todo las relaciones comerciales en torno al gas y el petróleo. No se trata de kiosquitos, sino de multinacionales que mueven mucho dinero y que sanciones alocadas pueden afectar el orden económico actual. No fue la “bomba nuclear financiera” que se cacarea en los medios occidentales.

No es fácil doblegar al Oso Misha. Rusia no es el Irak de Hussein. Rusia no es la de 1991. Rusia ahora tiene buenas relaciones con Pekín. No estamos en los tiempos en que la vieja Unión Soviética estaba peleada con la China maoísta o de Den Xiaoping. Puede ser que los ataques occidentales a Rusia generen un nuevo orden internacional, en el que la unidad Moscú-Pekín sea una realidad cada vez más palpable y que advierten algunos cráneos del poder estadounidense.


NOTA:

1) https://rebelion.org/putin-en-ucrania-tras-los-pasos-de-saddam-hussein/

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

Todos (Occidente) contra Rusia

Todos (Occidente) contra Rusia

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El conflicto de Ucrania ha dejado al descubierto una vez más las jugarretas del poder de los medios de (des) información occidentales. La vieja fórmula de demonizar a un enemigo en común y las ganas que tiene Estados Unidos y la Unión Europea de doblegar a Rusia. No es tan sencillo ganarle una pulseada a un Oso de Kodiak muy en alerta.

La demonización de los grandes medios occidentales contra Rusia y su accionar en las regiones de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, la llamada región de Donbass, ha sido impresionante. Desde Norteamérica, pasando por las tierras latinoamericanas, hasta Bruselas y el Japón, no hay medio hegemónico occidental y occidentalizado que no pare de atacar a Rusia. Se muestra a Vladimir Putin como el “malo” de una película en el este de Europa, mientras el Oso de Kodiak juega muy al ajedrez. Joseph Biden y Kamala Harris cacarean con que sancionarán a Rusia. Los mismo hacen sus aliados en Gran Bretaña y Japón. También se le suman Taiwán, tal vez para frenar al Dragón de la República Popular China de que no se una al Oso Misha de Rusia.

Y no hay que olvidarse del concierto internacional del status quo de las Naciones Unidas (ONU). La ONU y varios miembros del Consejo de Seguridad reunido el lunes 21 de febrero pasado de urgencia para tratar la situación en Ucrania condenaron la decisión de Rusia de reconocer la independencia de las “repúblicas separatistas prorrusas” de Donetsk y Lugansk, así como el despliegue de sus tropas en esas zonas.

“Las fronteras internacionalmente reconocidas de Ucrania se mantendrán inalteradas, sin importar las declaraciones y los actos de Rusia”, declaró el embajador de Ucrania en las Naciones Unidas, Sergiy Kyslytsya. Moscú aseguró que no cierra la puerta a la diplomacia para resolver la crisis en Ucrania, pero advirtió que impedirá un “baño de sangre” en los territorios separatistas cuya independencia acaba de reconocer, enfatizó el embajador ruso en la ONU, Vassily Nebenzia.

En el lado latinoamericano, hasta solo Nicaragua, Cuba y Venezuela apoyaron a Rusia en su jugada política. Los gobiernos conservadores y reaccionarios de la región se sumaron a repudiar y condenar a Rusia. Los gobiernos que se dicen “progresistas” solo atinaron a llamar la “paz”. Lo cierto es que los medios hegemónicos reaccionarios de las naciones latinoamericanas (exceptuando el caso de Cuba) han desplegado una batería de demonización contra Putin y Rusia.

Cierto es que Rusia no va a dejar que la Organización del Atlántico Norte (OTAN) avance hasta las puertas de su casa. El Oso de Kodiak está en alerta siempre. Ucrania es su límite. Apelar a la vieja Russ de Kiev, origen del estado ruso, no es en vano. Tampoco es en vano promocionar un nacionalismo eslavo ruso en muchas regiones de Europa del este, teniendo a la Iglesia Ortodoxa Rusa como estandarte. El conflicto por Donetsk y Lugansk muestra ciertas semejanzas con lo sucedido en 2008 en Osetia del Sur y Abjasia, regiones aceptadas como países independientes por Rusia, tras las intenciones de Georgia de pertenecer a OTAN. Fue precisamente el intento fallido de incorporarse a la OTAN lo que impulsó en marzo de dicho año al Parlamento ruso (Duma) a pedirle al Kremlin (sede del Poder Ejecutivo ruso) que reconociera la independencia de Osetia del Sur y Abjasia en el Cáucaso Sur. La guerra de Osetia del Sur, iniciada por Georgia el 7 de agosto de 2008 contra estas dos “repúblicas prorrusas”, provocó luego la intervención militar de Moscú. Dichas regiones se habían sublevado después de la crisis de 2014 que puso fin al Gobierno del presidente Viktor Yanukovich, alineado con Moscú, considerado por Rusia como un golpe de estado impulsado por Washington y Bruselas. La llamada “Guerra de los Cinco Días” dejó más de 2000 muertos, tras lo cual Georgia rompió las relaciones diplomáticas con Moscú. Posteriormente, Osetia del Sur y Abjasia fueron reconocidas como estados independientes por Venezuela, Nicaragua, Siria y Nauru, mientras que Georgia los consideró como “territorios ocupados”.

La Unión Europea (UE) y la OTAN señalan que Georgia, un pequeño país de 3,7 millones de habitantes, constituye un aliado importante en el Mar Negro. Pero luego vino la crisis de Crimea de 2014. Rusia firmó ese mismo año un acuerdo de amistad con Abjasia para la creación de agrupaciones militares, policiales y de seguridad comunes.

Washington ve a Rusia como un “objetivo” a tener en cuenta. Se estudia una supuesta ideología de “paneslavismo ruso” que se explica como basamento para defender todo lo que huela a ruso en Europa oriental y Asia central. Lo de Kazajistán en este año es otro clímax y que también derivó en la demonización de Rusia. El llamado Protocolo de Minsk, alcanzado entre Rusia y Ucrania en 2014, tenía el objetivo de poner fin al conflicto entre “separatistas prorrusos” y combatientes ucranianos que estalló ese año en el este de Ucrania. Pero después de que Putin reconociera este lunes 21 de febrero último como estados independientes a las regiones rebeldes, los líderes occidentales acusaron al presidente ruso de poner fin a los acuerdos de Minsk.

Ucrania comparte fronteras tanto con la Unión Europea como con Rusia, pero como antigua república soviética tiene profundos lazos sociales y culturales con Rusia, y hay una amplia población de habla rusa. En realidad, Rusia quiere que la OTAN regrese a las fronteras que tenía antes de 1997. No quiere ver más pretorianos de la OTAN en tierras de Polonia y de las repúblicas bálticas de Estonia, Letonia y Lituania, y no se desplegarían misiles en países como Polonia y Rumania. Rusia también ha propuesto un tratado con Estados Unidos que prohíba el despliegue de armas nucleares más allá de sus territorios nacionales.

El viejo Biden, anunció este martes 22 de febrero un paquete de medidas que incluyen “sanciones de bloqueos totales” a dos grandes instituciones financieras rusas, el banco militar ruso y el VEB, el banco estatal que se encarga de apoyar el desarrollo de la economía, gestionar la deuda del estado y los fondos de pensiones. Biden también celebró que, a partir de la coordinación con el gobierno alemán, Berlín haya cancelado sus planes para aprobar la entrada en funcionamiento del gasoducto Nord Stream 2, que une Alemania con Rusia sin pasar por Ucrania. El gasoducto fue terminado en septiembre de 2021, pero desde entonces ha estado pausado, pendiente de la certificación final de Alemania y la Unión Europea (UE), y en medio de la dura crisis energética que ha disparado los precios del gas por todo el continente europeo. El Nord Stream 2 ha sido un proyecto divisivo dentro de la UE y para el gobierno de Estados Unidos, ya que algunos consideran que el gasoducto incrementará la dependencia de Europa del gas ruso y hará a Ucrania más vulnerable a una invasión.

Es que allí está la quimera de la cuestión. Es el gas. ¿Todo puede volar por los aires en el este de Europa? No es fácil molestar al Oso de Kodiak. Hoy Rusia no es la de 1991. Se viene defendiendo y ante todo juega bien al ajedrez mundial desde el 2010. Por ahora, Occidente sanciona y busca arruinar el negocio del gas a Moscú en Europa.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

Ucrania: una guerra de la nueva generación

Ucrania: una guerra de la nueva generación

TIEMPO DE LECTURA: 15 min.

Analizamos las características del conflicto geopolítico entre Ucrania y Rusia; además realizamos un recorrido histórico qué nos explica el porqué de la disputa actual.

Como hace décadas no sucedía, el mundo está atento ante la escalada de tensión entre la Federación Rusa y Occidente a causa de las disputas en torno a Ucrania. En ese país de Europa del Este estalló en el 2014 una crisis. Esta estuvo caracterizada por tres elementos. Una “revolución de color”; una insurrección en varias provincias de signo contrario a los movimientos proccidentales del centro del país; y el visible avance de la Unión Europea, especialmente de la OTAN, para incorporar a Ucrania en sus marcos de alianza. Esto dio lugar en una guerra civil que se congeló en dos provincias orientales (Lugansk y Donetsk) en forma de guerra separatista. En ese mismo periodo, Rusia ocupó la Península de Crimea sin dificultades. A partir de ese momento las fronteras de Rusia no dejaron de ser “fronteras calientes”.

Un pantallazo histórico

Europa del Este y las llanuras rusas, ucranianas, bielorrusas, polacas, tienen una larga y propia dinámica histórica de conflictividad. Sin embargo, podemos tomar como un punto de referencia el final de la segunda guerra mundial, en donde surge un sistema mundial de cuya desintegración la crisis ucraniana actual es consecuencia.

Al finalizar la guerra, el Ejército Rojo había avanzado con grades sacrificios en una guerra de dureza desconocida, venciendo al ejército alemán después de cuatro años de lucha sin tregua. Sus fuerzas ocupaban gran parte de Alemania, y los Balcanes. Es importante tener en cuenta que la idea de que la segunda guerra mundial fue un enfrentamiento de estados divididos en dos bandos: el “Eje” vs. “los Aliados”, es equivocada en ambas premisas, o al menos parcialmente. La segunda guerra mundial, fue una combinación de guerra nacional y guerra civil, y contó con más de dos bandos. El “Eje” relativamente más homogéneo, con una visión más militarista y anticomunista, es recordado por el acuerdo entre Alemania, Italia y Japón. Sin embargo, se suele dejar en un segundo plano o directamente olvidar que Rumania, Hungría, Bulgaria, países nuevos como Eslovaquia y Croacia, y la misma Finlandia en diferente grado, fueron aliados de Alemania. O sea, un gran parte de Europa del este. Como también se suele olvidar que el estado polaco era tan anti alemán como antisoviético (y podríamos decir anti ruso, sin demasiado error). Que los países bálticos a pesar de la prepotencia alemana, aportaron al menos Estonia y Letonia, una cantidad muy numerosa de combatientes al Eje. Y aun casos similares se dieron dentro de Ucrania y otras minorías del estado soviético, aun con las directamente genocidas políticas del 3er. Reich. Y no está de más recordar que heterogéneos movimientos nacionales de Irán, Irak, etc. se alzaron en guerras anticoloniales esperando el apoyo de Alemania, y fueron salvajemente ocupados por los aliados. Lo que nos permitiría explican el carácter también antisoviético de la revolución islámica de Irán, por ejemplo.

La bota alemana fue muy dura y lo fue hasta para sus mismos aliados (en general en Europa del este, gobiernos conservadores), la llegada del ejército rojo fue un hecho de liberación. Pero no está de más recordar dos cosas, especialmente en los países que previo a la guerra no eran parte de la URSS. Salvo para el caso de Yugoeslavia (quizás sería más preciso decir Serbia), la liberación fue hecha por una fuerza externa, el ejército rojo, y que en esos países no había fuertes ni mayoritarios partidos comunistas, lo que implicaría dificultades en la posguerra para las necesidades soviéticas y rusas de seguridad en una guerra que, como dijimos, tenía más de dos bandos.

El bando “Aliado” en realidad eran dos fuerzas cuya posibilidad de acuerdo más allá de los días felices de la victoria sobre el Eje, eran imposibles. Los Aliados eran y son el occidente capitalista y liberal. La URSS, con las fuerzas sociales que en ese entonces combatían al capitalismo en sus propios países, era otro bloque. Y más allá de consideraciones ideológicas, eso sigue siendo así hoy, con la diferencia que la URSS y el socialismo han desaparecido de escena y la izquierda se incorporó al mundo liberal capitalista. Rusia, las fuerzas y países que no comparten la visión del mundo, la sociedad liberal y la geopolítica del occidente noratlántico, son otro bloque.

El prestigio ganado por la URSS con su fundamental aporte a la victoria sobre Alemania, más la presencia del ejército rojo, facilitó en la posguerra que surgiera el bloque de países socialistas en Europa; y así que la URSS consolidara fronteras propias amplias, sin contradicciones importantes dentro de su esfera geopolítica. En Yalta fue el inicio de un mapa y una época histórica para Rusia, esas serían las fronteras de su seguridad como nación. La URSS tenía claro desde antes de la guerra que Alemania podía ser un enemigo inmediato peligroso por ser la potencia geográficamente más cercana, además de la naturaleza del régimen político (aunque de hecho se establecieron entre ambas potencias acuerdos y se repartieron Polonia). Pero occidente también era un enemigo, lo mismo pensaban las clases dirigentes de occidente respecto de la URSS: un amigo necesario para vencer a Alemania, pero un enemigo estratégico. Previendo esto y “curada de espanto” con tener enemigos muy cerca de su corazón, Rusia creo un sistema que le daba profundidad social, económica y militar. El COMECON y el Pacto de Varsovia eran su reaseguro, frente a la OTAN y el Plan Marshall (y después frente a las instituciones occidentales). Esa profundidad estratégica se derrumbó con la URSS en 1990. Y las fronteras geopolíticas de Rusia retrocedieron en forma alarmante. Mientras que las fronteras políticas lo hicieron a una situación, previa a Pedro el Grande (al menos en el frente europeo) con la separación de toda Ucrania y Bielorrusia.

La realidad de geografía política surgida después de la mítica “caída del Muro de Berlín” es de la desintegración acelerada del bloque comunista y el pasaje de esos países en forma bastante rápida a la esfera de influencia (y colonización en muchos casos) de EEUU y el occidente europeo. Teniendo en cuenta que cuando sucedió la reunificación de Alemania los occidentales le habían prometido a la aún vigente URSS que los tratados militares occidentales no se proyectarían más allá de la misma Alemania. Pero la crisis soviética fue más allá y afecto el espacio ruso en forma directa. La desintegración de la misma URSS (en el frente europeo) produjo surgimiento de seis países: Moldavia, Ucrania, Bielorrusia, Estonia, Letonia y Lituania. Los tres países bálticos después de un tiempo se incorporaron a la esfera económica y militar occidental, acercando las fuerzas de la OTAN peligrosamente hasta pocos kilómetros de San Petersburgo. Bielorrusia quedo aliado a Rusia y la más importante, Ucrania, en una situación ambigua. Esto es producto de la diversidad histórica, económica y cultural que reina en su sociedad. Pero lo cierto es que desde hacía cerca de 400 años estas últimas dos naciones eran con Rusia un mismo Estado. Aunque, insistimos, de limites cambiantes y formaciones sociales con matices.

Por último, es de destacar que la disolución de la URSS y la desaparición de las alianzas económicas y militares del “bloque comunista” dejan flotando la pregunta: ¿cuál es el rol de la OTAN? Era una alianza construida específicamente para enfrentar a este bloque ya inexistente. La sospecha de Rusia que la OTAN es un intento de subordinación tras una potencia dominante de un mundo unipolar, no es paranoica. Por el contrario, es nuestra misma pregunta.

Qué fueron las “revoluciones de colores” y qué características tiene el Donbass

Entrado ya el nuevo milenio, se desarrollaron una serie de crisis políticas, sociales y económicas en una serie de países. Esto se vio en la escena política internacional como movimientos de masas que producían cambios de régimen político (no solo de gobiernos). Conocidas como las “Revoluciones de colores” otras como las “primaveras árabes”, pero lo que nos importa es la estructura del desarrollo de las mismas. En general las podemos interpretar como crisis de hegemonía, crisis orgánicas de sistemas políticos. En todas, los movimientos se iniciaron como manifestaciones de la sociedad civil, contra situaciones que denunciaban como autoritarias. Protagonizadas por “jóvenes”, “defensores de los derechos humanos”, de la “democracia”, grupos feministas, ONGs y partidarios de “la libertad”. No tenían un clivaje clasista, tampoco específicamente nacionales, eran movimientos de actores diversos y hasta contradictorios. Todas contra regímenes más o menos sólidos, pero en situaciones difíciles. Muchos en países no alineados con occidente; Serbia, Georgia, Ucrania, Libia, Siria, Túnez, Egipto, etc. Algunas produjeron cambios de régimen, otras guerras civiles, otras fueron aplastadas. No podemos negar la existencia de condiciones propicias para estas crisis y levantamientos, regímenes corruptos y decadentes en algunos casos, guerras perdidas en otros, simple agotamiento del régimen y coyunturas de debilidad, etc.

En realidad, cualquier protesta masiva que degenere en crisis del régimen puede ser asimilada a estas situaciones. Y nunca hay que perder de vista que el escenario de crisis de un país, (crisis orgánica o de hegemonía), tiene causas internas muchas veces abrumadoras. La cuestión es el “cómo” sobre estas crisis se despliega la política internacional y cómo operan fuerzas diversas para conseguir fines políticos extraños (o no, pero externos siempre) a la sociedad en crisis. Y realizamos una advertencia: esto no debe inducir a pensar que el mantenimiento del orden, cualquiera sea este, por más injusto o agotado que este, es la mejor opción para pensar evitar intervenciones u operaciones extrañas sobre las movilizaciones. Sino por el contrario, saber que siempre, más allá de lo legitimo o creado de las luchas o intereses, existe un mundo en el cual se encuentran insertas las conflictividades, y que los actores (estados potencia, corporaciones transnacionales, ONGs) de ese mundo buscan aprovechar cualquier oportunidad para conseguir sus objetivos de avanzar en funcionalizar territorios. Eso siempre fue así, sino preguntemos por Inglaterra en nuestra guerra de independencia.

En las movilizaciones del nuevo milenio, si bien no todas fueron contra países de política exterior independiente o alejados de los “Aliados occidentales”, lo cierto es que la mayoría sí. Todas las protestas eran parecidas, aunque fueran en sociedades y situaciones muy distintas. La conclusión de esta etapa (aun en vigencia) fue desde el punto de vista geopolítico ruso un retroceso de su marco de alianzas, un mayor aislamiento en el mundo, un fortalecimiento de sus adversarios y el corrimiento de las fronteras geopolíticas a los límites de las mismas fronteras rusas.

El concepto de “Guerra Híbrida” no es ruso, sino occidental, y es una herencia de la tradición occidental con la Doctrina de Seguridad Nacional y la Guerra de Cuarta Generación. Es la combinación de todos los métodos de lucha para vencer en un conflicto, producir cambios de gobierno, etc. Sin embargo, la interpretación más novedosa de los conflictos políticos/ sociales/militares hecha en base que las primeras experiencias de “Revoluciones de colores” correspondieron al general Valeri Guerasimov. Quien, en un artículo de febrero del 2013, no puso un nombre a esta nueva doctrina, sino que interpretó hechos históricos, y “agregó” las nuevas formas y actores en la guerra, y en primera línea de combate.

Para Guerasimov la guerra contemporánea tiene en el centro una serie de métodos de lucha no militares, ni de baja intensidad, sino “integrales”, políticos y sociales. Para el general ruso, las ONGs, las operaciones políticas periodísticas, movimientos informativos o de agitaciones en las redes, maniobras de inteligencia, delictivas, “carpetazos”, manobras judiciales, etc. son parte del nuevo tipo de guerra, y requieren ser pensadas en términos de defensa y guerra por las FFAA y el Estado en su conjunto. Se suman a las operaciones clásicas militares de diferente nivel de violencia y distinto nivel de encubrimiento (desde operaciones clásicas, hasta asesores; desde insurgencias y terrorismo, hasta sabotaje de inteligencia), a las nuevas relacionadas con las tecnologías de punta robótica, información en tiempo real, y toda una panoplia de armamentos y apoyos de nuevo tipo. Para Guerasimov, la nueva guerra, que expresan con claridad conflictos desde Siria a Ucrania, (u otros donde el triunfo de la estrategia “hibrida” permiten obtener objetivos sin acción militar clásica), es la guerra llevada al seno de las redes, de las instituciones y de las organizaciones civiles. Ya que, siguiendo a Clausewitz, la guerra tiene un fin político: el cambio de régimen, la institucionalización del libre mercado y el alineamiento con occidente. O sea, un Estado Mayor o una “mesa de arena”, cuando planifica o analiza los escenarios posibles debe prever (como insiste el general ruso) y desplegar sus fuerzas de viejo o nuevo tipo en conflictos de estas características.

Un antecedente que alarmó gravemente a Rusia fue la “Revolución naranja” de Ucrania de 2004/2005, cuando una serie de manifestaciones civiles impidió el acceso al gobierno de Víctor Yanukovich acusado de fraude (un oligarca partidario de mantener vínculos con Rusia y por los tanto contrario a sumarse a la UE y a la OTAN). En nuevas elecciones el ganador fue el oligarca opositor y proccidental Víctor Yúshchenko. Sin embargo, este no avanzo en forma decidida a la integración a occidente, dada la gran oposición de una parte sustancial de la población y el conflicto que eso implicaba con Rusia y Bielorusia.

Era evidente que cuando sucedió una revuelta contra el nuevamente electo Yanukovich en la Plaza Maidan, nueve años después en noviembre del 2013, la lectura no muy rebuscada rusa debía ser que estaba en presencia de una nueva ofensiva para arrebatarles espacios geopolíticos propios en esta guerra mundial. Entre noviembre del 2013 y febrero del 2014 manifestaciones de masas protestaron contra el presidente electo. No esta demás señalar que, en la política ucraniana, los diferentes bandos son todos de “oligarcas” de diferente orientación y vinculaciones, la línea divisoria no era la corrupción, tampoco la clase de pertenencia, ni la forma de gestionar el gobierno. Aunque sí los resultados electorales tenían un fuerte anclaje regional y social: las zonas donde ganaban los candidatos “prorrusos” eran las del este y el sur y más industriales, mientras que los “prooccidentales” ganaban en el centro y oeste (lo que también está relacionado con el tipo de actividades predominantes en cada región y con las vinculaciones comerciales e históricas).

El levantamiento conocido como “Euromaidan” fue muy fuerte en la capital Kiev y con repercusión positiva en el oeste de Ucrania. Mientras que ese apoyo bajaba a medida que avanzamos hacia el este, llegando a un fuerte rechazo en varias provincias. O sea, las regiones donde se hablaba ruso, donde las viejas instalaciones industriales soviéticas aún perviven, donde los vínculos identitarios son los rusos, rechazaban un movimiento que proponía sumar a Ucrania a Europa occidental cuya base era la población más occidentalizada, menos industrial, más nacionalista ucraniana y partidaria de valores hegemónicos en occidente. Esa división tiene profundas raíces en la historia de la región. Se manifestó, por ejemplo, en la revolución rusa y en la segunda guerra mundial. Lo cierto es que a partir de lo radical de la revuelta “antirrusa”, el país se dividió y comenzó una guerra civil donde milicias de las provincias del este apoyadas por Rusia se enfrentaron al ejército ucraniano. Este a su vez estaba respaldado por grupos de ultraderecha que produjeron verdaderas masacres de “prorrusos” (como en incendio de la “Casa de los Sindicatos” de Odesa, donde entre cuarenta y cincuenta personas fueron quemadas vivas por nacionalistas ucranianos; todo un símbolo).

Pero en el 2014 Rusia no era la del 2004. Diez años de reconstrucción del poder militar, político y económico; y la decisión de colocar al país de nuevo como una potencia de primer orden en el escenario internacional, le dieron a Vladimir Putin el respaldo necesario para hacer dos movidas de gran peso. La recuperación de Crimea, y el apoyo a la insurrección de las provincias del Donbass. Desde ese momento una guerra limitada se despliega en la frontera ruso ucraniana y al interior de Ucrania. Una guerrea que ha dejado miles de muertos y cientos de miles de desplazados.

El desafío de la OTAN y la geopolítica rusa

Si bien la anexión de Crimea como el apoyo a la insurrección del Donbass puede parecer apuestas fuertes. Lo cierto es que los intereses rusos no eran esos. Por el contrario, la clave para Rusia era y es que Ucrania no se incorpore a la esfera occidental, dejando las fronteras de la UE y al OTAN a pocos kilómetros de Moscú, dentro del mar Negro y en la puerta del Cáucaso. Recordemos que solo dos veces en los últimos quinientos años de historia de la Rusia moderna, Europa occidental llegó hasta esas posiciones. Y no fue la “más occidental de la Europas”, sino las fuerzas armadas alemanas en la primera y segunda guerra mundial. Aunque también se puede considerar la intervención anglo-francesa en la Guerra de Crimea a favor de los turcos en el siglo XIX, pero esto fue más bien para restaurar un equilibro regional. Parce claro que la incorporación de Ucrania a occidente con un gobierno profundamente antirruso, con tropas de la OTAN en la zona, y más aun con una parte sustancial de la población que rechaza esa opción y se respalda en Rusia, no necesita muchas explicaciones para comprender las tensiones existentes ni las posiciones del gobierno de Vladimir Putin.

Lo que llama la atención es la audacia con que Occidente, pero principalmente los EEUU y sus aliados más sólidos, los ingleses, apuestan a esta opción. Aparece casi como una provocación, ya que ni los mismos estatutos de la UE o la OTAN permiten la incorporación de miembros con conflictos internos del tipo que actualmente tiene Ucrania. Sin embargo, también es claro que la sociedad ucraniana está fuertemente dividida “por mitades”; una parte quiere seguir el camino del resto de las ex “repúblicas populares” de Europa del Este, y que un tipo de nacionalismo extremo neoliberal tiene base, dada en un espejismo de acceder al modo de vida propagandizado de occidente.

La situación en este año 2022 es compleja. Rusia ha demostrado la voluntad de usar la fuerza para mantener un equilibrio en el orden mundial y específicamente en lo que hace a sus intereses inmediatos. No puede admitir una derrota, ya que sería la derrota de todo el accionar ruso de la última década. Y el retroceso a potencia subordinada. El mundo se ha alterado en equilibrios que favorecen el accionar de países que desplieguen sus propias estrategias en el plano de las RRII. Una óptica “realista” permite entender la situación existente. Si bien desde América Latina no se alcanza a apreciar en toda su dimensión las oportunidades que se abren, dado el retroceso de nuestros países y especialmente de Argentina, lo cierto es que nos encontramos en un mundo donde el ascenso de China al estatus de gran potencia desafía la hegemonía norteamericana especialmente por su base económica. También tenemos por otra parte la recuperación del rol de Rusia. El rol de India, la emergencia de países que actúan con mayor independencia como ponenticas medias o regionales con proyectos propios como Irán, Turquía, Paquistán, inclusive Arabia Saudita, las Coreas, etc. Y las contradicciones en Europa. La negativa de Alemania a proyectarse como gran potencia dados sus traumas de arrastre, la intención de Francia de si hacerlo. Japón que aún se mueve bajo el paragua norteamericano, pero podría jugar su propio juego también en la geopolítica, tal como se ve con su silenciosa reconstrucción de poder militar. La separación de Inglaterra y su “imperio” para ser actor con poder propio socio de EEUU por fuera de la UE, etc. como se ve con el despliegue de la alianza militar AUKUS con Australia para la “contención” de China, dejando afuera en forma poco elegante a Francia como proveedor militar. O sea, Europa continental misma no juega el rol de las potencias anglosajonas, ni en relación con China ni con Rusia. Esta realidad de las RRII donde nuevos equilibrios y crisis se muestran ante nuestros ojos y son un espacio de oportunidades para países de cierta potencialidad como Argentina.

Retomando nuestro tema respecto de la crisis de Ucrania; desde el fin del orden bipolar de la segunda posguerra, el capitalismo occidental, liberal, sujeto a las normas del “Consenso de Washington”, con una serie de interpretaciones sobre la perdida de centralidad del Estado (muy profunda en los países dependientes) y licuación del concepto de soberanía en diversidades globales, el avance sobre el antiguo tercer mundo y sobre los ex países socialistas parecía arrollador. En un momento esto se llamó “El fin de la historia” y el “mundo unipolar” el “Imperio” etc. Sin embargo, el nuevo milenio muestra que otras potencias ascienden y varios países juegan con sus propias cartas. Evidentemente esto lleva a la confrontación. Tal que, como señalaba Clausewitz, “la guerra no comienza cuando el agresor ataca, sino cuando el agredido decide defenderse”. También el general Prusiano señalaba que “cada tipo de sociedad desarrolla un tipo específico de guerra”. Es así como el desarrollo tecnológico, la estructura económica, cultural, de relaciones sociales e internacionales, nos muestra un nuevo tipo de desarrollo de la guerra y los conflictos, que se despliegan de formas novedosas, abarcando la guerra escenarios de la vida social no directamente militares, aunque parte de un todo integral de la estrategia de conquista.  En ese escenario donde la conflictividad militar es permanente, aunque sea larvada o tercerizada, Rusia se encuentra en un desafío por parte de occidente, la conquista “hibrida” de Ucrania es parte de este. Quién lo gane, ganara una batalla importante por el nuevo orden mundial de las próximas décadas.

Artículo publicado originalmente en revistazoom

Guillermo Caviasca
Guillermo Caviasca

Electricista, ingeniero frustrado, historiador, buscador de una verdad por la que valga la pena pelear.

Ucrania: No provoquen al Oso Ruso

Ucrania: No provoquen al Oso Ruso

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

En Europa Oriental estamos asistiendo, por parte de Estados Unidos y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a la más desvergonzada puesta en escena de un clima belicista, contra la federación rusa. Una conducta tan hipócrita como peligrosa, con acusaciones y ataques políticos, diplomáticos, económicos, mediáticos y amenazas militares contra el país euroasiático, a quien se le atribuye la intención de invadir Ucrania y con ello generar una guerra de alcances regionales.

Las pruebas ofrecidas por Washington y sus incondicionales, respecto a las supuestas amenazas del gobierno ruso, son tan míseras y vulgares, que ponen en entredicho la inteligencia humana, haciendo imperativo un mínimo análisis geopolítico. Los cargos vertidos por Washington contra el gobierno presidio por Vladimir Putin, hace dudar de la capacidad profesional de civiles y militares occidentales, reflejando una obsesión de esa casta hegemónica a salidas militaristas de las pugnas, temores y ambiciones en el seno del poder occidental. Esto, por tratar de evitar que el unilateralismo siga moviéndose a sus anchas. Mi impresión, en base a lo que acontece en en el Mar Meridional de la China, en el Cáucaso, en Asia Central y Occidental, entre otras zonas del planeta, es que asistimos al principio del fin del poder unilateral. El acto final del desbalance en el poder mundial y que implica avanzar hoy por el multilateralismo. Un camino que aterra a Washington y esos países europeos agrupados en la OTAN, principalmente, carentes de dignidad y soberanía.

Rusia sufre una campaña política y mediática de enormes proporciones, signándola como la responsable del actual clima de efervescencia militar en el Donbass, en el Mar Negro, en el conjunto de Europa Oriental. Catalizadora de un conflicto con repercusiones más allá de Europa. ¿Cuáles son las pruebas de Washington y su brazo militar para acusar a Rusia?

La primera prueba, presentada por Washington y su asociación de amigos, es una serie de mapas que fueron publicados, la primera vez, por el diario estadounidense The Washington Post y replicado en el medio alemán BILD, sin apenas un retoque, donde se mostraban las fuerzas militares rusas – en territorio ruso, en las proximidades de su frontera occidental – desde donde se iniciaría el ataque a Ucrania. Hoy suman a Bielorrusia, para así mostrar una maquinaria bélica desde distintos flancos, dispuestas a atacar al actor secundario de turno, en este caso la “pequeña y desprotegida Ucrania”. Primero se dijo que ese ataque ruso sería a mediados del mes de enero de este 2022. Y, como el cuento de Pedrito y el lobo, se nos anuncia ahora, que ese ataque ha sido reagendado para mediados de este mes de febrero del 2022.

     Mapa en Base a Publicación del The Washington Post

Si tal teoría apocalíptica no sucede, se darán las explicaciones y excusas respectivas, esperando el mejor momento, para así aplicar los viejos planes y operaciones de bandera falsa, a los que nos tiene acostumbrados Estados Unidos: el hundimiento del acorazado Maine en Cuba, los falsos ataques en el Golfo de Tonkim en Vietnam, el estallido de bombas en Irán para impulsar el derrocamiento del ex primer ministro Mohammad Mossadeq. Los supuestos ataques con gas en Siria, para responsabilizar al presidente Bashar al Assad. La invasión a Irak acusándolo de poseer armas de destrucción masiva y haber participado del ataque a las Torres gemelas y el Pentágono en el 2001. Siempre estará en el arsenal occidental ese tipo de acciones, en este caso para culpar a Rusia, Bielorrusia o a los combatientes del Donbass.

Frente a esta supuesta prueba se hace un deber presentar la mirada crítica. Los medios occidentales, que presentan profusamente las supuestas manifestaciones bélicas de Rusia, no muestran con la misma intensidad los mapas, infografías y conjeturas relativos a silos con armas nucleares que posee la OTAN en suelo europeo, dirigidos contra Rusia, Irány China. No exhiben las ubicaciones de los ejércitos nacionales de miembros de la OTAN, fronterizos con Rusia y la llegada de miles de efectivos y armas, desde países europeos del lado occidental, a la frontera con Rusia. No presentan fotografías ni información sobre centenares de bases militares que rodean Rusia desde el Báltico hasta Turquía. Esas no son parte del análisis de la prensa occidental. No es parte de la información a entregar por parte de una prensa mediocre, amarillista y aliada del poder.

La segunda prueba con que nos han intoxicado estos meses refiere a que Rusia ha movido 125 mil efectivos militares en su Distrito Militar Oeste (DMO), que incluye zonas fronterizas con Ucrania, Bielorrusia, los países bálticos y Finlandia, a cargo del general coronel Alexandr Zhuravliov. Lo que no presentan como evidencia de lo insulso de su acusación es que esas tropas se mueven dentro del territorio ruso, al interior de su frontera occidental. Para dar algo de realce a tamaña acusación han sumado el que Rusia ha desplegado sus sistemas de defensa de misiles en la vecina Bielorrusia, lo que demostraría la intención agresiva de Moscú contra Ucrania.

La Otra Mirada frente a esta supuesta prueba nos obliga a preguntarnos: ¿Qué es lo extraño que un país soberano, como Rusia, que se siente amenazado por el avance de una organización política militar agresiva y expansiva como la OTAN, que se acerca con tropas y armas a su frontera occidental, mueva el número de tropas que crea necesario para disuadir esos movimientos agresivos? Lo verdaderamente provocador es trasladar miles de militares con armas de última generación de enorme poder de fuego y expandir esas fuerzas, hasta tocar la frontera rusa, cuyo gobierno ha solicitado y exigido, en todos los tonos, que cese esa política militar. Amenazas contra un país como Rusia, que no posee bases militares que estén rodeando a ninguno de los países que conforman la OTAN.

Una federación rusa, que tiene una alianza de larga data con Bielorrusia – el año 1998 firmaron la llamada Unión Supranacional que une estrechamente a ambas naciones- pero, que no se compara en absoluto con la alianza que posee Estados Unidos con 30 países, en su gran mayoría europeos, pero que además suma a Canadá, Turquía, a miembros no permanentes y aspirantes a formar parte de este club militar, todos los cuales suman el 70% del gasto militar del mundo. ¿Pretenden equiparar la alianza ruso-bielorrusa con la coalición de países agrupados en la OTAN, que ha atacado, destruido y asesinado a millones de hombres, mujeres y niños en Serbia, Libia, Siria, Afganistán, Irak entre otros países?

Ante la supuesta amenaza global rusa nos debemos preguntar ¿Tiene Rusia bases militares en México, Canadá, Cuba, Groenlandia que signifiquen un peligro para la soberanía estadounidense por ejemplo? ¿Tiene Rusia bases navales y militares en el continente americano, que sean un peligro contra Estados Unidos o en el Océano atlántico que impliquen un peligro para la seguridad de Francia, Gran Bretaña y otros miembros de la OTAN? ¿Tartús en Siria y Kaliningrado – un enclave ruso en el Báltico – son comparables a las 800 bases militares que posee Estados Unidos alrededor del mundo?

Estados Unidos y la OTAN nos presentan como prueba tres de los actos agresivos de Rusia contra Ucrania, el hecho, según Washington, que Rusia habría trasladado suministros de sangre a la frontera con Ucrania ante un eventual ataque y previendo posibles pérdidas en sus efectivos. La información, replicada urbi et orbi habría sido entregada por tres funcionarios estadounidenses bajo reserva de identidad, pero este anonimato, no verificable, poco serio ha servido para que se dediquen miles y miles de horas en la prensa: escrita, radial, televisiva, por redes sociales, en círculos diplomáticos, para analizar esta acusación.

La Otra Mirada frente a esta supuesta prueba incriminatoria contra Rusia nos indica, que si esa evidencia ofrecida es la cantidad de mililitros de sangre trasladadas a un posible escenario de guerra, por información entregada por tres personajes incognitos, NN, que ni siquiera pertenecerían a algún servicio de inteligencia pues se señala que serían tres funcionarios estadounidenses ¿funcionarios de qué, del servicio de guardaparques, del servicio de oceanografía, tal vez del servicio de correos de Estados unidos? Tal información lo que demuestra, es el infantilismo peligroso de estos verdaderos energúmenos del pentágono y sus acólitos, jugando a la guerra y construyendo escenarios bélicos.

Así como nos hablan de sangre, tal vez el día de mañana nos digan que Rusia está trasladando agua y alimentos enlatados, para los 100 mil efectivos rusos acantonados en DMO y ello sea considerado por la OTAN como armas letales. Un peligro evidente, porque son alimentos enlatados y puedan ser usados como material para granadas caseras una vez que se consuma lo que llevan en su interior. Tal vez, el traslado de mudas de ropa, implementos de cocina, combustible, sean considerados muestras palpables e inobjetables de un ataque ad-portas. Pero no se mira desde la misma forma el que ya existan 15 mil efectivos estadounidenses en Ucrania y otros países fronterizos con Rusia al margen de los cientos de miles de efectivos estacionados en 426 bases militares, aéreas y navales en Italia, Francia, España, Grecia, Gran Bretaña y Alemania país donde radican la mayor cantidad de bases militares y militares, a lo cual debemos sumar la presencia de al menos 150 bombas nucleares activas, estacionadas en países bajos, Gran Bretaña, Alemania, Grecia y Turquía.

El mundo está en peligro, pero no por Rusia, sino por una tropa de enajenados, armados hasta los dientes, que trasladan y trasladan equipos militares y tropas por miles, para supuestamente defender a un gobierno dirigido por un actor y comediante como es el ucraniano Volodimir Zelensky, punta de lanza en los ataques contra Rusia. Estados Unidos y sus aliados son el peligro, son la amenaza y son ellos los que deben ofrecer garantías de seguridad. Washington y la OTAN han creado un escenario artificial de conflicto bajo ciertas consideraciones:

  1. La creencia que el mundo está conformado por estúpidos a los cuales se les puede hacer creer cualquier información emanada de sus medios de desinformación y manipulación. Se puede engañar, pero de ahí a pensar que nuestro planeta está plagado de estúpidos revela la verdadera cara de los poderes hegemónicos. El desprecio que sienten por gran parte de la humanidad, apoyado en ello por gobiernos y castas políticas y militares indignas, vendidas, traidoras y alejadas de nuestras necesidades.
  1. En segundo lugar, su política belicista está pensada como triunfadores de antemano, sin sopesar que el mundo y en especial esa realidad unipolar, surgida tras el derrumbe del campo socialista, ya no es tal. Lo multilateral se expresa en todos los campos y en especial en las coordinaciones, alianzas y acuerdos tejidos por Rusia, China y países como la República Islámica de Irán. Ya nada es lo mismo y menos en Europa oriental como tampoco en Asia occidental, el Cáucaso y Asia central.
  1. Ya las revoluciones de colores como aquellas que se dieron en Georgia, Ucrania, Kirguistán y que se pretendieron llevar a cabo en Bielorrusia y Kazajstán, mostraron que el camino ya no está pavimentado como antaño, por años de apoyos a golpistas, desestabilizadores arropados por Organizaciones No Gubernamentales y gobiernos entreguistas.

Mi visión es que Estados Unidos y la OTAN no deben seguir provocando al oso ruso. Una Rusia que no exige para sí condiciones exclusivas, en la esfera de la seguridad, sino que habla de seguridad común – en este caso en el plano europeo – y que sostiene por medio de su presidente Vladimir Putin que responderá con firmeza ante cualquier paso hostil por parte de ese Occidente liderado por Estados Unidos. En el área económica bien sabemos, que los europeos pueden tener dificultades en el tema energético derivado de la dependencia del gas proveniente desde territorio ruso. Alemania, en específico, en el caso del gasoducto Nord Stream II su paralización, en un ambiente de conflicto, puede significar una crisis energética de envergadura, no sólo para la nación teutona, tomando en consideración la serie de países involucrados en el proyecto y que necesitan ese recurso.

Los medios de información europeos occidentales coinciden, unánimemente, que en caso de guerra con Rusia las empresas europeas tendrán un golpe fortísimo y ya se están preparando vista la decisión de incrementar las sanciones contra la nación euroasiática. Lo anterior, con relación a la pugna económica derivado de las políticas de presión de Washington pero que, ante conductas evidentemente agresivas desde el punto de vista militar, por parte de occidente, el gobierno ruso ha señalado que responderá con “medidas técnico-militares adecuadas” y reaccionará “con firmeza a estos pasos inamistosos”. Rusia, y en eso comparto la línea de respuesta que Putin ha establecido, respecto a tener todo el derecho de actuar con el fin de “garantizar su seguridad y soberanía”. Avanzar por el camino de la paz no significa entreguismo.

Artículo publicado originalmente en SegundoPaso ConoSur

Pablo Jofré Leal
Pablo Jofré Leal

Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. especialista en temas de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl

Eurocopa: UEFA revisa los compromisos geopolíticos con el VAR

Eurocopa: UEFA revisa los compromisos geopolíticos con el VAR

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Esta nueva edición de la Eurocopa que es la competición de selecciones organizada por la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol -UEFA-, no pudo de estar exenta de problemas geopolíticos. Incluso, días antes de su comienzo se dio el primer quiebre en este aspecto: la selección de Ucrania tomó la determinación de incluir a Crimea en el mapa de Ucrania y estamparlo en la camiseta.

Esto desencadenó un problema con Rusia, que anexó la península de Crimea en el año 2014. Ese año, se celebró en dicho territorio un referéndum popular en el que más del 90% de la población votó por anexarse a Rusia, decisión que, como era de esperarse, no fue aceptada por Ucrania (respaldada por potencias occidentales), que perdía un territorio de vital importancia geopolítica y una de las rutas a través de las cuales pasa un gran gasoducto con el que Rusia suministra a diversos países europeos. 

En el discurso de la presentación de la camiseta, el presidente de la Asociación Ucraniana de Fútbol, Andrii Pavelko, hizo mención a Simferópol, capital de Crimea, y al puerto de Sebastopol, base de la flota rusa del mar Negro y expresó: «Creemos que la silueta de Ucrania insuflará fuerza a los jugadores, ya que ellos lucharán por toda Ucrania». Además, incluye dos lemas que en Rusia se asocian con los ultranacionalistas ucranianos: “Gloria a Ucrania” y “Gloria a los Héroes”.

Ante esto en Rusia estalló la indignación, diputados, políticos y periodistas criticaron la camiseta y la tacharon de una “provocación política”, con lo cual instaron a la UEFA a que no se permita su utilización: «Espero que la prohíban. En los estadios no hay sitio para las declaraciones políticas, todos lo entendemos perfectamente: Crimea es territorio ruso», enfatizaron.

A su vez Vladímir Dzhabarov, vicepresidente del comité de Asuntos Internacionales del Senado ruso mencionó: «Vamos a dibujar en nuestras camisetas el territorio de la antigua Unión Soviética, ya que todo eso era antaño territorio de la Gran Rusia». En el sector deportivo el campeón mundial de pesos pesados y también parlamentario, Nikolái Valúev, acusó a Ucrania de intentar “politizar el deporte”.

Por parte de la Unión de Fútbol de Rusia, el presidente honorario, Viacheslav Koloskov, se mostró convencido de que Ucrania no podrá jugar con esa camiseta, ya que el reglamento de la UEFA no se lo permitirá, pese a que el presidente de la Federación Ucraniana, insistió en que una prohibición de la prenda sería algo “absolutamente infundado”. 

Ante todo esto, la UEFA le pidió retirar de su camiseta para la Eurocopa el lema considerado «político» que molestó a Rusia, uno de los portavoces del órgano rector del fútbol europeo mencionó: «Van a cubrirla y eso será verificado por el delegado -de la UEFA- antes de cada partido». Por lo que la Federación Ucraniana de Fútbol alcanzó «un compromiso» con la UEFA y logró conservar la frase en su equipación pero disimulando y ocultándolo con un mini-mapa del país. 

Grecia y su pedido por Macedonia del Norte:

Grecia pidió a UEFA que se modifique la camiseta de la Federación de Fútbol de Macedonia -FMM-, ya que lleva un acrónimo  que no respeta el acuerdo de Prespa que sucedió en 2018 cuando ambos países pusieron fin a un conflicto que se daba desde 1991 y que impedían al país balcánico acceder a la UE y la OTAN, esto también cambió el nombre del país exyugoslavo; por eso los griegos piden que se utilicé otras iniciales que correspondan con su nombre oficial y marque a “del norte” como: “RNM” -República de Macedonia del Norte- o “NM” -Macedonia del Norte-.

Para entender el conflicto de manera rápida, Macedonia es una región histórica comprendida por Grecia, Albania, Bulgaria y Macedonia del Norte; está en un principio fue parte del imperio Otomano y luego lo absorbió el reino de Yugoslavia, que después se transformó en república, hasta el acuerdo mencionado de Prespa, Macedonia del Norte antes tuvo dos nombres: República de Macedonia (ERYM) y Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM).

Para Grecia el problema con nombre de Macedonia se da desde la desintegración de Yugoslavia, ya que la definición del nombre se volvió clave por cultura pero más que nada por el temor de intenciones expansionistas respecto a la región del norte de Grecia -también llamada Macedonia-. Por ende, el ministro de Exteriores griego, Nikos Dendias, pidió que el acuerdo se haga realidad en todas los ámbitos del país incluyendo en el fútbol. No solo la remera, sino que cambie de forma oficial el nombre de la federación de fútbol.

Pese a lo ya mencionado hace un par de días la casa madre del fútbol europeo desestimó el pedido de Grecia, ya que el país balbanico cumple actualmente con esas exigencias al emplear el término Federación de Fútbol de Macedonia del Norte en toda su comunicación -con respecto a su equipación-, incluso en sus estatutos o ahora en la Eurocopa, según mencionó uno de sus voceros.

Austria y Macedonia del Norte:

En el partido que Austria venció 3-1 a Macedonia del Norte en la Eurocopa, en el festejo del tercer gol, Marko Arnautovic gritó algo, mientras David Alaba intentaba calmarlo. Algo que encendió las alarmas y provocó otra polémica más.

Para poder comprender este último punto hay que preguntarse ¿Qué tienen que ver Serbia y Kosovo si estamos hablando de Austria y Macedonia del Norte? Sucede que cuando se piensa y escribe sobre los Balcanes, todo tiene que ver con todo, ya que las guerras balcánicas en los ’90 produjo muchísima migración; por eso, no es casualidad que por ejemplo, Suiza cuente con muchos jugadores de origen kosovar -Shaqiri y Xhaka son los más conocidos-.

Asimismo hay que recordar que los kosovares son, en su gran mayoría, albaneses: Kosovo es un territorio en el que se creó Serbia -batalla de Kosovo Polje, 1389-, pero, con el tiempo, se pobló de inmigrantes albaneses -más del 90%-, es decir que este lugar míticamente serbio son en su mayoría albanos; a su vez, los serbios se sienten muy cercanos a Rusia -religión e historia- mientras que los albanokosovares le deben gran parte de su autodeclarada independencia a Estados Unidos. 

Pero trayendo de vuelta la pelota al fútbol, Arnautovic es austríaco pero hijo de papá serbio -incluso su apellido lo delata- y por ende los conflictos en los Balcanes no le habrán sido ajeno, llevando ese sentido de pertenencia al deporte. Si se ve el mapa, Macedonia del Norte y Albania son vecinos: muchos albaneses e hijos de albaneses viven en Macedonia del Norte -son el 25% del país-, es decir 1 de cada 4 nor macedonios tiene origen albanés.

Por ende es lógico que en el equipo de Macedonia del Norte haya varios jugadores de origen albanés, que se identifican con Kosovo. Pero para los serbios, Kosovo es Serbia. Y Arnautovic -con origen serbio- cuando hizo el gol se puso a gritar, al parecer, consignas que denigraba a Ezg Jan Alioski -Macedonia-Albania-, pese a no ser nada nuevo que serbios y albaneses se enfrenten por la cuestión Kosovo, Arnautovic tuvo que salir a aclarar que él no es racista, que tiene amigos macedonios, amigos albaneses, etc.

Finalmente en un partido que parecía no tener mucha polémica, afloró el conflicto entre Serbia y Kosovo/Albania, que decantó en la decisión de la cámara de apelación del organismo europeo de suspender por una fecha a Arnautovic ante su “mala conducta”, según el artículo 15 de su reglamento. 

Sin dudas estos casos son constantes y claros en Europa, por lo que los eventos deportivos no están exentos de todo ellos; a su vez sirven como estímulo para conocer la historia y la situación geopolítica de aquel continente que al día de hoy, dado a su reducido tamaño en ciertas partes tiene a las naciones pendiente del más mínimo movimiento, incluso si es dentro de una cancha. 


Paz Eduard
Paz Eduard

Proveniente del sur, me instalé en la ciudad de las diagonales. Fiel pensante que la política el deporte van de la mano. Siempre me vas a tener al servicio de la comunicación del pueblo y su deporte.


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