Poema de Silvina Melone, participante de la convocatoria de poemas “Daniel Omar Favero”.
Estos versos nacen del respeto. Del respeto y la admiración hacia las Madres.
Son parte de un Poemario que fue enlazando sentires; que tradujo a escritura anécdotas reales y de las otras, las que van mezclando lo vivido con lo esperado, lo sufrido con lo soñado, lo que los años nublan…
Pretenden ser memoria viva ante la ausencia; acariciar con palabras las manos vacías y los vientres secos.
A cuarenta años de la recuperación de la Democracia acompañarlas sigue siendo nuestro deber. Y la palabra puede ser el camino.
Silvina Melone
Yo que soy madre, madre de una ausenci a, yo que soy madre y sin hijo ya no lo soy, sigo siendo como el ojo de esa aguja olvidada que se va oxidando en la lata redonda que se hace costurero.
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…………… Como un pez resbaladizo, se me va tu voz en medio de la noche. Tu cara la puedo buscar en las fotos, pero tu voz ya no deambula por mis pasillos y eso no tiene perdón.
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…………… Mentiría si dijera que la noche que naciste tenía luna creciente o llena. No tenía tiempo para mirar para arriba: dos nenes, dos tetas llenas, un piso por barrer, una vida hecha. Mentiría si dijera que la última vez que te vi llevabas camisa escocesa o lisa, porque las dos las lavaba y planchaba a diario y ninguna quedó ni en tu ropero, ni el cordel ni en el respaldo de tu silla. Mentiría si dijera que la vida siguió llena cuando me di cuenta que ya no había camisas para lavar, para planchar, para remendar, para oler a escondidas tu sudor.
Mentiría si dijera que no sé de lunas; llevo más de 40 almanaques hablándole a la noche y preguntándole a esa piedra enorme cómo hacer para no morir tu ausencia.
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…………… Síndrome del miembro amputado ¿Dónde me rasco el hijo que me falta? ¿Dónde me acaricio esta ausencia que mata?
……………………………………………….. Lavo los platos sin pensar en nada Me descubro mirando una pared descascarada del color de la tristeza Unas várices gris verdoso la surcan Son el paso del tiempo y la humedad Lavo los platos sin pensar en nada Y, sin embargo, lloro sin cebolla que cortar.
Cuando te pienso, olés a flores.
Pero en mis pesadillas, olés al carro del huesero.
La muerte impúdica inmunda incrédula, se arrastra sucia
por mis sueños.
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……………… No puedo pensar en tu muerte sin llorar (Te pienso muerta, si) Pero no puedo pensar en cómo habrá sido Dicen que hubo torturas, y más a las chicas. Dicen que hubo picana y violación y golpe Y viajes en submarino al fondo del mar, donde pececitos de colores paseaban por arrecifes y te regalaban burbujas de aire, y te dormiste ahí con ellos, mirando como algún rayo de sol atravesaba el agua y se dibujaba oblicuo como tobogán amarillo en el medio del balde En una baldosa las letras de sello armaron tu nombre y la gente que pasa sin siquiera saberlo le pone cada día más peso y más mugre a tu ausencia.
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Yo no sé cómo carajo sabía Rabito que era domingo. Pero cada domingo al medio día el perro se paraba atrás del portón a esperarte. A veces asado, a veces ravioles, a veces rejunte: no era el olor de la comida. Era tu olor que se acercaba. El perro empezaba a mover la cola cuando vos te bajabas del tren. Hubo un domingo que el perro no se movió de la cucha. Y fue raro que no llegaras puntual. Ni tarde. Ni muy tarde. El perro apareció a la noche en la cocina y devolvió algo verdoso. Unos días después tu padre estaba haciendo el pozo para enterrarlo cuando tu hermano llegó llorando con la noticia de tu secuestro. Rabito, los domingos, vos, todo quedó enterrado en ese pozo del patio de la casa de Tolosa.
Yo no sé cómo carajo sabía Rabito que era domingo. Pero cada domingo al medio día el perro se paraba atrás del portón a esperarte. A veces asado, a veces ravioles, a veces rejunte: no era el olor de la comida. Era tu olor que se acercaba. El perro empezaba a mover la cola cuando vos te bajabas del tren. Hubo un domingo que el perro no se movió de la cucha. Y fue raro que no llegaras puntual. Ni tarde. Ni muy tarde. El perro apareció a la noche en la cocina y devolvió algo verdoso. Unos días después tu padre estaba haciendo el pozo para enterrarlo cuando tu hermano llegó llorando con la noticia de tu secuestro. Rabito, los domingos, vos, todo quedó enterrado en ese pozo del patio de la casa de Tolosa.
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Pasaron 40 años y yo aún pongo tu lugar en la mesa y ventilo tu pieza y le agradezco a los teleteatros que me ayuden a llorar. Estoy tan seca que ni la muerte se anima a venir. Piensa que puedo contagiarle esta peste que es tu ausencia.
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Juicios/Relatos/Testimonios. Y nunca más pude mirar el río sin sentir el vientre seco.
Simón Dubié


