Primer triunfo electoral de Perón

Primer triunfo electoral de Perón

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Un 24 de febrero de 1946 Juan Domingo Perón ganas las elecciones presidenciales. En el comicio más limpio desde 1928, después de los años del “fraude patriótico”, y lanzado tras la movilización del 17 de octubre, el teniente coronel se impone con la boleta del Partido Laborista a la Unión Democrática, un conglomerado que se nuclea en torno a lo que había sido tronco de la UCR antipersonalista y que candidatea a José Pascual Tamborini.

Perón es visto como una figura ya de por sí irritante para la embajada estadounidense y para las oligarquías y los partidos tradicionales liberales y de izquierda. Perón, quien llevó como vice al radical Hortensio Quijano, se apoyó en el Partido Laborista (con base en los sindicatos, creado el 23 de octubre de 1945), un sector de la Unión Cívica Radical (la llamada “Junta Renovadora”) y el Partido Independiente (que reunía a algunos centros cívicos del nacionalismo), mientras que la Unión Democrática (trabajosamente urdida por el embajador estadounidense Spruille Braden y formalizada para la elección en noviembre de 1945) reunió, bajo la fórmula Tamborini-Mosca, a todos los partidos políticos existentes hasta ese momento: Unión Cívica Radical, Partido Demócrata Progresista, Partido Socialista, Partido Comunista. Los conservadores no participaron formalmente, pero apoyaron a la Unión Democrática.

Durante la campaña electoral, el imperialismo norteamericano siguió entrometiéndose en la política interna del país publicando “el Libro Azul”, con el que a base de difamaciones y mentiras pretendía mostrar el carácter nazifascista del gobierno. A los diez días Perón refutó ese escrito con el libro “Azul y Blanco”, reafirmando la soberanía nacional, y en un discurso de campaña sentenció: “¡Denuncio al pueblo de mi patria que el señor Braden es el inspirador, creador, organizador y jefe verdadero de la Unión Democrática (…) sepan quienes voten el 24 por la fórmula del contubernio oligárquico-comunista, que con ese acto entregan, sencillamente, su voto al señor Braden. La disyuntiva, en esta hora trascendental, es esta: Braden o Perón”.

En un escrutinio lento que recién finalizó el 6 de abril, la fórmula Perón-Quijano se impuso. Se obtuvo más del 50% de los votos emitidos, es decir, 304 electores contra 72 de la fórmula opositora que había salido ganadora solamente en cuatro provincias. El resto del país daba por primera vez un triunfo abrumador al coronel Juan Domingo Perón. El líder popular asumió la presidencia el 4 de junio de 1946.

Aunque a muchos les moleste desde el arco oligárquico y de ciertas seudoizquierdas de café,  el peronismo es el mayor movimiento de masas de nuestro país que produjo un cambio estructural en las condiciones de vida y en la conciencia de los distintos sectores de la sociedad. El peronismo constituyó la continuación y superación del yrigoyenismo en nuevas condiciones sociales, económicas e internacionales, y se nutrió de diversas fuentes ideológicas. A su vez, el peronismo se nutrió de las tradiciones de lucha del movimiento obrero urbano, engarzándolas con las tradiciones populares del viejo federalismo y las montoneras federales, portadas por los “cabecitas negras” que llegaban desde el interior del país. El peronismo ya es una identidad patriótica popular que seguirá batallando por la liberación nacional.

Hablemos de pingüinos y de recuperar la patria

Hablemos de pingüinos y de recuperar la patria

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Los pingüinos no pueden volar, pero Néstor voló desde Santa Cruz a Buenos Aires y se instaló en Casa Rosada, y -aunque no lo supiéramos todavía- también en el corazón de todo el pueblo argentino. Desde el 2010, los 27 de octubre tienen ese, qué sé yo, ¿viste? Una mezcla rara de tristeza, nostalgia, orgullo y compromiso.

El trabajo de Néstor era evidente en Santa Cruz. Fue electo intendente de Río Gallegos en 1987 y tras una buena gestión, elegido Gobernador de la Provincia en 1991, y dos veces más, en 1995 y 1999. Pero nadie conocía su historia cuando comenzó a sonar su nombre para las elecciones presidenciales de 2003. El apoyo de Duhalde y su bastión electoral, el Gran Buenos Aires, le permitieron a Néstor llegar a la presidencia.

Esta mañana, Infobae publicó una nota, escrita por Luis Rapopport, que en su título se pregunta por qué Néstor Kirchner “fue el peor presidente que tuvo la democracia” y en el cuerpo da cinco motivos para “argumentar” su postura. Eso hacen ellos, hasta en este día: odiar. Y uno de los motivos por los que supuestamente Néstor fue el “peor presidente de la democracia” es el legado de la grieta.

Quizás Rapopport se comió una parte de la historia. Pero lo cierto es los odiadores seriales existen desde que en este país aparecieron personas que, bajo las banderas justicia social, soberanía política e independencia económica, se dedicaron a restringir los privilegios de unos pocos para darles derechos a las mayorías. La grieta es la de siempre, pero el amor vence al odio y así lo demostramos cada 27 de octubre, y especialmente, el de 2019.

Néstor es, quizás, el mejor presidente que haya tenido la democracia de nuestro país. Y también tenemos, al menos, cinco motivos.

¿Qué es el FMI? ¿Se puede romper?

“Déjennos crecer, déjennos producir para poder pagar y honrar nuestras deudas”, les pidió Néstor a los acreedores deseosos de cobrar. Con esa lógica y una pesada herencia a cuestas, Kirchner encaró el desendeudamiento como leitmotiv para mejorar los índices de indigencia, pobreza, empleo, salubridad, jubilación, escolaridad. La sustancial reducción de la deuda fue pilar en la gestión y permitió la aplicación del modelo de crecimiento con inclusión social.

“Bajame el cuadrito. Sí, el de Videla”

Al poco tiempo de asumir, Néstor impulsó, a través de un proyecto de ley, la anulación de las Leyes del Perdón, que hasta ese momento habían garantizado la impunidad de los acusados de crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura militar (1976-1983). La ley fue aprobada en agosto de 2003 y el 14 de junio de 2005, en un fallo histórico, la Corte Suprema declaró inconstitucionales aquellas leyes de impunidad.

A los meses, el 24 de marzo de 2004, Néstor pidió “perdón en nombre del Estado” argentino por los crímenes de la dictadura, tras 20 años de silencio. La ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), que ofició como el mayor centro clandestino de detención y tortura del país, fue reconvertida bajo su gestión en un Museo de la Memoria.

Ese mismo día, a 28 años del golpe, Néstor ordenó que los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, que estaban colgados en una de las galerías del Colegio Militar de El Palomar, fueran retirados.

En su propuesta de gobierno, Néstor promovió la incorporación de las políticas de derechos humanos como políticas de Estado, e incorporó a los organismos históricos a esa política. Las decisiones de Néstor permitieron juzgar a los genocidas, le valieron el reconocimiento internacional y constituyeron un antes y un después en la vida política de la Argentina.

Argentina, junto a la Patria Grande

En noviembre de 2005, en Mar del Plata, se llevó a cabo la IV Cumbre de las Américas con el fin de poner en marcha el ALCA. El Área de Libre Comercio de las Américas buscaba consolidar el poder económico de las grandes transnacionales y de las élites que habían, hasta ese entonces, dominado los países de la región.

Néstor se unió a Hugo Chávez y a Lula Da Silva y, en uno de los debates más hermosos de la historia del continente, se consolidó el “No al ALCA”, la contrapropuesta de los gobiernos nuestroamericanos para la liberación de los pueblos, la redistribución del ingreso, la igualdad, el cambio del modelo económico productivo y la inclusión social. Aquella histórica jornada fue el comienzo de la tendida de puentes de solidaridad e integración regional.

Las juventudes que volvieron a amar la política

Luego de la última dictadura cívico-eclesiástico-militar, la juventud dejó de ser un peso relevante en la política argentina. La crisis del 2001, incluso, se caracterizó por ser un momento de extendida antipolítica -partidaria-: “Que se vayan todos”, fue el eslogan emblemático.

Como presidente, Néstor dio origen a un periodo de participación juvenil inédito desde los primeros años de democracia. Las juventudes que durante la crisis se habían acercado a organizaciones sociales y barriales, a organismos de derechos humanos y a distintas ONG’s, volvieron a creer en la política como herramienta de transformación, volvieron a soñar con una patria más justa, libre y soberana.

Para que reine la igualdad

En 2003, Kirchner recibió no una “pesada herencia”, sino un país al borde absoluto de la quiebra: más de la mitad de la población en situación de pobreza (54%), cerca de un 20% de desempleo, una economía en ruinas (la deuda externa representaba el 140% del PBI) y con las tasas de homicidios dolosos y hechos delictivos más altas desde 1991.

A mediados de 2004, el gobierno nacional impulsó la priorización de la inversión en obra pública con metas de crecimiento en función de los PBI provinciales y nacional al 2010, metas inéditas desde hacía casi medio siglo. Sus motores fueron: el Plan Energético Nacional (lanzado en 2004), el Programa Federal de Reactivación de Obras FONAVI (etapas I y II), los planes en agua potable y saneamiento básico (Plan Nacional Federal de Recursos Hídricos) y la Ley de Financiamiento Educativo.

El 19,6% de desocupación heredado por Néstor fue sustancialmente mejorado durante todo su gobierno, concluyendo su mandato con una desocupación de aproximadamente el 8%, mientras que concluido su gobierno la pobreza bajó 17 puntos porcentuales.

En la Feria del Libro del 2005, Néstor leyó un poema escrito por Joaquín Areta, un militante de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) desaparecido en La Plata el 29 de junio de 1978: “Quisiera que me recuerden por haber hecho caminos, por haber marcado un rumbo, porque emocioné su alma, porque se sintieron queridos, protegidos y ayudados. Porque interpreté sus ansias, porque canalicé su amor. […] Si no es así, prefiero el olvido, que será el más duro castigo por no cumplir mi deber de hombre”.

Quédate tranquilo Néstor, que así te recordamos, junto a la risa de los felices, la seguridad de los justos, el sufrimiento de los humildes. Tal es así, que un 27 de octubre, a 9 años de tu partida, salimos con la consigna de recuperar la patria. Ese día, en los festejos, la gente entonaba, al unísono: “Néstor no se murió, Néstor vive en el pueblo”. Volvimos, siempre con tu compromiso como bandera.

Lorenzo Pepe: “En la pelea por la justicia social, la trinchera más segura es la del peronismo”

Lorenzo Pepe: “En la pelea por la justicia social, la trinchera más segura es la del peronismo”

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“Ya pasaron 75 años y sigo escuchando al pueblo en aquella maravillosa Plaza de Mayo del 17 de Octubre de 1945”.

El histórico dirigente sindical ferroviario y exdiputado, Lorenzo Pepe, consideró que la movilización popular del 17 de octubre de 1945 en reclamo de la liberación de Juan Perón fue la “más magna, patriótica e importante de la historia de latinoamérica”, y recomendó a quienes “pelean por la igualdad y la justicia social” en Argentina que “la trinchera más segura es la del peronismo”.

“Ya pasaron 75 años y sigo escuchando al pueblo en aquella maravillosa Plaza de Mayo del 17 de Octubre de 1945, con los incansables gritos a garganta abierta que no paraban nunca: “Perón, Perón, queremos a Perón; eso quedó grabado a fuego en mi memoria”, recordó Pepe, de 89 años, en una extensa entrevista por un nuevo aniversario del Día de la Lealtad.

Con una frondosa carrera sindical y política, Pepe, quien hoy dirige el Instituto Nacional Juan Domingo Perón de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Políticas, recordó aquellas vivencias de adolescente que lo llevaron junto a su padre hasta las escalinatas de la Catedral Metropolitana, frente a la Plaza de Mayo.

Foto: Archivo General de la Nación

“Ese día temprano estábamos en nuestra casa en (el partido bonaerense de) Tres de Febrero. Mi papá se tomó unos mates y me dijo ‘dame la mano’ y no paramos hasta llegar a Capital. No me preguntó si quería ir, me dijo dame la mano y me llevó. Yo tenía 14 años. Mi viejo fue un militante socialista, trasversal, que apoyó el proceso revolucionario que encabezaba Juan Domingo Perón”, comenzó Pepe.

Supo entonces que “algo fuerte estaba pasando” porque su padre -contó- no le soltó la mano en todo el trayecto en el “viejo ferrocarril Buenos Aires al Pacífico”, actual línea San Martín, y recién cuando ambos desembarcaron en Retiro vio a su papá caminar “rápido y serio, muy decidido”, como “un militante entero”.

“La primera gran impresión que recuerdo fue en la calle Reconquista, donde había una columna de mil o 1.500 mujeres, vestidas con cofias y guardapolvos blancos manchados con sangre”, relató Pepe, que luego supo por su padre que eran las trabajadoras de los frigoríficos de Avellaneda: “La Negra, la Swift y la Anglo que eran británicas, que después Perón nacionalizó”.

Como cualquier adolescente que hacía sólo un mes que se “había puesto los pantalones largos”, después de 12 horas en la Plaza de Mayo le pidió a su papá volver a casa.

“No me cabe ninguna duda que el 17 de Octubre fue el acontecimiento político más importante en los más de 200 años de historia argentina, ninguna duda. Mire: la Revolución de Mayo fue un hecho protagonizado por muy poca gente, no fue un levantamiento multitudinario. Pero nosotros hicimos el 17 de Octubre con más de un millón de personas y eso me lo dijo el propio Perón”, enfatizó.

Reconfortado por el hecho de haber vivido “grandes alegrías”, Pepe señaló como uno de esos momentos al “honor de haber compartido cafés con Perón en el exilio”.

Evocando aquel histórico día

Recordó que en uno de esos encuentros el expresidente analizó el número de personas que se movilizaron el 17 de octubre de 1945 y dijo: “Si (el Diario) La Nación habla de 950.000 mil personas, seguramente fuimos más de un millón y medio de compañeros”.

“A diferencia de lo que ocurre hoy en esas concentraciones en el Obelisco, llenas de odio y violencia, nosotros estuvimos en esa histórica plaza con alegría, contentos, porque fuimos a rescatar a nuestro líder y sabiendo que el triunfo era nuestro”, resaltó.

Insistió con que se trató de la “más magna, patriótica e importante movilización de masas de toda la historia, no solamente de Argentina, sino de toda América Latina; fue un hito en el avance del pueblo argentino que deseaba alcanzar la justicia social como bandera suprema para ser enarbolada para siempre”.

“Nosotros hemos prestado, de las tres banderas, la libertad y la independencia, esas la podemos usar todos, pero la bandera de la justicia social no se la damos a nadie. Es nuestra trabajamos por ella y luchamos por ella y seguiremos peleando por ella hasta el último hálito de nuestras vidas”, afirmó con orgullo peronista el dirigente.

Foto: Archivo General de la Nación

Pepe, a sus 89 años, dijo estar “muy tranquilo” después de haber “peleado mucho” en su vida por las banderas del peronismo y de “haber pagado duro con persecución, mucha cana, simulación de fusilamientos, allanamientos y cárcel de los milicos”.

“A 75 años del 17 de Octubre le diría a la juventud que siga el ejemplo de aquellos que pelearon por los derechos de los trabajadores, que sigan el ejemplo de sus abuelos que pelearon y dieron la vida por la igualdad y la justicia social en la Argentina. Hay muchos que dicen que pelean por esos objetivos, pero la trinchera más segura es la del peronismo, no cabe ninguna duda”, remató.

Marcelo Cena
Marcelo Cena

Trabajador de Prensa en diversos medios. Militante de la vida Peronista. No soy neutral.

El subsuelo de la patria sublevado: la lealtad y el amor

El subsuelo de la patria sublevado: la lealtad y el amor

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“El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo cuando inesperadamente, enormes columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con sus trajes de fajina porque acudían directamente desde sus fábricas y talleres.  […] Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de brea, de grasas y de aceites. Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe. […] Era el subsuelo de la patria sublevado”. 

Raúl Scalabrini Ortiz

Tres días antes de la histórica jornada del 17 de octubre de 1945, el coronel Juan Domingo Perón le escribía a Evita, su “adorable tesoro”, una carta desde la cárcel de la isla Martín García, en un tono escéptico y resignado. Entre palabras de amor, le prometía un futuro alejado del conflictivo mundo de la política.

Perón no lo sabía, pero sin siquiera ser presidente ya se había ganado el respeto del pueblo trabajador y el odio de la oligarquía y las clases conservadoras. 

El 16 de octubre de 1945, en la sesión del Comité Central Confederal de la CGT, un dirigente del sindicato de carne rosarino aseguró que si el cuerpo no resolvía la huelga general, ésta se efectuaría igual por el estado emotivo de los trabajadores. En otras palabras, si los dirigentes cegetistas avalaban el corrimiento de Perón, quedarían desacreditados frente al pueblo trabajador, que en masa iría a huelga general de cualquier manera.

La CGT mantuvo la movilización para el 18 de octubre, como se había establecido previamente. Sin embargo, en los hechos, la huelga se realizó un día antes. En la mañana del 17, la agitación comenzó en los ambientes fabriles del conurbano bonaerense y en algunas ciudades del interior. Berisso, que aglutinaba a miles de trabajadores del gremio de la carne, fue un baluarte de aquella jornada. Le seguían Tucumán y sus trabajadores de los ingenios azucareros, y los petroleros y astilleros de Ensenada.

Por la mañana, la calle 60 se convirtió en la principal testigo del comienzo de la larga peregrinación que tenía como fin Plaza de Mayo. Pero antes, los trabajadores de Berisso pisaron las calles de la capital provincial, asilo de los sectores reaccionarios anti populares. En La Plata, ardían el Jockey Club y el diario El Día, y la Universidad -hasta entonces reservadas para las élites- perdía sus vidrios: el subsuelo de la patria devolvía la gentileza de una historia de opresión.

Cerca de las 18, luego de caminar, recibir los rayos de sol en la nuca y colgarse en camiones multitudinarios, los trabajadores de Berisso llegan a Buenos Aires, en patas y descamisados. La convicción de que otra Argentina comenzaba a gestarse, la larga marcha para pedir por Perón, el amor por la justicia social; eso era la lealtad. Y eso siempre será la lealtad: la prueba fehaciente de que el amor del pueblo siempre vence al odio de las minorías conservadoras, oligárquicas, odiantes. 

“Yo vi una turba histérica, incivil, que a la Casa Rosada se acercaba”, escribió la poeta de una familia aristocrática, Silvina Ocampo. Su amigo, Jorge Luis Borges, analizó el 17 de octubre en “La fiesta del monstruo”: Perón era el monstruo y los trabajadores, bestias homicidas. 

Más de un millón de personas coparon la plaza de la Casa de Gobierno ese día, dispuestas a esperar lo que fuera necesario para que liberen a Perón. Cerca de las 23 horas, ante la inminente estadía de les manifestantes, Perón es liberado y aparece en el balcón de la Casa Rosada: “Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme satisfacción, pero desde hoy sentiré un verdadero orgullo de argentino porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de los trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Patria”. 

El Gobierno militar se vio obligado a convocar a elecciones generales, en las que Perón sacaría el 52% de los votos. Los primeros dos gobiernos peronistas jamás serían olvidados, ni por los trabajadores, ni por las clases odiantes que festejarían la muerte de Evita y harían lobby para que la Fusiladora se haga con el Gobierno. 

Les cabecitas negras empoderades eran un peligro: para las elites, aquello significaba la pérdida de poder político y económico. Por eso el odio frente a cualquier conquista del pueblo, ayer y hoy.

Desde el 55 en adelante hubo varios de estos modelos excluyentes, con un enorme ataque a la producción, al trabajo, a la educación, a la cultura. Al parecer, la derecha ha mantenido todo este tiempo un discurso bastante inalterado, autoritario, misógino y muy contrario a los sectores populares. Por eso, los días más felices fueron y serán peronistas. ¡Feliz día!

En la cortada más mistonga: Los escasos cruces del tango y el nacionalismo (Parte IV)

En la cortada más mistonga: Los escasos cruces del tango y el nacionalismo (Parte IV)

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Por Gabierl Kudric*

Llegamos a la última parte de esta serie de artículos. Si bien la conclusión sigue siendo la misma -que el tango no se ha encargado de la política-, con la llegada del peronismo los personajes populares encuentran un nuevo lugar en las letras de tangos, más allá de los berreos de una oligarquía elitista, que escucha música clásica, que no se acerca a lo que baila el pueblo y que opone al gaucho como emblema de lo nacional frente a estas músicas mestizas, mulatas, populares.

Esta serie de artículos que no pretende ser más que un acercamiento exploratorio a la relación entre el tango y los temas del nacionalismo. Por otro lado, es importante recalcar que cuando se dice “tango”, se habla de los ritmos que eran abarcados por los intérpretes de la música porteña (milonga, vals e incluso, en el principio del siglo XX, estilo, cielo y los importados shimmy, foxtrot y charleston).

El tango comienza este capítulo ya asentado en la ciudad. ¿Qué en la ciudad? En las ciudades. El tango se baila en todas las capitales del mundo. Se compone en todos los idiomas, hasta en turco. Y acá, en Buenos Aires, el tango se enseñorea en Radio Belgrano, Radio El Mundo, Radio Splendid, con sus orquestas en vivo y sus grandes personajes.

Yo te daré, te daré Patria hermosa…

A diferencia de la dictadura de Uriburu, el peronismo y el tango tuvieron una gran relación. No así algunos y algunas artistas, pero a mediados de los cuarenta el género estaba perfectamente instalado en las radios, en el cine, y ya nadie con peso lo consideraba una aberración antiargentina.

Era el género de moda y algunos de sus principales referentes se identificaron con el movimiento de masas. La adhesión al peronismo hizo reaparecer los temas nacionales en el tango. El peronismo era, en definitiva,“EL” movimiento nacional, y hacía de la exaltación patriótica, junto con la justicia social, una estética propia. Es necesario nombrar a Hugo del Carril, cantor de la Marcha Peronista y uno de los referentes indiscutibles de los artistas peronistas. Juanita Larrauri grabó la primera versión de “Evita Capitana”, pero la más popular fue sin dudas la de Nelly Omar, quien también interpretó “La descamisada”. Antonio Tormo, Héctor Maure poniendo voz a la “Marcha del Plan Quinquenal”, Cátulo Castillo componiendo y grandes directores como Angel D’Agostino, tampoco ocultaban sus simpatías. El nacionalismo popular que encarnaba el peronismo se consideraba a sí mismo el movimiento nacional, y según esta lógica, lo que no estuviera adentro, era antinacional. Libertad Lamarque terminó en México (filmando con el gran Buñuel), Pugliese preso alguna vez por unos días… “La contra”, como se la llamaba, no la tenía fácil.

Hugo del Carril no sólo cantó la marcha, sino que en 1949, con letras de Homero Manzi, compuso la música de dos milongas que grabó Oscar Alonso: “Versos de un payador al General Juan Perón” y “Versos de un payador a la señora Eva Perón”.

En la primera, Manzi dice:

“Usted luchó por la gente desbrozando la maleza
y el criollo que siempre pesa con justicia y noblemente
sabe que usted fue un valiente al lado de su pobreza”.

Poniendo a Perón al lado del pobre, peleando junto a él. ¿Contra qué? La siguiente estrofa lo deja claro:

“Usted liquidó el instante de la miseria social
y el oprobio general del vendepatria triunfante;
vergüenza del tiempo de antes, cuando el fraude electoral
era el destino fatal que le aguardaba al votante
en aquel tiempo distante de ignominia nacional”.

El peronismo como nación que se funda de nuevo, que se forja nuevamente, más que retempla.

La última estrofa nos presenta a un Perón interpretando el drama nacional, síntesis de la nación.

“Por eso, mi General, con esta improvisación
quise arrimar mi montón a su labor nacional.
Nadie ha comprendido igual las penas de la nación,
nadie con más corazón nos libró de tanto mal
nadie como Juan Perón, Presidente y General…”

A Eva Duarte de Perón, por otro lado, la ponderan como la compañera del líder, pero lejos está su imagen de la mujer que perfuma pasivamente en “Viva la Patria”.

“Él es el verbo mayor y usted la mayor templanza.
Él es la punta de lanza y usted la punta de amor.
Él es un grito de honor que hasta el deber nos alcanza,
y usted la mano que amansa cuando castiga el dolor.
Él es el gran sembrador y usted la gran esperanza.
Él es el gran constructor de la patria liberada
y usted, la descamisada que se juega con valor.
Los dos uncidos de amor son vanguardia en la cruzada,
las masas, emocionadas al brillo de este fervor,
han jurado con honor morir en esta patriada”.

Puede que no sean las mejores líneas del hombre de F.O.R.J.A., pero en ellas aparece el nacionalismo popular como redención del hombre de trabajo en todo su esplendor. Ya los trabajadores no son la chusma, ya sus artes no son despreciadas.

Permítase, para cerrar este esbozo, esta aproximación al tema, contar una anécdota que tiene que ver con la censura que se instaura en el ‘33 y su fin de hecho, y que pinta al Perón del guiño cómplice, afín al habla popular y lleno de picardía. En el año ‘49 un grupo de artistas pide audiencia con el Presidente para pedirle el fin de la censura que, entre otras cosas, vetaba el lunfardo. Eran parte de la comitiva Homero Manzi y Alberto Vacarezza. A éste último le habían robado en un conocido episodio. Al recibirlos, Perón los saluda y se dirige a Vacarezza:

‒¿Cómo anda, Alberto? ¿Así que lo afanaron?

Y así, con esa palabra dicha en boca del General, se dio por terminada la censura. Por unos años, al menos.

Pudimos encontrar, entre 1910 y 1949, al nacionalismo oligárquico despreciando al tango por extranjero y bajo, a sus letristas e intérpretes contrabandeando temas tabú, coincidiendo con los primeros escarceos del revisionismo histórico de derecha; al nacionalismo aristocrático metiendo la cola en el tango para glorificar un golpe de estado; y, con la llegada del peronismo, al nacionalismo popular escribiendo páginas llenas de contenido, aunque bajo pobres formas. Pero lo que más hemos visto, es al nacionalismo, en todas esas apariciones, como combate e invitación a la acción.

El tango comenzaría su decadencia en los años sesenta, de la que nunca se repondría en los mismos términos. En los setenta, lejos de la épica colectiva de la revolución, sería música de gente mayor. La juventud militante cantaría con Mercedes Sosa, Zitarrosa, Viglietti, Quilapayún. La juventud rockera, mirada de reojo y con desprecio por poco comprometida, vería el comienzo del rock en castellano con Moris o Nebbia y viviría los primeros pasos de Charly García, Luis Alberto Spinetta y otros. La dictadura haría estragos con las dos, pero mientras a una le pegaban o se la llevaban en razzias, a la otra la desaparecieron. Durante los ochenta, las viejas glorias como Goyeneche serían adorno de algunos programas mientras el tango languidecía en programas berretas de TV.

En los ‘90, con el avance del neoliberalismo y la instalación de un sentido común cipayo, una nueva guardia retomaría el tango y lo agarraría como bandera. La Orquesta Fernández Fierro, Tango Negro Trío, El Arranque y muchas más serían parte de esa juventud que va a retomar al tango y lo va a renovar sin necesidad de artificios electrónicos, a pura víscera. Muchos de esos jóvenes tangueros llevarían su música a los escenarios callejeros del aguante al neoliberalismo y muchas de esas autoras comenzarían a gestar un tango feminista. El rescate del tango es una bandera de lucha que, entonces, se ensambla con otras luchas.

El cierre de este capítulo es un final abierto, con la cámara subiendo de las calles de una ciudad con pueblo movilizado hacia un cielo claro


* Periodista, conductor del programa Columna Vertebral, columnista del programa Caídas del Catre (ambos en Radio Estación Sur - FM 91.7) redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
ARDERÁ LA MEMORIA HASTA QUE LA UNIVERSIDAD SE LLENE DE PUEBLO

ARDERÁ LA MEMORIA HASTA QUE LA UNIVERSIDAD SE LLENE DE PUEBLO

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POR SOL CASTILLO*

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así una propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”

Rodolfo Walsh


Hace 70 años, un 22 de noviembre de 1949, el gobierno de Juan Domingo Perón promulgaba el decreto 29.337 que puso fin al arancelamiento en las universidades, convirtiéndose en un hito fundamental que consolida la conquista de una Universidad Pública y Gratuita.

La historiografía oficial, con su marcado sesgo liberal, ha ocultado pasajes de la historia que son piezas fundamentales del acervo popular. Cuando se hace alusión a la conformación de la Universidad Pública y Gratuita como derecho adquirido, la referencia inmediata recae en la Reforma Universitaria de 1918.

La juventud que impulsó el Grito de Córdoba puso en jaque cómo se concebía en aquel momento la relación entre el saber y el poder, cuestionó la pedagogía tradicionalista clerical y su enseñanza memorística y enciclopédica. Se consolidó sobre los pilares de la autonomía, el compromiso social, el antiimperialismo, el rol protagónico de la juventud y el carácter situado de las universidades en Nuestra América.

“Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de un orden que no discutimos, pero que nada tiene que ver con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a Ia insurrección”[1] enuncia el Manifiesto Liminar de la Reforma. Sin embargo, aquél germen revolucionario que supo extenderse por Nuestra América para gestar otras revueltas fue tergiversado por el reformismo universitario, una identidad política que se adjudicó esta gesta para sí, imprimiéndole un carácter liberal-institucionalista y quitándole su sentido transformador más profundo.

Es preciso puntualizar en esto, ya que, es una de las razones por la cual la relación entre el peronismo y la universidad ha sido presentada como conflictiva, incluso antagónica. Lo que la corriente reformista ha intentado ocultar es cómo se continuó con el verdadero legado de la Reforma en los sucesivos gobiernos populares, en donde la Educación Superior se erigió como una pieza fundamental para el desarrollo de un proyecto político nacional.

La Universidad comienza a hacerse Pueblo

El 9 de octubre de 1947, se sanciona la primera ley educativa del gobierno justicialista. La ley 13.031[2] –denominada también Ley Guardo en honor al diputado que la elaboró–, amplió el marco legal con el cual se disponía hasta entonces: la ley Avellaneda de 1885. Esta ley 13.031, ubica a la formación académica y científica al servicio de un modelo de justicia social:

Artículo 1. (Objetivos). Las universidades tienen a su cargo la enseñanza en el grado superior, la formación de la juventud para la vida, para el cultivo de las ciencias y para el ejercicio de las profesiones liberales, debiendo actuar con sentido social en la difusión de la cultura para el prestigio y engrandecimiento de la Nación. Cuentan para ello con la autonomía técnica, docente y científica que se les confiere por la presente ley y con el pleno ejercicio de su personalidad jurídica.

En su artículo 87 también se promueve la creación de becas de estudio para hijos de familias obreras, artesanas o empleadas que no pudiesen costear sus estudios universitarios, y las becas de estímulo destinadas a estudiantes destacados, de familia obrera o de empleados, para compensar la privación total o parcial de aporte económico al hogar que les imponga el estudio.

Otros puntos considerables de las políticas del primer período peronista en materia educativa fue la creación del Ministerio de Educación y la conformación del Consejo Nacional Universitario. La formación de la clase trabajadora para las tareas estratégicas, que demandaba ese modelo de industrialización nacional, incentivó a la instauración de cientos de escuelas técnicas y escuelas taller a lo largo y ancho de todo el país.

El ejemplo más contundente de la consecución de este fin se dio en agosto de 1948, mediante la ley 13.229, que funda la Universidad Obrera Nacional, lo que actualmente es la UTN (Universidad Tecnológica Nacional). En el discurso de inauguración de los cursos de la UON[3] en 1953, del entonces presidente Perón, se vislumbra su concepción en torno a la educación:

“Lo que nosotros queremos, en esta Nueva Argentina, es que la ciencia y la cultura sean del pueblo, y que el pueblo esté formado por hombres que amen a los hombres y no que preparen su destrucción o su desgracia. Por esa razón, nosotros, en nuestros planes de gobierno, luchamos por una ciencia y una cultura populares.”

El primer y único rector bajo ese gobierno de la Universidad Obrera fue Cecilio Conditi, un dirigente sindical de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y egresado de la Escuela Sindical de la CGT.

No obstante, al año siguiente se avanzó aún más en la consolidación de ese horizonte de justicia social con la sanción de la Constitución de 1949. Este texto normativo expresa las grandes aspiraciones del peronismo: una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. En el artículo 37 de su Capítulo III “Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad, de la educación y la cultura” pone al Estado como garante del acceso en igualdad de oportunidades al derecho de aprender y perfeccionarse. Esta formación se pensaba siempre en clave de los intereses de autodeterminación nacional.

Es mismo año –también un 22 de noviembre– se da lugar al decreto 29.337[4] de Supresión de Aranceles Universitarios, piedra angular de la universalización del derecho a la Educación Superior:

“Que atendiendo al espíritu y a la letra de la nueva Constitución es función social del Estado amparar la enseñanza universitaria a fin de que los jóvenes capaces y meritorios encaucen sus actividades siguiendo los impulsos de sus naturales aptitudes, en su propio beneficio y en el de la Nación misma.

 Que como medida de buen Gobierno, el Estado debe prestar todo su apoyo a los jóvenes estudiantes que aspiren a contribuir al bienestar y prosperidad de la Nación, suprimiendo todo obstáculo que les impida o trabe el cumplimiento de tan notable como legítima vocación”.

La Universidad como mero privilegio de unas pocas personas abría sus puertas para las grandes mayorías populares de nuestro país. Los sucesivos mandatos peronistas reafirmaron esta voluntad democratizadora, incluso profundizándola aún más. Tal es el caso de Ley 14.297[5] de 1954, Ley Universitaria. Nuevamente vincula a las universidades con el desarrollo productivo nacional y establece su misión con un sentido eminentemente humanista y de solidaridad social.

Además de darle fuerza de ley al decreto de la Gratuidad, introduce algunos de los postulados provenientes en la Reforma del ‘18 como la extensión y la participación de lxs estudiantes en los consejos directivos de las facultades.

En este período histórico se produjeron avances significativos como el aumento del presupuesto destinado a las UUNN. Cuando Perón llegó al gobierno, se calculaba una inversión alrededor de 48 millones de pesos, mientras que para 1954 rondaba los 400 millones. En la UBA se inauguraron las sedes de Derecho, Arquitectura, Ciencias Exactas y Odontología. Se abrieron facultades regionales en Buenos Aires, Santa Fe, Rosario, Córdoba, Mendoza, Bahía Blanca, La Plata, Tucumán y Avellaneda. La matrícula también creció exponencialmente: en 1945 era de 51.447 estudiantes y para 1955 había ascendido a 140.000, siendo la población estudiantil más grande de Nuestra América.

A los intentos privatizadores, lucha y organización

El golpe de 1955 autodenominado Revolución Libertadora buscó dar por tierra todas las conquistas sociales adquiridas hasta el momento. La fusiladora anuló la Constitución de 1949 y toda la legislación universitaria sancionada en aquel tiempo. Abrió el camino a la conformación de casas de estudio privadas, que más adelante tendrían la potestad de otorgar títulos de igual validez que las Universidades Nacionales. Fue el punto de partida de los 18 años de proscripción del peronismo, pero como sentenció Evita “no hay fuerza capaz de doblegar a un pueblo que tiene conciencia de sus derechos”, y no fue para nada menor la resistencia y pelea que se libró contra este nuevo intento de coloniaje.

El sueño de una Universidad hecha pueblo nunca se apagó. En varios capítulos de nuestra historia, desde las bases y con gobiernos que encabezaron proyectos populares, siempre se situó a la educación superior como derecho universal. El caso de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires de 1973, es una muestra cabal de esto: la universidad comprendida en el marco del proceso de Liberación Nacional.

En los números publicados de la revista Aportes para la Nueva Universidad, editada en los años 1973 y 1974, se plasman los debates centrales de esa coyuntura en torno a la investigación, la ciencia y la cultura: la disputa contra los discursos de un conocimiento y una ciencia única que se disfrazaban de objetividad y neutralidad, y que históricamente bregaron por desentenderse de su rol político y social.

Se intentó romper con la Universidad reproductora de la ideología de la eterna dependencia a los intereses extranjeros. El carácter revolucionario tuvo su correlato en medidas que establecieron la imposibilidad entre ser docente y ser directivo o defensor de intereses de multinacionales; o la incorporación de una materia común para todo el claustro estudiantil llamada Historia Social de las Luchas del Pueblo Argentino, para politizar a la comunidad universitaria y hacerlxs sujetxs activxs en la disputa histórica.

En La Plata otro caso destacable es la experiencia de la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN). El golpe del ‘66 autollamado “Revolución Argentina” concluyó luego de un creciente proceso de movilización popular y el despliegue de las acciones de las organizaciones armadas. La radicalización de estudiantes, graduadxs, docentes y no docentes de la FURN, se concretó en el documento “Bases para la Nueva Universidad”[6]:

“LA PATRIA Y EL PUEBLO CONVOCAN: La Liberación Nacional, objetivo supremo de la Patria, que el Pueblo expresara en mil combates y reafirmara inequívocamente el 11 de marzo, es un desafío histórico para que todos, activa y solidariamente, la vayamos concretando en cada lugar, en cada actividad donde ella tenga sus exigencias particulares. Son múltiples y complejos los cabos que nos atan a la Dependencia, y uno a uno han de ser cortados todos ellos si queremos cumplimentar lo mejor de nuestras aspiraciones colectivas.”

Con una ineludible convocatoria se llama a todos los sectores de la comunidad universitaria a ser propulsores de una Universidad anclada a ese país anhelado, libre de injusticias y explotación.

La última dictadura cívico-eclesiástica-militar-empresarial de Argentina instauró un régimen de terror que una vez más buscó aniquilar toda posibilidad de conformar una Patria justa, libre y soberana. La Universidad fue blanco de grandes retrocesos como la restauración del examen de ingreso, la supresión de carreras, la feroz persecución a docentes, estudiantes y trabajadorxs. Fueron 30 mil lxs compañerxs que pusieron la vida en un proyecto revolucionario, pero para desgracia de los enemigos históricos de los procesos de avanzada popular seguimos anteponiendo la Memoria como motor de nuestras luchas.

Es así que bajo los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández se pudieron llevar adelante muchas reparaciones. Este periodo vio nacer Universidades “por todos lados”, esas que desprecian personajes como Macri. Fuimos testigos de cómo las primeras generaciones universitarias se permitieron volver proyectar su formación profesional, incluso con el respaldo de otras políticas de inclusión, permanencia y egreso, como fue en su momento las becas Progresar o las del Bicentenario.

Quedaron tareas pendientes que de cara a los tiempos venideros, deberán ser parte vital de la agenda popular. Pese a sus considerables modificaciones, la Ley de Educación Superior menemista y todo al andamiaje que se cimentó en los noventa se sostiene dando pie a la injerencia y aspiraciones que lejos están de la ansiada Argentina popular, democrática y feminista. Recuperar nuestra historia y continuar la senda de quienes nos antecedieron es una decisión profundamente política si deseamos que la Universidad definitivamente se llene de pueblo.


* Comunicadora social, columnista del programa La Marea (Radio Futura – FM 90.5), editora de Revista Trinchera y colaboradora de Agencia Timón. 

Referencias

[1]             Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918

[2]             http://argentinahistorica.com.ar/intro_archivo.php?tema=8&titulo=17&subtitulo=57&doc=181&palabra=ley%20saenz%20pe%F1a

[3]             https://www.utn.edu.ar/es/secretaria-politicas-institucionales/spi-destacados/discurso-inaugural-de-la-uon

[4]             http://www.undav.edu.ar/general/recursos/adjuntos/13382.pdf

[5]             http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL002752.pdf

[6]             https://iec.conadu.org.ar/files/publicaciones/1543411271_bases-para-la-nueva-universidad-furn-1973.pdf

El futuro de Juntos Por el Cambio

El futuro de Juntos Por el Cambio

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

por nicolás de la iglesia*

La coyuntura política argentina se caracterizó estos últimos años por su vertiginosidad. Antes de que Cristina Fernández decidiera impulsar en 2017 a Unidad Ciudadana, la perspectiva de unidad del peronismo parecía, como mínimo, algo utópico. Con Juntos por el Cambio sucedió algo similar. Mientras muchos  consideraban a la coalición de gobierno en decadencia después de una aplastante derrota en las PASO, en las elecciones generales obtuvieron un gran caudal de votos. La pregunta lógica es ¿Y ahora qué va a pasar con Cambiemos?


Recapitulando

Las elecciones Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias dejó a Cambiemos al borde del knockout. Ante la sorpresa de muchos y muchas, sobretodo de las encuestadoras, el peronismo unido logró tanto en la presidencia como en la provincia de Buenos Aires una diferencia del 15% y 17%, respectivamente. Lo más llamativo fue la aplastante diferencia por la que perdió la que era vendida por los medios hegemónicos, hasta las elecciones primarias por lo menos, como una de las figuras de mejor imagen de Cambiemos. Incluso a principios de año, desde sectores del mismo espacio político querían situar a María Eugenia Vidal como posible candidata presidencial (llamado el plan “V”). Los titánicos esfuerzos mediáticos por construir su figura lograron incluso que se llegara a pensar que la pelea por la provincia iba a ser, por lo menos, un poco más pareja.

Lo cierto es que esta primera derrota, que comenzó a sellar el destino de la coalición de gobierno, término por acentuar las grietas que en estos cuatro años de gestión comenzaron a profundizarse. La disputa más clara es entre Vidal y Macri, quienes después de las PASO optaron por tener equipos de campaña separados. Con Mauricio Macri, claramente debilitado, comenzó una disputa interna por quien iba a ocupar el puesto de “líder de la oposición”.

Estas tensiones fueron fluctuando con el paso del tiempo. Sin embargo, hoy en día los actores enfrentados dentro de Cambiemos son: Mauricio y Marcos Peña; Vidal, Rodríguez Larreta, Alfredo Víctor Cornejo Neila (gobernador de Mendoza y cabeza de la Unión Cívica Radical) y Mario Negri (presidente del bloque de la UCR y del Interbloque Cambiemos en la Cámara de Diputados).

Barajar y repartir de nuevo

Pocos días después de la derrota, lejos de ser un muerto político, el sector que responde a Marcos Peña en Cambiemos, comenzó a planear una nueva campaña. El secretario de cultura, Pablo Avelluto tuvo una idea visionaria. Se le ocurrió que el presidente podía hacer movilizaciones por todo el país hasta la llegada de las elecciones generales. Desde el entorno de Mauricio Macri se recibió con buenos ojos la propuesta y se comenzó a planear la “Marcha del sí se puede”.

A partir de eso, el escenario cambió. Al contrario de lo que se creía, las marchas fueron bien recibidas con una gran convocatoria. Esto no hay que pasarlo por alto,  porque instala un nuevo paradigma en la política argentina. La movilización de sectores que no están acostumbrados a tomar las calles y la validación de este tipo de manifestaciones como instrumento de presión política, cosa que antes pertenecía a los sectores populares en todos sus espectros.

De la mano de las marchas propuestas por Juntos Por El Cambio, empezó también una radicalización de los discursos con Miguel Ángel Pichetto como cara visible de este proceso. Las declaraciones se dieron siempre en el mismo tono, desde dinamitar las villas hasta, en caso de una victoria del Frente de Todos, las personas con más de una propiedad tendrían que donar una a la “revolución”. Así buscaron fortalecer su núcleo duro, polarizando aún más a la sociedad argentina. Al mismo tiempo que intentaron atraer a los votantes de Gómez Centurión y  José Luis Espert como objetivo.

El resultado de la estrategia fue excelente, el caudal de votos que sumo el oficialismo fue cercano a los dos millones. Dejando, para sorpresa de muchos, a la coalición de gobierno con un sólido 40% en las elecciones del 27 de octubre y a Mauricio Macri, más fuerte que nunca al frente de la oposición. Claro está que el aumento del porcentaje no se debe únicamente a los votos que el oficialismo “le saco” a Centurión y a Espert, sino que también entran en juego otras cuestiones como por ejemplo, el voto de las personas mayores (sector etario fuerte del oficialismo).

La campaña de María Eugenia Vidal fue, según su círculo íntimo, de compromiso, ya que la ventaja conseguida por Axel Kicillof era abrumadora. La gobernadora intentó despegarse de la figura de Mauricio Macri para acortar la distancia. Estrategia tomada por gran parte de los candidatos a intendente de Juntos por el Cambio. Algunos invitaban abiertamente, con tutoriales y todo, a que la gente cortara boleta. Gracias a esto lograron hacerse, nada más y nada menos, de 62 sobre 135 municipios.

El futuro de Vidal es incierto, sin peso político para disputarle la conducción de Cambiemos a su líder, tiene como alternativa formar una fuerte oposición en la provincia de Buenos Aires para quedar mejor parada de cara a las próximas elecciones legislativas. Lo que sí queda claro es su evidente debilidad puertas adentro de cambiemos, viéndose obligada a acercarse a Rodríguez Larreta,  uno de los principales competidores de Mauricio.

No es claro cuál es el futuro de Juntos por el Cambio como oposición a un peronismo unido. Lo cierto es que a primera vista el escenario argentino retornó a un clásico bipartidismo que se divide en peronismo y anti peronismo. Siempre y cuando, Propuesta Republicana pueda hacerse con la representación de ese sector, siempre y cuando pueda mantener una unidad que muestra claros desgastes. Juntos por el cambio enfrenta dos caminos: o la fragmentación y su posterior desaparición (como sucedió con partidos como la UCEDE y tantos otros) o consolidarse como el partido de la derecha argentina.


*Periodista, columnista sobre Europa del programa Marcha de Gigantes (Radio UNLP - AM 1390) responsable de redes de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón. 
Forster: “Los pueblos le han dicho basta a la lógica del ajuste”

Forster: “Los pueblos le han dicho basta a la lógica del ajuste”

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Dialogamos con el filósofo y docente de la Universidad de Buenos Aires, Ricardo Forster, con quien analizamos el resultado de las elecciones generales en Argentina.


¿Estás de acuerdo con que el peronismo en sus mejores versiones integró reclamos de la izquierda y de la centro-izquierda en su acción de gobierno?

Si uno mira la historia, efectivamente el primer peronismo construyó el Estado Social (que en otros lados se llama el Estado de Bienestar), que implicó recuperar viejas demandas de la izquierda de aquellos tiempos, sobre todo de los socialistas, de los comunistas y demás y las convirtió en derechos sociales. Obviamente con una impronta muy propia que tiene que ver con esa modulación que diferencia a una tradición más puramente de izquierda con una tradición nacional-popular.

El peronismo de los años 60 y 70, obviamente que tuvo un muy fuerte componente de izquierda. Pensemos en hombres como John William Cooke, como Rodolfo Walsh, la experiencia de la Juventud Peronista, los propios Montoneros o las organizaciones como el FAP o el Peronismo de Base. Obviamente en esa época el peronismo estuvo impregnado de teoría marxista. Podríamos decir que la izquierda se peronizó y el peronismo se izquierdizó.

Después tuvimos los años de Néstor y Cristina Kirchner donde claramente en la mirada que tenían hubo una relación fuerte con una tradición que podríamos llamar de un progresismo que no aceptaba los límites del progresismo sea sólo luchar por derechos civiles, sino que se rebeló contra la tradición del progresismo de los 90 y creyó fuertemente en la idea de recuperar el Estado Social, de una disputa por la distribución de la renta, por la igualdad.

Los momentos más intensos y de mayor disputa y los que definieron el raso de “maldito” en nuestro país tuvieron que ver, justamente, con esos momentos de disputa con los poderes reales, con los poderes establecidos. El kirchnerismo en este sentido es un gran heredero de esa tradición.

Esa tradición plebeya ¿no?

Sin dudas. Ese rasgo es fundamental para entender el prejuicio, el rechazo, lo que los argentinos con una palabra tan polisémica hemos tratado de definir el gorilismo. El gorilismo es una mezcla de racismo, de urticaria frente al goce del pobre y aquello de “estos vagos que no trabajan”, y colocar en la clase media, el núcleo del gran esfuerzo, de los sectores que construyen el país, etc.; mientras que los otros, los cabecitas negras, los que viven del Estado Social, que vendrían a ser los que gozan mientras ellos sufren.

El gorilismo, de alguna manera, proyectó sobre ese peronismo todo su resentimiento. Y hoy lo volver a ver. Claramente hoy descubrimos un tipo de resentimiento de esa naturaleza. Cada uno tiene en su oído esa música un tanto disfónica de un sector de la clase media que cada vez que quiere hablar sobre los otros utiliza los descalificativos más absolutos: vagos, choriplaneros, los tipos lo único que quieren es que el Estado les siga dando de la teta…

Si, el famoso “Con la mía no”

“Con la mía no”, “yo pago mis impuestos” o “yo me deslomé trabajando” o “mi abuelo vino de Italia o de España y con su esfuerzo construyó ladrillo sobre ladrillo”… Hay un ejercicio que suelo hacer que es bastante infalible: vos te parás en la calle, en cualquier ciudad, y tenés a uno de estos personajes que argumenta que los únicos que trabajan son ellos y le decís “pará, discúlpame ¿Quién construyó esta casa de enfrente, este edificio? ¿Quién pavimentó esta calle? ¿Vos, el arquitecto, el ingeniero o el comerciante, o el peón de albañil, el boliviano, el tucumano, el paraguayo, el santiagueño? Esos que vos llamas “negros vagos” o que no trabajan de sol a sol y han puesto el cuerpo para que vos vivas en “tu casa”.

¿Esta vuelta del peronismo a su cauce más histórico -que es integrando- tiene que ver con esta derecha gorila que saca un 40% de los votos en estas elecciones? ¿Se vuelen a configurar estos dos polos históricos?

No me cabe la menor duda. Mi querido amigo Nicolás Casullo decía que cuando el peronismo toca los poderes reales (que lo hizo 3 veces en la historia de nuestro país: con el primer peronismo, en esa fugaz primavera camporista y en los años de Néstor y Cristina), inmediatamente se desatan el odio, la persecución, la descalificación y se construye políticamente un gorilismo muy fuerte.

Cuando el peronismo deviene conciliador o neoliberal como en los 90, termina aliado con la UCD como hizo Menem con Alsogaray. Obviamente que hay un peronismo plebeyo, disruptivo, rebelde, que pone en cuestión un dispositivo que en Argentina intentó mantener el status quo y nunca lo logró. Finalmente porque, precisamente, el peronismo les pateó el tablero y generó una disputa nunca terminada en torno a la distribución de la renta.

Hoy estamos festejando con la rebelión extraordinaria del pueblo chileno que empieza a sacarse de encima décadas y décadas de vasallaje, de aceptación de que si naces pobre serás pobre toda la vida, que es como la lluvia. Y ahora vemos que, sin embargo, los hermanos y hermanas chilenas están disputando por otro modelo de organización de la sociedad.

Entre nosotros, eso lo generó esa rebelión originaria del peronismo con sus idas y vueltas, sus tensiones y contradicciones, agachadas y traiciones. Porque el peronismo tiene también todo eso y lo hemos experimentado.

Después de las experiencias de Néstor y Cristina vuelve un proyecto como el del Frente de Todos, reaparece fuertemente esa derecha que se organiza alrededor de una trama de valores que son los valores del macrismo.

Veo mucha gente sorprendida por el caudal de votos, ese 39/40%. Pero cuando uno mira lo que sucedió -por ejemplo- en el 2003 después de la peor crisis social que fue la de los estallidos de 2001, la suma de Menem y López Murphy llegaba al 43% de los votos. O Angeloz en el final tremendo del gobierno de Alfonsín -con hiperinflación incluida- llegó casi al 40% de los votos. En Argentina hay un núcleo de derecha que según las circunstancias o disminuye su caudal o alcanza esas cifras, y si logra parasitar algún partido que tenga algún resabio de tradición popular, mejor todavía.

En este caso tomando algo del radicalismo, o un Rodríguez Larreta que le permite hacer la elección que hizo en la Ciudad de Buenos Aires. Eso también es parte de la historia de nuestro país.

¿Qué crees que podemos esperar de este nuevo gobierno peronista?

Primero, digámoslo con todas las letras, la inmensa alegría y felicidad por el triunfo del domingo. Si hace algún tiempo atrás nos hubiesen preguntado “¿Firmas que ganamos en primera vuelta con más del 48% de los votos?” habríamos firmado con las manos que no tenemos, y sin embargo hay cierta desazón porque no fueron 15 puntos.

Me parece que en el contexto actual es casi milagroso que la mitad de la sociedad, defienda un proyecto completamente alternativo al del neoliberalismo, y que la mayoría abrumadora de esos votantes provengan de sectores populares.

Cuando uno mira el mapa de la Argentina o el mapa de la Provincia de Buenos Aires, se da cuenta que los que “mejor votan” en la Argentina, son precisamente los que han perdido demasiado con estas políticas neoliberales.

A Alberto (Fernández) le toca un gobierno difícil, dejan a la Argentina muy destrozada. Creo que lo que está sucediendo en Chile es una enseñanza: los pueblos le han dicho basta a la lógica del ajuste. El pueblo argentino demostró mucha sabiduría y mucha racionalidad al postergar sus demandas, porque sabía que su acción política decisiva era el voto, ganar las elecciones y gobernar de nuevo a partir de diciembre. Ello significa que esas demandas postergadas van a aparecer fuertemente al momento en que asuma el nuevo gobierno, y ese gobierno va a tener que estar a la altura de esas demandas.

Al mismo tiempo el nuevo gobierno va a tener que disputar -como siempre- con los sectores del poder económico que intentarán ningunear, debilitar. Quizás den unos meses de gracia porque la legitimidad electoral es importante, pero sabiendo que esos meses se acaban y que la disputa por la distribución y por la igualdad seguirá siendo un núcleo clave de la política argentina.

De todas maneras creo que hay con qué dar esa disputa y lo primero es sentir que hay una energía que ha nacido. El domingo fue una fiesta increíble en el barrio de la Chacarita, con cientos de miles de personas, sobre todo muy jóvenes, que eso es lo más notable,  junto con los movimientos del feminismo contemporáneo. Hay un núcleo muy joven que hoy se está desprendiendo de lo que las generaciones previas no habían logrado hacer que es que todo ese veneno de egoísmo, de falta de solidaridad y del sálvese quien pueda. Sobre eso hay que apostar.

Grimson: “En Argentina, a algunos, la ¨negrada¨ les molesta bastante”

Grimson: “En Argentina, a algunos, la ¨negrada¨ les molesta bastante”

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.Libro-tapa-Grimson.-Que-es-el-peronismo

El Doctor en Antropología, docente e investigador del CONICET, Alejandro Grimson, explica alguna de las características de su más reciente trabajo “¿Qué es el Peronismo?”, y reflexiona respecto de la coyuntura actual.

 

En uno de los primeros capítulos del libro hablas del racismo en la política. Durante el peronismo, hablas de figuras como los “descamisados” y los “cabecitas negras”, a quienes el peronismo les dio una nueva identidad política como movimiento; pero a su vez, mostras que hay una matriz racista que manifiesta sus rechazos a estas identidades. En la coyuntura actual ¿De qué manera se está manifestando el racismo en el proyecto político de Cambiemos?

En general la Argentina, es un país que se caracteriza por una negación muy profunda de su propio racismo. Cuando hablas con un argentino promedio -que no existe, pero supongamos que existiera-, te diría “¿Yo racista? No… Yo no soy racista”. Eso en antropología tiene un nombre que se llama Racismo sin racistas, porque nadie cree que es racista, pero la verdad es que la “negrada” le molesta bastante.

Por ejemplo, me pasó muchas veces algo que puede comprobar cualquiera: Supone que alguien te dice que odia a Cristina y que no quiere que esa negrada vuelva al gobierno, y vos decís “¿Pero a vos te parece que Cristina es negra?”; “Es negra de alma” te contestan.

Aparece esta cuestión de los “negros de alma” que en realidad en el 45 estuvo presente a través de otra expresión: se hablaba del 17 de octubre como un “candombe blanco”, porque -decía el periódico del Partido Socialista- que eran blancos que se comportaban como si fueran negros.

Esa idea del “candombe blanco” se perdió muy rápido y quedó la idea de “cabecita negra” como la idea que predominó en toda esa etapa y que en otras literaturas o sociologías aparecía como la idea de una gran migración interna del noroeste hacia la capital, que había estado en la base del peronismo.  Cosa que en el libro, demuestro que ese argumento es completamente falaz y que esa migración nunca existió.

 

¿Cómo se explicaría ese racismo sin una necesidad de reconocer lo propio, no? Me llama la atención esta mención de las migraciones que hacés en el libro y que en el estudio que realizaste das cuenta de que la mayoría de las cuestiones eran de identidades locales y que se las tenía como extranjeras; que no formaban parte de esa patria o de esa nación.

Creo que lo que está en el núcleo de esto es que hay un imaginario nacional que viene, por lo menos del Facundo de Sarmiento y que sigue hasta la actualidad. Es el imaginario del país civilizado, europeo, que tiene como pre requisito para poder realizarse a sí mismo, para terminar con la barbarie, que sería el interior, lo no europeo; el peronismo después entra en ese lugar de la barbarie, entra en lo que no puede ser reducido o incorporado al proyecto civilizatorio.

Llega hasta Macri, porque él va a Davos (Foro Económico) en 2016 y “nosotros somos todos europeos en Argentina”. Este año en el Congreso de la Lengua -como si hubiera una lengua en Argentina, hay más o menos 20-, da por obvio de que existe una sola lengua que es el castellano. Es como si todo el trabajo de la antropología, de la historia, no solamente de las argentinas y argentinos, sino de muchos investigadores del mundo que han trabajado aquí desde hace décadas, fueran tirados a la basura.

Ese desconocimiento es muy fundamental. No se trata de un mero desconocimiento, es que si no se desconociera sería necesario modificar el propio imaginario nacional de pertenencia y destruir el europeísmo.

 

Hay un capítulo donde hablas sobre el menemismo y te hacés una pregunta muy interesante acerca de ¿por qué los sectores populares votaron en contra de sus intereses? Y desde allí analizas por qué lo indefendible logró construir mayorías en Argentina. Reflexionando sobre el gobierno macrista ¿Crees que lo indefendible vuelve -una vez más- a perpetuarse por largos años en el país?

Primero que lo que explico en el capítulo es que la definición de los intereses tenemos que discutirla, porque muchas veces, en espacios influidos por las teorías sociales, damos por obvios cuáles son los intereses de cada clase social. Pero, cuando la gente no tiene un plato de comida sobre la mesa, los intereses de largo plazo pueden contradecirse con los de corto plazo. Que fue en algún punto lo que pasó en los años 90.

Votaron contra los intereses de largo plazo o contra los intereses que las teorías sociales definen como intereses de las clases trabajadoras pero, tenían que ver con ciertos intereses cortoplacistas que es la manera en que culturalmente se han constituido los intereses en la Argentina.

Lo mismo sucede respecto de la actualidad. Es muy obvio que hoy hay muchas personas  -no sé si son el 5, el 10, el 15% de la población que prefieren perder plata y que no vuelva el peronismo a ganar plata y que vuelva el peronismo. Esto está explícito en empresarios que cierran las persianas de sus fábricas porque cierran porque no pueden aguantar la marea importadora (hubo una destrucción importante de empresas y cuando se les pregunta dicen “si, a mí me iba mejor antes, pero prefiero fundirme a que vuelvan los que estaban antes”. Sus intereses no son sólo económicos, sino que son intereses alrededor de su propia identidad como sectores desigualmente poderosos respecto del resto de la sociedad.

Supongamos la situación de un jubilado, que su jubilación aumentó al ritmo inflacionario durante el kirchnerismo, pero que a su vez vio que muchas personas no tenían una jubilación pasaron a tenerla, que otras personas que tenían una jubilación ínfima pasaron a tener una más cercana a la que tenía esta persona ¿Qué es lo que prefiere la gente, que estemos todos incluidos o prefiere estar en la punta de la pirámide? Muchos prefieren estar en la punta de la pirámide aunque eso implique que haya una gran exclusión y, quizás, no tienen la capacidad de relacionar esa gran exclusión con el hecho de que sus hijos o sus nietos corran riesgo cuando salen a la calle porque hay incremento del delito.

 

En el libro planteas que el peronismo es ineludiblemente parte de la cultura política argentina y que renunciar a entenderlo es renunciar a entender la realidad de la Argentina; y además abordas la relación con los antiperonismos, que nombras varios. En el ejemplo del empresario que antes mencionabas ¿Ves en el antiperonismo de hoy una revancha en términos similares a la del 55?

Creo que hay muchas similitudes con el 55 en término de las políticas económicas, del odio, de que se cumple la frase de Perón donde decía “no es que nosotros seamos tan buenos, pero los otros son peores”. Así como relato en el libro que en el 56/57 el antiperonismo en el gobierno empezó a perder varios apoyos, me parece bastante obvio que ahora –en otros ritmos- el antiperonismo actual en el gobierno también empezó a perder apoyos.

Se repite una historia de la cual el peronismo estaría bueno que aprendiera: Frente a ese antiperonismo, que en aquel caso hizo la proscripción política y en este duda acerca de si llevar adelante la misma proscripción como la que ya se llevó a cabo en Brasil o en Ecuador, tiene la posibilidad de perpetuarse, pero el peronismo tiene que preguntarse si la historia que vivimos desde el 45 para acá es exactamente la historia que el peronismo quiere vivir.

La división que existe hoy en la sociedad plantea que los triunfos del peronismo o de los peronismos, o del kirchnerismo son triunfos que se mantienen durante un cierto tiempo pero que son muy difíciles de mantener en el largo plazo. Si mirás los cambios que hubo en la Argentina en los últimos 12 años, te darías cuenta de que harían muchos más años de gobierno anti-neoliberal  para que sea posible transformar de raíz la Argentina, pero es muy difícil que, volviendo siempre a los mismos liderazgos o acotando toda posibilidad de confrontación a los liderazgos y estableciendo las fronteras en el lugar donde los poderes económicos quieren situarla, es muy difícil que se pueda generar un frente más amplio.

El programa de Macri afectó negativamente al 80-90% de la sociedad argentina, por lo cual hay que trabajar para poder construir una alternativa que incluya todos los peronismos y todos los kirchnerismos pero que como decía una frase “con el peronismo no alcanza si querés derrotar al neoliberalismo”.

 

Pensando que sos un cientista social loca, un intelectual comprometido y, además, escribís sobre política argentina ¿Cuál es la tarea de las ciencias sociales en la política argentina?

En este sentido soy muy pluralista. Siempre lo he sido y siempre lo soy. Puede haber y son posibles e interesantes distintas formas de relación entre las ciencias sociales y la política. La que a mí me gusta tiene que ver con una investigación social que es comprometida, no es neutral  y al mismo tiempo, no por ser comprometida, está dispuesta a violentar los hechos para sostener un argumento.

Siempre planteé, desde que empezó a suceder, que uno de los grandes problemas del kirchnerismo fue el tema del INDEC, el tema de las estadísticas y el tema de decir que no había inflación. Esto generó una incomunicación entre el kirchnerismo y la sociedad, porque estás violentando un hecho que toda la gente percibe porque va al supermercado. Para el que escucha y no vivió los años del kirchnerismo habría que contarle que la inflación en los peores momentos fue la mitad de lo que es hoy. Los mejores fue bastante menos de la mitad.

Creo que las ciencias sociales tienen muchísimos aportes para hacer a la política y que en ese sentido es clave generar diálogos cada vez más fluidos entre los dirigentes políticos y la investigación social. Ni hablar si hay un estado que tiene vocación de implantar un modelo de desarrollo con inclusión. Ahí necesitas mucho más a las ciencias sociales porque la necesitas también para la posibilidad de implementar políticas públicas.

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