Sectores Estratégicos (del Estado)

Sectores Estratégicos (del Estado)

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Varias frases cliché suelen merodear al concepto de que Argentina es un país plagado de riquezas en su suelo. “El país es hermoso, pero la gente no”, o “lo importante es que lo maneje otro, porque los argentinos somos todos corruptos”. ¿Por qué tal nivel de auto boicot? ¿Responde a alguna lógica esta respuesta automática que no es más que un tiro en nuestro pie? ¿Por qué no nos creemos merecedores de lo nuestro?

¿A qué nos referimos con “sectores estratégicos del Estado”? Esta es probablemente la pregunta más pertinente para introducirnos al eje en cuestión. En particular, Argentina cuenta con cualidades geográficas y climatológicas que, por ejemplo, la componen como uno de los cuatro países en presentar tierras raras, además de otras características. En general, el país cuenta con recursos o bienes naturales y por eso la necesidad de (re)pensar cómo generar la posibilidad de que todos los argentinos y las argentinas pueden hacerse benefactores de ellos. La única forma de emprender ese camino es desde un Estado que proyecto un plan estratégico para la soberanía y su desarrollo como país en base a las demandas de los territorios y sus pueblos.

¿Y qué sería entonces un ejemplo de sector estratégico desde esta óptica? La ambivalencia de este término permite que un sector pueda ser tanto un yacimiento de petróleo o de litio hasta la logística que se pone al servicio de la población. Por ejemplo, el yacimiento no convencional de Vaca Muerta y la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) extrayendo el crudo, refinándolo y repartiéndolo al interior del país. También puede ser una empresa metalúrgica como Techint, considerada “la madre de la industrias”, ya que produce y reparte acero, fundamental para casi todas las industrias del país. Otra podría ser Metalúrgica Pescarmona (IMPSA), que produce energía hidroeléctrica, nuclear y renovable. Y por qué no, incluso, los sectores “secundarios” de la agricultura y la ganadería, así como su logística de transporte y distribución a frigoríficos de la carne como alimento fundamental en la mesa de las y los argentinos. Y así podríamos seguir. No obstante, en casi todos los ejemplos aparecen algunos conceptos claves: logística, industria y sector secundario son términos correspondientes a un determinado proyecto de país, uno que tenga desarrollado un sector de producción casi total de un producto para mayor generación de puestos de trabajo y que tenga un transporte acorde para llegar a distintas partes del país.

Esto último responde a las características particulares que tiene un país de grandes dimensiones a lo largo de sus latitudes y longitudes. Retomando el inicio del escrito, el litio en el norte, la agricultura y la ganadería en la zona núcleo de la pampa húmeda, el petróleo y el sector minero en la Patagonia y en el Atlántico Sur, sumado al agua dulce y a todos los sectores industriales que rodean a estos sectores de desarrollo primario, conforman un país no solo ultra rico en cuanto a posibilidades, si no un desafío gigante para llevar adelante esa logística, en una extensión territorial que no es ni más ni menos que ¡La novena en el mundo! Y que se despliega de forma horizontal. En total, desde el norte (Jujuy) hacia la porción antártica que le corresponde a la Argentina, hay más de 4 mil kilómetros en línea recta. Pero supongamos que lo reducimos sólo a movimientos terrestres, desde el mismo norte hacia Ushuaia hay 3400 kilómetros de distancia. 

De manera natural, los habitantes de una zona se aglutinan en donde existen posibilidades de desarrollo. Por eso es que la zona del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) tiene 15 de los 47 millones de habitantes de Argentina, ya que la centralización de actividades financieras alrededor de la aduana de Buenos Aires y los futuros desarrollos de poder en la misma ciudad le dieron esa centralidad. De resto, el denominado conurbano se superpobló a partir de las posibilidades industriales que llegaron primero con el modelo de ISI (Industrialización por sustitución de importaciones) que los gobiernos de la década infame se vieron obligados a aplicar a partir del colapso financiero mundial de la bolsa de Nueva York en el año 1930, y la posterior revolución peronista, que profundizó a gran escala ese desarrollo industrial. Casi la totalidad de la población del país se termina de conformar por el resto de la Provincia de Buenos Aires, y las provincias de Córdoba y Santa Fe, donde se encuentra la nombrada pampa húmeda, sector de tierra fértil para las cosechas de soja y trigo y para desarrollar la ganadería. 

Los datos del relevamiento de habitantes en Argentina, arrojados por el Censo realizado en 2022, explican que solo entre estas tres provincias y sumando a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se concentran 28 de los 47 millones de habitantes. Es decir que más de la mitad del país vive distribuido entre tres provincias y un departamento, mientras que menos de la mitad en las restantes 20. La pregunta entonces que resta hacerse es cómo distribuir mejor a la población, pero sobre todo para qué. Aquí se dividen entonces dos posturas, ya que hay quienes alegan que mantener ciertas provincias es “deficitario”, mientras que otros entienden que es una apuesta por su valor en los bienes comunes que nombramos anteriormente.

Tanto en el norte por los últimos descubrimientos de litio, como en la Patagonia y el Atlántico Sur por el sector minero y el agua, estas zonas representan un alto valor. La pregunta entonces es sí nos hacemos carne de ello promoviendo un trabajo que englobe a la población, proveyendo la logística correspondiente para ello o, como ya vimos en otros sectores, lo descuidamos y lo explota otro, como es el caso de Reino Unido en Malvinas y parte de la plataforma que la rodea, y las multinacionales extranjeras que llegan al país para la megaminería. 

Cuando hablamos de logística nos referimos a transporte que genera conexiones, ya que si no existen formas de trasladar personas, productos y servicios, no hay posibilidad de mantener una población. Para esto, distintos gobiernos con esta proyección ambiciosa de país crearon y expandieron transportes que conecten el país. Se podría decir que uno de los primeros en realizar estas conexiones fue Julio Argentino Roca, que si bien compró y concesionó ferrocarriles a Inglaterra, profundizó los kilómetros de red de 5 mil a 35 mil en 25 años con una medida clave: Obras Públicas se inauguró como ministerio. Resulta curioso que un héroe reivindicado hoy por el libertarianismo haya realizado esto, siendo que esta corriente de pensamiento que gobierna al país, alega que este ministerio no debe existir porque por allí se realiza la corrupción.

Si bien la historia es más larga, en este artículo del medio se profundiza. Retomando las ideas y las proyecciones, el obligado proceso de industrialización de la década infame continuado y profundizado por Perón llevó a estos kilómetros a su número más extenso en la historia argentina: casi 47 mil km hacia 1957, con el detalle de que en 1948 el presidente nombrado decidió que estas pasen a ser controladas por el Estado. Allí bautizó a las líneas nacionales “Roca” en gratitud a la cantidad de obras realizadas.

Durante la década menemista se dio el mayor retroceso: se perdieron más de 10 mil kilómetros bajo la excusa de que supuestamente eran deficitarias y, de esa manera, se graficó un país menos conectado. 

De la misma forma hoy, bajo el discurso del déficit, no solo se cierran ramales de trenes, sino que además se atacan las otras dos empresas que forman la tríada de la conexión logística del país a través del Estado: Aerolíneas Argentinas y Correo Argentino. Y que casualmente, también fueron depuestas de su valor en la década menemista.

Hoy, mientras varios pueblos de la Patagonia ven como su única sucursal de envíos cierra, como se recortan en paralelo puestos de trabajo y presupuesto en Aerolíneas Argentinas y, además, como se pretende avanzar con la privatización de Trenes Argentinos (solo hoy puesta en pausa). Todos bajo los mismos discursos de “déficit”. Desgranemos eso.

Ese gráfico representa la evolución del balance comercial de Aerolíneas Argentinas, publicado en el año 2023 por el presidente de entonces, Pablo Ceriani. Además de demostrar las ventajas de poseer un brazo de control nacional aéreo y llegar a donde el negocio no llega para traer las vacunas en la pandemia del COVID-19, la empresa demostró que se puede proyectar la sustentabilidad de la misma.

Por otro lado, prestemos atención a la noticia anclada del medio La Nación sobre el pueblo que perdió su sucursal de Correo el año pasado. “Un pueblo bonaerense aislado, sin bancos ni cajeros automáticos, ahora pierde su oficina de correos después de 124 años”, asegura el título, y la bajada agrega: “Santa Regina es un pueblo de 500 habitantes, apartado de rutas pavimentadas, en el partido de General Villegas; el rol clave de Diego Mittino, el único cartero de la zona”.

Si entonces algunas necesidades no son resueltas por la armonía del mercado, como es el caso de Santa Regina o la Argentina misma cuando necesitaba rescatar compatriotas varados en otros países en medio de la pandemia. ¿Qué nos separa del control de estos sectores estratégicos del Estado? ¿Qué otros intereses pueden jugar por fuera de las necesidades comunes de las y los argentinos?

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Una nueva trinchera sobre el feminismo y la diversidad

Una nueva trinchera sobre el feminismo y la diversidad

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

Feminismo y diversidad como territorios de disputas, construcción y transformación. Desde una mirada crítica y comprometida, este frente apuesta por visibilizar las voces que desafían el orden establecido, cuestionan las violencias estructurales y abren caminos hacia una sociedad más justa, plural y libre.

A lo largo de los procesos revolucionarios e independentistas de América Latina, las mujeres han ocupado un rol silencioso pero que fue fundamental en los procesos revolucionarios: desde aquellas que resistieron a la colonización y defendieron sus territorios y culturas, hasta las que levantaron los pañuelos blancos en la Plaza de Mayo, exigieron justicia en las calles y convirtieron su dolor en bandera de lucha. 

El feminismo popular no se construye desde los mármoles del poder, sino desde el barro: desde las ollas comunitarias, los cuerpos que desobedecen y los márgenes que gritan. La figura de “madres de la patria” se resignifica, ya no como un mito de abnegación, sino como símbolo de rebeldía, organización y resistencia cotidiana.  

Las mujeres no solo fueron acompañantes en el proceso de emancipación: fueron guerreras, espías, organizadoras, mensajeras y líderes comunitarias. Su participación fue clave tanto en el frente de batalla como en la retaguardia. 

El reconocimiento de estas mujeres no solo se encarga de reparar una deuda histórica, sino que permite entender que la independencia fue una gesta colectiva, diversa y profundamente feminista en sus formas de resistencias. Desde aquellas que compraron las armas que empuñaron los soldados del general Belgrano, hasta las que organizaban tertulias y bailes domésticos en las que se recordaba la “gloriosa revolución”

Cifras que incomodan, cifras que interpelan

En un país donde el Estado ha desmantelado el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, y donde el Programa Acompañar sufrió una reducción del 98,6 % en apenas un trimestre, hablar de feminismo y diversidad no es una decisión editorial: es una urgencia política. La línea 144, la ESI y la Ley Lucio han sido desfinanciadas, mientras cada 30 horas ocurre un femicidio y el 45 % de las mujeres sufre violencia de género, de las cuales solo una de cada cinco se anima a denunciar. 

La feminización de la pobreza se profundiza: una de cada cuatro mujeres no cuenta con ingresos propios, y la brecha entre varones y mujeres en situación de pobreza extrema ronda los diez puntos. Estas cifras no son estadísticas aisladas: son un reflejo de un sistema que reproduce desigualdades y despoja de derechos. 

La situación de la comunidad LGBTIQ+ también da cuenta de violencia estructural y exclusión sistemática. Según el primer Relevamiento Nacional de Condiciones de Vida de la Diversidad Sexual y Genérica (2023) más del 59 % pensó en quitarse la vida alguna vez; el 14 % de los varones trans y el 12 % de las mujeres trans están desocupados; y un 35 % sufrió agresiones o amenazas en espacios públicos. 

Al pararnos desde el feminismo popular con matriz política, construido desde una perspectiva que entiende el cuerpo como territorio político, atravesado por múltiples formas de violencia, pero también como espacio de lucha y dignidad. El feminismo popular que se posiciona como  contrapoder frente a la avanzada neoliberal y fascista. 

Los encuentros plurinacionales, la marea verde, las asambleas post crisis 2001 y las movilizaciones de Ni Una Menos constituyen lo que se puede tomar como momentos bisagra en la historia. Desde aquellas mujeres indígenas, que se resistieron a la colonización, hasta las militantes de los últimos años, Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Evita, Norma Plá, Diana Sacayan, Lohana Berkins, Milagro Sala, etc. este feminismo es construido en una continuidad histórica. 

¿Por qué centrarnos en el feminismo y la diversidad?

El feminismo y las disidencias sexuales y de género comparten una raíz común: la resistencia frente a sistemas de opresión que se manifiestan en múltiples formas –el patriarcado, el cisheteronorma, el racismo, el capitalismo, entre otros. Estas luchas que no son homogéneas ni lineales, están atravesadas por tensiones, contradicciones y una enorme riqueza de perspectivas que merecen ser exploradas con profundidad y respeto.

Queremos construir un espacio que permita pensar de manera crítica, las identidades, los cuerpos, los afectos y las formas de vincularnos. Queremos hablar de lo que incomoda, de lo que transforma, de lo que se organiza en los márgenes y desde abajo. Porque hablar de feminismo y diversidad, es hablar de derechos, de autonomía, de deseo, de comunidad y de futuro. 

Nuestro enfoque no busca brindar ningún tipo de respuesta cerrada, sino más bien abrir preguntas, habilitar diálogos y acompañar procesos de construcción colectiva. Elegimos hacerlo con convicción, sensibilidad y compromiso, dando lugar a los debates sobre el feminismo negro, la violencia institucional, los crimenes de odio y la invisibilidad de las disidencias. 

Es importante entender que la diversidad no se presenta como un complemento del feminismo, sino como una parte constitutiva de una lucha colectiva que se construye desde los márgenes, desde el barro. Es una denuncia, si, pero también es una afirmación política. 

Estos temas no suelen ocupar los titulares de los medios hegemónicos, y por eso es fundamental que existan espacios como este, que no solo informan, sino que también construyen comunidad, memoria y resistencia.

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Argentina: Bicontinental, bioceánica y del Atlántico Sur

Argentina: Bicontinental, bioceánica y del Atlántico Sur

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Existen varias visiones y recuperaciones historiográficas sobre que es Argentina, que era antes, que comprendía y que comprende, y, en función de ella, que nos corresponde aspirar a reclamar. El último mapa diagramado por un gobierno, que fue el bicontinental en 2010, grafica a la perfección la idea mas extensa de Argentina como tal.

A la hora de pensar la extensión de la Argentina sobre el Atlántico Sur, es importante retomar algunas líneas brevemente mencionadas en el texto introductorio  de este relanzamiento llamado “Pensar la Patria” sobre los “ diversos imaginarios sobre el territorio”. Allí, en una rápida mención -a fín de no atascarse en ningún concepto particular- aseveramos que la defensa criolla en las invasiones inglesas dieron nacimiento al sentimiento de patria, la cual luego se materializaría en la proclama de independencia, con una clara concepción sobre qué territorios se incluían.

Existen varias visiones y recuperaciones historiográficas sobre que es Argentina, que era antes, que comprendía y que comprende, y, en función de ella, que nos corresponde aspirar a reclamar. Historiadores, intelectuales, entre otros, discuten en el cotidiano sobre esto, aunque muchos, lamentablemente, con ciertos sesgos formativos en favor de las narrativas pro británicas.

Así fue el caso del podcast realizado entre Revista Anfibia y la ONG de ese país, Wild Conservation Society (WCS), que propone una zona protegida en el sector argentino del mar, pero jamás menciona la explotación ilegal pesquera y minera de Gran Bretaña en la misma zona. El podcast se puede encontrar en Spotify bajo el nombre  “La Argentina y el mar”.

En ese sentido, la totalización del discurso de Argentina como un pacto en 1860 tras la victoria del unitarismo, el cual luego decide “anexar” la patagonia, puede representar no solo un tiro en el pié a nuestra soberanía, sino además la subordinación bajo un concepto determinado. Porque, si de conceptos hablamos, la idea principal de los libertadores de América como José de San Martín, Simón Bolívar, Manuel Belgrano, entre otros, fue la de la “patria grande” la cual comprendía la totalidad de América del Sur (sin el reino del Brasil). 

Frustrado ello, la independencia se firmó entre las provincias unidas del sur, agregando Malvinas y demases islas del Atlántico Sur, con proyección a incluir la patagonia, y finalmente, la porción más próxima de la Antártida. Luego, diez días después, el diputado Pedro Medrano agregaría al acta de independencia la proclama “y de toda dominación extranjera”.

Esta es, por lo pronto, una primera postura legible. De esta manera se conforma la “bicontinentalidad” (América del Sur con proyección a Antártida) y la “bioceanidad” al llegar al Atlántico Sur y conectarse con los océanos atlántico y pacífico. Además, estas dos cualidades aseguran la presencia en una de las tres rutas comerciales marítimas de la región. 

Posterior a estas resoluciones, por ejemplo, la proyección a Antártida se logró mediante la presencia en aquel continente (Base Orcadas en 1904) y se aseguró mediante la creación de Tierra del Fuego (1972), la provincia que es epicentro de todo el territorio, y desde donde se pueden proyectar los viajes con mejor logística. 

Lo que resta discutir es si esto fue posible mediante la “anexión” sanguinaria realizada sobre la patagonia por Julio Argentino Roca, o si en realidad ya existían dirigentes que comprendían a quienes vivían allí como parte del mismo territorio y los reconocían como parte de un mismo pueblo plurinacional.

De la misma forma se puede relativizar la presencia en Malvinas, que vendría a ser el título que adquirió la causa general de Atlántico Sur, pese a que Gran Bretaña posee otras partes de este territorio, con un valor estratégico igual, mayor o menor dependiendo la zona. Entre esto se encuentra parte de la plataforma marítima, las Islas Georgias y Sandwich del Sur, y el reclamo activo sobre la Antártida, que por supuesto pisa la parte reclamada por Argentina. ¿Qué casualidad? ¿No?

Entre todo lo nombrado, Gran Bretaña ocupa un 25% del territorio reclamado históricamente por esta visión de la Argentina. Si bien ese dato no abunda en la opinión pública del país, por lo menos sí existe en ésta un consenso casi total por la pertenencia de Malvinas. Pero como dijimos, todo se puede relativizar según la visión que se quiera imponer. 

Tomemos de ejemplo entonces la causa Malvinas: fue incluida por Cornelio Saavedra en la declaración de independencia y controlada por gestiones sucesoras. El 10 de junio de 1829, el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez, designó por decreto a Luis Vernet como comandante Militar y Civil de las Islas Malvinas, quien se mudó allí e incluso dio vida a la primera ciudadana oficial de las Islas, Matilde Malvina Vernet. Podemos entonces asegurar incluso desde una visión de población “natural” que la Argentina tiene todos los argumentos para considerar que Malvinas le pertenecen. 

No obstante, en 1833, una supuesta expedición de investigación de un barco inglés finalizó con la toma de las Islas, la implantación de una nueva población artificial que hasta día de hoy se hace pasar como natural; los “Kelpers”, y un posterior conflicto bélico que sentó las bases para que se reconfiguren las construcciones historiográficas.

Tal es así que, el afán intelectual sin interés nacional de estos historiadores hace primar el reconocimiento de una historia de Argentina que inició en 1860 (desde cuestiones tan simbólicas como nombres o el triunfo de una idea de nación), lo cual, legitima el discurso del invasor, Gran Bretaña, que “tomó unas islas que no pertenecían a ninguna nación por mera expedición”.

Todo se puede relativizar desde construcciones meramente políticas. El problema surge cuando se impone la visión que beneficia al poder extranjero y no al nacional.

Esto lo vimos en el ejemplo Anfibia, en donde, por si fuese poco, la frutilla del postre fue ver a Valeria Falabella, intelectual Argentina, justificar lo que asevera este podcast del cual participó, asegurando que Argentina “no necesita estos recursos”.

No obstante, a lo largo de  nuestra historia también tenemos ejemplos contrarios a este hecho nombrado, como la lucha de Antonio Rivero, mejor conocido como el gaucho, quien casualmente es recordado a duras penas por la historiografía. Uno de los que lo recupera es el portal El Historiador, a cargo de Felipe Pigna, profesional de esa rama.

Adentrándonos en esa cuestión, este 26 de agosto del año corriente se cumplen 192 años del levantamiento que Rivero realizó en las Islas en 1833, junto a un grupo de patriotas, para recuperar el territorio que Gran Bretaña tomó el 3 de enero de ese mismo año. Entre este lapso, los trabajos con los que se mantenían en el día a día los comandaron los usurpadores, llevando a los criollos a la explotación.

Mientras varios de estos huyeron, Rivero resistió junto a otro grupo con el objetivo de realizar un levantamiento. Así es como junto a los gauchos Juan Brasido y José María Luna, y los indios charrúas Luciano Flores, Manuel Godoy, Felipe Salazar, Manuel González y Pascual Latorre, asesinaron a los ocupantes, efectuando la maniobra con éxito. 

No obstante, la segunda parte del plan, que era recibir refuerzos desde Buenos Aires, nunca se ejecutó, por lo que, ante el regreso de tropas británicas casi un año después de la primera invasión, los patriotas fueron apresados y llevados a Londres.

Lo que continuó luego de este hecho suma argumentos en favor de la postura que mantuvo durante estos años Argentina: en dicho juzgado británico los patriotas fueron absueltos y devueltos al sur de América, ya que las islas no se encontraban “bajo la jurisdicción del Reino Unido”. Como se explicó hasta ahora entonces, era un momento clave en la puja que los británicos ganaron mediante la fuerza, ya que los argumentos geográficos, históricos, e incluso de ocupación natural no los favorecían ni los favorecen. Por eso mismo reiteraremos y explayaremos: Argentina, además de pertenecerle Malvinas, es bicontinental, bioceánica y del Atlántico Sur. 

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Una escuela para la patria, una patria para la escuela

Una escuela para la patria, una patria para la escuela

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

¿Qué escuela necesita la patria que soñamos? ¿Qué proyecto de patria necesita la escuela para crecer? En un mundo donde las instituciones trastabillan y entran en crisis, debemos ser capaces de recuperar sus sentidos.

En el origen de los tiempos, cuando no había electricidad ni autopistas, alguien le enseñaba algo a otro. Cuando la tecnología se acabe, las inteligencias artificiales colapsen y todo vuelva a comenzar, alguien tomará un palo, una rama, y dibujando en la tierra le enseñará a su hijo a leer. La educación es necesaria, pero también inevitable. Se conoce por repetición, se asimila, se aprende. Acá en Argentina o en el extremo más lejano, en este presente en crisis, en otros anteriores o por venir.

Sin embargo, un individuo no es un sistema, y pensar la formación individual no es lo mismo que pensar un sistema educativo. Fue con la creación de los Estados modernos en Occidente cuando surge la escuela como la institución responsable de desplegar saberes comunes, principios básicos que estructuren a la comunidad. No hay nación en tanto no haya educación que la respalde. En 1789, para la Revolución Francesa, solo el 10% de los habitantes de aquel país hablaba francés. Fue la escuela la encargada de resolver esa situación: no como una herramienta más, sino como la maquinaria responsable de hacerlo. En nuestro país, como ya sabemos, el caso no fue distinto: hacia fines del siglo XIX, cuando se impone la tarea de construir la nación Argentina, se construye la escuela. 

A grandes rasgos, podemos decir que a través de tantos años y contextos diversos, esta institución se ha mantenido relativamente estable. También, parecen haberlo hecho los debates en torno a ella. Estas continuidades pueden ser productivas, volver una y otra vez a ciertas preguntas puede permitir nuevas y mejores respuestas. Mantener ciertas ideas comunes, fija un lugar desde donde pensar y discutir. A saber, existen consensos aparentemente inamovibles, que la educación debe ser gratuita y común a todxs, que gracias a ella los individuos y las sociedades progresan.  También otras, menos entusiastas: que la escuela está en crisis, que se tiene que renovar, que los pibes ya no aprenden.

Todo lo que se dice tanto y por tanto tiempo, corre el riesgo de ya no decir nada. Todo lo que se repite a viva voz, sin hacer demasiado ruido, seguramente dice cada vez menos de lo que pensamos. Sobre todo, si todxs parecemos coincidir al respecto. Es hora de volver a preguntarnos entonces qué nos dicen las cosas que decimos, qué nombran los significantes que usamos al hablar, quién dice qué en educación. ¿Cómo decir, por ejemplo, que la escuela está en crisis, cuando se dice y se repite desde que uno tiene recuerdo, y lograr que aún siga diciendo algo? ¿Cómo decir también que la escuela es la solución a la crisis, si al lado nuestro, alguien, cuyas ideas y deseos son opuestos a los nuestros, repite lo mismo? 

Como primer precepto, en Trinchera buscaremos que las palabras vuelvan a decir. Creemos, desde este espacio, que es momento de alejarse de ciertos eslóganes ya vacíos. Alejarse de los sentidos comunes, de aquellas ideas que de tan repetidas ya no nos dicen nada. O, más que alejarse, tal vez de lo que se trate es justamente de lo contrario, hacer el movimiento inverso. Acercar la lupa, aumentar el foco, enfocar más la mirada. Aproximarse y desentrañarlo, revisar y volver a pensar.

Lo primero que habrá que hacer es comprender que nada existe en sí mismo, nada es en un vacío. Como señala Mariano Dubín, “Los términos educación, escuela o enseñanza no existen por fuera de las fuerzas históricas y políticas que los hacen parte de una praxis.” No nos referimos, entonces, a lo mismo cuando hablamos de los mismos temas. “Existen proyectos, perspectivas y actores en el marco de conflictos constitutivos de la historia social argentina.”

No fue la misma la forma de pensar la educación y los proyectos en torno a ella, por ejemplo, durante los años ‘90, donde distintos organismos internacionales aliados al poder económico empezaron a hablar e intervenir  al respecto; que durante los años 2000, donde el rumbo político del país comenzó a cambiar, y nuevas figuras fueron las responsables de pensar, proponer y desarrollar un proyecto educativo. Las dos etapas dejaron secuelas y consecuencias que aún hoy moldean nuestra educación. Volver a pensarlos y pensar sus consecuencias, se impone como tarea necesaria.

Pensando el presente, no vienen siendo tiempos fáciles para el sistema educativo en la Argentina bajo la presidencia de Javier Milei. En su primera apertura de sesiones, el 1 de marzo de 2024, el actual presidente se refirió a esta como un servicio. No fue la primera vez, ya que en el famoso DNU 70, la incluyó como servicio esencial con el objetivo de “sacarle el arma de la mano a los sindicatos” y evitar el ausentismo docente por motivo de paros y jornadas de lucha. A su vez, algunas semanas después, cuando la Argentina empezaba a comprobar que el rumbo del gobierno, al menos en algunos aspectos, no iba a ser distinto del propuesto en campaña, Javier Milei cuestionó la obligatoriedad escolar. Propuso un sistema de vouchers, también propuso que las amas de casa sean quienes asuman la tarea de educar a nuestros hijos en el futuro. Dijo que no se puede obligar a nadie a hacer algo, ni siquiera a ir a la escuela. También atacó a docentes acusándolos de adoctrinamiento, los trató de vagos, de corruptos, de ignorantes.

Más allá de sus dichos y consideraciones, el mayor daño que La Libertad Avanza viene generando en el sistema educativo tiene que ver con las medidas concretas, y con la reducción de presupuesto. Javier Milei eliminó el Fondo Nacional de Incentivo Docente, eliminó la paritaria nacional docente, subejecutó el Presupuesto Educativo (que a su vez se trató del menor en los últimos diez años); paralizó toda obra de infraestructura escolar, eliminó el financiamiento para comedores escolares, las becas progresar y la entrega de materiales educativos en las escuelas. En el nivel superior, la crisis es aún mayor. El gobierno definió vetar la ley de financiamiento universitario, y los salarios docentes se encuentran en el peor nivel desde la vuelta de la democracia.

Cada medida de las enumeradas, tuvo consecuencias concretas: caída del poder adquisitivo de los docentes, caída de muchos estudiantes del sistema educativo. Estudiar es un derecho, pero en la Argentina de Milei, cada día es más imposible. 

El desafío de pensar una educación para la patria, implica ser capaces de hacerlo más allá de lo coyuntural, es decir, más allá de Milei. La gran mayoría de las complejidades y problemas no empezaron en 2023; a lo sumo se profundizaron. Tampoco desaparecerán de terminar este gobierno, o al menos no por sí solos. El sistema educativo en la Argentina es enorme, y es ejemplo en muchos lugares del mundo. Sin embargo, atraviesa enormes complejidades aún no resueltas. La deserción escolar, la desigualdad entre niveles e instituciones, e incluso la pérdida de cierta valoración de la institución escuela son indicios de la gravedad de las problemáticas que se atraviesan, y eso solo para hablar del nivel medio. En el sector universitario, son cada vez más los docentes que dejan sus cargos por no poder llegar a fin de mes, y las aulas, al terminar este primer cuatrimestre, se encontraban mucho más vacías que como estaban al comenzar. Resolver estas complejidades que se han vuelto estructurales implicará repensar la relación entre los distintos actores que hacen a la comunidad educativa: docentes, estudiantes, familias, directivos. Eso nos llevará a pensar otra cuestión necesaria e importante: qué ocurre hoy en día con el sindicalismo en la docencia de nuestro país, qué relación existe entre los docentes de la escuela y su sindicato, y sus delegados, qué relaciones construyen en cada distrito.

Serán estos y otros tantos (nuevas tecnologías, perfiles y graduados a desarrollar, currículum y contenidos escolares, organización sindical y formación docente) algunos de los temas que serán motivo de abordaje en este dossier. 

Para ello, a través de diversos formatos como entrevistas, artículos de opinión y recorridos históricos, convocaremos a distintos actores que protagonizan, construyen y discuten la situación educativa. Porque no es lo mismo quién habla, y es momento de que sean los protagonistas quienes se encargan de pensar sus problemas y soluciones. Creemos que nuestra patria necesita de la escuela, pero también la escuela necesitará de la patria.

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Pensar la Patria… ¡Para hacer la Patria!

Pensar la Patria… ¡Para hacer la Patria!

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¿Qué es la Patria? ¿Quiénes la piensan y construyen? ¿Qué lugar ocupa un pueblo en esa construcción? ¿Es parte de, o un mero objeto pasivo que la “habita”? Son preguntas a las que intentaremos hacer un humilde aporte.

El sentido de “Patria” en nuestro pueblo ¿Fue siempre el mismo? ¿Siempre percibimos de la mima manera al territorio que hoy reconocemos como propio que va Jujuy hasta Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida? La respuesta claramente es que no. En estos poco más de 200 años de historia, diversos imaginarios se fueron sucediendo, y no sólo sobre el territorio, sino respecto a métodos de gobierno, sobre quiénes pueden o no ser parte de las decisiones, incluso sobre quiénes eran o son parte de nuestro pueblo. Y claramente estas disputas estuvieron también atravesadas por intervenciones extranjeras, sean directas o indirectas. Nos parece oportuno, entonces, dedicarle un tiempo a pensar y repensar la Patria.

Se podrá coincidir que la rebelión popular a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, pueden considerarse como uno de los momentos que sentaron las bases en la gesta del sentimiento patriótico, pero no el único. El Acta de Independencia de la Corona española del 9 de julio de 1816, empezaba a cimentar esa idea de Nación con control de un territorio, que incluso aún no era el que es hoy. Pese a la extensión y las condiciones geográficas que posee lo que luego se llamó Argentina, lamentablemente, aún podemos afirmar que aquella gesta, aquel proceso revolucionario de independencia quedó trunco o inconcluso. Diversos intereses extranjeros condicionaron, y aún ejercen presión, para que primen por sobre los intereses reales de nuestro pueblo.

Resultado de ello es una sociedad empobrecida, en la que más de la mitad asegura no llegar a fin de mes; un territorio con gran concentración poblacional en paralelo a zona casi despobladas; un cuarto del territorio bicontinental ocupado por Gran Bretaña; recursos estratégicos controlados por multinacionales saqueadoras en detrimento de las grandes mayorías; y un gran porcentaje del pueblo atravesado por una discusión impuesta (cargada de sesgo ideológico encubierto) que nos divide entre un ellos/as y nosotros/as, como si los intereses de las mayorías no fuesen -en realidad- una causa común.

Nuestro proceso histórico, cargado de injerencias y presiones foráneas, siempre tuvo presente a la famosa “grieta”.  Condición que actualmente es fogoneada por los medios de comunicación en su gran mayoría. Empresas info-comunicacionales que trabajan para el poder real, para aquellos sectores que necesitan mantener ese binarismo ideológico y guerra psicológica constante para seguir saqueando nuestros bienes comunes, para que no cuestionemos en unidad el lugar que otros pensaron que debíamos ocupar.

Desde nuestro surgimiento como medio de comunicación, allá por 2012, siempre estuvo la intención de hacer un aporte a los debates nacionales e internacionales que atraviesan nuestra vidas cotidianas. No porque seamos portadores de verdades, sino por entender que hay debates ausentes o tergiversados maliciosamente por quienes detentan poder y sólo buscan su beneficio personal.

Parafraseando al periodista y revolucionario Jorge Ricardo Masetti, una referencia obligada en nuestra comprensión del periodismo o la comunicación social, desde Trinchera siempre sostuvimos que se puede ser objetivo, pero no imparcial ante las injusticias y opresiones sean en el lugar del mundo que sean. Y aquí es importante desenredar el primer nudo gordiano: objetividad e imparcialidad no son sinónimos. Hay un debate muy profundo en relación al tema, y no es función de este artículo profundizar en él, pero servirá a nuestras lectoras y lectores para comprender desde dónde nos posicionamos para hablar y analizar la realidad que vivimos.

Y si bien podríamos estar tentados a afirmar que todo el mundo sabe de qué hablamos cuando decimos las palabras “Patria”, “Pueblo”, o “Justicia”, es evidente que en la actualidad no hay un consenso generalizado entre -al menos- quienes habitamos la Argentina. Las palabras, al igual que su significado, históricamente están en tensión y disputa permanente. Y eso es así porque no todos los sectores que componen una sociedad tienen los mismos intereses, ambiciones, posibilidades o recorridos.

En ese marco de situación, profundizado por la influencia de distintas corrientes de pensamiento, y distintos intereses, locales y foráneos, es que se van dando múltiples pujas para convencer a nuestros pueblos que tal o cual es el camino correcto hacia la supervivencia, reproducción y felicidad.

Otro concepto que aparece y que es -a priori- importante definir: Pueblo. Si bien hay múltiples definiciones e interpretaciones, una de las que adoptamos como propia es la que realizó el Comandante Fidel Castro Ruz, en su mítico alegato de autodefensa el 16 de octubre de 1953, conocido por su famosa frase “La historia me absolverá”. En él, el líder del proceso revolucionario cubano señala que: “Entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta, la que anhela una patria mejor, más digna y más justa; la que ansía grandes y sabias transformaciones en todos los órdenes, y está dispuesta a dar cuando crea suficientemente de sí misma, hasta la última gota de sangre”. Lo importante no es a qué sector pertenezca cada quien, sino su compromiso con la causa colectiva y la disposición y perseverancia y sortear las dificultades que surjan en el camino.

Causa común de la que también hablaba el General Juan Domingo Perón, materializada entre otros documentos en las 20 verdades peronistas, o más sintéticamente en la construcción de una nación socialmente justa, económicamente libre, y políticamente soberana. Postulados que también serán aplicados en las “10 Verdades Justicialistas Internacionales”.

Pero como se imaginarán, nada de lo que hicieron estos dos gigantes de la historia de nuestra Patria Grande, fue azaroso o casual. Todo tenía un minucioso análisis basado en un profundo estudio no sólo sobre las características y circunstancias históricas de nuestros pueblos, sino en cómo operan aquellos que desean impedir la realización de esos proyectos de construcción colectiva. Y, claramente, no eran sólo las ideas de Perón o las de Fidel. Estos dos humanistas, estos dos revolucionarios de su época eran la síntesis, la conducción política de una expresión popular que anhelaba transformar sus condiciones de vida.

Revolución, decía Fidel: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.

Lo que se viene en Trinchera es consecuencia directa de muchos de estos conceptos previamente señalados; es por comprendernos como parte de un proceso histórico que no comienza con nuestra primera publicación, sino que nos antecede; es comprender que debemos mutar, volver a nuestros orígenes para proyectar nuestro futuro; es por comprender la necesidad de un análisis situado en el lugar y tiempo histórico determinado. 

No pretendemos entrar en la improductiva e innecesaria lógica de buscar responsabilidades o culpas. Los procesos de transformación, como dice García Lineras, se dan por oleadas; y lo importante -a nuestro humilde entender- es repensar el pasado, intentar comprender el presente, para poder proyectar el futuro. Esa será la titánica tarea a la que nos encomendaremos, deseando que el humilde aporte que podamos hacer, sirva para generar los debates urgentes que el momento demanda. Porque es sumamente necesario, parir ese proceso, esa gesta revolucionaria aún trunca en nuestra querida Argentina.

El presente del país es la muestra más cabal de esa necesidad: Un gobierno que se autodefine como libertario y anarco-capitalista, pero que es un rejunte de los sectores más rancios y antipatria que tuvo el pasado reciente del país. Gobierno que instaló un sistema de degradación permanente de la palabra, del pensamiento crítico y de las instituciones del Estado, que busca deliberadamente resquebrajar cualquier posibilidad de credibilidad en algo. La planificación del caso y el saqueo sin restricciones. Escenario que se abrió luego de años en los que, tras un breve período de control de esos resortes estratégicos del Estado, los gobiernos no supieron, no pudieron o no quisieron, resolver los problemas comunes de la mayoría de nuestro pueblo: comida, techo, trabajo, salud, educación, etc.

Ante semejante escenario de desolación e incertidumbre, cosa que denunciamos a diario, resulta fundamental preguntamos: ¿Qué es pensar la Patria en este contexto tan adverso? ¿Qué Patria queremos construir las y los argentinos? ¿Qué tenemos para ofrecer?

Modestamente, entendemos que el contexto político requiere repensar cómo construir una opción, un proyecto de país distinto al que está destruyendo el actual gobierno nacional; que es, justamente, la antítesis de un proyecto nacional. Ese intentará ser nuestro granito de arena.

Y en el camino, esperamos que quienes nos lean, nos critiquen, nos corrijan, hagan sus aportes por más insignificantes que puedan parecer. Como ya lo mencionamos, del presente que vivimos, sólo saldremos construyendo un proyecto colectivo, que piense en el común, y no sólo en los individuos. 

En esa empresa, nos proponemos discutir, al menos, 12 ejes fundamentales: 

  • los sectores estratégicos del Estado; 
  • la bicontinentalidad, bioceanidad, las Malvinas y el Atlántico Sur; 
  • la justicia; 
  • el trabajo; 
  • la educación; 
  • la salud; 
  • la comunicación, inteligencia artificial y nuevas tecnologías; 
  • el federalismo y las estructuras de gobierno; 
  • la integración regional; 
  • la ciencia y tecnología; 
  • los bienes comunes 
  • y los feminismos y diversidades.

Estamos convencidos que la proyección de trabajo a largo plazo, organizado, constante y disciplinado son elementos fundamentales en esa gesta que permita al pueblo argentino construir una Patria digna de ser vivida, proyecto de país, que incluya en lugar de excluir; que contenga en lugar de expulsar; que sea solidario y contemplativo, sobre todo con el que peor la está pasando. 

En este camino, todo aporte será bienvenido. La idea es pensar y pensarnos, debatir y volver a pensar. Y como decía John William Cooke: “Cuando culmine el proceso revolucionario argentino, se iluminará el aporte de cada episodio y ningún esfuerzo será en vano, ningún sacrificio estéril, y el éxito final redimirá todas las frustraciones”.

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