¿La autodestrucción es irreversible?

¿La autodestrucción es irreversible?

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

En el mes de mayo de 1974 el entonces Presidente de los argentinos, Tte. Gral. Juan Domingo Perón, dio a conocer el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. Uno de los temas abordados en ese trabajo es el del ámbito ecológico. Desde entonces la cosa no ha hecho más que empeorar. Veamos qué decía:

Ya el hombre ha tomado conciencia de su capacidad para alterar el medio en que vive, como así también del uso indebido del avance tecnológico respecto de dicho medio. El tema no es nuevo. La concientización mundial, sí.

Factores tales como la polución, el sobrecultivo, la deforestación, la acumulación de desperdicios, entre otros, indican claramente el perjuicio que ocasionan a los seres vivos.

El ser humano, como simple eslabón del ciclo biológico, está condicionado por un determinismo geográfico y ecológico del cual no puede sustraerse.

Estamos, pues, en un campo nuevo de la realidad nacional e internacional, en el que debemos comprender la necesidad —como individuos y como nación— de superar estrechas miras egoístas y coordinar esfuerzos.

Hace casi 30 años, cuando aún no se había iniciado el proceso de descolonización contemporánea, anunciamos la «tercera posición» en defensa de la soberanía y autodeterminación de las pequeñas naciones frente a los bloques en que se dividieron los vencedores de la segunda guerra mundial.

Hoy, cuando aquellas pequeñas naciones han crecido en número y constituyen el gigantesco y multitudinario «tercer mundo», es un riesgo mayor, que afecta a toda la humanidad y pone en peligro su misma supervivencia, nos obliga a plantear la cuestión en nuevos términos que van más allá de lo estrictamente político, que superan las divisiones partidarias e ideológicas, y entran en la esfera de las relaciones de la humanidad con la naturaleza.

Creo que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biósfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobreestimación de la tecnología, y de la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esa marcha, a través de una acción mancomunada internacional.

El ser humano no puede ser concebido independientemente del medio ambiente que él mismo ha creado. Ya es una poderosa fuerza biológica, y si continúa destruyendo los recursos vitales que le brinda la Tierra, sólo puede esperar verdaderas catástrofes sociales para las próximas décadas.

La humanidad está cambiando las condiciones de vida con tal rapidez que no llega a adaptarse a las nuevas condiciones; va más rápido que su captación de la realidad y no ha llegado a comprender, entre otras cosas, que los recursos vitales para él y sus descendientes derivan de la naturaleza y no de su poder mental. De todos modos, a diario, su vida se transforma en una interminable cadena de contradicciones.

En el último siglo ha saqueado continentes enteros y le han bastado un par de décadas para convertir a ríos y mares en basurales, y al aire de las grandes ciudades en un gas tóxico y espeso. Inventó el automóvil para facilitar su traslado, pero ahora ha erigido una civilización del automóvil que se asienta sobre un cúmulo de problemas de circulación, urbanización, seguridad y contaminación en las ciudades, y que agrava las consecuencias de su vida sedentaria.

Las mal llamadas «sociedades de consumo» son, en realidad, sistemas sociales de despilfarro masivo, basados en el gasto, porque el gasto produce lucro. Se despilfarra mediante la producción de bienes innecesarios o superfluos y, entre éstos, a los que deberían ser de consumo duradero, con toda intención, se les asigna corta vida, porque la renovación produce utilidades. Se gastan millones en inversiones para cambiar el aspecto de los artículos, pero no para reemplazar los bienes dañinos para la salud humana, y hasta se apela a nuevos procedimientos tóxicos para satisfacer la vanidad humana. Como ejemplo, bastan los automóviles actuales que debieran haber sido reemplazados por otros [con motor eléctrico], o el tóxico plomo que se agrega a las naftas simplemente para aumentar la velocidad inicial de los mismos.

No menos grave resulta el hecho de que los sistemas sociales de despilfarro de los países tecnológicamente más avanzados funcionan mediante el consumo de ingentes recursos naturales aportados por el «tercer mundo». De este modo, el problema de las relaciones dentro de la humanidad es paradójicamente doble: algunas clases sociales —las de los países de baja tecnología en particular— sufren los efectos del hambre, el analfabetismo y las enfermedades, pero, al mismo tiempo, las clases sociales y los países que asientan su exceso de consumo en el sufrimiento de los primeros, tampoco están racionalmente alimentados ni gozan de una auténtica cultura o de una vida espiritual o físicamente sana. Se debaten en medio de la ansiedad, el tedio y los vicios que produce el ocio mal empleado.

Lo peor es que, debido a la existencia de poderosos intereses creados o por la falsa creencia generalizada de que los recursos naturales vitales para el hombre son inagotables, este estado de cosas tiende a agravarse. Mientras un fantasma —el hambre— recorre el mundo devorando 55 millones de vidas humanas cada 20 meses, afectando hasta [a] los países que ayer fueron graneros del mundo y amenazando expandirse de modo fulmíneo en las próximas décadas, en los centros de más alta tecnología se anuncia, entre otras maravillas, que pronto la ropa se cortará con rayos láser y que las amas de casa harán sus compras desde sus hogares por televisión y las pagarán mediante sistemas electrónicos. La separación dentro de la humanidad se está agudizando de modo tan visible que parece que estuviera constituida por más de una especie.

El ser humano, cegado por el espejismo de la tecnología, ha olvidado las verdades que están en la base de su existencia. Y así, mientras llega a la luna gracias a la cibernética, la nueva metalurgia, combustibles poderosos, la electrónica y una serie de conocimientos teóricos fabulosos, mata al oxígeno que respira, el agua que bebe y el suelo que le da de comer, y eleva la temperatura permanente del medio ambiente sin medir sus consecuencias biológicas. Ya en el colmo de su insensatez, mata al mar que podía servirle de última base de sustentación.

En el curso del último siglo, el ser humano ha exterminado cerca de doscientas especies de animales terrestres. Ahora, ha pasado a liquidar las especies marinas. Aparte de los efectos de la pesca excesiva, amplias zonas de océanos, especialmente costeras, ya han sido convertidas en cementerios de peces y crustáceos, tanto por los desperdicios arrojados como por el petróleo involuntariamente derramado. Sólo el petróleo liberado por los buques cisterna hundidos ha matado, en la última década, cerca de 600.000 millones de peces. Sin embargo, seguimos arrojando al mar más desechos que nunca, perforamos miles de pozos petrolíferos en el mar o sus costas y ampliamos al infinito el tonelaje de los petroleros, sin tomar medidas de protección de la fauna y la flora marinas.

La creciente toxicidad del aire de las grandes ciudades es bien conocida, aunque muy poco se ha hecho para disminuirla. En cambio, todavía ni siquiera existe un conocimiento mundialmente difundido acerca del problema planteado por el despilfarro del agua dulce, tanto para el consumo humano como para la agricultura. La liquidación de aguas profundas ya ha convertido en desiertos extensas zonas otrora fértiles del globo, y los ríos han pasado a ser gigantescos desagües cloacales más que fuentes de agua potable o vías de comunicación. Al mismo tiempo, la erosión provocada por el cultivo irracional o por la supresión de la vegetación natural se ha convertido en un problema mundial, y se pretende reemplazar con productos químicos el ciclo biológico del suelo, uno de los más complejos de la existencia.

Para colmo, muchas fuentes naturales han sido contaminadas, las reservas de agua dulce están pésimamente repartidas por el planeta, y cuando nos quedaría como último recurso la desalinización del mar, nos enteramos que una empresa de este tipo, de dimensión universal, exigiría una infraestructura que la humanidad no está en condiciones de financiar y armar en este momento.

Por otra parte, a pesar de la llamada revolución verde, el «tercer mundo» todavía no ha alcanzado a producir la cantidad de alimentos que consume; y, para llegar a su autoabastecimiento, necesita un desarrollo industrial, reformas estructurales y la vigencia de una justicia social que todavía está lejos de alcanzar. Para colmo, el desarrollo de la producción de alimentos sustitutivos está frenado por la insuficiencia financiera y las dificultades técnicas.

Por supuesto, todos estos desatinos culminan con una tan desenfrenada como irracional carrera armamentista que le cuesta a la humanidad 200.000 millones de dólares anuales.

A este complejo de problemas, creados artificialmente, se suma el crecimiento explosivo de la humanidad. El número de seres humanos que puebla el planeta se ha duplicado en el último siglo y volverá a duplicarse para fines del actual o comienzos del próximo, de continuar el mismo ritmo de crecimiento. De seguir por este camino, en el año 2500 cada ser humano dispondrá de un solo metro cuadrado sobre el planeta. Esta visión global está lejana en el tiempo, pero no difiere mucho de la que ya corresponde a las grandes urbes, y no debe olvidarse que, dentro de veinte años, más de la mitad de la humanidad vivirá en ciudades grandes y medianas.

Es indudable, pues, que la humanidad necesita una política demográfica. Debe tenerse en cuenta que una política demográfica no produce los efectos deseados si no va acompañada de una política económica y social correspondiente. De todos modos, mantener el actual ritmo de crecimiento de la población humana no es tan suicida como mantener el despilfarro de los recursos naturales en los centros altamente industrializados donde rige la economía de mercado, o en aquellos países que han copiado sus modelos de desarrollo. Lo que no debe aceptarse es que la política demográfica esté basada en la acción de píldoras que ponen en peligro la salud de quienes las toman o de sus descendientes.

Si se observan en su conjunto los problemas que se nos plantean y que hemos enumerado, comprobaremos que provienen tanto de la codicia y la imprevisión humanas como de las características de algunos sistemas sociales, del abuso de la tecnología, del desconocimiento de las relaciones biológicas y de la progresión natural del crecimiento de la población humana. Esta heterogeneidad de causas debe dar lugar a una heterogeneidad de respuestas, aunque, en última instancia, tengan como denominador común la utilización de la inteligencia humana. A la irracionalidad del suicidio colectivo, debemos responder con la racionalidad del deseo de supervivencia.

Estos conceptos, que tienen su origen en reflexiones en torno al problema mundial de la ecología, son válidos también para nuestro país. Sin embargo, afortunadamente, tenemos una enorme ventaja. Nuestro extenso territorio, con enormes reservas naturales aún no explotadas, nos permite albergar la esperanza de salvarnos de muchos de los peligros mencionados a poco que evitemos cometer los mismos errores en que incurrieron las grandes naciones.

De hecho, la solución no surgirá solamente de lo que realicemos en el orden interno, sino que tendrá mucho que ver con lo que hagan los demás países en la materia. Es por esto que deberemos insistir denodadamente ante el mundo para que se ponga freno a esta carrera que nos llevará inexorablemente a nuestra autodestrucción”.

Como señalábamos al inicio de estas líneas, la reflexión de Perón fue escrita en 1974. Cambiaron los números, las proporciones, las tecnologías, pero no la lógica autodestructiva a la que nos está llevando el capitalismo devenido en tecnofeudalismo del que nos haba el ex ministro de economía griego, Yanis Varoufakis. Parte de lo que también describía el fundador de la filosofía de la liberación, el argentino-mexicano, Enrique Dussel: El carácter dualista-cartesiano de la modernidad (como sistema mundo), escinde lo humano de la naturaleza; en consecuencia, toda la producción del sistema (incluido el desarrollo tecnológico) reproduce una lógica que mata al ambiente en el que vivimos con mayor o menor velocidad. Por consiguiente, la modernidad como sistema, reproduce una lógica de producción “de muerte”.

Hace tan solo unos días se realizó en la ciudad brasileña de Belém do Pará, la Conferencia de las Partes Nº 30. Para quienes no lo sepan, la COP es el mayor evento global organizado por las Naciones Unidas para discutir y negociar políticas relacionadas al cambio climático, con todo lo que ello implica. Y quizás quien mejor expresó el peligroso camino por el que transita la humanidad, fue el presidente colombiano, Gustavo Petro.

Las elites y los gobernantes de las potencias globales nos están llevando hacia el abismo, sin frenos, sin conciencia y sin límites. ¿Será porque son quienes portan esa codicia de la que nos hablaba Perón? ¿Será porque son quienes lucran con el padecimiento ajeno? Lo que está claro es que no serán ellos quienes solucionen el problema. Como siempre lo afirmamos, también parafraseando al general, “sólo la organización vence al tiempo”. El problema es que el tiempo se nos termina.

Nicolás Sampedro

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The Walking Dead

The Walking Dead

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

¿Ficción o realidad? ¿Viajamos por la psicodelia de un mundo absolutamente adormecido que no dimensiona el peligroso momento que atravesamos? Como en toda transición, quien pierde, ante su desespero, se vuelve aún más agresivo, imprudente y peligroso; sobre todo en un mundo atómico.

Hace unos 5.393 días se estrenaba en las pantallas de la cadena norteamericana AMC, “The Walking Dead”. La serie, basado en la historieta escrita por Robert Kirkman, narra las vidas de un grupo de sobrevivientes en permanente movimiento y en búsqueda de un lugar en medio de un apocalipsis zombi.

Durante sus 11 temporadas -a lo largo de 12 años y seis días-, la tira protagonizada por Andrew Lincoln, relata la lucha permanente de un grupo de personas para mantenerse con vida en un mundo que cambió radicalmente de un momento a otro. Pero no sólo se ven obligados a enfrentar los horrores de ese mundo irreconocible; a medida que la presión aumenta, emerge la crueldad y el individualismo, una muestra de que en momentos críticos el miedo es letal y que los conflictos interpersonales pueden ser mucho más peligrosos para la supervivencia que los propios zombis que atestan en las calles.

Quizás lo hayan escuchado decir alguna vez pero, he escuchado en más de una oportunidad que la gran industria cinematográfica y de entretenimiento de Hollywood desde siempre ha servido al gobierno norteamericano para construir imaginarios, para naturalizar determinados actos y justificar, entre otras cosas, la violencia. Algo similar, se ha dicho respecto de los videojuegos, sobre todo los de guerras o, al igual que la serie, sobre mundos inimaginables, pero con algo que los hace “posibles”.

Bueno, la cuestión es que analizando la actualidad de este mundo cada vez más chiflado, aparecieron varios escenarios alusivos con los cuales se podría hacer un paralelismo con la serie:

El primero y más evidente (sobre todo para quienes la vieron) son las disputas de poder que se dan permanentemente. Tanto en el grupo principal como en los secundarios que van apareciendo a lo largo de cada temporada. Una visión (muy a lo norteamericano/providencial) del grupo protagonista que debe luchar contra el mal, no sólo de los zombis, sino de los demás grupos de seres humanos. La analogía tranquilamente podría ser, por un lado, la disputa al interior del imperio norteamericano con diferentes facciones que se disputan el poder y la conducción de su destino. Por el otro, la lucha contra los demás humanos: algunos buenos y futuros aliados (el paralelismo podría ser el Occidente Colectivo), y otros malvados y crueles, cuasi bestias (Rusia, China, Irán, o cualquiera que se plante).

¿Y los zombis? El paralelismo podría ser que éstos estarían representados por todo el resto de la humanidad. Seres que, a los ojos del imperialismo occidental, ni siguiera son seres humanos. Quizás lo más gráfico es lo que sucede en Gaza: Imágenes que llegan a diario de personas deambulando por calles de tierra, con las pocas cosas que les quedaron, buscando alimento para poder sobrevivir. Camiones con ayuda humanitaria sobre los que se avalanchan miles de almas desesperadas. Lo escalofriante de la metáfora es que, efectivamente, esa parece ser la forma en la que nos ven. Porque a no confundirse: lo que hacen a Palestina (desde 1948), le podría haber pasado a cualquiera. La única diferencia es que no nacimos en esa tierra. Quedó claro cuando esta semana EEUU impuso sanciones a la Autoridad Palestina por llevar a los tribunales a Israel.

El segundo paralelismo (también intentando ser lo más gráficos posibles) podríamos establecerlo con las calles de Los Ángeles. Cientos, por no decir miles de personas cual zombis producto de su adicción a las drogas. Una muestra palpable del desprecio por la vida (no sólo humana) de un sistema, desalmado y perverso que deja a su suerte a personas que evidentemente no tienen los recursos ni las posibilidades de salir de esa trampa mortal. Un sistema que destruye y mata para garantizar su reproducción.

Y por más gráfico que sea este ejemplo, no dista demasiado de la infinita cantidad de humanos zombis que pasan por este mundo sin ver lo que sucede. El fentanilo será la droga que golpea el pueblo de Los Ángeles, ahora: ¿Cuál es la droga que nos golpea en el resto del mundo? ¿El uso lucrativo de las religiones en otros? ¿La especulación financiera en otros? ¿Las redes sociales y la industria del entretenimiento? ¿El chupete electrónico que se le da a los chicos para que “no molesten? ¿Cuántas personas vemos a nuestro alrededor caminando cual zombis ante un mundo que se acerca cada vez más peligrosamente hacia el abismo?

La vorágine de la guerra multidimensional que vivimos, cada vez está más clara que antes:

El primer punto es Trump utilizando las tarifas y sanciones como arma geopolítica no sólo contra los BRICS, sino contra todos sus asociados. Porque como lo hemos mencionado en anteriores oportunidades (y siguiendo el análisis del analista mexicano, Alfredo Jalife), no se trata sólo del problema económico y los diferenciales comerciales de EEUU con el resto de los países, Trump está intentando re-industrializar al país (que las empresas se instalen en EEUU) y recalibrar las cadenas de suministros, y para lograrlo está promoviendo terremotos en el tablero en general. Algunos se plantan y le responden (como China[1], Brasil[2], India, México, incluso habrá que ver si lo hace Canadá), otros aceptan sumisamente sin chistar (como la talmúdica que conduce la Unión Europea, Ursula Von Der Leyen). La gran pregunta es si le saldrá y a qué costo.

El segundo, luego de fracasar en su intento de generar un G2 con Rusia y apartarla de China, ahora amenaza al oso euroasiático y coquetea con Xi Jimping. El magnate de peluquín reformuló el plazo que dio a Putin diciendo que si en 10/12 días no llega a un acuerdo de paz con Ucrania pondría tarifas secundarias (sanciones a quienes comercien con Rusia). No fue tan osado como el Congresista Republicano, Newt Gingrich, quien sostuvo públicamente que, si se lo “tomaban en serio”, Rusia iba a tener “muchas bajas” y que “va a ser aterrador”, o su colega senador (también republicano) Lindsey Graham. La respuesta rusa llegó de la mano del ex presidente Medvedev.

Lo trágico de este juego especulativo del imperio es que puede salir muy mal, y aquí entra la tercera analogía posible con la serie. En un extenso posteo, el ex inspector de armas de la ONU, ex oficial de inteligencia del USMC y analista norteamericano Scott Ritter, explicó el peligroso intercambio de palabras entre Trump y Medvedev: Trump está siendo asesorado y orientado a seguir la lógica israelí de decapitación de mandos medios y altos como hicieron con Hezbollah en Líbano, o como intentaron hacer (aunque fracasaron) con Irán. El problema es que en Rusia es la mayor potencia nuclear e hipersónica del mundo y entre sus doctrinas tiene una llamada “Mano muerta”.

Según explica Ritter, esta “es un mecanismo/plan de seguridad de larga data (se remonda a la época soviética) que garantiza una represalia nuclear a gran escala en caso de que alguna nación sea lo suficientemente tonta como para intentar un ataque de decapitación”. A lo cual añade que “La mención de Medvedev al respecto es un recordatorio nada amable a Trump y sus planificadores de que es un suicidio pensar en un ataque de decapitación preventivo contra Rusia”.

Ojalá que este mensaje llegue” dice el ex oficial de inteligencia norteamericano. “De lo contrario, la alusión a ‘Walking Dead’ hecha por Medvedev será el futuro de Estados Unidos y del mundo”.


Referencias
[1] https://x.com/LadoNoticias/status/1951328195099140399

[2] https://x.com/ActualidadRT/status/1950744475396935770


Nicolás Sampedro

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Balances de un 2024 turbulento

Balances de un 2024 turbulento

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

Si bien en nuestro país este año fue, particularmente, violento y desalentador para los sectores populares, no es ni el primero ni el último. Cabe destacar que no será desde la antología del llanto desde donde lograremos revertir la situación. Como siempre lo dijimos, en tiempos difíciles cada trinchera se vuelve fundamental y, para transitar las turbulencias que se avecinan, habrá que luchar y construir unidad si efectivamente pretendemos construir una patria libre, justa, soberana e inclusiva donde todo, todos y todes podamos vivir dignamente.

Como se ha retratado en varias ocasiones en nuestros artículos a lo largo de nuestra corta vida como medio de comunicación, tal como afirmaba el General Perón: “la verdadera política es la política internacional, el resto es cabotaje”. Nada de lo que nos sucede en Argentina está desligado de las tensiones y disputas globales, aunque para algunos eso pueda sonar conspiranoico. Si algo entendía muy bien Perón, es que todo lo que sucediera en el país está condicionado por lo que acontece fuera de nuestras fronteras, sobre todo en la disputa entre las naciones más poderosas del mundo.

A principios de año señalábamos que este 2024, que está llegado a su fin, iba a ser un año muy interesante de analizar, dado que podían darse hechos determinantes o muy significativos para el devenir de la humanidad. El primer hito a destacar es que más de la mitad de la población mundial estuvo llamada a votar. Más de 3700 millones de personas en elecciones de 70 países que podían tener un impacto significativo en la geopolítica mundial, entre ellas, las de Rusia, EEUU, India, las parlamentarias de la Unión Europea, o las de Venezuela y México, entre muchas otras.

En ese contexto electoral, Trump volvió a ganar las elecciones en EEUU y aplastó el sueño de reelección Demócrata (y de los globalistas), muchas expresiones reaccionarias y/o conservadoras ganaron las parlamentarias en la UE, Modi reeligió en la India, Vladimir Putin volvió a ser electo para guiar los destinos de Rusia con más del 87% de los votos, y tanto la Revolución Bolivariana como la Cuarta Transformación en México resultaron victoriosas con Maduro y Sheinbaum Pardo respectivamente.

A su vez, se dieron algunas particularidades: en Sri Lanka ganó un gobierno declarado abiertamente comunista, que recientemente vivió elecciones parlamentarias que consolidaron su victoria con una mayoría oficialista; los oficialismos en Francia y Alemania (las principales potencias del bloque europeo) vivieron reveces muy significativos que los tienen contra las cuerdas; en Gran Bretaña los laboristas dieron una paliza a los conservadores y volvieron al poder luego de 14 años; en Irán, luego de la trágica muerte de Ebrahim Raisi, resultaría electo el candidato “reformista” Masoud Pezeshkian; en países como Senegal o Chad (emblemas de un pasado colonial francés) ganaron y se consolidaron gobiernos anticoloniales, en sintonía con las revoluciones del Sahel (Mali, Niger y Burkina Faso); y el cómico devenido en presidente guerrerista, Volodimir Zelenski, quien no convocó a elecciones en Ucrania, por lo que desde mayo pasado usurpa el poder con el aval de todo el llamado Occidente Colectivo.

Pero (siempre hay un “pero”), también se vivieron procesos desestabilizadores, sobre todo recientemente en los casos de Georgia, Moldavia y Rumania, por solo citar los más recientes. Parece que si los resultados no son los deseados por Occidente, todo está permitido, sobre todo si el país a desestabilizar no es de los considerados “desarrollados”. Algo parecido a lo sucedido en Bangladesh, ese país del que en Argentina se habló mucho durante el mundial (por su fanatismo con nuestra selección) pero del que casi nadie habló cuando derrocaron a su gobernante hace unos meses.

Sin ánimos de aburrirles, mencionamos algunos de los procesos electorales porque son parte de la vida institucional bajo las normas de la democracia burguesa, y porque involucraron a más de medio planeta este año. Pero pasaron infinidad de cosas que tampoco es el lugar para detallar.

Tal como lo venimos advirtiendo, el mundo está en guerra, entre dos grandes bloques que se están disputando lugares de poder. Por un lado, el llamado Occidente Colectivo o autodenominada “comunidad internacional” básicamente compuesto por EEUU, la UE, Canadá, Japón y algunos aliados más; y por el otro, el denominado “Sur Global” compuesto fundamentalmente por los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y sus socios de Asia, África y Nuestra América y Oceanía. Y si bien hay matices en cada caso, ese podría ser hoy el gran parteaguas a nivel global, por ese mismo hecho ya hablar de izquierda o derecha parecen categorías de análisis caducas dado que no explican en su totalidad los procesos. ¿Qué tiene de izquierda el Chile de Boric en comparación con la Venezuela Revolucionaria? Nada. En este contexto ¿Rusia calificaría como de izquierda? Seguramente no encontraremos respuestas certeras y eso es porque el concepto ya no nos sirve para explicar el proceso. Materia de debate en algún artículo futuro, no en este, pero lo introdujimos para sembrar la semilla de un debate necesario.

En ese mundo en disputa hay que comprender el genocidio en Gaza y las constantes agresiones al Líbano, Siria e Irak a manos del Ente Sionista, Israel (siempre respaldado por EEUU), la guerra en Ucrania entre la OTAN y Rusia (esperamos que a estas alturas nadie crea que es sólo un enfrentamiento entre primos), o el reciente incremento de las tensiones comerciales y diplomáticas entre EEUU y Europa con China. Nada de todo ello se puede leer sin comprender la disputa global, de igual manera que nada puede alejarse de esa lupa para analizar las tensiones en el Mercosur entre Milei y el resto de los presidentes, o las tensiones internas en el Brasil de Lula, o el reciente intento de autogolpe en la República de Corea (o como se la llama cotidianamente, Corea del Sur).

Decimos “el mundo está en guerra”, pero no de la forma que nos la imaginamos con tanques y soldados por doquier (aunque en algunas regiones sí pase). La guerra mutó. Hoy una corrida cambiaria es más poderosa que un misil. Presiones diplomáticas, circulación de “noticias falsas” (que en realidad es mentir y afirmar que algo es verdad), presiones económicas, y también militares: hoy vivimos en una permanente guerra híbrida y los principales objetivos son los pueblos, la sociedad civil de cada nación.

Incluso la disputa interna que se da en los EEUU entre Demócratas y Republicanos globalistas, y Trump y su grupo selecto de pirañas, no es otra cosa que una disputa por ver cómo resuelven su decadencia. Un país cada vez más endeudado, que vive de la renta de la guerra y las deudas de los demás, que utiliza al dólar como arma y que pretende someter a todo el resto a sus designios. Para Biden, Harris y sus cómplices europeos la salida es una guerra total contra Rusia en territorio ucraniano y ruso (casi al punto de llevarla a escala nuclear) al tiempo que siguen timbeando y haciendo grandes negocios con las BigTech (tecnológicas) y BigPharma (farmacéuticas), mientras que para Trump y su tropa el enfrentamiento es contra China por el control de la producción y el comercio, por eso la “Guerra comercial”; y con Irán por el control de Asia Occidental. En definitiva, no son lo mismo, pero huelen bastante similar.

En este escenario, seguramente el imperio intentará reasegurar todo nuestro continente bajo su bota. Saben que es su gran joya preciada en el mundo que se viene si no nos llevan a una guerra global nuclear antes. Países como Venezuela, Nicaragua y Cuba, e incluso México, Brasil o Colombia seguramente podrán ser objetivos de la nueva administración gringa, ya sea con nuevos intentos de golpes de Estado, con nuevas sanciones económicas unilaterales o bloqueos, o de presiones diplomáticas, económicas o de algún otro tipo.

Es desde ese contexto global desde el que hay que partir el análisis de lo que sucede en nuestro país, dado que, si no lo hacemos desde allí, seguramente no entenderemos muchas de las cosas que lleva adelante el primer presidente autodefinido como “anarcocapitalista”, pero que en realidad es un mero peón de los grupos financieros globalizados como BlackRock, Vanguard, State Street y demás. No es casual que en materia de política exterior Milei haya dicho literalmente que sus “aliados son EEUU e Israel, con todo lo que eso implica”. Estos Fondos de Inversión (llamados “Fondos Buitres”) tienen entre sus principales actores a figuras del sionismo, con gran lobby en EEUU con una mirada rapaz y saqueadora para con el resto de la humanidad. Como verán, todo está vinculado con todo.

La política de desregulación y de intento privatizador de empresas estatales (YPF, Aerolíneas Argentinas, Trenes Argentinos, INVAP, el Correo, el Banco Nación, etc) o sectores claves como la educación, la salud o la obra pública, no son otra cosa que la posibilidad de negocios muy rentables para los “accionistas” de estos fondos mega-especulativos. Mismo caso para el tema de la deuda externa o las políticas de financierización de nuestra economía. Tercerizar, quitar derechos laborales y sociales, entregar herramientas del Estado, todo entra en el mismo combo que busca desarticular las posibilidades de un país para enfrentarse a estos grandes pulpos que buscan controlar todo lo que puedan. Bueno, Milei es su empleado. Cuando deje de servirles lo descartarán por otro.

No hay que perder de vista que los buenos vínculos de Milei con Trump no necesariamente van a significar una lluvia de dólares. Trump en la teoría es un proteccionista y va a intentar resguardar y robustecer los intereses de EEUU. La economía argentina en buena parte no es complementaria con la norteamericana, sino que compite. Aquí tenemos el primer escollo. ¿Harán esfuerzos para sostenerlo de todas maneras con más préstamos del FMI o de otros organismos internacionales? Puede ser, el tiempo lo dirá. Lo que queda claro es que nada será color de rosas.

Ahora, mientras el presidente y sus rufianes les hacen el trabajo sucio a las grandes corporaciones multinacionales y a los Fondos Buitres, y hacen negocios con sus “amigos” locales como Galperín, Roca, Midlin, entre algunos otros, millones de argentinas y argentinos, y de personas de otras nacionalidades que eligieron nuestro país para vivir, padecen las consecuencias.

La pregunta es: ¿lo que Milei tiene enfrente alcanza para evitar el saqueo y la entrega del país? Por un lado, tenemos a muchos gobernadores que se acomodan según la circunstancia, diputados y senadores que hacen lo propio, una interna en el peronismo que en lugar de ayudar a construir una alternativa parece estar pensando más en quién tiene la lapicera para poner los nombres en las listas del 2025, un sector importante de CGT preocupada por negociar (para sostener sus negocitos) pero que acompaña el sablazo a los salarios que lleva adelante el gobierno nacional, y un sector financiero (de nacionales y extranjeros) donde se están haciendo una panzada.

Por el otro algunos gobernadores (los menos) que se plantan y enfrentan el ajuste como pueden, algunos diputados y senadores que no traicionaron el mandato de sus votantes y dan la batalla en esa trinchera, algunos sindicatos que se plantan ante el ajuste, sobre todo ligados a las CTA’s y la Corriente Federal de los Trabajadores, y a las organizaciones populares nucleadas en la UTEP.

El año pasó así entre anuncios de recortes y envío de leyes para flexibilizar tal o cual política, y sectores organizados que dieron la pelea en el micromundo que les tocó. Como siempre, los sectores más necesitados fueron los más solidarios con el resto, pero a diferencia de otras oportunidades, esta vez no se inmolaron y salieron a “romper todo” como antaño. Pero de todo ese berenjenal, por ahora, al menos por ahora, al empleado de peluquín las cosas parecen estar saliéndole bastante bien. No para beneficio del pueblo argentino, sino para un sector minoritario: los mega ricos y sus terminales internacionales.

¿Esto quiere decir que el pueblo argentino se rindió y quiere entregar la patria al capital transnacional? No, definitivamente no. Como siempre, el poder pretende hacer negocios, sus cómplices ejecutan la partitura escrita en Washington o Bruselas, el problema es que nuestro pueblo se cansó de votar expresiones populares que no le resuelvan (o resuelvan a medias) sus problemas, caldo de cultivo fenomenal para la aparición de figuras como Milei que desde las redes sociales vociferan cosas grandilocuentes, pero con cero fundamentos prácticos.

Así las cosas, este 2024 termina en una relativa calma pese al cimbronazo que significó el primer año de gatito mimoso con peluquín de león. Habrá que ver qué sucede en lo que resta del año y en el verano, sobre todo en las fiestas, fechas emblemáticas de nuestro pasado reciente. Habrá que ver si el campo popular puede generar los mecanismos de resistencia y de lucha que le permitan desarticular la andanada de entrega del gobierno libertario en complicidad con el PRO y otros. Habrá que ver qué gestamos como propuesta para nuestro pueblo, porque si algo quedó claro con la llegada de Milei, es que la forma de hacer política tal como se la venía haciendo murió, y si no lo hizo hay que terminar de matarla y gestar algo nuevo, de lo contrario seguiremos de fracaso en fracaso dejando que el tren de la historia pase frente a nuestras narices.

El mundo está cambiando y al parecer (o al menos por lo que dicen los que saben) ni siquiera una guerra nuclear podría impedir que esas transformaciones globales se concreten, lógicamente, porque ante una conflagración de esas características todo el mundo perdería. Pero, nunca puede descartarse un escenario de ese tipo, sobre todo si consideramos el grado de locura que han demostrado desde ese Occidente Colectivo, que parece más propenso a la guerra que un mosquito a picarnos. Debemos prepararnos para esos cambios, sabiendo que no serán escenarios amigables o fáciles de transitar en el mediano/corto plazo.

Para concluir, afirmar que muy posiblemente el 2025 será un año muy turbulento, no solo por lo que pueda suceder en nuestro país, sino fundamentalmente, por lo que pueda suceder desde que se publique este análisis hasta la asunción de Trump de su segundo mandato, y lo que pueda devenir a posteriori. Pero como decimos desde inicios de año, “en tiempos difíciles somos más Trinchera que nunca”, y porque como decía el Che: “si el presente es de lucha, el futuro será nuestro”.

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Como diría Masetti: “Somos objetivos pero no imparciales. Consideramos que es una cobardía ser imparcial, porque no se puede ser imparcial entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto, entre el oprimido y el opresor”

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La esperanza, nuestra Trinchera

La esperanza, nuestra Trinchera

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

El sistema mundo llamado “modernidad” se hunde. Cada día que pasa, con cada decisión que toman sus promotores, se agigante la grieta y tambalean algunos de sus pilares. Todo ello sucede pese a que se busque por todos los medios posible intentar evitar el colapso y revertir la situación.

Los norteamericanos y sus corporaciones, grandes ganadores del descalabro de las últimas décadas, toman cada oportunidad que tienen para pisarle la cabeza a propios y extraños a sólo fin de seguir conservando su hegemonía planetaria, resquebrajada, puesta en duda, y que difícilmente puedan sostener, si es que aún existe.

Lo hacen de diversas maneras y en diferentes tonalidades, pero no tienen piedad con nadie. Llevaron a Europa (a la OTAN para ser más precises) a una guerra con Rusia, aunque saben que difícilmente la ganen en el campo de batalla (obviamente los EEUU no ponen muertes, sólo los europeos).

Lo hicieron previamente en Nuestra América, fomentando el endeudamiento de muchos países; y lo siguen haciendo ahora bajo presiones de todo tipo para que nos acoplemos a su ideario de mundo, y a cumplir con sus metas.

Lo hicieron y lo hacen con África, promoviendo golpes, instalando nuevas bases militares, incentivando la división de sus pueblos y el enfrentamiento entre hermanes.

El dominio occidental está, permanentemente, volviéndose más desquiciado, beligerante, autoritario y criminal. Ante la imposibilidad de revertir el desastre económico, productivo y social, sus únicas herramientas parecen ser las operaciones mediáticas, la estigmatización, la persecución, la criminalización y en donde todo confluye: la guerra.

Hace algún tiempo ya que hemos venido insistiendo en que el imperialismo norteamericano le declaró la guerra a perpetuidad a los pueblos del mundo. Y hasta el momento no se ha podido determinar hasta qué punto estarán dispuestos a llegar.

Las cosas por su nombre

El mundo vive un gran parate. Como lo afirma García Linera el neoliberalismo sólo nos propone volver a la Edad Media y hostiga nuestro intelecto pregonando el miedo y la incertidumbre a través de cuantiosas campañas y operaciones de prensa y por redes sociales. Fagocitan el odio, buscan permanentemente el enfrentamiento entre hermanes, alientan la desesperanza, el rencor y la violencia como forma de canalización de las múltiples inconformidades que ellos mismos generan y pregonan.

Ante este complejo escenario, las fuerzas progresistas y populares que vuelven a ganar elecciones y a “controlar” los gobiernos nacionales en Nuestra América se encuentran ante el inmenso desafío de gestionar la cosa pública siendo atacados por todos los francos posibles. Y, lastimosamente, ante estas agresiones las respuestas que se han generado están bastante flojas de papeles.

A los errores (por no decir horrores) propios se suman infinidad de obstáculos que dejaron los gobiernos neoliberales, llámense deuda externa, depreciación de salarios, persecución político-mediático-judicial, trabas judiciales a políticas públicas, y un sinfín de etcéteras.

Pero el punto es que tampoco se le está encontrando el agujero al mate. Aún no hay una propuesta de futuro que realmente interpele a las grandes mayorías. Conceptos como revolución, socialismo, comunismo, comunidad, organización, militancia, patriotismo, son permanentemente agredidos por los enemigos de los pueblos y rara vez defendidos con énfasis por quienes asumen la tarea de conducir esas expresiones populares llegadas al gobierno.

Canto a la rebeldía

Quizás el problema radica en que, producto de la reproducción del individualismo al que estamos sometidos y con el cual nos formaron, se perdió el sentido colectivo, de comunidad, de hermandad. Importa más lo que diga o haga un referente o una referenta que lo que se pueda construir colectivamente como alternativa o salida común.

Obviamente hay excepciones, como en todo, pero lamentablemente no es la regla. Todo a nuestro alrededor parece estar cargado de energías negativas, de imposibilidad y parálisis. Y el medir todo desde la óptica individual refuerza ese precepto, ese sentir.

Quizás sea hora de dejar de pretender que algún iluminado o alguna iluminada nos saque del infierno al que nos dirigimos. Quizás sea hora, como se ha afirmado tantas veces, de que cada une de nosotres, desde nuestra individualidad, nos predispongamos a sumarnos a un algo colectivo; de que desde nuestros saberes y percepciones intercambiar ideas y generar propuestas colectivas; de ser nosotres quienes busquemos marcarles el camino a quienes circunstancialmente tienen la difícil tarea de gestionar la cosa pública. Quizás sea hora de volver a cantarle a la rebeldía.

Una trinchera de futuro

Inventemos o reinventemos lo nuevo, lo alternativo a esto que existe. Discutamos, pero discutamos de todo. Formémonos. Resignemos parte de nuestro tiempo de ocio y de nuestras comodidades para abonar a ese algo colectivo, de hermandad entre iguales. Reconstruyamos esa esperanza que pretenden quitarnos.

Aunque nos sea difícil, aunque también genere angustias, aunque no lo podamos resolver en lo inmediato, ahora, ya. Que la construcción colectiva sea nuestra trinchera de futuro. Aportemos desde donde podamos para que no nos roben la esperanza de un futuro mejor.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

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