Tropas de élite estadounidenses en Uruguay

Tropas de élite estadounidenses en Uruguay

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Estados Unidos pisará más fuerte en Uruguay a través de las Brigadas de Asistencia de Fuerza de Seguridad (SFAB por sus siglas en inglés). Así lo consignó la nueva embajadora de Estados Unidos en Uruguay, Heide Fulton, al semanario Búsqueda. Fulton dijo que intentará “capitalizar las herramientas”de los dos países para combatir a los narcotraficantes, la droga y la criminalidad.

“El desafío con los narcotraficantes y con los elementos criminales es que tienen muchos recursos y son muy creativos, y puede ser desafiante para los gobiernos hacerles frente. Pero sé que hay mucha voluntad en Uruguay para hacerlo. Nosotros estamos muy enfocados en una cantidad de iniciativas para construir capacidades”, indicó.

El Comando Sur busca fortalecer su influencia en la región ante el avance de China: en 2020 Uruguay retomó su participación en un entrenamiento naval internacional organizado por Estados Unidos; en 2022 la Armada recibió tres lanchas norteamericanas e incluso analizó la compra de buques OPV con Estados Unidos como intermediario; y recientemente también comenzaron a profundizarse los vínculos en el ámbito espacial.

¿Qué son las SFAB?

Creadas en 2017 para asesorar a fuerzas militares en Afganistán e Irak, las Brigadas de Asistencia de Fuerza de Seguridad (SFAB por sus siglas en inglés) pretenden expandir su presencia en América Latina, sumando nuevos países a sus operativos.

En los países a los que llegan, los «asesores» de las SFAB se vinculan con los órganos educativos y mandos superiores de las fuerzas armadas locales para organizar cursos y ejercicios conjuntos.

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En 2020 arribaron por primera vez a América Latina, cuando desembarcaron en Colombia. En marzo de 2023, por ejemplo, efectivos de la 1° SFAB viajaron junto al Ejército de Colombia a la zona de La Guajira —limítrofe con Venezuela— para evaluar sus procedimientos y destreza técnica en la planificación y ejecución de misiones de artillería de campaña utilizando cañones Howitzer de 155 milímetros.

Los asesores que las brigadas envían a los países deben atravesar además un, según ellos mismos, riguroso proceso de tres años en el que se evalúan no solo sus capacidades militares, sino también sus «habilidades de liderazgo».

En cada SFAB se encuadran 816 efectivos en un régimen de rotación de tres años, bajo el mando de un general de brigada, y se dividen en unos 60 equipos –teams– multifuncionales integrados por cuatro a seis efectivos, categorizados según cuatro rubros: maniobras, artillería de campaña, de ingenieros y logística.

Desde su creación, las SFAB son seis, una en cada uno de los cinco comandos geográficos combatientes y la sexta en la reserva de la Guardia Nacional del Ejército.

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Así, el Ejército de Estados Unidos mantiene SFAB en el Comando Sur, el de África, el Comando Central, el Comando Europeo y del Indo-Pacífico. La primera SFAB se estaciona en Fort Moore, Georgia, y corresponde al Comando Sur, cuyo teatro de operaciones se extiende desde el sur de México hasta Tierra del Fuego y desarrolla actividades de asistencia, que califica como «persistentes», en Colombia, Honduras y Panamá.

Según informaba en agosto el Servicio de Investigación del Congreso estadounidense, el Comando Sur tiene prevista la expansión de las actividades de su SFAB a Perú, Ecuador y Uruguay, aunque con carácter «episódico». Son una fuerza de élite que ya ha operado en Colombia, Panamá y Honduras esta división tiene por objetivo expandirse a Ecuador, Perú y Uruguay.

Con presencia en los países nombrados anteriormente, el Comando Sur se asegura el control de la costa del Pacífico. La pregunta que surge entonces es, ¿por qué Uruguay?.

El narcotráfico es y será en las próximas décadas la nueva Doctrina de Seguridad Nacional. El caballo de Troya para el ingreso de tropas militares en países soberanos y un nuevo mecanismo de injerencia, contrabandeando la preocupación por la seguridad nacional para que el Comando Sur se inmiscuya en territorio latinoamericano.

Pensémoslo de manera opuesta: ¿se imaginan tropas brasileñas, mexicanas o colombianas ayudando en territorio estadounidense el combate al fentanilo? ¿Cómo lo calificaría Estados Unidos? ¿Siquiera algún gobierno lo pondría en debate?

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A su vez, si ampliamos el zoom de análisis, esta jugada de Estados Unidos puede tomarse como un dique de contención y prevención ante el avance de China y Rusia en la región. En un texto publicado sobre las SFAB se asegura que la expansión de esas fuerzas en la región latinoamericana «incrementará la presencia de los asesores, continuará construyendo la capacidad de los socios y mantendrá a EEUU como el socio de elección», incluso sostiene específicamente que una mayor presencia de «asesores» de esta fuerza «ayudará a contrarrestar la influencia de otras naciones».

Si atamos esto a las tristemente célebres declaraciones de Laura Richardson, Jefa del Comando Sur, América Latina sigue siendo el patio trasera de la potencia estadounidense y así lo entienden ellos.

Peores americanos

“El Comando Sur del Ejército está trabajando en concretar la primera oportunidad de intercambio con Uruguay durante 2024 para continuar fortaleciendo la asociación entre nuestros ejércitos y avanzar en los objetivos compartidos de seguridad nacional”, declaró la consejera de Prensa, Educación y Cultura de la Embajada de Estados Unidos en Uruguay, Kerri Spindler-Ranta, al semanario Búsqueda.

En una reunión que Fulton mantuvo con el prosecretario de la Presidencia, Rodrigo Ferrés, el jerarca del gobierno le planteó el interés del país por aumentar la cooperación internacional para luchar contra el narcotráfico, informó El Observador.

Uno de los pedidos que Uruguay hace a Estados Unidos es que vuelva a instalar la oficina de la Administración del Control de Drogas (DEA, por su sigla en inglés) que en 2019 se retiró del país en el marco de una redistribución de recursos en la región.

Esto implica una contravención a la Ley Marco de Defensa Nacional (2010), así como en los decretos que han establecido la política de defensa nacional (2014 y 2020) y en el que definió la política militar de defensa (2016), no hay referencias a la seguridad nacional. Es más, la seguridad nacional no ha sido parte de la tradición política del Uruguay contemporáneo.

Hasta el momento no se ha escuchado una sola palabra de queja o de alerta ante estos movimientos por parte del centroizquierdista Frente Amplio como oposición. Desde su fundación, dicha fuerza se define como una “fuerza política de cambio y justicia social; de concepción progresista; democrática, popular, antioligárquica y antiimperialista”. Bueno, esto último se ha desteñido con los años.

Artículo publicado originalmente en Periferia

Nicolás Centurión

Como dice un rapero: «por amor y por vicio… se convirtió en mi oficio.» La palabra se milita. Junto café con palabras para subsistir en este paréntesis, desde la periferia.

Los militares toman las riendas (otra vez) en Myanmar

Los militares toman las riendas (otra vez) en Myanmar

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Este anuncio se produjo después de que Aung San Suu Kyi, la líder del partido gobernante Liga Nacional para la Democracia (LND), fuera detenida en las primeras horas de la jornada militarista. La prensa occidental habla de golpe de Estado, mientras que otros argumentan que los militares jamás se fueron del poder en el país. Se trata de la primera prueba diplomática para la administración estadounidense del demócrata Joseph Biden, que mira con atención lo que sucede en tierras cercanas a China.

Los militares otra vez

Febrero amaneció con una jornada militar en el Sudeste Asiático. Los miembros del poderoso ejército de Myanmar tomaron las riendas  del Estado dando muestras de que siguen siendo los verdaderos dueños de un territorio multiétnico con problemas de larga data. El ejército considera que las elecciones del pasado noviembre, en las que la LND ganó por abrumadora mayoría, fueron fraudulentas.

 “Washington se opone a cualquier intento de alterar el resultado de las recientes elecciones o de impedir la transición democrática en Myanmar”, dijo el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, quien llamó a la liberación de todos los políticos y líderes de la sociedad civil. Blinken enfatizó que Estados Unidos “está del lado del pueblo de Myanmar en sus aspiraciones de democracia, libertad, paz y desarrollo. El ejército debe revertir estas acciones de inmediato”.

El portavoz militar de Birmania, Zaw Min Tun.

La LDN de Aung San Suu Kyi ganó el 83% de los escaños en las elecciones del 8 de noviembre del año 2020. Esto fue visto como un referendo sobre el gobierno civil de Aung San Suu Kyi. Fue solo la segunda elección democrática desde el fin del régimen militar en 2011. Pero los militares no aceptaron los resultados y judicializaron la cuestión. Encarcelaron dirigentes del LDN y argumentaron que “hubo fraude”.

La guardia pretoriana y económica

Los militares de Myanmar no sólo son una fuerza castrense típica de un país, sino una verdadera elite económica que muchas veces es considerada como la “burguesía local belicista”. También se consideran la “guardia pretoriana” del país, lo que equivale a decir que son la “reserva moral de la nación”. Tras su independencia de Reino Unido en 1948, Myanmar fue gobernado por una casta militar desde 1962 hasta 2011, período en el que solo se celebraron elecciones en dos ocasiones. El país es rico en jade, gemas, petróleo, gas natural y otros recursos minerales. Los militares, sobre todo los del Ejército de Tierra, tienen bajo su control a las empresas que explotan todos esos recursos y mantienen una alianza histórica con sectores empresariales comerciales que constituyen un establishment que también poseen el poder sobre los medios de comunicación.

La agricultura sigue siendo la principal actividad económica. Ocupa a casi los 2/3 de la población económicamente activa y contribuye en un 40 % al producto interior bruto. El cultivo predominante es el arroz, que ocupa cerca de la mitad de las tierras cultivables. Es de destacar igualmente el cultivo de la adormidera, siendo el segundo productor ilegal de esta planta para procesar opiáceos como la heroína en el mundo después de Afganistán, según datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Estados Unidos ha seguido de cerca esto y de hecho ha aplicado diversas sanciones comerciales a Myanmar para presionar a los militares.

Los pretorianos birmanos ante las sanciones comerciales de Estados Unidos (a la que se sumaron Japón y Surcorea) decidieron dar un giro económico en los inicios del siglo XXI al tratar acuerdos con la poderosa República Popular China. Sectores económicos rurales y urbanos del país se asociaron a los grupos antimilitares, liderados por Aung San Suu Kyi. Se trata de una clase media occidentalizada que busca “modernizar” a Myanmar, pero que no se la hace fácil frente a un régimen militar poderoso. También los militares lograron cooptar a las fuerzas sindicales locales, pero no ha podido hacer mella en los sectores estudiantiles universitarios, muy contestatarios ante los pretorianos de Myanmar.

Aung San Suu Kyi con Xi Jinping

Un país multiétnico

Myanmar es una de las naciones con un mapa multiétnico muy variado. En su territorio confluyen tres grandes familias lingüísticas de Asia: la familia tibeto-birmana, la familia austroasiática y la familia tai-kadai.​ El principal idioma del país, el idioma birmano, es una lengua tibeto-birmana del grupo lolo-búrmico. La cultura de Myanmar es una mezcla centenaria de influencias birmanas, chinas, indias y tailandesas. Esto se refleja en su idioma, en la cocina, y en la música. El arte ha estado influido históricamente por el budismo Theravāda, así como la literatura. De hecho, Myanmar es uno de los centros budistas más importantes del Sudeste Asiático junto a Camboya, Laos y Vietnam. El 89 % de la población practica el budismo. El 4 % de la población profesa el cristianismo, otro 4 % el islam, un 1 % creencias animistas, y el 2 % sigue otras religiones como el hinduismo y otras religiones de China.

El clero budista es muy importante en el país. Frente a los militares se dividieron entre pactar con ellos o enfrentarlos. La facción conservadora, muy nacionalista y que fomenta el odio hacia el islam y el hinduismo en el país, es un actual aliado de los pretorianos, mientras que un sector “juvenil” busca la independencia de los militares. Este sector estimula el llamado al “encuentro de las religiones” para evitar los conflictos étnicos locales.

El clero conservador budista les otorga a los militares el nacionalismo chovinista para imponer la ideología de la “Gran Birmania”. De ahí, que los conflictos y los genocidios sobre poblaciones como los rohingya de la región de Akan desde 2017. Este nacionalismo está en los medios, en las escuelas y en la opinión pública de la mayoría de la población budista.

El destino de Aung San Suu Kyi

En 1991, “La dama”, como se la apodó, recibió el premio Nobel de la Paz, por luchar contra los militares desde 1988. Suu Kyi, de 75 años, pasó detenida la mayor parte de las dos décadas que van entre 1989 y 2010. En noviembre de 2015, lideró la Liga Nacional de la Democracia que logró la victoria en las primeras elecciones libres en Myanmar en 25 años. Esa victoria llegó cinco años después de que hubiera sido liberada. Aunque la constitución de Myanmar le prohíbe convertirse en presidenta porque tiene hijos que nacieron en el extranjero, Suu Kyi es vista como la líder de facto del país. Su título oficial es Consejera Estatal. Suu Kyi es la hija del héroe de la independencia del país, el general Aung San. Él fue asesinado en julio de 1947, durante el período de transición y justo seis meses antes de lograda la independencia, cuando Suu Kyi tenía solo 2 años.

El gobierno militar convocó a elecciones en 1990, pero -a pesar de que el partido fundado por Suu Kyi, el NLD, ganó de forma convincente los militares se negaron a entregar el poder.

Suu Kyi permaneció bajo arresto domiciliario en Rangoon por seis años, hasta que fue puesta en libertad en 1995. Pero volvió a quedar detenida y con prisión domiciliaria en septiembre de 2000, cuando intentó viajar a la ciudad de Mandalay, desafiando las restricciones de movimiento que le habían impuesto. Fue liberada de forma incondicional en mayo de 2002, pero de nuevo fue enviada a la cárcel después de un enfrentamiento entre sus seguidores y militantes del gobierno.

En noviembre de 2014, denunció que Myanmar no había hecho ninguna reforma real y que Estados Unidos (que había levantado la mayoría de las sanciones económicas contra el país en 2012) había sido “excesivamente optimista”. Además, en junio de 2015, no pudo lograr una votación mayoritaria para remover el veto del ejército sobre un cambio constitucional. Pero cuatro meses después, el 8 de noviembre de 2015, se realizaron en Myanmar las primeras “elecciones abiertas y libres” en 25 años. El NLD obtuvo un abrumador triunfo.

Protestas de la comunidad musulmana en el mundo contra el genocidio rohingya.

Desde entonces, su liderazgo fue definido por la crisis rohingya. Después de los ataques fatales contra las estaciones de policía en el estado de Rakhine, en agosto de 2017, el ejército de Myanmar comenzó una brutal represión contra esa minoría étnica musulmana, obligando a cientos de miles a huir a través de la frontera con Bangladesh. Los críticos dicen que Suu Kyi no hizo ni ha hecho lo suficiente para condenar a los militares. Por eso, ella y Myanmar enfrentan un juicio por genocidio en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya.

Desde que asumió el poder, además de la crisis rohingya, Suu Kyi y su gobierno también han enfrentado a críticas por enjuiciar a periodistas y activistas. Suu Kyi tuvo que pactar con los militares y esto le causó problemas. Por la presión internacional por el genocidio sobre los rohingya, tuvo que ceder y prestar atención a esta calamidad en 2020. Por supuesto, los militares vieron esto como un “peligro” y decidieron tomar otra vez las riendas.

Los militares tienen tanto poder que jamás querrán perderlo. Saben cómo actuar desde antaño. Y parece no preocuparles enemistarse con Estados Unidos. Como buenos empresarios belicosos, saben que tienen a China enfrente para seguir con sus negocios.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

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