“24 horas por Malvinas”: el show de la guerra

“24 horas por Malvinas”: el show de la guerra

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

 

Durante 24 horas, la televisión argentina coreografió una vigilia patriótica que prometía cuidado, unidad y reparación. Pinky y Cacho Fontana lloraban en vivo, el país donaba conmovido y el Fondo Patriótico Malvinas Argentinas se convertía en símbolo de afecto nacional. Pero detrás del espectáculo, los soldados no recibieron lo prometido, el dinero desapareció y el gesto solidario se volvió deuda simbólica. “24 horas por Malvinas” no fue solo propaganda: fue una coreografía emocional que ritualizó la guerra mientras ocultaba el abandono. ¿Qué ética sostiene un pacto televisivo cuando el cuerpo que debía ser cuidado queda fuera de cuadro? 

Entre la solidaridad y la propaganda 

En mayo de 1982, la televisión argentina se convirtió en escenario de un acontecimiento sin precedentes: Las 24 horas de las Malvinas. Conducido por Lidia “Pinky” Satragno y Jorge “Cacho” Fontana, el programa se presentó como una maratón solidaria destinada a recaudar fondos para los soldados en las Islas. La propuesta apelaba a la emoción colectiva y al fervor patriótico, en un contexto donde la dictadura militar necesitaba sostener la moral de la población y legitimar su aventura bélica. 

El régimen necesitaba mostrar que la guerra no era solo una decisión de alto mando, sino una causa nacional compartida por todos los argentinos. La colecta televisiva fue presentada como prueba de esa unidad, reforzando la idea de que apoyar los soldados equivalía a apoyar al gobierno. El programa funcionó como un plebiscito simbólico: cada donación era interpretada como un voto de confianza hacia la dictadura. 

La participación de Pinky y Cacho Fontana, junto con los artistas y periodistas, fue clave para blanquear la propaganda oficial. Estas figuras reconocidas y queridas por el público otorgaron credibilidad al evento reforzando la idea de que esta causa trascendía a la política para convertirse en un bien patriótico. Su presencia legitimó el programa y ayudó a movilizar a la sociedad. 

La emisión comenzó a las seis de la tarde del 8 de mayo y se extendió de manera ininterrumpida durante un día entero, combinando entrevistas, número artísticos y llamados a la solidaridad. Numerosas personalidades del espectáculo, el periodismo, el deporte y la política se sumaron a la iniciativa. Entre ellos, participaron figuras como Susana Giménez, Mirtha Legrand, Jorge Porcel, Alberto Olmedo y Mercedes Sosa, quienes realizaron llamados a la solidaridad y ofrecieron actuaciones especiales. Diego Maradona, Daniela Passarella y Osvaldo Ardiles, los tres a un mes de participar del Mundial de España, estuvieron presentes. Susana Rinaldi cantó una versión del Himno Nacional. 

La colecta millonaria se utilizó como un símbolo de cohesión nacional, pero terminó siendo recordada como un símbolo de desconfianza. En un solo día se recaudaron 1,5 millones de dólares, que luego se sumaron a la colecta nacional del Fondo Patriótico Malvinas Argentinas, alcanzando alrededor de 54 millones de dólares, la mayor en la historia argentina. Sin embargo, los fondos nunca llegaron a los soldados en las Islas. Mientras la televisión mostraba imágenes de abundancia y solidaridad, los combatientes padecían hambre, frío y falta de equipamiento. La falta de transparencia convirtió la recaudación en un triunfo propagandístico en el momento, pero en un escándalo en la memoria colectiva. 

Más allá de la emoción televisiva y la magnitud de la colecta, el programa debe ser leído como un dispositivo político y mediático que buscó legitimar a la dictadura. La televisión no fue un simple canal de solidaridad, sino un escenario de manipulación emocional. 

En este sentido, el hecho en sí, funcionó como un teatro de la unidad nacional. La presencia de figuras queridas como Pinky y Cacho Fontana otorgó credibilidad y afectó a un evento que, en realidad, estaba diseñado para encubrir la precariedad de los soldados en las Islas. La distancia entre la representación televisiva y la realidad del campo de batalla revela la capacidad del poder para manipular la emoción colectiva y ocultar el sufrimiento. 

La perspectiva política muestra cómo el programa fue un intento de blanquear la dictadura, presentándola como garante de la cohesión nacional. La colecta funcionaba como un dispositivo de legitimación, donde la emoción reemplazó al debate y la propaganda se disfrazó de afecto. La sociedad fue convocada a participar en este espectáculo que, en lugar de fortalecer la democracia, reforzó el poder de un régimen autoritario. 

Por otro lado, tomando una perspectiva ética se plantea una pregunta incómoda: ¿Qué responsabilidad tienen los medios cuando la emoción colectiva es utilizada para encubrir el sufrimiento? La deuda simbólica que dejó “24 horas por Malvinas” no es solo económica, sino moral. La sociedad argentina respondió con solidaridad, pero el Estado y los medios fallaron en transformar ese gesto en cuidado real. 

El destino de los fondos: la otra cara de la solidaridad

Lejos de llegar a los soldados en las Islas, los fondos quedaron bajo administración de la dictadura militar y fueron desviados a usos desconocidos. Los combatientes siguieron padeciendo hambre, frío y falta de equipamiento, mientras la televisión transmitía las imágenes de una Argentina entregada a la unidad y la solidaridad. Las joyas y objetos de valor donados fueron almacenados y vendidos, pero no sé sabe con precisión a qué se destinaron los ingresos. El dinero recaudado, en gran parte, fue absorbido por el Estado sin rendición de cuentas claras. 

Con el paso del tiempo, el Fondo Patriótico dejó de ser recordado como un gesto de cohesión nación y pasó a convertirse en un gran símbolo de desconfianza, y la desaparición de los fondos de transformó en una deuda simbólica en donde la solidaridad genuina fue instrumentada como una propaganda y el dinero recaudado se convirtió en un vacío en la memoria histórica. 


Milagros López Mansilla

Periodista gráfica a la que le interesa la literatura. Desde mi lugar intento reivindicar la lucha de las travestis, las disidencias y los feminismos.

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Télam y Malvinas, un testimonio invaluable

Télam y Malvinas, un testimonio invaluable

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

*Por Carolina Fernández

Excombatientes le demostraron su apoyo a los trabajadores de Télam que hace un mes acampan fuera de las sedes de la agencia, valladas injustificadamente por la policía de la Ciudad de Buenos Aires. 

Durante el acto homenaje del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas en La Plata, el Centro de Excombatientes Islas Malvinas (CECIM) le concedió un reconocimiento a trabajadores de la agencia de noticias Télam por su compromiso con la causa Malvinas. Ernesto Alonso, excombatiente y secretario de Derechos Humanos del Centro, destacó el trabajo de los compañeros y compañeras de prensa “que hace años vienen informando a nuestro pueblo desde Ushuaia a la Quiaca y hasta las Islas Malvinas”.

La agencia nacional de noticias Télam funciona hace 78 años difundiendo imágenes, notas, cables, videos y audios. A lo largo de la guerra de Malvinas se trató de una fuente de información clave, siendo en conjunto con ATC (Argentina Televisora Color, actual TV Pública), los únicos medios de comunicación que el gobierno militar permitió cubrir el hecho, enviando fotógrafos que favorecieron posteriormente a la creación de un archivo histórico.

Las agencias de noticias estatales actúan como distribuidoras de información, garantizando la calidad de las imágenes, reportes, videos y cables que son utilizados tanto por medios de comunicación públicos como privados para la realización de su trabajo de prensa. Los medios públicos son, como lo indica su nombre, un servicio público, que, en común con las agencias de noticias estatales, generan una red de cobertura nacional que involucra y beneficia a diferentes y distantes sectores del país, contribuyendo a una cadena de información más democrática y amplia, con diversidad y pluralidad de voces, avalando una comunicación que afirme la importancia del derecho a la información.

En el período de la dictadura y la guerra, la Junta Militar se encargó de tergiversar la información que recibían por parte de los trabajadores de prensa. Omitieron datos específicos, como la cantidad de soldados fallecidos, y difundieron en todo el país, a través de la intervención en medios estatales y privados, el relato de que la guerra se encontraba a su favor.

Si bien los contenidos de la agencia se encontraban ocultos y censurados por el gobierno militar, con la vuelta de la democracia, el compromiso de los trabajadores de prensa de la agencia con el esclarecimiento de los hechos a través de archivos se mantiene hasta hoy. Silvina Oranges, editora de Télam, explicó: “Por eso decimos que sin medios públicos la democracia se debilita y se silencian voces, en este caso como la de los veteranos”. Además, comparó ambas luchas y resignificó dos puntos en común con los trabajadores y veteranos: defender la soberanía y la identidad nacional.

Al cumplirse 40 años del conflicto en 2022, la agencia y Radio y Televisión Argentina presentaron el documental “Malvinas: Los medios de la guerra”, con el fin de mantener viva la historia. Con archivos de la época, el documental cuenta con imágenes, videos y entrevistas que evidencian como la dictadura militar utilizó los medios públicos para construir una narrativa que omitía, censuraba y manipulaba la información sobre el hecho. También, Télam abrió sus archivos al público y creó “Las fotos recuperadas de Malvinas”, un conjunto de 2.500 imágenes que retoman diferentes momentos del conflicto: El desembarco, Operación prensa, Menéndez gobernador, El primer bombardeo, Vida cotidiana, Los soldados, Las trincheras, El Irizar, Las más conocidas y Los corresponsales. En El Irizar se demostró que el ARA Irizar funcionó como hospital, donde se desempeñaron las mujeres de Malvinas, enfermeras e instrumentadoras, omitidas de la historia.

Al respecto, Oranges, manifestó en el acto que la agencia “se ha convertido en un invaluable testimonio de la cuestión Malvinas” y en un pilar de la memoria del país. Con los archivos de la agencia ha sido posible reconstruir la historia y mantener la consigna Memoria, Verdad, Justicia, Soberanía y Paz.  

El pasado 1 de marzo, el presidente Javier Milei, mediante su discurso en la Apertura del Período de Sesiones Ordinarias del Congreso, expresó su idea de “reducir el tamaño del Estado a su mínimo indispensable” y anunció el cierre de la agencia Télam, acusándola de ser utilizada durante las últimas décadas como una agencia de “propaganda kirchnerista”. Días después de las declaraciones, en la medianoche del 3 de marzo, la policía de la Ciudad de Buenos Aires valló los dos edificios pertenecientes a la agencia, impidiéndole el acceso a sus trabajadores. Al mismo tiempo, el Gobierno nacional cerró la página web de Télam, que se encuentra “en reconstrucción”.

Actualmente los trabajadores de prensa acampan fuera de las instituciones, defendiendo el derecho a la libertad de expresión y manifestándose en contra del intento de clausura, debido a que la agencia solo puede cerrarse a través de una ley presentada en el Congreso. Como una alternativa para informar y mantener su compromiso con la comunidad y la comunicación, se creó la página “Somos Télam”. Alonso, en representación del CECIM, le agradeció a los trabajadores por su acompañamiento y le entregó su apoyo a la causa. “Estamos con ustedes y Télam no se cierra”, finalizó el excombatiente. 


Carolina Fernández

Del sur en la ciudad de las diagonales. Estudiante de periodismo.

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