Escritoras argentinas que incomodan 

Escritoras argentinas que incomodan 

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

En la literatura argentina actual, varias escritoras se encuentran desarmando los mitos que rodean al cuerpo femenino y la maternidad. Agustina Bazterrica, Mariana Enriquez, Samanta Shweblin y Ariana Harwicz escriben desde el borde: narrando el no deseo de ser madre, el cuerpo como aquel campo de batalla. En estas obras, la maternidad no es redención, sino conflicto, el cuerpo no es templo, sino un territorio de control, violencia y resistencia. 

 

¿Sobre qué escriben estas autoras?

A través de géneros como el horror, la distopía, el gótico y el realismo psicológico estas autoras construyen universos donde lo femenino no es idealizado, sino expuesto con crudeza, belleza y contradicción. Escriben sobre aquello que la sociedad prefiere no mirar: el aborto, el deseo de no maternar, la violencia obstetrica, el duelo gestacional, el deseo de desaparecer. En lugar de esconder, exponen. En lugar de suavizar, raspan. En lugar de idealizar, cuestionan.

Agustina Bazterrica utiliza la distopía para hablar del cuerpo como mercancía y del control biopolítico sobre la reproducción. En sus mundos, el cuerpo femenino es vigilado, intervenido, sacrificado. La maternidad aparece como un privilegio regulado, como una función impuesta por estructuras de poder que deshumanizan. Bazterrica no suaviza: su prosa es quirúrgica, directa y por eso duele.

Tomando Cadáver Exquisito, Bazterrica plantea un mundo distópico en el cuál el cuerpo humano es presentado como carne, es mercancía: “La carne humana no tiene alma” dice uno de sus personajes, un universo en donde la ética ha sido reemplazada por la eficiencia del consumo. En Las Indignas, la autora lleva esa lógica al terreno de la reproducción: las mujeres viven bajo un régimen religioso que decide quién puede gestar y quien no.

Mariana Enriquez, desde el horror gótico y lo sobrenatural, retrata mujeres que sangran, que desaparecen, que se enfrentan a lo monstruoso dentro y fuera de sí. En Nuestra parte de noche, el linaje materno está atravesado por el sacrificio y la violencia. La maternidad no es redención: es una herencia maldita, es el cuerpo que transmite el dolor. Enriquez escribe con una belleza oscura, donde a través de lo siniestro revela lo que la sociedad prefiere esconder.

El cuerpo materno no es sagrado: es vulnerable, es explotado, es temido. “La maternidad es una forma de posesión”, escribe Enriquez y es a través de esa frase que condensa su mirada sobre el vínculo materno-filial como un espacio de ambigüedad y violencia

Samanta Schweblin, en “Distancia de rescate”, construye una maternidad paranoica, en donde el vínculo de madre-hija está atravesado por el miedo ambiental y la amenaza invisible. El género fantástico le permite narrar la fragilidad del cuerpo, la angustia del cuidado, la imposibilidad de proteger. Su estilo es contenido, pero la tensión subterránea lo vuelve explosivo.

En este mismo libro se muestra a una narradora que vive en constante alerta, como si la maternidad fuera una trampa que puede estallar en cualquier momento “¿Cuánto falta para que se rompa el hilo?”, pregunta obsesivamente, refiriéndose al vínculo que la une a su hija.

Ariana Harwicz, en La débil mental y Matate, amor, rompe con toda corrección. Sus protagonistas son madres que odian, que desean escapar, que viven la maternidad como una condena. El realismo psicológico se convierte en grito, en vomito, en desgarro. Harwicz escribe desde el exceso, desde el borde, y por eso incomoda.

En Matate, amor, la protagonista es una madre que odia a su hijo, que desea escapar, que vive la maternidad como una condena “Estoy harta de ser madre, de ser mujer, de ser cuerda”, grita en uno de los pasajes más crudos.

De esta manera, estas autoras convierten al borde en el centro. Usando los géneros que históricamente fueron considerados menores o periféricos para narrar lo que la literatura tradicional no se atrevía a decir. Lo hacen con crudeza, pero con una belleza que nace de la verdad, de la necesidad de decir.

Lo que esta literatura revela

Estas narrativas no son solo ficciones: son el espejo de una realidad que muchas mujeres viven. En Argentina, la violencia obstétrica sigue siendo una problemática grave. Según la Ley 25.929 de Parto Humanizado, toda mujer tiene derecho a un parto respetado, pero su implementación efectiva es baja. Las denuncias más frecuentes incluyen trato deshumanizado, abuso de medicación y falta de consentimiento informado.

Además, el acceso al aborto legal, seguro y gratuito —garantizado por la Ley 27.610— aún enfrenta obstaculos en muchas provincias. La maternidad obligada, el estigma sobre el deseo de no maternar y el control sobre los cuerpos gestantes siguen siendo parte del paisaje social.

Según datos recopilados por REDAAS, en 2019 se realizaron 8.388 interrupciones legales del embarazo (ILE) en CABA, 5.028 en la Provincia de Buenos Aires en el primer semestre de 2020 y 2.138 en Santa Fe en 2018. Pero cinco provincias —Formosa, Corrientes, Tucuman, Santiago del Estero y San Juan— aún no adhieren al protocolo nacional, lo que limita el acceso efectivo al derecho.

Sumado a esto también se puede ver el acoso hacía las mujeres, que es una realidad persistente en Argentina. Según el Observatorio de Femicidios de la Defensoría del Pueblo de la Nación, en 2024 se registraron más de 2.500 denuncias por acoso sexual en espacios públicos y laborales.

Esto no es solo físico: es también simbólico, estructural, cotidiano. Es el control sobre cómo se viste una mujer, cómo se mueve, cómo habla, cómo se relaciona con su cuerpo. Y es precisamente ese control el que las autoras desarman y exponen en sus obras.

Leer estas obras no es solo un ejercicio estético: es una forma de tomar conciencia. De entender que el cuerpo femenino no es un territorio neutral, sino uno atravesado por mandatos, violencias y silencios. La literatura puede ser una herramienta para visibilizar, para incomodar, para transformar, abriendo de esta manera el diálogo a maternidades diversas, cuerpos disidentes y narrativas que incomodan porque dicen la verdad.

Decir que las autoras convierten el borde en centro significa mostrar de frente lo que la sociedad prefiere dejar en la sombra. Porque a veces, el horror no está en los monstruos, sino en aquellos mandatos que obligan a callar.

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El gótico viene del campo

El gótico viene del campo

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Marcelo Acevedo pasó por Trinchera para hablar de Gótico pampeano – rural. El periodista, escritor y editor hizo un recorrido por el género. Pensando de dónde viene y para dónde parece ir, arma un mapa de lecturas y referencias.

Marcelo viene armando mapas de lecturas, desde el trabajo con Juan Mattio y Flor Canosa, tanto en Ciudad ausente como en la colección de Ficción extraña que llevaron adelante bajo el nombre de Arqueologías del futuro en Indómita luz, lo escrito por él sobre la saga de Mad Max. Ahora parece que el Gótico pampeano o Gótico rural es el sitio para pensar. 

Leer es un acto solitario, como la escritura, pero qué pasa cuando a esa lectura le armamos una constelación, cuando lo que se lee no se lee suelto, cuando nos interesamos por saber, esto que estamos leyendo, de dónde viene, Con qué tradición discute. Dice Marcelo Acevedo; “Nuestra literatura nace ya jugando con lo que es el Gótico y con lo que es La Pampa. El inicio de nuestra literatura está en Echeverría y está en Sarmiento. Piglia decía que la historia de la narrativa argentina empieza dos veces, en El matadero de Echeverría y en el Facundo de Sarmiento. También tenemos a David Viñas que dice que la literatura argentina empieza con una violación. Analizando estos textos podemos llegar a la conclusión que el territorio conocido como La Pampa y lo rural son el escenario central de esta literatura fundacional. Al mismo tiempo la violencia, lo espectral y el horror en sus diferentes facetas son también elementos fundamentales a la hora de construir una literatura propia. Podemos decir que nuestra literatura nace ligada a lo rural, a la pampa y al Gótico.” 

Parece haber en la literatura contemporánea autores y autoras preocupadas por volver a estos inicios, a estos textos que Acevedo menciona como fundacionales. Basta destacar autores como Diego Muzzio con Las esferas invisibles, Las bestias de Vicky García, El viento que arrasa de Selva Almada, el cuento El fantasma y la oscuridad de Leo Oyola, entre otros textos. Lo que prima en estas historias, si bien tienen elemento fantástico, dice Marcelo Acevedo, es el horror del capitalismo salvaje, el machismo violento, la soledad extrema. 

 


Lxs invitamos a escuchar la charla completa que tuvo Marcelo Acevedo con Trinchera en nuestro ciclo de charlas: Vaciar Chat


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Juan Machado

Juan Machado nació en Carhué, provincia de Bueno Aires, en 1992. Poeta, escritor, también se desempeña como conductor y productor de Plástico Cruel en radio Trinchera. Publicó los libros, Pájaros Punk ( Malisia, 2022) y Como corderos (Azul Francia, 2024). Obtuvo una mención meritoria, por su cuento Una canción desesperada, en el 10° Concurso de cuento Haroldo Conti, 2023.

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