Comunidad Ferroviaria: El lugar donde se amasan los sueños (Parte 2)

Comunidad Ferroviaria: El lugar donde se amasan los sueños (Parte 2)

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

Marsella, la felicidad del pueblo organizado y la “Revolución Libertadora” como fin del modelo de país.

En 1776 el inglés James Watt inventó la máquina de vapor y abrió paso a la Primera Revolución Industrial. Las grandes chimeneas comenzaron a ser, junto al hollín y el smog, las anfitrionas de las ciudades que crecían demencialmente, pero la verdadera joya de la época fue la locomotora. Con el ferrocarril, la posibilidad de trasladar toneladas de comida, producción y pasajeros en cuestión de horas, era un hecho. El tren y los barcos a vapor, sumado al contexto internacional de independencias latinoamericanas monárquicas, situaron a Gran Bretaña y Francia camino a ser las mayores potencias del siglo XIX, con el libre comercio como primera bandera.

En ese contexto de inversiones y dominio anglosajón en América, en 1857 la Provincia de Buenos Aires puso el ojo en el horizonte, y decidió que en lo que hoy es Plaza Once se encontraría el extremo del primer tren de estas tierras. El Ferrocarril Oeste tuvo en su comienzo una trayectoria de no más de diez kilómetros, partiendo desde el actual Teatro Colón hasta las últimas jurisdicciones del Ángel Gris. Gracias al estudio de Scalabrini Ortiz, integrante de FORJA, supimos que las inversiones del primer ferrocarril de la nación fueron llevadas adelante con capitales del antiguo territorio de Juan Manuel de Rosas y no con dinero extranjero, como tanto se ha dicho, aportando a un discurso de dependencia a las grandes potencias en la infraestructura del transporte.

Con la planificación de La Plata como capital de Buenos Aires, se comenzó a pensar a las tierras de Dardo Rocha como centro ferroviario de la región, articulado directamente con el Puerto de la Ensenada. Lo que se buscaba era consolidar un nuevo punto para la aduana y ganarle la disputa del comercio exterior a los porteños.

Por esta razón, el Ingeniero Otto Cruise fue enviado a Europa para conocer toda la logística de los ferrocarriles, investigar y aprender caminos posibles, locomotoras veloces, lugares de reparación y estaciones lujosas con cúpulas y vitroe.

Luego de meses en el viejo continente, Otto volvió al Puerto de la Ensenada con una producción especial hecha en Marsella de cabreadas, columnas de hierro macizo y tejas color naranja con guardas y la insignia Marsella – La Plata.

Cercano a las inmediaciones del futuro cuadrado platense, con los materiales exportados se construyeron dos grandes predios ferroviarios, el de Gambier, en Los Hornos, y el de Tolosa. Años después, con la construcción del Tren Provincial, se haría toda la infraestructura de los galpones y la estación de Mediariano Quinto.

La Plata no se había fundado, y en Tolosa ya sonaba el choque de los metales y los fuelles de fundición. El predio ubicado entre 522 y 528 fue destinado a la construcción y refacción de vagones y rieles, y llegó a albergar a tres mil quinientos obreres, lo que ocasionó al mismo tiempo el nacimiento del Barrio de las Mil Casas, primer barrio obrero de todo Sudamérica. Entre los pequeños chalet de calles adoquinadas y tierra, a unos metros del Molino “La Julia”, otro de los grandes espacios acogía a más de trescientos obreres: las pelotas de trapo y los gritos de les niñes sonaban toda la tarde.

El 1 de marzo de 1948 Juan Domingo Perón estatizó los ferrocarriles, convirtiéndolos en propiedad de todo el pueblo argentino. Les jóvenes respondieron a su llamado y se insertaron a las escuelas técnicas que brotaban desde el barro. En pocos años había más de un millón de técniques ferroviaries, listes para aumentar y mejorar la infraestructura hecha hasta el momento. En Tolosa, los galpones que venían con una producción que rozaba el mínimo volvieron a ahumar sus chimeneas; las fraguas ardían todo el día.

Luego de los bombardeos a Plaza de Mayo y el golpe a Perón, la Revolución Libertadora comenzó un proceso de destrucción del modelo industrial argentino, llegando a cortar por la mitad con sopletes las Locomotoras “Justicialistas” construidas enteramente en el país. Se apuntó al cierre y la destrucción del modelo ferroviario nacional por pedido del General Norteamericano Thomas B. Larkin, para generar una sustitución del tren por el transporte automotor. Así, se llegó a la década del 60 con los galpones de Tolosa completamente abandonados.

Con sus reposeras en la vereda, entre tangos de la Guardia Hereje, les vecines más viejes cuentan que hubo cuatro momentos de pura felicidad para el barrio de callecitas angostas, fundado y habitado por trabajadores: la reconstrucción de la Estación de Tren de Tolosa; la nacionalización de los ferrocarriles, llevada adelante por el General Juan Domingo Perón; la noche en que el equipo dirigido por Osvaldo Zubeldía se consagró Campeón Intercontinental; y las asunciones de Cristina Fernández de Kirchner como Presidenta de la Nación, en los años 2007 y 2011, y en 2019 como vicepresidenta.

Instagram: @comunidadferroviaria

Felipe Bertola
Felipe Bertola

Cuando estaba en la panza, mi vieja me cantaba «Significado de Patria» para tranquilizarme. En la comunicación y organización popular encontré la clave para poder «ser la revancha de todxs aquellxs». Como todo buen platense, sé lo que es ganar una Copa Libertadores.

Comunidad Ferroviaria: El lugar donde se amasan los sueños (Parte 1)

Comunidad Ferroviaria: El lugar donde se amasan los sueños (Parte 1)

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

-¡A comer!

El ruido de la amoladora se va apagando, al igual que el taladro de banco y las Overlock. Detrás de los barbijos negros con tiras blancas, van apareciendo los rostros de les trabajadores que se dirigen hacia la entrada del viejo galpón ferroviario, que tiene una arquitectura de finales del siglo XIX, con dejos de la Primera Revolución Industrial. Una gran olla con el fondo quemado de tizne descansa sobre un tablón apoyado en dos caballetes. Detrás de los fideos humeantes se ve una ventana de seis metros de alto y tres o cuatro de ancho, con vidrios cuadrados de aproximadamente veinte centímetros, la mayoría rotos y tapados con cartón. A su lado, sobre una pared revocada invadida por la humedad, hay un mural con un fondo verde que deja ver un pie y una cadena rota que proclama: “Viva la autonomía”.

Son las 12, y como todos los mediodías, les trabajadores de Comunidad Ferroviaria hacen un descanso para encontrarse a almorzar en la entrada del primer galpón recuperado.

***

A las 4 de la mañana, Artigas, la Galga, Lobo y Fantasma son iluminados por los faroles del Palio de Sergio que llega, como todos los días, para ponerse a amasar y tener el pan y las cremonas listas para las 7 y media. Los perros lo reconocen y vuelven a dormirse, solamente Artigas se levanta, ladra dos veces, se rasca el hocico y vuelve a su cucha. Morón, el gallo blanco con una gran cresta roja, aprovecha la llegada del panadero para cacarear desde su gallinero con techo de tejas.

El sonido de la radio despierta a Edu, que duerme en el cuarto de la entrada del galpón central. Eduardo Pujol es uno de les responsables de los tres galpones que sueñan con ser un polo productivo que dé trabajo a toda la región. Tiene 54 años, su espalda es ancha y sus cabellos devenidos en blanco no representan la vitalidad que corre por sus venas. En sus manos callosas se notan las marcas de una vida de trabajo en Córdoba, Puerto Madryn y luego en las afueras de la ciudad de las diagonales. Sus compañeres cooperativistas lo muestran como una persona con la capacidad de solucionar problemas en poco tiempo, sin la necesidad de pedir ayuda a externos, sean bomberos, grúas o policías, y que mientras resuelve “los quilombos”, relata alguna anécdota refutando por qué no llamará a nadie para buscar socorro. Entre risas, les trabajadores agregan que si uno es desconfiado duda de la veracidad de los relatos, hasta que cinco, o como mucho, veinte minutos después, el artesano arregla la máquina rota con dos “pitutos” y ahí no queda otra que dejarse convencer por las historias de su juventud.

Entre bostezos y lagañas, apoyando su mano en el hombro a Sergio, el artesano devenido en responsable político pregunta: -¿Cómo viene el desayuno?

Sin quitar la vista del horno de dieciocho moldes, el panadero contesta “En quince minutos hay pancito calentito”, abre la puerta del horno y recibe una bocanada de calor que lo sofoca, “tal vez en diez”, dice, deja pasar unos segundos y remata “yo que vos voy poniendo la pava”.

El sol ya salió, y el ruido de los pájaros es superado por el alto parlante que adelanta la llegada del Tren Roca a la Estación de Tolosa. Ciento cincuenta y cinco toneladas de hierro comienzan a frenar sobre las vías y los nuevos durmientes de hormigón. Un chillido agudo se deja oír a unas cuantas cuadras y penetra en la masa que leva bajo el horno para las medialunas de media mañana. La escena se repite hasta aproximadamente las 21 horas, cada menos de treinta minutos.

De a poco, en tanditas de dos o tres, van llegando las motos y las bicicletas. Ahora sí los perros se ponen a ladrar para recibir a les trabajadores. Edu busca la llave del candado y abre el portón verde de chapa de dos hojas, que termina en su extremo más alto en forma redondeada. Todes les cooperativistas tienen en algún lugar de su vestimenta la estampa del ferrocarril saliendo de los galpones que profesa “Comunidad Ferroviaria”.

***

En Comunidad Ferroviaria se encuentran trabajando alrededor de setenta personas. Los espacios que se construyeron hasta hoy incluyen una textil con capacidad de albergar alrededor de cien trabajadores, que cuenta con máquinas de coser, mesas de corte y un taller de serigrafía; y a su vez, dentro de la textil, hay distintos emprendimientos: “Estrella Azul dos”, “Tres Cactus” y “Arte Graf”. Comunidad Ferroviaria también tiene una bloquera pensada para la construcción y la obra pública, una herrería, una carpintería que trabaja bajo el nombre de Raíz Obrera, una vidriería, y un espacio para la cocina, que además de encargarse de la comida de les trabajadores, lleva adelante una panadería y el emprendimiento de pastas frescas artesanales “Pintó la Pasta”. Se está proyectando un estudio de radio, una redacción gráfica y un espacio audiovisual para instalar al multimedio Trinchera. Además, se lleva adelante la refacción de otra nave ferroviaria para la construcción de un espacio cultural, pensado para dar refugio a las expresiones invisibilizadas de la región.

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Felipe Bertola
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Cuando estaba en la panza, mi vieja me cantaba «Significado de Patria» para tranquilizarme. En la comunicación y organización popular encontré la clave para poder «ser la revancha de todxs aquellxs». Como todo buen platense, sé lo que es ganar una Copa Libertadores.

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