30 años de Neoliberalismo

30 años de Neoliberalismo

TIEMPO DE LECTURA: 12 min.

Por David Soltero*

Luego de treinta años, Perú parece despertar del sueño neoliberal: tres décadas de crecimiento económico le permitieron ser uno de los países más fuertes en reservas -con 69.169 millones en 2020-. Sin embargo, este gran sueño es solo de unos pocos. Las políticas neoliberales han costado en la actualidad el 20% de pobreza del país andino; tan solo en 2019 se han sumado 400 mil peruanos pobres a ese porcentaje y un millón y medio en riesgo de entrar en esta situación. Un modelo que ha desmantelado durante años la industria nacional, haciéndola dependiente de la inversión e importación extranjera. Y sin olvidar a los grandes exponentes de este condicionamiento, el imperialismo y el FMI, actuando en conjunto para recrudecer el modelo neoliberal.

Antes de la instalación del modelo neoliberal en la década de los 90, Perú se encontraba gobernado -desde 1985- por el presidente Alan García, del partido Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). En sus primeros años, el mandatario tomó varios posicionamientos sobre la crisis que aquejaba al país. Uno de ellos acerca de la deuda externa -que rondaba los 14 millones de dólares- contraída con el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. El gobernante peruano dio un discurso en ante la ONU, mencionando que el FMI no tenía autoridad moral para hacer pedagogía de austeridad sobre el Perú y que desde los años 70 promovía y aumentaba la deuda, no solo de su país, sino también la de los países más pobres del mundo. Además acusó al organismo de responder a los intereses de Estados Unidos, que se favorecía ante la sumisión bajo las condiciones impuestas del FMI, que intentaban hipotecar la soberanía económica de nuestros pueblos. Alan García terminó su discurso diciendo: “es deuda o democracia”. Un año más tarde declaró que solo el 10% de la exportación del país iba a ser destinada a los pagos de la deuda. Esto generó un quiebre en las relaciones con el FMI, el cual le negó todo desembolso de dinero.

Diario la república – Tapa de las consecuencias de la Hiperinflación

Alan García logró un crecimiento económico durante los dos primeros años, invirtiendo en la nueva reestructuración del aparato productivo nacional. Sin embargo, las reservas del país cayeron drásticamente y, a consecuencia de la falta inversión extranjera y de préstamos de los organismos internacionales, llevaron al país a un estancamiento. Además la inflación pasó a ser hiperinflación, la cual llegó al 2.178,482%. Esto redujo el 30% del poder adquisitivo de los peruanos y aumentó entre un 50% y un 70% el precio de alimentos básicos como la leche y el pan. Esta situación provocó la devaluación de la moneda nacional, el INTI, que pasó de valer 1 dólar (1 a 1), a 0,000005 de 1 dólar (USD 1 = 175.000 INTI)

Esta crisis aguda, dio lugar a la estatización de la banca peruana en 1987. Con ella, el Estado se hacía cargo de los bancos privados y las instituciones financieras, para hacer uso del dinero que tenían e invertirlo dentro el país. Alan García enarboló la justicia para justificar la estatización, que a pesar de su aprobación no duraría mucho tiempo. Posteriormente a la intervención del Estado sobre los bancos, masivas protestas del sector empresarial privado y de la clase alta, dirigidos por el escritor Mario Vargas Llosa, se hicieron oír en las calles. Vargas Llosa en ese entonces fundó el Movimiento Libertad -que sería protagonista en las próximas elecciones-, logró que el poder judicial falle a su favor y que la ley de estatización quede inoperante.

Estatización de la Banca- Protestas masivas

La situación nacional era insostenible para el presidente Alan García, quien no tenía el apoyo ni de los sectores dueños de la economía peruana y tampoco de los organismos internacionales. Finalmente su mandato culminó en 1989 ante un tumulto de silbidos dentro del Congreso. Esta era la oportunidad ideal para que el modelo neoliberal sea radicalizado en el país andino. El hombre elegido por las empresas trasnacionales y la misma Iglesia Católica, era Alberto Fujimori, quien se vistió durante toda su campaña bajo el discurso de una reestructuración nacional para el desarrollo. Mientras que su opositor, Mario Vargas Llosa, era apoyado por las clases altas peruanas y las empresas privadas.

El 28 de julio de 1990, con el 57% de los votos Alberto Fujimori asumió como presidente del Perú. En su primer discurso, caracterizó como “Epidemia nefasta” al gobierno de Alan García, a quien además culpó por la economía de guerra, la sociedad envuelta en violencia y la corrupción del país que heredó. Como primera medida, el presidente llevó adelante el Plan Fujishock, que consistía en liberar los precios, liberar el tipo de cambio y suprimir subsidios a los alimentos y a la gasolina; una muestra clara del tutelaje del FMI, con la intención de que el Estado le de la potestad de decidir sobre el futuro económico país.

Disolución del congreso, mediante el autogolpe

Para seguir profundizando bajo la lógica del neoliberalismo, el 5 de abril de 1992 ocurrió el conocido autogolpe de Estado, donde se cerró y disolvió el Congreso y se dictaminó una restructuración nacional. Esto sucedió porque Fujimori no tenía una bancada parlamentaria mayoritaria para seguir aprobando las iniciativas de ajuste, la privatización de empresas, la explotación de recursos naturales por empresas trasnacionales e incluso el otorgamiento de facultades discrecionales para las Fuerzas Armadas. Cabe recordar que desde el inicio de su mandato Fujimori declaro la lucha contra el narcotráfico y los actos terroristas de Sendero Luminoso, valiéndose de esto como justificación perfecta para legitimar aún más su golpe de Estado.

El gobierno dictatorial de Fujimori, en los años siguientes logró profundizarse gracias a la alianza con las FFAA, el servicio de inteligencia nacional peruano (SIN) y el grupo Colina, integrado por miembros del ejército y de la policía nacional. Los asesinatos, la intimidación, los secuestro y las torturas, no solo fueron direccionadas hacia la lucha contra Sendero Luminoso, sino contra dirigentes sindicales, populares, periodistas y militantes opositores al gobierno. Los casos más significativos fueron la masacre de Barrios Altos, en Lima, en la que se asesinaron a 15 personas y la de la Cantuta donde se asesinaron nueve estudiantes y un profesor. Además, mediante la promulgación de la Ley de Amnistía en junio de 1995, el régimen otorgó impunidad a los crímenes cometidos durante esa época.

Fuerzas armadas

Un año después del autogolpe, a Fujimori le restaba legitimar constitucionalmente el golpe de Estado y garantizar su permanecía en los años siguientes. En 1993 llama a la aprobación de una nueva constitución, que sea la garantía del modelo neoliberal en todos sus aspectos. Por ejemplo los contractos de las empresas trasnacionales, como los encargados en la explotación de los hidrocarburos, no podrían ser modificados por el Estado, permitiendo la “Santidad de los contratos”. Esto demuestra que el Estado estaba sumido a un institución de consulta y, con alguna excepcionalidad, solo vigiliaba y facilitaba la libre competencia, el libre cambio y legalizaba la libre tenencia de moneda extranjera. En tan solo dos años, Fujimori privatizo más de 200 empresas nacionales, argumentado -en el marco del Consenso de Washington- que las privatizaciones  generarían un estabilidad económica, y permitiría acceder a los mercados internacionales de crédito, cerrados a los países de la región en los años 80.

Alberto Fujimori en desfile militar (AFP Photo/Jaime RAZURI)

Fujimori tenía todo garantizado, un congreso representado por Cambio 90 y Nueva mayoría, afines a su gobierno; una nueva constitución, aprobada por el 52%, que permitió su reelección en 1995; y la implementación de la doctrina de Seguridad Nacional (con el apoyo del Tío Sam) yendo contra la insurgencia y profundizando el estado de terror. Sin embargo esa estabilidad que profesaba Fujimori (en tiempos de auge), se empezó a resquebrajar con la aparición de los distintos hechos de corrupción y fraudes electorales. El más significativo y que sería el final del régimen, fueron los sobornos de Vladimir Montesinos, quien aparece en un video en su residencia ofreciéndole 15 mil dólares a Alberto Kouri (perteneciente al partido opositor de Alejandro Toledo) para que se pase al bando oficialista. Luego se difundirían otros videos, donde se veía a magistrados, empresarios, parlamentarios, dueños de medios comunicación, jueces y altos funcionarios, cómplices del régimen. A partir de allí la fiscalía realizó una investigación por enriquecimiento ilícito de más de 264 millones de dólares. Ante la tercera reelección de Fujimori, la Secretaría de Estado de los Estados Unidos adviertió que su apoyo estaba condicionado a que se apartara a Montesinos del gobierno. Finalmente en noviembre del 2000 Fujimori huiría a Japón, desde donde enviaría un fax de renuncia a su mandato y obligaba a que se tuviese que llamar a elecciones al siguiente año.

Luego de diez años de un gobierno autoritario y fundantes de las bases de un modelo beneficiario para unos pocos, parecía que el retorno a la democracia daría un cambio de dirección del país andino. Pero los cinco años siguientes, mostrarían la inoperancia de un gobierno hundido en los incumplimientos de promesas, en la corrupción y en los escándalos personales del presidente Alejandro Toledo.

Este último apareció en escena por primera vez en las elecciones del 2000, representando al partido Perú Posible. En la primera vuelta, éste partido obtendría un 40% de los votos, mientras que Fujimori un 49%. Todo indicaba que ese margen del 9%, podía revertirse y darle un fin la dictadura que vivía el país. En la segunda vuelta, Toledo solo consigue un 25%, mientras que el fujimorismo un 74%. Una muestra obscena de fraude electoral que el pueblo peruano y Toledo no aceptarían.

Concentración frente al congreso Nacional “Marcha los 4 suyos”

El candidato a presidente, convocaría a la marcha de “los Cuatro Suyos”, haciendo una referencia simbólica de la división del Tahuantinsuyo del imperio Inca. La convocatoria consistía en marchar al Congreso nacional en Lima, con la intención de impedir la asunción del Fujimori . Esta convocatoria sería fuertemente reprimida por la policía nacional y ensuciada por un atentado planificado por Vladimiro Montesinos para incendiar el Banco nacional, e incriminar a Toledo de lo acontecido. Sin embargo, ésto sería otra pieza clave para profundizar el final del régimen autoritario. Un año después, el 28 de julio del 2001, y posteriormente a las elecciones, Perú volvía a la democracia de la mano de Alejandro Toledo, el primer mandatario procedente de un pueblo originario.

Toledo en sus primeras intervenciones públicas, proclamaría la lucha contra la corrupción, prometía el control de la inflación (que hasta ese entonces era de 1,8% anual), reducir la pobreza (que rondaba el 54,8% de la población), aumentar la cantidad de exportaciones, dejar de privatizar de empresas nacionales y generar empleo digno y productivo. El pueblo andino se ilusionaba, Toledo lograba un acuerdo nacional con los diferentes partidos políticos del país (tanto de derecha como de izquierda), con el objetivo de caminar juntos la reconstrucción de la democracia.

Pormesas del presidente Toledo

En el año 2002 inauguraría el funcionamiento del proyecto Camisea, que consistía en la explotación de uno de los yacimientos más grandes de reserva de gas en Perú. Sin embargo, más allá que este proyecto generó 18 mil puestos de trabajo (entre el 2002 y 2004), todo fue a costa de inversión extranjera y el reparto dentro del país se lo llevaron las empresas privadas. Incluso desde el descubrimiento del yacimiento de gas por la multinacional Shell (empresa de hidrocarburos anglo-neerlandesa ), entre 1883 y 1887, las licencias para llevar a cabo el proyecto, se plantearían por un tiempo de explotación de más de treinta años. En el 2000 la empresa Shell, y luego Mobil (la empresa norteamericana de petróleo), decidieron no continuar con el proyecto, y un consorcio liderado por Pluspetrol Perú Corporation, con la participación de Hunt Oil Company (de Estados Unidos), SK Corporation (de Corea), Sonatrach Petroleum Corporation B.V.I. (de Argelia), Graña y Montero S.A.A. (de Perú) y luego Tractebel (de Bélgica), y Tecpetrol SA, se harían cargo adjudicándose 33 años de explotación. Así mismo la construcción de gaseoductos, figurarían empresas como Techint Ingieneria & Construcciones.

Habría un crecimiento económico de un 4,5% anual, se pondrían en marcha proyectos como la carretera interoceánica (que buscaba unir el océano atlántico con el océano pacifico, a través de Brasil y Perú), se promoverían los planes como Techo Propio (para aquellos peruanos que ganen menos de 1000 soles y no tengan vivienda), se pensaría en la educación mediante el desarrollo del Plan Huascaran (que consistía en la inclusión de computadoras para equilibrar el acceso a la educación de calidad). Sin embargo, estos aspectos de camino, desarrollo y crecimiento, eran el disfraz perfecto para seguir generando más deuda, mediante desembolsos de 100 millones de dólares del Banco Mundial y de 300 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo.

Aparecerían en escena el Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU, que no sería aprobado hasta el 2006. Perú negociaba con el país del norte desde 1991, exportando principalmente minerales, textiles, productos pesqueros y petróleo crudo. Los aranceles impuestos a estas exportaciones, se renovaban periódicamente y lo que se busca era una estabilidad, para generar una libre comercialización y la incitación de las empresas trasnacionales para que inviertan en el país. Las repercusiones de este acuerdo transcurrirían en dos escenarios diferentes: por un lado la oposición que argumentaba que el tratado ponía en riesgo a las pequeñas empresas nacionales y la agricultura del país; por otro, dentro del Pacto Andino, donde Venezuela -ante los acuerdos de Perú y Colombia con los Estados Unidos-, se iría de esta instancia regional, dado que Hugo Chávez comprendía que el TLC atentaba contra una verdadera integración de la región, profundizando la dependencia al Imperialismo Norteamericano.

Malestar Social

Durante los años de mandato de Toledo, el malestar social crecería poco a poco. Su gobierno había comenzado faltando a sus promesas de campaña, y tendría distintitos puntos de quiebre, como el Arequipazo en 2001. Ese año se sucedieron protestas masivas que fueron reprimidas por la policía nacional, dejando 318 heridos. Las manifestaciones se habían generado producto de la marcha atrás del gobierno frente a la privatización de las empresas de electricidad (Egesur y Egasa), a la empresa de capitales belga Tractebel a cambio de 167 millones de dólares. Otro punto de malestar ocurrió en la capital del callao, Ilave, donde se lincho hasta la muerte al alcalde Cirilo Robles por actos de corrupción, malversación de fondos e incumplimiento electorales. Pero el punto que le valió la pérdida total de legitimidad, fue el caso de corrupción conocido como Ecoteva: un escándalo por el lavado de 31 millones de dólares, que años más tarde, se blanquearían en la compra de inmuebles de personas allegadas al entorno de Toledo.

El mandatario culminaría su presidencia con el incumplimiento de promesas como la generación de empleo (dejando un tasa de desempleo del 42%) y con una economía sostenida por la oligarquía y los capitales extranjeros, que profundizaría la desigualdad y el modelo neoliberal.


* Periodista, columnista en "No Se Mancha"(Radio Estación Sur - FM 91,7), redactor en Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

Fuentes:
http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20101003020549/8cap07.pdf
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3066001.pdf
https://www.studocu.com/pe/document/universidad-nacional-de-san-cristobal-de-huamanga/economia/informe/la-hiperinflacion-en-el-primer-gobierno-de-alan-garcia-perez/2788873/view
https://cavb.blogspot.com/2017/06/fujishock-el-super-paquetazo-del-8-de.html
https://www.monografias.com/trabajos82/hiperinflacion-peru/hiperinflacion-peru2.shtml
https://nuso.org/articulo/un-proceso-con-luces-y-sombras/

Argentina y sus intentos de salir del pantano

Argentina y sus intentos de salir del pantano

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Por Pablo Jofré Leal*

Con una deuda externa de 330.000 millones de dólares, que representa el 95.3% de su Producto Interno Bruto (PIB) Argentina se constituye en uno de los 15 países más endeudados del mundo, con toda la carga política, social y económica que tal condición conlleva.

La abultada deuda obligó al presidente argentino Alberto Fernández a confesar que su país “no puede cumplir con el cronograma de pagos de la deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pues si se hiciera se estaría sumiendo a la economía en una postración absoluta”, según expresó en declaraciones a Radio Continental el día 10 de febrero pasado. “Nosotros queremos destinar el pago de la deuda a la reestructuración de la economía, a sacar a la gente de la situación de crisis en la que está y por ello, objetivamente no podemos cumplir”.

Esta declaración fue refrendada por Fernández al inaugurar el 138.º período de sesiones ordinarias del Congreso Nacional. Durante su discurso, el mandatario presentó un diagnóstico negativo sobre la herencia que recibió del Gobierno de Mauricio Macri, una situación que calificó de dramática y de destrucción sobre la economía y el Estado Nacional. Fernández precisó que su Gobierno no va a pagar la deuda, a costa del hambre y la destrucción de los sueños de los argentinos. Lo afirmado por el presidente argentino ha sido igualmente complementado por las declaraciones efectuadas por la vicepresidenta y ex mandataria Cristina Fernández, quien había declarado que “la deuda se salió de control y que para pagarla indudablemente lo primero es salir del período de recesión”.

Las palabras de la dupla Fernández-Fernández, a su vez fueron refrendadas por la decisión del propio Senado argentino con la aprobación de la llamada “ley de Restauración de la sostenibilidad de la deuda pública externa”, un proyecto de ley presentado por el ejecutivo y que permitirá al equipo económico presidio por el Ministro Martín Guzmán, renegociar con los acreedores las condiciones del pago del descomunal.

Recordemos que el nuevo gobierno de Argentina recibió un país en un completo descalabro en múltiples frentes. Una economía en franca recesión desde abril del año 2018 que ha llevado a la población argentina a niveles de pauperización y que implicó tener a un tercio de la población bajo la línea de la pobreza, desconfianza en las instituciones públicas y una alta tasa de desempleo sobre todo en la población joven. Un Mauricio Macri, que tratando de mantener un modelo de crecimiento económico ya sin sustento, trató artificialmente de darlo al solicitar al FMI un empréstito por 56,300 millones de dólares, de los cuales se desembolsaron 44.000 millones, sin poder evitar la profundización de la crisis económica por la devaluación del peso argentino, una altísima inflación en los últimos meses del gobierno macrista y una masiva fuga de capitales.

El gobierno de Alberto Fernández, gracias al apoyo logrado en el senado que le permitió contar con un marco legal y político, pudo emprender un camino de reestructuración de la deuda, en reuniones de coordinación con el llamado Club de Paris[1] bajo la premisa de lograr condiciones mejores que le den la posibilidad de avanzar por escenarios menos onerosos y que no impliquen un ajuste fiscal, porque esa suele ser la exigencia de las corporaciones financieras internacionales como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario internacional (FMI) y aquellos que en general suelen generar empréstitos que terminan ahogando a los pueblos y sometiéndolos ad eternum a los dictados de esas organizaciones.

El nuevo gobierno argentino enfrenta un duro panorama económico interno y externo. Unido a la crónica oposición de los grupos económicos y empresariales vinculados a la derecha argentina, hay que sumar las dificultades externas derivadas de las fuertes tensiones entre Estados Unidos y China, el reacomodo de los bloques políticos en Latinoamérica y la irrupción de una pandemia como el Coronavirus, que ha afectado a aquellos países exportadores de materias primas como es el caso de Argentina y su producción de carne, trigo y soja. La desaceleración de los niveles de crecimiento, la guerra entre potencias en materia de hidrocarburos, la escasa visión de los organismos financieros internacionales para prever las crisis económicas, hicieron incurrir en préstamos a gobiernos como el que tenía la argentina con Mauricio Macri, cuando todas las alertas indicaban que era contraproducente.

Para poder contrarrestar ese panorama adverso, el gobierno presidido por Alberto Fernández elaboró un programa y buscó, hábilmente, su base política de apoyo transversal. La ley de solidaridad social y reactivación productiva[2]declaró la emergencia pública en materia económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, energética, sanitaria y social; y busca salir de la profunda crisis que dejó el macrismo y que en esencia, ambiciona mantener el precario equilibrio fiscal pero al mismo tiempo incentivar el consumo para así salir de forma más robusta de la recesión que acosa a Argentina.

Una verdadera ley de emergencia que por ejemplo grava con un 30% a la compra en dólares, signada con el nombre de “Impuesto Para una Argentina Inclusiva y Solidaria (PAIS)” que va a regir por un lustro y que gravará con el mencionado 30% además de las compras en el extranjero, la compra de dólares para atesoramiento, la compra de servicios que operen en el exterior y la compra de pasajes al exterior. La aludida ley aumenta los impuestos a los bienes personales y congela las tarifas de servicios, como también eleva los aranceles a las exportaciones de productos agrícolas y apoya a los sectores más vulnerables como son los jubilados quienes recibieron un bono para tratar de paliar su precaria situación. Para este mismo sector se decidió suspender, por 6 meses la fórmula de movilidad jubilatoria, que fue sancionada a fines del año 2016. En estos 180 días el gobierno podrá fijar, en forma trimestral, el incremento de los haberes previsionales.

Otro de los puntos fundamentales de las iniciativas de Fernández y su equipo es llevar adelante las tareas que permitan recuperar lo que denominan “la sostenibilidad de la deuda pública”. Y, para ello, el Ministro de Economía Martín Guzmán afirma que con relación a la renegociación de la deuda externa “tiene que haber conversaciones sobre la base de la buena fe entendiendo cuál es la capacidad del país para poder servir sus deudas en un contexto de recuperación económica”. “Las medidas que hemos tomado están pensadas como un proyecto integral para resolver todos los desequilibrios, redefiniendo prioridades, resolviendo la situación de la población más vulnerable respetando la consistencia macroeconómica” concluyó Guzmán, quien durante estos días se reunió con fondos de inversión que visitaron la Argentina y que desean tener la certeza – que no puede dar el gobierno argentino – de evitar el default.

Es evidente que aunque se logre renegociar la gigantesca deuda externa argentina, este punto no tendrá de inmediato un efecto positivo sobre la economía. Idea sostenida por el propio Alberto Fernández quien reconoció que “renegociar la deuda no es mágico”. Se está trabajando fuertemente por manejar un curso que sintonice la política fiscal con la monetaria, cediendo en ello las exigencias de bonistas y organismos financieros internacionales.

Habrá que ver si Fernández cede en aspectos que suelen ser condición sine qua non en materia de deuda externa: ajustes fiscales que se traducen en desmejorar la calidad de vida de la sociedad. La meta de impulsar las exportaciones en un escenario internacional hostil para acceder a un superávit comercial de 15 mil millones de dólares en el 2020 (que es la cifra esgrimida grosso modo en economía) chocará, sin duda, con el régimen impositivo que se está manejando y que gravará a un sector como el cerealero, que suele ser movedizo y sobre todo sostén de los sectores más conservadores del país.

Argentina trata de salir del pantano dejado por el Macrismo y en ese marasmo las interrogantes suelen cubrir el panorama de posibles soluciones. Latinoamérica necesita una Argentina firme, un gobierno del lado de la integración regional, de los intereses más solidarios con causas justas, no como los de Macri y su inclinación por Washington y el sionismo, que han marcado a fuego el rumbo del país. Todo tiene que ver con todo y en ello la economía no es una cuerda separada de la política interna y externa.


* Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en temas principalmente de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl

Articulo cedido por http://www.segundopaso.es/news/381/Argentina-y-sus-intentos-de-salir-del-pantano

  1. Fundado el año 1956 El Club de París es una agrupación de países acreedores cuya finalidad es la de organizar formas de pago para los países deudores, como así también efectuar reestructuraciones de deuda. Debe su nombre a operar desde la tesorería del gobierno de Francia, en París. Argentina fue, sintomáticamente, el primer país en trabajar un proceso de reestructuración de su deuda el año 1956 cuando expresó la necesidad de cumplir con sus acreedores (varios países soberanos) para evitar convertirse en un país deudor. Bajo esa premisa, Francia se ofreció a acoger una reunión excepcional de tres días en París, que tuvo lugar del 14 al 16 de mayo de 1956.
  2. Ley de solidaridad social y reactivación productiva. https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/224184/20191228
F(ormatear) M(onitorear) I(ntervenir)

F(ormatear) M(onitorear) I(ntervenir)

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Por Nicolás Sampedro*

Desde su fundación hasta la actualidad, la construcción de narrativas mediáticas acerca del Fondo Monetario Internacional han buscado ubicarlo como un ente responsable, independiente y garantista de que las políticas económicas de los países mejoren la calidad de vida de les ciudadanes. La realidad demuestra sobradamente que no es ni busca ser eso que se le endilga desde la opinología mediática.


A raíz de la crisis económica y financiera en la que sumergió a la Argentina el gobierno de Cambiemos, encabezado por Mauricio Macri, los titulares periodísticos, los informativos radiales o los zócalos televisivos volvieron a hablar del FMI, del Riesgo País, o de la Deuda Externa[1]. Esto no quiere decir que antes de Don Gato y su pandilla no existiera endeudamiento externo o que la deuda por sí sola sea mala, el punto es cómo te endeudás, para qué, por cuánto tiempo, con quién y con qué fin.

No es intención de esta reflexión indagar o meterse de lleno en el análisis concreto de la deuda que contrajo Argentina en estos últimos 4 años de gestión cambiemita. Los hechos recientes (que aún persisten) en la hermana República del Ecuador, donde todo un pueblo salió a las calles a rechazar las medidas de ajuste y austeridad[2] que pretendía implementar Lenín Moreno -como parte de las condiciones del fondo para prestarle 4200 millones de dólares-, dan cuenta de que los planes del fondo son bastantes similares, por lo menos, para toda la región[3].

El papel intervencionista del Fondo Monetario Internacional, así como el de otras instituciones internacionales (como el Banco Mundial), es de larga data y se centra sólo en la intervención sobre políticas económicas internas de un país, sino intervenciones sobre la vida política de los países.

Lo primero a destacar es que estos organismos internacionales de crédito surgen en 1945 luego de que concluyera la segunda guerra mundial con los acuerdos de Bretton Woods. Estos nacieron bajo el pretexto de reconstruir una Europa completamente devastada por la guerra y para evitar que vuelva a suceder en el mundo una crisis global como la ocurrida en 1929. Nada de eso ocurrió si miramos la crisis desatada por las diferentes burbujas económicas y/o financieras como la ocurrida en 2008 en Wall Street.

Está claro que la finalidad política de estas instituciones desde un primer momento fue condicionar a occidente a los designios del dólar y de los EEUU, y debilitar la posición de la URSS. Luego de que cayera la Unión Soviética, lejos de cambiar de lógicas, el FMI y el BM siguieron operando para condicionar las políticas de gobiernos tanto de amigos como de enemigos.

El historiador, Dr. en Cs Política y portavoz de la Red Internacional del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas, Eric Toussaint[4], señala que los organismos jugaron un papel clave en ese enfrentamiento con el bloque soviético, fundamentalmente a partir del alejamiento de la Rumania que conducía Nicolae Ceaucescu en 1980. El endeudamiento en tan sólo 2 años fue suficiente para que cuando estallara la crisis internacional (Crisis del Tequila de 1982) el Secretario General del Partido Comunista Rumano, implementara una política de austeridad agresiva para pagar rápidamente su deuda con el BM y librarse de los condicionamientos.

Rumania pagó rápidamente su deuda, como consecuencia el pueblo pasó hambre y miserias por un tiempo prolongado, lo que aumentó el descontento. Este hecho fue la cuña que metió occidente para derrocar a Ceauscescu culpándolo de todos los males del país, y después de un juicio express de 2 horas, un show mediático, él y su esposa fueron fusilados.

Como se puede apreciar el organismo tuvo un papel clave. De igual modo, Toussaint marca la injerencia del Banco Mundial y del FMI con otros procesos como las dictaduras en Chile (a Allende le negaron todos los préstamos que después de 1973 le otorgarían a Pinochett), en Brasil (A Goulart le negaban el dinero que luego le dieron a la dictadura que lo asesinó en 1964), o en Nicaragua (a la familia Somosa la ayudaron, a los sandinistas les cortaron el crédito y se lo volvieron a dar a Violeta Chamorro, apoyada por los EEUU en las elecciones de 1990). Lo mismo se podría decir de las monarquías del golfo o de los regímenes autoritarios que castigan al medio oriente o África.

El resultado siempre es el mismo por más que cambien los tiempos, porque las políticas son siempre las mismas: ajuste, recortes, cambio de políticas pública, liberalización de la economía, privatización de empresas públicas, reducción del Estado. En definitiva lo que siempre hicieron el FMI y el BM fue enfrentar a los gobiernos “enemigos” de los designios de EEUU y las potencias occidentales y condicionar más o menos salvajemente a los gobiernos “amigos” para que estén siempre amarrados del cuello[5].

En este sentido se puede observar lo relatado por el Magister en Desarrollo Económico, Federico Kucher, quien sostiene que el fondo ha pifiado sistemáticamente en las predicciones de crecimiento del PBI, el desempleo o la inflación de los países latinoamericanos. En el estudio publicado por CELAG, donde compara lo pronosticado con lo que verdaderamente sucedió, la información analizada revela que el “error” en promedio es de más de 23 puntos porcentuales[6] ¿Error o intencionalidad?

En otro estudio publicado por el portal el Dr. en Economía Aplicada, Guillermo Oglietti, señala analiza la proyección histórica del la deuda de los países de la región donde “gracias al impulso del FMI, la deuda pública externa latinoamericana pasó de representar porcentajes en torno al 15% del PIB, a principios de los ’70, hasta cerca del 50% antes de la crisis de la deuda en el 1982 (Crisis del Tequila). El salto en el nivel de la deuda fue formidable. En dólares corrientes, la deuda pública externa de Latinoamérica y el Caribe pasó de apenas 14 mil millones en 1970, a 126 mil millones en 1980, 314 mil millones en 1990, 394 mil millones en 2000, 474 mil millones en 2010 y 742 mil millones hasta 2015. La deuda regional se multiplicó 9 veces en la primera década de globalización, y por 53 veces desde 1970 hasta 2015[7].

Si bien el mundo cambia y ha cambiado permanentemente, podría afirmarse que los últimos años se empezaron a observar muestras de un hartazgo generalizado de los pueblos respecto de las políticas neoliberales. Se puede ver en Medio Oriente, se puede ver en África, se puede ver en el propio EEUU o en Europa, se puede ver aquí en Nuestra América.

El desprestigio de estos organismos, la aparición de nuevas instituciones financieras, el emergente de bloques regionales que ponen en cuestión la hegemonía norteamericana, ponen de manifiesto que esta nueva aparición del FMI en Nuestra América no tiene más fin que volver a condicionar a los gobiernos regionales. Sea cual sea el signo político, lo que buscan es condicionar las políticas de Estado, impedir que los pueblos puedan desarrollarse y cambiar las lógicas acumulación y producción. En definitiva, que esos gobiernos garanticen los derechos básicos de sus pueblos.

De aquí en adelante, fundamentalmente si se ganan las elecciones el 27 de octubre, y posteriormente asumen Alberto y Cristina Fernández, quedará pendiente la tarea de cómo resolver esta ecuación y cómo librarse de esos condicionamientos que seguramente buscará imponer el Fondo Monetario Internacional, para intentar impedir que la experiencia del Frente de Todos pueda ser un fato, una guía, para el resto de los países de la región.

Habrá que ver qué es lo que sucede, pero lo que está fuera de discusión es que estos debates, necesariamente, los esté debatiendo el pueblo en su conjunto. Porque la jaula, la prisión que impone el Fondo Monetario Internacional es realmente violenta.

El supuesto significado de la sigla FMI es Fondo Monetario Internacional, aunque podría afirmarse que en la práctica la “F” es de Formatear, la “M” es de Monitorear y la “I” es de Intervenir.


* Periodista, conductor de Marcha de Gigantes (Radio UNLP - AM 1390), productor de Columna Vertebral (Radio Estación Sur - FM 91.7), columnista La Marea (Radio Futura – FM 90.5) y Mirada Crítica (Realpolitik), responsable de la sección Sindical de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

Bibliografía:
[1] http://www.motoreconomico.com.ar/economia-mundial/el-extrao-mundo-al-que-volvimos-cules-son-los-pases-deudores-del-fmi-en-la-actualidad
[2] https://www.youtube.com/watch?v=VNFi2RZ6sFg
[3] https://www.alainet.org/es/articulo/202658
[4] https://www.alainet.org/es/articulo/172870
[5] https://www.pagina12.com.ar/118988-las-condiciones-del-fmi
[6] https://www.celag.org/errores-proyecciones-fmi-para-america-latina/
[7] https://www.celag.org/deuda-latinoamericana-argentina-y-el-fmi/

El FMI, MACRI Y SU MEGALOMANÍA

El FMI, MACRI Y SU MEGALOMANÍA

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

Por Pablo Jofré Leal*

El presidente argentino Mauricio Macri, en una desmedida e irreal comparación con la gesta libertaria de los héroes de la independencia de ese país, con una personalidad cada día más caricaturesca, comparó sus acuerdos con el FMI y los efectos sociales y políticos que han significado para Argentina, con los peligros y esfuerzos llevados a cabo por los padres de la patria al cruzar Los Andes en su lucha contra el dominio colonial español a inicios del siglo XIX.

Ante tamaño y megalómano paralelo histórico, elaspirante presidencial por el Frente de Todos, Alberto Fernández no tardó en responder señalando en un Twitter “presidente: nuestros héroes, con San Martín a la cabeza, lucharon por librar a nuestra Patria y a nuestro continente de una monarquía que nos sometía. Usted sólo supo entregar al país al FMI y a acreedores externos. Se podía hacer otra cosa. Nada heroico hizo usted”.

Mauricio Macri, tras la aplastante derrota sufrida en las Primarias Abiertas y Simultánea Obligatorias (PASO) del pasado 11 de agosto, a manos de la dupla conformada por el aspirante presidencial Alberto Fernández y su compañera de fórmula a la vicepresidencia, Cristina Fernández (que obtuvieron un 47,1% de los sufragios contra un 32,48% deLoficialista Juntos Por el Cambio)no ha escatimado promesas, discursos con cantos de sirena y ofertones para tener la oportunidad de volver a ocupar la presidencia.  Como también, asignar la culpa de todos los males que afectan a Argentina, no sólo al gobierno anterior presidido por la propia Cristina Fernández, sino que también una campaña del miedo ante la clara posibilidad, que en las elecciones presidenciales del 27 octubre próximo triunfe ampliamenteel binomio Fernández-Fernández.

Tal eventualidad aterroriza a “Juntos Por el Cambio”, la organización política que acoge a Macri y sus adherentes, no sólo porque echa por el suelo el sueño derechista de afianzarse en la conducción del país sino también porque pone en peligro, el seguir favoreciendo los intereses empresariales ligados al actual mandatario, su familia y amigos. Y, sobre todo, tener que responder políticamente, frente al millonario préstamo solicitado al Fondo Monetario internacional (FMI) por 57 mil millones de dólares, cuyo porcentaje mayoritario será gastado previo al fin del mandato presidencial pero, hipotecando al Estado argentino por varios años. Un empréstito destinado a suplir la enorme fuga de capitales o concretar millonarias licitaciones del Estado con ofertantes que se han adjudicado dichas licitaciones y que están vinculados a Macri y su círculo. El gobierno argentino ya recibió 44.000 millones de dólares del programa a tres años acordado en 2018, que seguramente será revisado en plazos y condiciones por el próximo gobierno, si los pronósticos se concretan respecto al Frente de Todos.

Recordemos que el financiamiento por parte del FMI,apoyado en el estrecho contacto que tenía Macri con la ex directora del Fondo Christine Lagarde se concretó cuando al gobierno argentino se le cerraron gran parte de las otras fuentes de financiamiento, donde pesaba la pésima evaluación sobre el manejo económico del país. La propia Lagarde, defendiendo el mega préstamo aseguró que “Argentina tocó a nuestra puerta. ¿Qué hubiera pasado si no hubiéramos estado ahí? ¿Si no hubiéramos hecho nada? Creo que hubiera sido mucho peor. Para mí no hay dudas al respecto. Nadie estaba preparado para dar financiamiento a ese país. yo fui por ahí, toqué a muchas puertas de muchos países, muchas palabras amables y apoyos gentiles, pero ninguna financiación “, sostuvo Lagarde, dando a entender que las dificultades, en el país sudamericano, serían aún peor de la que son hoy con una economía a la baja, tarifazos en los servicios básicos y transporte, subida generalizada en productos de primera necesidad. Despidos tanto en el sector público como privado, con cierre de miles de empresas, profundización de la recesión, cierre de ministerios y oficinas fiscales, reducción del gasto social y en general, con los ajustes estructurales que el FMI exige a nuestros países. ¿Se puede estar peor?

Los mandatos del FMI se han convertido en una receta crónica y perversa, conocida y experimentada por nuestros países latinoamericanos cuando se surte de dinero a gobiernos que suelen malgastar dichos préstamos usureros, que no benefician en modo alguno a la población y que suelen volver a las mismas arcas de donde salen en un ciclo retorcido y con efectos desastrosos para nuestras sociedades. En general, la carga del pago, las compensaciones asociadas son sufragadas por la población, la ciudadanía más vulnerable, la clase media, jubilados, los sectores jóvenes que suelen tener altos promedios de desempleo.Incluyendo recortes a sectores primordiales para el país como la salud, ciencia, cultura y educación. En ese marco,son los sectores más acomodados los menos afectados, quienes suelen blindarse frente los ajustes, ya sea depositando su dinero fuera del país o resguardándose gracias a medidas, surgidas desde los propios entes financieros gubernamentales, que suelen no dañarlos.

No se puede confiar en este tipo de organismos financieros,controlados precisamente por aquellos que son los dueños de los grandes capitales, que tienen a su cargo enormes sumas provenientes de fondos previsionales de gran parte de los países, que suelen aplicar recetas económicas que agravan la situación de nuestros países y que generan mayores grados de dependencia. Me refiero al Banco Mundial cuya sede está en Nueva York con cinco grandes accionistas (Francia, Alemania, Japón, Reino Unido y Estados Unidos) y el Fondo Monetario Internacional cuya sede radica en Washington. Entidades destinadas a intensificar el dominio del mundo por laseconomías hiperindustrializadas, que suelen ser las mayores acreedoras. Entidades que además suelen apoyar en forma enceguecida a gobiernos, que tienen el sello de la irresponsabilidad en el manejo de sus países.

No es casual que la propia Christine Lagarde, cuando aún ocupaba el cargo de directora del FMI y negociaba el acuerdo prestatario con Argentina señaló, en una entrevista en junio del 2019, tras un año desde el inicio del salvataje al gobiernode Macri que  “La economía argentina mostró una situación increíblemente complicada, donde varios actores, entre los que me incluyo, subestimamos la situación cuando se comenzó a negociar el programa de financiamiento para el país. Fuimos demasiado optimistas sobre los pronósticos de contener el alza de precios. La inflación era mucho más resistente de lo que pensábamos y que controlarla tomará mucho más tiempo de lo que anticipábamos”

El Premio Nobel de Economía y acérrimo crítico del FMI, Joseph Stiglitz sostiene que “la política económica del gobierno Macrista ha sido una apuesta fallida respaldada por una comunidad internacional cegada por modelos caducos. La situación se ha deteriorado tan rápido, que es muy difícil en este momento emitir un juicio. Creo que la Argentina, no debería haber contraído esos enormes préstamos del FMI como respuesta a sus problemas” Le esperan momentos duros a la Argentina, afirma Stiglitz “Debo decir una vez más que es a los banqueros a quienes habría que criticar, incluyendo, en este caso particular, al FMI al suministrar erradamente este préstamo, unido a los errores de Macri, como cuando empezó a eliminar los impuestos a la exportación para después comenzar de nuevo. Luego los errores del Banco Central con la forma en que se llevó a cabo la política monetaria y la estabilización. El FMI debió hacer sonar el silbato y no lo hizo, pensó que la política económica estaba bien y que por ello iban a aportar 50 mil millones de dólares. Un pensamiento mágico, un juicio enturbiado por la ideología. El FMI no estaba ayudando a la Argentina, sino violando la política de no intervención o intentando modelar la política argentina.

Según un informe entregado a fines del mes de septiembre por el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda, en el último año, Argentina perdió 155 000 empleos, lo que representa un puesto de trabajo menos cada un minuto y medio, “La desocupación alcanzó los dos dígitos en el segundo semestre del 2019 trepando al 10,6 por ciento. Creció 4,7 puntos porcentuales con relación al año 2015 y 1 punto porcentual con relación al 2018. Se estima en 2,2 millones de desocupados en la Argentina”, detalla el documento. En un dato escalofriante desde el punto de vista económico, el citado documento consigna, como ejemplo de la catastrófica administración del derechista Mauricio Macri, desde Argentina se han fugado 2,4 millones de dólares por hora, 57 millones de dólares por día y 20 mil quinientos millones de dólares por año. La misma cantidad de dinero prestada por el FMI.

El año 2019 no terminará bien para Argentina y para una enorme mayoría de su población, que tras cuatro años de gobierno de Macri ha transitado por un camino de crisis económica, como no se veía desde el año 2001. Con un déficit que podría llegar a los 600 mil millones de pesos argentinos, sobre todo intensificado por la decisión de Macri – con manotazos de alguien a punto de ahogarse – de acometer con los gastos destinados a incrementar en un 50% el servicio de la deuda con respecto al año 2018 y así cumplir las exigencias del FMI. Tiene razón el candidato presidencial Alberto Fernández y su candidata a la vicepresidencia al sostener que “se viene una etapa difícil y compleja para el país tras las elecciones presidenciales”.Palabras ciertas pero que no pueden servir para hacer un relato político similar (si triunfan en las presidenciales) al de un Macri, que en cuatro años, no dejó de asignar la responsabilidad de su mal gobierno a la administración anterior presidida por Cristina Fernández.

Lo que viene según el Frente de Todos, reafirmado en el comunicado que difundió después del encuentro con la misión del Fondo que el candidato Alberto Fernández  tuvo en agosto del 2019, es que el futuro gobierno deberá renegociar el acuerdo de Macri con el FMI. Sobre todo porque este organismo y el propio gobierno fracasaron estrepitosamente en los objetivos planteados: recuperar el crecimiento económico; generar empleo para combatir la pobreza (que ya supera el 32%), reducir la inflación (que se disparó al 53,9%) y bajar la deuda pública (que subió 29 puntos porcentuales del PBI). El Frente de Todos ha señalado reiteradamente que el “el programa económico que impulsa el Gobierno de Macri no refleja ninguna de las prioridades establecidas en la plataforma del Frente de Todos. Tampoco existen coincidencias con las recomendaciones de política impulsadas por el FMI cuyos créditos otorgados han sido utilizados, en gran parte, para financiar la salida de capitales”.

Macri, a pesar de cifras que permiten catalogar a su gobierno como uno de los peores en Argentina en los últimos 30 años, con un manejo económico deficiente, catastrófico. Una administración donde se ha favorecido descaradamente a su entorno de amigos y familiares. Donde las mayores licitaciones del Estado, han sido adjudicadas a sus cercanos, no ceja en considerarse un fuera de serie en materia política y económica. No tiene noción de realidad, sus delirios de grandeza no le permiten observar el daño causado, su ceguera le asigna responsabilidad al gobierno anterior y al que venga. Un megalómano que le ha costado a Argentina sus posibilidades de desarrollo y que le costará además, sangre, sudor y lágrimas, para salir del marasmo en que la ha sumido. Una Argentina con un futuro difícil y que sí o sí deberá asignar responsabilidades frente a un manejo político y económico escaso de luces, en un país cuya sociedad no merece seguir sometido a gobiernos mediocres.


* Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en temas principalmente de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de página WEB de análisis internacional ANÁLISIS GLOCAL www.analisisglocal.cl
De este lado, siempre habrá un pueblo organizado

De este lado, siempre habrá un pueblo organizado

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Por Miranda Cerdá Campano*

Hace dos años, Lenín Moreno llegaba a la Presidencia de Ecuador con la promesa de darle continuidad al proyecto político impulsado por Rafael Correa. Ese proyecto se vio traicionado por una serie de políticas que lo hicieron situarse en el grupo de los gobiernos conservadores de América Latina, aliados al imperio yanqui y sus políticas, tomando medidas que niegan una construcción sostenida por años.

A principios de este mes, Lenín Moreno anunció un paquete de medidas económicas consecuentes con el acuerdo que firmó en marzo con el Fondo Monetario Internacional. Por cadena nacional, el mandatario ecuatoriano anunció que se eliminaría el subsidio a las gasolinas y delineó reformas laborales y tributarias que benefician a los grandes grupos económicos en desmedro de los sectores trabajadores.

Bienvenido sea el Imperio

A mediados de 2018, con las visitas de altos funcionarios estadounidenses como Keith Mines, de la Oficina de Asuntos Andinos del Departamento de Estado, y del ex secretario de Estado, Thomas Shannon (en el marco de sus giras en contra de Venezuela), se aceleró la reedición de relaciones de buenos amigos entre los Gobiernos de Moreno y Trump, y Ecuador aceptó las líneas de cooperación económica y estratégica basadas en la “lucha contra el narcotráfico y la corrupción” y la “inversión extranjera”.

Ambas administraciones firmaron un memorándum de entendimiento y un convenio de cooperación que permitía a la Administración para el Control de Drogas yanqui (conocida con las siglas DEA) y al Departamento de Inmigración a actuar en territorio ecuatoriano. El acuerdo se produjo a pocos días de que en la frontera norte del país sean secuestrados y posteriormente asesinados a manos de un grupo delincuencial colombiano, los periodistas ecuatorianos Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra. Las presiones internas por ese hecho y la ofensiva diplomática estadounidense, iniciada unos meses antes, logró el retorno de las operaciones militares de la DEA, el FBI y otras agencias extranjeras a territorio ecuatoriano, bajo la excusa de la lucha contra las drogas en un país donde no existen cultivos, ni tampoco una profunda vinculación en el circuito económico del tráfico.

Si había algo seguía obstaculizando las relaciones con el imperio, era el asilo político otorgado a Julian Assange durante el gobierno de Rafael Correa. El fundador de Wikileaks no sólo era un hombre “peligroso” para Estados Unidos, también incomodaba a Lenín Moreno con algunos cables de cuando este era vicepresidente, que el portal publicó.

Los documentos daban cuenta de una preocupación excesiva de los EE.UU. por los problemas de salud de Moreno, que por entonces parecían impedirle su candidatura a la presidencia en 2013, como reemplazante de Correa. Esos cables confidenciales también muestran que la embajada estadounidense en Quito tenía como informantes a personas muy cercanas al actual presidente: eran los encargados de informar sobre la evolución de sus decisiones en relación a su posible candidatura presidencial.

¿Fueron dichos cables la razón del abandono de Assange por parte de Lenín Moreno? ¿O fue la renovada amistad entre Ecuador y EE.UU.? Quizás sea una mezcla de ambas cosas. Lo cierto es que esta decisión, junto al cambio de política respecto de Venezuela, le facilitó a Ecuador el acceso al préstamo de 4.200 millones de dólares del FMI.

Se agotó el discurso del odio

Como sucede en Argentina, durante todos estos meses Moreno agitó las banderas de que “todo es culpa del Gobierno anterior” y que “el pasado no va más”. Creyó que el respaldo de los medios de comunicación, la banca y las oligarquías de Quito y Guayaquil le permitirían sostenerse en la Presidencia. Pero lo que vive Ecuador es una crisis democrática de representación: la sociedad no siente que el Gobierno esté actuando en beneficio de las mayorías y agotado el discurso de odio que se venía imponiendo, el Presidente no tiene nada más para ofrecer.

El empleo se ha deteriorado, los servicios públicos escasean y no hay una construcción en defensa de la soberanía económica y política, como supo haberla en tiempos de Rafael Correa. Cabe recordar, que Lenín Moreno no ganó las elecciones planteando la salida de la Unasur, ni la adhesión al Cartel de Lima y mucho menos pactando con la vieja podredumbre política; ganó prometiendo continuar el proyecto de su antecesor y traicionó la propuesta desde el minuto uno.

Su imagen fue deteriorándose entre la población a medida que se alejaba del camino iniciado por la Revolución Ciudadana y que se comprendía que no era él quien gobernaba: tan sólo era la cara visible de un Poder Ejecutivo repartido entre los grandes grupos económicos, los medios de comunicación y, por supuesto, el imperio yanqui.

Un presidente que no tiene la capacidad de gestionar un Estado acaba siendo rehén de los intereses que lo sostienen en la medida que se los satisfaga. A su vez, la falta de autoridad terminó acarreando el deterioro de las instituciones que sistemáticamente intenta taparse con el discurso de la “pesada herencia”.

Ecuador es un ejemplo más de la incapacidad del neoliberalismo para brindar estabilidad económica, política y social, al mismo tiempo que deja entrever que acudir al gran prestamista mundial implica, para un país que previamente fue transformado bajo principios de soberanía, un retroceso inmenso.

Un pueblo con memoria

La fuerza del pueblo ha quedado manifiesta con la gran movilización indígena que ocupó Quito y otros puntos urbanos. El repudio al “paquetazo” neoliberal condujo al traidor a trasladar la sede de Gobierno a Guayaquil para alejarse de la creciente protesta social y cobijarse con la derecha social cristiana. La conciencia popular otorgó al pueblo ecuatoriano la posibilidad de pasar a la ofensiva y dejar solamente de resistir. Ahora, el rechazo al neoliberalismo salvaje se convierte en la posibilidad de reestructurar el orden político, económico y social.

La respuesta del gobierno ha sido la misma de siempre: la criminalización de la protesta, el establecimiento de un cerco informativo que oculte la realidad de los acontecimientos, el incremento de la represión y el establecimiento del toque de queda que se suma al ya establecido estado de excepción. Como es evidente, para el traidor de Moreno, la única forma de mantener el poder es a través de la fuerza. Y no sorprende: estas decisiones son condiciones impuestas por el FMI y los sectores empresariales de mayor poder. La injusticia de las decisiones gubernamentales se apoya en la reducción de derechos.

En la contundente respuesta social se anudan fuerzas y condiciones que pasan a definir una nueva coyuntura. Resalta el retorno de un movimiento indígena que, como en los años ‘90, retoma orientaciones y agenda empujado por las bases, y se observa una base correista que persiste a pesar de la descalificación y la estigmatización con que se les ha atacado desde diversos frentes. A diferencia de otros momentos de mandatos neoliberales, la movilización expresa la pérdida de los derechos conquistados durante el gobierno de Correa (bajo una fórmula que priorizó el trabajo por sobre el capital) y la resistencia al exterminio de las posibilidades de transformación que supieron abrirse.

Moreno se olvidó del pueblo y hoy todo el país se lo recuerda en las calles. La fuerza de los ecuatorianos recuerda que sí es posible resistir y organizar una contraofensiva a favor de los pueblos oprimidos del mundo.


*Periodista, columnista sobre Sudamérica del programa Marcha de Gigantes (Radio UNLP - AM 1390), redactora de Revista Trinchera y colaboradora de Agencia Timón.
La máquina de destruir empleos

La máquina de destruir empleos

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

Por Nasim Iusef Venturini*

Se perdieron 148.000 empleos en el sector privado durante el último año; no hay bono que revierta la crisis.

Ya pasaron casi 4 años de la Alianza Cambiemos en el gobierno y los resultados son calamitosos. Las propuestas de que la liberalización de las fuerzas del mercado iban a traer alegría y felicidad al pueblo siempre fueron una mentira, solo que cambió la cantidad de gente que sigue creyendo en ese pensamiento cuasi mágico, dada la evidente crisis a la que nos sumergió el paquete de políticas que implementó el macrismo.

El despilfarro fue inaudito. Se tomó deuda en los mercados internacionales por más de 100 mil millones de dólares en menos de dos años (mayo 16- febrero 18) y luego al no poder conseguir los dólares para afrontar los compromisos de deuda, acudieron al FMI solicitando el préstamo más grande de la historia de la institución que a los pocos meses tuvo que ser reformulado, alcanzando los 57.400 millones de dólares.

La noticia de la semana[1] fue el no desembolso de los 5.400 millones de dólares por parte del FMI a la espera de las elecciones presidenciales de fines de octubre. El organismo ya desembolsó el 78% del total del préstamo en menos de un año y la economía en estos últimos meses lo único que mostró fue la profundización de una crisis en la que hay severas responsabilidades por parte de la gestión de la política económica. Ni las condiciones en materia fiscal y monetaria que se acordaron tuvieron el efecto virtuoso de recomponer la marcha de la economía.

Lo perverso del plan es la profundización de la dependencia. El aumento de la deuda en dólares, que sirvió para financiar un nuevo proceso de financiarización y especulación de la economía demuestra cómo las estrategias de dominación hoy por hoy pasan por el endeudamiento brutal y los condicionamientos a las políticas económicas soberanas.

Con la renegociación del acuerdo con el FMI de septiembre del año pasado, se confirmó que en menos 4 años (2020-2023), se tendrá que pagar casi la totalidad del capital adeudado (información de la evolución de la deuda externa)[2], condicionando la política económica para pagar un endeudamiento que nada generó en términos de creación de empleo y desarrollo de la economía.

Recordando a Rodolfo Walsh, y sus palabras en la Carta Abierta a las Juntas Militares, vemos como ese proyecto de miseria planificada fue reeditado por la Alianza Cambiemos que, con el mismo andamiaje teórico de política económica, profundizó la desigualdad, la pobreza y la desesperanza.

La profundidad de la crisis se manifiesta a diario. Más cantidad de personas revolviendo la basura para poder comer, son consecuencias directas de un programa económico que destruyó la capacidad de generar empleo de la economía.

Según un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda[3] en el último año, se destruyeron 148.000 puestos de trabajo en el sector privado, es decir que por día 478 trabajadores se quedan sin su fuente laboral en un contexto de creciente desocupación.

Ante la situación de crisis que nos condujeron las políticas económicas de la actual gestión, el gobierno desesperado por juntar algunos votitos, le exige a las empresas del sector privado que den un bono a sus trabajadores por $5.000 para compensar el descalabro post PASO. Lo que olvidan es que para recomponer el poder adquisitivo de hace un año, es necesario un aumento de alrededor del $14.000, por un lado y por el otro que las ventas y la actividad económica se recompongan, para así disponer de los fondos para cubrir dicho bono.

Como perro que se muerde la cola, el macrismo termina la gestión aplicando mal las medidas que tanto criticó de la gestión anterior, defaulteando deuda para llegar a fin de año y con un proceso de deterioro del tejido social que se profundiza, mientras desde las voces oficiales se exacerba la violencia y la confrontación.

No servirán 30 anuncios ni 30 marchas oficialistas para revertir la crisis. El descalabro económico y social que está dejando el macrismo, tiene que servirnos como experiencia para no volver a cometer los mismos errores del pasado, para mejorar la gestión y la ejecución de las políticas públicas donde los derechos sean efectivos y donde nuestra sociedad no vuelva a ser engañada por cantos de sirena que nos condujeron a esta situación actual de naufragio.


* Lic en Economía, integrante del colectivo "Economía a pata", Co-conductor de “Promocionando la Salud” (Radio Futura – FM 90.5), responsable de la sección Economía de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

Bibliografía:
[1] https://www.ambito.com/lacunza-almuerza-el-fmi-siguen-negociando-giro-us5400-millones-n5056484
[2] https://www.argentina.gob.ar/hacienda/finanzas/presentaciongraficadeudapublica
[3] https://www.ambito.com/en-2019-se-perdio-un-puesto-trabajo-cada-minuto-y-medio-n5057021

Se profundiza el plan de miseria

Se profundiza el plan de miseria

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

Por Nasim Iusef Venturini*

Las políticas económicas adoptadas por la Alianza Cambiemos y avaladas e impulsadas desde las usinas del FMI condujeron al escenario de miseria y desesperación que está padeciendo nuestro pueblo .


Las consecuencias de la restauración del experimento neoliberal en nuestro país son evidentes, y la miseria planificada sigue su curso.
El desempleo de la población económicamente activa a nivel nacional ascendió a 10.6%, en las grandes ciudades supera el 11% (Gran Buenos Aires 12.7%, Salta 12.7%, Gran Córdoba 13.1%, Mar del Plata 13.4%), y en el sector de mujeres jóvenes llega al 23.4%.

El descontrol financiero sigue evidenciando una timba, donde quienes pueden acceder llegan a ganar $80.000 en una hora (Rulo vip. Ámbito Financiero[1]), gracias a la brillante aplicación del cepo que sigue permitiendo la sangría de dólares del Central. Mientras tanto se prolifera el hambre y la desocupación.

La volatilidad del dólar se refleja con la inconsistencia de las políticas económicas impulsadas. Los voceros oficiales y los mentimedios se hartaron de adjudicar a la emisión de dinero, la causa central de la inflación. Habiendo congelado la emisión desde el minuto cero, la Alianza Cambiemos no logró controlar la escalada de precios, alimentando una dinámica de redistribución negativa del ingreso.

Ante la situación de crisis auto infringida, el Banco Central durante el día 18 de septiembre, decidió levantar la restricción de emisión cero y habilitar la impresión de billetes, rompiendo un punto más del acuerdo de endeudamiento con el FMI.

A su vez luego de las PASO, se dispuso el congelamiento del precio de las naftas por 90 días, que no duró, y el día 19 de septiembre se habilitó el aumento de las mismas por un 4%, con promesas de aumentos futuros. Presionando aún más las subas de precios en los meses venideros.. Lo que está fallando es el modelo económico.

El 15 de septiembre el Ministro de Hacienda presentó en Diputados el proyecto de Ley de Presupuesto para 2020, con una dudosa proyección macroeconómica[2], un ajuste real en varios sectores sensibles y un aumento de los servicios de deuda que demuestra cuál es la prioridad. Pagar las deudas, sin importar que ello asfixie la economía, profundizando la recesión, el desempleo, la pérdida de derechos y la dignidad.

Tomando algunos números del Proyecto de Ley de Presupuesto, observamos cuál es la prioridad. El aumento del presupuesto general respecto al año pasado es de 49.7% que si le restamos la inflación interanual actual del 54.5%, observamos que sólo los servicios de deuda aumentaron en términos reales (por encima de la inflación), quedando el resto de los rubros seleccionados con grandes rebajas respecto al año anterior.

El plan de miseria avanza y es inminente la necesidad de que la economía vuelva a generar empleo para recuperar la capacidad productiva, para restablecer derechos y devolver la dignidad que estos años de neoliberalismo nos han arrebatado.

Las recetas  de liberalización cambiaria y tarifaria que aplicó la Alianza Cambiemos, no lograron los milagros que proponían en campaña y los problemas estructurales de nuestra economía se profundizaron.

A menos de tres meses de la finalización del mandato, la economía sigue en una profunda recesión, la fuga de divisas no se frena ni con el cepo actualmente impuesto. La industria se encuentra en niveles muy bajos de utilización de capacidad instalada (UCII julio 2019 58.7%[3]) y el endeudamiento en dólares ha alcanzando máximos históricos.

En economía no hay recetas mágicas, y nuestra realidad nos invita a dimensionar cuáles son los problemas estructurales, sin sesgos ideológicos (la derecha es quien más sesgos y cegueras ideológicas padece), y poniendo en agenda que la crisis actual es producto de las políticas de liberalización de la economía, podemos afirmar que sólo generan hambre y miseria.

Nuevamente el experimento neoliberal deja a la Argentina con un endeudamiento brutal que atenta contra toda posibilidad de soberanía económica. Quienes son responsables de este descalabro deberán ser juzgados, no solo repudiados, ya que el daño sobre el tejido social es, en muchos casos, irreversible.


* Lic en Economía, integrante del colectivo "Economía a pata", Co-conductor de “Promocionando la Salud” (Radio Futura – FM 90.5), responsable de la sección Economía de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Trinchera.

Bibliografía:
[1] https://www.ambito.com/rulo-vip-como-ganar-mas-80000-la-bolsa-menos-una-hora-n5055527
[2] https://www.ambito.com/presupuesto-2020-inflacion-del-34-dolar-promedio-67-y-crecimiento-del-1-n5053966
[3] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/capacidad_09_192842E46CC6.pdf

Lo que agosto nos dejó

Lo que agosto nos dejó

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Por Nasim Iusef Venturini*

Durante el mes de agosto asistimos a un capítulo más de la crisis económica a la que condujeron las políticas de la Alianza Cambiemos.

Desde que asumieron, se advirtió por todos los medios posibles que el esquema de valorización financiera (bicicleta en la jerga popular) iba a conducir a nuestra economía a una crisis sin precedentes, con consecuencias sociales difíciles de resolver.

La Alianza Cambiemos y su lógica de mantener el poder a como dé lugar recurrió a lo más rancio de las políticas clientelares, amenazando a les trabajadores con sus puestos de trabajo, ejerciendo persecución política, y un nivel de exacerbación de la violencia contra la otredad (construcción del enemigo en lo negro, lo popular, lo peronista, lo kirchnerista) que rememoran períodos de lo más oscuro de nuestra historia.

En este mes las reservas internacionales cayeron u$s 13.801 millones de dólares, el peso se devaluó un 23 %, el riesgo país pasó de 781 en julio a 2532 (en agosto) y el nivel de desempleo supera el 10 %; esto nos permite evidenciar la responsabilidad política que tiene la gestión de la Alianza Cambiemos sobre la crisis social y económica que atraviesa nuestro país.

Todas y cada una de las medidas tomadas por el macrismo desde el 2015 tuvieron falta de consistencia y coordinación. El intento de bajar la inflación mientras se permitían aumentos de tarifas lo que hizo fue derretir el poder de compra de los salarios, en un contexto donde sistemáticamente se destruyeron puestos de trabajo.

La apertura indiscriminada de las importaciones, las facilidades a los movimientos de los capitales golondrinas y la política de contención de la devaluación mediantes tasas de interés altísimas, dio como resultado una destrucción del entramado industrial con graves consecuencias sociales en las grandes ciudades, conduciendo al desamparo masivo de miles y miles de habitantes del suelo argentino que están padeciendo este gobierno, donde unes poques riques juegan a cómo gobernar, y mientras tanto saquean y endeudan al país.

La lógica de echarle la culpa a les otres y no hacerse cargo de la crisis socioeconómica a la que condujo nuevamente seguir las recetas neoliberales tuteladas por el Fondo Monetario Internacional, plantea un desafío importante: con ese programa atacaron la posibilidad de construcción de políticas económicas soberanas y muches creen que el camino es seguir los designios del FMI, ajustar hasta hacer desaparecer el Estado, dejar total libertad a los mercados y que les negres, peronistas, kirchneristas y populistas se mueran de una vez por todas y dejen el país a la “gente de bien”.

Por suerte nuestro pueblo tiene historia, no todo está perdido y el día 11 de agosto hubo un rechazo frontal a la propuesta neoliberal de ahora Juntos por el Cambio, que perdió por 16% a nivel nacional y por más de 17% en provincia de Buenos Aires y otros distritos claves.

La propuesta del Frente Todos propone una agenda política de recuperación del trabajo para activar la economía y permitir la utilización de los resortes del Estado para la ejecución de políticas públicas inclusivas y de contención que puedan amortiguar la crisis en la que nos hundieron estos cuatro años de políticas neoliberales.

El camino no será fácil, la construcción de derechos es responsabilidad de todes. Lo que tiene que quedar claro es que no se puede rifar la posibilidad de decisiones soberanas de un país motivado por un discurso de odio y resentimiento.

La hora del Boca-River, River-Boca ya pasó. Es hora de poder construir con sinceridad y dignidad el futuro que queremos para les que vendrán, y a quienes entorpecen con discursos arcaicos y retrógrados, la historia les pondrá en su lugar; para todo el resto, la marea sigue y seguiremos en pie.


* Lic en Economía, integrante del colectivo "Economía a pata", Co-conductor de “Promocionando la Salud” (Radio Futura - FM 90.5), Redactor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
No hay que cambiar un gobierno, hay que cambiar un sistema

No hay que cambiar un gobierno, hay que cambiar un sistema

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por Nicolás Sampedro*

Si bien en el último tiempo no les fue tan redituable, ha sido moneda corriente la utilización de la situación de Venezuela por parte de los gobiernos cipayos para deslegitimar a los procesos populares de las últimas dos décadas.

El posicionamiento de los medios de comunicación hegemónicos y sus repetidores (conscientes o no) al respecto ha buscado generar en el pueblo una asociación directa de la palabra “Venezuela” con el caso, la pobreza, la represión, el autoritarismo e incluso con el término dictadura.

La frase “Vamos camino a ser Venezuela[1] se repitió hasta el hartazgo en casi todos los canales de televisión, en gran parte de las radios, en casi todos los periódicos de alcance nacional y en las discusiones en redes sociales. A decir verdad la situación actual Argentina -bajo el gobierno de Cambiemos-, muy por el contrario a lo que se intenta que crea nuestro pueblo, es incluso peor.

Lo primero que habría que señalar, es el hecho de que las calificadoras de riesgo y los organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial, la OEA u otros son instrumentos del capital concentrado para legitimar o deslegitimar a gobiernos según su afinidad. Motivo por el cual, lo que digan estas instituciones debe caracterizarse como de quién viene, cosa que los medios de comunicación precisamente ocultan por responder a sus mismos intereses.

En segundo lugar, la gran diferencia entre ambos procesos se caracteriza por el rol que cumple el Estado en la defensa de los intereses de las grandes mayorías y del interés nacional, por sobre el de las corporaciones, los poderes financieros internacionales y el imperio norteamericano.

Mientras en Argentina Macri causa una crisis colosal, asegura los negocios de sus amigotes, se subordina a los designios gringos y colabora en el experimento del FMI, en Venezuela Maduro defiende a su pueblo de la voracidad imperial, realiza ayudas muy significativas a les más necesitades e impulsa la construcción de un mundo multipolar que se base en el respeto y la cooperación entre los pueblos.

Mientras Macri es ayudado por su jefe del norte para que la Argentina vuelva a estar atada de pies y manos de los organismos internacionales y de acreedores privados que sólo buscan rapiñar, Maduro se enfrenta al imperio y busca vías alternativas en asociación estratégica con Rusia, China, Irán para intentar sortear el bloqueo criminal impuesto por Donald Trump y sus aliados. La disputa de fondo es la misma: saquear y rapiñar los bienes comunes o recursos naturales de nuestras naciones y pueblos.

El 21 de agosto del año pasado en un artículo titulado “Todavía estamos a tiempo[2] retomábamos las palabras del Dr. de Estado en Economía, Jorge Beinstein, quien en su último libro analizaba el carácter de la familia Macri y el componente mafioso de la lumpenburguesía parasitaria y de la oligarquía argentina que llegó al gobierno a finales de 2015.

En ese artículo señalábamos la necesidad de asumir la responsabilidad histórica que teníamos como pueblo, para generar las condiciones subjetivas que entierren el experimento oligárquico que en ese entonces ya estaba llevando hacia el abismo a nuestro país.

Sólo dos semanas después, publicábamos otro artículo de opinión titulado “El shock room argentino”[3]. En esa oportunidad retomábamos las investigaciones de la periodista canadiense Naomi Klein y cómo los poderes globales han utilizado desde los años 60 en adelante la política de shock para implementar reformas neoliberales ante crisis de diversa índole a lo largo y ancho del planeta. En Argentina el ejemplo más concreto sería la dictadura cívico-eclesiástico-militar.

Lo acontecido durante este año reafirma lo que se pronosticaba en aquel entonces: un gobierno compuesto por una mafia que sólo buscaba hacer suculentos negocios con las estructuras del Estado a su favor; un sistema internacional permisivo con estos experimentos, con un Trump presionando para que el FMI haga el préstamo más grande de su historia (incluso salteándose sus propias reglas) para sostener al jardinero Mauricio, fiel siervo lacayo del imperio; y un pueblo que en algún momento reaccionaría por más shock que intentaran imprimir.

El pueblo argentino demostró madurez política y verdaderos deseos de vivir en paz, no por ello dejó de luchar en cada lugar donde le fuese necesario. Ya sea en las calles con enormes movilizaciones, en la discusión de los sindicatos en la defensa de los derechos de les trabajadores, o en las urnas, con la aplastante derrota electoral al experimento oligarca argentino.

Ahora bien, la montaña rusa en la que ha entrado Argentina luego de las PASO, no sólo representa un gran riesgo, sino un gran desafío para nuestro pueblo. Las presiones internacionales, de los grupos concentrados de poder, de los medios de comunicación e incluso del derrotado oficialismo, para con Alberto Fernández no han cesado desde entonces.

Desde todos los lados posibles se pretende acorralar al candidato de Todes para que continúe en la línea trazada por Trump y los grupos de poder financieros internacionales y seguida al pié de la letra por Macri.

El desafío para el pueblo argentino no sólo será abrazar a les Fernández y llevarlos en octubre a un triunfo aún más contundente, sino condicionarles para que muchas de las cosas que están mal y aportaron a que se genere el desastre actual no se vuelva a repetir.

Si se las analiza fríamente, las situaciones de crisis no son ni buenas ni malas. Son una oportunidad para transformar lo existente en algo nuevo. Como relata Naomi Klein en su libro “Decir no, no basta”, ésta lógica de shock la han implementado desde hace décadas el imperio y los grupos concentrados de poder para imponer medidas neoliberales que los favorezcan.

Ahora le toca al pueblo imponer sus condiciones en detrimento de los ganadores de siempre. Hay que darse una profunda reflexión sobre la matriz productiva, sobre la forma matriz impositiva, sobre el ordenamiento jurídico y constitucional. Hay que parar de desangrar al pueblo y que la exuberante deuda que contrajeron que la paguen ellos. Expropiarles hasta la última pertenencia si hace falta, pero que no se salgan con la suya y salgan libres de culpa y cargo.

Luego de la crisis del 2001 una de las cosas que se analizaban era que la madurez política del movimiento popular organizado argentino no había logrado ser parte del nuevo gobierno que había surgido. Las condiciones actuales son mucho más favorables para que lo que surja en diciembre cuando asuma el próximo gobierno nacional y popular, cambie de raíz las lógicas de funcionamiento y que nunca más sea el pueblo quien pague las consecuencias de lo que hace un grupúsculo minoritario y enriquecido.

Esos cambios profundos no sólo son una necesidad histórica para que haya felicidad y prosperidad con justicia social en nuestro pueblo, es una necesidad humana, si pretendemos seguir existiendo como especie. No hay que cambiar un gobierno, hay que cambiar un sistema.


* Periodista especializado en temas internacionales, conductor del programa Marcha de Gigantes (AM 1390 Radio UNLP), productor del programa Columna Vertebral (Radio Estación Sur - FM 91.7), columnista del programa La Marea (Radio Futura – FM 90.5) editor de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.

Bibliografía:
[1] https://actualidad.rt.com/actualidad/308995-mauricio-macri-venezuela-destino-evitado
[2] https://revistatrinchera.com/2018/09/21/todavia-estamos-a-tiempo/
[3] https://revistatrinchera.com/2018/10/07/el-shock-room-argentino/

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