EEUU se reacomoda geopolíticamente sin el uribismo

EEUU se reacomoda geopolíticamente sin el uribismo

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Todo tiempo pasado fue mejor, sobre todo si lo dice un imperio en declive. La hegemonía estadounidense que lo convirtió en el polo dominante de la geopolítica mundial tras el fin de la “guerra fría” está sufriendo golpes que parecen mortales.

Ante este panorama, los Estados Unidos han decidido que lo mejor es mirar al pasado y volver al mejor escenario posible para sus intereses. Desde el “Haz América grande otra vez” de Trump hasta el “reconstruir el mundo mejor” de Biden, todas sus iniciativas miran ya con nostalgia el tiempo que pasó y evidencian la inminencia del cambio que no les favorece.

Pero mientras el poder creciente de China y Rusia apunta a construir un mundo multipolar, o al menos tripolar, Estados Unidos intenta dividir de nuevo el mundo en dos: quienes están a su favor y quienes están en su contra, para regresar al mundo bipolar en el que supo manejarse durante más de cuatro décadas.

El problema para América Latina y el Caribe es que, en ese intento de volver a partir el mundo en dos, controlarla es imprescindible para los Estados Unidos, que la considera tan suya que ve como un problema de seguridad interna cualquier insubordinación de los Estados soberanos que la conforman o rebelión de sus pueblos.

Los primeros pasos del B3W sobre América Latina y el Caribe

Durante la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático número 26 (COP 26) que se realiza este año en Escocia, Joe Biden presentó nuevamente la iniciativa Build Back Better World (B3W) que ya había sido lanzada hace unos meses en el encuentro del G7, con la que Estados Unidos pretende competir con la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de China para, en primera instancia, frenar el avance del gigante asiático en la región.

En esa conferencia lo acompañaron representantes del G7 y asistieron, entre otros, los presidentes de Colombia, Ecuador, Panamá y Costa Rica, quienes ese mismo día acordaron la conformación de un Corredor Marino del Pacífico este tropical, que en principio se plantea como la ampliación de zonas marítimas protegidas para la conservación de la biodiversidad abarcando el Parque Nacional de Gorgona y el santuario de flora y fauna de Malpelo, en Colombia; la isla de Coco, en Costa Rica; Galápagos, en Ecuador; y la isla de Coiba, en Panamá.

La realidad es que este cinturón de 500 mil kilómetros cuadrados está inmerso en el plan de infraestructura presentado por Biden y se plantea como una “zona ecológica libre de pesca”, específicamente para impedir la pesca de barcos chinos.

Corredor marino del Pacífico este tropical – Misión Verdad

Lo más importante que esconde este acuerdo son las actividades militares en el archipiélago de Galápagos, al que el ex ministro de Defensa de Ecuador, Oswaldo Jarrín, describió como un “portaaviones natural” cuando el gobierno de Lenín Moreno autorizó a los Estados Unidos a ejecutar la ampliación del aeropuerto de San Cristóbal ubicado en ese territorio insular, para la instalación de radares y la operación de aviones estadounidenses.

Israel, el último salvavidas del uribismo

A pesar de que Iván Duque cumpliera la tarea asignada de conformar este cinturón en el Pacífico para articularlo al B3W, sus relaciones con el actual gobierno estadounidense son escasas, lo que de todos modos no impide que las coordinaciones militares continúen su curso ni que avancen los intereses económicos de los Estados Unidos en Colombia.

Así lo demuestran los tres altos funcionarios del gobierno estadounidense que visitaron Colombia estos últimos dos meses.

En septiembre Craig Faller, quien había sido designado por Donald Trump, estuvo en Colombia durante su última gira por la región antes de entregar su mando en el Comando Sur a la generala Laura Richardson.

Pocos días después llegó Daleep Singh, asesor adjunto de seguridad nacional del actual presidente estadounidense. Singh estuvo acompañado por David Marchick, director de la Corporación Financiera de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional; Ricardo Zúniga, subsecretario adjunto de Estado principal para Asuntos del Hemisferio Occidental y enviado especial para el Triángulo Norte; así como funcionarios de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), del Departamento de Comercio, del Departamento del Tesoro. La tarea fundamental de Singh fue precisamente avanzar con la B3W y, a juzgar por su recorrido, la conformación de este cinturón en el Pacífico este tropical.

Cerró el ciclo de visitas Anthony Blinken, Secretario de Estado, quien en la rueda de prensa que diera junto al presidente colombiano le hizo el reclamo por las violaciones de derechos humanos ocurridas en el contexto de represión al Paro Nacional en Colombia. Seguramente un poco para satisfacer las demandas de sus ONG y algunos sectores del Partido Demócrata estadounidense y, más que todo, para lavarse las manos ante la opinión pública de los crímenes que se comenten con su definitivo apoyo financiero, policial y militar.

Blinken también destacó la importancia que tiene para su país la crisis migratoria, pero no la venezolana sino la de haitianos y haitianas que han llegado al tapón del Darién, frontera de Colombia con Panamá, en su mayoría provenientes de Chile. El énfasis lo hizo justamente en la incorporación de Colombia a la iniciativa B3W.

Pero desde que Biden asumiera la presidencia en enero de este año, ningún encuentro entre los presidentes de ambos países se había dado hasta la pasada cumbre COP26, a pesar de los ingentes esfuerzos del presidente uribista que incluso fue dos veces a Washington este año. Añadiendo otra razón para que la oligarquía colombiana perciba la urgencia de una salida definitiva del uribismo de la Casa de Nariño.

Por esta razón, Duque sobredimensionó mediáticamente su saludo con Biden durante esa corta reunión para el lanzamiento de la B3W, pero la verdad es que el presidente colombiano fue solo uno más y nunca logró una reunión bilateral con el jefe de la Casa Blanca.

Es evidente que Biden no tiene interés en vincularse al uribismo que cerró filas con Trump durante las pasadas elecciones estadounidenses y se aproxima a una debacle electoral. Es previsible que en su lugar, la Casa Blanca decida apoyar candidaturas más moderadas o incluso progresistas en las próximas elecciones en Colombia y por similares razones, también en Chile. Y aunque hay elementos para pensar que Trump pudiera volver a la presidencia norteamericana en tres años, de todos modos son malos tiempos para el uribismo.

Sin el paraguas de la presidencia estadounidense, el que parece ser el último gobierno de Uribe busca un refugio estratégico y ha acudido nada menos que a la protección del poderoso lobby sionista que tantos tentáculos tiene en Colombia.

Es por eso que hace pocos días Colombia reconociera como territorio marroquí al Sáhara Occidental, siguiendo los pasos de Trump para acercar a Marruecos e Israel. Lo que constituye un grave desconocimiento de la historia del pueblo saharaui e incluso de las disposiciones de la ONU.

Diez días después, el presidente colombiano inició su primera visita a Israel, donde comenzó hablando del tratado de libre comercio y terminó departiendo sobre las nuevas coordinaciones militares para combatir lo que los sionistas llaman “el terrorismo internacional”. El renovado apoyo del Estado sionista anuncia nuevos escenarios de guerra en los que el uribismo ve su tabla de salvación.

Con esta maniobra, Duque consiguió cambiar la foto más importante de la semana para describir el papel del gobierno colombiano en la geopolítica imperialista. La imagen del saludo distante que le dio Biden en la COP26 quedó desplazada por la del primer presidente colombiano que se arrodilla frente al muro de los lamentos.

Artículo publicado originalmente en el portal Misión Verdad

María Fernanda Barreto
María Fernanda Barreto

Escritora, investigadora y educadora popular colombo-venezolana, integrante de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad

Lacalle, Piñera, Duque y Abdo, los jinetes del Grupo de Lima

Lacalle, Piñera, Duque y Abdo, los jinetes del Grupo de Lima

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Los presidentes derechista de Chile y Uruguay, Sebastián Piñera y Luis Lacalle Pou, parece que toman la bandera del Grupo de Lima para reflotar otro grupo, alianza o cumbre. No importa cual sea el nombre sino atacar al “eje del mal” como se lo ha denominado desde Washington a Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Cuatro presidentes y el Rey español a la asunción de Lacalle Pou en Uruguay — MercoPress

El cuarteto de Piñera en Chile, Duque en Colombia, Abdo en Paraguay y Lacalle en Uruguay, juegan su rol regional luego de haber perdido Perú y Bolivia como aliados en el gobierno. El banquero Guillermo Lasso en Ecuador está imbuido en sus propios asuntos y ni qué hablar del ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil, donde la derecha brasileña busca un bolsonarismo sin él.

Luego de la bofetada que el movimiento popular le acertara al presidente uruguayo, con una recolección de 800.000 firmas (en un país de tres millones de habitantes) para derogar el núcleo duro de su buque insignia, la Ley de Urgente Consideración (LUC),  Lacalle Pou apostó fuerte a su supuesto rol internacional en un mensaje al interior de su país, enmarcado en su permanente campaña de imagen en medios tradicionales y redes sociales.

Presidente Luis Lacalle Pou recibió a su par de Chile, Sebastián Piñera | Am 550

El lunes 27 de setiembre, el presidente se reunió con el mandatario chileno Sebastián Piñera. «Siempre es un gusto recibir a un presidente de otro país. En este caso, con algunos temas importantes como por ejemplo la Alianza Atlántico-Pacífico que es importantísimo», dijo el mandatario uruguayo.

La llegada de Piñera a Uruguay se dio en el marco de una serie de visitas oficiales que también incluyó a Colombia y que finalizará en Paraguay. La gira comenzó el viernes 24 y se extenderá hasta el próximo 29 de setiembre.

Pero hay que tener en cuenta el eventual efecto búmeran que podía sufrir Lacalle Pou con el argumento de los Derechos Humanos (1). Abrazarse con Piñera, es obviar el estallido social y las protestas que derivaron en un proceso constituyente en Chile y que tuvo gran repercusión las prácticas brutales del cuerpo de Carabineros. Esta misma semana se produjeron ataques xenófobos de chilenos contra migrantes venezolanos migrantes en dicho país. Todo un gesto de época.

Ni hablemos de Colombia y las sádicas policía nacional y fuerzas armadas. Basta con conocer el caso de un joven que fue decapitado y su cabeza apareció en una ciudad y el resto de su cuerpo en otra. ¿Y los derechos humanos para Lacalle Pou dónde quedan?

La afinidad que existe entre los gobiernos de  Paraguay y Uruguay es de las más fuertes y, además, con vínculo personal de este cuarteto. Obviamente Lacalle Pou ha hecho caso omiso a los interminables maltratos y vejaciones que sufren los campesinos en tierras guaraníes, por solo nombrar un ejemplo. Ni hablemos de la connivencia con el narcotráfico.

Para esgrimir a voz alzada en una cumbre internacional sobre los derechos humanos, desde un altar de moral, hay que tener un gobierno y aliados que estén a la altura: si no, simplemente es coreografía. Máxime si la indignación pasa por el filtro de los compinches ideológicos. Peor aún si define que su gobierno en materia internacional no se va a manejar con tintes ideológicos pero sigue el manual de la Secretaría de Estado y el Comando Sur de Estados Unidos.

Lacalle, hasta el momento, funge de ariete en las acciones contra el Mercosur y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y ese es un traje en el que se siente a gusto. Por sus paseos televisivos por Argentina ha sido vitoreado en su país, aunque más bien fue usado como tiro por elevación contra el presidente Alberto Fernández.

Ahora recibió elogios del exasesor de imagen del expresidente neoliberal Mauricio Macri, el ecuatoriano Jaime Durán Barba. En una entrevista virtual dejó algunas frases: “Uruguay no ha buscado liderazgo regional, pero Lacalle Pou está preparado para eso.” Lacalle  “es el presidente más sistemático y organizado del continente en este momento”, sentenció el publicista.

Los cuatros jinetes van galopando el continente para seguir sembrando desgracia.


Notas

1.- Ver Luis “Lacayo” Pou, el fusible provocador de la Casa Blanca https://estrategia.la/2021/09/23/luis-lacayo-pou-el-fusible-provocador-de-la-casa-blanca/

Artículo publicado originalmente en Periferia

Nicolás Centurión
Nicolás Centurión
Colombia: Ojo con la Reforma a la Salud

Colombia: Ojo con la Reforma a la Salud

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El Gobierno colombiano presentó el pasado 15 de abril una serie de proyectos al Congreso, entre sus propuesta el Ejecutivo radicó la reforma tributaria, a la cual denominaron “Ley de Solidaridad Sostenible”.

Dicho proyecto, al ser socializado por el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, prendió las alarmas en todos los sectores políticos y sociales del país, pues en medio del tercer pico de la pandemia y el más agresivo, el Ejecutivo busca recaudar aproximadamente 23 billones de pesos para estabilizar las finanzas públicas, con un texto que pone toda la carga impositiva sobre las clases media y baja.

En el documento, el gobierno de Iván Duque buscaba aumentar el IVA al 19% para productos de la canasta básica familiar, tales como los huevos, la leche, el pan, los servicios fúnebres, los servicios públicos, la gasolina y hasta poner a declarar renta a personas naturales con ingresos de $1.600.000 (unos 428 dólares al mes). En fin, una serie de medidas tan regresivas que hasta su propio partido político le criticó y le pidió cambios.

Como era de esperarse, en un país donde según los últimos registros publicados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) la pobreza es de aproximadamente el 42% de la población -alrededor de 21 millones de habitantes- y la cifra de desempleo con respecto al mismo período del año anterior es del 14,2%, el nefasto texto derivó en un motivo más para que las movilizaciones que estaban programadas por los sindicatos para el 28 de abril, se convirtieran en un paro nacional indefinido.

Con todos estos ingredientes, la crisis social estalló y en el 28A salieron a las calles las centrales obreras, los grupos sociales, la academia, los jóvenes, los dirigentes políticos y una gran cantidad de ciudadanos y ciudadanas a exigir al presidente que retire la reforma. Una reforma que de por sí ya había nacido muerta, pues todos los partidos políticos, tanto los de la coalición de gobierno como los independientes y de la oposición, anunciaron al mismo tiempo en el Legislativo que votarían de forma negativa, debido al impacto que generaría en la ya maltratada clase media y en los más pobres del país.

Aún cuando el presidente Iván Duque tenía todos los escenarios en contra y sabía que su reforma no tenía cómo prosperar, el mandatario no retiró el texto y generó varios días de movilizaciones, las cuales reprimió con el escuadrón antidisturbios y hasta con las fuerzas militares. A la fecha de redacción de este artículo, el 2 de Mayo, y pese a haber retirado la reforma tributaria este mismo día, la represión y las violaciones a los derechos humanos de los manifestantes por parte de la fuerza pública se siguieron dando, tal como lo evidenció José Miguel Vivanco de la ONG Human Rights Watch en su cuenta de Twitter, donde manifestó que han podido confirmar 6 muertos relacionados con las protestas.

Mientras escribo en mi estudio en la ciudad de Medellín, me quedan varios interrogantes: ¿Por qué el presidente, sabiendo que no tenía mayorías para aprobar una reforma tributaria, no retiró el texto antes? ¿Por qué esperar 4 ó 5 días para retirar un proyecto de Ley que la academia y todos los sectores habían pedido rechazar? ¿Por qué esperar a que la indignación, el desespero y el hambre de los ciudadanos derivaran en desmanes, muertos y represión? Sencillamente, ¿por qué esperar varios días para algo que sabía que debía hacer?

No quiero parecer un hombre que cree en teorías conspirativas, o un tipo que desconfía de la buena fe de su gobierno, pero sí me genera inquietud que mientras el pueblo estaba rechazando en las calles este terrible proyecto de reforma tributaria, en el Congreso avanza otro proyecto de Ley, el 010 de 2020, la Reforma a la Salud.

Así es, mientras la gente en las calles manifestaba el hambre y la rabia por las acciones indolentes de su gobierno, en el Legislativo avanza una reforma que, entre otros aspectos, busca -de cara a otras emergencias sanitarias- entregar el manejo de la salud de los colombianos a las EPS. Una delicada reforma neoliberal que sugiere entregar a los privados los servicios de salud de todos los ciudadanos y ciudadanas del país, un proyecto de ley que busca entregar la salud pública a las multinacionales.

Vamos a ver en qué termina todo esto, lo que sí parece claro es que el gobierno colombiano usó la reforma tributaria como la cortina de humo o el caballo de Troya perfecto para entretener al país mientras la reforma a la salud, mientras la Ley 010 sumado a la ya aprobada Ley 100, privatiza el derecho a la salud de las y los colombianos.

Esto es Iván Duque jugando a la serie House Of Cards.

Daniel Castro
Daniel Castro

Colombiano, economista en formación, activista por la paz, dirigente político.

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