Las derivas del neoliberalismo pospandémico a las tinieblas de la “izquierda”

Las derivas del neoliberalismo pospandémico a las tinieblas de la “izquierda”

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por Nicolás Centurión* y Eduardo Camín**

“Es un hecho que el mundo está cambiando y para peor. Los horizontes posibles que se nos aproximan no auguran buenas nuevas para los que vivimos en América Lapobre como diría un compatriota uruguayo. El horizonte ya no se nos aparece lejano como la utopía  para caminar, como diría otro uruguayo más, sino que viene hacia nosotros a paso firme como una distopía. O visto del otro lado del mostrador, como la utopía de la élite mundial.”


En nuestros días, el ritmo vertiginoso de transformación del mundo globalizado, de complicación técnica, de automatización laboral, de creación científica, de mentiras reales y verdades virtuales, nos impone una ráfaga de necesarias innovaciones en la convivencia social.

Una innovación impuesta, un armado que nos excede y que al mutar la realidad nos obliga a pensar alternativas, a llevar el análisis un poco más allá de lo que se nos presenta como aparente y a descartar de una vez por todas, viejas recetas esquemáticas y dogmáticas.

Es tentadora la situación de querer anticiparnos a lo que va a suceder. De poder prever aunque sea una pequeña escena de este guión incierto. Hoy, académicos e intelectuales  aparecen confundidos  en las redes sociales, presionados por su narcisismo y las exigencias del mercado editorial o mediático, buscando pruebas que avalen sus posiciones ideológicas y que les ayuden a distinguir quienes son los buenos y quiénes son los malos.

Pero los intelectuales de izquierdas ya no buscan construir armas de lucha contra el capitalismo, ni alimentar las resistencias: sólo se ocupan de encontrar ese dato, esa historia humana, ese argumento que les permita seguir publicando libros, seguir dando entrevistas a los medios masivos y sosteniendo sus posiciones como si en ello les fuera la vida. Unas posiciones que coinciden con los intereses y las lógicas de expansión capitalista.

Es un hecho que el mundo está cambiando y para peor. Los horizontes posibles que se nos aproximan no auguran buenas nuevas para los que vivimos en América Lapobre como diría un compatriota uruguayo. El horizonte ya no se nos aparece lejano como la utopía  para caminar, como diría otro uruguayo más, sino que viene hacia nosotros a paso firme como una distopía. O visto del otro lado del mostrador, como la utopía de la élite mundial.

Estados más policiales, generaciones enteras de niños y adolescentes criados en un higienismo extremo. Los cuerpos dóciles, las mentes palpitando paranoia en cada exhalación, la voluntad de las almas predigitada. Las empresas farmacéuticas calzándose las botas de siete leguas para avanzar en su fortuna, el sistema financiero ampliando sideralmente su ventaja con respecto al capital industrial.

Hasta no hace mucho estábamos debatiendo sobre el ascenso de los nacionalismos de ultraderecha en la vieja Europa, sobre la guerra comercial entre Estados Unidos y China, sobre la disputa de la hegemonía por el 5G y más. En unos pocos meses poder lavarse las manos pasó de ser un bien suntuoso en esta “nueva normalidad.”

Ciertas certezas a las que nos aferrábamos y daban estabilidad intelectual y de acción hoy las sentimos temblar y resquebrajarse bajo nuestras suelas. ¿No sería una estrategia más eficaz el intentar ver las carencias de nuestro pensamiento y de nuestra acción política que han otorgado tal ventaja al sistema económico capitalista (y a la ideología neoliberal que lo sostiene y legitima) que parece ya irreversible?

Pensar, por lo tanto, desde la izquierda nos debe situar, en la esfera de reflexión cuya potencia radica en la capacidad para desarrollar y constituir una razón crítica. Las razones de la democracia, es decir la construcción del hombre ético y político, son, al igual que las razones de la libertad, es decir el bien común, objetivos irrenunciables para lograr el total desarrollo de la condición humana.

Romper el bloqueo teórico y político que teje esta sociedad del conformismo regido por el mercado, acabar con el miedo que impone el poder, asumir el valor crítico de un proyecto alternativo, deben de ser estas las razones de la democracia.

Hasta que no se elabore una propuesta real y valiente para intentar salir de la situación presente – y no simplemente para paliar sus efectos más atroces, con planes de emergencia, y ayudas sociales- su destino político seguirá preñado de melancolía.

¿Acaso el mundo de las modernidades nacionales, y la retórica del discurso del neoliberalismo conservador globalista, seguirá marcando el sentido de los tiempos?

Alzar la vista

Hoy los proyectos de las izquierdas y derechas regionales imponen un modelo del no-ser. Son en cuanto no son como el otro y se dibujan caricaturas grotescas en espejos deformes. Ni volvernos la Venezuela de Maduro o Cuba según la derecha, Ni ser la Argentina de Macri o el Brasil de Bolsonaro según la izquierda

¿Cuál es el horizonte que plantea la derecha? Ninguno. Su horizonte se mira en el retrovisor de un tiempo pasado que nunca fue y que paradójicamente si se pudiera volver a ese pasado, sería un presente nefasto. De allí se evocará al pasado nuevamente, ¿y hasta cuándo?

¿Cuál es el horizonte que plantea la izquierda? Ninguno. Estos expertos en denunciar y realizar sesudos análisis sobre el acontecer, ¿qué ofrece para levantar la frente y la mirada, para soñar despierto con un mundo de iguales?

Los parias no entran dentro los cálculos del 1% más rico (y podríamos ampliar más esa cifra). Más robotización y menos trabajo son la ecuación mundial. Las películas de ciencia ficción futuristas fueron el avant-premiere de la nueva era del anunciado esclavismo digital.

El ejército de reserva se engrosa día a día mientras la inventiva ideológica se estrecha cada vez más. Las consignas de barricada se refugian en un efímero hashtag.

Frente a los sembradores de tinieblas, la verdad actúa siempre como la luz de la razón.El topo de la historia aún persiste, subterráneamente, en seguir haciendo andar el motor de la historia y desplegando sus luchas.

¿Seremos ilustrados y valientes, creativos y heroicos? ¿Estaremos a la talla?



* Camin es periodista acreditado en ONU-Ginebra, Centurión, Licenciado en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Ambos son miembros de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública  (RICDP) y analistas asociados al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

Nota publicada originalmente en www.estrategia.la

¿No estás cansade de mantener ricos?

¿No estás cansade de mantener ricos?

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por Nicolás De La Iglesia*

Como una especie de nostradamus argento, Oesterheld supo predecir en su famoso comic “El Eternauta”, de alguna manera, el presente distópico y por momentos ridículo que nos toca atravesar. Nuestro Juan Salvo (@Alferdez) tiene también enemigos que, si bien no son temibles aliens, no tienen nada que envidiarle. Estos son, nada más y nada menos, que los representantes del capitalismo parasitario.

Lo llamativo del covid-19 es que es un catalizador de procesos sociales. En este aspecto podemos pensar en cómo se profundizaron las diferencias de clase, desde aquel que no puede quedarse en su casa porque vive de changas; al que hace teletrabajo y no tiene más preocupación que el encierro; aquellos que viven hacinados, sin la posibilidad siquiera de lavarse las manos; o las personas del colectivo LGTBIQ, que se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad.

Esta realidad no es exclusiva de Argentina sino que atraviesa a la mayoría de los países del mundo, en mayor o menor medida. Esto puso en la incómoda situación a muchos estados liberales de tener que intervenir activamente en la economía. En la mayoría de los casos las medidas son similares: van desde pagar un porcentaje de sueldos de trabajadores privados hasta nacionalizar (temporalmente) empresas que se desarrollen en sectores productivos estratégicos y por supuesto millonarias inversiones en los sistemas de salud.

El gobierno de les Fernández puso todo el aparato estatal en contener esta crisis y si no hubo pico de contagios y no se están contando las muertes de a miles, es gracias a eso. Se podrían pensar rápidamente varias medias que se tomaron desde un comienzo como la prohibición de los despidos, la regulación de los precios, el aumento de los beneficiarios de la tarjeta alimentar, el Ingreso Federal de Emergencia y por último el renacimiento del programa Conectar Igualdad que repartirá 135 mil notebooks a pibes y pibas.

Ahora bien, la discusión trascendente hoy no es un ficticio plan gubernamental (incompatible con la división de poderes) de liberar presos peligrosos (porcentaje menor de la población carcelaria), sino cómo va a financiar el Estado argentino todas las medidas que se están tomando para poder surfear la ola de caca que es esta pandemia. Una de las posibilidades está a la vista de todos y consiste en aumentar los impuestos de los millonarios. 

Lo cierto es que Argentina es de los países en dónde menos inciden los impuestos a las grandes riquezas en su PBI, con un 5,3% según CEPA (Centro de Economía Política Argentina). Estos sectores, por si hay algún despistade, son aquellos que generan riqueza basándose en la explotación y la muerte de las personas. Ellos son dueños de los pesticidas que envenenan nuestro suelo y de las balas que reciben los pibes en el barrio. Demás está decir que los verdes que sacan de estos negocios nunca son declarados y se transfieren a paraísos fiscales.

Tomado de CEPA

El proyecto de Máximo Kirchner de gravar las grandes fortunas hizo poner el grito en el cielo al establishment argentino, que comenzó desde ese momento a diseñar una estrategia comunicacional para combatirlo. Claro está que la batalla siempre es simbólica y el objetivo que siempre persiguen es generar que sus intereses de clase sean reproducidos como propios por el medio pelo argentino. El diario La Nación, por ejemplo, publicó, al poco tiempo que se conocieron los planes del Frente de Todos, una nota en donde se narraba la vida del empresario Alfredo Coto como un tipo que la peleó desde abajo, un trabajador más. Omitiendo las innumerables denuncias por explotación que tiene de sus empleados.

Para ser más claros estamos hablando de cobrarles un poco más de impuestos, a aproximadamente cuarenta muchachos que tienen un patrimonio superior a 360 millones de dólares. ¿Cuándo sonarán las cacerolas en contra de estos personajes?

Revista Forbes

En las próximas semanas se comenzará a trazar el camino para que las cámaras de Diputados y Senadores puedan sesionar de manera remota. La discusión simbólica irá in crescendo a medida que el debate por esta ley se aproxime y la operación de los presos es sólo una de las tantas que van a utilizar para desgastar al Gobierno nacional. La astucia del gobierno de les Fernández va a ser puesta a prueba en estos días en donde las negociaciones no serán nada fáciles.

Si hay un momento propicio para que se empiecen a cuestionar las ganancias de estos sectores es este. El hecho de que lo estén haciendo en todo el mundo también da muestras de un cambio de paradigma, en donde el intervencionismo estatal y las industrializaciones con miras al autoabastecimiento van a ser protagonistas en distintos estados. Tenemos la oportunidad única de reformar el sistema impositivo de una vez y para siempre. En otras palabras, podemos, como dijo alguna vez Guillermo Moreno, peronizar el mundo.


*Periodista, columnista sobre Europa del programa Marcha de Gigantes (Radio UNLP - AM 1390) responsable de la sección de Política Nacional de Revista Trinchera y colaborador de Agencia Timón.
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