La escarapela argentina, símbolo de identidad nacional, tuvo un origen que involucra a un grupo de mujeres de Buenos Aires. Se dice que, en mayo de 1810, un grupo de damas patriotas utilizó los colores blanco y celeste al presentarse ante Cornelio Saavedra, adelantándose a la oficialización al distintivo del Primer Triunvirato de 1812.
Aristócratas, campesinas, indígenas, artistas, periodistas, entre tantas otras, dejaron una huella imborrable en la historia argentina, con ideas, hechos, coraje y pasión, se revelaron ante el papel que tenían asignado, demostrando que fueron un pilar en la configuración de la Argentina naciente, como protagonistas con propia voz.
Hace 215 años atrás, las mujeres criollas tenían un rol clave, muchas de ellas ayudaron a llevar adelante la revolución. No sólo aconsejaban a sus esposos o abrían las puertas de sus casas para reuniones secretas y peligrosas, sino que también participaron en los combates y opinaban de política a la par de ellos. Sin embargo, los héroes de la historia fueron los hombres del primer gobierno patrio, y el rol fundamental de las mujeres quedó invisibilizado.
La mujer que convenció a Saavedra

Como Cornelio Saavedra estaba inseguro por tener que imponerse al Virrey Cisneros, Casilda Igarzábal le recordó la importancia de seguir con el plan de emancipación nacional.
El 18 de mayo de 1810, junto con Eusebia Lasala, Angela Castelli e Isabel Agrelo, usando cintas blancas y azul-celestes se presentaron en su casa para decirle: “Coronel, no hay que vacilar, la Patria lo necesita para que la salve. Ya sabe usted lo que quiere el pueblo, y usted no puede volvernos la espalda y dejar perdidos a nuestros maridos, a nuestros hermanos y a todos nuestros amigos.”
Tras la Primera Junta, una de las medidas que se dispusieron fue la de una expedición a las provincias, esto con dos objetivos principales: por un lado, asegurar la elección de diputados que las representarían; y por el otro, evitar que se formaran grupos contrarrevolucionarios, Igarzábal fue la primera patricia en encomendarse en esa tarea.
Casilda Igarzábal, junto con otras mujeres patriotas dispusieron de sus hogares a través de las tertulias para convertirlos en puntos de reunión claves para los líderes revolucionarios, en donde discutían estrategias y fortalecían el movimiento independentista.
Más adelante en 1838, fundó la sociedad de beneficencia impulsada por Bernardino Rivadavia, una institución dedicada a ayudar a mujeres y niños. Se mantuvo ahí hasta 1840, cuando renunció por desacuerdos ideológicos con Juan Manuel de Rosas, quien en ese momento era gobernador de Buenos Aires.
Celeste y Blanco…

Una versión de la historia dice que los colores provienen de la Banda de Caballero con la Gran Cruz de la orden de Carlos III, establecida por el propio rey de España, otra de las versiones establece que provenía de los colores borbónicos de la casa de Fernando VII.
De igual forma se afirma que los colores celeste y blanco fueron adoptados por primera vez en las invasiones inglesas (1806 – 1807) por el Regimiento de Patricios, el primer cuerpo de la milicia urbana del Río de la Plata. Se dice también que fue utilizada por un grupo de damas de Buenos Aires, al presentarse con el entonces Coronel Cornelio Saavedra, jefe de los patricios el 18 de mayo de 1810.
Se sabe que durante las jornadas del 22 y 25 de mayo de 1810, los patriotas identificaban a los adherentes a la Revolución de Mayo otorgándoles unos cintillos, se dice que Domingo French entró en una de las tiendas de La Recoba y tomó varias piezas de cintas blancas y celestes, para luego junto Antonio Luis Beruti repartirlos como signo de paz y unión entre los patriotas.

Lo cierto es que el 13 de febrero de 1812, Manuel Belgrano solicitó al triunvirato mediante una nota que se estableciera el uso de una Escarapela Nacional bicolor: azul-celeste y blanco para de esta manera diferenciarse del color rojo que usaban los realistas.
Días después, el 27 de febrero Belgrano enarbolaría la bandera con esos mismos colores, avisando al Triunvirato: “Siendo preciso enarbolar la bandera, y no teniéndola, la mande a hacer celeste y blanca, conforme los colores de la escarapela nacional”. Cuando la revolución se convirtió en independentista, la Asamblea del año XIII decretó la escarapela como símbolo patrio de la “nación” que estaba naciendo en aquel proceso.
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