Algunas claves para pensar la exploración off shore

Algunas claves para pensar la exploración off shore

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La decisión de autorizar una nueva búsqueda de hidrocarburos en nuestro mar fue acompañada de varios mitos y verdades sobre cómo, dónde y por quién se desarrollará actividad; a su vez, amplió el debate sobre la compatibilidad del desarrollo productivo con el cuidado del medioambiente.

A fines de 2021 y a través de la Resolución n° 436/21 publicada en el Boletín Oficial, el Gobierno Nacional autorizó a la empresa noruega Equinor para llevar adelante la exploración off shore de hidrocarburos en aguas del mar argentino, luego de la declaración de impacto ambiental otorgada por la Secretaría de Energía.

A raíz de esto, organizaciones medioambientales, intelectuales y parte de la sociedad civil manifestaron su preocupación por el medio ambiente y la preservación de la fauna marina autóctona ante un eventual derrame o accidente de alguna de las plataformas. Pero al mismo tiempo comenzó una campaña en contra del proyecto que se enfocó en la difusión de información y contenido confuso a través de las redes sociales, encabezada por la ONG canadiense Greenpeace: abundaron las imágenes de personas o playas cubiertas de petróleo, pero escaseó un análisis más profundo de la situación.

En primer lugar, la medida representa un paso más de un proyecto cuyo origen se remonta al 2017. Lo que hizo el gobierno de Alberto Fernández fue prorrogar por dos años el primer período exploratorio de los permisos otorgados durante la Ronda 1 en el marco del proyecto Argerich. Y si bien la petrolera Equinor apareció en el centro de la cuestión, la iniciativa se llevará a cabo por un consorcio también conformado por Shell e YPF; por lo que se trata de una sociedad de capitales mixtos con presencia del sector privado y del Estado Nacional.

La producción off shore puede considerarse una actividad de antaño ya que no es la primera vez que Argentina se embarcará en un proyecto de esta índole. La búsqueda de hidrocarburos en nuestro país data de más de 90 años, con cerca de 187 pozos perforados en el lecho marino (36 activos) sin incidentes medioambientales; por ejemplo, el 17% del gas que se consume en estas tierras proviene de la Cuenca Austral (1).

De hecho, el descubrimiento de petróleo en la zona de Comodoro Rivadavia en 1902 es el antecedente histórico para la creación veinte años después de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) de la mano del General Enrique Mosconi, durante la presidencia del radical Hipólito Irigoyen, que nos constituyó en pioneros por tratarse de la primera empresa petrolera estatal del mundo.

En cuanto al proyecto propiamente dicho, es un proceso que consta de tres fases: 1) exploratoria, 2) desarrollo y 3) producción. En la primera instancia se prevé la exploración del subsuelo marítimo a través de movimientos sísmicos que permitan detectar la existencia de gas o petróleo en aguas de ultra profundidad. Dicha exploración se realiza de manera off shore (costas afuera) a más de 300 km de la costa, sobre aguas del mar argentino y no sobre las playas de Mar de Plata ni de ninguna otra ciudad.

En números específicos, las tres cuencas involucradas se ubican a 307 km (CAN 100 y CAN 108) y a 443 km (CAN 114) de la costa atlántica.

El perjuicio a la actividad pesquera en la zona fue otro de los argumentos que se esgrimió contra de la decisión, sin embargo, el Sindicato Marítimo de Pescadores (SIMAPE) se manifestó a favor de la iniciativa a través de palabras de su secretario general Pablo Trueba. Uno de sus principales beneficios es el empleo de trabajadores calificados, así como la creación de puestos de trabajo tanto de manera directa como indirecta. En cuanto a la repercusión económica, se estima que su potencial puede ser tres veces superior al de Vaca Muerta.

Por otro lado, el rol de las ONG y de cierto sector del ambientalismo en el freno al desarrollo económico y productivo fue una de las principales críticas de los sectores afines al proyecto; el ojo estuvo puesto sobre todo en Greenpeace, que se cargó al hombro la campaña en contra de la exploración off shore en aguas nacionales, convocó movilizaciones y creó consignas como “mar argentino sin petróleo”, “Mar del Plata sin petróleo” o “atlanticazo”.

Sin dudas no se puede negar el genuino interés y la preocupación por las consecuencias socio-ambientales de algunas organizaciones ambientalistas y de parte de la sociedad civil, pero el boicot total a una actividad productiva tampoco parece ser la solución. Un camino a seguir podría ser la participación con un papel protagónico que les permita a estos actores constituirse como los garantes del cuidado y la preservación del medio ambiente y la fauna marina. También son válidas las tensiones por la presencia de Shell, que genera resquemor y desconfianza ya que no se trata de una empresa con un historial intachable; aquí es donde el Estado Nacional tendrá la tarea de resguardar los recursos e intereses nacionales.

Argentina se enfrenta a la oportunidad y el desafío para avanzar hacia un horizonte de mayor soberanía que permita conocer nuestros recursos y apropiarnos de ellos de manera estratégica en un contexto de ausencia de divisas y de crisis energética a nivel global.


Notas
(1) Datos aportados por el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas a través de un comunicado presentado en enero de este año.

Marcos Bertorello
Marcos Bertorello
Sindicalización policial, el debate que no cierra

Sindicalización policial, el debate que no cierra

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

El 9 de septiembre de 2020 la policía bonaerense rodeó la residencia del gobernador Axel Kicillof con todo y patrulleros. Este hecho constituye, probablemente, una bisagra en varias cuestiones de la vida política argentina. Por un lado, es uno de los momentos que se inscriben en el guión del golpe blando, según fuera diseñado por ese fantasma que recorre Nuestra América y se llama imperialismo. El imperialismo existe, asume diferentes maneras, es reconocido por numerosos actores de la política, pero no es nombrado en público.

Esa madrugada y en las horas que siguieron se vivió una situación angustiante que, a pesar de su gravedad, no parece que pueda ser calificada de alzamiento. La rebelión, la insubordinación, la protesta policial es parte de la generación de un clima destituyente que algunos sectores están construyendo. La existencia de esta agenda oculta (e inconfesable) de los sectores más retrógrados de nuestra política, representados por el PRO y sus aliados, no debe confundirse con la agenda consciente, abierta y legítima de quienes protestaban por ganar 35.000 pesos por mes y que, a raíz de la pandemia, habían visto desaparecer ingresos extra, tanto legales como ilegales.

La agenda oculta es bien conocida y merece otro artículo. En estas líneas queremos dar cuenta de un debate que subyace la discusión sobre los métodos de protesta de las fuerzas de seguridad y su derecho (o no) a organizarse sindicalmente.

Canadá, Estados Unidos, la Unión Europea tienen sindicatos policiales. En nuestra región, Uruguay tiene, Brasil sólo para la Policía Federal. Para quienes están contra la sindicalización, como María del Carmen Verdú, de CORREPI, “sólo los trabajadores tienen sindicatos, y los represores no son trabajadores”. La abogada y referenta, entrevistada por Columna Vertebral, sostiene su negativa con el ejemplo de las numerosas veces en que los sindicatos han sido los que sostuvieron discusiones y medidas de fuerza para garantizar impunidad a sus efectivos.

En Estados Unidos, “frente a cualquier hecho en el cual aparezca reacción popular ante un caso de gatillo fácil o una muerte por tortura en una comisaría, etcétera, quienes inmediatamente se movilizan y asumen la defensa de los policías involucrados son estos sindicatos policiales”.

Por su parte, Esteban Rodríguez Alzueta, sociólogo platense, investigador de la UNQui, en diálogo con el mismo programa afirmó que si bien se suele mencionar en ese sentido la experiencia del sindicato policial de Boston, “también está el caso del sindicato de Nueva York, que le pidió perdón a las familias”, y agregó que “los sindicatos no tuvieron una posición homogénea frente a los casos de violencia policial”.

Para Verdú, la defensa corporativa es una cuestión práctica a tener en cuenta. La segunda cuestión práctica, según la abogada, es una mera cuestión de supervivencia para el movimiento popular: “Imaginate una reunión de sindicatos, organizaciones populares, organismos de DDHH o lo que fuere para organizar un plan de lucha: vamos a cortar el puente Pueyrredón el 26 de junio de 2002 y estamos organizando por dónde vamos, por dónde venimos, el pliego de reclamos y lo tenés al milico en la mesa tomando nota. Ni siquiera se tienen que tomar el trabajo de infiltrarnos”.

La referenta va más lejos aún: “Un policía no es un trabajador. Porque vos no sos un trabajador en términos teóricos, conceptuales, solamente porque cobres un sueldo a fin de mes, tengas una obra social y el día de mañana tengas un haber de retiro. Hay un requisito esencial que es no ser parte del armado represivo que utiliza la patronal a través del Estado para reprimir”. “Como si la represión la decidieran los propios policías”, respondió a ese planteo Rodríguez Alzueta: “Reprimen porque hay un jefe político que dice ‘vayan y repriman’ o un juez que mandar reprimir o desalojar, etcétera, etcétera”.

Para el sociólogo, “una de las tareas pendientes de la democracia es la sindicalización policial”, porque según él, “la sindicalización es una de las maneras de comenzar a democratizar las policías”. Por su parte y con respecto a la rebelión policial, el periodista especializado en temas policiales, Ricardo Ragendorfer, sostuvo que “la raíz de todo esto tiene que ver con que la democratización de las fuerzas policiales es la gran deuda”.

Pero si bien en eso coincidió con el sociólogo platense, con respecto a la sindicalización sostiene que “desde la década de los 90 al presente la policía tuvo pseudo sindicatos”. En declaraciones a Canal Abierto redondeó su idea sobre la sindicalización: “Es imposible sindicalizar un cuerpo militarizado. El carácter militarizado de las fuerzas policiales hace imposible esa instancia”.

Quien también se mostró decididamente contra el sindicato policial es Aníbal Fernández, quien declaró a Télam: “Yo estoy decididamente en contra de la sindicalización de las fuerzas, lo que sucedería es crear una nueva figura que chocaría con el jefe de la policía”. De esa manera, el ex ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, agrega otra dimensión al problema.

Fernández agregó que “la sindicalización podría estar planteada en un país donde hay una profunda descentralización, y entonces se podría hablar en ese marco de una sindicalización policial, pero estamos a años luz para que llegue a la Argentina una iniciativa de esas características”. Incluso fue más a fondo en la idea de reforzar el control político de las fuerzas: “Hay un proyecto de mi autoría, que se aprobó en diciembre del año pasado, en el cual modificamos el artículo 252 del Código Penal que precisamente impide, prohíbe el abandono de trabajo para una fuerza”.

“Hay jurisprudencia en la Corte Suprema que dice con toda claridad que si usted se prepara y va a ser policía o pertenecerá a cualquiera de las fuerzas de seguridad, va a aceptar las reglas de los reglamentos propios de las fuerzas de seguridad”, dijo en referencia al fallo de los supremos de abril de 2017 contra la creación de un sindicato de la policía de la provincia de Buenos Aires.

Hay una dimensión en la que pone mucho énfasis Esteban Rodríguez Alzueta, y es la de ciudadano. Según el investigador, “un policía, antes que un servidor público, como el enfermero, el médico, el recolector de residuos, el maestro, es un ciudadano y también un trabajador”.

“Tan importante como reponer al ciudadano, es devolver el estatus laboral que hay en cada policía”, consideró y en ese camino se encuentra parte de la solución a otro problema, el de la violencia policial, porque para el sociólogo “es importante reponer al ciudadano sobre todo para encontrar en el policía un interlocutor y no un enemigo”. “Si queremos una policía que esté para cuidar a los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos tenemos que ver a los policías, no como unos extraterrestres llegados de otro planeta, sino como un emergente social” puntualizó.

Para el investigador de la UNQui, “el policía no es un marciano que vive en el planeta Júpiter; es un vecino: llevamos a los chicos a la misma escuela, nos cruzamos en la misma verdulería, gritamos el mismo gol, podemos leer el mismo diario, entonces es importante reponer esa cercanía”.

La abogada Verdú, por su lado, se propone profundizar la diferencia en una política de no diálogo con la policía. Su ejemplo práctico es que ese distanciamiento “en el barrio, el piberío lo percibe sin más necesidad que la experiencia”. “Leé la letra de Sos botón, de Damas Gratis, o la de Ya no sos igual, de 2 Minutos, y te están diciendo esto: si te hiciste cana, ya no sos el que eras, porque cambian las prioridades, cambian los puntos de vista y definitivamente se instalan intereses contrarios a los de la clase trabajadora”, explicó.

Esa condición de clase, en el sentido clásico, es clave para la dirigenta, que a la hora de definir lo que Ragendorfer explicaba como pseudo-sindicatos, puso el eje en que “si entrás a los sitios web de todas las organizaciones que pretenden construir un sindicato policial (que hay un montón), en todos los casos hay una exhortación a la defensa de la Fuerza, a la reivindicación de la función policial, casi en términos de la “reserva moral de la patria” que decían los milicos”.

En tren de plantear problemas prácticos, Rodríguez Alzueta aseguró que el sindicato también serviría para romper ciertos códigos de silencio policiales. “Esto no fue solamente un reclamo económico. Las primeras palabras del petitorio fueron ‘queremos trabajar para el ciudadano y no para el jefe de turno’ y terminaban hablando de las sanciones que se suelen utilizar para disciplinar a la tropa. Eso es muy importante, porque la representación a través del gremio o de la figura del ombudsman es fundamental, no solo para canalizar intereses colectivos, sino también individuales”, indicó el investigador de la UNQui.

“Por ejemplo, si el efectivo no quiere robar para la corona, si no quiere recaudar para el nuevo jefe que acaba de comprar una comisaría re cara, si no está de acuerdo con que al pibe que acaban de ingresar lo estén cagando a piñas en el fondo, es muy probable que sea objeto de sanciones. Si es un pichi, lo trasladan de comisaría, lejos de su lugar de residencia, lo mandan a patrullar zonas de riesgo, o en el caso de oficiales con jerarquía, los meten en una oficina sin tareas hasta que se jubilen. Entonces, ¿de qué manera los policías pueden encontrarse cuidados, escuchados y romper los códigos de silencio que blindan la corrupción y la violencia policial?”, señaló.

Por su parte, la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, puso su opinión por escrito sobre el tema poco antes de llegar al cargo que hoy ocupa. En una nota publicada en Página 12 del 2 de octubre de 2019, sostuvo que “la historia reciente indica que para el poder político la ausencia de canales de representación gremial es el mayor obstáculo a la conducción política de policías democráticas”. “Aunque la alimentación y el trabajo son más urgentes, los tiempos que vienen imponen una hoja de ruta que comience por el Defensor Policial o el Consejo de Bienestar y alcance la sindicalización policial, sin derecho a huelga”, expresaba.

La insubordinación policial de la madrugada del 9 de septiembre volvió a poner en agenda una discusión de larga data en nuestro país y en el mundo: el debate por la sindicalización de las fuerzas de seguridad. Según la ley orgánica de la Policía Bonaerense, de 1987, “la Policía de la Provincia de Buenos Aires es una institución civil armada que tiene a su cargo el mantenimiento del orden público, colaborando en la obtención de la paz social”. Lo concreto es que el Orden Público es el Orden Establecido y la Paz Social es una forma de pedir que nadie proteste: la policía es un agente del Control Social. Acá y en la China.

Para algunas organizaciones víctimas de un maximalismo infantil, eso hace que sus agentes no sean trabajadores y trabajadoras y los pone en el cajón de aquello que deberá ser solucionado después de la toma del poder. Nos merecemos una discusión más seria. Una discusión que no niegue a nuestros pibes muertos por la bala policial, pero que tampoco le niegue derechos a la policía y que la integre a la vida comunitaria. De lo contrario, corremos el riesgo de que el problema sea irresoluble, nuestras pibas y pibes sigan muriendo y parte de nuestro pueblo nos resulte ajena.

La policía bonaerense, la bonaerense, la maldita policía, la fuerza, el gatillo fácil. La mirada de los sectores populares organizados hacia la cana es de desconfianza, siempre. La cana no tiene apellidos ilustres, como los de las Fuerzas Armadas. Su rol es de “perros de la burguesía”: no defienden la Patria, sino la propiedad privada. Nos pegan cuando salimos a protestar, ya sea por nuestros salarios o para defender la Patria, no más; participan del negocio de la droga y piden pizzas que no pagan. Pero también están en el barrio, van al mismo chino, los desprecia su jefe, los matan en una esquina y ganan mierda. Hasta ahora, nadie pudo más que soñar con una sociedad sin polis, pero están. En Cuba y en Estados Unidos. En Vietnam y en Francia.

Gabriel Kudric
Gabriel Kudric

Padre de tres, militante, nacionalista, convencido de que al mundo le damos forma con nuestras manos. Gozosamente absorbido por la música, el cine, la ciencia ficción, los juegos de mesa y lo geek en general.

La sociedad de la ¿meritocracia?

La sociedad de la ¿meritocracia?

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La pregunta subyace en las palabras de quienes se enfrentan en el marco de la nueva batalla discursiva construida por la oposición y los grandes multimedios argentinos.

A raíz de unos dichos del Presidente, se buscó hacer mella y sembrar el debate en torno al esfuerzo y la valoración de los méritos.

“Hay argentinos que todos los días luchan en condiciones muy adversas. Son argentinos a los que el sentido de la meritocracia dejó de lado”. Esas fueron las palabras del presidente que le dieron de comer al periodismo de guerra y la oposición, que nada lentos salieron a hacer lo que mejor saben: tergiversar y construir un relato entre buenos y malos, inocentes y perversos, trabajadores y vagos.

Si andamos distraídos podemos creer que es un debate inocente, pero la intencionalidad en la interpretación, los recortes y la réplica sesgada dan cuenta de que detrás de los análisis hay (como casi siempre) una clara intención de construir estereotipos, fomentar el maniqueísmo, la división y el enfrentamiento.

En un contexto de crisis siempre es útil y estratégico construir culpables, mitos, discursos que brinden los marcos teóricos y así construir las subjetividades sociales que respondan a la perspectiva que desea cada sector.

En el mundo capitalista que vivimos son muchos los que vienen tratando de instalar la idea de esfuerzo=éxito como respuesta a todo, como filosofía de vida. Y quizás en algún caso particular puede que esa filosofía sea útil, pero ¿podemos aplicarla a nuestra realidad social?

Esa idea ha sido lucrativa para hegemonizar los sentidos neoliberales que catapultaron al poder en el año 2015 a Juntos por el Cambio, y a pesar del fracaso económico de nuestro país esta concepción continúa arraigada en gran parte de la sociedad argentina.

Al margen de los objetivos perseguidos por quienes la defienden a capa y espada, es interesante desarmar la idea de meritocracia y pensar de qué se trata, si es real en el mundo que vivimos y si sería viable una forma de convivencia en esos términos. Para poder cuestionarla es importante salir del constante y meditado Boca-River que forma parte de la retórica mediática hegemónica para adentrarse en sus significantes.

En un sistema meritocrático si nos esforzamos y trabajamos duro, inevitablemente llegaremos al éxito en nuestras vidas, es decir, lo que se va a merituar para el éxito es el esfuerzo realizado. Consecuentemente, a quien no le va tan bien es porque no se ha esforzado lo suficiente.

Ahora bien, en esa comunidad tendríamos que arrancar todos en igualdad de condiciones ¿o da lo mismo quien arranca en situación de inferioridad?

A la hora de pensar en cómo aplicamos esas reglas en nuestra sociedad en primer lugar es importante discutir cómo realmente es valorado el esfuerzo en nuestro sistema de normas sociales. ¿Las personas que trabajan 12 horas diarias son las más ricas del país? ¿Un obrero es dueño de la empresa Techint?

¿El derecho en el sistema capitalista ha otorgado primacía al esfuerzo por sobre la propiedad o es al revés? ¿Los lazos de sangre, de amistad, las cuestiones de género, sexo y de clase influyen para llegar al poder o quedan subyugados al esfuerzo individual?

Asimismo, si pensamos en algunos lugares puntuales de nuestra sociedad, podemos ver que resulta cada vez más forzado poder implantarla sin lograr una situación de desigualdad. Por ejemplo ¿un niño que vive en situación de pobreza está en las mismas condiciones para asistir a la escuela que otro con los derechos básicos satisfechos?

Y hay que tener cuidado porque muchas veces para rebatir ese argumento se trae a colación una heroica o afortunada situación pero ¿podemos exigir a las personas que se comporten heroicamente? ¿Es la generalidad de los casos el pibe humilde que llega a la universidad o que la pega jugando al fútbol?

No es que se trata de algo imposible, sino de observar que existen estructuras que limitan, que posicionan a un gran sector social en desventaja, que un obrero que busca tener su casa tendrá que remarla cien veces más que quien hereda una propiedad.

Ahora ¿es solución abandonar a las personas a su suerte? ¿Qué hacemos con quien no ha logrado acceder a su propia vivienda? ¿Qué hacemos con la juventud que no llega a la universidad?

Discutir eso es discutir el rol del Estado, disputar derechos. Y los derechos confrontan con los privilegios. ¿Será por eso que el sector conservador de la política se empeña en discutir la ampliación de derechos?

El derecho a la vivienda es uno de los lugares donde más vemos que en nuestro país la meritocracia no está funcionando. Mientras algunas familias son propietarias por herencia desde hace un siglo de latifundios, hay otras que no pueden acceder a un pequeño terreno donde vivir.

¿Construimos políticas de acceso a la universidad o directamente damos por cierto que la gente humilde no llega a la universidad? ¿Discutimos planes de vivienda o simplemente reprimimos las tomas de tierras en desuso?

Definitivamente se trata de un posicionamiento, una concepción política que tendrá una respuesta consecuente. Pensar que todas las personas estamos en el mismo pie de igual en nuestra sociedad es demasiado forzado. Dejar a la buena de dios a las personas en una sociedad tan desigual solo da lugar a más desigualdad, a la ley del más fuerte.

Por otra parte, ¿podemos construir un mundo solamente pensándolo en el desarrollo individual? Incluso pensándolo en términos redituables: ¿es posible vivir en el mundo del sálvese quien pueda?

Rubén Abreu
Rubén Abreu

Recibido en la Universidad Pública de Abogado, aunque sigo estudiando. Me gusta leer y soy re colgado. Trabajo por ser consecuente con mis convicciones, con todas las imperfecciones que tengo.

Un debate estratégico que no puede esperar

Un debate estratégico que no puede esperar

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Desde que comenzó la pandemia, en los medios masivos de comunicación han sucedido decenas de debates alrededor de lo que está bien y lo que está mal, de si los gobiernos priorizan la vida o la economía, de si “la gente” es responsable o no, de cómo haremos para volver a la “normalidad”, entre otras.

En los últimos meses, al menos en Argentina, la mayoría de los debates que se han querido instalar desde las grandes empresas info-comunicacionales (habría que ver cuánto informan en realidad), respondió a una lógica de agresión al gobierno del Frente de Todes que intenta desgastarlo.

Aunque con matices, la narrativa es siempre la misma: Cristina es la responsable de todos los males de la patria; Alberto a veces es un títere de “la yegua”, otras se “cristinizó”, otras es “dialoguista”. Los cañones apuntan todo el tiempo a desgastar o a intentar generar fracturas internas. Nuestro pueblo poco y nada importa en esas construcciones semánticas.

Y estas lógicas (como ya se ha dicho en otras oportunidades) no es casual. Los medios de comunicación oligopólicos responden a sus propios intereses. Si miramos quienes los financian, veremos que las cuentas desde donde salen los billetes son más o menos las mismas: grandes corporaciones internacionales y/o las grandes empresas locales.

Desde esta lógica, es por demás entendible que los medios de mayor alcance respondan a quienes los financian. Desde que la prensa vio la luz siempre hubo un interés político detrás. Ya sea la presa que contaba la revolución (sea de Mariano Moreno o de Simón Bolívar), o las que respondían a los intereses de las oligarquías locales, por citar una, el diario de los Mitre.

En la actualidad estas empresas lucrativas, disfrazadas de medios de comunicación, ya no sólo seleccionan qué y cómo contar para sacar réditos económicos, sino que se han convertido en un arma de guerra simbólica que permanentemente atacan toda idea que no los represente. En definitiva, los grandes medios casi en su totalidad, son el brazo armado -semántico- de las distintas vertientes de las oligarquías locales y/o grupos conservadores (y ricos) de éste o de otros países.

Desde esta óptica se puede entender por qué muchos medios dan lugar a personajes de diversa índole que no hacen más que confundir mediante la tergiversación o la mentira más descarada. Ejemplo de ello son personajes como Espert o Miley y decenas de economistas liberales que declaran el apocalipsis. Qué decir de el tiempo de pantallas en tv, de aire en radios o de caracteres en notas escritas.

Recientemente el filósofo mexicano Fernando Buen Abad publicó un interesante artículo titulado “Un inmenso archipiélago inconexo”. En dicha publicación analiza la inmensa y riquísima cantidad de experiencias comunicacionales que tienen los pueblos de Nuestra América. La lamentable particularidad de estas es que están desconectadas entre sí.

Aquí una pregunt a les lectores ¿a qué medios recurren cuando quieren saber qué pasó en alguna provincia de nuestra extensa Argentina? Y si quieren saber qué pasa en Brasil, en Chile, en Bolivia, en Uruguay, en Venezuela o en algún país hermano del continente ¿en qué medio buscan esa información? Esos medios a los que recurren ¿De dónde sacan la información que publican? Quienes hagan el ejercicio de seguir el hilo conductor, seguramente podrán observar que las fuentes de información originales son casi siempre las mismas.

En relación con esto último Buen Abad señaló recientemente que “de los más o menos 6 mil medio más importantes que hay en el mundo, están en manos de 8 personas”. Una concentración fabulosa de las herramientas de producción comunicacional, de los modos de producción y de las formas narrativas. Estos medios no sólo representa un enorme poder económico, sino también político e ideológico. Es la “fase imperial de la comunicación” que está íntimamente relacionada con las otras 2 grande industrias del planeta: la industria militar y la industria bancaria y/o financiera.

Esto explica por qué se generó tal revuelo cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner presentó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que regulaba no sólo la cantidad de propiedades que podía tener cada grupo empresarial, sino que diversificaba la cantidad de voces, dando mayor preponderancia a medios sin fines de lucro y a medios estatales en todos sus niveles.

Algo similar ocurrió cuando Alberto decretó a las telecomunicaciones (Internet, telefonía celular y televisión por cable) como servicios básicos, dando al Estado la potestad de autorizar o no aumentos en sus tarifas. La virulencia mediática se hizo sentir aún más luego de ese anuncio.

En la misma línea fue el reciente lanzamiento del Plan Conectar que retoma el trabajo sobre la construcción de satélites propios, ampliación y mantenimiento de las redes de tendido de fibra óptica, entre otras. Plan que recupera el Conectar Igualdad que el macrismo había borrado de un plumazo al igual que los artículos más significativos de la tan vilipendiada “Ley de Medios”.

Todo lo antes dicho pone de manifiesto la importancia estratégica que tienen los medios de comunicación. No sólo por la concentración que ya existe, sino por el rol desestabilizador que están jugando muchos de estos medios en las democracias de la región.

Como se señalaba en el artículo “El mayor virus en siglos no se llama COVID-19”, el Responsable de Comunicaciones Digitales de Enel Argentina, Juan Pablo De Santis, arroja algunos interesantes datos sobre el consumo de medios digitales en este 2020. No casualmente los tres multimedios más consumidos son los que operan política y permanentemente para intentar deslegitimar al gobierno del Frente de Todes.

Ante la situación que se vive en Argentina, resulta cuanto menos llamativo, ver que la triada Clarín, La Nación e Infobae sea de los medios que más pauta oficial reciben. Y aquí es sumamente necesario profundizar las reflexiones que vienen de larga data: si los medios de comunicación, usufructúan el espacio radioeléctrico que es propiedad del Estado ¿por qué el Estado les da mayor cantidad de pauta oficial a los medios más grandes? ¿Acaso no debería ser a la inversa y que ese dinero que sale de las arcas públicas vaya al fomento de medios comunitarios o cooperativos para facilitar su crecimiento y la multiplicación de voces?

Estas preguntas van junto a las miles de discusiones y luchas que han venido realizando los distintos medios populares, las federaciones e instancias organizativas como FARCO, desde la vuelta de la democracia hasta hoy. Ahora, si hoy los medios hegemónicos se están convirtiendo -además- en un problema de seguridad nacional ¿por qué seguir financiándolos? Incluso más, si la información es un derecho ¿por qué algunos puede usufructuar el espacio radioeléctrico si éste es propiedad del Estado Nacional?

Muy distinta es el tipo de relación que construyen los medios comunitarios o cooperativos que mayoritariamente son herramientas comunicacionales del pueblo, que casi en su totalidad trabajan con sus comunidades más cercanas. Estos aportan a la construcción de ciudadanía, de comunidad ¿Acaso los medios hegemónicos hace algún aporte así o sólo son empresas que venden información? De hecho hoy por hoy se podría afirmar que en muchas oportunidades mienten descaradamente y cuando se descubre la mentira, o no se retractan o lo hacen en una perdida oración en la última página o último minuto de tal o cual programa.

Es evidente que si el pueblo argentino pretende una mejor democracia, las preguntas antes realizadas deberían -necesariamente- ser discutidas a fondo. Y ese debate no puede quedar sólo en aquelles compañeres que nos dedicamos al periodismo o la comunicación social, requiere que se dé tanto en las instituciones del Estado, como en las organizaciones populares y en la sociedad toda. La comunicación es un debate estratégico que no puede esperar.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

Caminando un nuevo campo: Modelos de producción en disputa

Caminando un nuevo campo: Modelos de producción en disputa

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Este próximo miércoles nos encontraremos debatiendo cuáles son los desafíos que tenemos por delante para disputar un modelo de producción sano y soberano, a sabiendas de que el modelo agrario dominante plantea graves problemáticas, como el desmonte, la pérdida de biodiversidad, desigualdad en el acceso a la tierra, uso de pesticidas y fertilizantes con consecuencias en nuestra salud y en el ambiente en general.

¿Cuáles son las problemáticas más urgentes? ¿Qué políticas públicas se están implementando hoy? ¿Cuál es la disputa que se viene dando en el Estado? ¿Cuál es la situación en el cinturón frutihortícola? Rol de las organizaciones, rol de la Universidad, Foro Agrario Soberano y Popular, son algunos de los temas que discutiremos junto con Nadia Dubrovsky Berensztein, bióloga y doctora en ciencias agrarias y forestales (UNLP), a cargo de la Dirección de Fortalecimiento Territorial para la Agricultura Familiar (Ministerio de Desarrollo Agrario, PBA) y Sergio Dumrauf trabajador social y veterinario (UNLP) director de Economía Popular del Consejo Social de la UNLP, referente del Movimiento Agrario Nacional y Popular.

Morir en soledad durante la pandemia de COVID-19

Morir en soledad durante la pandemia de COVID-19

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La pandemia de COVID-19 ha afectado a todo el mundo desde que se identificó por primera vez en diciembre de 2019 en China. Desde entonces se han discutido diferentes medidas enfocadas a mitigar la propagación y el impacto de la pandemia a nivel internacional, incluyendo estrategias de cuarentena, políticas de salud, aplicación de tratamientos con drogas conocidas, ensayos clínicos rápidos, entre otros. Sin embargo, a medida que la enfermedad avanza en la comunidad, el sufrimiento se profundiza debido a procedimientos estrictos en cuanto al aislamiento de los pacientes que, a mi entender, deben revisarse.

Está claro que la pandemia ha afectado negativamente la vida de las personas, por lo que se debe evitar cualquier sufrimiento adicional. Por lo pronto, nadie debería ser condenado a morir solo. No es justificable, ni siquiera debido a la infección con un virus pandémico.

Varios trabajos científicos recientes han analizado el “estigma social” que padecen las personas infectadas, que pasan a ser “seres apestosos” que no deben acercarse a nadie y de los que todos huyen. La preocupación y ansiedad de ser discriminado no es un hecho menor. Impacta, por ejemplo, en dilatar la consulta médica, y un diagnóstico tardío se asocia a una enfermedad más grave, principalmente en los ancianos y en grupos vulnerables. El miedo a estar solo en el hospital es otro problema para retrasar la búsqueda de atención médica y, a medida que aumenta el número de personas infectadas dentro de una comunidad, se recibe más información sobre esta “soledad de los enfermos”, se percibe más el miedo y la desolación, que se suman al sufrimiento psicosocial que causa el aislamiento social preventivo (la cuarentena).

El panorama se vuelve entonces desolador.

Lo cierto es que los pacientes con COVID-19 que están hospitalizados se quedan solos en una habitación donde los profesionales de la salud “vestidos como para ir al espacio” los visitan una vez al día, hablando detrás de sus máscaras y antiparras, tratando de estar lo más alejados posible de ellos. Cuando los pacientes pasan a cuidados medios o intensivos, pierden por completo la conexión con sus familiares y amigos. Permanecen aislados hasta que un día, en el peor de los casos, los ponen en coma, conectados a una máquina para “mantenerlos con vida” hasta que mueren solos, sin siquiera haber tenido la oportunidad de despedirse de sus seres queridos.

En mi familia lo hemos vivido. Mi cuñado, Luis, falleció a causa de este maldito virus y el dolor por esta muerte inexplicable se sumó al desamparo de la completa desconexión. Cuando fue trasladado a terapia intermedia recibimos el último audio. “Cuando llegue, llegará… en algún momento… lo escucharás” decía Luis, porque en la “pecera” (así lo describió) en la que estaba no tenía señal de celular, cada tanto aparecía “una línea” y el mensaje llegaba a casa. Luis describió en sus audios agitados la falta de humanidad, el dolor por la falta de contacto. “De
golpe aparece alguien que mira los monitoresde lejos y si tiene que hacer alguna intervención la hace a toda velocidad y sale corriendo”. Nuestros seres queridos dan por terminado su paso por la vida sin haber visto a su familia, sin poder despedirse de nadie, sin que nadie pueda despedirse de ellos.

¿Qué nos está pasando?

Este escenario no es exclusivo del “AMBA”·, se ve repite en centros de salud de todo el mundo. El panorama es aún más desolador si vemos todo el entorno. Estas personas enfermas, deprimidas y estigmatizadas son asistidas por trabajadores de la salud agotados, abrumados, que muchas veces no reciben apoyo psicológico ni descansan lo suficiente. Entonces la comunicación también falla.

Los médicos llaman a la familia una vez al día, dan un informe rápido, bastante vacío, completamente despersonalizado. Muchas llamadas deben hacerse en un período de tiempo acotado y muchas veces hay que dar malas noticias. Los trabajadores de la salud también sufren por todo esto. En estos intercambios, donde se debate la salud de los que más queremos, nunca “las partes” se ven las caras. Ni los familiares con los pacientes, ni los médicos con los familiares y prácticamente ni los médicos con los pacientes. Ahí crece aún más el desamparo, regado por un intercambio de voces sin cara.

Es culpa del maldito virus ¿Es verdad? ¿Podemos justificar todo con la pandemia? ¿Es justo? Debería haber límites. Esta es una discusión que nos debemos sociedad.

El escenario cotidiano que necesitamos cambiar

La literatura científica y de ética médica ha demostrado que la presencia de familiares que acompañan a los pacientes en las unidades de cuidados intensivos es beneficiosa para los pacientes críticos, su familia y los trabajadores de la salud. Claro que esto debe adaptarse en situaciones de pandemia, y hay quienes lo han pensado y han planteado esta discusión. No es sencillo encontrar los medios y opciones para mitigar el dolor del aislamiento, buscar lograr la conexión ente el enfermo y sus seres queridos, evitando el riesgo de contagio. No es fácil, pero tampoco es imposible. Debemos buscar medidas creativas a fin de desarrollar protocolos para salvar la distancia física entre la persona enferma y la familia. Debemos considerar ser compasivos con las familias que enfrentan la pérdida de sus seres queridos.

Nadie merece morir en soledad.

Es lógico pensar que cuanto más saturado está un sistema de salud, más profundamente se demarcan las grietas que nos distancian a unos de otros, a los pacientes de quienes los cuidan, a los familiares de sus seres queridos aislados y enfermos. Es muy difícil generar cambios cuando todo se nos va de las manos, cuando los trabajadores de la salud se enferman, se deprimen, quedan exhaustos. Tenemos que evitar lo más posible llegar a ese extremo porque una vez allí, los errores, el dolor, la desolación y el desamparo serán inevitables.

Pensemos en todo lo que ya estamos sufriendo sin estar aún por completo desbordados y tomemos la responsabilidad que nos toca a cada uno para evitar más sufrimientos que los ya inevitables.

Incito a la sociedad entera a seguir a rajatabla todas las recomendaciones de cuidados y procedimientos que brinda el gobierno nacional. Exhorto también a todos los que tenemos alguna responsabilidad dentro del sistema de salud nacional a repensar la atención médica en tiempos de pandemia, a debatir con urgencia opciones para mejorar la asistencia humanitaria de los pacientes con COVID-19. Deben discutirse y aplicarse políticas para el cuidado humanitario de los pacientes infectados. Una atención médica desbordada no debería ser una excusa para los malos tratos, pero un sistema desbordado es más proclive a cometer errores. Tenemos mucho que pensar.

Una persona infectada no debe ser estigmatizada, debemos ver que en cada paciente hay una persona enferma que sufre, que ama, que necesita ayuda. Los pacientes críticos deben tener el derecho de despedirse de sus seres queridos.

Ningún argentino debe morir en soledad.

Si perdemos la humanidad, será nuestra culpa. No vamos a poder achacárselo al virus.

Dra. Alejandra Capozzo

Investigadora Principal del CONICET.
Miembro de la Red Argentina de Investigadoras e Investigadores en Salud, “RAIS”.

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