Alberto Fernández y el síndrome del eurocentrismo blanco

Alberto Fernández y el síndrome del eurocentrismo blanco

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El presidente Alberto Fernández ha pronunciado, en una reunión internacional, una falsedad manifiesta que procede de los vestigios que aún siguen del eurocentrismo y el colonialismo blanco. Es esa raigambre que alardea del origen europeo de la población argentina, colocando al margen a los pueblos originarios y a otros grupos sociales de nuestra sociedad. 

El presidente Alberto Fernández afirmó este miércoles que los argentinos “llegamos de los barcos”, a diferencia de los brasileños que provienen de “la selva” y los mexicanos que descienden de los indios.

Fernández incurre así en una antigua falacia que se ha creado desde la historiografía liberal mitrista y oligárquica, la de construir la idea de Argentina como un “país blanco europeo”.

Pero también al hablar de “los barcos” se piensa en los veleros y vapores de la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Nadie piensa en los buques que, mucho antes, llegaban con sus bodegas repletas de esclavos, afrodescendientes que la cultura historiográfica blanca se encargó de “desaparecer” de nuestra historia argentina.

De más está decir de que Argentina, como el resto de los países de América (no sólo latino-caribeña), es un país de pasado pluricultural. Si bien en tierras argentinas actuales no se desarrollaron culturas estatales significativas como el caso de los azteca e inca, en México y Perú, respectivamente, las culturas diversas de pueblos originarios desde Jujuy a la Patagonia tienen sus legados. Los esclavos africanos también dejaron su sello. De hecho, en tiempos coloniales se creó una sociedad de castas, de pigmentocracia, donde las clases altas blancas tanto ibéricas como criollas, se colocaron arriba de todo para explotar.

Más allá de la independencia de 1816, esa sociedad pluricultural dejó su sello, que la historiografía mitrita de fines del siglo XIX quiso borrar del mapa. Los mitristas han engendrado una quimera, una Argentina blanca, europeísta, y que odia a las masas populares, como reivindicando la “civilización y barbarie” de Domingo Faustino Sarmiento.

Congraciarse con el jefe de estado español Pedro Sánchez llevó a Fernández a mezclar frases del mexicano Octavio Paz y del músico rosarino LittoNebia que desembocaron en una especie de dicha eurocéntrica muy simplista, pero que tiene aún sus nichos en los textos escolares en Argentina.

Lo que dijo Fernández viene de un viejo discurso oficial de historiografía de falsa “universalidad” que pretende colocar en un pináculo a lo europeo, en detrimento de la larga y rica historia de los pueblos originarios.

Alberto Fernández se supone no comulga con visiones conservadoras y elitistas, sino, como peronista, con una mirada enaltecedora de la nación argentina y su pueblo. Pero se vio envuelto en la trampa del eurocentrismo clásico. Las academias están imbuidas de colonialismo eurocéntrico, y eso es una realidad. ¿Falta formación política en contra del colonialismo en las cúpulas políticas tradicionales? Parece ser que sí.Presumir de “pureza” o de un origen único no sea del todo exacto, y a veces resulte ridículo, es parte del viejo relato oficial del imperialismo.

El escritor, periodista y luchador revolucionario Rodolfo Walsh ha escrito:

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece, así, como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.

Como han enseñado diversos pensadores y luchadores sociales y populares, como es el caso de Walsh, la Historia no le pertenece únicamente a los de arriba. La Historia la hacen los pueblos. Mujeres y hombres que al frente de su pueblo van haciendo patria, fundando naciones, lograron hacer ingresar a la Historia a sectores populares antes olvidados y marginados. Hubo una liberación social también en el estudio del pasado humano, ya que las masas lograron ingresar como protagonistas de los cambios en el tiempo. Siempre estuvieron, pero no se les dio lugar en el estudio de la Historia. Hoy en día esto ha cambiado y las masas están allí con sus luchas, sus formas de vida y sus legados culturales en el tiempo. Y esto fue gracias a las mismas luchas de los pueblos oprimidos.

El mayor de los desafíos que se ha planteado la historia en la segunda mitad del siglo XX, y que sigue vigente a comienzos del XXI, es el de superar el viejo esquema tradicional que explicaba una fábula de progreso universal en términos eurocéntricos. La idea de descolonizar el pasado humano se hizo muy fuerte, sobre todo, en África y América Latina, donde surgieron una gran cantidad de historiadores y científicos sociales que criticaron al eurocentrismo en el estudio de la historia global.

Pero se destacan los intelectuales latinoamericanos que atacan la supervivencia del eurocentrismo en la academia a la hora de enseñar historia, filosofía, sociología, economía, psicología, politología, etc., destacándose los aportes del argentino-mexicano Enrique Dussel y el peruano Aníbal Quijano. Se trata de la llamada decolonialidad es sinónimo de “pensar y hacer” decolonialmente y cuestiona o problematiza las historias de poder que emergen de Europa. Estas historias subyacen a la lógica de la civilización occidental. La decolonialidad es una respuesta a la relación de dominación directa, política, social y cultural establecida por los europeos. Esto significa que la decolonialidad se refiere a enfoques analíticos y prácticas socioeconómicas y políticas opuestas a los pilares de la civilización occidental: la colonialidad y la modernidad. Esto hace que la decolonialidad sea un proyecto tanto político como epistémico.

Ya desde los años de los decenios de 1960 y 1970 surgieron tendencias conocidas como el orientalismo, el indigenismo, el africanismo y la etnografía posmoderna, que se mezclaron tanto con trabajos patrocinados por la UNESCO como con las luchas sociales de los zapatistas de Chiapas o de los Movimientos Sin Tierra del Brasil. Sin lugar a dudas, estas tendencias contribuyeron a descolonizar la tradicional “historia universal” que legó el colonialismo, el imperialismo y el racismo del siglo XIX.

Sin embargo, los manuales de “historia universal” en el mundo occidentalizado siguen ratificando la vieja periodización eurocéntrica, dejando de lado marginados a innumerables culturas a la hora de enseñar historia en las escuelas y universidades. El modelo lineal de la historia del progreso tenía, sin embargo, otro ámbito de exclusión.

La historiografía del siglo XIX del tipo occidental se trasladó a las naciones modernas que surgieron en las Américas tras las etapas de la descolonización. Surgieron, pues, las historias patrias y oficiales, especialmente desde mediados del siglo XIX, para legitimar el orden estatal que engendraron las oligarquías locales desde México hasta la Patagonia. Se crearon las historias nacionales al estilo de los franceses, alemanes e ingleses, siguiendo criterios occidentalistas, pero, sobre todo, exaltando a los próceres, las fechas de independencia y los símbolos patrios. El objetivo de esta historiografía era formar una ciudadanía casi obsecuente a la nación moderna junto a los himnos, los símbolos patrios, las fechas patrias y el llamado folklorismo. 

Las historias nacionales latinoamericanas siempre miraron hacia Occidente y vieron lo autóctono como algo “bárbaro” e “incivilizado”, adoptando incluso la periodización eurocéntrica en sus textos escolares para enseñar historia y educación cívica. Los oligarcas latinoamericanos en el poder se creían europeos, superiores y admiraban el positivismo y el darwinismo social, y ni se consideraban latinoamericanos.

América Latina es un concepto que hace referencia a los países del continente que hablan los idiomas español, portugués y francés, de la rama indoeuropea e hijas del latín antiguo del imperio romano. Pero hay otras denominaciones para los países al sur de Estados Unidos. Nuestra América, dijo el cubano José Martí; Patria Grande, dijo el argentino Mario Ugarte; Indoamérica, dijo el peruano Raúl Haya de la Torre, Iberoamérica o Hispanoamérica, dijo el mexicano Juan Vasconcelos; Eurindia, dijo el argentino Ricardo Rojas y otros tantos nombres que indicaban la necesidad de pensar desde su propia realidad para reunir en un mismo destino lo que intereses políticos ajenos a la región habían logrado fragmentar.

Para el argentino José Hernández Arregui, la denominación de América Latina es culturalmente “imprecisa y cercana”, fue apoyada por escritores encandilados por Francia, y en su momento instalada desde los resabios de la inquina hacia España, “no solo de parte de Inglaterra, sino de Francia, interesada por igual en el reparto de los restos del Imperio español en América”. En realidad, parece ser que el concepto de América Latina se utilizó fundamentalmente para diferenciarse de la América anglosajona. Ya en 1856, el chileno Francisco Bilbao utilizó el concepto de “latinoamericano” y el colombiano José María Torres Caicedo, ese mismo año, escribió su poema “Las dos Américas”. Ambos residían en París. La diferencia con la América anglosajona se patentiza cuando los latinoamericanos hablan de Nuestra América, la propia, y en ella, por cultura, por lenguaje, por creencias y también precisamente por el sometimiento y despojo que continúa realizando el “otro”.

Las ideas desde antes de la independencia política de los países de América Latina eran diferentes de las europeas, como también de las asiáticas, las norteamericanas o las africanas. Fueron y son distintas realidades con distintas ideas y creencias. La dominación europea al principio, a través de la conquista y la colonización después, pretendieron uniformar la idiosincrasia nativa que poco a poco y con el mestizaje, se fue transformando hasta llegar a la globalización también impuesta por los poderosos.  Los fenómenos regionales de cada país comenzaron a ser tema de interés para los historiadores profesionales.

También surgieron innovaciones historiográficas más ligadas a los cambios del siglo XX, incorporando temáticas de la historia social, la historia de la clase obrera latinoamericana, la historia de las ideas políticas, la historia de las mujeres latinoamericanas y la historia oral.  Pero hay que decir que en América Latina se hizo inicialmente una historia nacionalista que no daba ningún protagonismo a los pueblos originarios, atribuía todos los males a la colonia y fijaba el momento fundacional en la independencia, que habría dado lugar a una ruptura total, gracias a la dirección ejercida por los próceres fundadores del estado.

Ha sido necesario proceder después a una reconstrucción total de esta visión nacionalista, de la cual han surgido, sobre todo en la América andina, unos trabajos de etnohistoria que han conseguido aproximarse a la problemática de los pueblos originarios en países como Ecuador, Perú o Bolivia. Ha sido necesario también reconstruir la historia colonial y profundizar en la de las sociedades nacionales surgidas de la emancipación para alcanzar una visión que no se limite a mostrar una historia vista exclusivamente a través de la mentalidad criolla, sino que establezca una nueva valoración que incluya su rico patrimonio indígena y africano.

Para el presidente argentino y para toda la dirigencia que aún sigue encerrada en los viejos legados del eurocentrismo, hay que formarlos en la descolonización del pasado de nuestras tierras.

Nunca es tarde y esperemos que esto sirva para seguir concientizando sobre la reivindicación del pasado pluricultural de Argentina y de la Patria Grande.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

Oceanía, la otra historia humana a descolonizar

Oceanía, la otra historia humana a descolonizar

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Como ha pasado con las tierras de África, el Oriente Medio, el Indostán, Asia Central, Asia Oriental y las Américas, la historia colonial ha impuesto su versión oficial sobre el pasado de las culturas de Oceanía. Se la ha colocado como parte de una historia apéndice del mundo colonial, imponiendo la idea de que los oceánicos “ingresaron” a la historia universal cuando llegaron los “civilizados” europeos blancos.

Poco han sido los historiadores occidentales los que se preocuparon de la antigua Oceanía. Fue más bien la Antropología la que se preocupó de Oceanía originaria, desde el lado de la Etnología básicamente, con estudios muy interesantes que sacaron a la luz el pasado del continente olvidado. La Arqueología también hizo lo suyo en Australia y Nueva Guinea, como así también en Nueva Zelanda y la Isla de Pascua, desenterrando el pasado de los aborígenes.

Desde 1945 se produjo un creciente interés en la epistemología, la teoría y la metodología de la arqueología. Este interés se dio tanto en Gran Bretaña y en la llamada “nueva arqueología” más allá de las fronteras de Estados Unidos. Los nuevos trabajos arqueológicos llegaron tanto en China como en la Unión Soviética y luego en las jóvenes naciones tras la era de la descolonización en el Tercer Mundo.  En los tiempos de la llamada Guerra Fría (1945-1989) la arqueología y la antropología han crecido con nuevos hallazgos y también nuevas metodologías. Las modernas dataciones de los hallazgos se fueron perfeccionando y la aparición del método de datación por radiocarbono fueron las estrellas del gran avance tecnocientífico para la arqueología. También los estudios innovadores en antropología cultural, social, lingüística y física se acercaron mucho a la búsqueda del pasado humano tanto temprano como tardío. La etnología desnudó aún más al eurocentrismo de viejo cuño y contribuyó a que las visiones de los historiadores sean menos restringidas y occidentalizadoras.

En Oceanía el debate sobre el pasado se ha hecho casi exclusivamente en términos de Antropología, esta situación puede modificarse por la presión de los grupos nativos que quieren asumir el estudio de su historia. Esto pasó en Nueva Zelanda, donde los maoríes discuten el tipo de análisis llevado a cabo hasta ahora por los pakeha (neozelandeses de origen europeo) o que denuncian, como en Australia, las interpretaciones “blancas” que han servido para construir la imagen de la “inferioridad del nativo” y justificar que se le arrebate el control de sus tierras. Los estudios que tratan de integrar las dos perspectivas, la de los colonizadores y la de los colonizados, como los que hace en Australia el grupo que desde 1977 publica la revista Aboriginal history.

Pueblos originarios de Papúa Nueva Guinea, aldeanos que viven de esa forma desde hace unos 7000 años a.C.

La irrupción de los nacionalismos melanesios, entre las décadas de 1960 y 1970, tomó por sorpresa a los investigadores e incluso a las mismas potencias coloniales, porque estos “sobrevivientes de la prehistoria” (como se les ha llamado a veces) todavía en la primera mitad del siglo XX estaban condenados a desaparecer. Desde la época de los primeros contactos regulares entre europeos y melanesios, a principios del siglo XIX, la caída demográfica había sido especialmente masiva, afectando hasta al 95% de la población de ciertas islas. Las causas probables de esta desaparición no se limitarían a las diversas enfermedades llevadas por los europeos, sino también a la profunda desorganización social que experimentaron los melanesios (en especial la desaparición de los rituales de fertilidad). El pastor y etnólogo francés Maurice Leenhart relató que a su llegada a Nueva Caledonia, en 1902, los europeos consideraban la desaparición progresiva de los kanaks como un hecho consumado.

Dicho fatalismo demográfico comenzó a difuminarse hasta los años previos a la Segunda Guerra Mundial. La crisis de 1929 tuvo consecuencias relevantes incluso en esas lejanas tierras del Pacífico, cuya economía de plantaciones era sumamente dependiente de las coyunturas internacionales de aquella época (la copra principalmente, pero también la caña de azúcar, café, cacao, algodón y tabaco). En 1930, cuando Australia y la Nueva Caledonia dejaron de reclutar mano de obra de las Nuevas Hébridas (hoy Vanuatu), fue posible una recuperación del equilibrio demográfico de estas islas donde prácticamente ya no existían hombres jóvenes. Con el “regreso” de esos migrantes económicos y el retraimiento de los archipiélagos, nacerían nuevas sociedades. Asimismo, la antigua presencia de misiones cristianas había engendrado nuevos cultos e introducido nuevas jerarquías. Las sociedades melanesias comenzaban una confrontación cada vez más abierta con las autoridades coloniales.

Luego, en el curso de la década de 1950, aparecieron progresivamente movimientos de renacimiento cultural e ideologías nacionalistas bajo el impulso de una nueva generación de líderes melanesios. Estos líderes y sus partidos contribuirían ampliamente al nacimiento de los Estados independientes en la Melanesia: Ratu Mara en Fiji (1970), Michael Somare en Papúa Nueva Guinea (1975), Francis Bugotu en las Islas Salomón (1978), Walter Lini en Vanuatu (1980), así como el movimiento nacionalista en Nueva Caledonia, cuya figura insigne era Jean-Marie Tjibaou. Todos ellos colaboraron en la construcción de un nuevo espacio político e intelectual en torno de la identidad melanesia contemporánea. Como el resto del mundo, en el último cuarto del siglo XX, el Pacífico estuvo marcado por la irrupción de discursos políticos sobre la identidad.

Máscara de la antigua cultura polinésica de los lapita (2000-600 a.C.).

Frente a la aparición de los movimientos nacionalistas que reformulaban a placer la “tradición” con fines políticos, los investigadores que estudiaban esas sociedades debieron revisar algunas concepciones muy arraigadas. En primer lugar, fue evidente que estas sociedades llamadas “tradicionales”, lejos de ser “frías” y “sin historia” (o en todo caso “sin historias” para el colonizador), podían encargarse de su destino y de ser necesario voltear contra el colonizador sus propias armas, mostrando así su capacidad para “evolucionar”. En segundo lugar, por medio del pensamiento sincrético de algunos líderes e intelectuales indígenas, se constató que estas sociedades elaboraban discursos sobre sí mismas que poco a poco llegaban a rebatir las pretensiones de los especialistas occidentales de ser los únicos que poseían la “autoridad etnográfica” para hablar de ellas. En los archipiélagos melanesios, el antropólogo fue, de alguna manera, “capturado por su objeto”.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando los movimientos de descolonización del Tercer Mundo se intensificaron, pocos antropólogos intentaron realmente hacer una reflexión sobre las mutaciones sociales y políticas de las comunidades tradicionales. Los textos del francés Georges Balandier, sin embargo, constituían un verdadero programa de investigación en la materia, pero tuvieron relativamente pocos seguidores, al menos fuera del África Subsahariana. La antropología marxista de la década de 1960 llenó una parte de ese vacío, y ello se lo deben en gran parte a diversos africanistas como los franceses Claude Meillassoux, Pierre-Philippe Rey, Emmanuel Terray y, después de ellos, Jean-Loup Amselle, Jean Bazin, Jean-Pierre Dozon… siendo el más notable de todos el oceanista Maurice Godelier. En el Pacífico, Godelier no ponía en duda la delimitación etnolingüística propia de la Antropología y, además, en sus textos sobre el Estado, se interesó más en el problema de su formación y su perennidad como estructura antigua que en las condiciones concretas de su desarrollo en el nuevo Estado independiente de Papúa Nueva Guinea.

Las poblaciones de Oceanía, dominadas y pacíficas, habían visto considerablemente disminuidas sus posibilidades de desplazamiento y de intercambio. Estacionadas, forzadas a permanecer en un lugar (asignées à résidence), daban la impresión armoniosa de ser sociedades que formaban universos cerrados y fuera del tiempo. Por otro lado, fue desde la perspectiva de los contextos locales (la aldea o tribu) como los antropólogos observaron, después de 1945, bruscas y rápidas transformaciones, incluso si las aldeas o tribus en cuestión eran a veces el producto de reacomodos poblacionales impuestos por los misioneros, como en el caso de Fiji. La verdadera toma de conciencia de la etnología francesa sobre el “hecho colonial” en el Pacífico sur data de los acontecimientos de 1984 en la Nueva Caledonia. Antes, las lógicas sociales inducidas por la diversificación de recursos y retos (escuela, religión, trabajo) en realidad no eran consideradas como problemáticas dignas de interés. En el mejor de los casos, nociones vagas como “cambio social” o “modernidad” no aparecen más que al final de las monografías y como una especie de epílogo desafortunado que, al mismo tiempo, constituye el “principio” y el “fin” de la historia de estas “sociedades sin historia”. Sin embargo, estos sobresaltos se tornaron cada vez más visibles y se hizo mucho más difícil ignorar la palabra de los colonizados, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial.

Las famosas estatuas gigantes de Rapa Nui, en la actual isla oceánica chilena de Pascua.

Los movimientos de independencia nacieron más o menos en la misma época, a pesar de las historias coloniales específicas y de la gran diversidad política y lingüística que caracterizan a la Melanesia. La nueva generación de líderes melanesios que, a finales de los añosde 1960, comenzó a oponerse de manera cada vez más activa a la presencia colonial (tanto francesa como británica), siguió el ejemplo de los líderes africanos y se apoyó en conceptos y métodos tomados de Occidente, como el desarrollo de partidos políticos y de la militancia, la exigencia de democracia, la reivindicación del derecho a la autodeterminación. En sus reclamos suscribían dos grandes tendencias. La reapropiación de valores y dogmas occidentales (derechos del hombre, marxismo, humanismo cristiano), también empleados contra el colonizador, y la revitalización de los valores propios de sus sociedades según diversas modalidades (neotradicionalismo, sincretismos, políticas culturales de Estado).

Evidentemente, estas dos dimensiones no son excluyentes, más bien de su estrecha coincidencia nació la mayor parte de los discursos fundadores del renacimiento político del Pacífico. Además, todos los movimientos políticos indígenas de la región pregonaron una visión idealizada de las sociedades de Oceanía, nutrida abundantemente por los discursos de los misioneros sobre la igualdad de los hombres frente a Dios. Dicha visión enriquecía las ideologías, más o menos estructuradas, al exaltar la unidad cultural y la especificidad del mundo oceánico. En este sentido, las expresiones Pacific Way, Melanesian Way o Melanesian Socialism se acuñaron para designar una especie de cultura genérica que reúne tanto a la región del Pacífico en su conjunto como a la Melanesia únicamente o, incluso, a una comunidad nacional en formación.

Lo más viable es buscar una historia realmente panhumana, que tenga en cuenta a todas las culturas de los cinco continentes, no como mera descripción anecdótica, sino también buscando interrelaciones, sincretismos, legados, debates, hipótesis y nuevos aportes a las disciplinas encargadas del pasado. No es una tarea sencilla ni tampoco se trata de fundar una especie de dogma sobre una historia mundial antieurocéntrica. La globalización de hoy exige que las viejas visiones coloniales, racistas, sexistas, burguesas e imperiales sean desterradas del todo a la hora de conocer, comprender, analizar, reflexionar, problematizar y disfrutrar el derrotero del pasado humano en África, Asia, Europa, Oceanía y América.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

África y la búsqueda de la descolonización de su historia

África y la búsqueda de la descolonización de su historia

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El modelo lineal de la historia del progreso tenía un ámbito de exclusión, tal vez más importante: la de todos los pueblos que no pertenecen a la cultura dominante de origen europeo, cuyas sociedades y culturas se solía presentar como dormidas en el tiempo hasta el momento en que la colonización las introdujo en la dinámica de la modernización. Esto afectaba a África y a su historia.

El tránsito de una historia colonial a otra nacionalista resultaba especialmente complejo en el caso de África, ya que los viejos modelos interpretativos coloniales comenzaban por excluirla de la historia. Inmediatamente después de la independencia, los historiadores africanos se vieron empujados a escribir una especie de historia “resistente”, opuesta a la del imperialismo. En los últimos tiempos la preocupación por el saber del pasado humano en el continente africano ha dado sus frutos y de a poco una con conciencia histórica africana se va forjando para salirse de los prejuicios racistas, eurocentristas y reduccionistas.

Especialistas africanos y no africanos se han unido para descolonizar al pasado africano con el objetivo de rescatar culturas ignoradas y destacar sus legados aún en los tiempos presentes. Ya pasaron de moda las quejas que se referían a que África subsahariana, por ejemplo, no podía ser considerada parte de la historia porque las fuentes escritas eran escasas o casi nulas en varias de sus regiones de selvas, sabanas y montañas.

El patriota africano y congoleño Patrice Lumumba.

La historia, la antropología, la paleoantropología, la arqueología, la filología, la sociología, la politología, la economía política y hasta la psicología han aportado sus metodologías de estudio para revalorizar el pasado de las numerosas culturas africanas que fueron negadas en los tiempos del colonialismo europeo y que no eran demasiado protagonistas en los textos escolares y universitarios acerca de “historia universal”.

Cierto que en las primeras planas de los periódicos del mundo salían a la luz los informes impactantes sobre los hallazgos paleoantropológicos de los ancestros remotos y fósiles de la humanidad en varias regiones africanas. También es cierto que se le ha dado mucha importancia a la arqueología y la historia del antiguo Egipto faraónico, el primer reino surgido en tierras africanas. Tampoco se puede negar el gran aporte del Islam en África Septentrional, ya que de allí han surgido eruditos y relaciones comerciales del orbe musulmán que dejó fuentes escritas sobre culturas de África Subsahariana. Otros hallazgos como el de los reinos de la antigua Nubia, Axum, el reino de Ghana, el reino de Malí, el reino Songhay, el reino de Benín, el Gran Zimbabwe y de las proezas militares del rey zulú Chaka el Grande fueron motivos de estudios sobre el pasado de África subsahariana que asombraron a muchos acerca del desarrollo cultural complejo de una parte del globo que se creía “empobrecida”, “ahistórica” y “atrasada”.

Los nacionalismos modernos que emergieron en la primera mitad del siglo XX en África influyeron en eruditos de varios países del continente como el senegalés Cheik Anta Diop o el burkinés Joseph Ki Zerbo, como así también a especialistas del Occidente. Teorías racistas y europeístas fueron abandonadas por postulados nacionalistas de claros africanismos militantes que intentaban reivindicar “pasados gloriosos” de reyes y reinos poderosos de tierras subsaharianas y de “pueblos negros”. Las tradiciones orales empezaron a ser muy valorizadas tanto como las fuentes escritas para reconstruir historias de ciudades, dinastías y expansionistas imperios que eran consideraron como de más “evolucionados” que el que desarrollaron los blancos en Europa.

Panafricanismo en esta postal en la que se ve a Sankara y Gadafi.

El afrocentrismo quizás haya sido exagerado con la escritura y reescritura de la historia africana antes de la llegada del mundo colonial blanco. Los nacionalismos modernos africanos quizás se aprovecharon de ciertas tergiversaciones que no ayudarían en nada a reivindicar el legado complejo de todas las culturas humanas que surgieron en el continente desde hace más de 2 millones de años.

Es verdad que las culturas humanas más antiguas aparecieron en África, pero también florecieron reinos, imperios, grandes centros urbanos y comerciales, religiones complejas, migraciones etnolingüísticas de grandes amplitudes, manifestaciones artísticas admirables e invenciones tecnológicas tanto como en Asia, Europa y las Américas antes de la invasión capitalista mundial de mediados del siglo XIX.

Para algunos se trataba de reivindicaciones extremas de los valores africanos (como la de la “negritud” del antiguo Egipto), que sobrevaloraba el estado de civilización y desarrollo, en términos europeos, de África en los inicios de la “edad moderna”.

Pero no se puede dudar de que la historia africana esté ganando su lugar. Y hoy en día debe ser de suma utilidad, porque las realidades del continente deben también buscar su pasado. Por ello la descolonización del pasado africano debe ser una herramienta de trabajos académicos, pero también de una lucha internacionalista para darle su lugar a la Patria Humana.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

Fantasía y realidad: dos dimensiones con límites cada vez más difusos

Fantasía y realidad: dos dimensiones con límites cada vez más difusos

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El cine anda diciendo

 “Los hechos y personajes retratados en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia”. Esta frase, muy utilizada en el séptimo arte, nos deja en claro que la continua seguidilla de hechos que veremos a continuación nunca tuvieron un lugar en la historia, pero al contrario del efecto buscado, nos abre el espacio a lxs espectadores de encontrar paralelismos por todas partes.

 “Avatar es una película estadounidense estrenada en el año 2009 escrita, producida y dirigida por James Cameron”, nos comenta Wikipedia. La historia se sitúa en el año 2154, en Pandora, una luna del planeta Polifemo habitada por una raza humanoide llamada Na’vi, con la que los humanos se encuentran en conflicto ya que uno de sus clanes está asentado alrededor de un gigantesco árbol que cubre un inmenso yacimiento de un mineral muy cotizado y que su posesión supondría la solución a los problemas energéticos de la Tierra: el unobtainium.8​9.

“Ahora quién manda imbécil”, es la frase que pronuncia el protagonista de la película a la hora de enfrentarse con una criatura desconocida en sus primeras escenas habitando tierra extraña. Esta particular narrativa no solo nos habilita para encontrar claras similitudes a lo largo de nuestra historia ante el “encuentro” con un otrx cultural, sino además ilustra sintéticamente el arquetipo perfecto del sujeto burgués. 

El antropocentrismo es la doctrina que sitúa al hombre como medida y centro de todas las cosas, fundamento teórico necesario para el ascenso del modelo de acumulación capitalista y, por ende, condición necesaria para el proceso de conformación de la identidad del hombre blanco occidental. La naturaleza en tal ordenamiento se constituye como un medio, proporcionando al esquema una simple función instrumental.

Tal como nos anticipo Marx con la incorporación del concepto de acumulación originaria, el proceso ininterrumpido en el cual se despoja de los medios de producción a gran parte de la humanidad no solo sigue su curso en la actualidad, al parecer el futuro vaticina un pronóstico similar. Si nos detenemos por unos segundos y hacemos el ejercicio de transportamos a la temporalidad que nos propone la película, esta lógica abominable logra ser exportada a otro planeta.

“Si quieres algo, construye una guerra”, es la frase con la cual el Coronel Miles, uno de los villanos, explicita su estrategia. Al parecer la violencia planificada por medio de la utilización de un aparato tecnológico y armamentístico continuaría constituyéndose como el método más efectivo a la hora de conseguir el beneficio de unos pocos a cambio de la miseria de muchos.

Un dato interesante de la película, por fuera de su realización, es la exitosa recepción que cosechó: la misma logró hacerse con el título de la más taquillera de la historia del cine ostentando dichos honores hasta la actualidad. Estos resultados claramente son atribuibles a los medios con los que cuenta la gran industria de Hollywood, que a la hora de invertir en estos tanques cinematográficos no califican los presupuestos modestos.

Pero aventurándonos en una lectura más sociológica, podríamos traducir el éxito, entre sus tantos factores, por el claro mensaje político que esboza el contenido audiovisual. Lo cierto es que Avatar vino a inaugurar una década caracterizada por el triunfo de las historias distópicas: Black Mirror (2011), Los juegos del hambre (2012) o Divergente (2014) son algunas de las tantas tramas que lograron transportarnos por unas horas hacia un futuro desolador.

Catástrofes nucleares, tecnologización de la vida o el agotamiento de recursos naturales, ya no son narrativas exclusivas para catalogar una película bajo el género de ciencia ficción: semejantes escenarios no logran escaparse al juicio a posteriori encarnado en el típico pronóstico “esto va a pasar”, que vociferamos al culminar algunos de sus relatos.  

Película anglosajona leída en clave latinoamericana

El recorrido cronológico que nos regala el cine buscando rastros olvidados en el pasado o practicando algún tipo de futurología nos sirve además para rastrear antecedentes en el presente. En la Argentina de los últimos días, la difusión de las fuertes imágenes que ilustran los incendios forestales en las sierras cordobesas mantuvo en vilo a gran parte de la sociedad. 

Por otra parte, tuvieron lugar varias manifestaciones populares con consignas muy heterogéneas pero atravesadas por un mismo significante: denunciar procesos de Ecocidio. Entre los reclamos podemos encontrar en Capital Federal y el Gran Buenos Aires el pedido por la aprobación inmediata de la Ley de Humedales que se está debatiendo en el Congreso y el rechazo al acuerdo porcino con China para producir carne de cerdo. En otras latitudes como lo son las provincias de Chubut y Mendoza ya son habitúes las concentraciones para frenar el avance de proyectos mineros.

Teniendo en cuenta estas claras manifestaciones podríamos plantear la siguiente pregunta: ¿Se inaugura una nueva coyuntura política en donde el ecologismo se constituya como una consigna articuladora de las diferentes demandas sociales? Maristella Svampa es una mujer que logró convertirse en una voz disonante dentro del campo intelectual y una clara referencia para guiarnos en la interrogación que nos acabamos de hacer.

En su perfil de Twitter figura la siguiente descripción: “Socióloga, escritora, investigadora anfibia del sistema público argentino. Sempiterna patagónica que piensa en clave latinoamericana y de crisis civilizatoria”. En su larga carrera académica podemos rastrear sus fuertes críticas al proyecto neoliberal puesto en marcha en el último periodo del siglo XX en Latinoamérica, pero además plantea una reactualización de las relaciones de dependencia bajo el signo del extractivismo en los distintos gobiernos progresistas.

En los años 2000, Latinoamérica tomó un nuevo giro con la emergencia de diferentes gobiernos que, apoyándose en políticas económicas heterodoxas, se propusieron articular las demandas promovidas «desde abajo», al tiempo que valorizaron la construcción de un espacio regional latinoamericano (Svampa, 2017).

El escenario desolador que construyeron las políticas del Consenso de Washington supo delegar en las dirigencias del nuevo siglo una pesada responsabilidad. Los altos índices de pobreza y desempleo habilitaron los debates en torno a la distribución del ingreso, logrando traducirse con posterioridad, en políticas públicas ocupadas en atenuar los efectos de la desigualdad.

La decisión política de gestionar de manera más igualitaria el bien público no solo estuvo acompañada por elementos ideológicos propuestos por los diversos movimientos de corte nacional y popular, sino además fue signado por un elemento fundamental: el boom de las commodities.

Las economías latinoamericanas fueron enormemente favorecidas por los altos precios internacionales de los productos primarios, lo que se pudo ver reflejado en las balanzas comerciales hasta los años 2011-2013. Esta serie de elementos habilitaron el retorno de una visión productivista del desarrollo, generando del mismo modo la manifestación de las propias contradicciones al interior del propio paradigma, como los daños ambientales y sus impactos sociosanitarios.

Ahora bien, teniendo en cuenta el actual contexto histórico en términos económicos y sanitarios por la presente pandemia que golpea al mundo y sin olvidarnos como elemento sustantivo el viraje hacia la derecha en gran parte de la región latinoamericana, ¿es pertinente incorporar consignas en clave ecológica que pongan en jaque al modelo de producción extractivista?

La respuesta es claramente afirmativa, no solo construida en una dimensión moral abstracta, sino que dichas iniciativas son claras manifestaciones de la realidad. La «ambientalización de las luchas» se ve reflejada en la emergencia de diferentes movimientos socio-eco-territoriales, rurales y urbanos, indígenas y de carácter multiétnico, orientados contra sectores privados como corporaciones -en gran parte transnacionales- así como contra el Estado, en sus diferentes escalas y niveles (Svampa, 2017)

Es necesario no parar de reconocer en tal recorrido el papel que jugaron los pueblos originarios ante el triunfo de la globalización en la década de los 90’. A través de su lucha por la diferenciación y la reivindicación de las diferencias de orden racial, también denunciaron con mucha fuerza los modelos de desarrollo hegemónicos por su visión instrumental y antropocéntrica de la naturaleza.

El licenciado en ciencias ambientales Inti Bonomo, en una entrevista para el programa radial Últimos Cartuchos, comentaba sobre la falsa dicotomía que se plantea alrededor de los conceptos de medio ambiente y producción. Lo cierto es que tal discusión suscita hasta el día de hoy grandes debates.

Uno de los pilares centrales de los espacios políticos más progresistas concentra sus esfuerzos en la producción como principal herramienta que genere empleo digno. Esta perspectiva es esencial para erradicar la pobreza estructural en la región, pero el presente contexto demanda de manera urgente articular dentro de la lógica productivista mecanismos que ayuden a enfrentar de una vez por todas las contradicciones ecológicas de los propios sistemas productivos.

¿Salud integral?

A lo largo de la historia reciente, se pueden detectar ciertas constantes en relación a las grandes crisis del sistema capitalista. Teniendo en cuenta tales referencias y permitiéndonos hacer un recorte en el análisis que solo incluya al territorio nacional, el advenimiento del Covid-19 logró habilitar el debate sobre el rol del Estado en un escenario de emergencia sanitaria. Siguiendo con la línea de interrogantes ¿la política del cuidado, en ese sentido, no debería incorporar una perspectiva ecológica?

La pandemia nos encontró con un escenario más esperanzador: el actual presidente en función Alberto Fernández puso a disposición de la sociedad todo el aparato estatal para cuidar en términos sanitarios y económicos a todos los sectores, poniendo particular acento en los más postergados. Si bien esta serie de medidas se celebran con gran entusiasmo, nos habilita el espacio para seguir corriendo los márgenes e instalar en el debate público las demandas que la democracia sigue postergando.

En una de las escenas de la película, una de sus protagonistas pronuncia: “El vinculo afectivo es el principal lazo en toda relación. Si este se pierde, no se puede hablar de unión y para que sobreviva tiene que prevalecer el respeto”. Neytiri en estas palabras busca sintetizar el vínculo que ella y su raza humanoide tiene con el espacio natural.

Esta última cita nos invita a seguir preguntándonos: si queremos construir un territorio más justo e igualitario y no seguir reproduciendo los patrones de nuestra propia autodestrucción, ¿no es tiempo ya de incorporar en esa lógica del cuidado elementos que incluyan en el arquetipo propio del Estado de bienestar una perspectiva integral, en donde la naturaleza sea también considerada sujetx de derecho?

La batería de preguntas que recorrieron el texto seguramente no van a devenir en respuestas claras ni sencillas, pero hacerlas nos permite fijar una agenda y allanar el camino para poder construir un horizonte en donde las narrativas distópicas sigan teniendo como único canal de reproducción la literatura y el cine. 


Bibliografia  
Svampa Maristella, (2017) “Cuatro claves para leer América Latina”

Sergio Vaca
Sergio Vaca

Nací en la provincia de Córdoba pero residí la mayor parte de mi vida en Puerto Madryn. Me encanta charlar conmigo mismo cada vez que termino una película y tengo el don de memorizar datos triviales. Pensar una disociación entre erudición y escritura me parece un buen ejercicio para disputar espacios.

El hombre de las «vederas»

El hombre de las «vederas»

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

El 26 de agosto de 1914 el segundo ejército ruso a cargo del General en Jefe Alexander Samsonov, daba inicio a la batalla de Tannenberg y con ella a la Primera Guerra Mundial. No muy lejos de estos acontecimientos, en Bruselas, el Kaiser y sus tropas avanzaban en la toma de Bélgica. Por aquellas horas, una mujer se inquietaba por el sonido de los obuses alemanes mientras daba a luz a Julio Cortázar. 

De familia inmigrante, mezcla de franceses, vascos y alemanes, obtuvo un cromosoma mestizo que reivindicó durante toda su vida, pero que también le valió de suposiciones acerca de su nacionalidad, aunque siempre se percibió argentino. Después de algunos años nadando en la turbulencia generada por la guerra, que lo obligó a mudarse de país en varias oportunidades, su familia se instaló en Banfield. Supo describir la ciudad como el “meta suburbio” del que se habla en los tangos. Quizá hasta le fue de inspiración para algún que otro poema, de los que luego se hicieron milongas.   

Se formó como Magíster en Letras, e incluso fue docente rural durante cinco años. Por medio de una beca viajó a París, y cuando finalizó, comenzó a trabajar como traductor de la UNESCO. Para este momento ya había realizado algunas publicaciones de poesía en las que se podía notar una influencia Borgiana. Con el boom de la literatura hispanoamericana en los 60 su nombre llegó al mismo nivel de reconocimiento que el del mismo Borges, García Márquez, Rulfo, Benedetti, entre otros. 

Sus relatos superan la mera fantasía, porque su prosa está inmersa en un mundo muy parecido al real, con escenas cotidianas auténticas que, alejadas de la metafísica, le aportan un estilo único al género. Su sensibilidad artística fue el recurso con el que expuso sus preocupaciones sociales. De nuevo el arte como forma de denuncia. Esto lo llevó a coincidir en ideas e incluso aportar a los procesos políticos llevados adelante por los movimientos de izquierda en Nuestra América. Incluso hubo un tiempo en el que sus obras fueron prohibidas, y en más de una ocasión debió exiliarse.

El detonante de Cortázar había sido en el 62, cuando viajó a la Cuba de Fidel Castro a conocer de cerca esa cultura revolucionaria que lo cambió para siempre. Dejó de ser un intelectual introvertido para volverse un militante político, y su figura pública le sirvió para posicionarse fuertemente a favor de los derechos humanos. En los 70 viajó a Chile para apoyar la asunción de Salvador Allende, y más tarde a Nicaragua, donde aportó al movimiento sandinista. 

Son varios los artículos que denotan el compromiso político que asumió como escritor. Uno de ellos es “Dossier Chile: el libro negro” que relata las injusticias cometidas por la dictadura de Pinochet, al igual que “Nicaragua, tan violentamente dulce”, una prueba de la lucha sandinista contra la dictadura de Anastasio Somoza. Existen algunos archivos fílmicos o sonoros que han logrado capturar las grandes elocuencias que supo relatar, pero parece interesante hacer hincapié en un discurso en particular que brindó luego de la revolución en Nicaragua y del que poco se ha oído hablar…

“Como toda generalización, querer hablar de cultura en abstracto no es demasiado útil; pero sí lo es abordarla dentro de un contexto dado y tratar de comprender su especificidad y sus modalidades […] Dejemos pues a otros el tema de las muchas revoluciones en la cultura desde los tiempos más remotos y hablemos concretamente de la cultura en la revolución […] Aquí yo siento que el plato y la cultura son ya una misma cosa, que en última instancia la cultura está presente en cada uno de los avances, de las iniciativas y de las realizaciones populares, que no es ya el privilegio de los que escriben muy bien o cantan muy bien o pintan muy bien, sino que la noción parcial de la cultura ha explotado en miles de pedazos, que se recomponen en una síntesis cada vez más visible y que comporta igualmente miles de voluntades, de sentimientos, de opciones y de actos. Alguien podrá decir que esta tentativa de descripción no parece lo suficientemente precisa: es justamente el tipo de crítica que podría hacer un hombre “culto” en el sentido académico del término, para quien cultura es ante todo una difícil adquisición individual, lo que naturalmente reduce el número de quienes la poseen y además los distingue claramente de los que no han accedido a ella”. 

Julio Cortázar

Una característica que bien podría ayudarnos a comprender su obra es saber que tenía la palabra precisa, y la supo soltar en el momento indicado. No solo fue un escritor, poeta, novelista o la categoría que se le prefiera adjudicar: fue un revolucionario de la cultura. Romper con los paradigmas establecidos para esa pequeña élite dominante que nos dice enseñar de qué se trata la cultura y cómo debemos entenderla, es una ardua tarea por la que se han perdido vidas a lo largo de nuestra historia, y en la que este escritor ha dejado una huella imborrable.

Entender que en nombre de la cultura se han cometido las peores injusticias y que el acceso a ella es una cuestión de privilegios nos permite saber que desde el barro, estamos recomponiendo esa síntesis de la que habla Cortázar, para dar la batalla cultural que los pueblos ansían.

Jorgelina Urra
Jorgelina Urra

Para que las ideas no mueran hay que escribir, pero como el lenguaje es un universo lleno de palabras muertas y consejos de la RAE; prefiero hablar desde un léxico más revolucionarie.

Les Ilusionistas del Arte

Les Ilusionistas del Arte

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

POR JORGELINA URRA* Y ZULE CAPELLA**

El Korean- Pop es un género musical de Corea del Sur originado en la década de los ‘90. Con base en el pop, articula diversos estilos como el rap, hip-hop o rock y en los últimos años a través de las redes sociales logró masificarse y conquistar las tendencias en diversos países. El genero en sí mismo persigue objetivos claros desde el inicio: quienes acuden a él, son jóvenes con ansias de pararse arriba de un escenario y cantar, y quienes les reciben, son los buitres de la industria cultural.

Es explícito el nivel de explotación al que están sometides. La técnica clásica de la discográfica que va detrás del artista con caudal de seguidores en redes, es un tanto diferente en la industria K-pop; les artistas (no es excluyente el no ser reconocido) acuden a las empresas para postularse y ser parte del campo de entrenamiento musical del ejército de artistas coreanos.

Les idols, como se conoce a les miembres de los grupos K-pop, pasan por una intensa preparación: el modelo de artista ideal, es aquel que realice con rigurosidad los entrenamientos previos a la puesta en escena. Van más allá de los ensayos y el trabajo que habitualmente se realiza en este arte. El alistarse implica cambios físicos a partir de dietas poco naturales o saludables, cirugías estéticas si fuese necesario, lecto-comprensión en varios idiomas y la lista sigue. Si el modelo cumple con los requerimientos del contrato, es seleccionado para convertirse en trainees, ensaya durante meses o años, se le agrega un poco de orientalismo para maquillar el canon e implantar la otra hegemonía, y sin fallarle a la matriz occidental, queda listo para elevarse al estrellato.

Una vez iniciades, realizan diferentes versiones de la misma canción en varios idiomas (inglés, japonés o chino mandarín), el objetivo de las empresas es que el producto sea vendible en diversas culturas, por eso los nombres se componen de siglas en inglés, acrónimos que posibilitan una fácil comprensión y la inmediata incorporación al léxico. La idea de generar accesibilidad al contenido a partir de la aproximación lingüística es un recurso habitual en la literatura, y ha sido implementado en varios géneros artísticos, útil pero peligroso. ¿Qué pasa con el mensaje? ¿Qué transmiten?

La gran estrategia

Desde su inicio el pop coreano estuvo a cargo de distintas compañías que eligen a sus posibles estrellas en audiciones, las entrenan en canto y baile para luego armar grupos que pueden ser numerosos. Las bandas K-pop tienden a ser conformadas por más personas que las bandas habituales de música occidental, llegan incluso a ser 40 integrantes, como sucede con “NCT” y pueden desdoblarse para hacer presentaciones simultáneas en distintos lugares.

Es un sistema perverso que ha funcionado desde hace décadas siendo su principal referente la industria cultural estadounidense, hemos visto formaciones de artistas al servicio de la industria cultural más despiadada y no sólo en términos de explotación económica. En la batalla librada por ocupar ese rol central de influencia se encuentra el k-pop, estableciendo una hegemonía oriental en la disputa de sentidos, en este caso, desde la música.

Es lo que se define como “poder blando”, y hace referencia a las estrategias de determinados países que cuentan con un caudal de influencia internacional debido a la potencia que representan algunas de sus características culturales. Esto les permite a los gobiernos establecer alianzas con otras naciones, y un interés particular que no es implantado desde el poder militar o de coerción, sino desde la sumisa atracción y la parafernalia estética. Stella Calloni ha brindado grandes aportes intelectuales para entender este juego de roles que se debate en la esfera geopolítica.

La imagen que un país representa para el resto del mundo es el conjunto de los indicadores más sobresalientes que se relacionan con el nivel educativo, deportivo, los avances científicos y demás, y el arte no está exento al momento de pensar estrategias para propiciar un modelo económico y de expansión rentable.

Desde la década de los ’60 el desarrollo económico surcoreano se basó en la exportación de manufacturas, industrialización aletada por el gobierno que solo sufrió una crisis entre 1997 y 1998. A finales de los ’80, el sudeste asiático había experimentado un aumento en el porcentaje del PBI, cuatro puntos en el caso de Corea del Sur, lo cual les generó un impulso muy grande en términos económicos que al mismo tiempo desató una competitividad financiera imposible de sostener, ya que China también se fortaleció logrando posicionarse como el principal competidor.

Corea del Sur encontró una salida a la crisis a partir del desarrollo y financiamiento científico haciendo énfasis en las tecnologías de la información (TIC) y los servicios audiovisuales, muy ligado al proceso de democratización luego de la separación de las dos Coreas. El producto de exportación debía reemplazarse, y que mejor que poner fichas en la industria cultural y hacerle frente al J- pop (pop japonés).

Datos porcentuales del PBI de Corea del Sur
Fuente: Banco Mundial

Los principales monopolios empresariales son SM Entertainment, primer agencia fundada en 1995, JYP Entertainment y YG Entertaniment, pioneros en la sistematización del k-pop. La idea fue crear productos culturales exportables, y el negocio funcionó. En 2005 Corea del Sur ocupaba el puesto 29 dentro de la industria musical mundial, y según los datos de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), en 2018 fue el sexto. El crecimiento exponencial y la repercusión económica para el país, no se dio de manera inesperada. A finales de los ’90, Kim Dae-Jung presidente de Corea del Sur, impulsó una ley que promovía la industria cultural, donde claramente obtuvo el visto bueno de las empresas y desde entonces el país destina el 1% del presupuesto nacional al circuito cultural.     

Preses de su propia creación

Uno de los detalles más fuertes es que al firmar los contratos musicales que ofrecen estas empresas, les artistas pierden derechos básicos del ser humano: se les prohíbe tener relaciones afectivas que impliquen matrimonio o cualquier tipo de vínculo estable, así como también manifestar opiniones políticas, lo cual les quita la posibilidad de ser sujetes polítiques. La influencia occidental en la metodología de análisis que realizan las empresas de publicidad y marketing del ámbito cultural- artístico coreano, es notoria. Miden los efectos pragmáticos de la influencia del arte en la gran masa seguidora. A partir de esos datos fabrican artistas en serie; son ilusionistas del arte. Incluso han hecho pedir disculpas a los idols que aparentaban estar en una relación, por herir la susceptibilidad de les fans. ¿Donde radica la esencia de le artista: la capacidad de crear por sí misme, desde la experiencia y el saber político?

La industria cultural históricamente ha sido alentada y monopolizada por la esfera hegemónica yankee, lo que por supuesto ha dado origen a diversas interpretaciones del arte, variando de influencia según el contexto. El arte es una herramienta política inagotable que tiene la capacidad de motorizar grandes cambios y lo ha hecho. Hemos visto cómo el imperialismo se ha servido de él como los buitres de la carroña. Vale recordar como dato histórico la propaganda fascista del Nazismo alemán en su apogeo. Es una práctica en continuo dinamismo, porque la definición del arte es abstracta, y al no haber un relato verídico que la contenga, lo que se da es una puja constante entre los distintos centros de poder mundial. El arte aporta a los procesos políticos la suma de distintos intereses que están de por medio y que van más allá de le artista y su obra.

Los ideales que persiguen o la conciencia política de les artistas en general es diversa, pero en la gran mayoría de los casos es propia, sea del lado oscuro o no de la fuerza. Le artista debe tener la posibilidad de expresar su arte, por más obvio que resulte y de discutir con las discográficas, productores o managers si su obra está siendo manipulada. Pero ¿cómo puede llegar a deliberaciones propias si se encuentra condicionade y prese de su propia creación?

Existen objetivos alienantes en la producción artística, por lo tanto hay trabajadores explotades; si además se pretende silenciarles, no hay libertad de expresión, y si no hay libertad de expresión y la sobreexigencia gana terreno, hay suicidios. Al momento se han quitado la vida cuatro influencers del K-pop. Entonces ¿existe el arte en todo esto? ¿qué concepción tenemos del arte al avalar estas prácticas?

El arte como herramienta de dominación

La utilización del arte como herramienta de adoctrinamiento en función del interés económico capitalista, es el esquema sobre el que trabaja la industria cultural, y si a la suma le agregamos la voracidad de los monopolios empresariales gestionando desde las oficinas de sondeos, obtenemos el subproducto del arte que hemos visto nacer, desarrollarse y potenciarse en la gran fábula que Hollywood y sus discípulos lograron instalar en el sentido común: literalmente un ejército al servicio de la batalla cultural. ¿La estrategia? Vaciar de discusión a las generaciones más jóvenes.

Hace unas semanas analizamos el rol de les k-popers, o como preferimos llamarles: el Ejército Inesperado. Miles de pibes seguidores del K-pop que en un giro inesperado boicotearon la matrix para dejar en evidencia que el vaciamiento político no es el sueño que eligen soñar. Ahora bien, sus actos de reivindicación no son dirigidos en contra de la matriz oriental, se rebelan contra el hegemón occidental que viene denigrando a les negres y violentando a les blanques.

Definición certera en este contexto que ha permitido desvalidar el argumento más sólido que la derecha tenía a nivel continental: los resultados de la medición por sondeos como indicadores de fuerza y poder. Esta demostración de organización resulta bastante efectiva, pero está centrada en la problemática de discriminación por etnia o cultura. ¿qué sucede con la industria despiadada de la cual son les principales receptores y promotores? 

Son varias las discusiones que se disparan dentro de este fenómeno: por un lado el hecho de posicionar al arte como recurso para moldear masas; más allá de cómo se interprete al arte, es innegable que otorga poder a quien la utilice como método de coerción, e impunidad a los buitres del mercado para enriquecerse a costas de la explotación. Por lo tanto el eje central no seria “k-pop si” o “k-pop no”, el problema son las leyes que violan con la excusa de estar haciendo arte, y el fomento del mismo por parte de los estados como de la propia opinión pública.

El K-pop es una de las principales atracciones del país que le ha permitido a los gobiernos tener un desarrollo en materia de exportación muy rentable. El idioma, por ejemplo, no es considerado uno de los más globalizados, sin embargo el boom musical ha generado un interés en les fans que año a año posibilitan la apertura de instituciones educativas para la enseñanza del mismo. El gobierno surcoreano ha invertido en 130 institutos en al menos 50 países -datos, no opiniones-.

En relación a les artistas se desata otra arista: elles tienen la posibilidad de negarse y romper contrato, pero no se termina ahí, no hay voluntad propia que valga. Las discográficas ofrecen contratos a muy largo plazo y la cláusula con la que se enfrentan es una multa millonaria, que en teoría, compensa el dinero invertido en su formación.

La rueda que mueve al mundo no cesa. Y existe una estrategia (al menos desde lo virtual) que en este contexto resulta útil, para colocar en la enorme maquinaria cultural, algún que otro palo. El Ejército Inesperado parece estar resuelto a denunciar parte de las fallas de este sistema y dan cuenta de una forma de organización bastante particular. Es preciso entonces, entender que estos procesos van acompañados de pujas constantes en lo que a intereses respecta, que toda acción puede ser cohersionada, y que definitivamente se debe discutir el rol que ocupa el arte como motor de los procesos políticos. Por lo tanto es necesario debatir entorno a la importancia del arte, sus variadas interpretaciones, el lugar de legitimidad que ocupa y las consecuencias que desde hace décadas viene arrastrando.


* Para que las ideas no mueran hay que escribir, pero como el lenguaje es un universo lleno de
palabras muertas y consejos de la RAE; prefiero hablar desde un léxico más revolucionarie.
** De San Luis al país, escribe para ustedes Zuleca. Si están leyendo este perfil tienen 
suerte porque en realidad se dedica más al ámbito radial. Las malas lenguas la han
apodado como las "manos riquelmeanas" de la producción, aunque ella no entienda de fútbol.

Me llamo Marta; pero se escribe Lucas Gabriel

Me llamo Marta; pero se escribe Lucas Gabriel

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

Por Jorgelina Urra*

Lucas Gabriel

Es el mayor de cuatro hermanos. Alto y flaco, de piel tigreña. Y un cabello de oscuros y diminutos rulos. Sus gruesos labios son el foco de atención y los que dan a entender la significancia de su alias. Tiene una voz tenor, limpia, varonil y ligeramente desenvuelta, directamente proporcional a su modo de gesticular. Observan entretenidos unos ojos negros y de un brillo particular. Y unas cejas en constante movimiento, articulando con cada pensamiento.

Tuvo miedo, fue errátil. El colegio con sus voces incitantes lo marcaron. Soportaba en silencio. “Los meses que venía el boletín era como un sufrimiento para mí. Y como no me iba bien, no me dejaban hacer nada de lo que a mí me gustaba, como teatro.” Pudo sentir el rechazo con olor a burla en las palabras de su padre. “Mi papá es muy machista, siempre dijo que si tenía un hijo gay lo mataría”.
Quería gritar y no podía.

“Llegue a estar al límite de decir todo y ahí fue cuando empecé. ¿Cómo le decía a mi familia?”.  Transformó el grito; en arte. Lo maquilló con el set de la madre. Revolvió el placard de la hermana y lo vistió. Salió a escondidas y le compró zapatos.

Le puso una peluca.

El grito se llamó Marta. El grito era Lucas dentro de un cuerpo; queriendo salir. Los shows para la familia lo fueron liberando, pero no del todo.

Las sospechas se volvieron tema de conversación en las cenas familiares, y presionado gritó por primera vez… “¡NO! Porque tengo novia”.

Unas semanas antes se declaraba en un papel. “Yo había escrito una carta, me quería ir de mi casa porque ya estaba mal y ahí contaba lo que era, la guarde en un cajón porque bueno… ya había cambiado el mundo”.

La hermana de la amiga de su hermana, era esa novia inventada y revelada con la que aún no había pasado nada, pero pasaría.

Bastó aceptar una invitación a salir para comenzar con una relación de idas y vueltas y un amor vacío de satisfacción, pero amor al fin.“Estuvimos un año, en el que peleábamos todo el tiempo (porque éramos dos mujeres), pero ella no sabía nada”.

“La quería a Fernanda, la llegue a amar…  sentía algo. No era su culpa que yo fuera así.”
La mañana del 14 de febrero Lucas estaba festejando el cumpleaños de su hermana.

Sonó el teléfono. Era Fernanda. El creyó que era para saludarlo o quizá para arreglar una salida juntos. Pero la voz de Fernanda indicaba otra cosa y Lucas recibió la noticia, sería papá.

***

La familia perfecta

Maduró de golpe. Ya no iba a la escuela, no salía, no vivía como alguien de su edad. Pasó de ser un adolescente que buscaba su identidad, a ser un padre de familia. Llevaba en la conciencia la carga emocional que provocaba la mala relación que tenía con su padre.

Decidió vivir con Fernanda; en familia.

Ella tenía una amiga en Brandsen; su marido trabajaba en una granja. Lucas comenzó a trabajar ahí.

Alquilaron una casa cerca de Brandsen, donde la inquilina anterior había tenido una peluquería. Tenía dos habitaciones; una para Laureano (su hijo), y otra para ellos. Un baño. Un living que daba acceso a una cocina reducida. Esta tenía conexión con el lavadero; y el lavadero con un comedor, que daba la impresión de que en otro tiempo había sido garaje. En el comedor se situaba una puerta que daba salida al patio. Ahí se hallaba un baño, separado de la casa, y cerca de ese baño, una habitación.

Lucas quedó fascinado con esa habitación, en ella encontró ruleros, un espejo, un placard que enseguida convirtió en estantes para  colocar dos pelucas nuevas. Las cuidaba como se cuidan los objetos con valor emocional. Un rollo de tela blanca que había encontrado en el trabajo, le daba forma a dos paneles de iluminación para fotos. De a poco fue apropiando ese lugar y se lo dedicó a Marta.

Se levantaba a las 7 am. Desayunaba algo hecho por Fernanda y se iba a trabajar al criadero hasta las 7 pm. De regreso iba por las compras para la cena y el almuerzo del día siguiente. Jugaba con el nene. Veían tv en el sillón; tomaban mates. Cenaban y se iban a dormir. Los días pasaban.

Era la vida que había que tener para criar un hijo (según su padre), porque así (se supone), es tener una vida “normal”. Fernanda desconfiaba, no sabía bien de qué o quién. Entendía que Marta era el personaje que Lucas había creado por amor al arte, a la expresión, y lo aceptaba. “Vestirme de mujer era chocante pero como sabían que lo hacía desde el teatro… zafaba”.  Pero la imaginación le jugo sucio y lo celaba. Creyó que era por otra mujer. Las peleas empezaron, ella pedía respuestas. Esas respuestas estaban más allá de un “ “o un “no”. Él aun no había encontrado la forma de explicarlo, ni tampoco sabía lo que sentía o de que se trataba aquello que su cuerpo expresaba, la moral impuesta había retrasado esa definición. 

Un día, ella le levantó la mano… vacía de cariño. Y Él, correspondió a ese gesto… vacío de cariño…
Ese mundo creado inconscientemente donde no había ventanas para escapar, sino cuartos donde encerrarse. Tal vez a reflexionar… mientras peinaba una peluca. O quizá, a inventar otra vida; a Lucas no le gustaba. Así que tomo la historia escrita y olvidada en un cajón, y la narró en primera persona para sí.

La relación había llegado al desenlace.
“Yo sé que Laureano se va a criar con otro mundo, otra mentalidad”.

***

La liberación

Llegó Gonzalo a la vida de Lucas tras la separación. Su mamá comenzó a sospechar, él le daba razones.
Un día decidió ir y contarle lo que sentía. Ella lo miró y dijo:
– Sí, ya se. No me digas nada.

– Si mamá, es mi novio.
Ella se quebró y rompió en llanto.
– Ya sabía, desde el principio, tu abuela me lo dijo.
“A partir de ese momento me solté.”

***

La segunda separación

Fernanda se enteró a través de Facebook, a pesar de estar bloqueada para Lucas. Y le impidió ver a Laureano. Durante dos meses.

Abogada de por medio consiguió poder pelear por verlo. Durante la audiencia el Juez le preguntó a Fernanda si el nene, al ver a Lucas, podía reconocerlo. Ella dijo “no”.

El Juez decidió que sería un solo día a la semana.

La mentira no podía comprobarse, Laureano era demasiado pequeño para dar una respuesta.
Después de esos dos meses lo fue a buscar, acompañado de la abogada. Al abrir la puerta…

– ¡Papá! Gritó Laureano abriendo los brazos.

Lucas conmovido, se sintió completo. Con el alma llena.
“Mi hijo me abrió un montón de puertas, en lo personal, me demostró que no te impide nada”.

***

“Mi cuerpo
no es
la visión distorsionada
de Tú
pensamiento” 
                             Alguien

Nacemos sin tener conciencia del cuerpo que habitamos; pero si del que salimos. No elegimos ese cuerpo y decidimos independiente elegir otro; o una forma diferente de verlo y llevarlo a la máxima expresión. Todo lo decidimos cuando creamos conciencia.  Así que disculpen mi atrevimiento… se llama Marta (la churrasquera), pero se escribe Lucas Gabriel.

“Yo era madre primeriza, y la primera vez que fui al médico -de apuro- (por las contracciones), me lleve todos los bolsos. La ropa, los pañales… todo. Y al final el médico me mando de nuevo a casa. La segunda vez, como pensé que pasaría lo mismo, me fui sin nada.
Resulta que Lucas ya había sacado la cabeza. Así que cuando nació, la chica de al lado me presto ropa y pañales. Pero de nena”.
Cuenta entre risas la madre de Lucas.

Marta es el personaje producto del ingenio actoral; que le abrió la puerta a Lucas.

Paso por varios trabajos, podría decirse en base a su historial, que es autodidacta.

Su habitación es de color magenta. Tiene la mitad de una mesa que antes fue redonda, amurada a la pared. Ahí se maquilla hasta verse como Marta. Lucas produce y crea para su personaje. Dividió en dos locaciones la ropa, una pertenece a Lucas y la otra a Marta. La de ella está mucho más cargada que la de él.

Su abuela, es esa mujer en la que se basó para darle personalidad y nombre a su personaje. Aprendió gestos, articulaciones corporales desde la sonrisa a los pies. Tonos de voz que estallan histéricos de expresión y brilloso glamour. Se apropió de las historias de las amigas de su abuela, las desarmo y las volvió a armar. Esas son sus anécdotas, cargadas de obscena belleza, propias de una diva.

***

¿Qué me pongo?

Su primer vestido para salir; fue una remera que su madre tenía intención de tirar.

Negra, ajustada en la cintura y suelta al final. Tomo un montón de plumas, le confecciono una boa y se la agrego a ese final inconcluso. Cortó un vestido transparente y con la tela le hizo una manga –murciélago- de un lado. Y del otro, más plumas.

– ¡Hola! ¿Qué  buscas?
– Un par de zapatos, taco aguja. Talle 40.

Mando a la hermana a comprarlos y como calza 45, les hizo un corte en el talón. Les puso cuero y los forro. Era la primera vez que se calzaba unos zapatos y el ruido del taco en el piso, lo reveló. Jamás volvería a mandar a su hermana. Iría él, y a cada interrogante respondería con una historia distinta.

Lo extremo era caminar por las veredas de Capital. Los círculos, decorativo particular en las baldosas, lo mantenían en eje con las rodillas hacía adelante  intentando forzadamente no tropezar.

La realización de Marta seguía avanzando, conforme Lucas ponía el cuerpo. Quería construir la semejanza de cada facción de una mujer. Así que se miró al espejo y en él vio un lindo par de tetas y por debajo un culo a lo Nicki Minaj.  Consiguió goma espuma, se midió y sus manos hicieron el trabajo.

Hoy Marta tiene 15 pelucas de distinto color y peinado. Modifica su ropa y peina las pelucas con dedicación. Compra maquillaje cada vez que puede y tiene una maquilladora personal.

Programar un show le lleva (si le avisan tarde), una semana eligiendo rápido la estética. Y (si le avisan con tiempo), un mes.

Marta llegó a Hogan´s para una fiesta de Halloween. En ese momento la tendencia era Moisés. Las manos de Lucas armaron (canutillo por canutillo), un collar más chico que el de Nerfertari. Las observaciones decían que a ese collar le faltaba la mitad. “Era la Nefertraba después del tarifazo”.

***

Poniendo el cuerpo

Está sentado con los brazos apoyados en la mesa. Entusiasmado desparrama la bijou de fantasía que va a decorar el cuello y las muñecas de Marta. Me las enseña.

La maquilladora canceló. Pero lo vamos a hacer igual.

Lucas entra al baño con las manos cargadas de productos del set de maquillaje. De espaldas a la puerta se mira al espejo, primero un perfil, después el otro. Con los dedos se esparce por el rostro, en un movimiento suave y delicado, la base. Cubriendo los contornos, la frente, las comisuras y los pómulos.

Elige el perfil izquierdo. Comienza a trazar una línea con el corrector que va desde la frente, bajando por la curva del tabique que ligeramente llega a la comisura del labio superior, saltea la boca dejándola para después, y sigue en la misma línea desde el borde del labio inferior hasta perderse por debajo del mentón. El resto del perfil se tiñe de otro tono.

Adhiere una pestaña postiza que marca el detalle en el ojo y sigue con el armonioso ritual.

Un cepillo celeste desenreda el pelo, pelirrojo de sedosos bucles artificiales. Con esa peluca una noche en Hogan´s interpreto a una gitana. Termina de arreglarse y se pone la peluca…

– Tengo una cara de puta. Dice saliendo del baño. Después de la peluca, viene Marta.

Fotografiando a Marta

Relata entre poses los detalles de sus salidas a la Warhol. La complicidad con su amigo Ángel quien le ofrecía ayuda como asistente. La sigilosa salida de Abasto hasta Capital…

Se hace la medianoche, Lucas se pone las medias debajo del pantalón. Para ahorrar tiempo y ser más prolijo se coloca la base y las pestañas. Un par de lentes negros (sí, de noche, sin poder ver bien) mantienen la incógnita de camino a tomar el Plaza. Dentro del micro Ángel lo ayuda a producir hasta el más mínimo detalle, como las uñas postizas que cuidadosamente le coloca.
Una vez en la ciudad, baja Marta. Regia, única. Una noche más de glitter que perdurara, y secuencias de mal comportamiento con un detalle particular…

“Nunca tuve relaciones como Marta. Porque imagínate… me agarran de la peluca y me la despeinan toda. ¡Mi amor! Te mato”.

***

Un sueño compartido

Lucas tiene un sueño, en el que por ahora está solo. Es el de subirse a un micro y hacer su show. Una secuencia y que la gente ría, nada más.

“Hay muchos que hacen transformismo. Marta esta por fuera de eso, la construí a partir de todas las divas. Susana, Moria, Lizzy… Florencia. Porque si bien la vestimenta o las pelucas van cambiando, siempre es Marta, respeto su estética. Mi idea es llevar el teatro a la calle, quiero que lxs chicxs y la gente acepten que cada uno es libre de elegir que ser. Más de una vez me dolió ver como los padres les tapan los ojos a lxs niñes cuando van por la calle y ven a una chica trans”.

Fin


* Estudiante de Licenciatura en Comunicación Social con orientación en periodismo en UNLP, redactor en Revista Trinchera
El muralismo mexicano de ayer y hoy: una mirada desde las nuevas camadas

El muralismo mexicano de ayer y hoy: una mirada desde las nuevas camadas

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Dialogamos con la muralista mexicana Monserrat Téllez con quien analizamos las nuevas experiencias del muralismo en Nuestra América y la historia de denuncia y lucha de este movimiento en México.


Para aquelles  que no sabemos mucho sobre esta forma de arte: ¿cuándo nace? y ¿qué es el muralismo?

Bueno, es una corriente artística que nace en México a finales del Siglo XX. Con la necesidad de imprimir en las paredes la Revolución mexicana. En ese momento en México, la mayoría de la población era iletrada, no sabía leer ni escribir, no tenía educación de ninguna parte.

El que era Director de Educación José Vasconcellos encarga al Doctor Atl, a quien conocemos como “el padre del muralismo” en México, el primer mural y este lo trabaja en torno a la Revolución Mexicana. Se quería mostrar qué estaba ocurriendo y cuál era la política del país en ese momento; para que quienes no sabían leer y no podían acceder a la información de los medios de comunicación de la época, pudieran conocer este proceso histórico a través de lo que se imprimía en las paredes.

Se crea, también por ese entonces, un sindicato de obreros del arte, en el que participaban Diego Rivera, Orozco y varios muralistas importantes de la época, que son quienes expanden el muralismo.

Como un gran movimiento de denuncia social a través del arte ¿En ese contexto de Revolución mexicana, las mujeres también formaban parte de los murales? ¿Qué lugar tenían?

En aquel muralismo a la mujer se la representaba al lado del hombre siempre. Sin embargo, tuvo un rol muy importante dentro de la Revolución mexicana como guerrillera: iban al combate armadas con lo que tenían, aportando a la lucha; por lo que claramente formaban parte. En los murales quedó plasmada la participación de la mujer en la lucha.

¿A vos qué te gusta hacer? ¿En qué pansas y cuáles son tus ideales en el arte?

Me gusta mucho el surrealismo, rescatar la visión de los Pueblos Originarios, de los Pueblos indígenas prehispánicos. Junto con el muralismo se busca descentralizar la mirada eurocentrista y dejar de lado todo eso que venía de afuera, es decir, descolonizar y tener una visión más prehispánica que enorgullezca a los mexicanos respecto de la identidad de los Pueblos Originarios. Esa es la parte que me agrada, reivindicar esa historia que fue negada por los españoles.

¿Qué te trajo a Argentina?

Hay un movimiento internacional que inicia acá en Argentina, es el Movimiento de Muralistas Italo Grassi, comenzó por algunos maestros hace muchos años (no tengo el dato exacto), pero cuentan con una amplia trayectoria. Por otro lado hay artistas de todo el mundo que organizan encuentros de muralismo en diferentes partes de Argentina y de otros países donde tienen delegados. Yo los conocí en un encuentro que hubo el año pasado -hace tres años que tengo contacto con este movimiento-  y a partir de la experiencia que transitamos en el Estado de Hidalgo en México (de donde vengo), es que nace la invitación de poder venir a pintar acá a un encuentro que se hizo en la ciudad de Alta Gracia, Córdoba. Estuvimos realizando murales la semana del 17 al 21 de Septiembre con compañeros de diferentes partes de Argentina, y una compañera de Bolivia.

¿En los encuentros tienen una temática en particular por la cual van los artistas?

Sí, la mayoría de los encuentros se propone una temática. En el de Córdoba por ejemplo, fue “Memoria, verdad y justicia” y aprendí mucho con los compañeros argentinos. Retomamos a Santiago Maldonado, una compañera de La Plata lo pintó y causó revuelo  el mural, de hecho hubo una discusión, la gente no estaba contenta con el mural, decían “¡Oye! ¿por qué siguen pintando eso? Supérenlo, no puede ser que sigan enseñándole eso a los niños”, fue fuerte.

¿Haciendo referencia a algo en particular del mural, o a la idea en general?

No a la idea general, yo creo que no estaban contentos de que se tomara la cuestión política en el encuentro.

Como si no fuera político el arte…

Si, como herramienta pedagógica. Hay un capitulo muy interesante del historiador Fernando Mires (también mexicano), en el que hace un recorrido sobre la historia mexicana y la define como un carrusel de rebeliones, también hay un fragmento muy importante en el que habla de la cultura. Lo traigo porque me parece que quizás si se lo considera así y sobre todo si se lo lleva adelante, se sostienen las raíces y se enfrenta el coloniaje, incluso desde grandes bastiones como son estas expresiones culturales.

Creo que parte de lo que ahora es el orgullo por la identidad prehispánica que hay en México, fue por el muralismo. Si se hubiese dejado de lado después de la Revolución, si no se nos hubiese enseñado esa raíz, quizás no lo tendríamos tan arraigado como lo tenemos ahora.

Hace poco se conoció sobre la despenalización del aborto en algunos estados de México, no en todo el país ¿Cómo ves a la Argentina al respecto? ¿Cómo ves la sociedad, el machismo?

En el poco tiempo que hace que estoy acá, y a nivel comparativo, he notado que la sociedad es menos machista que en México. En México sí que estamos mal todavía, incluso muchas de nosotras traemos comportamientos machistas que a  veces no nos damos cuenta, y es muy notorio cuando se está acá.

Por otra parte, sobre el aborto se está consiguiendo la legalidad en algunos Estados, todavía hay otros que se resisten pero se está trabajando, las marchas y todo el movimiento está funcionando.

Para anclar el feminismo al muralismo ¿en alguno de los encuentros de muralistas hubo alguno con temática feminista?   

Sí, hay encuentros con temáticas feministas, no como se ve acá pero se debaten temas en torno a la mujer en diferentes sectores pero no tan político, tan de denuncia.

¿Y fuiste alguna vez a esos encuentros?

Sí, estuve en un Encuentro de Mujeres en el Arte que se hizo en México en 2015, en el Estado de Hidalgo. Eran puras mujeres pintando murales a mí me pareció muy bueno porque el estar todas juntas pintando, genera una energía muy bonita.

¿Notas alguna diferencia? ¿Te gusto más laburar entre mujeres?

No, a mi no me gusta más. Es padre la experiencia y es bonito pero a mí me gusta más que haya un balance una igualdad de compañeros y compañeras pintando. He estado en encuentros y eventos donde hay mucha cantidad de hombres y una o dos mujeres pintando, eso no esta tan padre me gusta cuando hay un justo balance.

¿Eso existe allá, que haya quizá recelo o que se plantee como acá donde está el discurso de que “me ensucian la pared” o cosas similares?

Sí allá también pasa que hay comunidades que son más cerradas y es algo extraño en las ciudades, las personas son más reacias a recibir los murales, no les gustan tanto si es un mural con temática social, siempre ven mal esas características.

En México está muy bien posicionado el Arte Urbano, entonces la gente de la ciudad va a apostar más a algo que “embellezca” antes que a un mural que denuncie algo. El Arte Urbano está logrando eso, están muy bien posicionados, hay muy buenos artistas también.

¿Se pintan mujeres de los pueblos originarios, las grandes guerrilleras y a demás de que se pinte, se habla de eso o tenés que salirte de la academia? ¿Qué cuerpos se representan?

Sí, yo creo que allá si se maneja con eso de la imagen de la mujer indígena predominante, volvemos a lo mismo de identidad de amor por las raíces y si se busca enaltecer la mujer indígena.  

Redes de Monserrat Téllez
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Feminismos para qué

Feminismos para qué

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por Floren Luengo*


¿En qué momento se pensó que los feminismos son de mujeres para las mujeres? Posiblemente, la respuesta redunde en los medios masivos de comunicación y en la rama radical del movimiento. Por lo general, la prensa muestra el feminismo a través de los torsos desnudos, la irrupción de las axilas sin depilar, lo mismo que el bozo y el cavado; las mujeres hegemónicamente bellas sin maquillaje y algunx famosx que salió a denunciar un abuso sexual –como si ciertos abusos sólo fueran relevantes socialmente-.


En primer lugar, siendo personas que trabajan y se comprometen con la comunicación popular, el siguiente escrito realiza una gran crítica a la industria cultural instalada en los medios hegemónicos de comunicación. Los mismos que con entusiasmo se ejercitan día a día en pos de mediatizar la violencia, acentuar la sociedad del punitivismo e individualismo y hacerle el trabajo menos agitado a un Poder Judicial que estructura la violencia en la sociedad a través de la interpretación de las leyes e incumplimiento de las mismas.

En segundo lugar, el escrito propone abonar a un campo de discusión cuyas argumentaciones se articulen para buscar interrogantes antes que respuestas a una problemática social que compromete al sistema en que nos vemos envueltas las personas. Y digo “nos” porque el compromiso es colectivo.

Ahora sí. En los últimos días las cifras de personas asesinadas sólo por el hecho de ser mujeres en Argentina, ha llegado a la obscena irracionalidad de 4 muertes en 48hs. Se registra un asesinato cada 32hs en lo que va del 2019. Por su parte, el Observatorio “Ahora que sí nos ven” registró desde principios de este año hasta finales de agosto 223 cuerpos feminizados asesinados[1].

Estos casos no son sólo hechos aislados. En otras partes del mundo, los feminismos y transfeminismos están decidiendo políticamente salir a las calles a exigir que paren de matar. En Chile denuncian un alarmante aumento de feminicidios, en Francia lo mismo, en Puerto Rico evalúan declarar la emergencia contra la violencia hacia las mujeres, niñxs y disidencias, París se suma a las protestas. Es decir, no sucede sólo acá. Hay que romper con las visiones reduccionistas que lo único que refuerzan es 1) vivir peligrosamente en un raviol; 2) la naturalización de las violencias en la sociedad que alteran las justificaciones de los hechos.

La cuestión de fondo es cultural. No es sólo el ámbito económico, ni el social ni el político; sino la congruencia de todos los espacios públicos y privados que habitan cotidianamente las personas. Erich Fromm[2] habla del invento de lo cultural para satisfacer aquellas necesidades que la biología no puede alcanzar. Es la cultura, dice el pensador, la que determina el amor, el dolor, el enojo, los enemigxs y amigxs, es decir que la cultura es la maquinaria por excelencia de la vida en sociedad. Tal invento no es natural, sino construido dialécticamente por y para las personas.

Entonces ¿qué responsabilidad tenemos como sociedad cuando estos hechos ocurren sistemáticamente en nuestro cotidiano?

En cuanto al quehacer de las leyes, podría pensarse como una regulación jurídica de las conductas sociales e individuales, cuya sanción y/o incumplimiento de la misma recae en una pena individual. Podría ser también, que el funcionamiento de las leyes en la sociedad sea el sustento legal y legítimo de las personas que reclaman a los Estados y gobiernos por el cumplimiento de los derechos humanos – o por la violación de los mismos-, entre muchas otras funciones del sistema jurídico.

Respecto a cuestiones de regulación estatal y profesional, en enero de este año -2019-, organizaciones sociales y sindicatos crean y exigen la sanción de una ley con demandas específicas. En el Art. N°1, la Ley Micaela (N° 27499) expresa lo siguiente: “Establécese la capacitación obligatoria en la temática de género y violencia contra las mujeres, para todas las personas que se desempeñen en la función pública en todos sus niveles y jerarquías.” La regulación y cumplimiento está a cargo del Instituto Nacional de las Mujeres (INAM).

Ahora bien, ¿es necesaria la aparición de un órgano que abogue por las Mujeres y Disidencias en cada organismo estatal? Siendo parte del todo, ¿por qué a las mujeres y disidencias se las ubica en paralelo y no como parte del sistema social? ¿Por qué se piensa en separar a la sociedad como cuestiones aisladas cuando el sistema capitalista hace funcionar –a las mujeres, varones, no binarias, lesbianas, trans, travas, maricas, queer- de manera perfectamente eficaz en la matriz económica, política y cultural?

Y para cavar un poco más profundo ¿te preguntaste alguna vez cómo funciona el poder en tu propio núcleo familiar? ¿Quién manda y por qué? ¿Qué rol ocupas? Y ahora te invito a preguntarte acerca de cómo funciona el poder en tu sociedad, quién manda y por qué, y qué rol crees que ocupas. Los feminismos en la sociedad son aquellas organizaciones sociales y políticas que levantan banderas no individuales –algo que viene a romper con las maneras de militar las problemáticas en las organizaciones sociales-. O mejor dicho, lo propio de los feminismos es lo colectivo.

¿En qué momento se pensó que los feminismos son de mujeres para las mujeres? Posiblemente, la respuesta redunde en los medios masivos de comunicación y en alguna rama radical del movimiento. Por lo general, la prensa muestra el feminismo a través de los torsos desnudos, la irrupción de las axilas sin depilar, lo mismo que el bozo y el cavado; las mujeres hegemónicamente bellas sin maquillaje y algunx famosx que salió a denunciar un abuso sexual. Sin quitar importancia, esto es parte de algo mayor. Los feminismos cuestionan la matriz de pensamiento colonial, denuncian el racismo, la gordofobia, la xenofóbia, cuestiona las relaciones de poder en las esferas más altas y bajas, invita a abrazarse con la diferencia que enriquece y hace más fuerte el grito liberador.

Como se mencionó al inicio del escrito, la onda es generar preguntas para encontrar diversidad de respuestas posibles. Ya no se acepta una única respuesta. Desde los feminismos y transfeminismos lo que se busca es escuchar, leer, analizar la información y debatir para transformar.


* Periodista, conductora del programa La Marea (Radio Futura FM 90.5), redactora de Revista Trinchera, editora del portal Luchelatinoamérica y colaboradora de Agencia Timón.

Bibliografía:
[1] VER https://feminacida.com.ar/cuatro-femicidios-y-el-show-de-la-morbosidad/
[2] FROMM, E. El miedo a la libertad. -3ª ed.- Buenos Aires: Paidós, 2006.

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