Pin punk de ideas

Pin punk de ideas

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Gerónimo Rivera Cano nos trae su Crónica de niño solo, ha menester de la ciudad.

No creo que haya sido buena idea viajar a la peluquería reproduciendo una playlist que contiene Buzzcocks, pasando de Television, rozando PIL atravesando a Morrissey  -solista- y llegando a base cuando suena Tubeway Army. 

Conjeturo, hago puras conjeturas. De eso se trata: de aburrirse, gozar del aburrimiento, mirar por la ventana del apartamento al gato negro de la vecina quien devuelve la mirada como el mismísimo abismo y decir, wow estoy aburrido qué puedo hacer. Cortarme el pelo yo, porque si levanto un ruedo soy también gran peluquero o caso contrario tomar el auto ponerlo en movimiento y en los semáforos en rojo ir escribiendo. 

No hay una sino dos; así que fui en orden. 

Me impresiona como Shelley logra antes de los Ramones ese sonido Ramonero y Britanian. 1979 masomenos, si la memoria no me juega mala pasada. Canciones anti tonales con letras áridas y pegajosas. No porque te queden grabadas al tararear sino porque te cagan a piñas sin que te des cuenta. ¿Sangra?  si, sangra. Entonces te pegó y no hay vuelta atrás. La verdad es que su mecanismo es súper útil: es tu mejilla lo que varía es la piña. La realidad por la de un borracho punketa. 

Si tan solo, esta crew de jovencitos cuyas papilas gustativas saben a precarización laboral hubieran conocido a los 2 minutos. Creo que se habrían asustado. Los 2 minutos, al igual que los Fall Patti o Dylan,  son hijos emancipados. 

No hicieron todo para que papá los raje de casa. Se fueron ellos.  

En el medio del camino el sol pega de frente. ¿Y si el movimiento Punk fue (qué ES punk?) (si alguna vez se fue punk) un enviado del poder para satisfacer a ese niño burgués que todos llevamos dentro y está en constante búsqueda de hacer una revolución; ¿y se muere de ganas por romper todo, pero no rompe nada sino lo canaliza escuchando un disco, yendo a un recital, chupando hasta perder los dientes en la vida de una noche?

Apresuro a decir que por eso muere. No por hacerlo sino por “las ganas de…”. Se muere antes de hacerlo. ¿Toma la fácil? 

Estamos hablando de contextos políticos. No de relaciones amorosas. 

Aunque si no sabemos manejar las relaciones amorosas. Poner límites allí. Domesticar a borcegazos nuestra mentalidad, difícilmente podremos estructurar al punkismo como movimiento que vaya más allá de un corte de pelo, de un disco o de la mancha en el pavimento souvenir de la resaca. 

Y termine siendo la situación decadente que habremos visto varias veces. Si es juventud pido jubilación anticipada. 

Después tenemos a Lyndon. Eso es otro tema. Por ahora… Viva el Punkronismo siempre como potencialidad. Punks de centeno. O harina integral. Conjeturas me digo, puras conjeturas.

 

Gerónimo Rivera Cano

No sé mucho de mi persona. Huyo del “conócete a ti mismo”. Solo tengo por ofrecer un par de sienes ardientes: mi capital intelectual se basa en ser graduado en Ciencias Jurídicas, reseñar cosas, hacer notas de opinión, análisis y crónicas. Como sujeto narrante soy buen lector. Me prostituyo en las palabras. Formo parte del multimedio Trinchera, integro el equipo de CAPTO. Trabajo en un estudio jurídico y notarial. Nací y me crié en la ciudad de La Plata. No me gusta el helado. Maradoniano, sí, aunque se poco de futbol. Siempre de acá, el lado en donde reina el amor y la igualdad


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¿Te fijaste cómo está la tierra?

¿Te fijaste cómo está la tierra?

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Llovió toda la noche, justo después de cerrar la fosa. God Bless The Grass. Para ese piso que pisamos tambien vivimos. Y servimos. Las Cronicas de un niño solo, una mirada del otro lado del mundo. 

Llovió toda la noche, justo después de cerrar la fosa. God Bless The Grass. Para ese piso que pisamos tambien vivimos. Y servimos. 

La tierra víctima de remosion evoca escenas de película. Somos el resultado de las imagenes contruidas, las que recreamos, las que por sernos fijadas, representamos. El condimento del día gris, la lluvia, los pinos húmedos, el bosque. Verdadero combo loco para cualquier cuerpo si le agregamos a este inverosímil encuentro la brisa fría del mar y la presencia de alguna lechuza. 

El ambiente da lugar a admitir algo. La grandeza de la muerte y esa belleza anecdótica del respiro final. La potencia hecha acto. Nada desborda. Nada sobra. Nada falta. No hay más que ese salirse. Y pesa. Es un brutal momento de existencia. Es un brutal peso de cemento. Es pasión. Nirvana. Sopor. Y algo bendice el piso. 

No un abrazo sino la acción de extender los brazos. En concreto. Ese momento. Existencia indisoluble. Creo que no habrá otro lapso mayor de existencia. Cúspide. 

La creencia opinologa dicta que lo duro es el recuerdo y que la trascendencia es bla bla bla. Pero siempre un pero, Doña muerte mezcla cal arena agua y embadurna todo de manera gigantesca. Una bolsa de cemento sobre el pecho. Su presencia es un secreto a voces. Las pastillas son de ayuda. Médicos, consuelo. Hospitales, ermita donde descansan las fes hechas pedazos. Las frases, tés con miel. 

Farmacia abierta las 24 hs. Que bonita la existencia de mañana. 

Este contento narrativo sin hilo pero intentando ser filoso también es un rivotril linguístico. Consuelo de bobo. Tan cagón como él, que en vez de abrazar a su esposa -que llora en silencio- se va a cambiar el pantalón. Pelotudo. 

En el mientras, solventándose del éter, experiencias que ahora son recuerdo y brillan bajo otro sol. El mundo no se hace de experiencias. El mundo se hace, deshace y hará bajo el manto de tierra donde sirve de alimento (real) la carne. 

Manto, montículo, parcela que imita a la frisa de la cama. Engaña, busca ser olvido. Aunque amenace ser eterno presente cuando habita la pregunta al unísona, 

¿Te fijaste 

cómo está 

la tierra? 

y la tierra está tan ausente como un espacio vacío. el único espacio libre de atolladero material. Vacío. No silente sino vacío. Allen Zimmerman cantaba gangosamente que la muerte no es el final. Y claro, tenía razón. 

Entender como suprarrealismo lo siguiente: la excepción es levantarse y respirar, lo eterno es un secreto que sabremos de seguro pero nunca podremos comunicar. La hago mas clara, no construyamos tanto que ahi viene el mar crecido embravecido y su marejada. 

 

Gerónimo Rivera Cano

No sé mucho de mi persona. Huyo del “conócete a ti mismo”. Solo tengo por ofrecer un par de sienes ardientes: mi capital intelectual se basa en ser graduado en Ciencias Jurídicas, reseñar cosas, hacer notas de opinión, análisis y crónicas. Como sujeto narrante soy buen lector. Me prostituyo en las palabras. Formo parte del multimedio Trinchera, integro el equipo de CAPTO. Trabajo en un estudio jurídico y notarial. Nací y me crié en la ciudad de La Plata. No me gusta el helado. Maradoniano, sí, aunque se poco de futbol. Siempre de acá, el lado en donde reina el amor y la igualdad


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Ratas Jarmusch

Ratas Jarmusch

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

Ratas, ratas que comen y tragan, ratas en la ciudad. Comiendo y muriendo, viviendo. Las Cónicas de un niño solo nos acerca a ellas, a las ratas, al nylon, a lo íntimo. 

De las ratas se puede ser la basura que comen. O bien se puede ser el nylon que las matará. La peor carroña. Bazofia cinco punto cero que goza de soledad acompañada. 

Claro de luna que fundamenta la debilidad mejor: Callar para ser escuchado. 

Los verdaderos fundamentos no se apoyan en ninguna argumentación. 

Callar para ser escuchado. Teoricemos: quien calla como se dice callar callado de verdad es un actor sumo individualista. Callarse sentado en la punta de una mesa con la casa vacía es un acto individual. 

Si se calla, mejor hacerlo para alguien. Guardarse silencio solo lleva a vomitarlo a grito limpio. 

Y contas los vidrios rotos sobre el colchón. 

Así piensa la mugre que hace a la rata. Somos eso. La bazofia. Lo que roe al roedor. Ratas que aprendieron a caminar en dos patas. 

¿Hacemos equilibrio o es el equilibrio quien nos hace? El mareo es excepción. 

No puedo quedarme quieto en la ciudad. Y menos una ciudad tan chica como esta. Todo está cerca. Todos están cerca.

La rata se siente contenida y no quiere eso. 

“Es loco, buscás lo que nadie busca y tenés lo que todos quieren”.

¿Sabes cuantos ataques de ansiedad hoy enfrenté? Cuatro. La rata chilla y chilla en una ciudad chica y contenedora. 

Jim Jarmusch. Mystery Train. Tres días en verla, 109 minutos que giran entre tres historias entremezcladas por hilos conductores, conectores como las “y” y los “como”. Este caso es claro. Es una película bisagra que muestra los fetiches del director. Memphis, Elvis, Joe Strummer, Screamin’ Jay Hawkins, las texanas, los borcegos y hoteles de mala muerte. Son todas gentes de paso, de viaje, gentes de saludo y paso rápido. Gente rápida. Gente café expresso. 

La rata se siente a gusto.  La rata sale de noche en su auto, conduce cuando todos duermen o enfiestan sus sentidos y se siente en el filme de aquel director. 

Hace tres meses que vaga así, tres meses que atiende al llamado de la calle y no conecta con estar en ningún lugar. 

Así se sincera la rata mientras huele su alimento.  ¿Nylon o mugre? 

Su alimento. Y cuando se cumplen los 109 minutos de filme, la rata se mira al espejo. Ida y venida en el mismo riel. Verdadero tren del misterio. 

El espejo devuelve la imagen que hace también a la identidad. En esa devolución está todo. El poder de la vista, el entendimiento, la construcción. El monolito del “yo soy”.  Todo lo que una rata más en la ciudad puede añorar y asustarse al verse añorándolo. 

No es tanto la mano del químico sino la medicina. No es tanto el laboratorio, lo blanco de la mesada sino el gris del alquitrán que hay fuera (como si hubiese tal) es más que nada la rara que juega con el reflejo suyo, la rata que llama rata a lo que es una rata supuestamente dicha, creada. Constructo rata. 

La rata entonces no es una sino es muchas ratas en imaginario integral. 

El sésamo. 

La masa madre del memorial vivido. 

Mirar.


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Gerónimo Rivera Cano

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Tan go pista

Tan go pista

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

Gerónimo Rivera Cano nos trae de vuelta las crónicas de un niño solo, una mirada alucinada de las cosas. En este caso tango y autopista.   

Se define por ser mal escritor todo quien arranca su escrito con una pregunta. Por eso ¿qué tiene que ver el tango con las autopistas? ¿Qué tiene que ver las autopistas con el aire? 

Aún peor es quien escribe preguntas sin dar respuestas. Los ojos necesitan certezas. La vista necesita un tacto claro, concreto, mucho concreto; mil bolsas de cemento en el pecho; arena en la garganta; agua en las fosas nasales y dos metros bajo tierra para las fosas sepulcrales. 

Fosas que también son basamento de algunas autopistas porteñas. Pero claro, estas no son cules no son reconocidas son rebeldes, subversivas. Las fosas. Las autopistas son del aire, todos los coches son del viento. 

Primera persona, es detestable la primera persona pero no sé cómo escribir esto si no es a través de ella. Y cuando digo ella no sé si me refiero a su nombre, a la noche, su figura, su desprecio por la carne o su olor. 

Tango. La melodía del tango que no lo imita ni lo adquiere porque lo guarda en su corpus sancti. Santo no. Pecador a medias. 

El elemento transformador ha logrado su cometido. Nos transformó en peores. Aún más mal nacidos que consentidos por madres. O abandonados por figuras paternas que a veces también caben el rol de madres. 

Madres siendo padres y padres siendo ausencias. Así es la familia de la que nace un Piazolla. Nos transformó en peores… 

Afirmar que ayer estábamos bien sería mentir, al menos ponían el guiñe al cambiar de carril. 

Hoy son perros callejeros quienes respetan las sendas peatonales. 

Astor ha visto autopistas. Pero ¿pugliese? Pugliese no. Y sin embargo él va al compás de la soledad selectiva. Seleccionada. Va con los autos que siguen junto a la primer persona  al curso de la autovía. 

Y entonces Astor con Osvaldo alguna vez han de cruzarse en carromatos a 130km/h yendo derecho o viniendo torcidos. Silbando. Creyendo ser dueños de su destino. Destino, no suerte. Ese hálito que inexpugnablemente embadurna nuestra presencia y nos regala a la ausencia del sentido. 

Aunque salga a hacer mandados un milico es un soldado. Un día nublado es soleado. Y las autopistas son exuberancias que plasman las fragancias leds de luces artificiales. Exuberancias de los noventa. 

Es mejor andar solo con los fantasmas. Solo y acompañado. Solo nunca. Solo “solo” solamente “solo” está el sol. Que ni siquiera “es”. Por eso “está”. El sol está solo. 

El tango y las autopistas entonces. La novedad y el dale que va. La música ligera de blancas noches y la música rutera del traqueteo sobre el riachuelo. La exuberante pontífica edificación con la exiberancia musicalidad que se logra solamente habiendo hecho una vez pecera en el baño del exilio. ¿Qué tienen que ver? 

Nada tienen que ver, pero como el sol, están. El tango y las autopistas no tienen nada que ver; en cambio vosotros lectores sí, tenemos mucho que ver, oír…

Gerónimo Rivera Cano

No sé mucho de mi persona. Huyo del “conócete a ti mismo”. Solo tengo por ofrecer un par de sienes ardientes: mi capital intelectual se basa en ser graduado en Ciencias Jurídicas, reseñar cosas, hacer notas de opinión, análisis y crónicas. Como sujeto narrante soy buen lector. Me prostituyo en las palabras. Formo parte del multimedio Trinchera, integro el equipo de CAPTO. Trabajo en un estudio jurídico y notarial. Nací y me crié en la ciudad de La Plata. No me gusta el helado. Maradoniano, sí, aunque se poco de futbol. Siempre de acá, el lado en donde reina el amor y la igualdad.

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