De la Desmalvinización a la Disuasión

De la Desmalvinización a la Disuasión

TIEMPO DE LECTURA: 13 min.

La recuperación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y sus espacios marítimos, tal como lo ordena nuestra Constitución Nacional, es un objetivo permanente e irrenunciable del Pueblo Argentino. De este mandato soberano se desprende, como imperativo de la defensa nacional, la necesidad de desarrollar y fortalecer todos los medios necesarios para afirmar, defender y eventualmente restituir nuestros derechos frente al poder ocupante (nuestro enemigo histórico, el Reino Unido de Gran Bretaña), mientras persista su usurpación ilegítima de nuestros territorios australes y sus pretensiones sobre la Antártida Argentina.

La soberanía no es declamativa; se ejerce. Como enseñaban los pioneros antárticos Pujato, Leal y Olezza, la soberanía existe en la medida en que se la hace efectiva. De lo contrario, se reduce a un significante vacío, una promesa incumplida para la Nación.

Para alcanzar el doble objetivo estratégico en el Atlántico Sur —recuperar lo usurpado y ejercer lo propio de manera incontestable— identifico cinco áreas fundamentales. En términos castrenses: en la retaguardia profunda se encuentran la cultura identitaria, la educación patriótica y el desarrollo científico-tecnológico e industrial soberano. En la vanguardia inmediata actúan, de manera coordinada, la política exterior y la Defensa Nacional.

Las Fuerzas Armadas son el instrumento esencial del poder nacional para materializar estos objetivos. ¿Qué es la Defensa Nacional? Es un bien público supremo, cuya ausencia solo se percibe en la crisis. Se vincula a la existencia, permanencia y desarrollo libre de la Patria. La Ley 23.554 la define como “la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo”. Su fin es garantizar la soberanía, la independencia, la integridad territorial y la autodeterminación. Abarca todo nuestro espacio soberano: continental, insular, marítimo, aéreo y el sector antártico. La ley es clara: la Defensa Nacional es un derecho y un deber de todos los argentinos.

Las FF. AA. son el instrumento que la Defensa Nacional esgrime para poder cumplir sus objetivos. Ahora bien, ¿Qué es la Defensa Nacional? Es un bien intangible, sólo se siente su ausencia ante emergencias nacionales. Está vinculada a la existencia, permanencia y desarrollo de una Nación. De acuerdo con la Ley de Defensa Nacional N°. 23.554, el textual afirma: es la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo.

Su fin es garantizar de forma permanente la soberanía e independencia de la Nación Argentina, su integridad territorial y capacidad de autodeterminación, proteger la vida y la libertad de sus habitantes. Abarca los espacios continentales, islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y demás espacios insulares, marítimos y aéreos de la República Argentina, así como el sector antártico argentino.

La misma Ley define a las FF. AA. como el instrumento militar de la Defensa Nacional y, tal como mencionamos más arriba, prevé su integración con medios humanos y materiales orgánicamente estructurados para posibilitar su empleo en forma disuasiva y efectiva. Y nos da un dato no menor, la Defensa Nacional constituye un derecho y un deber para todos los argentinos.

Sin embargo, en la actualidad nuestra Defensa Nacional enfrenta graves problemas. Con el retorno de la democracia en 1983, una parte de la sociedad y gran parte del campo intelectual, especialmente el progresista, se planteó la necesidad de desarmar y reducir al mínimo nuestras Fuerzas Armadas (FF. AA.). Después de la enorme catástrofe que significó la dictadura cívico-militar para nuestro país, era entendible y lógica la fractura entre la institución militar y la sociedad argentina.

Esta concepción se vio reflejada en la desmalvinización y en el drástico descenso del porcentaje del PBI destinado a Defensa en los primeros años de democracia, que cayó del 3,5% del PBI en 1983 al 1,8% en 1989. Durante la década de 1990, dicho presupuesto siguió disminuyendo hasta cerrar el decenio en el 1,1%. A esto hubo que sumarle el cierre y/o privatización del 90% de las empresas relacionadas con el sector.

En la actualidad, año 2025, Argentina continúa profundizando su deterioro presupuestario en materia de Defensa, con una inversión equivalente al 0,62 % de su PBI, marcando una tendencia decreciente y generando un obvio impacto negativo en las FF.AA. Hace pocos días se supo que el porcentaje del PBI destinado a la Defensa para el 2026 es aún más bajo, tocando un piso histórico negativo absoluto al proyectarse destinar sólo el 0,57% del PBI. Este gobierno por más que discursivamente dice una cosa, en los hechos no hace más que profundizar la desinversión y el abandono al cual nuestras FF. AA. han sido sometidas durante los últimos 40 años. Esta cifra, la más baja de la historia, preocupa principalmente por dos razones:

La falta de un presupuesto acorde a los gastos proyectados para el próximo ejercicio puede generar una subejecución presupuestaria en las fuerzas para cuidar y racionar (aún más) los escasos fondos percibidos para su funcionamiento, generando un deterioro en infraestructuras, mantenimiento de medios, etc. Cabe recordar que el esfuerzo que todos los países del mundo dedican a la Defensa, se mide únicamente por medio del porcentaje del PBI destinado a la misma. Esto genera un marco de previsibilidad que permite a las Fuerzas Armadas proyectar en el tiempo el uso de sus partidas al tiempo que poder prever con certeza el porcentaje de fondos que podrán destinarse en el futuro a nuevos programas de equipamiento.

El segundo problema derivado de este bajísimo número que el gobierno pretende para Defensa es que demuestra que el Ejecutivo cree posible sostener una gestión eficiente en materia presupuestaria por medio de partidas extraordinarias sin comprender el daño que esta práctica genera en los horizontes presupuestarios que cada fuerza debe manejar. Sin un horizonte previsible, que es precisamente lo que debería garantizar el % de PBI para Defensa, es imposible que las fuerzas puedan proyectar a mediano plazo programas de equipamiento o adquisiciones de nuevos sistemas de armas, sobre todo en tanto su asignación y ejecución presupuestaria sigan dependiendo de la discrecionalidad política del momento.

Esta cifra nos sitúa como el país sudamericano con menor esfuerzo relativo en la materia, incluso por debajo de economías de mucha menor escala como Guyana o Bolivia.

¿Es esta política correcta? ¿Puede sobrevivir un Estado en la actualidad sin poder de disuasión? Es decir, sin unas FF.AA. modernas, bien equipadas y entrenadas. La respuesta es un rotundo no. El no poder utilizar a las Fuerzas Armadas para sus misiones principales, especialmente con respecto a la seguridad internacional, debilita no solamente la capacidad nacional sino también la estructura democrática.

Debemos comprender que la principal función de las FF.AA. no es la de defender al país ante un ataque, sino brindar una capacidad disuasiva suficiente para que ese ataque jamás ocurra.

Nuestra Nación debe mirar al Atlántico Sur. No hacerlo y descuidar los intereses que tenemos en dicho mar sería un error que sin dudas puede afectar incluso nuestra existencia como Nación. Teniendo en cuenta que el 85% de nuestro comercio se realiza por vía marítima, y siendo conscientes de la magnitud de los recursos renovables y no renovables que se encuentran en el mar (de hecho, lo llamamos Pampa Azul) sobre el cual tenemos jurisdicción, si no pensamos una estrategia que tenga en cuenta el valor geopolítico del mismo estaríamos cometiendo un error gravísimo. Y es que el Atlántico Sur no es sólo importante por los recursos naturales, sino que también este mar nos conecta a las Islas Malvinas, nos conecta a la Antártida y además permite los pasos interoceánicos que se encuentran a nuestro alrededor.

En nuestro país la principal vulnerabilidad en el área del Atlántico Sur ha radicado históricamente en la falta de conciencia por parte del Estado y de su población acerca de las amenazas que enfrenta. Expertos en geopolítica de otros países han descripto al mar como el punto débil de Argentina[1]. Nuestro país tiene la imperiosa necesidad de controlar y proteger cinco complejos geopolíticos fundamentales: el Frente Marítimo, el Área focal de la Provincia de Buenos Aires, las islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, el Polo Patagónico Austral y, por último, la Antártida. Aunque ésta falta de conciencia ha ido desapareciendo lentamente en los últimos años en lo declamativo al menos, el supuesto cambio de mentalidad no se ha transformado en acciones concretas y la defensa nacional sigue sin centrarse en recuperar nuestros territorios usurpados y continúa en el camino de la desinversión constante. Hay sectores tanto del campo popular como de la llamada derecha que dicen defender a la Patria. En sus discursos afirman mirar al sur con objetivos claros: lograr la cohesión territorial y la integración de las tierras al sur de Tierra del Fuego. Sin embargo, parece que esa mirada al sur se diluye, los últimos por tener el propósito fijo de subordinación frente a los Estados Unidos e Israel y otros por despreciar a las Fuerzas Armadas, negar todo intento de fortalecimiento de estas y acusar de militarismo o de nacionalismo chauvinista a quiénes intentan dar una discusión real sobre las FF. AA. y su rol en la Defensa Nacional y la recuperación de los territorios usurpados por el enemigo.

La función estratégica básica de nuestras Fuerzas Armadas no es otra que la de brindar a nuestro país un instrumento para proteger su territorio, su espacio marítimo y su proyección en el continente antártico para que sea capaz de proyectar poder para denegar el acceso a actores no deseados y resguardarlo para los propios propósitos.

Tal y como señaló hace tiempo el Contralmirante Martin: “Ningún país que se precie de serio puede carecer de pensamiento geopolítico y de un sistema de defensa acordes con los objetivos nacionales”[2]. No podremos hacer efectiva nuestra definición de ser una nación bioceánica y bicontinental de otra manera, y en la medida que no podamos resolverla, la recuperación de las islas Malvinas y el ejercicio de soberanía plena en nuestro sector antártico no pasará de ser una utopía distante.

La Defensa es una responsabilidad del Estado y es obligatorio para todos los ciudadanos, constitucionalmente, acudir a realizarla ante cualquier necesidad, por lo que debería ser parte de la problemática a atender por todos los argentinos. Es tiempo de que los ciudadanos comunes se interesen por estos temas. Los académicos y los comunicadores deberían ser los primeros en volcarse a aprender sobre las herramientas que tiene nuestra Patria para defenderse.

La disuasión es un componente esencial de la política internacional y uno de los aspectos básicos de la misma es la credibilidad. Necesitamos apoyar nuestros discursos patriotas con hechos concretos que le muestren al mundo, y especialmente al gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña, que realmente hablamos en serio cuando decimos que las Malvinas son Argentinas y que somos un país bicontinental que al Sur limita con el Polo.

A continuación, dejo algunas sugerencias respecto a que se podría hacer para darle músculo a nuestra Defensa.

Hay que romper con la política de Estado llevada a cabo durante los últimos 40 años de desinversión en defensa (con excepción de la gestión Taiana entre 2020 y 2023). La Argentina debe revertir de manera urgente y planificada la crónica desinversión en su defensa. El objetivo estratégico ineludible es cuadruplicar el presupuesto del sector, estableciendo por ley una trayectoria ascendente y obligatoria que eleve gradualmente la asignación desde el 0.6% actual del PBI hasta un piso del 2%. Este porcentaje no es una cifra arbitraria, sino un estándar mínimo que nos alinearía con el esfuerzo de naciones vecinas que comprenden el vínculo entre defensa y soberanía: Brasil (1.1%), Chile (1.6%), Uruguay (2.3%) e, incluso, Colombia (3.4%), quien destina una proporción significativamente mayor a garantizar sus intereses nacionales. Resulta paradójico y alarmante que, reclamando la soberanía sobre un territorio ocupado por una potencia militar, seamos el país que menor esfuerzo relativo realiza en defensa en toda Sudamérica.

Para transformar esta declaración en realidad, se propone un Plan de Reinversión Estratégica Gradual (PREG) a 6 años, con metas legalmente vinculantes:

Año 1 (Ley de Financiamiento Base): Establecimiento del PREG por ley del Congreso, fijando el objetivo del 2% del PBI y blindándolo de recortes discrecionales.

Año 1 al 3 (Fase de Recuperación Crítica): Incremento anual de 0.25 puntos del PBI. Los fondos se destinarán prioritariamente a: 1) frenar el deterioro operativo (mantenimiento crítico de medios, infraestructura y salarios), 2) reactivar proyectos de recapitalización congelados, y 3) reforzar la presencia logística en el Atlántico Sur.

Año 4 al 6 (Fase de Desarrollo de Capacidades): Incremento anual de 0.2 puntos del PBI. Con una base financiera saneada, el foco pasará a: 1) programas de equipamiento mayor (capacidades A2/AD, vigilancia y control marítimo, movilidad estratégica), 2) inversión acelerada en la Base Industrial de la Defensa, y 3) modernización de sistemas de comando, control e inteligencia.

Año 6 (Meta de Disuasión): Alcanzar y sostener el 2% del PBI. Este nivel permitirá no solo una fuerza disuasiva creíble para la defensa de nuestros espacios soberanos, sino también una previsibilidad presupuestaria que habilite ciclos de planeamiento y adquisición a mediano y largo plazo, acabando con la lógica del “parche” y la emergencia permanente.

Esta escalada gradual, consensuada y plasmada en ley, enviaría una señal inequívoca de seriedad estratégica al país y al mundo, transformando la retórica de la soberanía en un instrumento concreto de poder nacional.

La política de defensa debe plantearse en función de la usurpación británica. Todos nuestros esfuerzos deben estar orientados al Atlántico Sur. Esto implica definir los medios materiales, la infraestructura, los recursos humanos, la inteligencia, la logística, el adiestramiento, la doctrina y la organización en consideración de la principal amenaza a nuestra seguridad. La Argentina debe recuperar el Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF). El FONDEF probó ser una gran herramienta para recuperar, reequipar y modernizar a las FF. AA. El gobierno de Javier Milei le ha sacado la fuente de su financiamiento, quiénes lleguen al gobierno nacional después de él, y se precien de ser nacionalistas deben instituir su financiamiento por ley y aumentarlo.

Hay que capacitar a los oficiales y suboficiales de las FF. AA. en asuntos de geopolítica situada. No puede ser que nuestros mejores oficiales viajen a EE. UU. a aprender doctrinas geopolíticas que nada tienen que ver con los intereses nacionales.

Debemos recuperar las empresas estratégicas para la Defensa Nacional. FAdeA, Tandanor, Fabricaciones Militares, IMPSA, Astilleros Río Santiago, INVAP, ARSAT.

Tenemos que fortalecer la presencia militar y científica en el Atlántico Sur a partir del aumento de sus capacidades de defensa de sus costas, de anti-acceso, de denegación de área (A2/AD) y de control del mar.

Por otro lado, es imperativo dar una discusión seria para mejorar el subregimen de promoción industrial de TdF teniendo en cuenta los intereses geopolíticos nacionales como marco teórico. Y digo mejorarlo, no cancelarlo o desmantelarlo como este gobierno e incluso algunos académicos (como los que integran FUNDAR) están intentando hacer en la actualidad.

La Argentina debe recuperar las capacidades submarinas y los medios aeronavales y fortalecer la flota de mar en general.

En el comedor de la Base Marambio hay una bandera argentina que reza la siguiente inscripción: “Cuando llegaste apenas me conocías, cuando te vayas me llevarás contigo”. A los antárticos nos gusta repetir que no se puede amar lo que no se conoce ni defender lo que no se ama.

Son los hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas quienes nos permiten al resto de los ciudadanos argentinos conocer nuestro territorio más austral, valorarlo y aprovecharlo. En medio de un presente geopolítico cambiante y turbulento y un futuro incierto, podemos mencionar una frase de cabecera del gran Almirante Storni, el hacía referencia a la defensa marítima, pero se puede hacer extensiva a la Defensa de todo el territorio nacional: “Y esto es bueno que el pueblo argentino lo sepa, que el Honorable Congreso lo tome en cuenta y que los hombres de Estado lo mediten”[3].

Los tiempos de diagnósticos han pasado. Nuestro país se encuentra en una encrucijada crítica que puede desembocar en la balcanización o en una condición colonial permanente. Sin embargo, en medio de este panorama, se abre una ventana de oportunidad inmejorable: el nuevo mundo multipolar se redefine en un cambio geopolítico acelerado, donde el coraje y la claridad estratégica de las naciones serán recompensados. Los que amamos a esta Patria tenemos el deber de proponer soluciones concretas, viables, y impulsarlas con la determinación de quien se sabe forjando su destino.

No es hora de nostalgia, sino de potencia y decisión. La disuasión no se negocia, se construye. La soberanía no se espera, se ejerce. Debemos actuar con la claridad de aquellos pioneros que, mirando al Sur, entendieron que la Patria se defiende con hechos en el presente. El camino es uno solo: voluntad política inquebrantable, inversión estratégica sostenida y unidad de acción nacional.

O somos artífices de nuestro resurgimiento como potencia bicontinental, o seremos rehenes de un ocaso irrevocable. La ventana aún está abierta. La historia nos juzgará por la decisión que tomemos en este instante. La hora crucial para nuestro pueblo es ahora.


[1] Koutoudjian, A. y otros. “Geopolítica del mar argentino”. Instituto de Publicaciones Navales, Bs As, 2015, pág. 322.

[2] Koutoudjian, A. y otros. “Geopolítica del mar argentino”. Instituto de Publicaciones Navales, Bs As, 2015, pág. 360.

[3] Storni, Vicealmirante Segundo. “Los intereses argentinos en el mar”. 2° Ed. Armada Argentina, Buenos Aires, 2009, pág 102.

David Pizarro Romero

Lic. en Historia por la Universidad del Salvador (USAL) y Prof. en Historia también por la Universidad del Salvador (USAL). Mg en Estrategia y Geopolítica por la Escuela Superior de Guerra (ESG-UNDEF). Investigador del Instituto de Asuntos Internacionales y Estudios Políticos Manuel Ugarte, Universidad de Lanús (UNLa). Antártico.

¡Sumate a la Comunidad Trinchera y aportá a la Comunicación Popular!

Tu aporte es esencial para que el Multimedio Trinchera pueda continuar con la construcción de una comunicación por y para el pueblo. Agradecemos el apoyo de nuestra comunidad y te invitamos a suscribirte para afianzar día a día nuestra Trinchera y disfrutar de un montón de beneficios.

Recibí nuestros mejores contenidos directamente en tu bandeja de entrada.

Argentina en el Atlántico Sur

Argentina en el Atlántico Sur

TIEMPO DE LECTURA: 12 min.

El actual dossier lleva por nombre “Bicontinentalidad, bioceanidad y Atlántico Sur”. Esto se debe a: la posición bi-continental de Argentina (entre América y la Antártida), la posición bi-oceánica (entre el océano Atlántico y Pacífico), y por último, la referencia al Atlántico porque una gran parte de todo el territorio del país se encuentra en este, entre la porción antártica, Malvinas, Georgias, Sandwich y la plataforma marítima.

¿Por qué hacer un dossier entero sobre ello? Resulta importante entender el valor estratégico, en calidad y cantidad de recursos que toda esta superficie sugiere, pero, sobre todo, mencionarlo hasta el hartazgo, ya que no es un tema instalado en el común denominador de la población, así como el hecho de que gran parte de este territorio está invadido por Gran Bretaña (no sólo las Islas Malvinas).

De esa manera, mientras otros artículos profundizarán sobre la exactitud de las riquezas del suelo en cuestión, u otros más, en la ocupación británica en cuestión, en el siguiente texto se narrará la historia de Argentina con estos suelos desde su momento fundante, que situamos en la defensa a las invasiones inglesas de 1806 y 1807.

¿Y por qué recopilar esta historia? Porque la ocupación y población de un territorio es un argumento pujante a la hora de reclamarlo, y ha sido, en el caso de Malvinas, el mejor aliado de la Argentina para disputar su tenencia tras la invasión de Gran Bretaña y lo será, en caso de la Antártida, si llegase el momento de discutirlo también.

Islas Malvinas 

El caso más conocido y emblemático de nuestro país. Su historia se remonta al mismo “descubrimiento” de América por parte del reino de España, por lo menos en 1520, en donde varias historiografías coinciden en el avistamiento de Fernando de Magallanes. Aunque previamente, en 1501, también existen datos sobre un avistamiento (no comprobado) de Américo Vespucio. Por su parte, Inglaterra afirma haber realizado un primer avistaje en 1592, lo cual dará pie a su puja posterior.

Para entender este contexto, es importante recordar que los distintos reinos europeos se encontraban en plena batalla por la dominación de los mares que abrían puertas a “nuevas tierras”. Todo esto, por supuesto, entendiendo que fue la historiografía y visión eurocentrista que se impuso ante la matanza de quienes ya residían en otras tierras y la aniquilación de una gran parte de sus memorias.

Así, reinos como Gran Bretaña, España, Francia, Portugal, Holanda, entre otros, merodearon América. España y Portugal se asentaron en el sur, Holanda en el centro, Francia e Inglaterra del centro al norte. Pero ello no quita que hayan existido disconformidades u otras aspiraciones entre medio.

Tal es así que, no solo Inglaterra merodeó desde aquel momento Malvinas, si no que, tras el avistaje de España, Francia también ocupó el archipiélago y de hecho fue el primero en formar un asentamiento permanente con el “Port Saint Louis”. Lo hizo a espaldas de España, en un marco de alianza que no le permitía a Francia tomar posesión en el sur de América.

Si bien el reino español retomó el poder diplomático de las islas en pocos años, es importante entender que estos diversos intereses no son casuales: todos los reinos se disputaban las rutas comerciales del mundo a través de los mares, y sabían que tomar posesión de alguna isla como base significaría tener un lugar desde donde pujar el pasaje entre el Atlántico y el Pacífico en el sur. Una lógica que aún predomina y es más fuerte en el presente: el futuro llegó. 

El principio de posesión del reino de España a través del Virreinato del Río de La Plata sobre las Islas Malvinas es, por excelencia, el primer argumento diplomático con el que la Argentina cuenta incluso desde antes de formarse como tal. Una vez independizadas las Provincias Unidas, todo el territorio de ese virreinato correspondía a ese conjunto. 

En el acta de independencia de la corona española las mismas Islas fueron confirmadas como pertenecientes a la provincia de Buenos Aires, y a partir de allí las provincias unidas ejercerían la plena soberanía hasta 1833. Sin embargo, recién en 1829, luego de la consolidación del confederalismo, se designó a un responsable de las islas.

El por entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez, designó a Luis Vernet como comandante Militar y Civil de las Islas Malvinas, quien se mudó allí e incluso dio vida a la primera ciudadana oficial de las Islas, Matilde Malvina Vernet. Incluso desde una visión de población “natural”, la Argentina tiene los argumentos en su favor.

Pero Inglaterra tenía un plan histórico de ocupación sobre los mares y no se quedaría de brazos cruzados solo porque el pueblo bonaerense le cerró las puertas en 1806 y 1807. Cuatro años más tarde de la designación de Vernet, con el argumento de una “expedición de investigación”, los piratas zarparon a las islas.

El ataque obtuvo resistencia a través de una tropa de trabajadores de las islas comandadas por Antonio “El Gaucho” Rivero, que se levantó contra los británicos y volvieron a izar la bandera argentina. Los piratas regresaron a su archipiélago real pero por supuesto, contraatacaron. Rivero prevé esto, pero los refuerzos de Buenos Aires nunca llegaron y el regreso de los ingleses un año después fue definitivo. Rivero y los suyos fueron encarcelados y enviados hacia Inglaterra primero y luego de regreso a Buenos Aires.

Desde ese momento, Inglaterra comenzó su plan de autoimplantación de población, los llamados “Kelpers”, que diagramaron un argumento legal al mismo tiempo que ejercían la ocupación. 

Antes siendo Provincias Unidas, y luego Argentina, este pueblo jamás dejó de anteponer sus argumentos ante organizaciones y juzgados internacionales, ya que la diferencia militar entre ambos países fue y es holgada. Incluso en 1974, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, y luego en las continuación con María Estela “Isabelita” de Perón, se profundizó la estrategia proveyendo a los isleños de gas natural a través de YPF.

Fueron años de esfuerzos diplomáticos interrumpidos por un manotazo de ahogado de la última dictadura cívico militar en su etapa más senil, cuando decidió enviar tropas de jóvenes argentinos de entre 18 y 20 años a “recuperar las islas”. 

El resultado es el conocido ampliamente y Argentina hoy apuesta nuevamente a la vía diplomática, no solo en contra de Gran Bretaña, si no de los lobbies internos que esta ejerce a través de narraciones como la de los kelpers o prohibiciones de explotación cercanas al área marítima argentina a través de ONG´s en su mayoría británicas, disfrazadas de ambientalistas.

Todo ello forma parte de la malvinización en la que se profundizará en otros artículos. No obstante, es importante no dejar de mencionar que la Argentina aún conserva su estrategia y que desde 1957 lo hace de manera integrada hacia todo el Atlántico Sur con la creación de la provincia Tierra del Fuego, la cual unifica las porciones marítimas, antárticas e isleñas.

Tierra del Fuego 

No como provincia sino como territorio, desde 1884, tras aniquilar gran parte de la población originaria, se estableció el “Territorio nacional de la Tierra del Fuego”, pero recién en 1957 se le añadió “Antártida e Islas del Atlántico Sur”, completando ese nombre. Finalmente, en 1991 adquirió el carácter provincial bajo el nombre definitivo “Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur”.

Para entender a la provincia en sí misma es importante pensar en su posición estratégica: es un mirador perfecto a toda la superficie del Atlántico Sur, en donde Argentina se disputa cara a cara con Inglaterra desde que reside en Malvinas. Su capital, Ushuaia, es el territorio más cercano del mundo a la Antártida (aproximadamente 1600 km). ¿Por qué el hombre querría habitar territorios complejos en cuanto a temperaturas como los polos, tanto ártico como antártico, o las provincias más boreales o australes? Sencillamente por su valor estratégico. Por esto mismo Gran Bretaña merodea el sur y los mares, pero también pelea en el ártico (que sería mucho más lógico por proximidad) así como Rusia, Estados Unidos u otras potencias.

Si bien Argentina no tiene el potencial militar para asemejarse a tales monstruos internacionales como los mencionados anteriormente, tiene, al igual que en Malvinas, una posición territorial y diplomática que da sólidos argumentos para la disputa. 

Por ello resulta imperiosa la necesidad de ocupar el territorio austral fueguino, hecho que no sucederá si no se otorgan ciertos métodos para hacer atractiva la experiencia de vida en esa tierra. Para esto, en 1972, un desgastado gobierno dictatorial al mando de Agustín Lanusse creó el Régimen de Promoción Industrial de Tierra del Fuego. 

Como podemos ver en la recuperación de hechos, la mayoría de construcciones no son hitos de un solo gobierno, muchas veces incluso ni siquiera suceden en el mismo siglo, si no que se pueden enmarcar en “políticas de Estado”. Esta es una buena noticia, ya que el relato agotador de la “grieta” gráfica el sentido de que los argentinos no nos pusimos de acuerdo nunca en nuestra vida. Si bien es verdad que hay líneas de diferencias marcadas, por suerte también hay excepciones en las que se han respetado líneas comunes de acción.

Continuando en el relato: el cambio de ciclo estaba por concretarse hacia el año 1972, en el que el propio Lanusse ya había llamado a elecciones con la participación del Partido Justicialista, tras 18 años de proscripción. Se crea entonces un régimen que liberaba del pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA), ganancias y hasta importaciones para quienes residan en Tierra del Fuego (TDF).

La última medida fue fundamental para generar fuentes de trabajo en la isla: con la casi libre importación, la provincia comenzó a ingresar industria tecnológica y ensamblar, agregándole valor y proveyendo al país, por ejemplo, con aires acondicionados o celulares.

Creer que este movimiento tiene por fin la óptima distribución de productos tecnológicos de la mejor calidad al mejor precio sería ignorar todo lo anterior contado; se trata simplemente de la imposición de una industria, a cambio del control de la zona más estratégica del país y una de las más importantes del mundo. 

En la actualidad, el gobierno de La Libertad Avanza quitó los beneficios impositivos a industrias como la textil en TDF, hecho que sucede en un marco de discusión y críticas al régimen de incentivos, por lo menos desde la presidencia de Mauricio Macri en 2016. 

Estos actores políticos abrieron la discusión sobre el régimen desde una óptica meramente económica sobre las industrias en cuestión, dejando de lado el sentido de desarrollo en el territorio e incluso la futura exportación de los recursos del mismo (si se viera desde una óptica de economía primaria, como lo es la de los actores nombrados). Desde una óptica de sector secundario y distribución interna, en cambio, habría que restar además cuan más barato puede salir la energía o el combustible, extraídos de la misma zona.

Traducido en criollo: si al argentino de la provincia del centro o norte del país le va  salir mas caro un aire acondicionado por el valor agregado de TDF en vez de la importación, a eso habría que restarle luego el valor en el que se puede reducir el costo de la energía o el combustible tanto para el hogar como para el resto de industrias y logísticas en el país. Es sacrificarse “manteniendo” una industria para poder hacerse con recursos vitales que se disputan las grandes potencias, lo que se dice “estratégico”.

¿Puede existir un mejor régimen? Sería poco ambicioso pensar que no, por lo que no es mala palabra la discusión, pero sí sería una pantomima mal intencionada tener el debate a medias, ignorando el origen y la búsqueda del régimen incentivo.

Antártida

En último lugar, la síntesis y quizás el fin de búsqueda de esta disputa geopolítica sea el llamado continente blanco. Por supuesto que en los archipiélagos ocupados por Gran Bretaña y en sus alrededores marítimos existen incalculables recursos, así como en la misma Patagonia argentina. Sin embargo, la Antártida es aún más codiciada por su nivel de “virginidad” en la tierra. Un terreno prácticamente aislado de la vida humana y en el que la mayor actividad fue ejercida justamente por Argentina. 

La relación de Argentina con la Antártida se remonta, por lo menos, hacia 1904. Habiendo participado el gobierno argentino en diversas investigaciones científicas, y en línea con el histórico posicionamiento de independencia que declaraba a todos los territorios del Atlántico sur como parte de las Provincias Unidas, la Argentina se hizo oficialmente de una base en enero de 1904, en herencia de una investigación escocesa.

El antecedente data de un año atrás, en 1903, cuando William Speirs Bruce, a cargo de una expedición antártica nacional de Escocia llegó a las costas de las Orcadas del Sur, en donde quedó atrapado en medio de hielos. Sobrevivió con la construcción de una especie de casa precaria hasta la llegada del verano, cuando los hielos se derritieron lo suficiente como para emprender el regreso.

Bruce se acercó hasta Buenos Aires con la oferta al Gobierno nacional de vender el proyecto y la “base” llamada “Omond House”, con el interés de que se continúen con las investigaciones. Así es como en enero de 1904 Argentina adquirió la que un mes después pasaría a llamarse “Observatorio Orcadas del Sur”. El 22 de febrero se izó por primera vez la bandera argentina y el país se afirmó como el primero en tener presencia ininterrumpida en el continente, desde aquella fecha hasta la actualidad. Como no podía ser de otra manera, Inglaterra reclamó la soberanía sobre la isla en donde se encuentra Omond House en una primera instancia y luego toda la porción antártica argentina hacia 1908.

Por otro lado existen relatos alternativos que explican que ya en el siglo 19 pescadores criollos se aventuraban en las zonas para conseguir pesca y aceites y luego venderlos, hecho que nunca difundieron para no atraer competidores.

En 1939 Argentina creó transitoriamente la Comisión Nacional del Antártico, para participar de una invitación hecha por Noruega para profundizar investigaciones. El clima de tensión en el sexto continente genera que los países se midan constantemente sus intenciones. Si bien en este caso la propuesta de Noruega era de índole “colaborativa” e “internacionalista”, un año después Chile fijó su reclamo territorialmente, el cual pisa a la Argentina.

Por si fuera poco, Inglaterra tampoco quedó expectante y reforzó su reclamo. Ante estos movimientos Argentina y Chile llegaron a un acuerdo básico en el cual ambas partes reconocen que “Chile y Argentina tienen derechos indiscutibles de soberanía en la zona polar denominada Antártida americana”, aliándose contra Reino Unido, quien pretende llevarse las partes reclamadas por estos dos.

De esta manera se configuró el actual mapa de reclamos tal cual lo conocemos hoy, pero lo cierto es que mientras Reino Unido sólo ejerció un camino de lobby a través de comunicados, papeles y movimientos diplomáticos, Argentina no solo mantuvo esa línea, si no que continuó con la instalación de bases, investigaciones, aportes científicos y presencia en el continente, convirtiéndose en quien más lo habitó y habita actualmente.

Hacia 1951 Argentina inauguró el Destacamento Naval Almirante Brown, y al año siguiente la Base Esperanza, hechos que dieron comienzo a una larga lista de bases: en total son 13, de las cuales 7 (Orcadas, Carlini, Esperanza, San Martín, Belgrano II y Marambio) son permanentes, y 6 (Brown, Matienzo, Melchior, Decepción, Cámara y Primavera) se utilizan durante la temporada de verano, momento más habitable del continente.

Entre otros hechos destacables se pueden repasar la primera presencia de un presidente argentino en el continente (Arturo Frondizi en 1957) y la firma del tratado antártico tras varios ataques militares de Reino Unido a bases de Argentina (1959). Este último fue firmado entre quienes tienen reclamos: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos. El mismo prohíbe la acción militar en el continente y permite su utilización sólo para fines pacíficos.

Es importante destacar que el tratado no caducará en el año 2048 como se suele afirmar, pero si se abre a la posibilidad de realizar modificaciones, que dependerán de los argumentos y recursos que cada nación pretendiente presente. 

Como se puede ver en cada uno de los apartados analizados, la presencia del Reino Unido es repetida en cada uno de los territorios del Atlántico Sur. Sería imposible negar un evidente interés de ese país en toda esa zona que, en términos geográficos, no tiene nada que ver con su original archipiélago, a diferencia de Argentina, que es quien está más próxima a estas zonas, y que además ha ejercido el dominio pacífico sobre las mismas.

Por último, no se puede dejar de mencionar la plataforma marítima que rodea estas tierras, cuestión que puede pasar más desapercibida pero en la que el Reino Unido también ejerce la invasión: hace un año declararon 166 mil kilómetros cuadrados cercanos a Malvinas y pertenecientes a la Argentina como suyos, sin que el actual Gobierno nacional emita un solo reclamo. 

Por último, también es importante recordar que, para sintetizar el posicionamiento de Argentina sobre todos estos territorios y su ejercicio de soberanía, tanto terrestre como marítimo, en 2010 se realizó el mapa bicontinental, del cual su difusión es fundamental para aceitar los conocimientos nacionales sobre nuestro territorio.



Joaquín Bellingeri

Por una patria justa, libre, y soberana de la Quiaca a la Antártida. “Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Nacional Justicialista.

¡Sumate a la Comunidad Trinchera y aportá a la Comunicación Popular!

Tu aporte es esencial para que el Multimedio Trinchera pueda continuar con la construcción de una comunicación por y para el pueblo. Agradecemos el apoyo de nuestra comunidad y te invitamos a suscribirte para afianzar día a día nuestra Trinchera y disfrutar de un montón de beneficios.

Recibí nuestros mejores contenidos directamente en tu bandeja de entrada.

Argentina Bicontinentalidad y el desafío de repensar nuestra Defensa Nacional

Argentina Bicontinentalidad y el desafío de repensar nuestra Defensa Nacional

TIEMPO DE LECTURA: 8 min.

Pensar en el mapa de nuestro territorio, su bicontinentalidad y su bioceanidad sin dudas es una tarea que presenta grandes desafíos. No sólo la generación de consenso entre fuerzas políticas, sino también entre los diversos actores que hacen a la cosa pública en nuestro país. Una de las aristas fundamentales en un mundo cada vez más complejo, es la Defensa Nacional.

La entrevista a Rodolfo Carrizo, actual Presidente del Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas de La Plata (CECIM-LP), originalmente fue pensada para el Trabajo Integrador Final “Defensa Nacional: más allá de las Armas”, un podcast que busca introducir a la Defensa Nacional. Un área estratégica del Estado, bastardeada y olvidada durante generaciones.

Las reflexiones de Carrizo, nos parecieron más que pertinentes para compartir con ustedes en este Dossier de Trinchera sobre Bicontinentalidad, Bioceanidad y Atlántico Sur.


¿Cómo definirías el concepto de defensa nacional y qué importancia crees que tiene en este contexto mundial?

 Bueno en principio me parece que pensar la defensa nacional no solamente habría que pensarla en términos militares, sino me parece que hay que pensarla en términos que tengan que ver con la patria; con este concepto que significa defender lo propio, de conocer lo propio, de saber el valor estratégico que tiene lo propio. Y a partir de acá tratar de construir una política que comprenda no solamente el desarrollo de unas fuerzas armadas que tengan esa capacidad de proteger los territorios entendiendo aquellos lugares que son de alta importancia a partir de los recursos estratégicos que tiene un país, sino también en la formación de los jóvenes en cuanto a entender que es muy importante el desarrollo de las nuevas tecnologías, de los avances científicos y tecnológicos, de proteger las universidades para defender el conocimiento.

Creo que es muy importante construir una conciencia que nos permite entender la defensa en una complejidad amplia, y en esta complejidad entender que no se trata solamente de esa vieja mirada que hay -militarista- alrededor de la defensa, sino construir un pensamiento más moderno, más nuevo, que, obviamente, implica también defender al ciudadano en toda su integralidad, respetarle sus derechos, defender la autonomía de las provincias; pero también defender la autonomía que tienen que tener diferentes estamentos del Estado a la hora de -obviamente- construir esto que nosotros entendemos como un modelo de nación soberana.

¿Qué importancia tiene la Defensa Nacional en este contexto mundial?

Creo que es importante observar que primero nuestro mapa continental, o por lo menos mirar la parte continental del territorio, entendiendo que somos un país bicontinental. Pero si nos detenemos un poquito en lo que es estrictamente el territorio continental, es importante ver que nosotros tenemos una muy mala distribución demográfica de la población, con altas concentraciones en las ciudades y un gran despoblamiento de los territorios del interior. Si uno observara que al sur de La Pampa hasta Tierra del Fuego la población promedia en el orden de los 2 millones, 2 millones 100 mil, uno comprendería que la distribución, que la gente está -obviamente- concentrada, fundamentalmente, en las grandes ciudades, en las grandes urbes. Y esto es un problema, es un problema por la saturación en las urbes y la otra por el despoblamiento del territorio.

Al tener un país que continentalmente tiene 2.700.000 kilómetros cuadrados, aparece una vulnerabilidad que subyace en aquellos lugares donde uno debería construir, obviamente, un modelo que permita, una utilización racional, consciente, de lo que significan los recursos del territorio. Nosotros sabemos que en el norte de la Argentina está muy bien en cuanto a lo que es un recurso estratégico hoy muy demandado que es el litio de la misma manera que conocemos que sobre la zona de Misiones y Formosa está el acuífero más importante de agua potable, o uno de los tres más importantes del planeta, que compartimos con Uruguay y con Brasil. Y obviamente, si así recorremos toda la Argentina vamos a encontrar que en cada provincia hay un recurso natural estratégico que, obviamente, uno de los problemas que tiene es que se desconoce y al desconocerse obviamente no se protege, no se defiende y se lo hace muy vulnerable. Ergo si uno toma el lago escondido en la provincia de Río Negro, uno de los temas que va a encontrar es que, ahí nosotros tenemos un enajenamiento del territorio y una consolidación importante de grupos económico-financieros que se apropian de manera vil del territorio y hace que los argentinos no podamos disponer de ese territorio que es muy importante y limítrofe.

Creo que hay que cambiar esa mirada de la Argentina porque también somos una Argentina atlántica, oceánica, que ahí tenemos una infinidad importante de recursos, por supuesto también despilfarrado en el gran sentido. En la Argentina hace muchísimos años que no se desarrolla y se crea un puerto; hace muchísimos años que no se crea y se desarrolla un astillero; en la Argentina obviamente no hay un proceso de conectividad y de transferencia de la vinculación de las economías regionales con el gran centro urbano que es Buenos Aires y el puerto de Buenos Aires; y por lo tanto es muy importante repensarlo, porque obviamente si nosotros no lo hacemos, lo hacen los de afuera como dice el dicho y nos expone a una situación de saqueo que cuando vienen procesos neoliberales hace que esto sea mucho más sencillo, más fácil, y obviamente quienes pierden son los habitantes autóctonos del territorio, los argentinos,  las argentinas y obviamente la posibilidad del desarrollo.

¿Qué implica para nuestro país que las áreas de Defensa y Seguridad estén separadas? ¿Es una ventaja o una desventaja?

Desde que se implementó la Ley de Defensa Nacional, creo que estaba en el contexto de una visión de pensar una Argentina en la cual las Fuerzas Armadas no se involucraran en los problemas de la seguridad interior. La defensa en general siempre hay que pensarla en proteger nuestras fronteras, nuestras zonas que podrían ser sensibles a cualquier tipo de vulneración, fundamentalmente, de las que obviamente imponen los países que tienen una ambición imperial, como el caso del Reino Unido. Hecho obviamente más que paradigmático en nuestras Islas Malvinas, ¿no es verdad? Y obviamente la política de defensa no estaría en correspondencia como en una vinculación directa con la seguridad.

Creo que la seguridad responde fundamentalmente a otros parámetros, a preservar la vida de los ciudadanos, a construir garantías sociales que hagan que los ciudadanos que habitan un país, un territorio, tengan las condiciones para poder desarrollarse y tener una vida con mucha dignidad. En este sentido, a partir de la interacción de la Doctrina de la Seguridad Interior, se confundió muchísimo a la Seguridad con la Defensa. Obviamente, cuando hay procesos neoliberales en la conducción del Estado lo que se trata de utilizar es a las Fuerzas Armadas haciendo seguridad interior, algo para lo que no están preparados y que generan acciones que obviamente terminan en saldos muy luctuosos para las sociedades. Y en ese sentido creo que la defensa debe ser absolutamente clara en cuanto a ser algo totalmente distinto, o pensarse totalmente distinto, al concepto de seguridad y cómo se maneja la seguridad de un Estado.

¿En este contexto global cuán importante se vuelven las políticas públicas en materia de reivindicación sobre la Antártida y las Malvinas e Islas del Atlántico Sur en materia de Defensa Nacional?

Vos sabes que para nosotros (el CECIM) es fundamental dar esta discusión. La pregunta no solamente es atinada, sino que yo creo que va al meollo del problema de un país como el nuestro, pero también de una región en el cual, bueno, las Islas Malvinas están posicionadas en un punto estratégico del planeta. Pensémoslo: está ahí a 500 kilómetros del territorio continental, pero aparte es la que nos permite tener una observación del movimiento, monitoreo y vinculación entre los dos grandes océanos que son el Pacífico y el Atlántico.

Si los procesos de crisis climáticas que vive el planeta, en el cual obviamente nos han impuesto las políticas hegemónicas a partir de los procesos de deforestación, de uso indiscriminado de la energía a combustión interna, y otros hechos más que obviamente funcionan producto del complejo militar industrial, vamos a entender de que este pasaje natural entre ambos océanos está precisamente en el pasaje de Hoces, en lo que sería y que mal se llama como el pasaje de Drake.

Esto es importante porque lo que hace es que la transferencia se puede hacer sin límites que, a diferencia del canal de Panamá, lo que tiene son las dificultades operativas. Hay que entender que hay un crecimiento muy importante de los buques de transporte de carga, los conocidos Panamá, que llevan 30 mil, 40 mil contenedores y que obviamente cuando hay procesos de crisis de aguas o hídrica hacen que el canal empiece a tener muchísimas dificultades, y lo que va a tender es precisamente a usarse este pasaje bioceánico que es natural y que obviamente no corre los riesgos ni siquiera de que tenga un atentado terrorista y que se pueda destruir.

Sumado a esto, en el proceso de crisis energética o de escasez energética que se va a tender, pensemos que toda la zona de nuestro Atlántico Sur también tiene una potencialidad muy grande, tanto en petróleo, minería, minerales raros, que son muy importantes a la hora de pensar un mundo de escasez. Y hay que sumarle a esto que está el continente blanco, la Antártida, que tiene un recurso que es el agua potable, en un mundo donde solamente el 3% del agua del planeta es potable. Entonces, creo que construir toda una política que obviamente piense Malvinas, que piense la integralidad territorial, que piense esta vinculación bioceánica y que comprenda que -obviamente- hay que defenderla, hay que protegerla, significa también construir una estrategia común que tienda a esa misión sanmartiniana, bolivariana, que es la unión de los pueblos de la América Latina y el Caribe, porque son los únicos que nos pueden dar garantía real de una defensa efectiva del territorio; que defienda las soberanías territoriales y obviamente nos permita tener la oportunidad de tener un desarrollo sustentable, armónico y que proteja el planeta.

Nicolás Sampedro

Prefiero escucha antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

¡Sumate a la Comunidad Trinchera y aportá a la Comunicación Popular!

Tu aporte es esencial para que el Multimedio Trinchera pueda continuar con la construcción de una comunicación por y para el pueblo. Agradecemos el apoyo de nuestra comunidad y te invitamos a suscribirte para afianzar día a día nuestra Trinchera y disfrutar de un montón de beneficios.

Recibí nuestros mejores contenidos directamente en tu bandeja de entrada.

1