EEUU se reacomoda geopolíticamente sin el uribismo

EEUU se reacomoda geopolíticamente sin el uribismo

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

Todo tiempo pasado fue mejor, sobre todo si lo dice un imperio en declive. La hegemonía estadounidense que lo convirtió en el polo dominante de la geopolítica mundial tras el fin de la “guerra fría” está sufriendo golpes que parecen mortales.

Ante este panorama, los Estados Unidos han decidido que lo mejor es mirar al pasado y volver al mejor escenario posible para sus intereses. Desde el “Haz América grande otra vez” de Trump hasta el “reconstruir el mundo mejor” de Biden, todas sus iniciativas miran ya con nostalgia el tiempo que pasó y evidencian la inminencia del cambio que no les favorece.

Pero mientras el poder creciente de China y Rusia apunta a construir un mundo multipolar, o al menos tripolar, Estados Unidos intenta dividir de nuevo el mundo en dos: quienes están a su favor y quienes están en su contra, para regresar al mundo bipolar en el que supo manejarse durante más de cuatro décadas.

El problema para América Latina y el Caribe es que, en ese intento de volver a partir el mundo en dos, controlarla es imprescindible para los Estados Unidos, que la considera tan suya que ve como un problema de seguridad interna cualquier insubordinación de los Estados soberanos que la conforman o rebelión de sus pueblos.

Los primeros pasos del B3W sobre América Latina y el Caribe

Durante la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático número 26 (COP 26) que se realiza este año en Escocia, Joe Biden presentó nuevamente la iniciativa Build Back Better World (B3W) que ya había sido lanzada hace unos meses en el encuentro del G7, con la que Estados Unidos pretende competir con la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de China para, en primera instancia, frenar el avance del gigante asiático en la región.

En esa conferencia lo acompañaron representantes del G7 y asistieron, entre otros, los presidentes de Colombia, Ecuador, Panamá y Costa Rica, quienes ese mismo día acordaron la conformación de un Corredor Marino del Pacífico este tropical, que en principio se plantea como la ampliación de zonas marítimas protegidas para la conservación de la biodiversidad abarcando el Parque Nacional de Gorgona y el santuario de flora y fauna de Malpelo, en Colombia; la isla de Coco, en Costa Rica; Galápagos, en Ecuador; y la isla de Coiba, en Panamá.

La realidad es que este cinturón de 500 mil kilómetros cuadrados está inmerso en el plan de infraestructura presentado por Biden y se plantea como una “zona ecológica libre de pesca”, específicamente para impedir la pesca de barcos chinos.

Corredor marino del Pacífico este tropical – Misión Verdad

Lo más importante que esconde este acuerdo son las actividades militares en el archipiélago de Galápagos, al que el ex ministro de Defensa de Ecuador, Oswaldo Jarrín, describió como un “portaaviones natural” cuando el gobierno de Lenín Moreno autorizó a los Estados Unidos a ejecutar la ampliación del aeropuerto de San Cristóbal ubicado en ese territorio insular, para la instalación de radares y la operación de aviones estadounidenses.

Israel, el último salvavidas del uribismo

A pesar de que Iván Duque cumpliera la tarea asignada de conformar este cinturón en el Pacífico para articularlo al B3W, sus relaciones con el actual gobierno estadounidense son escasas, lo que de todos modos no impide que las coordinaciones militares continúen su curso ni que avancen los intereses económicos de los Estados Unidos en Colombia.

Así lo demuestran los tres altos funcionarios del gobierno estadounidense que visitaron Colombia estos últimos dos meses.

En septiembre Craig Faller, quien había sido designado por Donald Trump, estuvo en Colombia durante su última gira por la región antes de entregar su mando en el Comando Sur a la generala Laura Richardson.

Pocos días después llegó Daleep Singh, asesor adjunto de seguridad nacional del actual presidente estadounidense. Singh estuvo acompañado por David Marchick, director de la Corporación Financiera de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional; Ricardo Zúniga, subsecretario adjunto de Estado principal para Asuntos del Hemisferio Occidental y enviado especial para el Triángulo Norte; así como funcionarios de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), del Departamento de Comercio, del Departamento del Tesoro. La tarea fundamental de Singh fue precisamente avanzar con la B3W y, a juzgar por su recorrido, la conformación de este cinturón en el Pacífico este tropical.

Cerró el ciclo de visitas Anthony Blinken, Secretario de Estado, quien en la rueda de prensa que diera junto al presidente colombiano le hizo el reclamo por las violaciones de derechos humanos ocurridas en el contexto de represión al Paro Nacional en Colombia. Seguramente un poco para satisfacer las demandas de sus ONG y algunos sectores del Partido Demócrata estadounidense y, más que todo, para lavarse las manos ante la opinión pública de los crímenes que se comenten con su definitivo apoyo financiero, policial y militar.

Blinken también destacó la importancia que tiene para su país la crisis migratoria, pero no la venezolana sino la de haitianos y haitianas que han llegado al tapón del Darién, frontera de Colombia con Panamá, en su mayoría provenientes de Chile. El énfasis lo hizo justamente en la incorporación de Colombia a la iniciativa B3W.

Pero desde que Biden asumiera la presidencia en enero de este año, ningún encuentro entre los presidentes de ambos países se había dado hasta la pasada cumbre COP26, a pesar de los ingentes esfuerzos del presidente uribista que incluso fue dos veces a Washington este año. Añadiendo otra razón para que la oligarquía colombiana perciba la urgencia de una salida definitiva del uribismo de la Casa de Nariño.

Por esta razón, Duque sobredimensionó mediáticamente su saludo con Biden durante esa corta reunión para el lanzamiento de la B3W, pero la verdad es que el presidente colombiano fue solo uno más y nunca logró una reunión bilateral con el jefe de la Casa Blanca.

Es evidente que Biden no tiene interés en vincularse al uribismo que cerró filas con Trump durante las pasadas elecciones estadounidenses y se aproxima a una debacle electoral. Es previsible que en su lugar, la Casa Blanca decida apoyar candidaturas más moderadas o incluso progresistas en las próximas elecciones en Colombia y por similares razones, también en Chile. Y aunque hay elementos para pensar que Trump pudiera volver a la presidencia norteamericana en tres años, de todos modos son malos tiempos para el uribismo.

Sin el paraguas de la presidencia estadounidense, el que parece ser el último gobierno de Uribe busca un refugio estratégico y ha acudido nada menos que a la protección del poderoso lobby sionista que tantos tentáculos tiene en Colombia.

Es por eso que hace pocos días Colombia reconociera como territorio marroquí al Sáhara Occidental, siguiendo los pasos de Trump para acercar a Marruecos e Israel. Lo que constituye un grave desconocimiento de la historia del pueblo saharaui e incluso de las disposiciones de la ONU.

Diez días después, el presidente colombiano inició su primera visita a Israel, donde comenzó hablando del tratado de libre comercio y terminó departiendo sobre las nuevas coordinaciones militares para combatir lo que los sionistas llaman “el terrorismo internacional”. El renovado apoyo del Estado sionista anuncia nuevos escenarios de guerra en los que el uribismo ve su tabla de salvación.

Con esta maniobra, Duque consiguió cambiar la foto más importante de la semana para describir el papel del gobierno colombiano en la geopolítica imperialista. La imagen del saludo distante que le dio Biden en la COP26 quedó desplazada por la del primer presidente colombiano que se arrodilla frente al muro de los lamentos.

Artículo publicado originalmente en el portal Misión Verdad

María Fernanda Barreto
María Fernanda Barreto

Escritora, investigadora y educadora popular colombo-venezolana, integrante de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad

Joe Biden: Demencia senil, locura o planificada estrategia contra Rusia

Joe Biden: Demencia senil, locura o planificada estrategia contra Rusia

TIEMPO DE LECTURA: 6 min.

En una entrevista concedida, a la cadena de noticias norteamericana ABC y su programa Good Morning America, el mandatario demócrata respondió ante las preguntas del periodista George Stephanopoulos. Una de ellas mencionó los resultados de un informe de inteligencia estadounidense, que acusó en forma directa al presidente ruso de “haber autorizado una campaña de injerencias digitales en las elecciones para perjudicar a Biden”. Frente a esta interrogante el presidente estadounidense señaló que Rusia “pagaría las consecuencias por esta acción” Pero, no contento con esta amenaza respondió lacónica, pero claramente a la pregunta ¿cree usted que Putin es un asesino? Haciendo referencia al envenenamiento del opositor ruso Alexéi Navalnyi “”Mmmm… lo creo”, respondió el mandatario demócrata quien agregó además que el mandatario ruso “no tiene alma”

El informe mencionado fue elaborado por el Consejo Nacional de Inteligencia[1] que reúne a siete agencias y ministerios destinados a procesar información de inteligencia y entregar a la presidencia documentos de análisis para la toma de decisiones definidos en el ámbito del pensamiento estratégico. Uno de esos informes es el que toma Biden, como base para acusar a Rusia pero donde también se menciona a Irán, Cuba y Venezuela. Lleva por título “Amenazas extranjeras a las elecciones federales de Estados Unidos de 2020”. Un informe que en su desarrollo niega una de las acusaciones vertidas contra el gobierno de Venezuela respecto a que habría logrado hackear los sistemas de voto en las pasadas elecciones de noviembre del 2020 en Estados Unidos, como acusaron falsamente los abogados de Trump. Lo más probable es que tras la publicación del citado informe se anuncien una nueva ronda de sanciones, no sólo contra Rusia, sino también contra China, la República Islámica de Irán y Venezuela. Ya el día 17 de marzo, se informó que Estados Unidos incluyó a Rusia, en la lista de aquellos países a los que niega licencias de exportación e importación de artículos y servicios de defensa.

En la mencionada y polémica entrevista, Joe Biden dio cuenta que a fines del pasado mes de enero, apenas con un par de semanas en el cargo, conversó en forma telefónica con Putin consignando, que le advirtió sobre las implicaciones que tendría en las relaciones entre ambos países, el que Moscú haya intervenido en las elecciones presidenciales (acusación que hasta el día de hoy no cuenta con pruebas ni fundamentos plausibles). Biden continuó su relato dando a conocer que en la conversación le dijo al presidente ruso “te conozco y me conoces. Si establezco que esto ha ocurrido (la mencionada injerencia electoral) tendrá efectos”. Con énfasis le señaló al periodista que ante ello “pagará las consecuencias, pronto lo verás”, agregando “lo que más importa cuando tienes que enfrentarte a líderes extranjeros y he tenido que hacerlo con varios de ellos, es saber la persona que tienes al frente”. Biden, el aparente afable anciano sacó las garras y con ello nada bueno se puede esperar en el plano internacional. Ni siquiera Trump, con su inexperiencia en el plano internacional, tuvo tantos exabruptos en tan pocos minutos de entrevista.

Debo reconocer que ante esta sorpresiva y categórica afirmación traté de hilvanar algunas líneas de entendimiento. La primera fue por el lado médico neurológico y lo asocie a un tema de demencia senil, toda vez que Joe Biden,es el presidente con mayor edad elegido en el país norteamericano. La demencia senil es un trastorno neurocognitivo mayor y es el nombre que se da a un síndrome que se caracteriza por el deterioro de las capacidades psíquicas de la persona afectada, especialmente de las capacidades cognitivas. Posteriormente transite por la explicación más en el campo de los desórdenes mentales ¿será expresión de locura la de Biden con esta afirmación” Entendiendo que la definición más convenida respecto a la locura es que se trata de la privación del juicio o del uso de la razón. Cuestión cercana pues acusar al presidente de un país de asesino sin ofrecer pruebas o llamados a presentar una acusación en la Corte penal internacional resulta, al menos, poco razonable.

Finalmente y visto mi escaso conocimiento en los vericuetos de las patologías mentales, deseché ambas explicaciones y me incliné por la puesta en marcha de una calculada estrategia destinada a ejercer mayores grados de presión contra la Federación Rusa, abriendo otro flanco de confrontación que se une a aquellos que los enfrenta: en el plano de los acuerdos sobre armas nucleares, los contenciosos respecto a Ucrania y Crimea. Los peligrosos y provocadores avances militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia la frontera occidental rusa. Los roces por el apoyo que da Moscú a la sociedad y el gobierno sirio en Asia Occidental. Los roces derivados del vínculo ruso-germano por el gasoducto Nord Stream en la zona del Báltico como también el erigir un arco de relaciones, claramente en contradicción, con los intereses hegemónicos estadounidenses, conformado por la misma Rusia, China e Irán y aquellos países, que han sufrido las presiones y las políticas de fuerza de Estados Unidos.

Resulta claramente una irresponsabilidad el tipo de acusaciones emitidas por Biden, a partir de informes no comprobados, discutibles y que dan crédito a la labor de agencias con absoluto descrédito como es el Consejo Nacional de Inteligencia. Tomo en esto la advertencia dada por el Roberto Yepes Papastamatin, Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” quien en un interesante artículo publicado una década atrás, nos advertía sobre estos informes del NIC “En una fase del sistema internacional de acelerados y profundos cambios estructurales, con una superpotencia particularmente agresiva, un sistema institucional multilateral en crisis y un derecho internacional moribundo, los escenarios norteamericanos sobre nuestra región por ejemplo, como los elaborados por el NIC, son un referente insoslayable para poder imaginar y construir en la práctica nuestros propios escenarios anti hegemónicos y emancipadores”.[2]

Rusia reaccionó con cautela, aunque las palabras cayeron como un misil en pleno Kremlin. El gobierno ruso, su parlamento, enfocaron el reclamo por el lado de considerarlo un insulto al país. El presidente de la cámara baja del parlamento (Duma), Vyasheslav Volodin consignó que las palabras de Biden reflejan “histeria, impotencia frente a los avances rusos”. La primera medida política consistió en llamar de inmediato a Moscú al embajador ruso en Estados Unidos para analizar el rumbo de las relaciones entre ambos países. La portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova sostuvo “para nosotros lo más importante es determinar cómo pueden ser los caminos para mejorar las relaciones ruso-estadounidenses, que están en estado grave y en los últimos años Washington ha llevado prácticamente a una vía muerta. Estamos interesados en evitar su degradación irreversible si los estadounidenses se dan cuenta de los riesgos relacionados con esto”.

Artículo publicado originalmente en segundopaso.es


  1. Como parte de la denominada Comunidad de Inteligencia de los Estados Unidos, el Consejo Nacional de Inteligencia (NIC, por sus siglas en inglés) es el centro de pensamiento estratégico encargado de conducir la elaboración de valoraciones y pronósticos sobre asuntos internacionales para el presidente y altos funcionarios del gobierno de ese país, abarcando tanto la producción de análisis breves sobre asuntos actuales, como la evaluación de tendencias a mediano y largo plazo. Obviamente, la mayor parte de su trabajo es clasificado, pero también produce informes públicos, como la serie de tendencias globales a largo plazo publicada en los años 1997, 2000, 2004 y 2008, 2012, 2016 y 2020.
  2. https://rebelion.org/los-informes-del-consejo-nacional-de-inteligencia/
Pablo Jofré Leal
Pablo Jofré Leal

Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. especialista en temas de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de revista digital www.politicaycultura.cl

Trump le deja el regalito de Taiwán a Biden

Trump le deja el regalito de Taiwán a Biden

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Trump ordenó que se levanten todas las restricciones que pesaban sobre Taiwán, molestando una vez más a la República Popular China, que considera a la isla una “provincia rebelde” desde 1949. Pero también le deja un problema a los demócratas en su relación con Pekín y el clima de la “guerra comercial” del futuro.

Reconocimiento de Taiwán

En enero de 2021 la administración de Donald Trump decidió irse, no sin seguir molestando tanto a Pekín como a los demócratas. El secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, ha anunciado el 9 de enero el levantamiento de las “restricciones autoimpuestas” a la cooperación entre Estados Unidos y Taiwán: “Hoy anuncio que levantaré todas estas restricciones autoimpuestas. Las agencias del poder ejecutivo deberían considerar que todas las pautas de contacto con respecto a las relaciones con Taiwán emitidas previamente por el Departamento de Estado bajo las autoridades delegadas al secretario de Estado son nulas y sin valor”, ha anunciado con firmeza Pompeo en un comunicado.

Aunque Taiwán es “una democracia vibrante y un socio confiable de Estados Unidos”, durante varias décadas el Departamento de Estado ha creado “complejas restricciones internas” para regular las interacciones de diplomáticos, miembros del servicio y otros funcionarios estadounidenses con sus homólogos taiwaneses, señaló Pompeo.

¿Acaso Taiwán era un “estado fallido” para Washington? En realidad, no tanto, pero desde el decenio de 1970 Estados Unidos hizo un acuerdo con la República Popular China para que deje de apoyar a Taiwán y así reconocer a Pekín en el orden internacional. Esto le dio legitimidad a la China comunista de entonces, a tal punto de que le dio la posibilidad de ingresar a las Naciones Unidas (ONU), sacando así a Taiwán.

De comunistas y anticomunistas

Todo tiene su historia. Luego del triunfo de la Revolución liderada por Mao Tse Tung del 1º de octubre de 1949, China se convirtió en otro país que adhirió al marxismo-leninismo. Pero los derrotados anticomunistas nacionalistas del Kuomintang se refugiaron en su último bastión, la isla de Formosa, bajo liderazgo de Chiang Kai-shek (quien fue formado político en la Unión Soviética en el decenio de 1920), donde fundaron la República de China con capital en la ciudad de Taipéi.

Rápidamente Estados Unidos y Europa Occidental reconocieron al régimen anticomunista de Chiang Kai-shek, que se convirtió en un furioso dictador desde Taiwán. Mao, por su parte, ordenó considerar como “provincia rebelde” a Taiwán, pero no llevó a cabo planes de invasiones futuras sobre la isla de Formosa para derrocar a Chiang Kai-shek. Este se quedó en el poder hasta el año de su muerte en 1975, gobernando con mano de hierro a los taiwaneses y apoyado por unos 10.000 soldados de Estados Unidos estacionados en la isla de Formosa para cuidarlo. Incluso Chiang Kai-shek pidió en 1960 a Estados Unidos para invadir a la China continental y derrocar a Mao.

Chiang Kai-shek es un prócer en Taiwán.

Bajo Chiang Kai-shek Taiwán se convirtió en un primer laboratorio de política de toque de gong ultraliberal en Asia Oriental. Bajo ley marcial, se redujeron los derechos laborales de los trabajadores taiwaneses y una poderosa elite burguesa se asoció a capitales estadounidenses para convertirse en un “tigre asiático” en los años de los decenios de 1960 y 1970. La industria textil se fue para arriba y también de la tecnología digital primigenia, engendrando el famoso “Made in Taiwán” con ayuda estadounidense, que invadió de manufacturas textiles y de electrodomésticos hacia el Tercer Mundo. Taiwán de hecho fue reconocido como “toda China” ante la ONU, dejando fuera a la China maoísta.

Pero todo se terminó en 1971-1972. En 1971 Estados Unidos decidió sacar a Taiwán de la ONU. En 1972 el presidente estadounidense republicano Richard Nixon visitó Pekín y se entrevistó con Mao. Allí acordó con las autoridades chinas continentales que Pekín apoye a Washington en la guerra fría contra la Unión Soviética. A cambio, Pekín le pidió reconocimiento internacional, ingreso a la ONU y que se Washington deje de reconocer a Taiwán como estado nacional independiente.

China comunista logra lugar en la ONU

Hay que recordar que la China de Mao se enemistó con Moscú en 1956, y desde entonces hubo peleas entre los gigantes comunistas de la guerra fría. Estados Unidos no aprovechó esta pelea, ya que Mao hasta 1970 siguió una línea radicalizada antiimperialista muy osada. Pero eso culminó y los chinos decidieron aliarse a Washington para impedir una invasión soviética latente desde Mongolia o Siberia Oriental (siempre presente entre 1960 y 1966). Algunas escaramuzas militares en 1970-191 en las fronteras chino-soviéticas alertaron a Pekín de que Moscú estaba a punto de invadir China para instalar un régimen títere moscovita. Mao lo entendió y se acercó a Estados Unidos.

Lo que consiguió Mao fue que Estados Unidos saque de la ONU a Taiwán. Sólo eso, que no es poco, porque la República Popular China tomó su lugar en la ONU y en el Consejo de Seguridad. Mao muere en 1976 y desde entonces Deng Xiaoping toma las riendas del poder en Pekín e intenta convertir a la China continental en una especie de “milagro económico taiwanés” a mayor escala. Eran los albores del llamado “socialismo de mercado” de China, de la llegada del capitalismo salvaje al gigante asiático.

Reunión cumbre entre Mao y Nixon en Pekín en 1972.

Desde 1972 Taiwán es reclamada por la República Popular China, que rechaza las relaciones diplomáticas con países que la reconocen. Taiwán mantiene vínculos oficiales con 14 de los 193 estados miembros de la ONU y la Santa Sede. Las organizaciones internacionales en las que participa la República Popular China se niegan a otorgar membrecía a Taiwán o le permiten participar solo de manera no estatal. Pero Taiwán es miembro de la Organización Mundial del Comercio, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico y el Banco Asiático de Desarrollo bajo varios nombres.

Los países cercanos y los países con grandes economías mantienen vínculos no oficiales con Taiwán a través de oficinas de representación e instituciones que funcionan como embajadas y consulados de facto. A nivel nacional, la principal división política es entre los partidos que favorecen la eventual reunificación china y promueven una identidad china en contraste con aquellos que aspiran a la independencia y promueven la identidad taiwanesa, aunque ambas partes han moderado sus posiciones para ampliar su atractivo.

Taiwán y el nacionalismo contra Pekín

Taiwán eligió el 16 de enero de 2016 a Tsai Ing-wen como su primera presidenta mujer, junto a Chien-Jen Chen, luego de concederle a su partido, el independentista, Partido Democrático Progresista, su primera mayoría en la legislatura nacional. Este partido se acercó a las posturas nacionalistas más radicalizadas contra Pekín. Estados Unidos con  Trump desde 2017 le brindó toda ayuda política, económica y militar al régimen de Chen. Si bien desde 1971 los estadounidenses no se fueron de Taiwán, con Trump aumentaron su presencia militar.

Washington no reconoció técnicamente a Taiwán como un país, aunque es su undécimo socio comercial más grande. Incluso el complejo diplomático de Estados Unidos en Taipéi es llamado el “Instituto Americano en Taiwán” , en lugar de una embajada o consulado. Pekín ha presionado constantemente a otras naciones para que respeten su reclamo de soberanía sobre Taiwán.

Pero Trump ordenó movimientos militares de la Armada en el Mar de China y cerca de las costas de la República Popular China, realizando ejercicios junto a soldados de Taiwán en 2018-2020, irritando a Pekín siempre, como parte de la “guerra comercial”. Además, Pekín siempre pegó el grito en el cielo ante las sucesivas ventas de armas de Estados Unidos a Taiwán bajo órdenes de Trump.

La mandataria taiwanesa Tsai Ing-wen y Trump reforzaron vínculos diplomáticos y militares en 2017-2020.

El regalito de Trump a Biden

La historia en enero de 2021 cambió. Trump no quería irse sin molestar a China continental. En ese sentido, la declaración de los últimos días reconoce que la relación entre Washington y Taipéi “no necesita, ni debe, estar encadenada por las restricciones autoimpuestas de nuestra burocracia permanente”, concluyó el jefe de la diplomacia estadounidense Pompeo.

En realidad, Trump quiere dejarles un regalito problemático a los demócratas que asumirán el 20 de enero próximo. Pekín sabe que con Biden puede haber un punto de acercamiento comercial con Estados Unidos para terminar con los roces y las tensiones creadas por Trump en 2017-2020.

 ¿Querrán los demócratas un problema militar en el Mar de China? Algunos pretorianos del Pentágono no aconsejan un enfrentamiento con China por Taiwán. Habrá que esperar a ver qué hacen los demócratas. ¿Terminará la “guerra comercial”? Lo cierto es que el reconocimiento de Taiwán es una piedra en el zapato diplomático de la futura administración de Biden.

Mauricio Piñero
Mauricio Piñero

Cuentan las crónicas que nació como el hijo de nadie. Luchando por la Patria Grande, como Internacionalista y antiimperialista. Tripero de alma y cuerpo, siempre junto a la patriada barrial. La historia descolonizada es mi pasión como docente de la Escuela Pública y de los barrios. Las noticias sobre los pueblos que luchan como forma de viajar hacia una verdadera justicia social global.

Una puerta de posibilidades

Una puerta de posibilidades

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Más allá del resultado anunciado por los medios masivos de comunicación, más allá de lo difundido a primera vista, lejos está de resolverse aún qué podrá pasar en los EEUU frente al enrarecido escenario electoral que tiene como virtual ganador al binomio demócrata BidenHarris.

Mientras una gran mayoría de medios ya da como presidente electo al ex vicepresidente de Obama, Trump se niega a reconocer la derrota y judicializa el proceso electoral en estados claves donde según argumenta, hubo “fraude”. Y algo de repercusión ha tenido dado que el tribunal de Pensilvania dio lugar al reclamo del actual ocupante del Despacho Oval respecto del voto por correo.

Al revuelo judicial, el ninguneo informativo e incluso la censura mediática y en redes, cabe agregarle las declaraciones del Secretario de Estado Mike Pompeo que aseguró que “habrá una transición sin problemas. El dato relevante es que sería entre el primer y el segundo mandato del republicano.

¿Estado Fallido?

En su artículo de opinión en el periódico The New York Times el economista norteamericano Paul Krugman sostuvo que “si estuviéramos ante un país extranjero con el nivel de disfunción política de Estados Unidos, tal vez consideraríamos que está al borde de convertirse en un Estado fallido, es decir, un Estado cuyo Gobierno ya no es capaz de ejercer un control efectivo“.

Por su parte el analista Alfredo Jalife-Rahme directamente llama “país bananero” al gigante norteamericano, arguyendo que son escandalosas las manipulaciones de un país gobernado por una elite que lejos de ser una democracia, califica como plutocracia/bancocracia/cibercracia.

La afirmación del analista mexicano responde al análisis del poder que ejercen sobre el gobierno de EEUU las empresas del GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft), íntimamente relacionadas con “gigabancos” como Black Rock, Vanguard, State Street o Fidellity.

Evidentemente no importa el resultado

En esta andanada de incertidumbres y acusaciones cruzadas, el equipo demócrata, Joe Biden y Kamala Harris ya se lanzaron a gobernar, incluso antes de asumir, enumerando algunos de los pretendidos ejes de trabajo: revertir la situación sanitaria, reanudar los lazos internacionales y volver a los acuerdos multilaterales, solucionar el tema migrante.

El reajuste que debería enfrentar una posible administración Biden evidentemente será de proporciones astronómicas y hacerlo requiere de recursos, y muchos. Ese puede ser un escollo importante si les demócratas no logran obtener la mayoría en el Senado, donde aún están en disputa les dos representantes por el estado de Georgia que irá a segunda vuelta el próximo 5 de enero.

El posible segundo escollo -y que está vinculado a artículos anteriores- es que en términos concretos Biden no ganó: perdió Trump. El voto anti-Trump fue lo que posibilitó la pírrica victoria demócrata que previamente las encuestadoras y medios señalaban (en realidad operaban) que sería de casi 10 puntos.

Nuestra América ante este escenario

Si el escenario antes descripto no desemboca en una escalada de tensiones y de violencia que lleve al enfrentamiento directo entre ambos bandos, la “remontada” para la administración gringa no será sencilla.

El panorama nuestroamericano está cambiando a paso firme: la vuelta al gobierno de Bolivia del MAS-IPSP, las grandes posibilidades de una victoria de sectores del correismo en Ecuador, la consolidación de gobiernos progresistas como el de México, Argentina y varios países de Centro América, la resistencia de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

A los aciertos del progresismo hay que sumarle los descalabros de la derecha en Perú, Colombia y Chile, los escándalos de corrupción en Brasil, Paraguay y muchos de Centro América.

Muchos de estos países tienen procesos electorales en 2021: Presidenciales en Ecuador; Municipales y parlamentarias en El Salvador; Presidenciales en Honduras; generales y Constituyente en Chile; presidenciales en Perú; parlamentarias en México y Argentina; presidenciales en Nicaragua. Mientras que en 2022 le tocará a las presidenciales de Colombia y Brasil.

El Doctor en historia ecuatoriano, Juan Paz y Miño señala que posiblemente la administración de Biden intentará tener un trato directo con los gobiernos de AMLO y de los países centroamericanos para intentar ajustar -fundamentalmente- la situación migrante.

La intervención en Venezuela sigue sobre la mesa

Por su parte no ve que las cosas vayan a cambiar mucho en relación a Venezuela. No hay que olvidarse que fueron los demócratas con Obama a la cabeza quienes señalaron al país bolivariano como una amenaza para la seguridad nacional de los EEUU. Quizás cambien la estrategia y dejen de sostener a Guaidó, pero las agresiones continuarán.

En este sentido el analista político Darío Azzellini resalta que la grave polarización interna en EEUU puede generar que Biden pueda “verse tentado a comenzar una guerra para unificar de nuevo a la población estadounidense”, lo cual dejaría abierta la posibilidad de una intervención militar sobre la Venezuela chavista.

En la misma línea -pero alertando sobre el carácter imperial de los EEUU- el sociólogo y politólogo argentino, Atilio Borón, repasa el escenario y advierte que “nada bueno cabe esperar de este recambio. Se aventó el riesgo mayor y nada más”. Sus palabras hacen alusión a que sólo se logró sacar a un demente como Trump de la Casa Blanca, lo cual no significa que con Biden, EEUU no siga siendo imperio.

¿Nuevo tiempo?

Lo decíamos en artículos anteriores y lo volvemos a afirmar: la política exterior norteamericana puede cambiar de caras, de modos, pero seguirá siendo una política imperial, porque no importa quién gobierne en EEUU, sean demócratas o republicanos, hay un acuerdo en relación a la forma de vincularse con Nuestra América y es a través de la Doctrina Monroe y la del Destino Manifiesto.

El reacomodo político en los países de la región, sumado al tiempo que demore el imperio en reacomodarse luego de los cuatro años de Trump, serán claves para fortalecerse y seguir trabajando en la reconstrucción de la unidad continental. Se abre una puerta de posibilidades que habrá que ver si sabemos aprovechar.

Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

¿Importa quién gane?

¿Importa quién gane?

TIEMPO DE LECTURA: 7 min.

Muches analistas vienen alertando desde hace tiempo que el sistema imperante desde la Segunda Guerra Mundial que tuvo (o tiene) a EEUU como centro hegemónico a nivel planetario, está perdiendo cada vez más fuerza. La pandemia del COVID-19 ha acelerado esa decadencia a pasos agigantados.

El colega cubano Hedelberto López Blanch, lo retrataba de manera muy gráfica en un artículo publicado recientemente donde especifica la caída en picada de la economía estadounidense en comparación con el crecimiento de la China.

Según la Oficina de Análisis Económico de ese Departamento (Comercio), el Producto Interno Bruto (PIB) real disminuyó a una tasa de 32,9 % en el segundo trimestre de 2020 motivado por los desastrosos efectos de la pandemia”, señaló López Blanch, al tiempo que remarcó que contracción económica en ese mismo período “fue la más rápida de su historia y supone la mayor debacle desde la Segunda Guerra Mundial”.

A la pérdida de poder a escala global hay que sumarle las dificultades domésticas, que lejos de ser meramente económica, atraviesan todos los planos de la vida política y social de la nación.

Datos puertas adentro

Para colmo de males las cifras de desempleo no paran de crecer. Según el sindicalista, académico y periodista estadounidense Dan La Botz, “desde el 15 de marzo han solicitado el subsidio de desempleo en total 62 millones de personas y cada semana solicitan esta prestación alrededor de 900.000 más”. El colega norteamericano señala que las estimaciones podrían arrojar una tasa de desempleo de más del 11%.

Un país con más de 50 millones de personas por debajo del nivel de la pobreza, con más del 35% de personas que no acceden a seguros médicos, un aumento de más del 24% en la tasa de suicidios y niveles de esperanza de vida que siguen bajando, colocándose en poco más de 76 años.

A estos datos hay que agregarle los de inseguridad o los de narcotráfico, entre muchos otros. El gran sueño americano, esa idea de supuesta felicidad construida por la propaganda de Hollywood y las agencias de noticias (en realidad de propaganda), no es más que eso, un sueño.

La elección

Pero los intentos por sacar a Trump no sólo se centran en el bipartidismo tradicional y sus medios de comunicación, o sectores de las FFAA o la Inteligencia. Un sector importante del pueblo norteamericano también está abocado a tal fin.

Según afirma el corresponsal del diario mexicano La Jornada, David Brooks, a dos semanas de las elecciones ya han emitido su voto más de 31 millones de personas. Para dimensionar lo que esto significa, en el Estado de Texas (donde en su momento ganó Trump) ya han votado más personas que en las elecciones de 2016.

El colega señala que esta elección no sólo puede significar un record en cuanto a la participación electoral, sino en el gasto de la misma. Según Brooks “se calcula que la presidencial y las legislativas federales superarán récords previos por mucho, al acercarse a 11 mil millones de dólares, según el Center for Responsive Politics. La contienda presidencial tiene un costo proyectado de 5.2 mil millones[1].

Pero como es sabido, la elección en el gigante del norte no depende solo de los votantes, sino también de les electores, por lo que podría ganar Biden en cuanto a cantidad de votos, pero (como pasó en 2016) que sea electo nuevamente Trump.

¿2da Guerra Civil en EEUU?

En publicaciones anteriores remarcábamos citando al analista Thierry Meyssan que en EEUU no hay una mera disputa entre Republicanos y Demócratas, sino entre “jacksonianos” y quienes profesan y practican la “Teoría de Contención” de George Kennan. Todos los presidentes hasta 2016 aplicaron esta última lógica gestada en plena Guerra Fría. Eso explica que incluso muchos republicanos jueguen en contra de su propio “candidato”.

Lo afirmábamos en ocasiones anteriores y cada vez son más les analistas que ven la posibilidad de un enfrentamiento entre estos dos sectores. Sectores que se descalifican el uno al otro y que plantearon la posibilidad de un fraude en las elecciones venideras.

Todo parece indicar que el descontento hacia la gestión del magnate está generando una pérdida sustancial en las intenciones de votos. Si bien el hecho no dice nada (ya que pasó lo mismo en las pasadas elecciones y ganó Trump de igual manera), parece que toda la maquinaria Demócrata y Republicana anti Trump está haciendo lo imposible por evitar que este señor de peluquín sea reelegido.

Del otro lado, Donald Jr. (uno de los hijos del magnate) hizo un llamado a voluntarios para que se “unan al ejército de vigilantes electorales de Trump”. En este sentido la periodista estadounidense Amy Goodman, alertó sobre posibles escenarios de violencia, citando un informe de la organización para el control de armas Guns Down America. En este informe se afirma que “la amenaza de que individuos armados perturben el acto electoral en los centros de votación no es teórica”. La línea argumental de Trump en casi todos los planos se sintetizan en “yo o el caos”.

¿Y la alternativa?

Del otro lado está Joe Biden, demócrata que ejerció la vicepresidencia durante la administración de Barak Obama. Una gestión caracterizada por las agresiones permanentes a pueblos de distintas partes del mundo y que lejos de cumplir con sus promesas de campaña la gestión Obama-Biden continuó con las guerras y amplió sus fronteras. De hecho el ganador del Nobel de la Paz no pasó un solo día (de sus 8 años en la presidencia) en el que no estuviese en guerra. A las heredadas guerras de Afganistán e Irak, sumó la guerra en Siria y autorizó “ataques contra grupos terroristas en Libia, Pakistán, Somalia y Yemen”, elevando a siete los países donde su administración llevó adelante acciones militares públicamente.

A ello hay que sumarle que la administración que segundeó Biden es la que en marzo de 2015 realizó “un decreto de “emergencia nacional” en el que declara a la República Bolivariana de Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE.UU”, por supuestas violaciones a los derechos humanos cometidas por el Gobierno venezolano[2].

Algunas apreciaciones

Más allá de lo que suceda en las elecciones del país del norte, más allá de si decanta en una guerra o no, lo que queda claro es que sea quien sea que ocupe el Despacho Oval, los pueblos del mundo pierden. Más malo o menos malo, el gobierno estadounidense y su lógica imperial se han convertido en un problema para la humanidad.

Esta afirmación lleva a sacar algunas conclusiones al respecto:

  • No se puede esperar demasiado de la elección en gringolandia;
  • El sistema democrático que EEUU pregona e intenta imponer (a punta de misiles) al resto del mundo es un verdadero bluf;
  • Al poder real le importan muy poco los pueblos del mundo, incluso los propios. Sólo les interesa exprimirlos para sacarles la mayor rentabilidad posible a su fuerza de trabajo;
  • La guerra siempre es una opción para quienes ejercer el poder real, fundamentalmente porque es uno de los negocios más rentables;
  • El sistema económico que pregonaron los norteamericanos está quebrado y su caída repercutirá en todo el mundo, por lo cual hay que buscar alternativas que lo cambien de raíz;
  • Es imperioso desmonopolizar la palabra y la información. Caso contrario seguiremos siendo presas de las operaciones mediáticas al servicio de los grandes poderes fácticos;

Ante el escenario interno y exterior del país del norte, Nuestra América tiene la posibilidad histórica de revertir décadas de opresión y saqueo fomentado desde EEUU, sus transnacionales y lobbies. No obstante lo cual ello no debería implicar pasar a depender de otra superpotencia. Es estratégicamente necesario refundar la unidad continental y sus organismos multilaterales. El destino de nuestros pueblos depende de ello.


Referencias
[1] https://rebelion.org/preven-que-eleccion-en-ee-uu-rompera-record-de-participacion-y-de-costo/
[2] http://www.avn.info.ve/contenido/obama-deja-presidencia-eeuu-tras-ocho-a%C3%B1os-guerra-continua-e-injerencismo


Nicolás Sampedro
Nicolás Sampedro

Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.

El Ejército inesperado

El Ejército inesperado

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

POR JORGELINA URRA* Y ZULEMA CAPELLA**

Los Preparativos

La organización del evento había empezado con el pie izquierdo, ya que la fecha estipulada para tan importante mitín, y en los términos que el Señor Donald Trump exigía, requería de privilegios que hasta para los asesores de la Casa Blanca sonaban descabellados. Por un lado estaban las dificultades propias de una pandemia mundial, así que debieron cambiar de mes, y en lugar de llevarse a cabo en marzo, debían ser en junio.

Por otro lado, el día elegido por el Señor D. Trump era el 18 de junio, pero nuevamente algo entorpeció esa decisión. Y es que justo ese día, en el barrio de Greenwood, ciudad de Tulsa, Oklahoma, lugar designado por su gran acumulado de republicanos, donde en 2016 sacó el 65, 3% de los votos, la comunidad afroestadounidense celebraba la abolición de la esclavitud. 

Sus asesores le recomendaron que tuviera algo de tacto debido a los últimos acontecimientos que enardecen las calles del país, así que no tuvo más remedio que aceptar, y frente a las cámaras destacó que el tan ansiado lanzamiento seria al día siguiente, el 19 de junio. Nada se dijo sobre cuáles serían las medidas de protección y aislamiento por el covid-19. Lo único que anunciaron fue que se examinaría la fiebre y se repartirían barbijos, pero sin obligación de uso.    

Su gerente de campaña para la reelección, Brad Parsale, un joven consultor digital que en 2016 estuvo a cargo de la dirección de medios digitales de su campaña y lo acompaño como asesor político. Ahora el encargado de la gerencia publicitaria y principal cabeza de marketing, no dudó en ser fiel a las expectativas del Señor D. Trump, al convencerle de que el público estaba preparado y que incluso la página de internet decía que al evento asistirían un millón de personas. La expectativa era tal, que el Señor mandó a que se instalaran pantallas gigantes fuera del arena Bok Center para las más de cuarenta mil personas que no iban a tener la oportunidad de verlo a corta distancia, ya que las instalaciones solo cuentan con asientos para diecinueve mil espectadores. 

La publicidad en los medios fue inmensa, los videos son de una épica tal, que nada tienen para envidiarle a las producciones hollywoodenses, no solo desde la composición sonora, sino desde la representación gráfica con escenas de lo que para el Señor D. Trump significan las manifestaciones bajo la consigna Black Lives Matters: un estallido de crímenes violentos organizados por simpatizantes de Joe Biden, su principal opositor, los que según dice, quieren desarticular a la policía. Está claro además por el tipo de publicaciones como “Abolished” que el objetivo es generar una confrontación civil entre quienes están reclamando derechos básicos y quienes representan el fascismo. A estos últimos los cataloga como un ejército dispuesto a hacer regir la ley y el orden, y no son más ni menos que sus propios seguidores.

La grilla del rally arrancaría en Tulsa, Oklahoma, seguiría por Florida, Arizona y Carolina del Norte. La mañana del 19 de junio, el Señor D. Trump le dio una ojeada como acostumbra hacer en sus campañas, a las noticias de la cobertura del evento. Se sintió algo desilusionado al notar que no se hallaban en el lugar las masas que tanto ansiaba ver y para las cuales no solo había preparado un discurso, sino dos. Unas horas más tarde, le llegaría el informe de que seis de sus empleados abocados a la campaña en Tulsa, habían dado positivo al test de coronavirus y, en lugar de mostrarse preocupado por sus trabajadores, estalló de rabia porque la noticia había llegado a los medios y estaba robándole protagonismo al mitín. 

La noche anterior a su llegada, el estado llegaba al pico de contagios en lo que va de la pandemia debido a la reapertura de la economía. El alcalde G. T. Bynum había anunciado que desde el jueves hasta el domingo se establecería un toque de queda en los alrededores del Bok Center. De esta manera iban a prevenir los posibles incidentes que generarían los grupos “radicales de izquierda” como llama el Señor D. Trump a les manifestantes. Desde la ciudad anfitriona habían apelado a la Corte Suprema de Justicia para que las instituciones correspondientes aseguraran el cumplimiento de los protocolos sanitarios, pero para fortuna del Señor D. Trump, esta vez la Corte rechazó el pedido en su contra. Nada podía impedir que el mandatario hiciera alarde de sus dotes actorales, ni siquiera un virus mortal.   

Seguro de sí mismo y de que ese día la grandeza de su país se vería materializada por el acompañamiento de sus seguidores, caminó hacia el helicóptero que lo llevaría a la Base de la Fuerza Aérea Andrews, y posteriormente se subió al Air Force One, que lo esperaba listo para despegar. En pleno vuelo el presidente recibió la notificación de que solo habían llegado unas veinticinco personas a las inmediaciones del arena, y no contento con la idea, se tomó el trabajo de sobrevolar por el lugar para observar por si mismo las cifras.

La confusión era generalizada, así que inmediatamente les encargades de su campaña enviaron un mensaje de texto a quienes habían reservado tickets, que decía “¡La Gran Celebración del Regreso Estadounidense ya casi empieza! ¡Todavía hay espacio!”, pero no fue lo suficiente como para sostener la aparición en el exterior. El avión aterrizó en Tulsa a las 17:51 del sábado 19 de junio, y Joe Biden venía por encima en las encuestas.

Semanas antes del acontecimiento una cantidad increíble de reacciones, comentarios y publicaciones iba en crecida. La cifra de las encuestas se había disparado. Si hay algo certero en todo esto, es la confianza absoluta que el Señor D. Trump ha depositado en los sondeos virtuales.

 Los guerreros de Trump

El montaje lucía majestuoso, las gradas habían sido delineadas con una franja azul que en color blanco rezaba “Make America Great Again!” (Volver América grande otra vez!), su frase de campaña. De frente al escenario, en el sector campo y detrás en las gradas, la gente disfrutaba de hits como “I Won’t Back Down” de Tom Petty, o “You Can’t Always Get What You Want” de The Rollings Stones, sin barbijo ni distancia social,  y mientras agitaban los brazos formando olas, no se imaginaban que la familia de Tom Petty y los Rolling Stones iban a irritarse y comenzarían acciones legales para que dejen de relacionar sus canciones con la campaña, ya que se oponen fervientemente a los ideales que Trump representa. 

En el centro de la escena se imponía un podio color azul marino con la insignia de los Estados Unidos, en el cual el Señor D. Trump daría su discurso. Lateral al escenario se hallaba una escalera intencionalmente colocada, un pedido especial que realizó a la organización para recrear una escena bastante particular y por la que en los medios había sido noticia; en el video podía notarse que el presidente estaba teniendo dificultades para bajar una escalera, y se lo atribuyeron a una posible enfermedad. Era de esperarse que su intención fuese echar por tierra esas declaraciones, no iba a permitir que su orgullo sea trastocado.

Luego de la intervención de Mike Pence, el Señor D. Trump hizo su entrada triunfal; de traje azul a tono con el podio, corbata roja y el paso lento, salía por el costado izquierdo en dirección al escenario mientras levantaba el puño derecho. En intervalos aplaudía, pero más gozaba de los aplausos que recibía por parte de seis mil doscientas personas. Un infortunio que supo sobrellevar con estilo teatral, lástima que no se dedico a ser bufón. Una de sus primeras frases en referencia al público fue de agradecimiento por el apoyo y los llamó “guerreros”, el ejército con el que planea derribar a Biden en cinco meses.   

De principio a fin, el discurso estuvo argumentado por una ferviente ironía que atentaba constantemente contra su opositor J. Biden al tratarlo de “dormilón”,  contra el movimiento Black Lives Matters y contra el aborto. No faltó el tono burlón con el que se refirió al virus llamándolo “kung flu”, y sin tapujos dijo: “Cuando se hacen pruebas a esa escala, se encuentra a más gente. Se encuentran más casos. Por eso le dije a mi gente: frenen las pruebas, por favor”  y el público aplaudió. De resto no cesó en despotricar contra Rusia, México y hasta se dio el gusto de hablar de fake news.    

Mary Jo Laupp, la abuela de Tik-Tok

A 500 millas de distancia de Tulsa en el estado de Iowa, una señora llamada Mary Jo Laupp de 51 años, abuela de seis nietos, activista política por los derechos civiles y tiktoker con más de 17K de seguidores, había lanzado una campaña en redes sociales para que la gente que no tenía intención de ir y, de hecho se oponía a los delirios del Señor D. Trump, reservara tickets para el gran día. Las reproducciones del video llegaron a más de dos millones de personas. La abuela, como la apodaron en Tik-Tok, circuló por todas las redes sociales logrando una gran cantidad de adherentes. Tanto así, que desde el equipo de trabajo de Biden la convocaron para que se sume a su campaña. Ella aceptó y en el New York Times dijo que trabajaría en un proyecto que articule a equipos de creadores de contenidos en Tik- Tok, para que hagan campaña por Biden.

El ejército inesperado 

La propuesta de la tiktoker no tardó en llegar a los grupos de fans del K-pop surcoreano, un ejército de adolescentes de entre 12 y 18 años preparados con el mejor arma: un celular y gigas de contenido multimedia de sus ídolos. El K-pop nació durante los ’90 en Corea del Sur y a través de las redes sociales logró llegar a gran cantidad de adolescentes en el mundo, se trata de grupos musicales creados por empresas de entretenimiento como Big Hit Entertainment, dueña de la boy band “BTS”. Esta música se compone del hip-hop, rock, rap y dance en una base de pop que articula con coreografías de hasta más de 40 personas y una estética creada bajo los estereotipos de belleza occidental. Sus seguidores o “kpopers” tienen una incidencia notable en redes sociales, y han sabido utilizar estas estrategias para sabotear medidas políticas que atentan contra los derechos que reclama el movimiento Black Lives Matters. 

El 31 de mayo, el Departamento de Policía de Dallas a través de su cuenta oficial en Twitter, publicó un llamado a la ciudadanía en el que pedían a les usuaries que subieran videos e imágenes a la app iWatch Dallas, con el fin de prever “actividades ilegales” que pudieran darse durante las protestas en dicha ciudad. Con miles de videos, fotos y “fancams” (clips de conciertos) de artistas pop coreanos como BTS, ITZY y Red Velvet, el ejército de kpopers hizo colapsar el sistema de la app en apenas unas horas. El 1 de junio, la cuenta oficial de twitter del FBI solicitaba “información y medios digitales” con la misma finalidad que la policía de Dallas, y el ataque se repitió. En Michigan la policía de Grand Rapids creó una página web con igual objetivo; de nuevo colapsó por el contenido k-pop de los fanáticos.

Durante mucho tiempo se creyó que los fans eran grupos de pibes sin posicionamiento político ni sensibilidad social, ya que las empresas que comandan a sus “idols” han creado ejércitos de jóvenes ilusionados con el estrellato que se entregan a contratos musicales explotadores, sometiéndose a cambios estéticos y duros entrenamientos antes de grabar siquiera una canción. Pero han dejado en claro no solo que tienen voz y opinión política, sino que pueden lograr boicots que ni los community managers más entrenados han podido evitar.

Esto es una prueba real del poder que una comunidad organizada puede tener, además de que deja en evidencia las falencias de las estadísticas de sondeos virtuales en las que tanto se apoyan para medir sus candidaturas los principales líderes mundiales de ultraderecha. Trump está siendo señalado por un tribunal virtual, compuesto por miles de activistas adolescentes organizades. Ni Cambridge Analytica se la vio venir.  


* Entiende que para que las ideas no mueran hay que escribir, pero como el lenguaje 
es un universo lleno de palabras muertas y consejos de la RAE; prefiere hablar
desde el léxico revolucionarie.

** De San Luis al país, escribe para ustedes Zuleca. Si están leyendo este perfil tienen
suerte porque en realidad se dedica más al ámbito radial. Las malas lenguas la han
apodado como las "manos riquelmeanas" de la producción, aunque ella no entienda de fútbol.
Mr. Trump, YOU ARE FIRED!

Mr. Trump, YOU ARE FIRED!

TIEMPO DE LECTURA: 4 min.

POR NICOLÁS SAMPEDRO*

Como muches han analizado, el mundo entero está en medio, no de una, sino de muchas turbulencias en simultáneo. La crisis financiera, la guerra comercial, los desbarajustes en los precios del petróleo… Todas antecedieron a la pandemia del COVID-19, que -indefectiblemente-, las profundizó.

Sin dudas el mundo asiste a un cambio de época sin precedentes. El desplazamiento de EEUU como superpotencia es cada vez más difícil de ocultar, pese a los esfuerzos del establishment occidental y sus corporaciones propagandísticas.

Sin ir más lejos esta semana el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (www.celag.org) analizaba los principales escenario planteados recientemente por los Think Tanks (Tanques de pensamiento) más influyentes del mundo. Algunos directamente alertando sobre el ascenso de China como centro, otros responsabilizando a Trump del mal manejo ante la pandemia. En lo que todos coincidían es que China es el peligro (excepto para los tanques de pensamiento chinos, obvio).

Los acontecimientos de las últimas semanas, no sólo hacia lo interno, sino hacia lo externo de la política norteamericana, dan cuenta del cimbronazo que vive el imperio. Hacia lo interno, no sólo fue el asesinato de George Floyd (que desató un mar de movilizaciones en todo el país), sino también los intentos de Trump de apagar el fuego con nafta, amenazando con sacar al ejército a las calles de su propio país. Este hecho no lo respaldaron ni el Pentágono, ni los demócratas, ni siquiera el Secretario de Defensa (Mark Esper). Incluso les miembres del Partido Republicano esquivan posicionarse o directamente critican abiertamente al presidente.

Foto: Getty Images

Para colmo de males, ahora hasta Twitter se pudo de punta con el magnate brabucón que conduce los destinos del país desde el Despacho Oval de la Casa Blanca. Y es que como señala el colega Jorge Elbaum, las multinacionales tecnológicas desplazaron a las corporaciones energéticas, financieras e industriales de los primeros puestos en la recaudación y acumulación de capitales. Hoy Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon o Facebook son quienes empiezan a tener la sartén por el mando, y es por demás sabido que Trump proviene del sector energético.

A lo antes mencionado hay que agregar el papel que está jugando China en el sector de la innovación tecnológica, la inteligencia artificial y las redes 5G. Trump pierde con los propios y los ajenos, y en su forma altanera y autoritaria de querer controlar la situación parece estar agotando los últimos cartuchos, pero de todas maneras intentará no perder.

Como se ha mencionado en reiteradas oportunidades, una bestia herida de muerte, lejos de rendirse, se vuelve más bestial y peligrosa. Tambores de guerra que cada vez suenan con mayor intensidad en Venezuela, no son mera coincidencia, son parte de la posible salida hacia adelante del imperio. Caotizar Nuestra América como lo hicieron con Medio Oriente, no es algo descabellado en las pretensiones de dominación imperial.

En noviembre de este año, se supone que serán las elecciones en el país del norte. Lo que previo a la pandemia era un triunfo asegurado de Trump, se discute producto de su mal manejo y las vulnerabilidades sistémicas que puso de manifiesto la crisis sanitaria. Pero como dice el refrán: “No está muerto quien pelea”, y Trump, si de algo sabe, es de cómo jugar sucio.

Como sostiene el analista Marcelo Solervicens, excepto en dos ocasiones, todos los presidentes norteamericanos se reeligieron, y pese al desastre sanitario que es hoy EEUU, a Trump todavía le quedan ases bajo la manga. No sería ni la primera ni la última vez que se utilice el argumento de la guerra para ganar una elección. China, Irán, Siria, Venezuela, Cuba… Todas opciones bélicas que en cualquier momento pueden encenderse.

Pero (siempre hay un pero) que llegue Joe Biden (Sleepy Joe, como lo descalifica Trump), no garantiza que para la región puedan cambiar mucho las cosas. De hecho la política exterior norteamericana no ha cambiado esté un demócrata o un republicano conduciendo los destinos del imperio.

Habrá que ver qué sucede; pensar en noviembre es una eternidad teniendo en cuentas la velocidad con la que se dan los hechos y lo vertiginoso de la política internacional en estos momentos. Habrá que ver si en esta ocasión no es el pueblo norteamericano el que le grita a Mr. Trump la tan famosa frase: You are fired!

¡Quiero suscribirme!
1
Más rápido y fácil
Difusiones Trinchera
Hola
Si querés que te incluyamos en nuestras listas de difusión de publicaciones y promoción de entrevistas en vivo, envianos un mensaje para suscribirte y te llegará toda nuestra información.
¡Sumate a la Comunidad Trinchera!