Lago Escondido: El espejo oculto del poder 

Lago Escondido: El espejo oculto del poder 

TIEMPO DE LECTURA: 9 min.

El Lago Escondido vuelve al centro de la polémica: a 9 años de las marchas por el acceso público y la denuncia por la ocupación ilegal de las tierras, el enclave del magnate británico Joe Lewis sigue siendo símbolo de poder e influencia, con jueces, empresarios y figuras políticas, vinculados a visitas y reuniones en la exclusiva estancia patagónica. 

Al momento de la publicación de esta nota, una nueva Marcha por la Soberanía avanza hacía Lago Escondido. La Brigada Juana Azurduy avanza por el desafiante camino de montaña, mientras el equipo de Trinchera acompaña la movilización, registrando cada paso y cada voz que reclama el acceso público al lago y denuncia la ocupación de tierras por Lewis. La acción conjunta refleja la continuidad de la lucha que, año tras año, se renueva con la convicción de que los bienes comunes no pueden quedar en manos privadas y extranjeras.

 

¿Qué es Lago Escondido?

Lago Escondido, ubicado al pie de la Cordillera de los Andes en la Patagonia argentina, es un paisaje de ensueño rodeado de bosques nativos, senderos y montañas. Sin embargo, el acceso a este paraíso natural permanece restringido: el magnate británico Joe Lewis adquirió miles de hectáreas en la zona y convirtió el lugar en un enclave privado, señalado por organizaciones sociales y políticas como un espacio de lobby político y económico. Las denuncias se relacionan a la vulneración de normativas de Defensa Nacional y Seguridad de Fronteras, mientras pobladores y activistas reclaman el libre acceso y enfrentan hostigamientos y obstáculos. 

A mediados de la década de los 90, específicamente en 1996, el magnate británico Joe Lewis —la sexta persona más rica de Inglaterra y entre las 500 más ricas del mundo— adquirió de manera irregular 13.000 hectáreas en la zona de la cordillera de Río Negro, la cual contiene dentro de sus limites una inmensa reserva de agua dulce llamado Lago Escondido. Lewis no sólo construyó un feudo que incluye una mansión, helipuertos, un casino y usinas eléctricas, sino que además cerró el camino público para acceder al lago, patrimonio natural de todas y todos los argentinos, y lo convirtió en su propiedad privada. 

Lewis recurrió al poder del lobby para eludir las leyes. Como la legislación impedía a extranjeros adquirir tierras a menos de 150 kilómetros de las fronteras, constituyó una empresa con activistas argentinos, H.R. Properties Buenos Aires S.A., para así concretar la compra. Poco después de recibir la aprobación estatal, la firma incorporó como accionista a Charles Barrington Lewis, hijo del empresario británico. Años más tarde H.R. Properties Buenos Aires S.A. Se convertiría en Hidden Lake S.A, que pertenece al holding britanico Tavistock Group, de Lewis. 

Según el Código Civil de la República Argentina (art. 2340), los ríos y lagos pertenecen al dominio público. Según la Constitución de la Provincia de Río Negro (art. 73) debe asegurarse el libre acceso con fines recreativos a las riberas de espejos de agua de dominio público. 

 

La disputa legal y social

Hasta la llegada de Lewis, el acceso al lago era público por el camino de Tacuifí que fue construido por los vecinos del lugar. Pero con la instalación del magnate cambió por completo el equilibrio en la zona. 

La comunidad reaccionó ante la privatización del lago. El acceso a Lago Escondido se transformó para algunos dirigentes políticos en una causa nacional, porque el espejo de agua quedó dentro de la estancia que compró de manera irregular el británico. Durante los últimos 20 años vecinos y organizaciones sociales han protestado en la zonas exigiendo que se restablezca el acceso público al espejo de agua.

En la justicia rionegrina el expediente se originó a partir del 21 de abril de 2005, cuando la entonces legisladora provincial Magdalena Odarda promovió una acción de amparo contra Vial rionegrina Sociedad del Estado (Viarse), la Subdirección de Comisiones de Fomento, el Gobierno de la Provincia de Río Negro y Hidden Lake SA, con el objetivo de que se garantice el libre acceso al Lago Escondido. También, pidió en el amparo que se proceda a la reparación de caminos vecinales que conducen a aquel y de no encontrarse en condiciones, se construya una vía de acceso.

En 2013, el juez Carlos Marcelo Cuellar estableció un mes para abrir el camino de montaña y tres meses para abrir el camino de Tacuifí, aunque esta decisión fue apelada de inmediato. Entre el 2013 y el 2022 hubo múltiples apelaciones, recusaciones y dilaciones judiciales, la causa pasó por más de 25 jueces y juezas. Hasta que en 2022, la Cámara de Apelaciones en lo Civil y los Comercial de Bariloche falló para que Vialidad Rionegrina abra y otorgue un tránsito libre por el camino de Tacuifí, así como también señalizar el camino de montaña.

El jueves 31 de agosto de 2023 el Superior Tribunal de Justicia (STJ) admitió parcialmente los recursos de casación interpuestos por la Fiscalía del Estado de la provincia y la empresa Hidden Lake S.A. De esta manera, la justicia le dio la razón a Lewis y desestimó el camino por Tacuifí para acceder al lago.

Mientras que en Estados Unidos Joe Lewis, fue condenado en Nueva York en julio de 2023 por Tráfico de Información Privilegiada y Fraude Financiero. Luego quedó libre bajo fianza, tras declararse “no culpable”. La acusación enumera 19 cargos contra el empresario, incluidos varios por “fraude bursátil”, enfrentando hasta 25 años de prisión por el cargo más grave. 


Resistencia ciudadana frente al poder

Desde el 2017, organizaciones sociales, vecinos y militantes de derechos humanos realizan la llamada Marcha por la Soberanía al Lago Escondido. La movilización parte desde El Bolsón y recorre los senderos de montaña, busca visibilizar la privatización del lago y exigir el cumplimiento del libre acceso. 

La Brigada Juana Azurduy, es un grupo militante argentino que realiza marchas de montaña para reclamar la soberanía del Lago Escondido y denunciar su apropiación. Realiza acciones solidarias y de reconstrucción para damnificados por los incendios, como en El Bolsón, reivindicando el legado el legado de la heroína Juana Azurduy. Estas caminatas, que se repiten año tras año, se han convertido en un símbolo de resistencia frente al avance del poder económico y connivencia política y judicial. Los manifestantes enfrentaron hostigamientos, controles policiales y obstáculos logísticos, pero lograron instalar el tema en la agenda pública nacional. 

La marcha del 2023, fue la séptima edición de esta movilización, realizada entre fines de enero y principios de febrero. En la cual los activistas en reiteradas oportunidades intentaron ingresar al lugar pero fueron atacados con pedradas, gas pimienta, hombres caballos y rebencazos: ocho personas heridas fueron derivadas a un centro de salud en la localidad de El Foyel.

Así, mientras jueces y empresarios se reúnen en la estancia de Lewis, la sociedad civil marcha para defender lo básico: el acceso libre a un bien común. Lo que Lewis alega es que sí se puede ingresar al lago pero por un camino alternativo, ese camino es muy dificultoso y mucho más largo que el original y es por eso que año tras año, decenas de personas se organizan para ir por ambos: el largo y el corto. Al llegar los incidentes de violencia escalan por tropas que el mismo inglés organiza para proteger el territorio del que se apropió.  

 

Escenario de lobby y connivencia

En los últimos años, Lago Escondido funcionó como uno de los puntos de encuentro de varios personajes del círculo rojo. Desde ese lugar paradisiaco comenzó a hacerse un trabajo fino de relacionamiento que coincide con el crecimiento de la central hidroeléctrica Patagonia Energía, que provee electricidad a la residencia del magnate inglés y también le vende el excedente a la comunidad de El Bolsón.   

Muy cerca de la residencia principal, aquella en la que duerme Lewis cuando está en la Argentina, se hizo un lodge para recibir turistas y que en los últimos años se ha utilizado como un lugar para “retiros espirituales” de empresas locales y multinacionales. 

Aunque los visitantes más ilustres, aquellos que se hospedan en la residencia principal y no en los alrededores, son los que realmente tienen influencia en la vida del país: jueces, funcionarios, establishment empresarial y mediáticos, gremialistas y hasta poderosos extranjeros. 

El objetivo tanto de Lewis como del lugarteniente Nicolas Van Ditmar, administrador de las propiedades del magnate, es conectarse con actores relevantes de la sociedad y con grupos de poder. Todo esto quedó en evidencia con el escándalo originado tras la visita de cuatro jueces, Carlos Mahiques, Julían Ercolini, Pablo Yadarola y Pablo Cayssials; el jefe de los fiscales de la ciudad de Buenos Aires Juan Bautista Mahiques, el ministro de seguridad del mismo distrito, Marcelo D’Alessandro, el ex agente de la SIDE Leonardo Bergroth, el sobrino de Héctor Magnetto y director de asuntos institucionales de Telecom, de los accionista del Grupo Clarín, Pablo Casey; el presidente del mismo grupo, Jorge Rendo; y el consultor y bolsero de pauta oficial Tomás Reinke.

El encuentro entre estos jueces federales, funcionarios porteños y directivos del Grupo Clarín no puede leerse como un simple viaje recreativo, sino más bien como un cónclave destinado a garantizar la continuidad del lawfare: asegurar la impunidad de Mauricio Macri en causas sensibles —espionaje, peajes, Correo, deuda con el FMI— y sostener el hostigamiento judicial contra Cristina Fernández de Kirchner. 

Reinke trabajó en áreas comerciales del Grupo Clarín hasta 2008, y luego entre 2015 y 2020, se radicó en el valle rionegrino para trabajar como gerente del diario Río Negro, lo que le permitió conocer a Van Ditmar. En medio de la pandemia regresó a Buenos Aires, y su amigo dueño del Grupo Sentidos, le propuso hacerse cargo de la agencia de marketing digital Mediabit SA, parte del mismo emprendimiento. Fue así como recuperó su relación con Clarín, porque entre los clientes del Grupo Sentidos hay cuentas estatales con las de Anses, Pami, Presidencia de la Nación, YPF, Aysa y el Ministerio del Interior, entre otras, que ponen pauta oficial en los medios.

De igual manera este lugar se consolidó como un espacio de poder trasnacional: no sólo jueces y empresarios visitaron Lago Escondido, sino que figuras como Mauricio Macri y Barack Obama eligieron Río Negro como escenario de encuentros, reforzando la idea de que la región funciona como un enclave de diplomacia informal y lobby global. 

Lewis cuenta con dos aeropuertos privados en Río Negro: uno en Lago Escondido y otro en la zona de Bahía Dorada, cerca de Sierra Grande. Ambos han sido cuestionados por su falta de control estatal y por su ubicación estratégica frente al Atlántico, a menos de dos horas de vuelo de las Islas Malvinas. Mientras que el de Bahía Dorada, con su pista de más de 2 km frente al Atlántico, fue vendido en 2025 a capitales extranjeros, lo que reaviva el debate sobre la soberanía y seguridad en la Patagonia.  

Pese a las alertas, la Fuerza Aérea Argentina habilitó la pista como aeródromo privado. No hubo audiencia pública, ni legislativa, ni informe ambiental. La pista empezó a operar de forma discreta, y casi secreta. La falta de radares en la región y la escasa fiscalización aeroportuaria alimentaron durante años versiones sobre vuelos no registrados entre el continente y las Malvinas. 

Lago Escondido no es simplemente un paisaje patagónico cercado por alambrados: es también el reflejo de una disputa histórica sobre qué significa la soberanía en el siglo XXI. La apropiación de un bien común por parte de un magnate extranjero expone las fragilidades del Estado argentino para garantizar derechos básicos, y al mismo tiempo, desnuda la capacidad del poder económico de moldear decisiones políticas y judiciales. 

La resistencia ciudadana se convierte en un recordatorio de que la democracia no se reduce al voto, sino que se ejerce en la defensa cotidiana de los bienes comunes. El desenlace de esta disputa marcará un precedente. Si se sostiene la privatización, se legitima la idea de que el poder económico puede doblegar la ley. Si se garantiza el acceso pleno, se reafirmará que la soberanía y los bienes comunes no son negociables.


Milagros López Mansilla

Periodista gráfica a la que le interesa la literatura. Desde mí lugar intento reivindicar la lucha de las travestis, las disidencias y los feminismos.

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Día del reportero gráfico: Cabezas presente

Día del reportero gráfico: Cabezas presente

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Cada 25 de enero, el Día del Reportero Gráfico en Argentina se convierte en un recordatorio inevitable: El asesinato de José Luis Cabezas, ocurrido en 1997, se sigue sintiendo como una herida abierta y un recordatorio de que la libertad de prensa necesita protección constante. A casi tres décadas de aquel crimen, la figura de Cabezas interpela a la sociedad y al periodismo: honrar su memoria implica defender el derecho a informar. 

Día Nacional del Reportero Gráfico

“No se olviden de Cabezas”, el lema impuesto por el colectivo de Reporteros Gráficos vuelve a cobrar vigencia cada 25 de enero al cumplirse otro aniversario del asesinato de José Luis Cabezas, ocurrido en la ciudad bonaerense de Pinamar, mientras trabajaba. 

Por la Ley 24.876 sancionada el 10 de septiembre de 1997 y promulgada el 13 de octubre del mismo año, se establece el 25 de enero como el Día Nacional del Reportero Gráfico. 

En medio de tanta imagen de Inteligencia Artificial, de tanta foto trucada, represión a reporteros gráficos y periodismo precarizado, recordar y reivindicar el trabajo de Cabezas, es marcar que un periodismo comprometido, con dar a luz los rincones oscuros del poder y denunciar a los poderosos, requiere de fotógrafos y periodistas que actúen con convicción por la información más allá de la línea editorial del medio.  

La historia que marcó el periodismo argentino 

José Luis Cabezas nació un 28 de noviembre de 1961 en Wilde, Buenos Aires. A los 16 años comenzó a trabajar como cadete donde decidió incursionar en el mundo de la fotografía, llegando a trabajar ocasionalmente en algunos eventos sociales. 

Para 1989, trabajó en la Embajada de Francia sacando fotos en actos protocolares, fue en uno de esos actos que fotografió a Miguel Roig, ministro de economía del primer gobierno de Carlos Saúl Menem. Miguel Roig falleció a la semana de asumir y José Luis Cabezas le había sacado la última fotografía aún con vida. Con esa foto se presenta en el diario perfil y comenzó a trabajar para todas las revistas de esa editorial, hasta que escaló y trabajó pura y exclusivamente para la revista Noticias como reportero y fotógrafo gráfico. 

Fue con el retrato de José Fernandez, un capellán ubicado en el cementerio Darwin de la isla Gran Malvina, que consiguió gran reconocimiento por sus pares. Gracias a este trabajo fue distinguido con el Premio Pléyade a mejor fotografía periodística en 1995. Su trabajo adquirió un mayor prestigio gracias a su estilo original, lo que le permitió retratar figuras importantes como Diego Armando Maradona, René Favaloro, Ernesto Sábato, Moria Casán y Sofia Gala, Mirtha Legrand, Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, Carlos Menem, Valeria Mazza, Eduardo Duhalde, entre otros. 

En pleno verano de 1996, Jose Luis Cabezas, junto a su colega Gabriel Michi cubrieron la temporada en Pinamar. La ciudad costera de Buenos Aires y el destino de varias figuras de la política, el espectáculo y empresarios. Entre las que se encontraba Alfredo Yabrán, un hombre de negocios, el centro de una investigación periodística por corrupción y asociaciones ilícitas. Domingo Cavallo, el entonces Ministro de Economía lo había acusado públicamente como el líder de una agrupación mafiosa. Para ese momento nadie sabía cómo ni quién era Yabrán, por lo que su paradero era incierto. 

Después de una intensa búsqueda por parte de ambos fotógrafos, Cabezas logró retratar por primera vez al empresario durante una caminata en la playa junto a su esposa. De esta manera, con esa fotografía publicada en la portada de la Revista Noticias el 3 de marzo de 1996 que se puso fin al anonimato del empresario y se convirtió en una de las más importantes del periodismo argentino. 

A partir de ese momento Yabrán que había perdido el anonimato que tanto lo representaba, empezó a dar algunas entrevistas y le declaró la guerra a Domingo Cavallo, asegurando una y otra vez que todas las denuncias en su contra eran falsas, que él era dueño de solamente algunas empresas. 

 

El asesinato de Cabezas

Al año siguiente, Cabezas volvió a Pinamar para cubrir la temporada junto con su esposa, María Cristina Robledo, y de sus hijos: Candela, Agustina y Juan. Durante la noche del 24 de enero de 1997, José Luis Cabezas realizó la cobertura periodística de una fiesta organizada por el empresario Oscar Andreani

Aproximadamente a las 4:30 A.M. José Luis salió de la mansión de Andreani con su Nikon F4, y las llaves del Ford Fiesta blanco que la revista le había alquilado. Ni bien arrancó el auto, dos vehículos más comenzaron a seguirlo, con lo cuales se encargaron de interceptarlo y secuestrarlo por la banda liderada por Gustavo Prellezo, un oficial de la policía bonaerense que seguía las órdenes de Yabrán. 

A la mañana siguiente, alrededor de las 6:30 A.M. Un hombre encontró el Ford Fiesta quemado en el kilómetro 358 de la ruta provincial, a la altura del partido bonaerense de General Madariaga, en su interior se encontraba el cuerpo del reportero, quien había recibido dos disparos y luego sido calcinado. 

El 15 de mayo de 1998, la justicia ordenó la captura de Alfredo Yabrán, acusado por ser el autor intelectual del asesinato. El 20 de mayo, cuando la policía estaba rodeando su estancia en Entre Ríos, Yabrán se quitó la vida con un disparo de un arma en la boca. Por el asesinato, fueron condenados a prisión perpetua en un juicio oral y público, el jefe de custodia de Yabrán, Gregorio Ríos, y el comisario pinamarense, Alberto Gómez. Se sumaron también los cuatro integrantes de la banda “Los Horneros” de La Plata: Horacio Braga, José Auge, Sergio González y Héctor Retama; además de los policías Sergio Camaratta, Aníbal Luna y Gustavo Prellezo.

La muerte de José Luis Cabezas marcó al periodismo argentino porque este caso es recordado como el primer trabajador de prensa que murió a raíz de su trabajo desde la vuelta de la democracia en 1983. 







La lluvia solo trae un poco de calma a una Patagonia que sigue ardiendo

La lluvia solo trae un poco de calma a una Patagonia que sigue ardiendo

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

Por Sofia Ayelen Mignola (Licenciada en Comunicación Social) desde la comarca andina.

Incendios con características intencionales arrasan el sur, mientras comunidades de la Comarca Andina se organizan solidariamente para proteger vidas, territorios y ecosistemas frente a la emergencia.

Desde el pasado 5 de enero, un incendio activo en la zona de Puerto Patriada, en la localidad de El Hoyo (Chubut), afecta a familias que han perdido viviendas y animales. La situación se enmarca en una emergencia regional que alcanza a distintas localidades de Chubut, Río Negro, Neuquén y Santa Cruz, incluyendo áreas como Epuyén, El Bolsón, el Parque Nacional Nahuel Huapi, el Parque Nacional Lanín y zonas cercanas a Los Glaciares, con un saldo que supera las 15.000 hectáreas arrasadas por las llamas en toda la Patagonia.

Elección de destino turístico de los argentinos durante todo el año y, aún más, en temporada de verano por su belleza de cordillera, lagos, cascadas de vertientes, fauna y bosques nativos.

El comienzo del año 2026 fue, para los residentes, el deseo de que fuera una temporada de disfrute, ya que durante todo el otoño, invierno y primavera el pueblo espera el calorcito y el encanto del verano para generar recursos y subsistir el resto del año. Pero no ha sido el comienzo que tanto ansiamos.

El inicio del foco de incendio, con características intencionales, se propagó de manera acelerada, ya que se generó en un terreno boscoso de pinos (árbol implantado para la industria maderera), distinguido por impedir el crecimiento de árboles nativos y por su gran peligrosidad frente a los incendios forestales. Sus piñas y resinas son altamente inflamables y dificultan la recuperación del ecosistema nativo.

El clima, con temperaturas altas y viento sureño en condiciones adversas, terminó siendo el escenario ideal para que lo que comenzó en un sector se propagara por toda la cordillera de la Comarca Andina, afectando así al Parque Provincial Cerro Pirqué, área natural protegida. En su base se encuentra el paraje Rincón de Lobos, donde hay varias viviendas.

La situación provocó que varios vecinos evacuaran y que otros se organizaran de manera improvisada para defender el cerro, el bosque, la fauna y las viviendas. A esta tarea se sumaron los guardianes del  fuego, cuadrillas voluntarias de localidades vecinas, la Brigada Nacional, el Sistema Federal de Manejo del Fuego y Bomberos Voluntarios locales. Todos trabajando en condiciones de precariedad, ante la ausencia de acciones políticas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de quienes habitan la localidad, con escasos recursos para la prevención y el combate, salarios por debajo de la canasta básica y medios insuficientes.

El fuego no dio descanso y avanzó por todas las laderas del bellísimo Cerro Pirqué, pasando por el paraje Pedregoso, sobre la Ruta 40, donde se vieron afectadas varias viviendas, zonas turísticas y cascadas paradisíacas. Luego se desplegó hacia la localidad del Lago Epuyén, que por segundo año consecutivo sufre el arraso de las llamas. En la actualidad, muchos vecinos siguen sin poder reconstruir sus viviendas ni contar con el cobijo de las instituciones para lograrlo.

Aunque las distancias parezcan lejanas, están más cerca de lo que se cree. La cordillera está unida por sus bosques, arroyos, ríos y lagos. La fauna y las aves nativas la recorren en sus cumbres y suelen mostrarse cruzando la Ruta 40. En estos momentos se hacen más visibles, ya que huyen para salvarse y escapar del fuego. Muchos animales mueren por quemaduras o inhalación de humo.

La Ruta 40 se vio cruzada por las llamas y el fuego llegó hasta el camino al Coihue, cruce entre las localidades de El Maitén y Epuyén, con las mismas características de pérdidas ya anunciadas.

En un contexto actual donde se redujo el personal y el presupuesto destinado a brigadistas; donde se modifica la Ley de Tierras desconociendo territorios comunitarios de pueblos originarios que habitan desde hace años el territorio sureño; donde se busca derogar la Ley de Manejo del Fuego, que protege el ambiente e impide el loteo y la venta de tierras incendiadas a extranjeros; y donde se pretende modificar la Ley de Glaciares, que resguarda las reservas de agua dulce y limita la explotación minera. ¿Cómo es posible defender el ecosistema sin políticas de resguardo y pensar en un futuro posible para la humanidad? ¿Qué futuro les espera a las próximas generaciones?

Mucha incertidumbre y pocas certezas en una Patagonia que habitamos y donde se vuelve visible una avanzada de extranjerización, negocios inmobiliarios e intereses sobre el agua dulce. Sobran ejemplos, no están lejanos: son tangibles, reales y visibles para quienes amamos este suelo.

La certeza aparece en lo mágico que surge frente a las llamas que, lamentablemente, se repiten todos los veranos en la Patagonia. Aunque intenten hacernos creer que estamos divididos y deshumanizados, siguen surgiendo cuadrillas de voluntarios y voluntarias que se organizan en la Comarca Andina, la solidaridad entre vecinos y el compromiso de brigadistas y bomberos. Todos con un mismo objetivo: defender y cuidar la biodiversidad para un futuro posible, entendiendo que la tierra no nos pertenece, sino que solo la habitamos.

Las distancias y las diversas estaciones hacen que, por momentos, quienes vivimos aquí seamos un poco ermitaños, abocados a la huerta y los animales. Sin embargo, en estos momentos la magia de la comarca es inmensa: se cocina en espacios comunitarios y viviendas particulares para que quienes están en los focos de incendio reciban un plato de comida; se ayuda a los vecinos con tótems y motobombas (pertenecientes a centros culturales, espacios educativos o personales); y se conforman cuadrillas de voluntarios que se gestan e improvisan sobre la marcha. Esa magia comarcal y ese amor son la única certeza. Sobra humanidad, aunque intenten confundirnos haciéndonos creer que estamos divididos.

Cabe destacar que hasta el 13 de enero de 2026, la Patagonia sigue ardiendo. El Parque Nacional Los Alerces, que rodea el Lago Rivadavia en la localidad de Cholila, mantiene varios focos de incendio forestal activos, al igual que la localidad del Lago Epuyén.

En El Hoyo se continúa trabajando y en estado de alerta, con tareas de enfriamiento de zonas y guardias de cenizas, dependiendo también de las adversidades del viento y la lluvia para evitar que los focos se reactiven.

Finalmente, se pide a la sociedad argentina que tome conciencia de lo que está sucediendo en nuestro amado sur, que aunque parezca lejano no lo es. De algún modo, todos lo hemos visitado, lo conocemos a través de imágenes, tenemos familiares o deseamos conocerlo. No hay futuro posible para la humanidad sin agua, sin bosques y sin fauna. Somos parte de este ecosistema.


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De la Desmalvinización a la Disuasión

De la Desmalvinización a la Disuasión

TIEMPO DE LECTURA: 13 min.

La recuperación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y sus espacios marítimos, tal como lo ordena nuestra Constitución Nacional, es un objetivo permanente e irrenunciable del Pueblo Argentino. De este mandato soberano se desprende, como imperativo de la defensa nacional, la necesidad de desarrollar y fortalecer todos los medios necesarios para afirmar, defender y eventualmente restituir nuestros derechos frente al poder ocupante (nuestro enemigo histórico, el Reino Unido de Gran Bretaña), mientras persista su usurpación ilegítima de nuestros territorios australes y sus pretensiones sobre la Antártida Argentina.

La soberanía no es declamativa; se ejerce. Como enseñaban los pioneros antárticos Pujato, Leal y Olezza, la soberanía existe en la medida en que se la hace efectiva. De lo contrario, se reduce a un significante vacío, una promesa incumplida para la Nación.

Para alcanzar el doble objetivo estratégico en el Atlántico Sur —recuperar lo usurpado y ejercer lo propio de manera incontestable— identifico cinco áreas fundamentales. En términos castrenses: en la retaguardia profunda se encuentran la cultura identitaria, la educación patriótica y el desarrollo científico-tecnológico e industrial soberano. En la vanguardia inmediata actúan, de manera coordinada, la política exterior y la Defensa Nacional.

Las Fuerzas Armadas son el instrumento esencial del poder nacional para materializar estos objetivos. ¿Qué es la Defensa Nacional? Es un bien público supremo, cuya ausencia solo se percibe en la crisis. Se vincula a la existencia, permanencia y desarrollo libre de la Patria. La Ley 23.554 la define como “la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo”. Su fin es garantizar la soberanía, la independencia, la integridad territorial y la autodeterminación. Abarca todo nuestro espacio soberano: continental, insular, marítimo, aéreo y el sector antártico. La ley es clara: la Defensa Nacional es un derecho y un deber de todos los argentinos.

Las FF. AA. son el instrumento que la Defensa Nacional esgrime para poder cumplir sus objetivos. Ahora bien, ¿Qué es la Defensa Nacional? Es un bien intangible, sólo se siente su ausencia ante emergencias nacionales. Está vinculada a la existencia, permanencia y desarrollo de una Nación. De acuerdo con la Ley de Defensa Nacional N°. 23.554, el textual afirma: es la integración y la acción coordinada de todas las fuerzas de la Nación para la solución de aquellos conflictos que requieran el empleo de las Fuerzas Armadas, en forma disuasiva o efectiva, para enfrentar las agresiones de origen externo.

Su fin es garantizar de forma permanente la soberanía e independencia de la Nación Argentina, su integridad territorial y capacidad de autodeterminación, proteger la vida y la libertad de sus habitantes. Abarca los espacios continentales, islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y demás espacios insulares, marítimos y aéreos de la República Argentina, así como el sector antártico argentino.

La misma Ley define a las FF. AA. como el instrumento militar de la Defensa Nacional y, tal como mencionamos más arriba, prevé su integración con medios humanos y materiales orgánicamente estructurados para posibilitar su empleo en forma disuasiva y efectiva. Y nos da un dato no menor, la Defensa Nacional constituye un derecho y un deber para todos los argentinos.

Sin embargo, en la actualidad nuestra Defensa Nacional enfrenta graves problemas. Con el retorno de la democracia en 1983, una parte de la sociedad y gran parte del campo intelectual, especialmente el progresista, se planteó la necesidad de desarmar y reducir al mínimo nuestras Fuerzas Armadas (FF. AA.). Después de la enorme catástrofe que significó la dictadura cívico-militar para nuestro país, era entendible y lógica la fractura entre la institución militar y la sociedad argentina.

Esta concepción se vio reflejada en la desmalvinización y en el drástico descenso del porcentaje del PBI destinado a Defensa en los primeros años de democracia, que cayó del 3,5% del PBI en 1983 al 1,8% en 1989. Durante la década de 1990, dicho presupuesto siguió disminuyendo hasta cerrar el decenio en el 1,1%. A esto hubo que sumarle el cierre y/o privatización del 90% de las empresas relacionadas con el sector.

En la actualidad, año 2025, Argentina continúa profundizando su deterioro presupuestario en materia de Defensa, con una inversión equivalente al 0,62 % de su PBI, marcando una tendencia decreciente y generando un obvio impacto negativo en las FF.AA. Hace pocos días se supo que el porcentaje del PBI destinado a la Defensa para el 2026 es aún más bajo, tocando un piso histórico negativo absoluto al proyectarse destinar sólo el 0,57% del PBI. Este gobierno por más que discursivamente dice una cosa, en los hechos no hace más que profundizar la desinversión y el abandono al cual nuestras FF. AA. han sido sometidas durante los últimos 40 años. Esta cifra, la más baja de la historia, preocupa principalmente por dos razones:

La falta de un presupuesto acorde a los gastos proyectados para el próximo ejercicio puede generar una subejecución presupuestaria en las fuerzas para cuidar y racionar (aún más) los escasos fondos percibidos para su funcionamiento, generando un deterioro en infraestructuras, mantenimiento de medios, etc. Cabe recordar que el esfuerzo que todos los países del mundo dedican a la Defensa, se mide únicamente por medio del porcentaje del PBI destinado a la misma. Esto genera un marco de previsibilidad que permite a las Fuerzas Armadas proyectar en el tiempo el uso de sus partidas al tiempo que poder prever con certeza el porcentaje de fondos que podrán destinarse en el futuro a nuevos programas de equipamiento.

El segundo problema derivado de este bajísimo número que el gobierno pretende para Defensa es que demuestra que el Ejecutivo cree posible sostener una gestión eficiente en materia presupuestaria por medio de partidas extraordinarias sin comprender el daño que esta práctica genera en los horizontes presupuestarios que cada fuerza debe manejar. Sin un horizonte previsible, que es precisamente lo que debería garantizar el % de PBI para Defensa, es imposible que las fuerzas puedan proyectar a mediano plazo programas de equipamiento o adquisiciones de nuevos sistemas de armas, sobre todo en tanto su asignación y ejecución presupuestaria sigan dependiendo de la discrecionalidad política del momento.

Esta cifra nos sitúa como el país sudamericano con menor esfuerzo relativo en la materia, incluso por debajo de economías de mucha menor escala como Guyana o Bolivia.

¿Es esta política correcta? ¿Puede sobrevivir un Estado en la actualidad sin poder de disuasión? Es decir, sin unas FF.AA. modernas, bien equipadas y entrenadas. La respuesta es un rotundo no. El no poder utilizar a las Fuerzas Armadas para sus misiones principales, especialmente con respecto a la seguridad internacional, debilita no solamente la capacidad nacional sino también la estructura democrática.

Debemos comprender que la principal función de las FF.AA. no es la de defender al país ante un ataque, sino brindar una capacidad disuasiva suficiente para que ese ataque jamás ocurra.

Nuestra Nación debe mirar al Atlántico Sur. No hacerlo y descuidar los intereses que tenemos en dicho mar sería un error que sin dudas puede afectar incluso nuestra existencia como Nación. Teniendo en cuenta que el 85% de nuestro comercio se realiza por vía marítima, y siendo conscientes de la magnitud de los recursos renovables y no renovables que se encuentran en el mar (de hecho, lo llamamos Pampa Azul) sobre el cual tenemos jurisdicción, si no pensamos una estrategia que tenga en cuenta el valor geopolítico del mismo estaríamos cometiendo un error gravísimo. Y es que el Atlántico Sur no es sólo importante por los recursos naturales, sino que también este mar nos conecta a las Islas Malvinas, nos conecta a la Antártida y además permite los pasos interoceánicos que se encuentran a nuestro alrededor.

En nuestro país la principal vulnerabilidad en el área del Atlántico Sur ha radicado históricamente en la falta de conciencia por parte del Estado y de su población acerca de las amenazas que enfrenta. Expertos en geopolítica de otros países han descripto al mar como el punto débil de Argentina[1]. Nuestro país tiene la imperiosa necesidad de controlar y proteger cinco complejos geopolíticos fundamentales: el Frente Marítimo, el Área focal de la Provincia de Buenos Aires, las islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, el Polo Patagónico Austral y, por último, la Antártida. Aunque ésta falta de conciencia ha ido desapareciendo lentamente en los últimos años en lo declamativo al menos, el supuesto cambio de mentalidad no se ha transformado en acciones concretas y la defensa nacional sigue sin centrarse en recuperar nuestros territorios usurpados y continúa en el camino de la desinversión constante. Hay sectores tanto del campo popular como de la llamada derecha que dicen defender a la Patria. En sus discursos afirman mirar al sur con objetivos claros: lograr la cohesión territorial y la integración de las tierras al sur de Tierra del Fuego. Sin embargo, parece que esa mirada al sur se diluye, los últimos por tener el propósito fijo de subordinación frente a los Estados Unidos e Israel y otros por despreciar a las Fuerzas Armadas, negar todo intento de fortalecimiento de estas y acusar de militarismo o de nacionalismo chauvinista a quiénes intentan dar una discusión real sobre las FF. AA. y su rol en la Defensa Nacional y la recuperación de los territorios usurpados por el enemigo.

La función estratégica básica de nuestras Fuerzas Armadas no es otra que la de brindar a nuestro país un instrumento para proteger su territorio, su espacio marítimo y su proyección en el continente antártico para que sea capaz de proyectar poder para denegar el acceso a actores no deseados y resguardarlo para los propios propósitos.

Tal y como señaló hace tiempo el Contralmirante Martin: “Ningún país que se precie de serio puede carecer de pensamiento geopolítico y de un sistema de defensa acordes con los objetivos nacionales”[2]. No podremos hacer efectiva nuestra definición de ser una nación bioceánica y bicontinental de otra manera, y en la medida que no podamos resolverla, la recuperación de las islas Malvinas y el ejercicio de soberanía plena en nuestro sector antártico no pasará de ser una utopía distante.

La Defensa es una responsabilidad del Estado y es obligatorio para todos los ciudadanos, constitucionalmente, acudir a realizarla ante cualquier necesidad, por lo que debería ser parte de la problemática a atender por todos los argentinos. Es tiempo de que los ciudadanos comunes se interesen por estos temas. Los académicos y los comunicadores deberían ser los primeros en volcarse a aprender sobre las herramientas que tiene nuestra Patria para defenderse.

La disuasión es un componente esencial de la política internacional y uno de los aspectos básicos de la misma es la credibilidad. Necesitamos apoyar nuestros discursos patriotas con hechos concretos que le muestren al mundo, y especialmente al gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña, que realmente hablamos en serio cuando decimos que las Malvinas son Argentinas y que somos un país bicontinental que al Sur limita con el Polo.

A continuación, dejo algunas sugerencias respecto a que se podría hacer para darle músculo a nuestra Defensa.

Hay que romper con la política de Estado llevada a cabo durante los últimos 40 años de desinversión en defensa (con excepción de la gestión Taiana entre 2020 y 2023). La Argentina debe revertir de manera urgente y planificada la crónica desinversión en su defensa. El objetivo estratégico ineludible es cuadruplicar el presupuesto del sector, estableciendo por ley una trayectoria ascendente y obligatoria que eleve gradualmente la asignación desde el 0.6% actual del PBI hasta un piso del 2%. Este porcentaje no es una cifra arbitraria, sino un estándar mínimo que nos alinearía con el esfuerzo de naciones vecinas que comprenden el vínculo entre defensa y soberanía: Brasil (1.1%), Chile (1.6%), Uruguay (2.3%) e, incluso, Colombia (3.4%), quien destina una proporción significativamente mayor a garantizar sus intereses nacionales. Resulta paradójico y alarmante que, reclamando la soberanía sobre un territorio ocupado por una potencia militar, seamos el país que menor esfuerzo relativo realiza en defensa en toda Sudamérica.

Para transformar esta declaración en realidad, se propone un Plan de Reinversión Estratégica Gradual (PREG) a 6 años, con metas legalmente vinculantes:

Año 1 (Ley de Financiamiento Base): Establecimiento del PREG por ley del Congreso, fijando el objetivo del 2% del PBI y blindándolo de recortes discrecionales.

Año 1 al 3 (Fase de Recuperación Crítica): Incremento anual de 0.25 puntos del PBI. Los fondos se destinarán prioritariamente a: 1) frenar el deterioro operativo (mantenimiento crítico de medios, infraestructura y salarios), 2) reactivar proyectos de recapitalización congelados, y 3) reforzar la presencia logística en el Atlántico Sur.

Año 4 al 6 (Fase de Desarrollo de Capacidades): Incremento anual de 0.2 puntos del PBI. Con una base financiera saneada, el foco pasará a: 1) programas de equipamiento mayor (capacidades A2/AD, vigilancia y control marítimo, movilidad estratégica), 2) inversión acelerada en la Base Industrial de la Defensa, y 3) modernización de sistemas de comando, control e inteligencia.

Año 6 (Meta de Disuasión): Alcanzar y sostener el 2% del PBI. Este nivel permitirá no solo una fuerza disuasiva creíble para la defensa de nuestros espacios soberanos, sino también una previsibilidad presupuestaria que habilite ciclos de planeamiento y adquisición a mediano y largo plazo, acabando con la lógica del “parche” y la emergencia permanente.

Esta escalada gradual, consensuada y plasmada en ley, enviaría una señal inequívoca de seriedad estratégica al país y al mundo, transformando la retórica de la soberanía en un instrumento concreto de poder nacional.

La política de defensa debe plantearse en función de la usurpación británica. Todos nuestros esfuerzos deben estar orientados al Atlántico Sur. Esto implica definir los medios materiales, la infraestructura, los recursos humanos, la inteligencia, la logística, el adiestramiento, la doctrina y la organización en consideración de la principal amenaza a nuestra seguridad. La Argentina debe recuperar el Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF). El FONDEF probó ser una gran herramienta para recuperar, reequipar y modernizar a las FF. AA. El gobierno de Javier Milei le ha sacado la fuente de su financiamiento, quiénes lleguen al gobierno nacional después de él, y se precien de ser nacionalistas deben instituir su financiamiento por ley y aumentarlo.

Hay que capacitar a los oficiales y suboficiales de las FF. AA. en asuntos de geopolítica situada. No puede ser que nuestros mejores oficiales viajen a EE. UU. a aprender doctrinas geopolíticas que nada tienen que ver con los intereses nacionales.

Debemos recuperar las empresas estratégicas para la Defensa Nacional. FAdeA, Tandanor, Fabricaciones Militares, IMPSA, Astilleros Río Santiago, INVAP, ARSAT.

Tenemos que fortalecer la presencia militar y científica en el Atlántico Sur a partir del aumento de sus capacidades de defensa de sus costas, de anti-acceso, de denegación de área (A2/AD) y de control del mar.

Por otro lado, es imperativo dar una discusión seria para mejorar el subregimen de promoción industrial de TdF teniendo en cuenta los intereses geopolíticos nacionales como marco teórico. Y digo mejorarlo, no cancelarlo o desmantelarlo como este gobierno e incluso algunos académicos (como los que integran FUNDAR) están intentando hacer en la actualidad.

La Argentina debe recuperar las capacidades submarinas y los medios aeronavales y fortalecer la flota de mar en general.

En el comedor de la Base Marambio hay una bandera argentina que reza la siguiente inscripción: “Cuando llegaste apenas me conocías, cuando te vayas me llevarás contigo”. A los antárticos nos gusta repetir que no se puede amar lo que no se conoce ni defender lo que no se ama.

Son los hombres y mujeres de nuestras Fuerzas Armadas quienes nos permiten al resto de los ciudadanos argentinos conocer nuestro territorio más austral, valorarlo y aprovecharlo. En medio de un presente geopolítico cambiante y turbulento y un futuro incierto, podemos mencionar una frase de cabecera del gran Almirante Storni, el hacía referencia a la defensa marítima, pero se puede hacer extensiva a la Defensa de todo el territorio nacional: “Y esto es bueno que el pueblo argentino lo sepa, que el Honorable Congreso lo tome en cuenta y que los hombres de Estado lo mediten”[3].

Los tiempos de diagnósticos han pasado. Nuestro país se encuentra en una encrucijada crítica que puede desembocar en la balcanización o en una condición colonial permanente. Sin embargo, en medio de este panorama, se abre una ventana de oportunidad inmejorable: el nuevo mundo multipolar se redefine en un cambio geopolítico acelerado, donde el coraje y la claridad estratégica de las naciones serán recompensados. Los que amamos a esta Patria tenemos el deber de proponer soluciones concretas, viables, y impulsarlas con la determinación de quien se sabe forjando su destino.

No es hora de nostalgia, sino de potencia y decisión. La disuasión no se negocia, se construye. La soberanía no se espera, se ejerce. Debemos actuar con la claridad de aquellos pioneros que, mirando al Sur, entendieron que la Patria se defiende con hechos en el presente. El camino es uno solo: voluntad política inquebrantable, inversión estratégica sostenida y unidad de acción nacional.

O somos artífices de nuestro resurgimiento como potencia bicontinental, o seremos rehenes de un ocaso irrevocable. La ventana aún está abierta. La historia nos juzgará por la decisión que tomemos en este instante. La hora crucial para nuestro pueblo es ahora.


[1] Koutoudjian, A. y otros. “Geopolítica del mar argentino”. Instituto de Publicaciones Navales, Bs As, 2015, pág. 322.

[2] Koutoudjian, A. y otros. “Geopolítica del mar argentino”. Instituto de Publicaciones Navales, Bs As, 2015, pág. 360.

[3] Storni, Vicealmirante Segundo. “Los intereses argentinos en el mar”. 2° Ed. Armada Argentina, Buenos Aires, 2009, pág 102.

David Pizarro Romero

Lic. en Historia por la Universidad del Salvador (USAL) y Prof. en Historia también por la Universidad del Salvador (USAL). Mg en Estrategia y Geopolítica por la Escuela Superior de Guerra (ESG-UNDEF). Investigador del Instituto de Asuntos Internacionales y Estudios Políticos Manuel Ugarte, Universidad de Lanús (UNLa). Antártico.

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Argentina en el Atlántico Sur

Argentina en el Atlántico Sur

TIEMPO DE LECTURA: 12 min.

El actual dossier lleva por nombre “Bicontinentalidad, bioceanidad y Atlántico Sur”. Esto se debe a: la posición bi-continental de Argentina (entre América y la Antártida), la posición bi-oceánica (entre el océano Atlántico y Pacífico), y por último, la referencia al Atlántico porque una gran parte de todo el territorio del país se encuentra en este, entre la porción antártica, Malvinas, Georgias, Sandwich y la plataforma marítima.

¿Por qué hacer un dossier entero sobre ello? Resulta importante entender el valor estratégico, en calidad y cantidad de recursos que toda esta superficie sugiere, pero, sobre todo, mencionarlo hasta el hartazgo, ya que no es un tema instalado en el común denominador de la población, así como el hecho de que gran parte de este territorio está invadido por Gran Bretaña (no sólo las Islas Malvinas).

De esa manera, mientras otros artículos profundizarán sobre la exactitud de las riquezas del suelo en cuestión, u otros más, en la ocupación británica en cuestión, en el siguiente texto se narrará la historia de Argentina con estos suelos desde su momento fundante, que situamos en la defensa a las invasiones inglesas de 1806 y 1807.

¿Y por qué recopilar esta historia? Porque la ocupación y población de un territorio es un argumento pujante a la hora de reclamarlo, y ha sido, en el caso de Malvinas, el mejor aliado de la Argentina para disputar su tenencia tras la invasión de Gran Bretaña y lo será, en caso de la Antártida, si llegase el momento de discutirlo también.

Islas Malvinas 

El caso más conocido y emblemático de nuestro país. Su historia se remonta al mismo “descubrimiento” de América por parte del reino de España, por lo menos en 1520, en donde varias historiografías coinciden en el avistamiento de Fernando de Magallanes. Aunque previamente, en 1501, también existen datos sobre un avistamiento (no comprobado) de Américo Vespucio. Por su parte, Inglaterra afirma haber realizado un primer avistaje en 1592, lo cual dará pie a su puja posterior.

Para entender este contexto, es importante recordar que los distintos reinos europeos se encontraban en plena batalla por la dominación de los mares que abrían puertas a “nuevas tierras”. Todo esto, por supuesto, entendiendo que fue la historiografía y visión eurocentrista que se impuso ante la matanza de quienes ya residían en otras tierras y la aniquilación de una gran parte de sus memorias.

Así, reinos como Gran Bretaña, España, Francia, Portugal, Holanda, entre otros, merodearon América. España y Portugal se asentaron en el sur, Holanda en el centro, Francia e Inglaterra del centro al norte. Pero ello no quita que hayan existido disconformidades u otras aspiraciones entre medio.

Tal es así que, no solo Inglaterra merodeó desde aquel momento Malvinas, si no que, tras el avistaje de España, Francia también ocupó el archipiélago y de hecho fue el primero en formar un asentamiento permanente con el “Port Saint Louis”. Lo hizo a espaldas de España, en un marco de alianza que no le permitía a Francia tomar posesión en el sur de América.

Si bien el reino español retomó el poder diplomático de las islas en pocos años, es importante entender que estos diversos intereses no son casuales: todos los reinos se disputaban las rutas comerciales del mundo a través de los mares, y sabían que tomar posesión de alguna isla como base significaría tener un lugar desde donde pujar el pasaje entre el Atlántico y el Pacífico en el sur. Una lógica que aún predomina y es más fuerte en el presente: el futuro llegó. 

El principio de posesión del reino de España a través del Virreinato del Río de La Plata sobre las Islas Malvinas es, por excelencia, el primer argumento diplomático con el que la Argentina cuenta incluso desde antes de formarse como tal. Una vez independizadas las Provincias Unidas, todo el territorio de ese virreinato correspondía a ese conjunto. 

En el acta de independencia de la corona española las mismas Islas fueron confirmadas como pertenecientes a la provincia de Buenos Aires, y a partir de allí las provincias unidas ejercerían la plena soberanía hasta 1833. Sin embargo, recién en 1829, luego de la consolidación del confederalismo, se designó a un responsable de las islas.

El por entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Martín Rodriguez, designó a Luis Vernet como comandante Militar y Civil de las Islas Malvinas, quien se mudó allí e incluso dio vida a la primera ciudadana oficial de las Islas, Matilde Malvina Vernet. Incluso desde una visión de población “natural”, la Argentina tiene los argumentos en su favor.

Pero Inglaterra tenía un plan histórico de ocupación sobre los mares y no se quedaría de brazos cruzados solo porque el pueblo bonaerense le cerró las puertas en 1806 y 1807. Cuatro años más tarde de la designación de Vernet, con el argumento de una “expedición de investigación”, los piratas zarparon a las islas.

El ataque obtuvo resistencia a través de una tropa de trabajadores de las islas comandadas por Antonio “El Gaucho” Rivero, que se levantó contra los británicos y volvieron a izar la bandera argentina. Los piratas regresaron a su archipiélago real pero por supuesto, contraatacaron. Rivero prevé esto, pero los refuerzos de Buenos Aires nunca llegaron y el regreso de los ingleses un año después fue definitivo. Rivero y los suyos fueron encarcelados y enviados hacia Inglaterra primero y luego de regreso a Buenos Aires.

Desde ese momento, Inglaterra comenzó su plan de autoimplantación de población, los llamados “Kelpers”, que diagramaron un argumento legal al mismo tiempo que ejercían la ocupación. 

Antes siendo Provincias Unidas, y luego Argentina, este pueblo jamás dejó de anteponer sus argumentos ante organizaciones y juzgados internacionales, ya que la diferencia militar entre ambos países fue y es holgada. Incluso en 1974, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, y luego en las continuación con María Estela “Isabelita” de Perón, se profundizó la estrategia proveyendo a los isleños de gas natural a través de YPF.

Fueron años de esfuerzos diplomáticos interrumpidos por un manotazo de ahogado de la última dictadura cívico militar en su etapa más senil, cuando decidió enviar tropas de jóvenes argentinos de entre 18 y 20 años a “recuperar las islas”. 

El resultado es el conocido ampliamente y Argentina hoy apuesta nuevamente a la vía diplomática, no solo en contra de Gran Bretaña, si no de los lobbies internos que esta ejerce a través de narraciones como la de los kelpers o prohibiciones de explotación cercanas al área marítima argentina a través de ONG´s en su mayoría británicas, disfrazadas de ambientalistas.

Todo ello forma parte de la malvinización en la que se profundizará en otros artículos. No obstante, es importante no dejar de mencionar que la Argentina aún conserva su estrategia y que desde 1957 lo hace de manera integrada hacia todo el Atlántico Sur con la creación de la provincia Tierra del Fuego, la cual unifica las porciones marítimas, antárticas e isleñas.

Tierra del Fuego 

No como provincia sino como territorio, desde 1884, tras aniquilar gran parte de la población originaria, se estableció el “Territorio nacional de la Tierra del Fuego”, pero recién en 1957 se le añadió “Antártida e Islas del Atlántico Sur”, completando ese nombre. Finalmente, en 1991 adquirió el carácter provincial bajo el nombre definitivo “Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur”.

Para entender a la provincia en sí misma es importante pensar en su posición estratégica: es un mirador perfecto a toda la superficie del Atlántico Sur, en donde Argentina se disputa cara a cara con Inglaterra desde que reside en Malvinas. Su capital, Ushuaia, es el territorio más cercano del mundo a la Antártida (aproximadamente 1600 km). ¿Por qué el hombre querría habitar territorios complejos en cuanto a temperaturas como los polos, tanto ártico como antártico, o las provincias más boreales o australes? Sencillamente por su valor estratégico. Por esto mismo Gran Bretaña merodea el sur y los mares, pero también pelea en el ártico (que sería mucho más lógico por proximidad) así como Rusia, Estados Unidos u otras potencias.

Si bien Argentina no tiene el potencial militar para asemejarse a tales monstruos internacionales como los mencionados anteriormente, tiene, al igual que en Malvinas, una posición territorial y diplomática que da sólidos argumentos para la disputa. 

Por ello resulta imperiosa la necesidad de ocupar el territorio austral fueguino, hecho que no sucederá si no se otorgan ciertos métodos para hacer atractiva la experiencia de vida en esa tierra. Para esto, en 1972, un desgastado gobierno dictatorial al mando de Agustín Lanusse creó el Régimen de Promoción Industrial de Tierra del Fuego. 

Como podemos ver en la recuperación de hechos, la mayoría de construcciones no son hitos de un solo gobierno, muchas veces incluso ni siquiera suceden en el mismo siglo, si no que se pueden enmarcar en “políticas de Estado”. Esta es una buena noticia, ya que el relato agotador de la “grieta” gráfica el sentido de que los argentinos no nos pusimos de acuerdo nunca en nuestra vida. Si bien es verdad que hay líneas de diferencias marcadas, por suerte también hay excepciones en las que se han respetado líneas comunes de acción.

Continuando en el relato: el cambio de ciclo estaba por concretarse hacia el año 1972, en el que el propio Lanusse ya había llamado a elecciones con la participación del Partido Justicialista, tras 18 años de proscripción. Se crea entonces un régimen que liberaba del pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA), ganancias y hasta importaciones para quienes residan en Tierra del Fuego (TDF).

La última medida fue fundamental para generar fuentes de trabajo en la isla: con la casi libre importación, la provincia comenzó a ingresar industria tecnológica y ensamblar, agregándole valor y proveyendo al país, por ejemplo, con aires acondicionados o celulares.

Creer que este movimiento tiene por fin la óptima distribución de productos tecnológicos de la mejor calidad al mejor precio sería ignorar todo lo anterior contado; se trata simplemente de la imposición de una industria, a cambio del control de la zona más estratégica del país y una de las más importantes del mundo. 

En la actualidad, el gobierno de La Libertad Avanza quitó los beneficios impositivos a industrias como la textil en TDF, hecho que sucede en un marco de discusión y críticas al régimen de incentivos, por lo menos desde la presidencia de Mauricio Macri en 2016. 

Estos actores políticos abrieron la discusión sobre el régimen desde una óptica meramente económica sobre las industrias en cuestión, dejando de lado el sentido de desarrollo en el territorio e incluso la futura exportación de los recursos del mismo (si se viera desde una óptica de economía primaria, como lo es la de los actores nombrados). Desde una óptica de sector secundario y distribución interna, en cambio, habría que restar además cuan más barato puede salir la energía o el combustible, extraídos de la misma zona.

Traducido en criollo: si al argentino de la provincia del centro o norte del país le va  salir mas caro un aire acondicionado por el valor agregado de TDF en vez de la importación, a eso habría que restarle luego el valor en el que se puede reducir el costo de la energía o el combustible tanto para el hogar como para el resto de industrias y logísticas en el país. Es sacrificarse “manteniendo” una industria para poder hacerse con recursos vitales que se disputan las grandes potencias, lo que se dice “estratégico”.

¿Puede existir un mejor régimen? Sería poco ambicioso pensar que no, por lo que no es mala palabra la discusión, pero sí sería una pantomima mal intencionada tener el debate a medias, ignorando el origen y la búsqueda del régimen incentivo.

Antártida

En último lugar, la síntesis y quizás el fin de búsqueda de esta disputa geopolítica sea el llamado continente blanco. Por supuesto que en los archipiélagos ocupados por Gran Bretaña y en sus alrededores marítimos existen incalculables recursos, así como en la misma Patagonia argentina. Sin embargo, la Antártida es aún más codiciada por su nivel de “virginidad” en la tierra. Un terreno prácticamente aislado de la vida humana y en el que la mayor actividad fue ejercida justamente por Argentina. 

La relación de Argentina con la Antártida se remonta, por lo menos, hacia 1904. Habiendo participado el gobierno argentino en diversas investigaciones científicas, y en línea con el histórico posicionamiento de independencia que declaraba a todos los territorios del Atlántico sur como parte de las Provincias Unidas, la Argentina se hizo oficialmente de una base en enero de 1904, en herencia de una investigación escocesa.

El antecedente data de un año atrás, en 1903, cuando William Speirs Bruce, a cargo de una expedición antártica nacional de Escocia llegó a las costas de las Orcadas del Sur, en donde quedó atrapado en medio de hielos. Sobrevivió con la construcción de una especie de casa precaria hasta la llegada del verano, cuando los hielos se derritieron lo suficiente como para emprender el regreso.

Bruce se acercó hasta Buenos Aires con la oferta al Gobierno nacional de vender el proyecto y la “base” llamada “Omond House”, con el interés de que se continúen con las investigaciones. Así es como en enero de 1904 Argentina adquirió la que un mes después pasaría a llamarse “Observatorio Orcadas del Sur”. El 22 de febrero se izó por primera vez la bandera argentina y el país se afirmó como el primero en tener presencia ininterrumpida en el continente, desde aquella fecha hasta la actualidad. Como no podía ser de otra manera, Inglaterra reclamó la soberanía sobre la isla en donde se encuentra Omond House en una primera instancia y luego toda la porción antártica argentina hacia 1908.

Por otro lado existen relatos alternativos que explican que ya en el siglo 19 pescadores criollos se aventuraban en las zonas para conseguir pesca y aceites y luego venderlos, hecho que nunca difundieron para no atraer competidores.

En 1939 Argentina creó transitoriamente la Comisión Nacional del Antártico, para participar de una invitación hecha por Noruega para profundizar investigaciones. El clima de tensión en el sexto continente genera que los países se midan constantemente sus intenciones. Si bien en este caso la propuesta de Noruega era de índole “colaborativa” e “internacionalista”, un año después Chile fijó su reclamo territorialmente, el cual pisa a la Argentina.

Por si fuera poco, Inglaterra tampoco quedó expectante y reforzó su reclamo. Ante estos movimientos Argentina y Chile llegaron a un acuerdo básico en el cual ambas partes reconocen que “Chile y Argentina tienen derechos indiscutibles de soberanía en la zona polar denominada Antártida americana”, aliándose contra Reino Unido, quien pretende llevarse las partes reclamadas por estos dos.

De esta manera se configuró el actual mapa de reclamos tal cual lo conocemos hoy, pero lo cierto es que mientras Reino Unido sólo ejerció un camino de lobby a través de comunicados, papeles y movimientos diplomáticos, Argentina no solo mantuvo esa línea, si no que continuó con la instalación de bases, investigaciones, aportes científicos y presencia en el continente, convirtiéndose en quien más lo habitó y habita actualmente.

Hacia 1951 Argentina inauguró el Destacamento Naval Almirante Brown, y al año siguiente la Base Esperanza, hechos que dieron comienzo a una larga lista de bases: en total son 13, de las cuales 7 (Orcadas, Carlini, Esperanza, San Martín, Belgrano II y Marambio) son permanentes, y 6 (Brown, Matienzo, Melchior, Decepción, Cámara y Primavera) se utilizan durante la temporada de verano, momento más habitable del continente.

Entre otros hechos destacables se pueden repasar la primera presencia de un presidente argentino en el continente (Arturo Frondizi en 1957) y la firma del tratado antártico tras varios ataques militares de Reino Unido a bases de Argentina (1959). Este último fue firmado entre quienes tienen reclamos: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos. El mismo prohíbe la acción militar en el continente y permite su utilización sólo para fines pacíficos.

Es importante destacar que el tratado no caducará en el año 2048 como se suele afirmar, pero si se abre a la posibilidad de realizar modificaciones, que dependerán de los argumentos y recursos que cada nación pretendiente presente. 

Como se puede ver en cada uno de los apartados analizados, la presencia del Reino Unido es repetida en cada uno de los territorios del Atlántico Sur. Sería imposible negar un evidente interés de ese país en toda esa zona que, en términos geográficos, no tiene nada que ver con su original archipiélago, a diferencia de Argentina, que es quien está más próxima a estas zonas, y que además ha ejercido el dominio pacífico sobre las mismas.

Por último, no se puede dejar de mencionar la plataforma marítima que rodea estas tierras, cuestión que puede pasar más desapercibida pero en la que el Reino Unido también ejerce la invasión: hace un año declararon 166 mil kilómetros cuadrados cercanos a Malvinas y pertenecientes a la Argentina como suyos, sin que el actual Gobierno nacional emita un solo reclamo. 

Por último, también es importante recordar que, para sintetizar el posicionamiento de Argentina sobre todos estos territorios y su ejercicio de soberanía, tanto terrestre como marítimo, en 2010 se realizó el mapa bicontinental, del cual su difusión es fundamental para aceitar los conocimientos nacionales sobre nuestro territorio.



Joaquín Bellingeri

Por una patria justa, libre, y soberana de la Quiaca a la Antártida. “Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino”. Nacional Justicialista.

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El Atlántico Sudoccidental: ¿un espacio estratégico?

El Atlántico Sudoccidental: ¿un espacio estratégico?

TIEMPO DE LECTURA: 12 min.

El orden hegemónico liderado por Occidente desde mediados del siglo XX se encuentra actualmente desafiado por las potencias emergentes, particularmente China y la Federación Rusa, y en un sentido más amplio por el bloque de los BRICS, cuyas visiones del mundo, sistemas de valores y objetivos geopolíticos difieren significativamente de los parámetros establecidos por Estados Unidos y Europa. 

Nos encontramos ante un orden internacional “interpolar” (Grevi, 2010), “no polar” (Haas, 2008) o “multiplex” (Acharya, 2017), en el cual ya no hay un único polo de poder sino varios poderes estatales, organizaciones regionales e internacionales con influencia y numerosos actores no gubernamentales que desarrollan formas complejas de interdependencia, presentan múltiples capas de autoridad y liderazgo y actúan en dimensiones superpuestas de la gobernanza global.

En este marco de reconfiguración geopolítica, se ha intensificado la rivalidad estratégica por el dominio de los espacios marítimos. De acuerdo con Altieri (2018), “control del mar” implica el despliegue de una presencia efectiva en zonas de interés clave para la proyección de poder con el doble propósito de negar a un adversario la utilización del área e influir decisivamente en los acontecimientos continentales.

Principalmente, el foco de atención ha estado en el Indopacífico debido a sus características centrales. Por una parte, la región es el centro de gravedad de la economía mundial, aportando más del 35% de la riqueza global y el 70% de su crecimiento, a su alrededor se despliega la Rutas Marítimas de la Seda chinas y se transporta la mayor parte del petróleo y gas producidos en Medio Oriente. Por otra parte, es el escenario de puntos de tensión como el Mar de China, el Golfo Pérsico, el estrecho de Taiwán y la península de Corea (Abensour, 2024).

En tanto, la relevancia del Atlántico Sur para la paz y el crecimiento mundial ha sido durante mucho tiempo desestimada, a pesar de ser una ruta marítima indispensable, de ser abundante en recursos naturales y del rol que ocupa en la rivalidad geopolítica contemporánea (Leoni et. al., 2025). En parte, esto puede comprenderse porque este océano ha sido concebido como un “remanso estratégico” (Abdenur y De Souza Neto, 2013).

Dicho calificativo se basa en las dinámicas pacíficas de este orden marítimo -en especial en el Cono Sur, donde la probabilidad de conflictos militares inter-estatales es casi nula y existe un importante grado de cooperación- y en la vigencia de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS). La misma es un mecanismo de diálogo multilateral africano-sudamericano, instituido a instancia de Brasil en Naciones Unidas en 1986, con el propósito de coordinar la agenda de la gobernanza en materia de defensa y seguridad y promover el Atlántico Sur como un espacio opuesto al colonialismo, desmilitarizado y libre de armas de destrucción masiva. De este modo, el Atlántico Sur posee un grado relativamente alto de estabilidad –más allá de cuestiones puntuales vinculadas a la piratería o el tráfico ilícito en las costas africanas o problemáticas de la pesca ilegal, no declarada o no reglamentada- que dista mucho de ser un espacio de amenazas para las grandes potencias navales

Sin embargo, es cada vez más evidente la importancia estratégica sudatlántica, tal como lo sugiere la presencia de actores regionales y extrarregionales que detentan “poder naval”. El mismo da cuenta del uso político y militar de las fuerzas navales, tanto en tiempos de guerra como de paz, ya que presenta dimensiones militares y no-militares, vinculadas con lo económico, lo ambiental, lo diplomático y lo normativo (Allahverdizadeh & Karimi, 2023). 

Desde la perspectiva argentina, debemos prestar atención a la presencia de cuatro potencias hoy centrales en el Atlántico Sudoccidental -Brasil, China, Estados Unidos y el Reino Unido- que configuran un complejo entramado de intereses.

En relación a Brasil, cabe señalar que es el país con la costa atlántica más extensa del mundo y que en sus documentos de defensa y política exterior ha enfatizado la “importancia estratégica del Atlántico Sur”. En el mismo busca asegurar las líneas marítimas de comunicación y mantener la paz y la cooperación, procurando que “los conflictos y rivalidades ajenos al Atlántico Sur no sean proyectados aquí por estados situados en otras regiones”, en clara línea con las bases de la ZOPACAS (República Federativa de Brasil, 2012:39). Además, se reconoce que el entorno estratégico brasileño incluye el Atlántico Sur y a los países limítrofes con África, así como la Antártida.

La importancia del Atlántico Sur se cristalizó además en el concepto de “Amazonia Azul”, una noción político-estratégica que aborda el océano como patrimonio nacional, fuente de riqueza y ambición, que debe protegerse, preservarse y explorarse de forma sostenible. Más del 95% del comercio brasileño transita por el mar y del mismo se extrae aproximadamente el 95% del petróleo nacional, esto en particular desde los descubrimientos de los yacimientos del pre sal, y además alberga innumerables recursos vivos y minerales, así como sitios ambientales, puertos estratégicos y centros industriales (Mariha do Brasil, 2025). 

Es decir, la idea de Amazonia Azul se corresponde con la categoría de “economía azul”, ampliamente utilizada en los últimos años y que refiere al desarrollo de una amplia variedad de actividades que dependen de los océanos, como la pesca, el transporte, el turismo o la generación de energía, entre otras, para fomentar el crecimiento económico y social y a la vez preservar los ecosistemas oceánicos.

Asimismo, debe considerarse que Brasil aumentó su gasto militar en más del 300% desde 2003 (Levaggi 2023) y en este marco implementó el programa de submarinos, en cooperación con Francia. En efecto, la defensa del Amazonia Azul se ha traducido en inversiones significativas en los sectores de defensa, como la adquisición y modernización de unidades como así también, en la aplicación de la ciencia y la tecnología para promover el desarrollo autónomo, con generación de empleo y capacidades para el crecimiento económico nacional en función de generar una mayor autonomía estratégica.

Lo anterior quedó plasmado en las palabras del presidente Lula Da Silva durante la botadura de uno de los submarinos de industria nacional: “El ProSub es el mayor y más importante proyecto de cooperación internacional de Brasil en materia de defensa. Este proyecto garantiza la soberanía brasileña en nuestras costas, fortalece la industria naval generando puestos de trabajo e ingresos, y promueve el desarrollo del sector con una gran dosis de innovación” (Da Silva, 2024). 

El segundo actor a tener en cuenta es China, que si bien no tiene una presencia militar importante en el Atlántico Sur, su proyección escalonada desde el Mar de China y su status actual de potencia global, ameritan su examen.

Actualmente la presencia de la armada china es marginal. Si bien las primeras visitas oficiales a los países latinoamericanos se realizaron a mediados de la década pasada, cuando la Armada del Ejército Popular de China realizó sus primeros ejercicios en aguas del Atlántico Sur, aún el principal interés recae en la expansión de las inversiones y del comercio. Se trata de la búsqueda de provisión de energía, de recursos naturales y de nuevos mercados. En efecto, la actividad pesquera forma parte de sus objetivos de soberanía alimentaria y el gobierno subsidia e impulsa las flotas comerciales, una de las mayores en el Atlántico Sudoccidental. 

Asimismo, se debe tener en cuenta que el país tiene el objetivo de alcanzar una “armada de aguas azules”, es decir, una armada capaz de operar en cualquier parte de los océanos, para proteger a su diáspora, inversiones y empresas comerciales. Es por esto que en menos de una década puso en marcha cuatro portaaviones, dos de los cuales son de origen nacional (Ginés Soriano, 2025), y avanza a paso firme en la construcción de submarinos.

Considerando que la estrategia integral de desarrollo oceánico de China revela que el “poder marítimo” puede significar una amplia gama de acciones, desde el uso de la fuerza militar hasta la aplicación de fuerza económica y cultural (Chan, 2025) es una preocupación constante y creciente del hegemón regional americano, a pesar de su relativa superioridad naval.

En efecto, actualmente Estados Unidos continúa siendo la potencia naval global más poderosa, por la cantidad de personal, la capacidad de fuego de su equipamiento —más de 300 buques, 11 portaviones y 67 submarinos— y la red de acuerdos institucionales y bases alrededor del mundo que le permiten desplegarse en cualquier teatro de operaciones.

En el Atlántico Sur la presencia estadounidense se refleja en la reactivación IV flota de la armada en 2008 y en particular en su estrategia marítima de relaciones de cooperación con los países de la región, la cual se centra en el control del tráfico marítimo y la vigilancia con la participación de la Guardia Costera de Estados Unidos (USCG), que atiende especialmente a la agenda de la pesca ilegal, no declarada o no regulada, con especial interés en las embarcaciones chinas. 

Este interés renovado en las últimas décadas también se cristaliza en la creación de la “Asociación para la Cooperación Atlántica” en 2022, una iniciativa llevada adelante en marco de asambleas de la ONU que  reúne a 32 países ribereños, tanto el norte como el sur, el este y el oeste, y cubre una amplia gama de temas, que van desde el desarrollo sostenible hasta la cooperación en ciencia y tecnología, aunque con la excepción de los asuntos relacionados con la defensa y la seguridad. 

Pero sin duda, la puesta en marcha de la “Operación Lanza del Sur” en enero de este año y la incorporación en noviembre del buque de guerra más grande del mundo, el USS Gerald R. Ford, son claros exponentes de los intereses geopolíticos estadounidenses sobre el espacio que considera su patio trasero. De acuerdo con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, la Operación Lanza del Sur, que contempla la utilización por parte de la marina norteamericana de drones, barcos y lanchas interceptoras no tripuladas, buques y submarinos para luchar contra el narcotráfico, “defiende nuestra patria, expulsa a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y protege a nuestra patria de las drogas que están matando a nuestra gente” (La Nación, 13 de noviembre de 2025). 

La política de “palos sin zanahorias” de la administración de Donald Trump en América Latina y en particular su presencia en el Atlántico Sudoccidental, es preciso enmarcarla en la alianza estratégica con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, la cuarta potencia que debemos considerar especialmente en relación a los intereses argentinos.

De acuerdo con el gobierno británico, Estados Unidos es su socio preeminente en materia de seguridad, defensa y política exterior y en esa relación la contribución británica al vínculo incluye el alcance e influencia inglesa en Europa; la inteligencia británica; la capacidad del Reino Unido para librar guerras de forma independiente o como nación líder en una coalición; y la ubicación estratégica de nuestros Territorios de Ultramar (HM Government, 2015).

En este sentido, se observa que en el océano Índico, en el atolón Diego García, que es aún una colonia británica, se instaló en los años setenta una base militar estadounidense; y que en el Atlántico Sudoriental, cerca de la costa africana en la isla Ascensión, hay un aeropuerto utilizado tanto por la fuerza aérea estadounidense como por la aviación real. Y por supuesto, la base británica en Malvinas, que forma parte del “collar de perlas marítimo” de la alianza anglosajona.

En dicha clave es oportuno aludir al programa de renovación de la infraestructura de la base de Monte Agradable iniciado en 2015, el cual incluyó la modernización del sistema energético, el aumento de la capacidad de carga del puerto, la actualización del sistema de defensa aérea, el recambio del patrullero oceánico y del avión Hércules c130 de carga por un el ATLAS, entre otras acciones realizados hasta la fecha vinculadas al bienestar de los efectivos en las instalaciones.

La necesidad de mantener la capacidad de fuego británica en el archipiélago malvinense cumple con el objetivo inglés de apoyar a los territorios de ultramar y las dependencias de la corona en la disuasión y defensa contra amenazas estatales y no estatales y con la actual estrategia global, presentada en junio de este año en el documento denominado “Revisión Estratégica de Defensa: Haciendo a Gran Bretaña más segura: segura en casa, fuerte en el extranjero” (HM Government, 2025).

Dicho documento enfatiza la necesidad de incrementar las capacidades armamentísticas en función de los resultados de la guerra en Ucrania y, a la vez, propone fomentar la inversión en empresas nacionales del complejo de defensa industrial militar para generar puestos de trabajo y desarrollar la ciencia y la tecnología. 

Es decir, se concibe que el Estado posee un rol clave para promover “asociaciones” con industrias tecnológicas y de armamentos, lo cual se resume en las palabras de los ministros británicos de Defensa, John Healey y de Economía, Rachel Reeves, respectivamente: “El Ejército solo tiene la fortaleza de la industria que lo respalda” y “Una economía fuerte necesita una defensa nacional sólida” (Infobae, 2 de junio de 2025).

En esta línea es posible también leer la propuesta de producción de hasta 12 submarinos de ataque con propulsión nuclear y con armamento convencional a través del programa AUKUS, la alianza entre Estados Unidos, Australia y el Reino Unido presentada en 2021 como respuesta a la presencia China en el Indopacífico.  

Además, todo esto se plantea con el sentido de reforzar el rol en la OTAN, incrementando el compromiso de elevar el porcentaje del PBI destinado a la inversión en Defensa, en línea con las demandas del gobierno estadounidense en el contexto de la competencia global con China y Rusia.

En síntesis, el Atlántico Sudoccidental es un espacio marítimo de creciente relevancia estratégica, tanto para los estados ribereños como para las potencias extraregionales que proyectan su poder naval en función de sus intereses nacionales. Esto nos lleva a preguntarnos si el actual posicionamiento argentino en materia de Política Exterior y de Defensa, que ha sido caracterizado como “hiperoccidentalismo” (Tokatlián, 2024) y que lleva adelante un “imperialismo por invitación” con Estados Unidos (Anzelini, 2025) es acertado para un país bicontinental, con un litoral marítimo americano de 4.725 km., con 6.683.000 km.2 de espacios marítimos continentales, insulares y antárticos y que presenta un reclamo imprescriptible de soberanía sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgias ante la presencia colonial británica. 


Referencias Bibliográficas

Abensour, M. (2025). Geopolítica del Indo-Pacífico: comprender la estrategia francesa. Le Grand Continent. Disponible en: https://legrandcontinent.eu/es/2025/01/16/geopolitica-del-indo-pacifico-comprender-la-estrategia-francesa/  

Acharya, A. (2017). Europa en “orden mundial multiplex” emergente. CIDOB. Disponible en: https://www.cidob.org/publicaciones/europa-en-el-orden-mundial-multiplex-emergente 

Allahverdizadeh, R. & Karimi, M. (2023). A New Approach to the Theory of Seapower in the 21st  Century (In Times of War and Peace). Geopolitics Quarterly, 18(4), 383-411. Disponible en: https://journal.iag.ir/article_145524_23279d142ece080b62ce9193c9389ac3.pdf 

Altieri, M. A. (2018). Nuevas Dinámicas del Poder Naval en el Siglo XXI¬: la competencia por el control y en el espacio marítimo. Relaciones Internacionales, 27(55), pp. 197–211. Disponible en: https://revistas.unlp.edu.ar/RRII-IRI/article/view/5782

Anzelini, L. (2025). Imperialismo por invitación. El Cohete a la Luna, 26 de octubre. Disponible en: https://www.elcohetealaluna.com/imperialismo-por-invitacion/ 

Chan, E. (2025). China’s Discourse of Maritime Power: A Thematic Analysis. Journal of Contemporary China 2025, 34(153), 432–450 Disponible en: https://doi.org/10.1080/10670564.2024.2319064

Da Silva, L. (2024). Discurso durante la botadura al mar del submarino Tonelero, 27 de marzo. Disponible en https://www.gov.br/planalto/es/seguir-al-gobierno/discursos-y-pronunciamientos/2024/03/discurso-del-presidente-lula-durante-la-botadura-al-mar-del-submarino-tonelero 

Ginés Soriano (2025), China ya tiene en servicio su tercer portaviones, el primero con catapultas, y construye el cuarto, el primero de propulsión nuclear. Infodenfensa, 7 de noviembre. Disponible en:  https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/5659024/china-tiene-servicio-tercer-portaaviones-primero-catapultas-construye-cuarto-primero-propulsion-nuclear

González Levaggi (2023). Great Power Competition in the Southern Oceans From the Indo-Pacific to the South Atlantic. Francis and Taylor.

Grevi, G. (2010). El Mundo Interpolar. Foreign Policy en Español, abril-mayo. Madrid.

HM Government (2015). National Security Strategy and Strategic Defence and Security Review 2015. Ministry of Defense, United Kingdom. Disponible en: https://www.gov.uk/government/publications/natio nal-security-strategy-and-strategic-defence-and-security-review-2015

HM Government (2025). Strategic Defence Review Making Britain Safer: secure at home, strong abroad. Ministry of Defense, United Kingdom. Disponible en: https://assets.publishing.service.gov.uk/media/683d89f181deb72cce2680a5/The_Strategic_Defence_Review_2025_-_Making_Britain_Safer_-_secure_at_home__strong_abroad.pdf

Infobae (2025). Keir Starmer advirtió que el Reino Unido debe prepararse para la guerra ante la amenaza real de Rusia. Infobae, 2 de junio. Disponible en: https://www.infobae.com/america/mundo/2025/06/02/keir-starmer-advirtio-que-el-reino-unido-debe-prepararse-para-la-guerra-ante-la-amenaza-real-de-rusia/ 

La Nación (2025). Por órdenes de Trump, el Pentágono anuncia la operación Lanza del Sur en el Caribe, 13 de noviembre. Disponible en:  https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/por-ordenes-de-trump-el-pentagono-anuncia-la-operacion-lanza-del-sur-en-el-caribe-nid13112025/ 

Leoni, Z., Tossini, J., de Sousa Moreira, W & Tzinieris, S. (2025). A Neglected Region? The Strategic Value of the South Atlantic. The Washington Quarterly. Disponible en: https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/0163660X.2025.2480518#d1e139 

Marinha do Brasil (2025). Amazônia Azul. Disponible en: https://www.mar.mil.br/hotsites/amazonia_azul/ (Recuperado el 15/11/25).

República Federativa de Brasil (2012). Libro Blanco de Defensa Nacional. Disponible en: https://www.gov.br/defesa/pt-br/arquivos/ajuste-01/estado_e_defesa/livro_branco/Versao2012dolivroLBDNemespanhol.pdf 

Tokatlián, J. (2024). Hiperoccidentalismo, Milei y el interés nacional. Cenital, 17 de junio. Disponible en: https://cenital.com/hiperoccidentalismo-milei-y-el-interes-nacional/  


Carla Morasso

Doctora en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario (UNR). Docente de grado y posgrado UNR. Coordinadora del Programa de Estudios América Latina-África (PEALA) – Programa de Estudios sobre Relaciones y Cooperación Sur-Sur (PRECSUR). Investigadora del Grupo de Estudios sobre Malvinas (UNR).

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Las Islas vuelven: variaciones de Malvinas como herida en clave literaria

Las Islas vuelven: variaciones de Malvinas como herida en clave literaria

TIEMPO DE LECTURA: 10 min.

Por Marcos Stábile y Pedro Jalid

Es Walter Benjamin el primero que registra el fenómeno: “¿no advirtió que la gente volvía enmudecida del campo de batalla?”. La pregunta está en El Narrador, un ensayo corto sobre la devaluación de la experiencia en el que Benjamin contrapone de manera explícita información y narración. Lo que se cuenta, lo narrado, es una artesanía que alcanza “una amplitud que a la información le falta”. Más de cuatro décadas después del gran episodio bélico argentino del siglo XX, su escenario, las Islas Malvinas, insisten, vuelven, reaparecen en la literatura con variaciones en sus formas de elaborar el trauma. Si el lema “volver a Malvinas” persiste como consigna pendiente en el imaginario político de algunos sectores de la sociedad argentina, en el campo literario puede decirse que los polos de esa promesa se invierten y son ellas, las islas, las que vuelven siempre.

 

Entre fantasmas e impostores: las trampas del regreso.  “Los pasajeros del tren de la noche” de Fogwill (1981) y “Memorándum Almazán” de Juan Forn (1991)

Existe un pueblo en el que todas las noches, un grupo de madres se sienta en el andén de la estación a esperar la vuelta de los soldados. Los soldados son sus hijos y un día, en plena madrugada, comienzan a volver. Vuelven después de telegramas que anunciaron su muerte, vuelven después de misas y condecoraciones que los despidieron. Regresan rodeados de preguntas que nadie se anima a hacer. La presencia es más fuerte que los misterios, y la posibilidad de llenar el vacío que dejaron al irse, es respuesta suficiente. Con los fantasmas que regresan en “Los pasajeros del tren de la noche”, Fogwill intuye que Malvinas tendrá sus especificidades y características propias, pero también que conservará las marcas universales de toda guerra: esas que nos enseñan que es una cosa llena de errores, que la gente es capaz de acostumbrarse a todo y que, si hay algo que una madre no sabe, es resignarse a la falta de sus hijos.

Escrito a fines de la década de 1970, Fogwill entregó el cuento para su publicación en Música japonesa de 1982. La guerra estropeó el efecto, dirá años después. Aquello que quiso ser una alegoría de las Madres de Plaza de Mayo y sus rondas de los jueves, terminó siendo una de las ficciones más profundas para narrar una guerra que todavía no había ocurrido. Es que el horror ya estaba entre nosotros: jóvenes cuyas vidas debieron ser más largas, familias rotas buscando un cuerpo que enterrar, héroes que vuelven a lugares que ya no conocen.

Diez años después, en 1991, Juan Forn publicó Nadar de noche, su primer libro de cuentos. Entre rupturas amorosas y despedidas familiares, la cuestión Malvinas apareció en el segundo de los cuentos, “Memorándum Almazán”. Forn inauguró la literatura sobre Malvinas de la década de los 90 con un texto importante en donde se pregunta qué representa para un país un soldado que vuelve. ¿Una víctima? ¿Un héroe? ¿Un problema o una posibilidad? 

En la embajada argentina en Chile, se presenta un joven con un papel. Allí dice que es ex combatiente, y pide que le presten dinero para comprarse un traje con el cual buscar trabajo. El soldado pide algo de lo que la patria le debe. La inmediata respuesta del embajador y sus empleados, que lo reciben y lo incorporan, expresa un gesto que intenta redimir el abandono y el olvido al cual el Estado sometió a los soldados. A nadie sorprende encontrar un ex combatiente en esa situación: sin poder hablar y, casi como una ironía, intentando empezar de nuevo lejos de nuestro país. 

El final del cuento es arriesgado y previsible. Almazán no es Almazán, y la vergüenza de haber caído en un truco tan burdo invade a los funcionarios. Entre confesiones y lamentos, el farsante confiesa que primero intentó hacer lo mismo en Argentina. Pero allí, dijo, nadie toma así como así a un ex Malvinas.

Escritos con una distancia de diez años, Fogwill y Forn, dos autores que vivieron de cerca y en presente Malvinas, se interrogaron por lo qué hará y lo que debe hacer el país con aquellos que vuelven del campo de batalla y anticipan los riesgos del olvido, del abandono y de que nadie pague los costos de las heridas

Llevar Malvinas en la cabeza – Las Islas, Carlos Gamerro (1998) 

Registro irónico sobre el devenir de los combatientes, compilado de ejercicios de ucronía en torno a la causa Malvinas, policial joyceano con hackers y milicos. Obra monumental sobre el tema, si las hay. Las islas es todo eso. Una novela de largo aliento que explora las vertientes abiertas por la guerra en la sociedad argentina de los noventa. Felipe Félix, ex-combatiente, experto en informática y cocainómano desesperado, recorre Buenos Aires con el objetivo de salvar a los integrantes de una lista negra en manos de un empresario empecinado en fundar una aristocracia financiera. Incrustadas en esa trama policial, las esquirlas de Malvinas aparecen por todos lados. Ni Félix ni sus compañeros pueden salir del influjo de la guerra, reactivado durante la  década de los noventa por el décimo aniversario del conflicto. El archipiélago es omnipresente en la novela, es un objeto obstinado, que se presenta en múltiples formas. Aparece como una mancha en la pared o como el escenario de un videojuego desarrollado por el protagonista con finales alternativos; también es el tablero en el que un comando militar secreto planea su regreso, o una maqueta del tamaño de un sótano en el que un veterano intenta reproducir el paisaje exacto de sus pesadillas. 

Las islas recuperó el sentido trágico que Fogwill usó en Los pichiciegos (1983) —la gran novela de Malvinas— para aplastar el halo de épica con que la tradición envuelve todo conflicto armado. Los linyeras que se revelan como veteranos a lo largo del texto de Gamerro parecen ser el devenir urbano de los desertores escondidos en los huecos de las islas bajo una nieve que se confunde, por su color, por su suciedad, con la mierda. También tiende una línea de continuidad entre la maquinaria represiva del terrorismo de Estado y las prácticas de tortura durante la guerra. Gamerro entiende que no se puede hablar de una cosa sin que aparezca la otra, pero logra que su texto no quede capturado por el relato de “los pibes indefensos”, prácticamente hegemónico en una década atravesada por la desmalvinización. 

Lo que se destaca, por debajo del argumento policial que tracciona al texto, es el empecinamiento de la guerra en la memoria de sus participantes. Una marca en sus frentes tan imborrable como inentendible para la población que todavía no había sabido construir los marcos sociales en los que registrar las consecuencias del enfrentamiento en sus protagonistas. La novela está plagada de esas fricciones, de una rasposidad entre la cicatriz sobre el cuerpo de los combatientes y un tejido social que no sabe leerla. Es, de hecho, un problema médico para Felipe Félix, que lleva incrustado en su cabeza un pedazo de casco responsable de una paradójica pérdida de memoria y al que el cirujano recomienda no tocar porque sería como “sacarle una parte suya”. En ese desencuentro se gesta una endogamia de circuito cerrado, ritualística, entre los veteranos, que potencia el retorno fantasmagórico de las islas a sus vidas en las formas más variadas.

No todos los monumentos se hacen sobre la tierra – Leñador, Mike Wilson (2023)

Si en Gamerro la persistencia de las islas tiene una ubicuidad concreta—manchas, cuerpos mutilados, maquetas a escala, discursos delirantes—, en Wilson es el tamaño de su vacío en la voz del personaje lo que le da dimensión a la huella del horror. Wilson usa el lenguaje para medir la herida: se lo echa encima como se tira una sábana sobre un fantasma para descubrirlo. Lo que queda por debajo, lo que no se dice, parece ser tan extenso como las más de quinientas páginas en las que el narrador nos describe el bosque al que se retira luego de haber peleado en una guerra de un archipiélago al sur. 

La alusión a Malvinas es ineludible y se apuntala con el subtítulo de la novela, Leñador o ruinas continentales, elige Wilson para bautizarla. “Si el protagonista, siempre en primera persona, elige callar su pasado de combatiente en Malvinas, y ese silencio es atendible, respetable, considerando el pavor tácito vivido como elemento implícito, entonces Leñador puede considerarse, también de forma tácita, para escándalo de los espíritus nacionalistas, como literatura de Malvinas”, estampa, como clave de lectura, Guillermo Saccomano en el prólogo. 

La de Wilson es una novela total. Una obra que por volumen, método y apuesta produce el “vértigo” que Vargas Llosa pensaba como piedra de toque para identificar ese tipo de textos totalizadores. Leñador levanta un mundo, el del Yukón, una región de turquesas y verdes al norte de Canadá en el que el protagonista anónimo de Wilson se interna en una profunda búsqueda de separación y de encuentro. Distanciamiento, por un lado, de la ciudad y de la sociedad que la habita y acercamiento, por otro, a la naturaleza como espacio en el que se esconde algo más vital y puro que las pesadillas de la razón instrumental que incubaron su infierno. 

Leñador es literalmente un catálogo, un inventario interminable de la vida de los trabajadores madereros del Yukón. El texto avanza por acumulación de definiciones. Nombre, dos puntos, texto y a otra cosa. Así hasta intentar cubrir todo el bosque con palabras. No hay, prácticamente, narración, sino una acumulación de descripciones que intercalan, cada tanto, para amortiguar su peso, lagunas evocativas en las que refucila el fuego inglés y la memoria de la guerra, apenas insinuada. 

En ese sentido, por lo que no dice, la obra de Wilson se inscribe en la tradición del iceberg para contar la guerra. Una corriente literaria que construye por omisión, que pone lo mínimo en superficie y mantiene latente el verdadero núcleo emotivo de aquello que se cuenta. El gran río de los dos corazones, de Hemingway y Un día perfecto para el pez plátano de Salinger, son, sin duda, dos hitos de esa estrategia puesta al servicio de los relatos de posguerra. Pero en Leñador, a diferencia de esos ejemplos, la economía de la prosa no mantiene una relación inversamente proporcional con respecto al peso de lo oculto. No se dibuja, entre lo dicho y lo no dicho, el triángulo característico del iceberg. Más bien las dos masas de discurso, el texto y su contracara elidida, parecen simétricas y lo que se adivina, creciendo por debajo del ambicioso registro de lo visible por parte del narrador, es una memoria monumental, tan densa, precisa y acabada, como el listado que se apoya en ella. 

 

Monte Longdon en Buenos Aires – El eternauta, Stagnaro (2025)

El rastro de Malvinas en la nueva adaptación de El eternauta empieza casi a la par de la serie. Después de la escena inicial en el velero, Juan Salvo rechaza a un limpiavidrios que le golpea la ventanilla. Lo sigue en el espejo retrovisor y lo ve perderse entre la fila de autos. Al tipo le falta una pierna y Salvo se queda atrapado en esa imagen unos segundos. La memoria lo asalta. Después aparece el grafitti, la calcomanía en la garita de un guardia privado y, más evidentes, las visiones del protagonista. “Volvieron las islas, ¿no?”, la pregunta la hace Elena en el tercer capítulo y enhebra todos esos elementos: Salvo, en esta adaptación, es ex-combatiente y la presencia espectral de las islas no lo suelta. 

La incorporación de un pasado en Malvinas del protagonista se acopla de forma orgánica a la trama. Es virtuosa no solamente por instalar el reclamo histórico de la Argentina sobre las islas en una serie que se convirtió en la más vista en la categoría de habla no inglesa al momento de su estreno, sino porque esa condición dada de Salvo cohesiona y justifica sus habilidades con las armas y su audacia en una situación tan liminar como la de la nieve mortífera, incluso en desmedro de la emblemática figura del héroe colectivo.

A diferencia tanto de Las islas, como de Leñador, El eternauta se hace cargo de la cuestión Malvinas desde un registro no mimético. Elaborar el conflicto desde los recursos narrativos de la ciencia ficción abre un campo de posibilidades a nivel de lo que se puede contar de la guerra y de sus efectos que rebasa las codificaciones del realismo y habilita otras potencias. Poner a la par, por ejemplo, en lo que a producción de terror respecta, la invasión extraterrestre con la batalla de Monte Longdon. 

Los flashes de la guerra irrumpen en Salvo detonados por símbolos —la nieve, las armas, la muerte y hasta lo rudimentario en el equipamiento— que remiten de manera inequívoca a su experiencia en el territorio malvinense. La memoria se reactiva, se desborda, sale y las imágenes se yuxtaponen. Salvo ve el pasado impreso sobre el presente. Es la nota característica del trauma, el retorno de lo que no puede ser ligado, simbolizado ni elaborado y que, por tanto, se sale del tiempo, se eterniza. 

Más allá de las interpretaciones coyunturales que El eternauta supo y sabe encender y que enriquecen su lectura, el eje temático que abre y cierra el arco narrativo de la historieta se ordena alrededor del tiempo, de la memoria, sus olvidos y la eternidad. Queda por ver, aún, de qué manera la cuestión Malvinas se resuelve en su cruce con estos pilares, basales en la obra de Oesterheld.

En el original, el protagonista, condenado a buscar en la infinitud del tiempo una fisura que le permita desgarrar su destino y torcerlo, se olvida de todo apenas la encuentra. Es ese narrador metaficcional que coincide con la figura de Oesterheld quien entiende la potencia de la ficción para custodiar una memoria y decide publicar el relato de Salvo, con la convicción de que “¡será posible!” cambiar la historia. Con la certeza de que lo inenarrable le pertenece a la literatura.


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La cultura como trinchera de soberanía popular

La cultura como trinchera de soberanía popular

TIEMPO DE LECTURA: 3 min.

“La Soberanía nacional se defiende también con la cultura” – Osvaldo Pugliese

La cultura fue y sigue siendo la trinchera del pueblo argentino; mientras el gobierno entrega los recursos la gente, el arte y la memoria popular sostienen la lucha de soberanía cuando la gestión flaquea y no se gobierna con un necesario proyecto y pensamiento nacional, para no vivir y padecer como hoy un país en decadencia en el campo de defensa  sobre nuestra soberanía.

Cuando hablamos de Malvinas hablamos de identidad. De arte, de memoria, de pueblos, de palabras. De una cultura que se teje en cada barrio, en cada aula, en cada canción popular. La cultura argentina ha sido siempre una trinchera. Si el territorio se disputa con fuerzas militares, la cultura se defiende con palabras, imágenes, ritmos, relatos y cuerpos. Y en ese combate, Malvinas es el símbolo por excelencia: un recordatorio constante de cómo se intenta fragmentar aquello que nos pertenece no sólo por derecho, sino por sentido común histórico, por linaje, por territorio.

Desde las pinturas de Carpani, que retrataron el dolor obrero y la lucha nacional hasta las coplas que aún se cantan en el Norte, desde la educación que reivindica la soberanía hasta la murga barrial que rebautiza esquinas como “Islas Malvinas”, desde el fondo de pantalla de un celular con una imagen de Malvinas hasta un niño saliendo del jardín indignado por conocer la historia de la usurpación de los ingleses, todo gesto cultural argentino es también un acto político. Y toda cultura que no se pliega al coloniaje, que no se resigna a la entrega ideológica y pedagógica del territorio, es parte activa de la recuperación simbólica y territorial. 

Además, la cultura no se limita a lo urbano o europeo: también son nuestros pueblos originarios, quienes aportaron sus cuerpos y su espíritu colectivo a la defensa de la patria. Que es también su Patria. Muchos ex combatientes fueron descendientes de esos pueblos, llevando en sus mochilas una memoria ancestral que también luchaba por volver y ser. Del mismo modo, la presencia afrodescendiente en la historia de Malvinas marca otra dimensión silenciada de nuestra identidad. Las islas fueron ocupadas y pobladas en parte por afrodescendientes durante el período colonial, formando parte de un entramado social que la historia británica y muchas veces la argentina, han intentado borrar. Es en esa trama plural, indígena, afro y mestiza, donde nuestra cultura se hace presente y reclama continuidad histórica y afectiva con Malvinas.

 El enemigo lo sabe. Por eso su ataque no sólo es territorial, sino simbólico. ¿Cuántas veces intentaron reemplazar nuestra historia por la versión “civilizada” del ocupante? ¿Cuántas veces nos quisieron convencer de que Inglaterra venía a “mejorar” u “ordenar”? Es el mismo relato que usaron con nuestros pueblos originarios y con nuestros recursos naturales. Y es el mismo que hoy sostienen en Malvinas. Por eso, la cultura es un campo de batalla tan importante como el mar frío del Sur. Porque si logran despojarnos de la memoria, del sentido de pertenencia y de la palabra, el territorio les resulta más fácil. 

Es imprescindible la fuerza de la cultura en la reconstrucción de un nuevo esquema en defensa geopolítica bicontinental.

Resistiendo con libros, con murales, con danzas, con radios comunitarias, pero además ocupando espacios contemporáneos donde se construyen y difunden teorías como “factos”, el sociólogo Pedro Lacour en su colaboración con la revista La Carlos plantea el siguiente cuestionamiento:

“¿Y si la influencia ya no dependiera de tener razón, sino de ocupar la pantalla adecuada?”

La comunicación vertida construye ideas, por ello también es un campo base importante en la batalla cultural. Hoy desde las tecnologías, las redes, la divulgación…

Malvinas es cultura porque Malvinas es pueblo. 

Y mientras el pueblo siga creando, nombrando y recordando, el reclamo seguirá vivo. Se trata de banderas. Se trata de no soltar la raíz. Se trata de re-conocer lo nuestro y creer que es nuestro.

Porque sin cultura no hay patria, y sin Malvinas no hay destino.


Dii Ocampo

Peronista, Feminista, Gallina, Malvinera, Tanguera y cumbiera como manda Eva, Cristiana, Bailarina en proceso, Ph. en proceso fotografía

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“24 horas por Malvinas”: el show de la guerra

“24 horas por Malvinas”: el show de la guerra

TIEMPO DE LECTURA: 5 min.

 

Durante 24 horas, la televisión argentina coreografió una vigilia patriótica que prometía cuidado, unidad y reparación. Pinky y Cacho Fontana lloraban en vivo, el país donaba conmovido y el Fondo Patriótico Malvinas Argentinas se convertía en símbolo de afecto nacional. Pero detrás del espectáculo, los soldados no recibieron lo prometido, el dinero desapareció y el gesto solidario se volvió deuda simbólica. “24 horas por Malvinas” no fue solo propaganda: fue una coreografía emocional que ritualizó la guerra mientras ocultaba el abandono. ¿Qué ética sostiene un pacto televisivo cuando el cuerpo que debía ser cuidado queda fuera de cuadro? 

Entre la solidaridad y la propaganda 

En mayo de 1982, la televisión argentina se convirtió en escenario de un acontecimiento sin precedentes: Las 24 horas de las Malvinas. Conducido por Lidia “Pinky” Satragno y Jorge “Cacho” Fontana, el programa se presentó como una maratón solidaria destinada a recaudar fondos para los soldados en las Islas. La propuesta apelaba a la emoción colectiva y al fervor patriótico, en un contexto donde la dictadura militar necesitaba sostener la moral de la población y legitimar su aventura bélica. 

El régimen necesitaba mostrar que la guerra no era solo una decisión de alto mando, sino una causa nacional compartida por todos los argentinos. La colecta televisiva fue presentada como prueba de esa unidad, reforzando la idea de que apoyar los soldados equivalía a apoyar al gobierno. El programa funcionó como un plebiscito simbólico: cada donación era interpretada como un voto de confianza hacia la dictadura. 

La participación de Pinky y Cacho Fontana, junto con los artistas y periodistas, fue clave para blanquear la propaganda oficial. Estas figuras reconocidas y queridas por el público otorgaron credibilidad al evento reforzando la idea de que esta causa trascendía a la política para convertirse en un bien patriótico. Su presencia legitimó el programa y ayudó a movilizar a la sociedad. 

La emisión comenzó a las seis de la tarde del 8 de mayo y se extendió de manera ininterrumpida durante un día entero, combinando entrevistas, número artísticos y llamados a la solidaridad. Numerosas personalidades del espectáculo, el periodismo, el deporte y la política se sumaron a la iniciativa. Entre ellos, participaron figuras como Susana Giménez, Mirtha Legrand, Jorge Porcel, Alberto Olmedo y Mercedes Sosa, quienes realizaron llamados a la solidaridad y ofrecieron actuaciones especiales. Diego Maradona, Daniela Passarella y Osvaldo Ardiles, los tres a un mes de participar del Mundial de España, estuvieron presentes. Susana Rinaldi cantó una versión del Himno Nacional. 

La colecta millonaria se utilizó como un símbolo de cohesión nacional, pero terminó siendo recordada como un símbolo de desconfianza. En un solo día se recaudaron 1,5 millones de dólares, que luego se sumaron a la colecta nacional del Fondo Patriótico Malvinas Argentinas, alcanzando alrededor de 54 millones de dólares, la mayor en la historia argentina. Sin embargo, los fondos nunca llegaron a los soldados en las Islas. Mientras la televisión mostraba imágenes de abundancia y solidaridad, los combatientes padecían hambre, frío y falta de equipamiento. La falta de transparencia convirtió la recaudación en un triunfo propagandístico en el momento, pero en un escándalo en la memoria colectiva. 

Más allá de la emoción televisiva y la magnitud de la colecta, el programa debe ser leído como un dispositivo político y mediático que buscó legitimar a la dictadura. La televisión no fue un simple canal de solidaridad, sino un escenario de manipulación emocional. 

En este sentido, el hecho en sí, funcionó como un teatro de la unidad nacional. La presencia de figuras queridas como Pinky y Cacho Fontana otorgó credibilidad y afectó a un evento que, en realidad, estaba diseñado para encubrir la precariedad de los soldados en las Islas. La distancia entre la representación televisiva y la realidad del campo de batalla revela la capacidad del poder para manipular la emoción colectiva y ocultar el sufrimiento. 

La perspectiva política muestra cómo el programa fue un intento de blanquear la dictadura, presentándola como garante de la cohesión nacional. La colecta funcionaba como un dispositivo de legitimación, donde la emoción reemplazó al debate y la propaganda se disfrazó de afecto. La sociedad fue convocada a participar en este espectáculo que, en lugar de fortalecer la democracia, reforzó el poder de un régimen autoritario. 

Por otro lado, tomando una perspectiva ética se plantea una pregunta incómoda: ¿Qué responsabilidad tienen los medios cuando la emoción colectiva es utilizada para encubrir el sufrimiento? La deuda simbólica que dejó “24 horas por Malvinas” no es solo económica, sino moral. La sociedad argentina respondió con solidaridad, pero el Estado y los medios fallaron en transformar ese gesto en cuidado real. 

El destino de los fondos: la otra cara de la solidaridad

Lejos de llegar a los soldados en las Islas, los fondos quedaron bajo administración de la dictadura militar y fueron desviados a usos desconocidos. Los combatientes siguieron padeciendo hambre, frío y falta de equipamiento, mientras la televisión transmitía las imágenes de una Argentina entregada a la unidad y la solidaridad. Las joyas y objetos de valor donados fueron almacenados y vendidos, pero no sé sabe con precisión a qué se destinaron los ingresos. El dinero recaudado, en gran parte, fue absorbido por el Estado sin rendición de cuentas claras. 

Con el paso del tiempo, el Fondo Patriótico dejó de ser recordado como un gesto de cohesión nación y pasó a convertirse en un gran símbolo de desconfianza, y la desaparición de los fondos de transformó en una deuda simbólica en donde la solidaridad genuina fue instrumentada como una propaganda y el dinero recaudado se convirtió en un vacío en la memoria histórica. 


Milagros López Mansilla

Periodista gráfica a la que le interesa la literatura. Desde mi lugar intento reivindicar la lucha de las travestis, las disidencias y los feminismos.

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