Hace 39 años, el 2 de abril de 1982, el gobierno de facto encabezado por el teniente general Leopoldo Galtieri intentaba recuperar las Islas Malvinas, ocupadas por el Reino Unido desde 1833 y convertidas desde entonces en un gran centro geopolítico y económico al que, hasta la aprobación del Brexit, intentaron incluir como territorio extra continental en la constitución de la Unión Europea.
Los genocidas entreguistas decidieron abrir esa herida para cubrir su plan de miseria planificada y saqueo de nuestros bienes comunes, y para continuar con el genocidio de les miles de compañeres que luchaban por una patria más justa y soberana. Así, buscaban perpetuarse en el poder.
El Gobierno, que se enfrentaba a uno de los ejércitos más poderosos del mundo, envió a las islas a nuestros pibes y pibas, que le pusieron el hombro a la defensa de nuestra patria. En la guerra, murieron 649 argentinos en tan solo 70 días. Ese hito marcó el principio del fin de la dictadura más cruenta del continente, agobiada por las protestas sociales y las presiones internacionales en torno a la violación de los derechos humanos.
Desde que retomamos la democracia, la Argentina continúa reclamando la soberanía sobre las Islas. De hecho, la Constitución Nacional, en su reforma vigente desde el año 1994, expresa en su Disposición Transitoria Primera que “la Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.”
La cuestión Malvinas ha sido calificada por la Organización de Naciones Unidas como “un caso de descolonización especial y particular, donde subyace una disputa de soberanía y por ende, a diferencia de los casos coloniales tradicionales, no resulta aplicable el principio de libre determinación de los pueblos”.
El 16 de diciembre de 1965, la Asamblea General adoptó la resolución 2065, a través de la cual reconocía la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido e invitaba a ambos países a entablar negociaciones para encontrar una solución pacífica y definitiva a la controversia, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas. Desde entonces, más de 40 resoluciones de la Asamblea General y del Comité Especial de Descolonización han reiterado este llamado, sin éxito.
La lucha argentina, sin embargo, tuvo su mayor retroceso en 2016, cuando, bajo la presidencia de Mauricio Macri, se firmó el ilegítimo pacto Foradori-Duncan en el que Gran Bretaña y la Argentina acordaban “remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas” cuando es precisamente la negativa del gobierno británico a resolver la disputa de soberanía la verdadera causa de los obstáculos al “crecimiento y el desarrollo sustentable” de esta región del Atlántico Sur.
En este sentido cabe recordar que ni bien asumió como presidente, en diciembre de 2015, Mauricio Macri fue el primer gobernante electo desde el retorno de la democracia que no mencionó la reivindicación del ejercicio de la soberanía por Malvinas en su discurso de asunción en el Congreso Nacional.
No fue un olvido. Fue el comienzo de una estrategia que se extendió a lo largo de todo el gobierno de Cambiemos y que tuvo su segunda demostración en la eliminación de la Secretaría de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación que, desde su creación en el año 2013, había tenido un rol particularmente activo a la hora de potenciar las acciones nacionales y regionales relativas a la defensa de nuestros derechos soberanos.
Hoy, bajo la administración de Alberto Fernández, el reclamo por la soberanía de los territorios argentinos vuelve a transformarse en política de Estado. La importancia estratégica de las Islas Malvinas, Georgias, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes debe permitirnos comprender por qué en el siglo XXI continuamos asistiendo al colonialismo. Si hay voluntad política, entonces encontraremos los caminos para recuperar nuestra integridad territorial.
Durante la era Trump, la administración norteamericana declaró abiertamente como enemiga a la República Popular China que encabeza Xi Jinping, pero pese a que recientemente hubo un cambio de gobierno, nada indica que ese panorama vaya a cambiar.
Los docentes de la Univesidad Nacional de Rosario, Esteban Actis y Nicolás Creus, expresaron recientemente que “Biden asume el poder en un momento en que el orden global de la pos Guerra Fría, durante el cual EE.UU mantuvo su hegemonía sin que nadie lo desafiara, se ha desvanecido. El gobierno de Trump le puso fin definitivo”[1].
Por múltiples factores y hechos que se ha dado en las últimas décadas, EE.UU es consciente de la paulatina pérdida de su hegemonía. Al respecto, el analista francés y director del portal Red Voltaire, Thierry Meyssan, sostiene que “Washington no tiene más opciones que tratar de maniobrar para que el declive de la economía estadounidense sea lo más lento posible y contener el poderío militar y político chino en una zona de influencia delimitada”[2].
La disputa por Malvinas e Islas del Atlántico Sur
En este contexto, Argentina retomó sus reclamos históricos por la soberanía de las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Un desafío importante debido no solo al contexto de pandemia, sino al resultado de cuatro años de gestión de Mauricio Macri en los que se desarticularon muchas de las políticas promovidas desde el retorno de la democracia en 1983, fundamentalmente durante los mandatos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández (2007-2015).
Por solo citar un ejemplo, en septiembre de 2016 se firma el “Acuerdo Foradori-Duncan”. Tal como lo señalan les investigadores del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), Tamara Lajtman y Luis Wainer, este acuerdo estaba enmarcado en “la política sobre Malvinas implementada durante la Presidencia de Mauricio Macri, destinada a mejorar las condiciones de este enclave neocolonial-militar, como uno de los pilares para recuperar las relaciones amistosas (subordinadas) con potencias occidentales”[3].
La victoria del Frente de Todes en las presidenciales de 2019 volvió a poner en la agenda del gobierno argentino tanto a la Causa Malvinas, como a las aspiraciones nacionales a ser un Estado Soberano que controle todo su territorio.
Recientemente, la posición pirata se vio debilitada luego de su salida de la Unión Europea y de que esta última quitara del acuerdo a los territorios de ultramar que poseen los británicos[4]. En relación con esto, el analista y vicerrector de la Universidad Torcuato Di Tella, Juan Gabriel Tokatlian, señala que “Gran Bretaña tiene hoy, al menos temporalmente, menos amistades e influencias en la Unión Europea, al tiempo que produjo una sensación de abandono y frustración entre los isleños en Malvinas, actuando según las preferencias e intereses de Londres (ni siquiera del Reino Unido en su conjunto)”[5].
Para el analista, este hecho abre las puertas a que Gran Bretaña se acerque militarmente más a EE.UU ante el alejamiento de Bruselas e “intentará compensar mediante un vínculo más decidido en el campo de la seguridad y la defensa. En el plano naval es muy posible que se estrechen aún más los lazos entre los dos países”. Teniendo en cuenta este análisis y la salida británica de la UE, quizás se pueda explicar la reciente publicación que señala que la industria de submarinos británica busca incorporar 30 mil puestos de trabajo.
El punto es que para EE.UU el Atlántico Sur no es un punto más en el mapa. Para graficar esta afirmación, es necesario retomar lo analizado por Tokatlian, quien sostiene que “en noviembre de 2019 la US-China Economic and Security Review Commission hizo público el informe anual sobre China, en el que se recalcaron las ambiciones globales de Beijing y su voluntad de moldear el escenario internacional, y se señaló que China tenía cierta capacidad de llevar a cabo incursiones expedicionarias en el Océano Atlántico. Cabe subrayar que en este informe, anterior a la asunción del Presidente Alberto Fernández, la Argentina se menciona más veces (26) que la suma de Venezuela (17) y Brasil (7)”[6].
La importancia estratégica que tiene el mar para Argentina
Existen diversos trabajos realizados respecto de la importancia estratégica que tiene el mar para la República Argentina. En muchos de ellos se analizan los inmensos recursos pesqueros y en hidrocarburos que posee el mar argentino, dos elementos que de un tiempo a esta parte se han vuelto cada vez de mayor relevancia, no solo para la Argentina, sino para el mundo entero.
Al respecto, el Licenciado en Geografía y especialista en Economía Regional y Relaciones Internacionales, Adolfo Houtoudjian, considera que “el Mar Argentino constituye uno de los más importantes recursos naturales de nuestro país. A la enorme potencialidad de sus aguas como proveedora de alimentos y de energía, se le suma no sólo la potencia hidrocarburífera sino las excelentes cualidades como regulador de las condiciones climáticas o como atenuador de los impactos ambientales provocados por el vertido de desechos (líquidos o sólidos)”. (Koutoudjian, 2011, p.88)[7]
La explotación de estos recursos de manera ilegal por parte de Gran Bretaña, significan perdidas millonarias que año a año se fugan hacia las arcas británicas y/o europeas. Por mencionar algunos ejemplos, en 2017 el CEO de la Rockhopper Exploration anunció que el pozo “Sea Lion” poseía reservas certificadas de entre 500 y 1000 millones de barriles de petróleo, proyectando para 2025 un volumen máximo de 120 mil barriles diarios (Lajtman y Wainer, 2019).
El artículo de Lajtman y Wainer, además, destaca que durante 2011, 118 buques con licencias ilegales otorgadas unilateralmente por el gobierno británico pescaron un total de 232 mil toneladas, y al año siguiente solo por la pesca de calamar, la producción pesquera superó los 1.600 millones de dólares.
En diálogo con el General de Brigada (RE) Fabián Brown (2021), este sostuvo que “analizando cómo se fue desarrollando el conflicto en Malvinas desde el siglo XIX, la causa esencial del conflicto con Gran Bretaña es el desarrollo humano y económico argentino. En la medida de que Argentina se desarrolla, el conflicto con Gran Bretaña es ineludible por esto que dice (Adolfo) Koutoudjian, por los recursos. O los explotan ellos o los explotamos nosotros”.
Pero la utilización y explotación del mar no es el único elemento estratégico para el país. Tal como se ha señalado con anterioridad, el mar argentino también es una pieza clave en la disputa entre Oriente y Occidente.
A solo efecto de ilustrarlo, en noviembre de 2018, frente a un grupo de expertos del Atlantic Council, el secretario de Defensa británico, Gavin Williamson, sostuvo: “Estamos listos para responder a cualquier situación en cualquier momento. Hemos desplegado fuerzas en todo el mundo, podemos recurrir a nuestros territorios de ultramar en Gibraltar, las Áreas de la Base Soberana en Chipre, la Isla Ascensión, las Islas Falklands y el Territorio Británico del Océano Índico. Estos a menudo proporcionan instalaciones clave no solo para nosotros, sino también para EE.UU.”[8].
Sin soberanía no habrá nación viable posible
Resulta pertinente retomar las palabras de Adolfo Koutoudjian[9], quien sostiene que el mar argentino es una de las perlas más preciadas del planeta. Semejante afirmación nos lleva a coincidir en que estamos ante la oportunidad histórica de “Repensar y reordenar el territorio”, y que ese “deberá ser el deber ser sanmartiniano para la política nacional”.
Sin lugar a dudas, iniciativas como la de Pampa Azul son pasos hacia adelante para conocer, estudiar, promover y ocupar el mar argentino, al tiempo que se debe retomar la “política malvinera” que genere una conciencia nacional respecto de la importancia estratégica que tiene para nuestro país la apropiación, utilización y promoción de actividades productivas en el mar argentino.
De igual manera, resaltar la importancia de políticas como el FONDEF, una política de Estado para mejorar las capacidades de nuestras FFAA para que puedan cumplir correctamente con su misión de resguardar la soberanía de todo nuestro territorio.
Ahora, ¿qué hará el gobierno argentino con los denominados Acuerdos de Madrid[10], con el Pacto de Foradori-Duncan y tantos otros acuerdos bilaterales que Argentina aún mantiene con el Reino Unido? Porque, en todos los casos, nuestro país cumplió a raja tabla mientras la parte ocupante de las islas siguió ampliando su influencia y violando sistemáticamente todos los acuerdos, incluida la enorme cantidad de resoluciones de la ONU.
Para finalizar (al menos por ahora), resultan interesante retomar las reflexiones del General Brown, quien sostiene que “el desarrollo humano del litoral marítimo patagónico resulta esencial para efectivizar la presencia argentina en los espacios soberanos que nos corresponden. Para ello, se debe estar en condiciones de impulsar la construcción de una flota pesquera y volver a poseer una marina mercante que exploten nuestros recursos y naveguen nuestros mares. Se requiere de una infraestructura portuaria adecuada y de pasos bioceánicos que integren la economía con Chile y promuevan las economías regionales. El continente debe acercar a las islas y a la Antártida a partir de su construcción social.
El mapa bicontinental, en definitiva, es parte de una política de defensa integral. Pensar nuestros espacios es pensar el desarrollo humano imprescindible para proyectar una Argentina productiva, inclusiva en lo social, armónicamente articulada en lo territorial, integrada a Suramérica y con alianzas extraregionales que posibiliten el mejor posicionamiento para discutir nuestros intereses y afianzar nuestros derechos. (p. 153)”[11].
A diferencia de EE.UU, que se cree dueño de Centroamérica -a la cual denomina como “MareNostrum”-, Argentina sí tiene el suyo y es de vital importancia expulsar al enemigo que ocupa ilegalmente parte de nuestro territorio, más allá de que algunes no quieran llamar a las cosas por su nombre.
Prefiero escuchar antes que hablar. Ser esquemático y metódico en el trabajo me ha dado algún resultado. Intento encontrar y compartir ideas y conceptos que hagan pensar. Me irritan las injusticias, perder el tiempo y fallarle en algo a les demás.
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